Series de tv, libros, cine...y una constante presencia gatuna

lunes, 28 de septiembre de 2015

Premios, ruegos y preguntas. Pero sobre todo, premios.


¡Hoy me ha tocado un premio! Hacía mucho tiempo que no veía estas hileras de preguntas y ha sido divertidísimo. Eso sí, para redactar las mías me ha costado lo suyo. Muchas gracias a Kaoru de House of the Silent.

 


Reglas:

  • Agradecer al blog que te ha nominado y seguirlo.
  •  Responder a las 11 preguntas que te han hecho.
  • Nominar a 11 blogs que tengan menos de 200 seguidores.
  • Avisarles de que han sido nominados.
  • Realizar 11 preguntas a los blogs que has nominado.

1. ¿Cuál es el primer libro que recuerdas haber leído?

Creo que fue Las brujas de Roald Dahl, aunque también recuerdo que lo tuve que empezar dos o tres veces

2. ¿A qué libro/película/serie le cambiarías el final?

Al Doctor Zhivago le habría dado la satisfacción de poder encontrar a Lara por última vez (o que a Komarov le hubiera caído encima un piano antes de su primera línea de diálogo. Odio a ese tipo).

Me hubiera gustado también que Steerpike y Fuchsia Groan tuvieran otro final. Pero unos años después me di cuenta que una cosa es lo que a mí me hubiera gustado como lectora y otra, el desenlace más adecuado según la forma de ser de los personajes y la historia en la que estos se han ido desarrollando.

Ahora solo hago una excepción con Canción de hielo y fuego: me encantaría que acabara con unas cuantas decapitaciones y proclamando una república en Poniente.

3. ¿Qué película no esperabas que te gustara nada y te encantó?

Gran Hotel Budapest. Solo sabía que estaba en el cine, que era una comedia, o así la calificaban en el periódico..y me encontré con una de las producciones más particulares, sobre todo visualmente, que he visto en salas comerciales en mucho tiempo.

4. ¿Qué directores de cine nunca te decepcionan?

Quizá Don Coscarelli porque en cierto modo, es un tipo que se ha pasado toda la vida haciendo series B muy extrañas, y en ellas se ha mantenido. Desde la saga Phantasma, hasta John Dies at the End, ahí sigue.

En tiempos, habría puesto la mano en el fuego por John Carpenter, aunque desde Cigarette Burns, su mediometraje de Masters of Horror, que por suerte siguió manteniendo esa impresión, no he vuelto a ver una película suya.

5. ¿En qué idiomas sueles leer?

En castellano, inglés o francés. Ahora empecé en alemán pero de momento no tengo nivel para ir más allá de El bandido Saltodemata.

6. ¿Qué hobby o interés nadie se esperaría de ti?

Hago deporte regularmente, después de la lectura, más que una afición, es una parte de mi vida cotidiana…aunque por el Barrilete la impresión que pueda dar es que vivo en un sofá con dos gatas y varios cientos de libros y películas.

7. ¿Cuánto hace que empezaste tu blog, y qué es lo mejor que te ha aportado?

Unos seis años desde enero. Como muchas cosas que se hace por afición, no creo que me aporte nada en concreto…solo me entretiene. Y en cierto modo, me hace algo más feliz.

8. ¿Escribes algo más aparte del blog?

No, es lo único que escribo. En realidad no hay por ahí ningún manuscrito inédito titulado Las asombrosas aventuras de Sabela y Narnia, ni nada por el estilo.

9. Recomiéndame que vea algo y recomiéndame que JAMÁS vea otro algo.

A bote pronto: el Doctor Who. Y creo que por ética y sentido común hasta a mi peor enemigo le recomendaría que permaneciera alejado de Telecinco.

10. ¿Cuál era tu película favorita de pequeño/a?

