Series de tv, libros, cine...y una constante presencia gatuna

jueves, 21 de junio de 2018

Lecturas de la semana. Un toque femenino


Si hay algo que echaba de menos era poder subir entradas sobre libros en bloque. Porque la gran mayoría de los últimos meses son tan dispares que hablar de varias al mismo tiempo sería como mezclar el tocino con la velocidad, porque a menudo me acabo enrollando como una persiana y solo me da tiempo de escribir sobre uno en concreto. O porque quizá (y espero que solo quizá) algunas series me quitan un poco de tiempo para dedicarme a la lectura...Pero no es culpa mía que a los guionistas de El cuento de la criada se les haya ocurrido continuar una novela cuya particularidad es la de quedar inconclusa. Aunque, en eso, las últimas colecciones de relatos que he podido leer y la adaptación de la novela de Margaret Atwood coinciden: las tres son obra de escritoras, lo femenino tiene una presencia importante y en cierto modo, también con lo macabro o con los peores escenarios posibles.
 
 
Joyce Carol Oates. El señor de las muñecas y otros relatos de terror. A menudo relacionamos la idea de “terror” con lo sobrenatural, o como mucho, con tramas de persecuciones o asesinatos tirando a truculentos. La idea de Oates en esta antología es más bien lo contrario: lo que puede aparecer en cualquier periódico, o peor, el acabar siendo protagonista de situaciones que no merecen más que una breve columna en la sección de sucesos, es a menudo más aterrador que cualquier monstruo deambulando por un bosque.

Algunos de los cuentos, narrados en primera persona, aprovechan la confusión entre lo que interpreta el personaje principal y las conclusiones que puede sacar el lector finalmente. Aunque en algunos casos la revelación resulta un poco más exagerada que en otros, esta siempre resulta muy gradual y no se queda en un giro sorpresa para cerrar una historia de forma impactante. También hay espacio para algunos un poco más improbables, pero muy marcados por el humor negro, y todos ellos se caracterizan por la presencia,a modo de trasfondo, de las diferentes clases sociales y el deterioro de las relaciones familiares. Si hubiera que elegir el mejor ejemplo, sería Accidente por arma de fuego, donde condensa a la perfección un entorno muy cercano y una situación, que, también por ser algo que podría haber sucedido a cualquiera y en cualquier lugar, resulta aterradora.
 
 
Angela Carter. La cámara sangrienta. El término retelling se refiere a aquellas narraciones que cuentan una historia previa, generalmente un texto libre ya de derechos de autor o bien un cuento popular, modificando ciertos aspectos, o bien, desde la perspectiva o el pasado de determinados personajes (generalmente los villanos). Aunque La cámara sangrienta consista en hacer versiones nuevas de los cuentos recogidos por Perrault y otros clásicos, no llega a dar la impresión de pertenecer a ese género, porque Carter acaba haciendo suyas las tramas que varias generaciones de lectores conocían a la perfección y las dota de un estilo mucho más siniestro, muy gótico a menudo, y haciendo hincapié en los aspectos más adultos de unas narraciones que con el tiempo, fueron limadas y adaptadas por los distintos autores que decidieron trasladarlas de la tradición oral a la escrita.

Caperucita, La bella durmiente, e incluso una versión cómica de El gato con botas, muy cercana a las producciones Carry On de los sesenta (como las de Pajares y Esteso, pero en Gran Bretaña) son algunas de las versiones que Carter realiza, y entre las que tienen cabida no uno, sino dos puntos de vista distintos sobre La bella y la bestia, aprovechando uno de ellos para alejarse lo máximo posible del original y crear una fábula sobre autómatas y transformaciones animales.

En una colección caracterizada por cuentos con un trasfondo un tanto macabro, no podía faltar la presencia de Barba Azul, donde los elementos del cuento construyen una narración propia del folletín por entregas e incluso se atreve a sugerir la existencia de relatos, tanto o más interesantes que el presente, que nunca serán contados, pero, cuando uno de los primeros párrafos de un libro empieza con “...se había enfrentado a un sampán de piratas chinos, atendido a toda una aldea durante el azote de la peste, matado de un disparo con su propia mano a un tigre cebado, y todo antes de cumplir los diecisiete” ¿como no pedir a gritos un capítulo sobre las andanzas de este secundario?
 


