Series de tv, libros, cine...y una constante presencia gatuna
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jueves, 20 de agosto de 2026

Lecturas de la semana. Antologías remix II

 


El verano se ha ido convirtiendo en un reducto  de un par de meses en el que rebuscar entre colecciones de editoriales olvidadas,  novelas de extensión muy limitada y portadas  a base de fotomontajes con paisajes y fantasmón recortado. Pero también para  recuperar las colecciones de relatos  con menos intención temática que podríamos encontrar. La selección de Bruguera ofrecía desde  las antologías de Kurt Singer troceadas, redistribuidas y con nuevos añadidos, y  algunas con nombre y apellido donde la idea parecía ser “cuantos más cuentos  quepan en un libro de bolsillo, mejor”.  Estas, tituladas por la editorial como “las mejores historias de..”,  podían respetar el material o aumentar su contenido, como pasó con Las mejores historias siniestras. En este caso,  estos dos tomos parecen haberse mantenido como el original e incluso   reconocer en su portada a sus editores,  quedado el carácter un tanto caótico de estas ediciones, ya es mucho para  quienes años después, intentamos rastrear la fuente original.



Forrest J. Ackerman. Las mejores historias de horror.  Una selección  del considerado padre del fandom moderno, fanático de los monstruos, del primer frikismo  y cienciólogo a nuestro pesar, que recopila treinta cuentos   sin más hilo que el  ser recientes, sin recurrir (salvo el caso de Stoker)  a clásicos.  Lo de reciente se traduce hoy como “cosas publicadas entre los años 20 y 1968 como máximo),. Estos abarcan temas muy variados, pro la falta de ese hilo conductor: encontramos tanto relatos  publicados en revistas Pulp, uno de la serie de Marte escrito por Clark Ashton Smith que sobresale entre el resto como siempre,  y  varios  en esta rama  sobre civilizaciones perdidas.  Los cincuenta (de nuevo, no hay orden cronológico, aportando esa sensación divertidísima de “a ver que sale ahora) se caracterizan  en su mayoría por su tono de advertencia y a menudo, un giro final en el que ese planeta destruido, primitivo o con seres salvajes no es otro que la Tierra siglos después de la temida guerra nuclear.  En cambio,  estos mantienen cierto carácter de fábula moral,  no exenta de optimismo, en el que  ese final  puede ser una posibilidad si no hacemos caso al sentido común.  Una atmósfera de “esto podría ser”  que resulta sorprendentemente esperanzador  para unos lectores  que en el siglo XXI nos limitamos  a esperar el meteorito en nuestro día más optimista.

Los giros finales  son también un rasgo común  en parte de los cuentos seleccionados de los cincuenta y sesenta: el invitado que resulta ser un vampiro, el anfitrión que es un asesino…e incluso  una historia, tan breve como loca, en la que el conde  Drácula se confunde de barco, escrito por W. S. Coburn. Textos muy breves y que dependen únicamente de esa sorpresa final. Y la presencia del rey de los vampiros no es una casualidad, porque tanto en el relato de  Stoker como en la secuela no oficial de  Stephen Vertlieb este vuelve a aparecer de nuevo.

El conjunto  es tan variopinto  como  vintage,  siendo  habituales los vampiros y espectros, y las aproximaciones más originales son las de  la época Pulp, apareciendo incluso un relato de  Tennesse Williams ambientado en Egipto. Y también, cierto carácter único: aunque  falten autores no anglosajones, siendo los únicos John Falnders y Walter Eckers (no es coincidencia que la antología se la dedique al editor belga Van Hageland), hay textos completamente inéditos, nunca publicados a posteriores o de  autores que parecen seudónimos ¿Quién será esa Tigrina o  Sathanas  Rehan?  Porque  al menos dos relatos, uno  con su nombre y el otro con seudónimo, son obra del propio Ackerman.

Además, esta  no tiene su equivalente en inglés: fue  recopilada por bruguera,  lo que lo convierte en un pequeño incunable de cuentos perdidos y un prólogo donde Ackerman invita al lector  a proponer ideas para antologías y a escribirle en esperanto si hace falta, idioma que admitía conocer. Ay, Forrest, si te hubieras quedado  en los idiomas inventado en vez de las sectas magufas.


A. Van Hageland.  Las mejores historias de ultratumba. Una selección de veintitrés relatos  donde el hilo conductor es la presencia de los sobrenatural. La meno del muerto, los espectoros victorianos navideños, las historias de fantasmas más antiguas e incluso  el Pulp y el fantastique se incluyen, de nuevo, en una antología sin criterio de fechas o todo, caracterizada por la presencia de muchos autores clásicos.

Van Hageland fue  publicado varias veces por la editorial, con recopilaciones de cuentos por temas y bastante extensos: las mejores historias diabólicas, de fantasmas o de hechicería, siendo esta última la más breve, o antologías de ciencia ficción  formaban parte de la sección fantástica de Libro Amigo de Bruguera.

En esta colección, recurre a los clásicos: Maupassant aparece un par de veces, un cuento muy extenso de Dickens, no falta  Ambrose Bierce, Le Fanu, Poe e incluso Shakespeare, siendo evidente que la intención no era buscar la modernidad.  En cambio, hay una mayor presencia de  europeos, como John Flanders (Jean Ray, a quien todavía le sobraban días para escribir), Walter Beckers o Claude Seignolle,  pudiendo asomarnos un poco a  ese fantastique de entreguerras que aquí  apenas hemos podido ver traducido.

