Series de tv, libros, cine...y una constante presencia gatuna

lunes, 28 de julio de 2014

El origen del planeta de los simios (2014). ¿Hay algo más peligroso que un mono con una ametralladora?


Confirmado: han evolucionado. Para bien

De la novela escrita por Pierre Boulle he visto las dos versiones: la de Charlton Heston, y la versión de Tim Burton que todo el mundo intenta olvidar. Exceptuando la curiosidad de leer una novela con orangutanes con bata de científico, y a Charlton Heston en taparrabos gritándole a la estatua de la Libertad, el resto de la franquicia no me interesaba mucho. Quizá por saber cómo iba a acabar todo, y para qué negarlo: los monitos me daban más pena que sus contrapartidas humanas. Pero igual que otras veces en las que empiezo una serie por su segunda parte, de El origen del planeta de los simios me habían hablado bastante bien, por lo que parecía una buena idea aproximarse a la saga desde otro punto de vista. Y, bueno ¿He mencionado que hay promoción en el cine durante todo el verano?


El amanecer del planeta de los simios retoma una década después los acontecimientos que provocaron la evolución de varios monos de laboratorio: estos se han refugiado en el bosque, donde viven en libertad liderados por Cesar, el primero de ellos. Pero la humanidad ha sido diezmada por el virus creado para curar el alzheimer, quedando reducida a pequeños grupos de supervivientes que malviven en las ciudades. Uno de ellos encuentra a la tribu de  Cesar cuando intentan reactivar una central hidroeléctrica.  Sorprendidos al descubrir que estos han aprendido a hablar y usar herramientas, algunos de ellos intentan establecer una alianza entre ambas especies mientras otros desconfían y no dudan en armarse. Y Koba, hasta ahora leal a Cesar, utiliza la nueva situación para empezar una guerra contra los humanos. 


Sin haber visto la primera parte, no ha sido muy difícil entrar en la historia: los antecedentes se resuelven fácilmente con la introducción donde plantea toda la situación de la epidemia y el salto temporal de diez años. Exceptuando a los simios protagonistas, a los que se les sigue rápido, los personajes humanos son una aportación nueva…y sorprendentemente, son los menos definidos. Estos se han caracterizado como el grupo de supervivientes estándar, con unos rasgos bastante positivos frente al resto de secundarios humanos que, en realidad, poco aparecen. El protagonismo acaba recayendo sobre los actores que aparecen gracias a los efectos infográficos, y es en ellos donde recae el mayor peso del guión: la trama principal es el enfrentamiento entre los dos simios y la guerra que se desencadena. Seguramente, también de cara a una tercera entrega donde esta se presente a una escala mayor.



También es en este caso cuando se hace evidente el peso que tiene la infografía: los tiempos del Doctor Zaius y de Helena Bonham Carter disfrazada de mona quedan lejos, y ahora se resuelve mediante el traslado de movimientos y expresión facial. Por eso no es raro ver a Andy Serkis en el papel principal, que está bastante curtido en esto de ir con los trajes de capturar movimientos. Pero sí resulta curioso que Koba, el personaje más interesante y sobre el que recae gran parte de la trama, recaiga sobre alguien cuyo trabajo consiste en ser especialista de cine.


El de la izquierda era un secundario en Zero Dark Thirty


La aproximación que se hace a la evolución y cómo la tierra pasa a convertirse en ese Planeta de los simios, está muy lograda: el planteamiento hace que esta sea ciencia ficción postapocalíptica de la buena, de la que hace pensar bastante, y el ritmo durante gran parte de la película es muy bueno. Pero de nuevo, la necesidad de rellenar metraje y de lucirse con los efectos hace su aparición, con una parte final llena de escenas de lucha con panorámicas impresionantes, infografía a raudales, y un ritmo mucho más lento que hace que las secuencias finales resulten un tanto cansinas. Parece que ninguna película pensada para recaudar en taquilla se libra del truco. Aún así, este Amanecer del planeta de los simios resulta una aproximación muy convincente a la premisa inicial, y  en cierto modo, una actualización muy efectiva. También he comprobado que cambiar de opinión, en algunos casos, es difícil: sigo poniéndome de parte de los monitos. 

jueves, 24 de julio de 2014

Outpost 3: Rise of the Spetsnaz (2013). Otra vez haciendo experimentos bélicos



Cuando una película tiene éxito, empiezan a salir secuelas. No hace falta que sea una joya para esto, solo que tenga el suficiente número de seguidores y sea rentable. Pero cuando una no muy conocida lleva tres entregas, resulta más chocante. Este ha sido el caso de Outpost, una producción del 2008 que cuenta hasta la fecha con una segunda parte y una precuela.