jueves, 14 de junio de 2018

The Disaster Artist (2018). Era la peor de las películas, era la mejor de las películas


Una de los fenómenos más curiosos que se puede dar en la comedia es lo involuntario. Cuando una situación, por el dramatismo mal conseguido, por la mala ejecución, o por lo absurdo, acaba moviendo a la risa en lugar de conseguir la reacción que buscaba. Algo que sucedía en bastantes series B y Z de los ochenta, en los Sharknados y en casi todo lo que saca The Asylum (aunque como ellos lo hacen a propósito, no sé hasta qué punto entrarían en la categoría). Y que en Mystery Science Theater 3000, a base de hacer mofa de muchas de estas cintas, convertirían en un arte. Y después está una producción del 2002, que además de haberse convertido en una de las peores películas jamás filmadas, es todo un ejemplo de comedia involuntaria.



The Disaster Artist narra el origen y filmación de The Room, pero también cómo sus responsables, un joven modelo aspirante a actor y un personaje, a falta de mejor forma de definirlo, llegaron a conocerse y decidir que si Hollywood no los contrataba, ellos harían su propia película. Y que no hubiera sido posible de no ser porque su creador, Tommy Wiseau, además de asumir el papel de guionista, director, protagonista y productor, hubiera puesto de su bolsillo unas cantidades imposibles de dinero y de cuyo origen se sabe tan poco como el de su director. Un tipo de edad y origen desconocido, aunque asegure ser de Nueva Orleans de toda la vida, con unas ideas muy particulares sobre el cine, y al que, en el fondo, le habría gustado ser un galán de pantalla aunque en cualquier academia de interpretación le asegurasen que su nicho se encontraba en los papeles de villano y monstruo (si supiera actuar, claro). Pero sin el que seguramente, la peor película de la historia no habría podido filmarse.





El guión está basado en el libro escrito por Greg Sestero, uno de los coprotagonistas de The Room y colega hasta día de hoy de Wiseau (porque incluso en la farándula todo el mundo tiene al típico amigo un poco raro al que se le aprecia un montón). Catalogado como no ficción, aunque cuando lo escribe uno de los protagonistas, es difícil saber donde empiezan los hechos objetivos y donde comienza lo personal o lo inventado. En todo caso, la adaptación al cine no se plantea como documental sino como narración al uso: el encuentro de los protagonistas, su mudanza, el accidentado rodaje de su película y el posterior desencuentro entre ambos. Y que en este caso, la comedia viene dada por lo que sucede en pantalla y no por la intención inicial: principalmente, se debe al personaje de Tommy Wiseau, quien se comporta de una forma casi marciana entre un grupo de personas que no habrían desentonado en cualquier entorno real. Su acento un tanto extraño, su nula capacidad para actuar, completada por la habilidad de sacar fondos sabe dios de donde, y en general, una actitud de no estarse dando cuenta de lo que pasa a su alrededor, o más bien, de interpretar la realidad como le da la gana, lo convierten en un personaje risible, donde la comedia que genera su actitud oscila entre el absurdo y la vergüenza ajena.



Al estar la parte cómica centrada en un único personaje, la responsabilidad recae sobre su protagonista. James Franco, más que interpretar, imita al milímetro los gestos y forma de comportarse del Tommy Wiseau. Y como buena imitación, poniendo un mayor acento en aquellas actitudes que pueden ser objeto de parodia. El actor, sin apenas parecido con el original (algo de lo que el público debería estar agradecido, teniendo en cuenta que hay una secuencia bastante extensa del trasero del señor Franco), es capaz de convertirse en este sin más ayuda que un pelucón largo, el estrafalario vestuario de Wiseau y la capacidad de mimetizar todos y cada uno de sus gestos. El coprotagonismo le corresponde al hermano de Franco, Dave, que representa el aspecto más cuerdo de la historia, y en algunos casos, por la brevedad de las apariciones, los papeles de Seth Rogen o Alison Brie, casi podrían considerarse cameos.