Cristal oscuro, porque me encantaban las marionetas monstruosas y no llegó a parecerme tan triste como Dentro del laberinto, donde ya entonces me iba dando cuenta de sus dobles lecturas. Compitiendo muy de cerca con Legend, que era algo más simple (probablemente por eso me gustaba entonces) y tenía también una interesante cantidad de monstruos. Entonces ya me gustaban los monstruos y cualquier cosa macabra...

11. Desmond de Lost se guardaba Nuestro común amigo de Dickens para leer como último libro antes de morir. ¿Hay algún libro que aplaces no porque no te interese, sino precisamente porque te interesa mucho y quieres encontrar el momento idóneo?

Ulises de Joyce, En busca del tiempo perdido de Proust o Guerra y Paz de Tolstoi…los clásicos, vamos. Aunque quizá me pase como a la abuela de Thursday Next y no pueda morir hasta que me lea los Siete Libros Más Aburridos del Planeta.

Muchos de los blogs que sigo superan la barrera de los 200, por eso nomino:

La mano del extranjero, tanto por su interés por la lectura, cine, comics como por sus opiniones claras.

Crónicas desde Lancre, porque le sacará jugo a la temática librera.

Ronda de preguntas:

  1. ¿Qué libros marcaron tu vida como lector en tu infancia, adolescencia y vida adulta?
  2. ¿Quién han sido tu personaje más querido y el más odiado?
  3. ¿Qué libro o autor te parece sobrevalorado?
  4. ¿Cuál recomendarías en su lugar?
  5. ¿Qué libro consideras que no debería o que sería imposible ser adaptado correctamente al cine?
  6. ¿Hay alguna tendencia en la forma de hacer cine durante los últimos años que te parezca irritante o negativa?
  7. ¿Cuál, en cambio, te parece un aporte positivo?
  8. ¿Tienes preferencia, indiferencia o aversión por algún género cinematográfico específico?
  9. ¿Cuál es el último comic que has seguido con regularidad?
  10. ¿Hay algún estilo de comic determinado que nunca te haya gustado?
  11. ¿Sigues alguna pauta para redactar y publicar las entradas?

 

jueves, 24 de septiembre de 2015

Lecturas de la semana. Elfos en Europa y humor absurdo en el espacio




Aunque no lo pareciera últimamente, los libros siguen siendo una parte importante del barrilete. Como también lo eran las entradas donde hablaba de varios porque sí, sin tema concreto ni nada en común. Algo que en los últimos meses había perdido un poco por motivos diversos: o bien eran libros a los que quería prestarles más atención, o en el caso de algunos, los menos por suerte, por ser tan sosos que no había gran cosa que decir sobre ellos.

 


Muriel Barbery. La vida de los elfos. Una autora que solo conocía por la película La elegancia del erizo, no parecía en principio el tipo de material que pudiera gustarme por pausado, intimista y no demasiado narrativo. Pero la edición francesa reducía la sinopsis a una frase muy breve y enigmática: “historia de dos niñas que encuentran a los elfos”. Algo que de entrada, parecía ser uno de esos giros hacia lo fantástico que muy de cuando en cuando, llevan a cabo determinados autores realistas. La frase era cierta, en contenido y brevedad, porque poco más es lo que sucede en el libro: las protagonistas son dos niñas que aparecen en un pequeño pueblo de Borgoña y en una aldea italiana, de orígenes desconocidos. La primera, capaz de comprender la naturaleza y el alma de las personas. La segunda, pianista por instinto y capaz de ver lo que sucede en otros lugares a través de la música. El nacimiento y destino de ambas está ligado al mundo de los elfos, quienes necesitan su ayuda para evitar el fin de los humanos.

Aunque el argumento parezca tópico, lo cierto es que esto no es la Dragonlance. Ni la Dragonlance, ni los elfos de Tolkien ni siquiera las aproximaciones más modernas. Los elfos creados por la autora son más cercanos a las criaturas féericas de la mitología, ligados a las fuerzas naturales, el arte, e imposibles de comprender cuando se encuentran en su estado natural. La propia naturaleza tiene un gran peso en la historia, al ser la única forma en que estos se manifiestan de forma sobrenatural y la que, de algún modo, los personajes humanos comprenden por intuición y sabiduría popular, algo en lo que  Barbery incide en todo momento. El ritmo de la narración también es el opuesto a una novela fantástica al uso: muy pausado, lleno de descripciones y sin apenas un desenlace o un conflicto como tal hasta la última parte del libro: lo importante son los paisajes, las palabras y un estilo que en cierto modo, parece más un poema en prosa que una narración.