Esta antología  es mucho más breve que la recopilada por Ackerman,  unas doscientas páginas menos donde se centra más en la literatura conocida y por suerte, en el fantastique continental aunque es posible  leer algún cuento  Pulp gracias a Seabury Quinn.  Y  aunque los autores más socorridos  no sorprendan, ha pasado el suficiente tiempo  (para que mentir, treinta años) desde que leyera, también  en una de esas antologías al peso, La casa del juez de Stoker.

Aunque esta selección tenga un tono más tradicional, sigue manteniendo ese interés casi nostálgico y un poco caótico de relatos reunidos sin motivo aparente en un solo tomo, y cuanto más gordo mejor. Estoy segura que con estas colecciones sobrevivías al tren nocturno  Coruña-Madrid y a los trasbordos que hicieran falta.

jueves, 6 de agosto de 2026

Lecturas de la semana. Colecciones de kiosko

 


Los veranos acabo leyendo la mayoría de antologías  bruguera y libros de kiosko que voy  encontrando en las tiendas de segunda mano.  Por lo simple de estas recopilaciones al peso,  por ser una lectura variada  o  por  eso que llaman falsa nostalgia  por libros que m e quedan tan lejos como puede estarlo la colección  Timun Más de los lectores actuales de Sanderson.  Geasa fue una de esas rarezas  que encontré hace un par de años. La edición española de Fleuve Noir Angoisse  publicó unos pocos números que sirvieron para conocer algo más el fantastique  muy similar a los bolsilibros patrios,  pero acompañados por unos rasgos propios, donde ya no era obligatorio el uso  de seudónimos anglosajones  ni trasladar las historias lejos de las fronteras. Lo extraño, a veces brillante, a veces torpe, un tanto absurdo en más de una ocasión,  estaba en esa puerta que no debía estar ahí  de las novelas de Kurt Steiner, de ese personaje que  nos recibe en el cementerio de Alphonse Brutsche… o también en lo ridículo y en las situaciones más caóticas   como en algunos de los  que pudieron verse traducidos.


Marc Agapit. El desfile de los muertos vivientes.  Un escritor esa acusado y encarcelado por la muerte de su hermano. La situación, así como las circunstancias del crimen, no son lo que parecen.  Porque el novelista de éxito es en realidad un vividor, que se ha limitado a  poner  su cara en los libros que su hermano, recluido en la  mansión  familiar, se dedica a escribir.  La muerte de este, según asegura  el acusado, tienen lugar la misma noche  que , tras acudir a la llamada de su hermano, es recibido por tres extraños personajes que aseguran  ser víctimas de unos torturadores sobrenaturales. La historia, imposible de creer,  es lo único que puede ofrecer a un detective aficionado a casos imposibles,  quien intrigado por un testimonio acerca de sillas gigantes y esqueletos luminiscentes, decide acudir a investigar el lugar del crimen.

La novela de Agapit  es una de las  más locas  que ha aparecido en la colección, muy breve por otro lado, y también la más deudora de las novelas de  Harry Dickson.  Ese infalible detective Gilles  parece un trasunto del personaje de Jean Ray y  los saltos que este  da entre conclusión y conclusión tienen la misma lógica que los misterios investigados por el rey de los detectives  y los disfraces rocambolescos.  

La diferencia es que seguramente  Ray hubiera titulado esta novelita “El misterio de los  tres asientos” o algo  igual de discreto  y seguramente, la resolución del enigma sería el colmo del realismo en comparación a la trama del señor Agapit.

Por resumirlo de algún modo: en este libro pasan cosas. Muchas, y ninguna relacionada con la anterior.  Los sucesos saltan  de una situación a otra, donde  poco importa la caracterización de ambos hermanos en una trama  que empieza como una novela de terror, pasa al policiaco, se resuelve como un relato de ciencia ficción sacia del bolsillo (o del fondo de una botella de ginebra sin  Agapit seguía las mismas técnicas literarias que Jean Ray) para  cerrar el enigma policiaco y acabar  con un epílogo filosófico sobre el futuro de la humanidad y los enigmas del universo. Un autentico locurón a lo largo de 250 páginas en las que, como suele pasar con estos libros, o te encuentras con una historia  atmosférica que funcione con sus rarezas (sin ir más lejos, Le Seuil du Vide de Kurt Steiner acabó siendo adaptada al cine) o bien  con unos niveles de absurdo que solo hacen  pensar “bueno, seguimos adelante que al menos quiero saber qué pasa”.

Este desfile de los muertos vivientes es  el segundo caso. Una novela de las flojas, con un montón de ocurrencias enlazadas  entre sí  de cualquier manera, pero dotada de esa honradez que mantenían las novelas de kiosko.  No pretende ser nada más, solo una historia que seguramente haya pagado alguna factura.



Maurice Limat. La Maleficio.  Un viaje de negocios a Venecia. Un joven encuentra a un gondolero moribundo que le previenen acerca de una mujer  en peligro. Una familia condenada por el crimen cometido hace siglos y una mujer  que desde hace cientos de años, busca a su amado muerto. Y en el medo de la noche la Maleficio, la campana reservada para las ejecuciones,  destruida hace mucho, vuelve a hacer sonar su tañido.

Esta novela  retoma el tema de la muerta enamorada, aquí lejos de ser un fantasma  pero convertido en un ser sobrenatural,  ambientándolo en una Venecia   como escenario de amores condenados a la tragedia pero donde  podían convivir el arte y la magia.