Outpost planteaba la idea de unos mercenarios en busca de un antiguo bunker nazi donde una máquina provocaba la aparición de fuerzas sobrenaturales.  Black Sun desarrollaba un poco más la idea del grupo que intenta ponerla en marcha ese artefacto de nuevo y de quienes intentan detenerlos (cosa que espero que retomen en alguna Outpost IV), Rise of the Spetsnaz regresa a 1945, donde un grupo de soldados soviéticos cae prisioneros de los soldados que entonces guardaban el bunker. Allí, un equipo de científicos lleva a cabo todo tipo de experimentos para conseguir el soldado perfecto, a quienes la llegada de los protagonistas les proporciona el material perfecto para continuarlos. Su única esperanza es escapar a través de los conductos de ventilación, a ser posible, con alguna prueba que demuestre lo que han visto. 



La saga de Outpost planteaba un año antes de Dead Snow la posibilidad de juntar  cine de zombies y a los nazis como enemigos en una película. Además de añadir unos cuantos detalles de ciencia ficción pulp y de ser mucho más original y entretenida que la película noruega. Pero también tiene la ventaja de tratarse de una serie completamente independiente: es posible ver cualquiera de ellas sin ninguna de las anteriores, y enterarse de todo, al estar planteadas como guiones independientes con un nexo común. Aún así, ofrecen detalles y guiños reconocibles para los que han seguido las películas desde el principio, y esta no es una excepción: siendo una secuela, es posible reconocer no solo el escenario, sino también a personajes muy secundarios, como uno de los zombies de la primera película, u otra a la que en la segunda mencionaban, y aparecía, muy de pasada. Serán cosas curiosas que en realidad no ofrecen nada, pero es divertido reconocerlos y todo un añadido a favor de dar coherencia a la serie como una narración completa.





Además, la presentación un tanto ridícula y plana de los enemigos es algo que resulta de lo más divertido: son auténticos villanos de opereta, con caras de palo, y frases grandilocuentes que recuerdan bastante al típico malvado pasado de rosca de las revistas pulp. Encima, cuando los protagonistas son unos mazas sin más personalidad que las ganas de querer salir del correspondiente bunker, todo recuerda bastante a momentos como el Wolfestein. Tendrá su punto ridículo, pero teniendo en cuenta las referencias de las que provienen, hace que el conjunto sea bastante entretenido y que uno se limite a disfrutar con las frases tremebundas y las secuencias de los monstruos deambulando por ahí. Elemento que se mantiene hasta los créditos, donde el resumen de la historia y algunos añadidos se plantea a través de ilustraciones de viñetas de comic, una de las mejores bazas de la película. No había esperado que con una serie b me quedara mirando las letras del final como si fueran lo más interesante del mundo.


 
En cambio, debido a lo independiente de esta precuela, hace que el elemento más interesante de Outpost quede un poco abandonado. La premisa de una máquina basada en principios cuánticos y su capacidad de crear un ejército de soldados inmortales, además de todos los elementos de ciencia ficción añadidos (como las paradojas o el teletrasporte). Exceptuando la aparición de una de las criaturas de la primera entrega, se limita a ser una máquina cualquiera de crear monstruos, sin más consecuencias que las de fabricar enemigos para mantener el metraje. Esto ha sido lo más flojo, y que provoca que no sea la película donde prometían explicar los orígenes de Outpost sino una entrega cualquiera de soldados contra supersoldados malvados. Que, con todo lo demás, funciona bastante bien.




lunes, 21 de julio de 2014

Dead Snow 2 (2014). Esta vez con zombies rusos. Y con tanques ¡Y con trasplantes!



Dicen que segundas partes nunca fueron buenas, pero cuando la primera es tan floja como Dead Snow, o bien sale algo igual de malo, o solo puede tirar hacia delante y mejorar el producto anterior. Esta ha tenido suerte y le ha pasado lo segundo. También es cierto que esa me había gustado tan poco que no pensaba acercarme a la secuela ni de lejos y con un palito...pero de vez en cuando viene bien tener a mano una película con la que poder quedarse frita sin remordimientos, o con la que se tengan tan pocas esperanzas que sea difícil arrepentirse de haber empezado a ver una de semejante calibre.



