Series de tv, libros, cine...y una constante presencia gatuna

jueves, 28 de agosto de 2014

El pequeño Nicolás. El colegio visto por Goscinny



Hay algunos libros para, y protagonizados por niños, que tienen un origen muy particular: además de narrar en primera persona la vida cotidiana de sus protagonistas, nacen en medios más dispares como programas de radio o tiras en un periódico. Y pese a lo específico de sus protagonistas, esto hace que muchas de sus anécdotas estén también pensadas como parodia de determinadas situaciones reconocibles para los adultos…o de las tonterías que estos dicen, y se ven obligados a aguantar a menudo. En España vive  Manolito Gafotas y su familia, Inglaterra vio crecer a Adrian Mole desde los años Tatcher a la actualidad, y Francia, mucho antes, tenía al pequeño Nicolás.


 Este nació como un comic, creado por Goscinny (sí, el de Astérix, Iznogud, Lucky Luke y mejor no sigo) para convertirse después en una serie de textos acompañados por una ilustración. Estos serían los capítulos de cinco libros que recopilan varias de sus aventuras, terminadas a mediados de los sesenta, más un par de tomos posteriores que incluyen las historietas no compiladas. En ellas Nicolás, un niño de siete u ocho años, cuenta las historias que le suceden a él y a sus amigos durante la el colegio, el recreo, o las vacaciones. Cosas tan simples como discusiones en el patio y las regañinas del conserje,  una revisión médica organizada por su colegio, una visita al museo, sus vacaciones en una colonia de verano o los regalos que le hace su abuela. Regalos que cualquier niño de 1961 envidiaría, como un reloj de pulsera o una cámara de fotos. Esto último hoy suena un poco anacrónico y absurdo..¿pero no es lo mismo que plantarle un Ipad a un niño de primaria?

Precisamente el ingenio a la hora de retratar los defectos del mundo adulto, lo que aportan más valor a sus historias. Aunque este se hubiera escrito para una revista de comics destinada a los niños, a menudo sorprende por la ironía con la que Nicolás narra de forma muy inocente situaciones que siguen siendo reconocibles a lo largo de los años: esos jarrones de regalo que a todos parecen horribles, pero que cuando Nicolás lo rompe accidentalmente, recibe un castigo. La idea de comprar cosas para alardear de ellas y no para disfrutarlas, o las mentirijillas que los padres cuentan para llevar a sus hijos por el buen camino y que sean personas de bien en el futuro. Y sobre todo, el mundo de Nicolás y sus compañeros, donde una clase es una sociedad en miniatura y cada uno tiene su propio lugar. Los compañeros de Nicolás son tan reconocibles como él mismo: Alcestes, el mejor amigo del protagonista y del que siempre indica que es “el gordo que come todo el tiempo”. Geoffroy, el niño malcriado, Eudes el matón del colegio o Agnan, el preferido de la maestra y más. No hay mucho más que decir sobre ellos, porque son personajes claramente reconocibles tanto dentro del libro como en las aulas en las que cualquier lector ha echado unos años. No se trata de tramas fantásticas ni de aventuras imposibles para un niño de esa edad, sino situaciones reconocibles fácilmente, narradas de una forma tan ingeniosa y con tal candor y sencillez por parte de su protagonista que es imposible no reírse.



Aún siendo de esos libros a los que se le guarda cariño con el tiempo, hoy es imposible no encontrar defectos que saltan a la vista. Especialmente, su estructura como episodios para una revista. Se nota que estos se habían pensado para lectores que podían ser habituales, o directamente, adquirir el ejemplar por primera vez, de forma que estas, además de ser autoconclusivas, recuerdan en todos y cada uno de los textos quien es quien y qué hace. Y en recopilados en un libro, sobre todo siendo tan breve, es un poco aburrido leer unas cinco o seis veces que Agnan es el pelota de la clase, que Alcestes come y por qué al conserje del colegio le llaman el Caldo. Otros se deben simplemente a la época en la que se escribieron. El medio siglo se nota muchísimo cuando se trata de historias cotidianas en las que el padre vuelve de la oficina tras un duro día de trabajo y la madre se dedica a la educación de los hijos y a la economía doméstica, o donde la segregación de sexos en la enseñanza es algo perfectamente normal.