De nuevo, no se puede exigir demasiada caracterización a unos personaje que  caen rendido ante la visión de una mujer misteriosa cuyo  comportamiento errático es muy similar al de un espectro condenado a repetir los mismos actos una y  otra vez. Solo pueden  seguir el enigma  que esta  va desgranando a través de joyas misteriosas, personajes siniestros y una  Venecia de fondo que  como pasa a menudo en estos libros  caracterizados por la economía de página y su carácter de narrativa de evasión, no es la de verdad sino la que nos imaginamos (y que siempre será mejor que la real).  Y que durante  esos capítulos, esta se vuelve tan real como los elementos anómalos que el protagonista encuentra, como  esa puerta al pasado en el sótano de una mansión, un escenario tan improbable por las características de la ciudad como todo lo que va sucediendo en ella (y que Alex de la Iglesia desaprovecharía en Veneciafrenia  al no tener muy claro lo que quería hacer).

La trama, a partir de esa muerta enamorada y mezclando como trasfondo las maldiciones familiares, la magia negra y lo extraño,  recurre también a los arquetipos de los espectros sin descanso y a la ruptura de aquello que los ata a la tierra, como liberación pero también privando a su protagonista de un final  feliz que por el momento, no  hay llegado a  encontrarse en ninguno de los libros  que he podido encontrar en la colección. Una compuesta en su  mayoría por autores franceses de calidad un tanto irregular, pero a los que hay que reconocerles una cosa: de originalidad y falta de prejuicios van sobrados.  Y tienen muy claro que una verdadera historia macabra no puede terminar con un final feliz.

jueves, 30 de julio de 2026

Celsius 232 2026. El año de las sillas plegables

 


Aparte de leer,  ver cine y desear que no haya un nuevo apocalipsis a la vuelta de la esquina, una parte de mis vacaciones están reservadas para irme durante cinco días a Avilés, a un festival que lleva  ya en activo unos quince años.  El  Celsius 232 se ha convertido en un evento cada veza  más concurrido, y desde que llevo asistiendo allá por el 2018,  con dos momentos decisivos. Uno fue en 2020,  cuando consiguieron sacar adelante contra viento y marea el festival, con rutas prefijadas para los asistentes, distancias de seguridad y  cienes y cienes de  sobrecitos de gel hidroalcohólico…además de conseguir   celebrar  una actividad  con  gran número de asistentes y cero contagiados en esos años  tan raros, lo que fue una forma de mantenerlo con vida y buena salud de cara al futuro.

El segundo, el año pasado, determinaría a la nueva, nueva normalidad que pasaría a formar parte de una festival que, por mucho que me desconcierte a mi parte  más rancia  y quejosa, está  ya  lejos de aquellos días en los que había sitio incluso en las charlas de autores más conocidos y tiempo suficiente para comprarse un libro más. La última visita de Sanderson supuso colas multitudinarias, esperas interminables y una afluencia de gente imposible de manejar. Además de muchos disfrazados con unas capas de flecos que no terminaba de entender. Tendría que esperar a leer Nacidos de la bruma esas navidades para pillar la referencia. Y  no, no he caído en la secta.


La horterada de Proust

Este 2026 ha mantenido  ya  ese ambiente  multitudinario, de colas esperas, madrugones y  perderse  charlas por exceso de foro, aunque en una medida más manejable que el año anterior.  Esta vez el responsable era en parte  Matt Dinniman, por lo que las capas de flecos del Cosmere (que alguna había) fueron sustituidas  por cosplays de gatos de peluches y calzoncillos estampados.  Un autor al que no fui a ver por sentido común y  pesimismo razonable, pero que  deja, además de los gatos de peluche,  unas colas con unas cotas de organización  a niveles dignos de cualquier festival de música. Toallas, sillas plegables,  asistentes acampados  con barajas de carta y tuppers de comida.

Hubo cancelaciones,  la peor, la caída  en último momento de  Christopher Lambert así como la ausencia de los autores de Kult por motivos de salud.  Me quedé fuera de  la charla de Abercrombie, siendo desde Los Diablos  imposible  entrar en el auditorio, y como diría  Balthazar, “¡me cago en la leche!”.


Testosterona en una foto

Mismo motivo por el que me quedé fuera de las participaciones de Paul Urkijo,  Paco Plaza (perdiéndome una ingente cantidad de chistes de portugueses) y gran parte de la conferencia final con Dinniman, Gynne, Buehlman y Abercrombie,  de la que solo puede ver un poquito gracias al gradual abandono de la sala la última media hora.
 Un mejor cálculo de la afluencia  supuso poder ver a Grady  Hendrix  en su segunda visita, y ya con unos cuantos libros más publicados. Este, haciendo sus pinitos ya con el castellano y lanzándose a decir alguna frase, aunque de momento le gana Christopher Buehlman, quien  se maneja perfectamente  y si llega a durar el festival un par de días más, sale con acento.  Si  su novela  Entre dos fuegos   es una visión de terror medieval, con referencia al Bosco, a la fantasía oscura y algo así como El séptimo sello con  esteroides, el autor es todo un personaje cuya conversación deja con ganas de leer algo más.  Y  a ver si Abercrombie toma nota  y  aprende algo más de castellano, que está ya medio adoptado en Asturias…

Qué bonito es Grady Hendrix
Las charlas más pequeñas, pero igual de abarrotadas, sirvieron  para poder  escuchar a Álvaro Aparicio hablar de Nuestra señora de los Caidos, una nueva visión del infierno (este año está pegando fuerte el tema, quizá porque ya nos parece un lugar no tan malo en comparación) y  a Luis Corte Real  sobre  Benjamin Tormenta y  bromeando sobre hacer la entrevista  en portuñol…¡menos mal  que  nos quedan los primigenios de Portugal!