El resultado, aunque interesante por su tratamiento de los elementos fantásticos, resulta un tanto plomizo a veces: esta evocación de los paisajes, los sentimientos y el caracterizar a los elfos como criaturas un poco místicas hace que los párrafos se pierdan en una espiral de palabras a cada cual más almibarada y forzada, como si pareciera que quiere alejarse al máximo de cualquier intento de contar una historia. Algo que resulta chocante cuando de una frase para otra, decide que un personaje determinado es el antagonista de la historia, o peor, cuando en la última parte sus personajes empiezan a reiterar que la batalla no es más que el principio de una guerra que acaba de empezar…no sé si la idea es recurrir a un final abierto, o continuar en una segunda parte. Si es así, además de demostrar que ni las novelas pretendidamente serias se libran de las trilogías, espero que lime un poco más los excesos bucólicos.

 


Douglas Adams. El restaurante del fin del mundo. Han pasado un montón de años desde que terminé La guía del autoestopista galáctico, una novela de humor sobre el fin de la tierra, el sentido de la vida, y las aventuras de los dos últimos humanos, del presidente de la galaxia y de un androide con problemas de depresión. Además de muy breve y rápida, esta casi parecía construida a base de sketches e historias cortas acerca de los planetas y razas absurdas que pueblan el universo, más que  avanzar la trama planteada. Era divertida, pero Pratchett me había gustado más y entre la película y la serie británica, donde adaptaban y cambiaban a gusto del propio Adams la  historia de los libros, me fui enterando de lo que pasaba después, aunque con distintos finales en cada caso.

Después de lo pausado de La vida de los elfos, tenía ganas de leer algo menos serio, más estrafalario y con más humor, por lo que seguí donde había terminado La guía del autoestopista galáctico: los protagonistas siguen camino del Restaurante del fin del mundo, un local en el que el espectáculo principal es el final del universo, una idea no muy buena cuando están siendo perseguidos por todas las fuerzas del orden de la galaxia. Pero también tienen que tratar con cuestiones más complicadas, como la vida, el universo y todo lo demás, o descubrir por qué alguien a quien solo le interesa la fiesta y la bebida ha optado por convertirse en Presidente de la galaxia, y ni siquiera es capaz de recordar por qué (como se nota que Adams es inglés. En España esta pregunta es de respuesta automática).

El libro, en realidad, es lo mismo que ofrecía el primero, sin que esto sea algo negativo: es una sucesión de historietas llenas de humor absurdo, muy de Terry Pratchett o de los Monty Python, donde el autor divaga sobre todo tipo de cosas. Desde bromas sobre la religión o la ciencia a cosas tan cotidianas como los auriculares de los teléfonos. Pero en más de una ocasión esto le sirve como truco fácil para salir del paso a nivel argumental: ¿Qué no sabe qué hacer para salvar a los protagonistas? Pues que hagan algo gracioso y que mágicamente, sirva para que estos escapen a tiempo y pasen al siguiente escenario o sketch. Como recurso, es bastante flojo y predecible a la larga, pero si en el fondo solo se busca una lectura donde lo importante sea la ironía y el humor absurdo, se hace más llevadero.

lunes, 21 de septiembre de 2015

La visita (2015). Videos domésticos, visitas familiares siniestras y..¿comedia?