Pero hay algunas situaciones, que con todo su anacronismo, son tan puntuales y muestran tal genialidad que se convierten practicamente los mejores momentos de toda la serie. Es imposible no tomarse a broma los discursos del monitor de la colonia de verano, sobre como el aire libre y la camaradería hará convertirá a Nicolás y sus amigos en hombres de provecho, o cómo el director del colegio, ante la visita de un político, comenta despreocupadamente “Qué pena que no tengamos niñas en el colegio..podrían ir vestidas de rojo, azul y blanco y ofrecerle un ramo al ministro. Quedarían muy monas”.

Es precisamente en estos detalles, pero especialmente, en cómo el pequeño Nicolás recrea el mundo de los niños, por lo que sus historietas se quedan en la memoria y se convierten en una lectura que un lector adulto puede disfrutar con una sonrisa cómplice..Por lo menos, por mi parte, me he quedado con ganas de ver la película que se hizo sobre el personaje. La serie de animación no tanto, porque esas infografías no pegan ni con cola.



lunes, 25 de agosto de 2014

Speed Racer (2008). Despliegue de vehículos y luces de colores


De los hermanos Wachowski se habló durante un quinquenio gracias a Matrix, bastante bien por su primera entrega, y con más dudas en cuanto al resto de la trilogía. Después se les ocurrió hacer una película basada en un anime de los sesenta sobre un piloto de carreras. Los directores decidieron ofrecer la visión de esta tal y como la recordaban de niños...salvo que esta vez, su forma de rodar no tuvo tanta aceptación como el bullet-time que utilizaron hace una década.



Speed Racer es un joven cuyo  interés por los automóviles viene unido a la lealtad a su familia, amigos, y a la memoria de su hermano fallecido en una carrera. Al declinar la oferta de unirse a la escudería de un importante empresario, este le revela la verdad sobre el mundo de las carreras profesionales: todas están amañadas y lo importante son los beneficios que estas proporcionan a los especuladores. Decidido a limpiarlas de juego sucio, se une a un equipo formado por el misterioso Piloto X, junto a quien trabajará para detener a un grupo de mafiosos y conseguir clasificarse para participar en la carrera automovilística más importante del año.



No conozco la serie (España siempre fue más de Mazinger Z), por lo que no sé si la película ha sido muy fiel al material original o no. Pero la intención de los Wachowski parecía ser la de ofrecer lo más parecido a un dibujo animado que pudiera conseguirse en imagen real. Los escenarios son pura fantasía y están llenos de colores chillones, de objetos y electrodomésticos que parecen haberse diseñado en algún momento de los sesenta, y en general, todo ofrece el aspecto naïf que podría tener una serie de animación de la época. Hasta los personajes, que se han perfilado de una forma muy simple como podrían serlo los de una historia para niños muy pequeños: el héroe noblote, la chica dulce, la mamá atenta y el padre que sabe desde mecánica  hasta lucha libre. De hecho hasta las interpretaciones que ofrece el reparto, que cuenta con gente como John Goodman o Susan Sarandon, son sobreactuadas con esa intención, como si realmente fueran personajes de dibujos animados. Y es en los secundarios donde se explayan más a la hora de ofrecer todos los excesos de que disponía la animación: las secuencias de los corredores sirven para presentar a personajes tan absurdos y con complementos tan surrealistas que parecen sacados de Los autos locos. Lástima que estos no se luzcan demasiado a favor de las carreras de coches infográficas, porque eran de lo más divertido.