Las actividades no relacionadas con la literatura  trajeron a Hector Cantolla, doblador de Eastwood, Brando y Schwarzenegger e incluso de personajes de Pokemon. Un veterano de la profesión,  lleno de aplomo, anécdotas y que se presentó  como  cántabro de Laredo, lo que hizo que se ganara por mi parte un aplauso especialmente fuerte  al  encontrar aun paisano de mi patria adoptiva. Otro de los puntos fuertes son las charlas sobre música de Luis  Antonio Muñoz,  con dos presentaciones sobre los Illumínati en la música clásica y popular, toda una curiosidad en estos tiempos de paranoias y gorritos de papel albal.


La mitología se ha ido convirtiendo  en una parte importante con las colaboraciones de Clara Dies y Javier  Prado,  junto con la presencia de Tomás  Hijo  como ilustrador del cartel del festival.  Tolkien  fue el tema en exposiciones sobre su relación  con la mitología celta y  su participación  en el conflicto e influencia de la Gran Guerra  por parte esta última de una profesora de la universidad de Santiago, desconcertada por la afluencia…supongo que  cuando no puede suspender al publico ya no es tan divertido exponer ¡ja!.


¡942!

Iván Ledesma sigue a la cabeza de las actividades sobre  televisión, en te caso,  recordando Hércules y  Xena, series interminables, mamarrachas y un poco Magdalena de Proust al recordar  los veranos siguiendo las andanzas de Xena y Gabrielle. Y  de paso,  una época  en la que la continuidad y seriedad nos importaba un pepino.

Un año más, Celsius confirma que su condición de frikada  minoritaria queda muy lejos,  que las legiones de chavales nuevos,  con disfraces de personajes que ni nos suenan, libros de romantasy y sagas  con cantos pintados  nos hacen ver que las cosas han cambiado. Que  la afición ha crecido,  hay tendencias y series que  nos resultan ajenos a los veteranos, que el concepto de “raro” y diferente ha cambiado mucho…Ya no serán nuestros tiempos, pero eso no quiere decir que sean peores.

jueves, 21 de mayo de 2026

Lecturas de la semana. Pierre Véry y nada es lo que parece

 


El policiaco, crímenes y thriller en general no me ha atraído demasiado. Ni el sueco (Lisbeth Salander, me aburres tú, tu autismo hacker y tus malos rollos familiares) ni el polar, ni el procedimental.  Puede caer de vez en cuando algo de Agatha Christie o de Simenon,  pero en cuanto a asesinatos, la realidad ofrece bastantes y con el true crime  voy servida .salvo una excepción, un señor francés  que   a lo largo de más de treinta años escribió novelas policiacas, además de incursiones en otros géneros. Un autor de novelas de misterio  mezcladas con  lo costumbrista, lo extraño, el absurdo, cierta ensoñación y  una resolución del caso de habitación cerrada completamente  rebuscado, donde lo importante no era el qué, sino las vueltas que hemos dado llegando hasta aquí. Desde que hace años encontrara  en cas un ejemplar de Goupi Manos rojas en París,  aquel charentino aparentemente siniestro escrito por Pierre Véry mostraba un mundo donde lo anodino y lo extraño convivían. Desde entonces, volver a casa con toda novela de este señor  que me encontrara se convirtió en la norma. Y como bruguera  ser encargó de incluirlo en el catálogo de su colección de policiaco, no me han faltado.


Mambrú ha muerto.  Durante un paseo, un hombre  e como un repartidor extravía un paquete. Sin más señas que  las de una casa cercana, y movido por la curiosidad, este decide hacer la entrega  para descubrir que su contenido, una prenda femenina, poco tiene que ver con  el carácter de los habitantes de la casa, a quienes el remitente desconocido parece inquietarles ¿es una broma,  una advertencia, un chantaje? Durante los días siguientes, este extraño se instalará   como profesor del hijo menor de la familia de  una forma tan inesperada  como  el camino que lo llevó a traspasar las puertas de ese hogar y convivir con los habitantes de este.  Una solterona que dirige el clan familiar,  un hermano con pocas luces, una viuda carcomida por el remordimiento, el primogénito mujeriego  y una hija menor, silenciosa e introvertida. En medio de este ambiente enrarecido, y  con las sospechas  de aquel misterioso envío,  que condujo al protagonista a ese lugar, cayendo en el olvido,  cada noche, unas luces se desplazan por el jardín. Un ritual nocturno interrumpido   por un disparo de fusil que al amanecer, descubre como resultado el cadáver de un joven cuya identidad todos aseguran desconocer.


Las novelas de Véry se caracterizan  por  transcurrir  en entornos acotados y marcados por lo extraño.  Bien  un pueblo, en la mayoría de casos, que puede caracterizarse  por lo excéntrico y pintoresco, como en sus novelas ambientadas en Inglaterra,  o bien más cerrado y claustrofóbico, donde el  estado de ánimo de sus personajes juega  un papel  principal como en El traje de los domingos o este Mambrú ha muerto ( como curiosidad, ha sido gracias a él por lo que descubrí que el Mambrú que se fue a la guerra era la transcripción fonética de Malbrough). Un factor que está  presente en  mayor o menor medida   en todos los personajes, incluso e n ese protagonista melancólico,  acompañado en su cabeza por los diálogo imaginarios que mantienen con la mujer que ama, y cuyo estado mental  aún pareciendo el más cuerdo de su entorno, es el que lo lleva a introducirse sin plantearse nada más a ese lugar: simplemente, es algo que puede hacer, y no tiene ningún motivo par ano llevarlo a cabo.