Dead Snow 2 continúa la historia que empezó en la primera parte: el único superviviente del batallón de no muertos se despierta en el hospital mientras la policía lo acusa de haber asesinado a sus amigos. Por suerte los médicos han conseguido reimplantarle el brazo que perdió durante la noche anterior, lo que debería ser una buena noticia..si no fuera porque se trata del miembro equivocado: ahora tiene el brazo derecho del coronel Herzog, que no solo cuenta con una fuerza sobrehumana, sino con voluntad propia y con la capacidad de resucitar a los muertos. Pero el batallón nazi no ha desaparecido tras tener su oro de vuelta, sino que quieren completar una última misión: arrasar con la ciudad tal y como se le había ordenado. Los único que pueden detenerlos ahora son la Zombie Squad, un grupo americano especializado en zombies con más ganas que maña, y quizá, los soldados rusos que fueron ejecutados durante la guerra.



En esta entrega han corregido el principal problema de la idea inicial: la falta de contenido más allá de unos monstruos que llamaran la atención. Si esta se quedaba en una serie de asesinatos genéricos con un motivo bastante cogido con pinzas, la nueva propuesta es mucho más variada, tanto en escenarios como en situaciones y personajes. Estos  no se han planteado para que los maten a la media hora, sino para que aporten algo y ante todo, que resulten graciosos: desde los miembros de la Zombie Squad, formada por tres frikis, hasta el empleado locaza del museo de la II Guerra Mundial que resulta ser un secundario bastante útil. Los zombies también han pasado de ser resucitados con una idea fija en la cabeza, para convertirse en unos monstruos algo más carismáticos, hasta el punto de que varios de ellos cuentan con características reconocibles. O lo que es lo mismo: ¡Hay un cienfício zombie! ¡Y tanguistas zombies! ¡No falta de nada! Hasta a la criatura principal, el coronel Herzog, parecen haberle dado también un carácter y habilidades concretas. Y esto también da la impresión de que se están planteando en convertirlo en el personaje principal de una saga, como pudo serlo Freddy Krueger en sus últimas entregas, que explotaban más la parte cómica.

El que el guión tenga algo más de contenido no quiere decir que este sea coherente o que quiera mantener una lógica..más bien han optado por no dar un respiro y que pasen todo tipo de cosas: el público no va a tomarse la película en serio y lo mejor es ofrecerle todo lo posible para sorprenderlo y que se ría sin complejos, de ahí que la mayoría de los acontecimientos sean completamente absurdos, desde la trama del brazo y su transplante, hasta el ejército de nacionalsocialistas zombie resucitando a los muertos para engrosar su ejército. Además de unas cuantas muertes muy gore, que desde un principio era parte de la intención de la serie.



Aún siendo generosos con el cambio de guión, todavía hay punto muy flojos: una cosa es que haya todo tipo de situaciones absurdas planteadas con intención cómica, y otra que el guión funcione a base de que las cosas pasen de forma arbitraria. Quizá lo más cantoso sea el detalle del brazo, que pasa de ser una amenaza potencial a ser un superpoder sin más explicaciones. Pero también hay otros detalles de lo más lamentable, como toda la secuencia para introducir la trama de la Zombie Squad..o que directamente, con la aparición del personal americano, la mitad de la película pase a ser en inglés. Se ha notado enseguida quienes van a ser los principales espectadores. Y los momentos abiertamente cómicos siguen siendo la parte más mediocre. Quizá los plantearon pensando en los cartoons o, casi seguro, en Brain Dead. Pero estos se quedan más cerca de los chistes de retretes de la anterior. En cambio, otros más sutiles dan lugar a momentos muy buenos…y es que me parece mil veces más gracioso un batallón de la II Guerra Mundial, con tanque incluído, desfilando por un tranquilo pueblo noruego, que unos cuantos sketches de sillas de ruedas explotando.


¿Quién no ha salido un día a dar una vuelta y se ha encontrado unos zombies en un descampado? 


