Series de tv, libros, cine...y una constante presencia gatuna

martes, 18 de marzo de 2014

Cumpleaños feliz...Cumpleaños feli(z)no...Te deseamos todos...



Hoy hace un año que Sabela llegó a casa. Llegó de golpe, sin darme tiempo a pensar “decidido, este hogar necesita otro gato y mañana mismo voy a buscarlo”. Pero en cuanto entró, se sentó en mi regazo y empezó a ronronear hasta quedarse dormida, decidí que este también iba a ser el suyo. La única que no parecía muy contenta era Dalek, que durante cinco o seis días no paró de bufarle a aquella intrusa que también decía “miau” y con la que mantuvo las distancias durante quince días más.



En este año les ha dado tiempo de replanterse la situación: los bufidos y la indiferencia dieron paso a compartir sofá, empezar a jugar juntas, probablemente repartirse los dominios gatunos e incluso limpiarse las orejas mutuamente. Aunque he podido comprobar que en un 99% de las veces, el baño termina en sesión de manotazos y en tragedia. Para Sabela, evidentemente, que a día de hoy todavía no ha sido capaz de ganar una batalla.


"No nos estábamos peleando...lo juro."

También ha sido el tiempo suficiente para descubrir que tiene un carácter completamente opuesto a su  hermana adoptiva: es maulladora, cariñosa, no para de jugar con cualquier cosa que encuentre y…lamentablemente, el título de Sabela Tyrell no ha sido muy adecuado porque la pobre ha demostrado no ser especialmente brillante. Practicamente es una copia en negativo de Dalek, muy tranquila, elegante, más astuta y que observa a todos con una indiferencia muy felina. Sabela, en cambio, es la primera gata que se ha tomado las confianzas como para frotarme la nariz con el hocico…y es que a veces parece que,  donde Dalek ve a un esclavo que le abre los paquetes de comida, Sabela cree que hay  un gato gigante sin pelo capaz de  usar herramientas.


"¡Maldición, nos ha descubierto conspirando!" 

Feliz cumpleaños, Sabela. Espero que este año de maullidos, carreras nocturas, manotazos y esa mirada tan especial suya, como de no estarse enterando de nada y a la vez de comprenderlo todo, sea el primero de muchos.



jueves, 13 de marzo de 2014

Thor: el mundo oscuro (2013). Casi una precuela de Thor 3


No he llegado a aclararme mucho con todo eso de las Fases que Disney ha planificado para estrenar sus películas de superhéroes. Ni tampoco es que me haya informado mucho, pero los Vengadores marca el antes y el después en esto sacar en pantalla a todos los personajes que han adquirido. Los primeros en volver tras la película de Whedon han sido Iron Man 3 y ahora, Thor.




La primera entrega me había resultado chocante, pero muy divertida: no  había pensado que alguien como Kenneth Branagh pudiera dirigir una historieta de superhéroes, pero lo cierto es que la teatralidad de los habitantes de Asgard le iba perfectamente. Por no decir que el personaje de Loki era completamente shakesperiano en sus tribulaciones y conspiraciones. Bueno, y porque cuando se comparte escenario con Chris Hemsworth, tampoco es muy difícil brillar con luz propia.



En El mundo oscuro se nota la diferencia con su predecesora y el parecido con Los Vengadores: después de haber encarcelado a su hermano, Thor regresa a la tierra buscando a Jane Foster, a quien conoció hace dos años. Pero esto sucede durante un momento peligroso para los nueve reinos: estos están a punto de alinearse, y es entonces cuando los elfos oscuros pretenden hacerse con un arma que destruirá el universo. Pero Jane  la ha encontrado, o más bien, esta la ha encontrado a ella, de forma que se han fusionado, y Thor la lleva a Asgard en un intento de salvarla. Pero con los elfos los han seguido, y la única forma de salvar tanto a Jane como a los nueve reinos, es recurrir a su hermano Loki.