Es también  este aspecto  del romance en su versión más pesimista, lo que tiene un  peso importante en la trama. La  “mujer ideal” con la que dialoga el protagonista, las relaciones puramente físicas, el amor platónico  desde una percepción de la realidad errónea y el  remordimiento acompaña a todos los personajes y se entrelazan  en el punto de partida que plantea enigmáticamente cómo puede cometerse un crimen  en el que no se participa. Y  que   más que desarrollarse, aparecerá de forma súbita, rompiendo la rutina y la  atmósfera enrarecida que  Véry ha construido, para ser resuelto como suele hacer él,  de la forma más sencilla, casi propia de un deus ex machina y que se convierte en el punto final  de un drama familiar marcado por ese ambiente fantasmal.

Este, comparte con El traje  de los domingos  algunas características-. La visión  del romance y de desamor como algo no trágico, pero que no aporta nada positivo, su acercamiento al fantastique  mediante la irrupción de lo absurdo y el comportamiento de los personajes,  el uso exagerado de un mcguffin  y las referencias al momento histórico.  Ambas están separaos entre sí unos veinte años,  pero  parte de la acción se determina, respectivamente, por la Guerra Civil española y el final de la Segunda Guerra Mundial. El resultado lo convierte en una de sus novelas más oscuras,  donde algo global afecta, de forma tangencial e inesperada,  a los sucesos de la historia.


Las cuatro víboras. A veces,  de camino a su trabajo en la compañía de seguros, un oficinista  fantasea con otras vidas.  Sus ensoñaciones se convierten en realidad cuando  una misteriosa mujer a bordo de un vehículo, confundiéndolo con un miembro de su banda, le obliga a subir al coche. Su destino, una casa donde hay una anciana secuestrada y una botellita de vidrio, con forma de serpiente, que contiene un potente veneno.  Este se convertirá en testigo y narrador, a su regreso de la aventura, de una oleada  de  robos, incluso  de un asesinato,  marcados por la aparición de esos frascos de aspecto exótico.  Mientras, dos jóvenes, intentando hacerse un chueco en el mundo de los detectives, comienza un a investigación por su cuenta que los llevará a descubrir que el caso, relatado por la prensa, no es lo que parece.

Esta es una de las novelas más cercanas al fantástico de Véry. Anterior a Mambrú a ha muerto,  y ambas escritas a mediados de los treinta, esta  es anterior a los conflictos que llegarían. Mucho más  juguetona,  recreándose con los tópicos del folletín, y se adelanta  por varios años a Walter Mitty (ese mal llamado síndrome, cuando todos sabemos que es una herramienta para mantenernos cuerdos), con un protagonista   perdido entre la fantasía y la realidad ,  situación que arrastra al lector durante  toda la narración mediante una trama muy engañosa,  que funciona porque el autor miente deliberadamente y  la convierte en una historia que no podría  tomarse como policiaca de ningún modo. No queda otra que dejarse llevar por ese juego de crímenes  novelescos, de periódicos sensacionalista y de pistas falsas en un Paris que parece tan lejano e irreal  como el  ilustrado por Tardi en las aventuras de Adèle Blanc-Sec.

La trama  policial es lo menos importante y quizá una de las más flojas, a diferencia del desfile de personajes que se mueven entre oficinas,  redacciones y buhardillas subarrendadas (porque otra cosa no,  pero en Europa  se nos da muy bien  amargar a la gente con la vivienda desde hace siglos) y que homenajea al folletín más exagerado, el de  crímenes imposibles de resolver, bandas criminales y  pasadizos subterráneos transitados por todo tipo de sociedades secretas.  El desenlace, precisamente por  esta decisión, desluce el recorrido  con un deus ex máchina  que hace un borrón y cuenta nueva, pero consigue mantener una  sensación  final de desconcierto: Véry, después de todo, nos ha engañado tanto  como la banda criminal que dejaba, como firma de sus crímenes, una decorada botellita de veneno.  

jueves, 7 de mayo de 2026

Lecturas de la semana. Folletines y papel de pulpa

 


Desde hace unos años la literatura  popular con un mínimo de  8 décadas  de antigüedad se ha conferido en mi zona de comfort ¿Qué hay  bajón? Pulp ¿Qué hay incertidumbre? Señor francés escribiendo historias   por entregas  sobre un personaje  fundacional de la cultura popular. Puntos extra si es un villano o va enmascarado, y  por  su extraño sentido entre la intensidad y el absurdo ¿Qué un señor de color naranja ha decidido jugar al Pasimisí   con unos barquitos en Oriente Medio?  Póngame un poco de todo, que falta hace.


Ponson du Terrail. Los dramas de París (las aventuras de Rocambole) Tras recuperar su título, injustamente usurpado,  el conde Armando de Kergaz  dedica sus esfuerzos y fortuna  a  ayudar a  todos los que lo necesiten.  Viudas,  huérfanos pero también hijos perdidos y afrentas del pasado. Cuando un caballero solicita su ayuda para  encontrar a su hija, fruto de una relación ilegítima,  Armando  se cruzará con otros personajes  que tendrán su papel en la intriga. Cereza, una costurera   y su prometido  Leon, pero también  Baccarat, una cortesana, hermana de Cereza y mujer sin escrúpulos, y  el mismo  Andrés, medio  hermano de Armando que ha vuelto tras una vida dedicada al crimen para vengarse  de él. A este lo acompaña un muchacho huérfano,  ambicioso y dispuesto  a cambiar de bando como le convenga, a quinen conocen como Rocambole.

Poco podemos decir del personaje que  dio origen al adjetivo rocambolesco como como sinónimo de situación imposible y enrevesada. A lo que en este primer libro  va a haber a montones. A quien no veremos mucho, en cambio, será a su  antihéroe titular, quien en las historias de libro es poco menos que un secundario que  va cobrando importancia hacia al final, pero todavía muy poco, y que sirve como deus ex machina  en muchas situaciones: una traición de Rocambole  en el momento oportuno sirve para que los sufridos héroes  conozcan los planes del malvado Andrés. Unos héroes, por cierto, bastante tontainas y que el lector actual acaba preguntándose si  estos no se han buscado que  se los engañe de forma tan evidente.