The Disaster Artist no pretende ser una comedia, pero, a diferencia de The Room, tampoco pretende no serlo. Es, en el fondo, un relato de lo que sucedió en un rodaje. Uno plagado lleno de situaciones absurdas que provocan una carcajada, o en otros casos, ganas de llevarse las manos a la cabeza.

jueves, 7 de junio de 2018

Conan el destructor (1984). Espada y brujería para todos los públicos


Hay determinadas películas que, nada más encontrarlas en televisión, me olvido de lo que estuviera haciendo en ese momento y me quedo a verla. Sin importar que haya empezado, al punto de terminar o el número de veces que la haya visto, que suele superar a lo largo de los años, la media docena. Me pasa cada vez que Jack Burton intenta recuperar su camión y a la novia de su mejor amigo de las garras del hechicero Lo Pan, cada vez que el padre de Conan le revela a este el secreto del acero, y en menor medida, con la segunda aparición del cimmerio en el cine.



Conan el destructor es un título muy poco imaginativo para un personaje al que, igual que en las recopilaciones de relatos, se limitan a poner su nombre y un adjetivo cualquiera. Cuanto más épico, salvaje y prometedor de aventuras mejor. Aunque en este caso sí que es adecuado porque en su camino sí que provoca unos niveles de destrucción bastante irreparables al intentar cumplir las misiones que la reina de Shadizar le ha encomendado: acompañar a su sobrina hasta la fortaleza de Thoth Amon, donde deben conseguir una gema que solo ella puede tocar, y recuperar el Cuerno de Dagoth, el dios al que veneran. La recompensa que le ofrecen a cambio no es oro, ni el reino que algún día conseguirá el cimmerio, sino traer de entre los muertos a su amada Valeria. Aunque el comportamiento del guardaespaldas de la princesa que los acompaña en el viaje le haga sospechar que quizá el papel de esta, y el destino que aguarda a Conan y sus compañeros, sea muy distinto al que le ha prometido la soberana.




No puede decirse que el primer Conan fuera una versión fiel a los relatos de Howard, ni que Arnold Schwarzenegger reflejara la verdadera astucia y desconfianza del personaje original. En cambio, sí habían captado perfectamente, y a veces de una forma un tanto surrealista, la idea de la decadencia de la civilización, y sobre todo, un entorno cargado de violencia y erotismo, a veces sutil, a veces un tanto patoso, que caracterizaba el pulp. Y que para su secuela sería reducido al mínimo con la intención de obtener una calificación inferior a la de la primera película a fin de obtener una mayor amplitud de audiencia y distribución (hace un par de décadas había que huir de la calificación R como de la peste y ahora es algo que garantiza que el contenido será algo más adulto). Este cambio implicó que el guión tuviera menos secuencias violentas. Una disminución no demasiado drástica, porque sigue teniendo sus buenas escenas de acción, espadazos y figurantes que caen como moscas bajo espadas ensangrentadas, pero a la que sí le acompaña un desconcertante cambio de todo al haber incluido más dosis de humor y secuencias cómicas intencionadas, muy alejadas del tono más severo y centrado en la épica de su predecesora. Un tono muy distinto, aunque llevadero, que solo acaba desmejorado a causa de uno de los personajes incluidos: la princesa, apenas una adolescente, que se limita a estar asustada, poner morritos y reírse como una quinceañera, acaba suponiendo un lastre un tanto insalvable, especialmente cuando el papel de esta es uno de los ejes centrales de la trama.


Tú el bárbaro, tú el arquero...

El aspecto cómico viene reforzado por un protagonismo más grupal: a Conan esta vez le acompañan en su misión una serie de personajes que practicamente repasan los arquetipos de la fantasía heróica: un ladrón un tanto bocazas y alivio cómico, un chamán con conocimientos curativos y unos cuantos hechizos, una guerrera salvaje, un paladín, una princesa y...sí, estoy usando las clasificaciones de Dragones y Mazmorras, porque en cuanto los protagonistas se ponen en marcha, el guión acaba pareciéndose una partida de rol: una reina propone no una, sino dos misiones, los protagonistas van encontrando al resto de compañeros por el camino, y, o bien obtienen una serie de recompensas tras el desenlace, o bien el final queda abierto de cara a la próxima entrega. El montaje, casi una sucesión de escenarios y personajes distintos con funciones concretas, hace que si al final de los créditos una voz en off anunciara las puntuaciones y subidas de nivel de los personajes, no hubiera quedado fuera de lugar.