Será Londres, pero parece que se han debido ir todos de puente: no hay ni dios

Si Thor contaba con unas cuantas secuencias en Asgard y el resto en el medio del desierto de Nuevo Mexico, su secuela no repara en gastos a la hora de recrear escenarios. No solo la mayor parte de la acción transcurre en Asgard, sino que la trama secundaria transcurre en Londres, además de contar con varias escenas en unos cuantos mundos. Se nota que están mucho más seguros del éxito, pero eso también implica que el resultado final está bastante más estandarizado: es un paquete completo de acción y efectos especiales, en el que no puede faltar una amenaza a nivel global, universal, y un enfrentamiento con sus correspondientes personajes que vuelan y se dan puñetazos imposibles. Algunas secuencias, como la nave de los elfos arrasando a Londres, recordaba, en menor escala, a la llegada de los invasores a Nueva York en el blockbuster del año anterior. Es un poco raro quejarse del exceso de acción en una película de acción, pero el problema no eran las peleas a gran escala, sino la impresión de haber visto antes cosas muy cortadas por el mismo patrón, y que probablemente le habían quitado sitio a algo más interesante.



Teniendo en cuenta el tiempo de aparición de algunos personajes, sus actores han desempeñado más bien un cameo y no un papel. Es el caso de Anthony Hopkins, que repite como Odín, y es algo que se esperaba. Pero no tiene mucho sentido contratar a alguien como Christopher Eccleston en el papel de antagonista principal cuando lo único que hace es ir de un lado a otro con varios kilos de maquillaje encima y diciendo tres o cuatro frases. Este hombre ha debido de llegar al colmo de los papeles para pagarse facturas, y eso que fue capaz de salir en GI Joe.



Conociendo cómo han ido evolucionando los personajes, lo más chocante resulta la tercera aparición de Loki. Parece que han ido un poco lejos con esto de ser el favorito del público, y directamente no tienen claro qué hacer con él excepto potenciar su genialidad ante los espectadores: en el primero, apareció como un antagonista muy retorcido, y muy de tragedia. Se convirtió después en un auténtico supervillano de cómic, completamente disfrutable en su intención por dominar el mundo. Aquí, no parece muy claro: el tema de cómo redimir al personaje no termina de arrancar bien, queda muy lejos de cómo fue hilándose su personalidad en la primera entrega, y el resto se queda en una colección de frases ingeniosas y en ponerlo en marcha de cara a una tercera película. De los secundarios, como Kat Dennings, no puedo decir mucho: después de dos películas no queda muy claro cual es su papel en la historia ¿tiene que ser graciosa? ¿Aportar algo? ¿pasarle material científico a los protagonistas?


Quizá por haber esperado bastante más de El mundo oscuro es por lo que esta parece quedarse en menos de lo que debería.  No me compliqué mucho con Iron Man, El capitán América o Los Vengadores (que no me aclare con lo de las fases no quiere decir que no me haya visto casi todo), y seguramente, acabarán cayendo también Soldado de Invierno y Guardianes de la Galaxia. Pero esta vez procuraré tener en cuenta que estoy viendo a señores disfrazados salvando el mundo, no puedo exigir complejidad. 

lunes, 10 de marzo de 2014

True Detective (2014) ¿Has encontrado el Signo Amarillo?







True Detective ha sido de las mayores revelaciones de la temporada. Las críticas alaban su trama policial y el trabajo de sus actores principales, nada menos que Woody Harrelson y un escuchimizado Matthew McConaughey. Pero a mí no se me había pasado por la cabeza el verla hasta que un artículo de Vayatele se planteaba la siguiente pregunta: ¿Qué tiene que ver True Detective con H. P. Lovecraft? Ya me imaginaba que la cosa no iría por los engendros extradimensionales y los libros prohibidos, pero la clave no está en el envoltorio (en este caso, los Mitos de Cthulhu), sino en el trasfondo. Y especialmente, en las influencias que este tuvo y las que él provocaría años después.









Todo empieza cuando los detectives Cohle y Hart trabajan en un caso con tintes rituales: una prostituta aparece atada, coronada con la cornamenta de un ciervo, y un extraño signo pintado en su espalda. Varios niños han desaparecido también en los alrededores, y el elemento común es tanto los principales sospechosos como las referencias a un lugar llamado Carcosa y a una figura a la que llaman El Rey Amarillo. Ambos detectives tienen una forma de pensar opuesta: Hart es un padre de familia, con unos cuantos secretos, y Cohle es un personaje solitario, que no duda en plantear sus filosofías nihilistas para disgusto de su compañero. Además sospecha que tras el Rey Amarillo puede haber un grupo de personas lo bastante influyentes como para que les interese culpar de las desapariciones a un par de camellos desquiciados.