Disfraces  hechos con poco menos que un  bigote postizo y unas gafas,  villanos  mintiendo  bastante mal para ser creidos a pies juntillas por unos protagonistas cuya  bondad y virtud los convierte en unos héroes  terriblemente tontorrones.  La trama de  las novelas incluidas en el tomo discurre entre  los tópicos de hijos ilegítimos, traiciones, mujeres fatales y disfraces propios de Mortadelo, enrevesados  hasta lo indecible para después solucionarse de la forma más sencilla posible. Un nivel de suspensión de la credibilidad que va aumentando a partir de la segunda parte,  con una sucesión de traiciones a plena luz del día, sociedades de criminales, mujeres fatal que seducen a protagonistas felizmente casados (donde se nota  la  moralidad imperante frente al personaje de Baccarat, en permanente redención  por sus faltas, y a la rápida justificación que se le da a los personajes masculinos infieles  como víctimas de una malvada  intrigante)….pero también princesas indias vengativas, venenos mortales. Y hasta telepatía e hipnotismo. Porque llegado un momento en el que el nivel de  conspiración y embrollo es imposible e deshacer,  Du Terrail recurre a la corriente que estaba tan en boga entonces  introduciendo una trama sobrenatural  secundaria destinada a que los protagonistas  puedan saber que está pasando.

La velocidad de la narración, su formato por entregas y seguramente, los plazos a los que  Ponson du Terrail tenía que atender, hace que el libro,. En su recopilación,  cuente con  varias incongruencias. Desde un personaje secundario que  cambia de nombre hasta el  cliffhanger anunciando la redención de  Rocambole que no tienen lugar en el siguiente libro, pero en el que al menos, sí se convertirá en el personaje principal.

A ratos divertido, a ratos absurdo  o rozando la comedia involuntaria, la  primera aparición de Rocambole es un ejemplo de lo que una novela por entregas podría ofrecer.  Todavía lejos  del carisma y amoralidad de un Fantômas, pero con una cantidad de  giros narrativos y personajes víctimas de su propia intensidad que es imposible no disfrutarlo.


Robert E. Howard. Conan, el Cimmerio 3.  Este recopilatorio de las historias del  bárbaro más famoso de la literatura y los cómics incluye, además de  una miscelánea  con  borradores y textos no terminados p por  Howard, los relatos El pueblo del Circulo negro y Nacerá una bruja.  En el primero,  Conan,  líder de una  de las muchas  tribus de  los afghulis,  secuestra a la  princesa de Vendhia  para exigir la liberación de  varios de sus cabecillas.   Pero esta también es perseguida por los Videntes Negros, una orden de brujos que  asesinaron a su hermano y ante los cuales, su secuestro también puede ser  su salvación.

Nacerá una bruja es un relato más breve,  sobre profecías,  gemelas malvadas,  princesas desterradas, civilizaciones antiguas y  malvadas (lo siento, las cien veces que he visto el Conan de Millius tenía que aparecer por algún sitio) y donde Conan juega un papel muy secundario frente a una intriga  que poco importa al mercenario.

Siendo el personaje más famoso de Howard, este ha acabado siendo más conocido por su  adaptación al comic, especialmente por los trazos de Buscema, que por las narraciones.  Es en el texto  cuando más se le notan las costuras  como escritor, con la paradoja  de  tener una capacidad de atrapar al lector como  se ha visto pocas veces, pero con unos  recursos estilísticos un tanto limitados ¡la de veces que he encontrado  nobles con rostro de halcón y al cimerio recurriendo a sus reflejos de pantera!

Recursos  que se acaban  obviando, acostumbrándose a ellos  una vez  se avanza un par de páginas de cualquiera de sus cuentos.  La era hiboria de Howard, ese mundo cuyos  países  desaparecidos son  en realidad un reflejo de las naciones y culturas del nuestro, es descrito por el  como brutal, sangriento y fascinante.  Con  toda la violencia  que le permitían las páginas de las revistas Pulp  con las que se ganó la vida, Conan  es el arquetipo de mercenario despiadado, ambicioso, y con cierto código del honor  que lo convierte en un héroe pragmático, pero no ambiguo: este representa al individuo no domado  por  las normas sociales, a menudo  hipócritas y más retoricas que la ética de los forajidos y mercenarios entre los que se mueve. Un personaje cuya  naturaleza  brutal lo dota de cierta racionalidad que le permite enfrentarse a hechiceros y fuerzas  que harían huir a cualquier otro, que se mueve en ese difícil equilibrio entre   lo despiadado y lo honorable.

Un logro  parar un héroe y unos relatos que se adelantan  casi un siglo al concepto de grimdark que  manejan hoy muchas narraciones  de héroes de moral gris, y que se caracteriza también por una sorprendente simpleza y  modernidad que hace que hoy puedan leerse como el primer día.

La edición, publicada por Timun Más hace unos veinte años, es la versión    económica del tomo único que había sacado con los relatos (hoy, al precio que van los libros, ese tocho nos hubiera resultado barato). Este, dividido en varios tomos en rústica, incluía dos o tres relatos más los textos sueltos de Howard, acompañado por unas ilustraciones de Gari Gianni que recuerdan mucho a los dibujos pulp de antaño. 

jueves, 12 de marzo de 2026

Lecturas de la semana. Pulp fiction

 


Aunque una parte de los libros que acabo leyendo durante el año son señores d entreguerras y señoras victorianas, más de una vez, y cuando el componente aleatorio de la librería de segunda mano  lo permite, me paso por la época intermedia entre ambas. Porque  a los señoras y señores  pulp también se les hace un  hueco  y más en estos Años 20 mal, donde  se acaba echando en falta la inventiva,  ausencia de prejuicios y  cierto optimismo, casi inocencia, con el que reflejaban un mundo en el que todavía había lugares ignotos.