El traje, si no fuera por las X, me recordaría un poco a Diabolik

El argumento también se plantea desde el mismo punto de vista, porque al igual que la serie original (bueno, esto último lo supongo), todo gira en torno al mundo de las carreras. Pero todo: ¿Qué la fórmula uno es una actividad corrupta? Pues la mejor forma de limpiarla es participando en una carrera de forma limpia ¿Qué a un piloto lo está amenazando una pandilla de facinerosos? La única solución es ganar una peligrosa carrera de coches. Lo cierto es que esto funciona bastante bien precisamente por el aspecto infantil de toda la película, y sobre todo, porque me ha recordado a Campeones y otros animes de temática deportiva, donde parecía que los protagonistas se jugaban la vida y las hipotecas en unos partidos interminables.


Hostiable: definición gráfica

A menudo este tipo de cine donde tiene tanto peso la estética como lo que quiere contarse, suele gustarme, pero en este caso, no ha funcionado bien: el resultado es bastante excesivo. Porque se han pasado con todo: con los colores chillones, las escenas de acción absurdas, las secuencias que solo sirven para hacer guiños al anime …no hay un solo detalle que no acabe agotando por el exceso de luces  y alarde de secuencias infográficas. Este despliegue de todo, además de resultar agotador, hace que se noten todavía más los fallos que tiene el guión y los personajes. Una cosa es querer darle un aire un tanto infantil, y otra es que se limiten a incluir secundarios porque aparecían en la serie, pero con los que no saben muy bien que hacer. La peor parte se la llevan los que serían el alivio cómico de la película, el hermano pequeño del protagonista y su mono mascota que…bueno, exceptuando el pegar gritos, correr, y protagonizar un par de gags bastante ridículos, todavía no tengo muy claro que pintan ahí. Solo que a los veinte minutos de haberlos visto pegando botes en un sofá y disfrazados de señor alto con una gabardina, me daban ganas de que alguien los tirara por una ventana. No es que se le pueda exigir mucho a una película nostálgica sobre pilotos de carreras, pero cuando el guión es tan ligero, la necesidad de utilizar personajes para añadir secuencias cómicas es bastante innecesaria. O demuestra que el guionista no tenía claro qué hacer con ellos.




El resultado ha sido bastante fallido: por un lado, tardé bastante en comprender el juego de esos personajes simples hasta la exageración, y por otro, la estética colorida se les ha ido de las manos para acabar convirtiéndose en un batiburrillo de luces, secuencias de velocidad y escenarios irreales que, con tanto alarde, es imposible disfrutarlos. La idea de adaptar al cine un anime con una temática tan simple era tan original y alocada como cualquier otra, pero quizá una versión más modesta y con menos excesos, se habría disfrutado mucho más.  

jueves, 21 de agosto de 2014

Guardianes de la galaxia (2014). De todo. Y en una nave espacial


Guardianes de la galaxia: una película a la que solo le faltaban gatos para ser perfecta

De la nueva película de Marvel había oído hablar mucho, pero a estas alturas, no tenía mucha emoción por su estreno. El trailer parecía divertido, pero no acababa de entender por qué todo el mundo estaba tan emocionado con un mapache y una banda sonora. Y a estas alturas, estaba un poco aburrida de las fases Marvel de dominación mundial con las que vienen machacando los últimos años. Pero también soy la prueba de que los días del espectador funcionan a la hora de atraer público..y sí, reconozco que el mapache y el arbolito del que tanto hablaban parecían una monada.









Guardianes de la galaxia no tiene nada que ver con los superhéroes que habían aparecido hasta ahora. No tenían la popularidad de Iron Man, Thor o los Vengadores reunidos, aunque técnicamente, pertenecían al mismo universo y en los cómics han coincidido con alguno de ellos. Esta es la historia de Peter Quills, un niño que es secuestrado de la Tierra y criado por una banda de saqueadores en la otra punta del universo. Que se pone su propio mote por el que nadie lo conoce. Y que, sin proponérselo, es capaz de juntar a un grupo tan disparatado como un mapache modificado genéticamente y un árbol antropoide que trabajan como cazarrecompensas, una asesina a las órdenes de Thanos y a su enemigo jurado. Y no solo eso, sino conseguir que todos ellos trabajen juntos para salvar un planeta. 