Más que H. P. Lovecraft, la referencia más directa de True Detective es Robert W. Chambers. Las comunidades aisladas, y un pelín repulsivas tan típicas de H. P. L. están ahí, pero es a Chambers a quien se le debe la figura del Rey Amarillo y Carcosa (esta última, es de Ambrose Bierce, pero Chambers la utilizó de forma más extensa). Esta es tan enigmática como en el libro de Relatos, aunque exceptuando la mención, no es ningúna adapción directa. En cambio, las dos coinciden en emplear a la figura del Rey Amarillo como una parte más del escenario donde se desarrolla la trama. De forma más indirecta, el estilo de Thomas Ligotti también está presente: todos los escenarios tienen un aspecto bastante desvencijado y de pesadilla, algo que es marca de la casa de cualquiera de sus relatos (solo hay que ver los créditos del principio). Pero su contribución más importantes es en la figura del detective Cohle. Su personaje, completamente nihilista y sincero, es la contrapartida del interpretado por Woody Harrelson, como pasa en muchas series de policías. Pero sus monólogos sobre la religión y el antinatalismo recuerdan un montón a las ideas que se filtran en los relatos de Ligotti y que expone en las pocas entrevistas que da. Aunque una opción bastante astuta por parte del guión, es aprovechar estas exposiciones para verlas un poco desde el lado cómico, o por lo menos, con más humor negro, por lo tremendistas que resultan.






Si algún día se deciden a hacer una miniserie de El Horror de Dunwich, espero que contraten a este tío

 Pese a contar con influencias de la literatura de terror, la serie ha optado en todo momento por mantenerse en un enfoque realista: las referencias a los cultos y lugares prohibidos son solo la forma, y no el fondo. Pero sí puede considerarse, además de policiaca, una historia de terror. En este caso, más enfocada a los miedos adultos y no a lo sobrenatural: durante toda la temporada los protagonistas se mueven por entornos donde se ve lo peor del ser humano, cosa que corroboran muchos de los casos a los que hacen referencia. Y uno de los elementos principales son los niños y la posibilidad de que estos sufran algún daño de la peor manera posible: ambos protagonistas son, o han sido padres, y la investigación a la que se acaban enfrentando saca a la luz sus peores miedos. Y a lo largo del caso principal estos van apareciendo: el miedo a sobrevivir a los hijos, a perder a la familia, al encubrimiento de los crímenes más atroces terminan siendo un trasfondo mucho más real y sorprendentemente bien combinado con las referencias más fantásticas de los escritores anteriores.


Sí, en lo primero que me fijé del capítulo 02 fue en el gato. 

 Poco hay que decir a estas alturas de las interpretaciones y de la química entre los personajes principales. Harrelson es tan bueno como podía esperarse, pero lo más sorprendente es ver a McConaughey en un papel muy alejado al que recordaba a finales de los noventa, cuando básicamente era ese actor que se parecía tanto a Paul Newman (lo cierto es que después le perdí la pista). El reconocimiento que le ha valido, y el Oscar que ganó la semana pasada, quizá tenga que ver con que no aparezca en la siguiente temporada. 


No podía terminar sin mencionar los créditos iniciales de la serie, no solo porque entre la música, y el montaje, han sido los que más me gustaron desde Juego de Tronos. Sino porque tienen una nueva versión. Con gatos. Y tras un argumento tan crudo como el de esta serie le viene bien una tanda de gaticos.

jueves, 6 de marzo de 2014

Lecturas de la semana. Los Años Mozos VI. A la sombra de R. L. Stine



En los noventa, la serie Pesadillas fue un éxito editorial bastante sorprendente. No solo por la serie de televisión y los derivados de la franquicia, sino por las otras colecciones similares que empezaron a publicarse un tiempo después. Algunas mejores que otras. Unas cuantas, más originales que el resto…lo que sí tenían todas en común era la idea principal: ofrecer argumentos terroríficos destinados al público infantil.