Catherine L. Moore.  Shambleau.  Una extraña criatura,  de aspecto humano  y comportamiento cercano al de un felino dotado de inteligencia, es salvada por  Northwest Smith  durante uno de sus viajes. El ser, a quien los locales llaman Shambleau, esconde un secreto que lo acerca a los seres mitológicos de los que  las leyendas de la tierra advirtieron a los primeros humanos. Esta es solo una de  las aventuras del contrabandista y su socio, el venusiano  Yarol. Un tapiz que traslada a su poseedor a otro mundo donde este queda atrapado, civilizaciones olvidadas en planetas remotos e incluso  misterios ocultos en el planeta tierra son una parte de la vida de este forajido, contrabandista y mercenario que  Catherine L. Moore dio a conocer en las páginas de Weird Tales durante los años 30.


Moore comenzó su carrera como autora en revistas pulp, y si Jirel de Joiry, la castellana  era un personaje propio de la espada y brujería (además de  ser una de las mejores heroínas que he podido leer), Northwest Smith lo es de la ciencia ficción,  pero tal y como se concebía e los relatos de este género: muy cercana  a la fantasía,  donde  el hombre había conquistado el espacio  sin que  fuera necesario que se explicara  el como, y donde convive con  razas alienígenas muy parecidas   a los humanos.  Pero donde se mantiene  cierto trasfondo histórico, presentando lugares remotos en los  que es posible descubrir civilizaciones  desaparecidas hace mucho en forma de ruinas y reliquias.  La imaginación de la época está muy presente,  representando a Venus como  un planeta gemelo cuyos habitantes,  como  Yarol, el socio y amigo de Northwesth,  tienen rasgos similares a los que tomarían  por norma los elfos de la ficción posterior. Marte, escenario recurrente de las aventuras del protagonista,  se convierte, con los distintos lugares que menciona Moore, e desde desiertos a canales, en una suerte de tierra de contrabandistas, mezcla del salvaje oeste y  de un puerto de piratas donde es posible adquirir cualquier objeto y también los  servicios de un mercenario como  West.


Northwest Smith   es en este caso un antihéroe, descrito por Moore con unos penetrantes ojos grises  y el cuerpo surcado de cicatrices de  una vida al margen de la ley. Un buscavidas que en ningún caso es un héroe pero que mantiene cierto código de honor, que lo lleva  a encontrarse  con la criatura de Shambleau,  pero a mantener compañeros y aliados en el  mundo de forajidos en el que se mueve. Sus  aventuras no comienzan movidas  por la  heroicidad sino por el interés,  en su mayoría siendo resultado del  encargo de un tercero o  un encuentro fortuito derivado de  una aventura in media res.  A lo largo de los cuentos protagonizados por Smith, es fácil encontrarlo  siendo contratado por  alguien con bastante dinero (y que acaba cayendo por su codicia) o en medio de algún lugar de Marte, huyendo o en un descanso muy breve. La caracterización de este, un personaje un tanto amoral  pero con ese fondo de nobleza, hace pensar que  puede ser uno de los referente a la hora de crear  héroes posteriores  como  serían Han Solo, quien  guarda muchas similitudes con el.


El ciclo de cuentos de Northwest Smith,  entre planetas muy similares a la tierra  ciudades sin ley,  civilizaciones perdidas y criaturas desconocidas,  constituyen algunos de los mejores relatos escritos por Moore en su etapa  pulp,  ya un poco lejos de esos felices veinte pero todavía durante  los años dorados de la narrativa fantástica popular. Sigo siendo mucho más devota de la espadachina con carácter y dueña del castillo de Joiry, pero los viajes de Northest en el espacio  se han  hecho también un hueco entre  mis pulps favoritos.


Fritz Leiber. Espectros de la noche.  Una colección de relatos de terror donde lo extraño y  los temores antiguos no han desaparecido sino que se han adaptado al cambio de la civilización humana. Un fantasma creado por el humo de las fábricas, un revolver embrujado por l deseo de venganza de su propietario, un juego de ajedrez a distancia  contra   seres más allá del espacio o el fin del universo narrado por su último testigo…Los relatos de la colección, titulada originalmente  Agentes de la noche, en referencia al diálogo de Macbeth,  fueron en su mayoría publicados  durante los años cuarenta,  un detalle que se filtra en algunos de ellos cuando se mencionan las noticias de la entrada en la guerra o el comienzo de esta, como parte de la cotidianeidad que se ve rota por lo sobrenatural. Estos se desarrollan  en entornos urbanos, siendo sus protagonista en su mayoría oficinistas,  ociosos  o incluso trabajadores   al aire libre que bien perciben algo anómalo  en lo         que los rodea, o se encuentran con esto de manera fortuita.  

La forma de  introducir  estas criaturas e  a través de la adaptación al entorno  que refleja  cada  cuento: monstruos tradicionales, como los fantasmas o los licántropos,  se mueven ahora por las ciudades habiendo modificado sus características para poder sobrevivir como mitos, pero  son reconocidos por los personajes. En algunos lugares apartados quedan restos de  seres que son descubiertos de forma accidental, como sucede en  La colina y el agujero, donde  un túmulo viene a comparado por la descripción de esa América aislada de  personajes desconfiados… pero sin duda, mucho menos siniestros  que los vecinos de Dunwich. Lo sobrenatural no está solo en la tierra sino en los cuentos donde  los alienígenas se comunican con los personajes de algún modo, que acaban haciendo  pensar al lector en las teorías sobre el éter y las ondas mentales que servían  para justificar muchos relatos de ficción con un poco de ciencia.