 


Desde que en 1999 todos nos quedáramos pasmados con El sexto sentido y a M. Night Shyamalan se le considerara toda una revelación, ha pasado, además de más de una década, unas cuantas producciones con peores críticas y resultados. Lo que se dice una mala racha de las que tiene cualquiera, pero llevada al mundo cinematográfico. Parece que tras Wayward Pines y una nueva película, empieza a recuperarse un poco de la racha. De esta última, no tenía grandes esperanzas: al director lo recordaba todavía por incluir un giro sorpresa por guión y al que desde El bosque, conde terminó de aburrirme su estilo, no había vuelto a hacerle caso. Además, en esta echaba mano de la filmación en primera persona y las cámaras domésticas, lo que hoy, además de estar bastante agotado, es todo un nicho dentro del cine de bajo presupuesto. Por otro lado, en el día del espectador el precio de la entrada justifica el ser menos picajoso con lo que se va a ver, y además, ha sido una de las pocas veces en las que el trailer, en vez de destripar una película, anima a ir a verla.

 


El motivo para filmar La visita con las cámaras de las protagonistas es que en principio,  se trata del documental que dos niños pretenden filmar para su madre acerca de la primera visita que estos realizan a sus abuelos. Esta no ha vuelto a hablar con ellos desde que se marchara de casa hace más de quince años, y para Becca y Tyler, sus hijos, es una oportunidad para que puedan reconciliarse. Sus abuelos, felices con la visita, tienen todas las pequeñas manías de la gente mayor a las que sus nietos procuran adaptarse. Pero los horarios restrictivos y los pequeños despistes van convirtiéndose en algo más extraño: las crisis nocturnas, los cambios de humor y las conversaciones extrañas, justificadas anteriormente como achaques al principio, y demencias seniles posteriormente, parecen deberse a algo distinto.



Es curioso que alguien con un estilo de filmar tan clásico decidiera de repente el optar por un sistema tan caótico como el de la cámara de los protagonistas, pero, una vez se entra en la película, funciona. Sin ser demasiado lacrimógeno, el intento de documental amateur por parte de la protagonista sirve  para justificar muchos de los diálogos y actitudes de estos, además de traer a colación el tema del abandono del padre. Este sirve en realidad como punto de partida, al ser el conflicto inicial entre la madre de los personajes y sus abuelos y, aunque en algunos momentos parece incluido por cuestiones de emotividad, es también una parte clave para entender a los protagonistas: ambos han quedado marcados por el abandono, y gran parte de sus características, e incluso de sus aficiones, son consecuencia de este. Además, la superación de un trauma anterior se convierte en una trama secundaria que se desarrolla a medida que la principal va creando situaciones más extrañas y peligrosas para los protagonistas.

 
Precisamente la caracterización de los personajes principales cuenta con un detalle importante a la hora de plantear el estilo de la película. Ambos están dotados de un gran sentido del humor, en cierto modo, como defensa para hacer frente a los problemas. Algo que está muy presente en muchas secuencias que no parecen ir muy en serio: a la película la catalogan como terror y comedia, y aunque la primera está claro, la segunda no tanto. Se ve que la intención es que muchas de las situaciones fueran a ratos inquietantes, y a ratos absurdas, de forma que no todo pareciera demasiado serio. Pero las partes cómicas, pese a la justificación de la actitud de los protagonistas ante lo que desconocen o temen, no funciona. Se les ha intentado caracterizar, en este sentido, como una chica de 15 años algo maniática y uno de 13 aficionado al rap, haciendo que muchas escenas exploten un poco la payasada o el soltar una frase anticlimática en un momento de tensión. Pero no termina de funcionar, o si lo hace, no lo pillo: en realidad estas parecen fuera de lugar, como si pertenecieran a una situación completamente distinta a la que se está rodando. Lo que pretende ser gracioso no lo es, y habría sido mejor limitar el componente más payaso de la historia.