Después de verla, sin conocer el comic más que de oídas, y de nuevo, sin haber sido nunca seguidora de Marvel, creo que ha sido hasta la fecha la película más redonda que les ha salido. Es curioso que para ello optaran por una historia de ciencia ficción, o más bien, space opera en toda regla, lejos de la Tierra y de los tipos con poderes. Y que todo esté lleno hasta la bandera de referencias a los años ochenta, cuando hasta hace poco parecía que los estudios tenían miedo de asustar al público con cosas que fueran anteriores a 1999. Pero por todo esto, me ha parecido incluso mejor que los Vengadores, aun cuando contara con Josh Whedon





De entrada, el argumento es mucho más redondo y con más chicha que la reunión de superhéroes que reventó la taquilla hace dos años. Sigue siendo space opera, el malo quiere dominar unos cuantos planetas y los héroes lo salvan todo, pero esto se cuenta de una forma menos plana, con más matices, y con unos personajes que no tuvieron su propia película para presentarlos. Estos tienen que funcionar por sí solos en una sola entrega, cosa que consiguen en cada momento. El desarrollo de estos como grupo quizá sea un poco acelerado, al contar con personalidades muy arquetípicas, en este caso cazarrecompensas o personajes vengativos, como para que se compaginen tan rápido, pero la forma de narrar es tan dinámica, y tan consciente de ser una película que quiere divertir, que se consigue de forma muy fluida, hasta el punto de ir incluyendo elementos sobre el pasado de su protagonista de una forma muy natural y sutil, sin que en ningún momento lleguen a querer ser una trama o ralenticen la acción.






Las referencias a los ochenta es algo que también se ha ganado al público. Desde hace un par de años es algo que está muy de moda y eso me sorprende, por esa fijación del cine por ofrecer lo último y por olvidar todo lo que tenga más de siete años (supongo que el que los adolescentes sean el público objetivo más jugoso también ayuda). Pero en este caso está muy presente. No solo la acción comienza en 1988, sino que esta década acompaña al protagonista continuamente, tanto en las referencias que utiliza, como en parte de la estética que puede verse en toda la película. Está el detalle de las cassetes y en la música, aunque de una década anterior, que este lleva en todo el metraje, de forma justificada. Pero también en muchos detalles propios, como las naves, algunos vestuarios y parte de la tecnología que se utiliza: hay su parcela de pantallas planas y elementos más modernos, pero cosas como las naves llenas de palancas y cables, o el casco un tanto retro que utiliza el protagonista, recuerda mucho más a la estética de ciencia ficción que había hace treinta años. Pero esto no se queda ahí, porque hasta han incluido algo más sutil  como…una nave con asientos de sky marrón. Y esto es algo que solo le suena a alguien que se hubiera sentado en uno, o a un seguidor de la Hora chanante.






Los personajes y el reparto tampoco se quedan atrás. Quizá el que más suene sea Mapache Cohete, que es el más entrañable y divertido con diferencia, pero el resto combinan a la perfección y cada uno juega su parte necesaria en la historia. Quizá a la hora de caracterizar y preparar los diálogos se ha abusado un poco de los gags, y de incluir humor en determinados momentos haciendo que más o menos todos digan cosas en plan “este tío es tonto” o “somos pringados”, a la primera divierte, a la segunda se espera, y a tercera aburre un poco. Parece que había demasiada presión por ofrecer en todo momento situaciones dinámicas y diálogos ingeniosos, pero no habría estado mal que los suavizaran un poco.