En la colección, estas ocho narraciones se caracterizan por  su  intención:  ir directos al grano, sin necesidad de giro final y  dedicando el tiempo necesario para crear una ambientación que se perciba  como  distinta a los escenarios clásicos. Algo que  Leiber en sus textos pulp  sabe hacer bien: aunque sea  más conocido por el  ciclo de Fafhrd y el Ratonero Gris, el responsable de  Nuestra señora de las Tinieblas e s igual de capaz de defenderse en el género de terror.

jueves, 12 de febrero de 2026

Groucho y yo. La autobiografía poco ejemplar

 


                                                                                                        “Ningún gran  hombre vive en vano.                                                                                                          La historia no es más que la                                                                                                                     biografía de los grandes hombres”.
                                                                                                        Thomas Carlyle

                                                                                                    “Dinero y santidad, la mitad de la mitad”

                                                                                                       La abuela

No suelo prestar mucha atención a las biografías, en parte, por aquello de  nunca conozcas a tus héroes. Se salvan, en esta caso, la de H. P Lovecraft porque  queremos saber con pelos y señales cualquier cosa de la vida del señor más aburrido del planeta, y todo lo que puedan contarme  de ese tendero con  increíble capacidad fabulatoria que fue  Jean Ray.  El resto, o bien pueden resultar  un tanto sesgadas (ahí, la biografía de Lovecraft de Sprague de Camp y responsable de haberlo convertido en poco menos que un friki asocial) o textos  redactados por un negro literario y aprobados por el biografiado.  Si es una autobiografía, el tema es todavía más difícil: nosotros somos nuestros  críticos menos imparciales y la propia memoria es algo muy poco fiable. Sin embargo, después de una sesión intensiva de cine de los hermanos Marx, más las referencias de que esta no se trataba de la típica autobiografía, decidí comprobar qué era lo que tenía que contar el propio Groucho sobre su vida.


El mismo año de esa última aparición de los hermanos Marx, ya en televisión,  casi una anécdota o una despedida que pasa desapercibida, Groucho, quien ya  llevaba unos años como presentador de radio y televisión, publicaba su autobiografía.  Esta, lejos de ser una narración de su vida y obra ordenada y pulida por un negro literario,  venía de la mano de Groucho, con la advertencia que esta no se ceñiría al formato tradicional.

Una advertencia expuesta con mucha sorna, que servía de prologo para la historia de los primeros años de Julius Henry, antes de ganarse su apodo artístico, pero también de sus padres y hermanos en un apartamento de Nueva York. Un hogar lleno de bullicio, familiares, pero también de música la venir estos de un entorno  de artistas alemanes  emigrados  a Estados Unidos años atrás.  Durante esta época comenzará su interés por el mundo de las variedades, así como la formación audiovisual de sus hermanos y sus primeros pasos en  circuitos artísticos  poco relevantes hasta que estos formarían  los Hermanos  Marx tal y como los conocería el público. A partir de entonces, referirá de forma muy rápida, saltando  entre situaciones y contexto,  su carrera cinematográfica, anécdotas del mundo del espectáculo, su participación  en el programa I bet your life en el tramo final de su andadura. Y paradójicamente, muy poco de la vida de Julius Henry Marx.


Como autobiografía, esta resulta bastante particular: no es una andadura vital llena de  momentos personales y reflexiones, sino más  bien una colección de anécdotas de  distintas épocas de su vida, donde s i bien  no esconde los aspectos poco agradables pero que eran conocidos de sobra, como los problemas de Chico con el juego, su vida  personal ese limita mucho a su época de infancia y como máximo (y seguramente,  el propio Groucho se quejaría de que su editor habría insistido) alguna anécdota sobre su hija menor, nacida en su matrimonio con Eden. El resto  de aspectos oficiales , o más propio s de prensa rosa  quedan fuera, e incluso las referencia a su vida privada  son mostradas mediante un par de primeras citas desastrosas,  pero cómicas, durante su adolescencia.

El humor, propio de su personaje, está presente  en los primeros capítulos donde incluso la historia de su familia  casi puede leerse como si fuera el guion de una de sus películas. En las escenas sobre su padre, el peor sastre de la ciudad y sus traslados en busca de clientes que no conocieran sus trajes mal cortados, o su vida con sus dos hermanos y compañeros de comedia, casi es posible imaginarse al  Harpo niño  sin hablar,  haciendo sonar  los primeros acordes de  arpa, y a Chico con su falso acento intentando estafar a todo lo que se mueva.  Queda la duda de si muchas de estas  vivencia narradas son una invención, por lo cercano muchas veces a la comedia gestual (incluido un coche que despide a una de sus  citas oro los aires a causa de un muelle defectuoso) pero  estas  son tan absurdas que conservan ese aire de veracidad.

Groucho, en todos caso, nos cuenta de su vida lo que quiere. Y esto incluye también momentos tan interesantes como el crack del 29, donde  describe con mucha precisión los momentos de locura previos  en los que todo el mundo podía hacerse rico en un mercado  que parecía no tener techo. Como curiosidad,  el pasaje  donde su asesor  resume la caída de bolsa con “Marx, el baile se ha acabado” aparecía incluido en uno  de los textos de literatura  histórica en uno de mis libros de texto.

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