Sorprende cómo una película tan floja como Dead Snow tuviera una secuela. Quizá funcionara por su estilo de cine de videoclub, de esas de ver con gente, tomársela a broma y reírse de los protagonistas nulos. Suelo ver bastantes así, pero a esta le faltaba la inventiva suficiente como para que me resultara divertida en ese sentido. Su secuela, aún siendo bastante floja en cuanto a chistes y con el sinsentido de muchos giros, ha funcionado mucho mejor: han optado por tirarse a la piscina y ofrecer cualquier cosa que pueda ocurrir en una pantalla, desde zombies conduciendo tanques hasta trasplantes imposibles. Hay muchas más ganas de inventar, de llegar más lejos y no cortarse, y eso hace que a ratos resulte distinta, a ratos desconcierte, pero que sea muchísimo más divertida, que era lo que pretendía. Además, la escena de después de los créditos, también muy de saga de terror de los ochenta,  abre la puerta a un posible Dead Snow 3. 

jueves, 17 de julio de 2014

X-Men. Días del futuro pasado (2014). Arreglando la saga con viajes en el tiempo



Si de superhéroes he visto casi todo lo que salió en estos años, hay dos franquicias a las que no tenía muchas ganas de acercarme: una era Spiderman, por no verle sentido al reboot de una película del 2002. Y en el caso de la Patrulla X, nunca terminó de gustarme. Me quedé en la primera entrega, en el 2000, porque aún pareciéndome una película muy buena, no me terminaba de convencer ese estilo de acción seria y superhéroes dramáticos. Me olvidé de las dos secuelas posteriores y de su cuarta entrega ambientada en los sesenta. Pero con las buenas referencias de esta, y el que estuvieran de promoción en el cine, me animé a ver la segunda parte de esta última, sin saber gran cosa de su argumento y sin más datos que el saber que había mutantes y un viaje en el tiempo. A los setenta.



X-Men pasado presenta un futuro improbable, en el que los mutantes han sido diezmados por unos robots conocidos como centinelas, capaces de adaptarse a cualquiera de sus poderes y destruirlos. La única esperanza son los poderes de una de ellos, quien puede enviar la conciencia de un voluntario hacia atrás en el tiempo y cambiar la historia. El único que podría soportar un viaje de varias décadas es Lobezno, que vuelve a 1973 para encontrar al profesor Xavier y a Magneto y así evitar el asesinato Bolívar, el creador de los centinelas. Pero el profesor Xavier ha perdido todo interés por seguir adelante defendiendo a los mutantes. Ha perdido a Raven, quien ahora intenta acabar por Bolívar, y Magneto ha sido encarcelado. Y el tiempo con el que cuenta Lobezno para cambiar el pasado es breve, por lo que debe convencer a Xavier de rescatar a su amigo e intentar trabajar juntos para evitar el futuro que conoce.


Si en un principio contaba con algo no tan ligero como el Marvel de Disney, pero menos serio que la del 2000, iba un poco equivocada. El escenario es bastante más oscuro, tanto en el futuro como en el pasado de los personajes, y la trama con un humor muy escaso, pero más sarcástico y muy bien dosificado. También están muy lejos de la escabechina que supusieron las dos primeras secuelas (que por lo que me contaron, muere hasta el apuntador, y sin mucho sentido a veces), con un tono más optimista que estas y quizá preparando el terreno para una secuela en la época actual, con el equipo formado por Lobezno, Tormenta y el resto. En cierto modo parece que recurrieron al mismo sistema que los comics cuando una trama se embrolla demasiado: paradoja temporal, y aquí no ha pasado nada. Pero habiendo llegado como espectadora nueva, me parece interesante el darle un cambio a una saga que en un principio, no terminaba de gustarme.



También se nota la intención de hacer una película de superhéroes un tanto respetable, o más bien, que esta no se quede en una sucesión de explosiones y efectos CGI: el reparto es de primer nivel. Hay caras conocidas de la primera entrega, como Hale Berry (que casi desapareció de la escena tras Catwoman), en escenas muy breves y a modo de continuidad, y Hugh Jackman, a quien Lobezno lo convirtió en un actor conocido y que aquí retoma su papel en el estilo que más o menos recordaba de entonces…porque tampoco he visto sus películas de Lobezno, vaya. Pero los más destacables, además de Ian Mckellen, son Michael Fassbender como Magneto joven, y especialmente, Jennifer Lawrence como Raven, una actriz que hoy se encuentra en un buen momento, pero que al ser capaz de interpretar un personaje creíble cuando va caracterizada de la cabeza a los pies, demuestra que su popularidad es bastante justificada. Peter Dinklage sale muy poquito, pero tan bien como podía esperarse de el hombre que interpretó a Tyrion Lannister.



Además, el presupuesto no solo se ha quedado en hacer volar estadios de fútbol y en recrear futuros siniestros. Uno de los detalles más divertidos ha sido la recreación de todo lo relacionado con los setenta: desde todo tipo de tecnología y gadgets que aparece, tanto como atrezzo o decorado (hasta una máquina de Pong), como los vestuarios, donde directamente se han desmadrado: pantalones de campana por todas partes, abrigos largos, jerseys de cuello vuelto y chaquetas de cuero con solapas enormes…A veces parecía que los personajes se movían por una auténtica película de espías de los setenta, con todos sus excesos. Y lo cierto es que estaba muy bien conseguido.