Con un tono más ligero que la anterior, la caracterización de los personajes es un tanto irregular: Conan resulta algo más expresivo que su primera aparición (quizá porque Schwarzenegger es uno de esos actores que va aprendiendo a actuar sobre la marcha), teniendo todavía muchos momentos en los que parece que no sabe ni como tiene que hacer cuando la cámara enfoca a otro actor. Grace Jones da el pego fisicamente y con una serie de diálogos contados donde se tiene que limitar a poner expresión fiera y el resto, dado lo que se puede exigir al guión y la historia, cumple.



El aspecto técnico se defienden muy bien teniendo en cuenta el presupuesto y que nos hace recordar que hubo una época en la que era posible hacer cine fantástico sin tener que contratar a un equipo de informáticos: los paisajes de Mexico son toda una ayuda para los exteriores, los chromas a veces se notan un poco, al igual que en todas las producciones de esa década, y solo salen perjudicados los interiores, donde tanto los palacios imperiales como las fortalezas de los hechiceros tienen un aspecto de corchopan insalvable (bueno, y los monstruitos de goma. Pero en este blog tenemos debilidad por los ochenta y lo artesano). Mucho mejor conservados, en cambio, los vestuarios, que aunque hoy podrían verse un tanto kitsch, lo abigarrado de los diseños palaciegos, y la simpleza de los protagonistas, ademas de evitar la aparición, y el coste que supondría), de armaduras completas, hace que se llegue a acercar a la idea que podría haber tenido Howard en mente cuando empezó a escribir sobre la Era Hiboria.

A Conan el destructor, con cada pase en televisión, se le van notando sus defectos: la voz en off acartonada, los efectos especiales un tanto limitados, y sobre todo, un tono más para todos los públicos que no le hace ningún favor. En cambio, es imposible, con cada uno de ellos, no quedarse a verla una vez más, y disfrutarla como el primer día.

jueves, 31 de mayo de 2018

Solo (2018). Esta vez Han disparó primero


Desde el estreno de El despertar de laFuerza, lo prometido fue deuda, y ya van nada menos que cuatro años en los que no ha faltado en los cines una película relacionada con la guerra de las galaxias. Esta vez le tocaba el turno a uno de los personajes principales de la saga original, una tarea difícil porque, si bien es posible sacar adelante sin recelo una precuela en la que se presenten nuevos personajes, el actor que le correspondiera encarnar al joven Han Solo lo iba a tener muy difícil para convencer a todo el mundo. Bueno, Solo, Lando y a cualquier otro al que le correspondiera interpretar los años mozos de alguien conocido y muy querido por los fans.



Solo cuenta los primeros años del contrabandista que posteriormente sería uno de los mayores aliados de la rebelión contra el imperio, el exmarido de Leia y padre de uno de los Sith más enfurruñado de toda la galaxia. En concreto, cómo llegó a convertirse no solo en esto, sino en uno de los mejores pilotos del sistema, tras huir de una banda de delincuentes de poca monta, alistarse como soldado del imperio por un breve periodo y encontrar a un grupo de ladrones que, a su pesar, le enseñarán una de las lecciones más valiosas que puede aprender en sus primeros años: nunca confíes en nadie. Aunque, cuando en su camino también se cruzan un wookie que busca a su tribu, un contrabandista con un gusto más que notable por las capas y las camisas abiertas, y a los primeros implicados en una rebelión que comienza a gestarse contra un sistema corrupto, tal vez el primer consejo no sea del todo cierto.



El guión se centra en un aspecto muy distinto al que caracterizó a la saga original, y en menor medida, a la anterior precuela: los Jedis, la fuerza y la rebelión, al menos durante gran parte del metraje esta última, brillan por su ausencia. El mundo de Han solo es el de los fuera de la ley, los contrabandistas, las guerras interplanetarias e incluso el de distintos clanes criminales que se reparten el espacio entre ellos con el beneplácito del imperio, según dan a entender. En el fondo, es expandir un poco el mundo de Star Wars a nivel cinematográfico alejándose del aspecto legendario y centrándose en uno muy secundario, el que se pudo entrever en la primera aparición de Han Solo en la taberna allá por 1977, el de los cazarrecompensas y el de jefes como Jabba el Hutt. En este último caso, reimaginado un poco mediante la aparición muy breve de una alienígena de aspecto invertebrado que servirá de presentación al escenario que desarrollarán posteriormente.