 


La trama principal, en cambio, es excelente. Salvo algún susto un poco chusco, de los de “¡buh!”, toda ella se compone exclusivamente de miedos reales: desde algo tan nimio como la incomodidad de encontrarse en una casa ajena, a algo mucho más adulto como son las demencias, las enfermedades mentales y sus implicaciones. La forma de plantearlo también ha sido muy hábil, porque durante todo el metraje aparecen aparecen indicios de elementos sobrenaturales: la actitud de la abuela y sus connotaciones sobre licantropía o posesión, las historias extrañas que cuentan a los personajes, hacen pensar en cualquier desenlace en los que intervengan fantasmas o demonios (también ayuda que en los últimos años casi todas las películas de terror tiraran de estas dos cosas) cuando el desenlace, sin más recurso que lo real y muy deudor de las leyendas urbanas, es igual de efectivo. Además, gran parte de esa atmósfera un poco incierta que se va creando se debe a Deanna Dunagan, quien interpreta a la abuela y que es capaz de explotar al máximo todos los elementos anteriores, tanto los que apunta a la locura como los que hacen intuir una posibilidad fantástica, y sobre la que recae el mayor peso de todos los sustos y momentos de tensión que contiene la película.

 

El director vuelve un poco a lo de siempre y a recurrir al giro sorpresa, pero de una forma mucho más sutil: han pasado tantas cosas raras, que poco importa la explicación que les corresponda. En cierto modo, La visita ha conseguido superar ese golpe de efecto final, pudiendo continuar  con interés la trama tras su revelación, y resultando una película de terror muy efectiva e inesperada a ratos. Ahora, lo de la comedia, no tanto. Quizá sirva para que la película no se pase con el dramatismo que tenían las producciones anteriores de Shyamalan, pero, o bien la encaja mejor en su próximo guión, o es mejor que siga con el suspense.

jueves, 17 de septiembre de 2015

Maggie (2015). Cuando el resultado de juntar zombies y Schwarzenegger es inesperado


 

Los zombies, como todo monstruo, empezaron sin otra intención que la de dar miedo. Después, como tantas cosas que asustan, fueron recurso en muchas parodias del cine de terror. Y de ahí, saltaron a otros géneros: a la comedia, a la ciencia ficción y hasta se atrevieron con la comedia romántica, que ya tiene mérito. El drama, en cambio, siempre se mantuvo aparte. En parte porque muchas producciones primaba la acción, y en parte porque en obras que se toman más en serio, como Los muertos vivientes de Robert Kirkman, donde la tragedia y la muerte de los personajes está tan a la orden del día como los disparos. Por eso el hacer una película centrada únicamente en el drama de ver como un ser querido es infectado era toda una novedad. Y el que contara con Arnold Schwarzenegger como protagonista, hacía que la propuesta fuera bastante desconcertante.

 


Maggie es una chica que ha sido infectada por un virus incurable que, como muchos otros afectados, espera en una zona de cuarentena el desenlace de su enfermedad. Sin más esperanza que la de la  eutanasia antes de convertirse en un ser irracional y devorador de carne, su padre regresa con ella a su hogar donde transcurren las últimas semanas. Durante estas convivirá con los últimos días de su enfermedad, su familia, sus amigos, algunos de los cuales han sido infectados, pero también con el recelo de sus vecinos quienes creen que alguien infectado es un peligro para la comunidad.
 



De todo lo que se ha visto últimamente en el cine de zombies, esta es una de las propuestas más originales. No solo por ofrecer una visión intimista y muy alejada de los elementos típicos como los tiroteos y las multitudes de zombies, sino también por el propio planteamiento del escenario. Porque aquí zombies hay, y alguno aparece, pero Apocalipsis y caída de la civilización, ninguna. La historia comienza en realidad con una epidemia que empieza a ser controlada por las autoridades, sin que esta llegara a alcanzar las proporciones catastróficas habituales en el género. Esta queda muy bien representada al recurrir a los medios de comunicación donde los personajes y el público escucha todas las noticias relativas a las características del virus, la situación de la epidemia, cuarentenas y toques de queda. Algo que en realidad, es poco más que un trasfondo, porque la trama transcurre en una comunidad agrícola, por lo que cualquier situación violenta propia de un entorno urbano queda obviada a favor del drama entre los personajes principales.