Además, el reparto está lleno de caras conocidas. Puede que Karen Gillan o Vin Diesel sonaran un montón desde que se empezó el rodaje, pero también me sorprendió la aparición de Dave Bautista, bastante inteligente a la hora de elegir sus papeles en los últimos dos o tres años. Y especialmente, la aparición de Michael Rooker en un papel bastante largo (sobre todo, porque su director, James Gunn, había trabajado con el en Slither) y Lee Pace como villano. Quien hubiera imaginado al pastelero de Pushing Daisies intentando conquistar la galaxia cubierto hasta arriba de maquillaje…y siendo mucho más creíble de lo que quedó Christopher Eccleston en Thor: El mundo oscuro.



Debo reconocer que con Guardianes de la galaxia se han lucido. Si Los vengadores, con el tiempo, me parece una película entretenida, aunque consciente de su simpleza, esta también lo es, pero cuenta con mucho más trasfondo y me ha recordado, en cierto modo, a cosas como Star Wars o Indiana Jones que entonces fueron capaces de generar tanta ilusión.  Además de tener un mejor control a la hora de no explayarse con lo que están contando…muchas veces no es tan difícil combinar bien las explosiones con una buena historia. 

lunes, 18 de agosto de 2014

El Llanero Solitario (2013). Un batacazo no muy merecido


Siempre he tenido simpatía por los fracasos en taquilla. Esas películas que nacen con vocación de blockbuster y que acaban por no recaudar ni para pipas. A veces son producciones un poco adelantadas a su tiempo, o que se equivocan por completo con lo que quiere el público, y en algunas ocasiones, y esto no tiene remedio, es que son malas con avaricia. Pero hay casos en los que entre estas se encuentran historias muy válidas, que acaban recuperando la inversión con el tiempo, o que simplemente se trata de producciones entretenidas que no se merecían el batacazo. Esto suele pasar cuando la idea del verano es retomar un libro o un personaje de hace más de sesenta años y querer convertirlo en superproducción. Pasó con John Carter de Marte, demostrando que el pulp enfocado de esa forma no daba muy buen resultado. Y un año después lo intentaron con los seriales del oeste y su personaje más popular: el Llanero Solitario. 


Esta nueva versión comienza con la historia que un indio anciano, y un tanto lunático, le cuenta a un niño en una exposición sobre el Oeste.  Este es nada menos que Tonto, el fiel compañero del héroe conocido como el Llanero Solitario, quien comenzó como un abogado recién llegado de la ciudad que presencia el asesinato de su hermano, sheriff en un pueblo de Texas. Acompañado por Tonto, intenta llevar a la justicia a los asesinos, aunque este insiste en que todo tiene un origen sobrenatural relacionada con el Wendigo y una mina de plata maldita. Pero las tribus de comanches que encuentran en su camino tienen una explicación más lógica, y que puede haber una relación entre esta, el fin de la tregua entre la nación india y el hombre blanco, y la expansión del ferrocarril que atravesará el país en un futuro próximo.



En un principio, la película contaba con elementos muy interesantes: se trata de una historia de los orígenes del héroe, donde se muestra como un personaje inofensivo debe convertirse en tal y salvar a sus seres queridos. A estos también se les da una versión un tanto más oscura de lo que podrían haber tenido en sus orígenes radiofónicos, al incluir como tales elementos como el asesinato y la venganza. Esto último, mucho más marcado en el personaje de Tonto y el trasfondo que lo acompaña, que en el del propio llanero, que es un héroe un tanto más simple. El personaje del amigo indio del protagonista podría haber sido por esto el más interesante, al trabajar con él tramas como la de la fantasía y las explicaciones irreales para huir de la culpa y los sucesos traumáticos. Conociendo, aunque sea de oidas el material original, sorprende un poco que muchos de los elementos del guión sean bastante más oscuros y desengañados.



