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jueves, 13 de agosto de 2026

Monkey´s Magic Merry go Round (2025). La tele que daba miedo

 


No recordamos todo lo que ha pasado, ni todo lo que recordamos ha sucedido realmente.  Esa poca fiabilidad de la memoria  que se pone de manifiesto a la hora de  sacar a colación anécdotas embarazosas, que a cada uno le vienen a la cabeza de funa forma distinta, no es un tema ajeno al fantástico y sobre todo al terror.  Pero también la memoria, los recuerdos confusos de la primera infancia, especialmente en una generación ya familiarizada con la televisión, se convirtió en una fuente de inspiración  para  narrar historia de terror en formatos nuevos.  El creepypasta era el medio perfecto para relatar historia de programas de televisión olvidados, donde había algo extraño, el terror analógico recuperaría la imagen propia de las cintas  magnéticas, quemada hasta la extenuación, como una  estética de ese pasado poco fiable y en el que se  cuela algo extraño…y que  ha pasado a convertirse también en el símbolo de una época, de una forma distinta de filmar, como lo fue el grano setentero.  Estos recursos, ajenos al largometraje, serían  reclamados por este medio en busca de una forma  de adaptar ideas nuevas a uno  más tradicional.  Unas veces no funciona (vamos a olvidarnos de las versiones de Slenderman o el juego del ascensor), otras veces si (¡la que nos viene encima tras el éxito de las Backrooms!) y sin tener que convertirse en un éxito mayoritario ni recurrir a la narración  tradicional, en alguna ocasión  consiguen  recrear, sin excesos, ese punto de extrañeza entre los miedos infantiles, la memoria como elemento no fiable, y la estética  analógica que se ha convertido en un vestigio del pasado.



Monkey´s Magic Merry Go Round  es un programa infantil como tantos otros: un pequeño  escenario, música simple,  marionetas  reconocibles y un presentador humano, James, que se dirige a su público hablando de los distintos momentos típicos de estos programas, como sus compañero del patio de juegos, consejos de seguridad (nunca utilicéis tijeras sin la supervisión de un adulto), manualidades y  un pequeño hilo argumental que guía el programa.  Es  este a partir del cual empiezan a suceder cosas extrañas: James ha perdido la memoria, y sus compañeros, León,  Castor, Pájaro y Mono, su mejor amigo, prometen ayudarle a recuperarla.  Esta comenzará a volver, de forma violenta y fragmentada, a medida que  James  se da cuenta que algo extraño  sucede en el programa. Tras pedir varias veces que  paren la grabación,  sus amigos del patio de juegos le preguntan que a  qué se refiere. Después de todo, James y ellos siempre han estado allí. Y como Mono le asegura, solo necesita olvidar lo que ha pasado, y las cosas volverán a ser como antes.



La película dirigida por Aidan leary se inspira  directamente en la estética del terror analógico y los rasgos comunes de la mayoría de programas infantiles de los setenta y ochenta para desarrollar una historia claustrofóbica,  que transcurre únicamente en esos dos escenarios, las dos partes de ese plató del que nunca  se ven los entresijos y con un único protagonista visible,  Michael Gillio como James,  que  lleva  él solo el peso de la historia  al ser la única cara humana en todo el metraje, alternando este su papel de presentador, casi inquietante  en la inexpresividad y  serenidad de su comportamiento, y e en de una persona aterrorizada  cuyo mundo ficticio se desmorona. Su contrapartida, o antagonista es Mono, un disfraz o marioneta  a la que pone  voz Frank Cesario. Su primera aparición, dotada de unas manos humanas femeninas de uñas sucias parecen anunciar que algo no va bien en ese  entorno,  siendo la contrapartida entre el escenario del programa infantil y la pesadilla en la que deriva.



Este uso de las marionetas como material de miedos y clara referencia  los programas  que por algún motivo, provocaban terror en su público, se consolida  con la aparición de Huron, un disfraz de cuerpo entero de dientes grotescamente humanos y que anuncia ese punto de inflexión que tendrá lugar hacia  la media hora de metraje.  Es precisamente este “sentido de la pesadilla” de los programas infantiles semi olvidados en el que  se mantiene en todo el largometraje. Este se desarrolla íntegramente  como si fuera ese programa en el que el protagonista está atrapado, sin que en ningún momento haya una ruptura  con este entorno, averiguando  el público la poca  información que se sabe a partir de  referencias, sus momentos de lucidez y un desenlace en el que este toma consciencia de su situación, pero que en ningún momento   aporta más información que el motivo  por el que ha quedado atrapado en ese espacio antinatural. Lo que sucede fuera, o después de que este  tome consciencia,  queda a la imaginación del público, sin dar más de lo que podemos teorizar.


Quizá por esto  es por lo que esta funciona tan bien como producción para streaming. A fin de cuentas,  la produjo  Shudder,  pero su nivel de creatividad  sobrepasa  la de l cualquier film de relleno de Netflix.  Es precisamente el verla en formato televisivo 8y en cierto modo, la  premisa no desentonaría en una versión moderna de twilight  zone) la que, al igual que  Late Night  with the Devil, le confiere esa sensación de veracidad,  de  narración que solo podría  contarse en se formato y no en la gran pantalla. Esta, sin embargo, resulta irregular en la segunda mitad. Una  vez establecido  el tono, deciden pasarse al terror más  físico con la excusa del  paralelismo entre el dolor físico y el emocional,  con las marionetas convertidas ya en seres monstruosos y unas cuantas secuencia gore olvidado  el tono de terror surrealista que habían mantenido hasta ese momento. Una parte  que no desmerece el conjunto de la película, pero resulta un poco disonante en comparación a lo que habían ido construyendo.






Monkey´s Magic Merry go Round es  un ejemplo menor, pero efectivo, de como adaptar el terror analógico al medio audiovisual tradicional,  antes de que este se vea saturado por la cantidad de películas que se inspiraran en creepypastas que se nos vienen encima.  Además de utilizar  hábilmente  conceptos como la memoria, la fiabilidad de los recuerdos infantiles, o el terror involuntario que muchos programas provocaban, hace también patente el apoyo  que esta forma de  terror  tienen en  el pasado, especialmente  en un tipo de formato televisivo que ha desaparecido.  Los espectadores de 50 y 40 años  recordamos ese lenguaje audiovisual y sus códigos (salvo que hayas crecido con La bola de cristal, Planeta Imaginario, cualquier cosa hecha en Europa en los 80 y  el Xabarin club, que entonces salías punkarra de serie) pero, ¿Qué es lo que provocará esto mismo a las siguientes generaciones?  ¿los youtubers chillones, los brainrot, las frutinovelas? ¿las influencers de moda y skincare? Esas, entre los rellenos faciales y los filtros de Instagram, ya me dan cosa hasta a mí..






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