Sven Hassel en el espacio

El resultado en este caso, ha sido el de una mezcla de géneros: con el space opera que caracteriza a la franquicia como base, se salta del género de aventuras al bélico, un poco al noir con miles de iros y traiciones, mujer fatal incluida, para acabar con un escenario propio de un western, donde no falta ni un duelo con pistola al sol poniente. La idea quizá era ir reflejando las distintas andanzas del personaje de una forma más rápida, sin tener que dedicarle una trilogía que cubra hasta el más mínimo detalle de sus primeros años (lo raro es que no se les haya pasado por la cabeza), aunque la impresión que acaba dando, más que la de tener una vida accidentada, es que han ido probando con distintos géneros según el estado de ánimo del protagonista, a veces de una forma tan drástica que recuerda un poco a una frase de Abed Nadir en Community “ha habido un cambio en la situación. Pasamos del western al space opera”. Esta referencia a géneros distintos es tan evidente que incluso en los personajes y el tipo de secuencias se hace evidente: aunque Star Wars suela contar con bastante amplitud en lo que a vestuarios y atmósferas se refiere, aquí hay situaciones que parecen calcadas directamente de una película de la segunda guerra mundial, y los trajes y escenarios de Kira, el primer amor del protagonista, de un policiaco de los cincuenta.


 
Star Wars Confidential

La película cuenta también con uno de los problemas que tuvo Rogue One: nadie que no sea canon va a quedarse. Si bien en el medio es habitual que intente protegerse la presencia, y explotarla hasta la saciedad, de un personaje, en este caso optan por borrar de un plumazo a todos los que no tienen participación directa en la saga principal: parecen no aceptar de ningún modo que alguien, después de la historia, siga su camino o no tenga por qué aparecer más, dedicándose a eliminar definitivamente a todos los que han creado para el guión. En este caso, llega a resultar excesivo, al haber presentado secundarios durante diez o quince minutos, para después eliminarlos antes de que llegue la trama principal.



Pero el mayor problema al que se enfrentaban era el presentar al nuevo Han Solo. El personaje es muy grande, en el fondo, más por el cariño de los fans que por el carísma o caracterización que Harrison Ford le hubiera podido dar, y lo mejor que se puede decir de Alden Ehrenreich es que cumple. Sin más. Daisy Ridley y Adam Driver se convirtieron sin problema en los protagonistas de Star Wars para las nuevas generaciones. Ehrenreich hace su papel, sin resultar especialmente memorable ni llegar a hacer demasiado creíbles los faroles de su personaje. Pero al menos se agradece que le dieran la oportunidad a un actor nuevo en lugar de recrear a un Harrison Ford rejuvenecido como el Peter Cushing espectral de Rogue One. También es cierto que luce bastante más al lado de una Emilia Clarke bastante sosa y que el que más partido le ha sacado a su personaje ha sido Donald Glover, encarnando a un Lando Calrissian desde una perspectiva bastante cómica, un tanto coqueto y con más capas que la señorita Pepis. Bueno, y tratándose de Star Wars, no podían faltar los androides. En este caso, una androide femenina, al menos según su programa, que también completa el contrapunto cómico y que, como le acaba pasando a la mitad de los secundarios que aparecen, no llega a terminar la película.



Pese a tratarse de una apuesta segura, Solo se ha convertido en el estreno con peor resultado de toda la franquicia de Star Wars. Algo que no era difícil cuando coincide en las salas con todos los blockbusters del primer semestre del año, y seguramente, con el recelo que el público pudiera tener contra el recién llegado encargado de interpretar al contrabandista. De todas formas, quien pudiera triunfar como fracasa Disney.




jueves, 24 de mayo de 2018

Un lugar tranquilo (2018). Niño, no hagas ruido que atraes a los extraterrestres


De los estrenos de los últimos años no me puedo quejar: el número de películas de terror disponibles (o más bien, que una parte razonable de estas tengan un mínimo de calidad). Y parece que siempre vaya a haber una o dos películas, distribuidas sin demasiado bombo, que se conviertan en la sorpresa de la temporada. Insidious, Expediente Warren, Get Out o La bruja supusieron en su momento una revelación...Con una frecuencia que casi podíamos esperar sin demasiada sorpresa al sleeper de cada año. Una tendencia, que, si bien parece que el público espera al sleeper de la temporada, garantiza al menos una película que no venga acompañada por una campaña promocional previa o de la que, como mucho, se haya visto un trailer.