Además, la ambientación y muchas secuencias en los pueblos y asentamientos son de lo más llamativo de la película. Las caracterizaciones de los secundarios y los locales son de un Oeste más auténtico, maltrecho, y que recuerdan un poco a otra película de Gore Verbinski, Rango. Naturalmente, estos se han tratado desde una perspectiva más visual y más pensada para disfrutar de las secuencias. Especialmente el burdel regentado por el personaje de Helena Bonham Carter, muy gótico y lleno de figurantes de aspecto llamativo. Otro tanto para el punto de partida, donde, igual que en muchos momentos de la película, juega un poco con la imaginación a través de la historia presentada por ese indio anciano. Eso, y el que en determinados momentos opten por incluir una narración a saltos (pero que se sigue rápido, que esto es para toda la familia), hacen que esta sea un poco distinta de lo que esperaba como producción para deslumbrar…aunque de esto también tiene bastante.

Aún con todo esto a su favor, acaba resultando una película muy fallida. Tal y como plantearon partes de la historia, resulta muy chocante que incluyan momentos cómicos que no pegan ni con cola, y que a menudo resultan fuera de lugar. Si estos cortan el ritmo de la narración en la mayoría de los casos, en otros son bastante desconcertantes, como por ejemplo, el incluir un gag sobre las normas de higiene en hostelería en las consumiciones de un burdel. En otros casos, es muy difícil mantener la emotividad de una secuencia cuando se ponen con otro alivio cómico de forma bastante brusca. Igual que el guiño a la frase más conocida del personaje, que incluyen al final para tomársela un poco a broma pero, que al igual que los casos anteriores, resulta un poco anticlimática y por desgracia, recuerda a ese intento tan cutre de tomarse a broma personajes clásicos que había sido The Green Hornet.



El desarrollo y caracterización de los personajes principales tampoco ha sido el acertado: durante la mayor parte de la película, es imposible creerse al Llanero solitario como tal. Este comienza siendo un tipo muy apocado para acabar galopando sobre un tren, arrebatando pistolas con el látigo y haciendo oportunos disparos certeros…cuando hasta hacía poco, su puntería fallaba más que una escopeta de feria. En ningún momento hay evolución en el personaje, que parece adquirir las habilidades necesarias para él de la noche a la mañana.

Pero el que se lleva la peor parte en esto es el Tonto interpretado por Johnny Depp. Actúa como narrador, cuenta con el trasfondo más interesante y cuidado, abre y cierra la película…pero es imposible creérselo. Porque toda su actitud es un remedo de Jack Sparrow, con sus gestos inexpresivos a ratos, sus contestaciones de pie de banco y hasta su forma de salir corriendo. Se salva por todo lo que han trabajado con él, pero tanto sus diálogos como actitudes cortan tanto el ritmo como los gags a destiempo.

Este Llanero solitario tiene muchos defectos, y a pesar de ellos, y de esas dos horas y veinte que se alargan (¡otra vez queriendo amortizar entrada! ¡Qué pesados!), llegó a divertirme y parecerme una película muy disfrutable. Pero ha sido una pena que no supieran enfocarla correctamente, y que esos elementos que tenía a su favor queden en un segundo lugar por haber intentado conseguir otra producción tan ligera y veraniega como Piratas del Caribe.



jueves, 14 de agosto de 2014

The Purge: Anarchy (2014). Una segunda parte que sí fue buena. O al menos, mejor que la primera


No había quedado muy convencida con The Purge. La premisa de una sociedad que dispone de doce horas para cometer todo tipo de delitos parecía interesante (aunque si se escarba un poco, un tanto absurda), pero su desarrollo se quedó en una película muy de telefilme a la que únicamente la sostenían las secuencias en las que se planteaba el sistema de la purga y la actitud de la sociedad ante ella. Pero la relación coste beneficio fue de tal calibre que su secuela llegó justo un año después. La diferencia es que esta vez han tomado nota de los defectos y han ofrecido una nueva visión de la purga mucho más dinámica y más pensada para explotar su premisa.