Aún teniendo en cuenta esa trama que borra la de las películas anteriores, X Men me ha convencido. No solo tiene acción y efectos especiales, sino personajes y un reparto que sabe estar a la altura, además de unas dosis de humor un tanto sarcástico, donde saben aprovechar bastante bien el problema con las licencias de Marvel: si Mercurio es un personaje que pertenece exclusivamente a Disney, pero también ligado a la Patrulla X. aquí no dudan en hacerlo aparecer sin ningún complejo, limitándose a no mencionar su nombre oficial y a referir, de forma muy sutil e irónica, su relación con el grupo de superhéroes.

lunes, 14 de julio de 2014

Zombies nazis (2009). Exactamente, lo que dice en el título. Pero sin nada en medio


Los nazis han sido los grandes villanos de los últimos sesenta años. Sea guerreando, que buscando reliquias, o invocando primigenios, gracias a ellos puede existir una película sin más justificación que su sola presencia. Ahora faltaba juntarlos con los monstruos de moda del ultimo quinquenio y conseguir una producción que con semejante mezcla, tuviera todas las papeletas para ofrecer un tipo de entretenimiento muy concreto: horror, una idea un tanto disparatada, algo de tripas y humor negro. Bueno, en realidad en 1977 Shock Waves intentaba lo mismo con nazis subacuáticos y Peter Cushing, pero era de terror serio, no comedia (aunque por el argumento quedaran dudas). 


Zombies nazis presenta esto mismo, con un planteamiento muy simple en el que un grupo de amigos van a pasar sus vacaciones a la montaña. Durante la primera noche, un tipo bastante siniestro les cuenta cómo hace décadas un sanguinario destacamento nazi fue asesinado por los lugareños, y cómo el oro que estos habían robado había desaparecido. El tesoro (bastante escasito, por cierto), resulta estar  escondido en la cabaña. Pero tras encontrarlo, son atacados por los cadáveres de los soldados.



Lo primero que echa para atrás de la película es el currísimo título que le han dado en España. Dead Snow se convierte en Zombies nazis, por aquello de que a la gente le quede bien clarito lo que se va a encontrar en el cine. Por desgracia, esto no se trata de una traducción cutre sino de una advertencia: es lo único que hay en todo el guión. Porque en realidad no hay personajes, ni motivos, ni desarrollo, más allá de sacar a unos tipos renegridos en uniforme de las SS. Por lo visto, a alguien se le ocurrió que esto era suficiente para hacer funcionar una película, sin que tuviera que haber nada más.


40 minutos y no veía la hora de que llegaran los zombies a darles caña

El planteamiento es el típico de miles de series B de los ochenta: protagonistas descerebrados, señor siniestro aleatorio, e historieta de fondo para justificar la aparición de los monstruos correspondientes. Seguramente se trata de una referencia simpática al cine de terror y su falta de prejuicios, pero en realidad se queda en un remedo bastante pobre. Y ese mismo año, Cabin in the Woods le daba una vuelta completa mucho más original a los clichés y arquetipos de los que aquí abusan. Podría salvarse al contarse desde una perspectiva bastante humorística y absurda, donde muchas de las situaciones están povocadas por la propia tontería y actitud de sus protagonistas. Pero tampoco me ha convencido: esta es tan simplona, y tan basada en los huecos de guión, que se queda en patochada en la mayoría de los casos. O eso, o es que estoy demasiado mayor como para que me hagan gracia los chistes de retretes.



En realidad, la aparición de los zombies se explica gracias a otro recurso bastante manido: el tipo que les cuenta la historia no tiene más objetivos en toda la película que aparecerse, crear mal rollo, y ser asesinado cinco minutos después. Y el mcguffin que los mantiene en marcha, pasa por ser el más cutre que he visto en mucho tiempo: una cosa es meter de por medio el oro nazi…y otra muy distinta, es que este quepa en una caja con cuatro monedas y unos pendientes, por las que en un compro oro no daban ni 50 €.


Aunque su título me espantaba, con el anuncio de Dead Snow 2 decidí a darle una oportunidad y ver si era tan divertida y sin complicaciones como decían. Y complicaciones tiene pocas. Pero diversión, tampoco mucha. Se ve que entre los zombies y los nazis se olvidaron de meter un guión de por medio. 

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