 


El ritmo es muy lento, algo que no es extraño en un drama, pero sí puede exasperar a quien esperara una de zombies al uso. Más parecido a lo que fue Extinction en cuanto a la cercanía de los personajes, y con un trasfondo en el que en realidad, el tema del virus y los infectados no es más que un punto de partida fantástico que se usa para contar una historia realista, como tantas veces ha pasado en la ciencia ficción y la fantasía. Obviando los efectos de la enfermedad, la trama en realidad es la de enfrentar la enfermedad de un ser querido, aceptar lo inevitable, los finales dignos, e incluso el miedo al contagio: en algunos momentos, muy efectivos, da la impresión que si esta película se hubiera filmado hace 25 años, perfectamente podría ser una metáfora sobre el SIDA. Algo que el guión cuenta de una forma muy concisa, centrándose mucho en las escenas cotidianas de la protagonista y en unas secuencias con escenarios en tonos muy grises y mustios, que en cierto modo, reflejan el estado de ánimo de los personajes y de la situación en general. Pero precisamente el querer recurrir al planteamiento fantástico hace que intente mantener la brevedad de estas en todo momento, sin explayarse en planos fijos interminables como los que pude ver en muchas proyecciones similares, pero destinadas a cineclub.

 


El mayor giro que ofrece la película es la presencia de Arnold Schwarzenegger. Alguien de quien en realidad muchos esperábamos que se subiera al carro de los zombies como estrella de acción, entre explosiones, frases lapidarias y quizá algo de comedia, pero que en realidad, ofrece un papel completamente distinto: el de un padre, muy taciturno, e incluso mucho más breve de lo que se esperaría al contar con su nombre entre los créditos principales. Gran parte del metraje, centrado en la vida cotidiana de la protagonista, recae sobre Abigail Breslin. La presencia del actor es algo más secundaria, pero muy correcta y que sorprende para bien. No es que de golpe se haya convertido en un actorazo, pero resulta mucho más satisfactoria y demuestra que no tiene que seguir encasillado como actor de películas de tiros muchísimo más de lo que lo hicieron las comedias que protagonizó en los noventa.

 

Maggie no es lo que muchos esperaban como película de zombies. Pero tampoco ha sido un desastre, sino al contrario: es una película pequeña, poco ambiciosa, emotiva, y sobre todo, uno de esos casos en los que todos los clichés sobre epidemias e infectados pueden ofrecer algo distinto.

lunes, 14 de septiembre de 2015

Cassadaga (2011). Fantasmas vengativos, mediums y crímenes no resueltos.


En el cine de terror, los fantasmas pueden ser buenos o malos. O en algunos casos, pedir ayuda. Por desgracia para ellos, no son especialmente buenos a la hora de comunicarse, y antes de que cualquier personaje pueda enterarse qué demonios le está pasando, se ha llevado previamente el susto de su vida. En general siempre he preferido las películas de casas encantadas al uso, donde el fantasma tiene más claro lo que quiere hacer, que suele ser amargar a sus habitantes, pero los que buscan que los vivos resuelvan sus asuntos pendientes, quieran o no, también ha sido un recurso habitual.

Cassadaga es una ciudad de Florida, donde hay una importante comunidad de psíquicos y mediums. Es ahí donde una joven que acaba de perder a su hermana intenta rehacer su vida. Tras conseguir alojamiento en una antigua residencia universitaria, retoma sus clases, su trabajo como profesora de pintura e incluso hace nuevos amigos. Es en una velada cuando estos deciden acudir a una médium y comprobar de primera mano la existencia de lo paranormal. Y Lily, al intentar contactar con su hermana fallecida, acaba siendo acosada por un espectro desconocido, pero que parece tener una conexión con su nueva vivienda y con un asesino obsesionado con las marionetas.