Un lugar tranquilo es una muestra de como estrenar una película sin hacer ruido. Bueno, esto, casi literalmente, porque la trama gira entorno al silencio como algo que puede suponer la diferencia entre la vida y la muerte: unas criaturas, de las que no llega a saberse su origen ni motivos, son capaces de detectar el más mínimo sonido y destrozar a aquello que lo provoque. En algo más de un año, no queda nada de la civilización más que ciudades vacías y los últimos periódicos impresos donde avisan sobre las características de esos seres. Una familia, quizá de los pocos supervivientes que queden, ha conseguido adaptarse al silencio como algo necesario: vigilando el ruido de cada paso, comunicándose por lengua de signos, algo necesario hasta entonces para conversar con su hija sordomuda, sin calzado, viviendo en un hogar donde las alfombras amortiguan cada paso, se limitan a vivir día a día mientras reúnen lo necesario para el nacimiento de su próximo hijo. O más bien, para asegurarse que el llanto de un bebé no los ponga en peligro. Salvo que, cuando el accidente más leve puede desencadenar un sonido, desde un grito hasta algo cayendo en el suelo, ningún lugar resulta seguro.


La historia en este caso se ha visto reducida a su expresión más mínima: una familia de cuatro miembros intentando sobrevivir. El qué son las criaturas, la existencia de otros supervivientes o el poder eliminarlas no es algo prioritario, sino que estas se emplean como una amenaza tan básica como pudieron serla los zombies en sus primeros momentos: un elemento, ajeno a lo cotidiano, que pone patas arriba lo conocido hasta entonces, implicando la necesidad de adaptarse a un entorno hostil. En este caso, un silencio obligatorio que no se limita a los diálogos, sino a cada uno de los aspectos más comunes: ahogar un grito al hacerse daño de forma inesperada, evitar que un objeto haga ruido al caerse e incluso convirtiendo al que en principio supone un factor en contra, como es el sonido, en algo necesario para la supervivencia. En este caso, determina que en un principio uno de los protagonistas, debido a su sordera, sea el que corra más riesgos al carecer de un sentido que le indique el ruido que esta puede hacer, o la proximidad de alguna de las criaturas.



El enfoque por el que han optado es uno más emotivo que de acción o terror. Si bien durante el desenlace los protagonistas acaban corriendo por sus vidas, una gran parte de sus preocupaciones son el pasado y el futuro: marcados por la muerte de uno de sus hijos al comienzo de la historia, convive con ellos un poso de culpabilidad que se acaba resolviendo durante el desenlace. Y una parte de la trama gira entorno a lo que podrá pasar: la llegada de un bebé, la preocupación de unos padres por cómo podrán defenderse sus hijos en un entorno donde la sociedad no existe, y quizá, de forma sutil, qué pasará con ellos cuando envejezcan. En este caso, el peso dramático lo llevan los personajes femeninos, con una Emily Blunt en el papel de madre a la que le corresponden las secuencias más angustiosas y Millicent Simmonds como su hija, que desarrolla a su personaje sin más herramientas que su expresión facial y corporal.



Los escenarios son muy básicos, sin más necesidad que un bosque, una casa desvencijada y un vestuario con aspecto de haber visto mejores tiempos (norma que en Walking Dead nunca fueron capaces de cumplir y aún varios años después el reparto luce un elegante estilo grunge) y las secuencias nocturnas necesarias para poder sugerir, más que mostrar, a las criaturas. Que, aunque no sean protagonistas, cuentan al menos con su momento de gloria donde, quizá para justificar un poco la temática de monstruos, se muestra con más detalle la anatomía de estos, donde precisamente no escatiman mostrar con más calma su diseño en todo lo relacionado con aquello que supone su arma principal: el sentido del oído.


Las claves del éxito de Un lugar tranquilo fueron seguramente la brevedad, siendo una de esas escasas películas que se mantiene en la frontera de los noventa minutos, y la sencillez. No quieren contar otra cosa que la historia de una familia, en un entorno anómalo y en un momento clave de sus vidas, sin que lo que haya pasado antes o después tenga mayor importancia. Quizá por eso, pese a recurrir al giro final de descubrir el punto débil de los monstruos de forma inesperada, el uso que puedan darle queda cortado de forma tan abrupta como el comienzo de la película.




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