Solo por tener las palabras "muertos vivientes" en el título, minipunto a su favor

Christopher Pyke. Fantasville. Es un poco difícil encontrar una traducción adecuada cuando el título original es Spooksville. Pero lo de optar por hacer una remezcla entre el castellano y un anglicismo resulta bastante cutre.
Los libros de Pyke son de todos los publicados entonces, los más parecidos en estructura y temática a R. L. Stine. La principal diferencia es que, en lugar de tratarse de historias independientes entre s, los protagonistas eran los mismos a lo largo de los veinticuatro libros: un grupo de niños de doce años vive en una ciudad con el mayor número de fenómenos extraños por metro cuadrado. Aunque los adultos lo nieguen, las apariciones de alienígenas, muertos vivientes, portales a otra dimensión e incluso el contar con una hechicera local (que a ratos es una enemiga y a ratos, apoya a los protagonistas) hace que esta se haya ganado el nombre no oficial de Fantasville.
Aunque estas fueran autoconclusivas entre sí, la serie guardaba una continuidad, apareciendo personajes a lo largo de ella que se convertían en fijos o habituales. El desarrollo de estas también era bastante exagerado, y el autor parece que decidió que con el cliché de “la ciudad donde pasan cosas raras” tenía carta blanca para hacer todo lo que le diera la gana sin importar lo absurdo o imposible que resultara.
Entre lo imposible de muchos argumentos, y que los personajes fueran un poco tópicos, contando con el líder, la valiente y el cerebrito de turno, Fantasville tenía una ventaja: en muchos casos, se saltaba la norma no escrita de que en un libro para niños no puede morirse nadie y llegaba a liquidar a un personaje principal. Y cuando el principal defecto de este tipo de libros es tener la seguridad de que nadie va a salir mal parado, es un buen añadido.



Colección Sobresaltos. La editorial Altea también decidió apuntarse un tanto con las novelas de terror para niños, y optó por traducir la colección Funfax Horror. Este título servía para agrupar novelas de distintos autores, coincidiendo todas en el género y en contar con protagonistas menores de doce años. Aunque ninguno de estos escritores sea especialmente conocido, la principal ventaja de una colección así era el contar con muchísima más variedad de la que podía dar una escrita por un solo autor. Y no solo variedad, sino también calidad. Algunas novelas eran bastante simples y parecían escritas por rellenar, pero otras resultaban sorprendentemente creativas y alejadas de las estructuras y estereotipos de otras series.
La maquetación de Sobresaltos también se saltaba un poco la norma respecto al resto: frente al tamaño de novela de bolsillo que presentaban Fantasville y Pesadillas, esta contaba con un tamaño similar al de un bolsilibro y no más de ochenta páginas (cosa que le pasaría a las otras colecciones si no usaran el tamaño de fuente 12), e incluso ilustraciones en algunos casos.


Además, la edición española contaba también con una serie de audios narrados por el difunto Juan José Plans, quien se presentaba en ellos como El señor del Miedo, y narraba los relatos, muy breves, en segunda persona. Solo por esto, y por lo desconocida que parecía esta colección, hizo que fuera mi preferida de las tres. Aunque la hubiera leido de mayor gracias a unos saldos, lo que tiene bastante delito. 

lunes, 3 de marzo de 2014

Lecturas de la semana. Los años mozos V



A muchos niños les gustan las historias de terror. Y los monstruos,  lo que asusta, y las cosas que se salgan un poco de la norma.  Los cuentos de toda la vida tenían su carga siniestra, y más adelante autores como Roald Dahl llenaron sus libros con elementos un tanto macabros y cierta carga de humor negro. Pero no fue hasta los noventa cuando a un señor se le ocurrió plantear una serie de libros de terror específicamente pensada para el público infantil. Y el que R. L. Stine se convirtiera en los noventa en un éxito parecido al que tendría Harry Potter posteriormente, o que se ganara el apodo de “El Stephen King de los niños” demuestra que la idea era bastante acertada. Aunque a muchas asociaciones de padres no les haga gracia.