Una de las mayores ventajas de la película es su protagonista, y cómo ha sido caracterizada. En esta, su minusvalía (una sordera adquirida) le supone además de un elemento de tensión añadido, un extra a la hora de marcar los elementos fantásticos: no puede oír los pasos que la siguen o incluso el tono del teléfono, algo clave en un momento de la película. Pero en cambio, puede escuchar todos los sonidos sobrenaturales, como las voces de un fantasma…aunque, por desgracia, este está muy cabreado y poco más hace que pegarle unos gritos estremecedores. Es un factor con el que han jugado muy bien y practicamente es el elemento distintivo de la película: no lo mencionan continuamente, sino que es una parte de la vida de la protagonista, y que de vez en cuando se recuerda al espectador mediante secuencias en las que no hay sonido, o en las que lo único que puede oírse es la banda sonora en lugar de los ruidos de ambiente. Además, la pérdida de algún sentido físico es algo que relacionan mucho con los poderes psíquicos: comienza a intuirse en lo relativo a la protagonista, pero se hace una alusión más evidente en cuanto aparece la comunidad de mediums, quienes todos parecen tener alguna minusvalía adquirida de forma violenta. Es una lástima que se quede más en una referencia que en algo más extenso, aunque, a favor de la ambientación, la presencia de estos, aunque breve, es muy inquietante y poco amigable.

 


Precisamente la ambientación no es algo que destaque especialmente. En realidad gran parte de los escenarios son bastante comunes, lo que contrasta precisamente con la aparición de lo sobrenatural en lugares cotidianos. Pero en cambio, se sirven mucho de los colores de Florida, de parte de su arquitectura clásica, y especialmente, de la historia de la propia ciudad. Junto a las secuencias donde aparecen los mediums, la llegada de la protagonista a la ciudad, en plena noche, y con unos personajes que parecen sacados de Dunwich es un buen ejemplo para ir introduciendo lo inquietante en la trama sin que esta tenga que tener en todo momento escenas nocturnas ni caserones siniestros. No han tenido tanta suerte con la trama del asesino, que resulta algo más corriente: decorados feístas, material de ferretería, que parece imprescindible desde que se estrenó Saw, y una motivación muy relacionada con las muñecas por aquello de que estas son un valor seguro a la hora de dar miedo y para hacer que el crimen en cuestión sea un poco más truculento, en lo que, en el fondo, es una de las partes más flojas.

 


Con una trama que en el fondo, no es otra que la de un personaje que debe resolver un crimen para que un alma en pena pueda descansar en paz, hay que contar con un guión muy bueno para que no se haga aburrida o se quede como un telefilme. Y el guión de esta se queda en correcto, más que en bueno: la hermana de la protagonista se queda en un Macguffin que se nota mucho, y tarda bastante en tener su importancia para la trama. La sesión de espiritismo que sirve como detonante, no habría resultado más forzada si uno de los secundarios dijera “vámonos a ver una médium porque lo pone el guión”, y las motivaciones del asesino, por mucho que de golpe intenten ponerle un apodo, y explotar lo macabro de su escenografía, resulta bastante superflua: perfectamente habría funcionado con algo más clásico y menos escabroso, sin que la película se resintiera. Además, es bastante sencillo sospechar quien es el asesino cuando no hay más que un par de secundarios dando vueltas por ahí.

 


Aunque en algunos momentos estos defectos se hagan muy visibles, acaba funcionando bien. En cierto modo me recordó a Gothika, una película del estilo que tenía a Hale Berry antes de Catwoman y a Penélope Cruz intentando hacer carrera en Estados Unidos, y cuya trama era muy parecida. Pero en cambio,  Cassadaga resulta mucho mejor al contar con una protagonista muy bien caracterizada, por la que el espectador simpatiza gracias a esto y al trabajo de su actriz principal, una actriz casi desconocida y de aspecto muy corriente. Y además, resulta una película muy poco ambiciosa: se limita a contar una historia, que puede funcionar mejor o peor (en general, mejor), y que en lugar de abusar de los sustos y apariciones de golpe, opta por el suspense y por todos los elementos que puedan mantenerlo.

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