Un año más, faltan pocas horas para que empiece la Purga anual. Los medios de comunicación no paran de anunciar el tiempo que falta y recordar las reglas: qué tipos de armas pueden usarse, y sobre todo, no asesinar a los políticos (esto último lo repiten mucho porque es bastante fácil olvidarse). Pero no todos los protagonistas se apresuran en mantenerse en la seguridad de su hogar: mientras una camarera se reúne con su hija y su padre enfermo, y una pareja conduce hacia su casa, un hombre armado sale con la intención de aprovechar la Purga para vengarse. Pero un grupo de extraños armados hasta los dientes que arrasa un edificio, y un coche averiado en mitad de la carretera a pocos minutos de la Purga hace que los destinos de todos ellos se crucen y que, a pesar de los deseos de venganza, lo más importante sea sobrevivir a las próximas doce horas.


El cambio de registro respecto a la primera parte ha sido completo. Los personajes anteriores dan paso a otros que viven una historia distinta, que bien puede ser simultánea a la contada previamente o no. Igual que el tipo de argumento: mientras la primera purga se planteaba como una historia de invasión doméstica, esta se trata de una trama de acción, donde los personajes tienen más opciones de movimientos, y sobre todo de giros de guión: cada intento de alcanzar un refugio da lugar a una situación que todavía puede ser peor, o más inesperada.



Además, la ambientación da mucho más de sí en este escenario: no solo se cuenta con las secuencias de los medios de comunicación informando, sino con todas las tomas que puede ofrecer una ciudad llena de pandilleros enmascarados y armados hasta los dientes. Las primeras secuencias, con estos caracterizados con pinturas tribales y todo tipo de armas blancas, son muy efectivas y van avisando que esta entrega va a ofrecer mucho más que la anterior. Además de ser todo bastante nightmare fuel, por cierto.

Uno de los aspectos más positivos a la hora de aprovechar más este trasfondo es el de manejar tramas secundarias y deshacerse de las que funcionan peor. Si en el primer caso intentaron darle profundidad a la película hablando de la violencia como parte de la sociedad, cosa que no terminaba de funcionarles, aquí han optado por olvidarla y explotar una mucho más interesante: como afrontan esas horas las clases más pudientes. Esto se había planteado antes de una forma muy cutre, con una trama de sistemas de seguridad que fallaban a la primera de cambio, pero esta vez, han optado por una versión mucho más macabra y de acorde con el tono de la película: desde grupos de millonarios que compran gente pobre para poder asesinarla sin presiones, hasta subastas de víctimas para ser cazadas…detalle último que me divirtió mucho por recordarme un montón a El malvado Zaroff.




Al haber abandonado las ínfulas de ser un guión más profundo, o de tomarse demasiado en serio una premisa un tanto imposible, ha sido toda una mejora: esta vez se han quedado con lo que es, una auténtica serie B, que me ha recordado a cosas como Asalto en la comisaría del distrito 13, y sobre todo, 1997, huída de Nueva York. Lo que prima es la acción, que los personajes empalicen con el espectador y resulten minimamente creíbles, y que en cada momento haya una nueva sorpresa para mantenerlo pegado en el asiento. Y en este caso las hay: desde tiroteos inesperados, hasta conspiraciones del gobierno, pasando por un grupo de Indignados que se dedican a luchar contra el sistema…estos últimos, aunque tuvieron su gracia, se nota demasiado que son un Deus ex Machina sacados de la manga para salvar a los protagonistas (y de paso, al guionista que no sabía que hacer). Quizá en una tercera tengan más protagonismo o sepan cómo utilizarlos mejor en el guión. Lo que está claro es que, si siguen el camino que han tomado con Anarchy, va a ser una franquicia muy interesante. 

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