Goosebumps, que vendría a ser tener la piel de gallina, se publicó en España bajo el título Pesadillas. Por si no fuera suficiente las portadas con letras goteantes e ilustraciones de monstruos, la primera tirada de ocho libros incluía todo tipo de gimnicks pensados para llamar la atención: desde cubiertas que brillaban en la oscuridad hasta incluir un marcapáginas con un tazo luminoso. Para más señas, los tazos eran aquellos redondeles de plástico que venían en las bolsas de patatas y que técnicamente servían para jugar o coleccionar. Hoy parece imposible que un crío se flipara a semejante nivel con un trocito de plástico, pero en su día llegaron a ser un regalo promocional imprescindible. Aunque Pesadillas llegó un poco tarde para estos porque en la siguiente edición los libros ya venían sin ellos.



La serie consistía en novelas independientes entre sí, con personajes y argumentos distintos, aunque por algún motivo, además de ser publicadas sin tener en cuenta el año de edición original, venían numeradas como si fueran parte de una colección completa. . En ellas los protagonistas, que no solían tener más de doce años, se encontraban con un elemento sobrenatural en su entorno, o bien se trasladaban a un lugar donde pasaba algo extraño. A lo largo de unos sesenta libros, estos personajes pasaron por parques de atracciones dirigidos por monstruos, encontraron máscaras poseídas, experimentos fallidos, alienígenas e incluso un malvado muñeco de ventrílocuo, que fue de los más populares. Si alguna de las novelas tenía mucho éxito, podía contar con dos o tres continuaciones, que al igual que las películas de terror, o bien la numeraban, o bien incluían una variación en el nombre del título. Este fue el caso de Sangre de Monstruo I y II o La noche del Muñeco viviente y La novia del muñeco viviente.



Un porcentaje muy alto de gente nacida en los ochenta tiene serios problemas con los muñecos de ventrílocuo

Los libros estaban planteados para poder acceder tanto a niños como a niñas, y que estos pudieran leerse igual por ambos: en general ambos suelen caracterizarse con aficiones y rasgos muy similares, de forma que ningún libro parece estar específicamente pensado “para niñas”. Es una decisión bastante inteligente, aunque no muy bien trabajada, porque en general la mayoría de personajes resultaban bastante intercambiables entre un libro u otro. La estructura también es bastante similar en todos ellos: el punto de partida suele ser el típico objeto que se encuentra en el desván, o un vecindario nuevo, a partir del cual iran sucediendo todo tipo de cosas hasta llegar a un desenlace inesperado. Lo más habitual es que un capítulo termine con un cliffhanger enorme, que, o bien se queda en un simple susto, o en algo que haga avanzar la historia, pero en todos los casos sirve para hacer avanzar al lector a marchas forzadas (probablemente, para que termine pronto y vaya a por el siguiente de la colección).  La mayoría de clichés, entre monstruos y muñecos inquietantes, son muy reconocibles y muy deudores de la cultura popular.



Aún consistiendo al 100% en historias terroríficas, lo cierto es que la serie Pesadillas no fue de mis favoritas: igual me pilló un poco mayor o quizá era porque empezaba con libros destinados a lectores más mayores, pero me resultaban demasiado breves. Un libro no me llegaba más que para una tarde, la extensión tampoco era mucha, y esa forma de caracterizar a los personajes tan general de Stine hacía que no llegara a simpatizar con ninguna situación concreta. Además, lo de “terror” era un poco relativo: teniendo en cuenta el rango de edad, sabía de antemano que nadie iba a correr un peligro serio, y en general, daban la impresión de ser bastante descafeinados. Lo que sí les reconozco es que en el momento de la lectura, resultaban muy entretenidos, que era lo que pretendían desde un principio. Algunos tomos de la colección, como ¡Invisibles! Sí resultaban algo más aterradores que la media. Y lo cierto es hoy, solo por los detalles tan de serie B que incluye, dan la impresión de que hasta le pillaría más gracia que antes (y que los terminaría en menos tiempo, aún)




 Me  gustaran o no, a Pesadillas hay que reconocerle el éxito que supusieron: fueron una de las mayores ventas y franquicias editoriales en los noventa, llegando a contar posteriormente con unos cuantos videojuegos  y hasta una serie de televisión que parecía hecha con cuatro perras. Por no decir de la estela de títulos parecidos que vinieron entonces. Podrá parecer que todos los libros parecidos a Los juegos del hambre que han salido en el último año es un truco reciente…pero mucho antes, no era raro ver a la colección de Pesadillas compartiendo estantería con Escalofríos o Fantasville. 

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