En ese bucle infinito de películas buenas, memorables, confusas, enigmáticas e incluso cutres que fueron los ochenta, las fantasía épica se hizo un hueco entre ellas. No deja de resultar chocante que un género tan visual y hoy asociado a los despliegues de efectos especiales pudiera funcionar con medios más artesanales, por no decir, modestos, en muchos casos. Porque junto a la grandeza de Willow, la atención puesto a los detalles de Dentro del laberinto o los excesos de Krull estaba también la brutalidad simple y efectiva de Conan, o aportaciones que permanecen más en nuestra memoria por haberlas visto con ojos de niño y no por su calidad. El señor de las bestias, Cromwell, rey de los bárbaros o Ator el poderoso convertían un descampado en un país de leyenda por el que un descamisado con más brazacos que habilidades interpretativas se enfrentaba a varios monstruos de plástico mientras un actor en horas bajas recitaba sus líneas de villano o hechicero.
Es esta épica un tanto y torpe, definitivamente cutre, pero un a parte de la infancia de muchas, la que pasaría a formar parte de ese fenómeno que empieza a oler ya a cadáver como es la nostalgia de los ochenta, y que inevitablemente acabaría viéndose homenajeada y parodiada. En este caso, retomando una franquicia de lo más profundo de la serie B y transitando por la Z como eran las películas de Deathstalker.

En un reino asolado por las huestes de un nigromante, dado por muerto hace mucho, un hombre recorre el campo de batalla saqueando los cadáveres de los caídos. Es Deathstalker, un soldado de la reina caido en desgracia, y que sobrevive como ladrón y carroñero. Un talismán, recuperado de uno de los soldados, provoca que caiga sobre él una maldición: este quedará unido su destino hasta que pueda romperla, o cumplir la profecía que lo acompaña, vencer a un dios oscuro y librar del mal al reino de Abraxeon. Pero el hechicero Nekronenmon quiere hacerse con el tesoro y que nadie pueda impedir que traiga de vuelta al señor oscuro.
La película retoma al personaje que había aparecido en 1984 en una producción de presupuesto ínfimo y cuyo éxito daría lugar a tres secuelas. Sin ser una continuación, reboot ni pretender seguir la línea argumental, utiliza a este héroe como protagonista con un objetivo muy claro: homenajear a las películas de espada y brujería dirigidas a videoclub, tremendamente cutres y con carátulas que suplían la falta de medios con la fascinación que despertaban estos Conan de poca monta. D e ahí que la mejor opción fuera precisamente recurrir a este héroe convertido en arquetipo de la fantasía en vhs.

Steven Kostanski, además de trabajar en efectos especiales, ha desarrollado una carrera especializada en homenajear el cine de los ochenta. Demostró que hacía bien su trabajo (y cuando quiere, muy bien), con su homenaje al cine de Carpenter y al terror cósmico con The Void, versioneado los excesos de la imaginería sentai y el cine infantil con Psycho Goreman y la serie más Z con Frankie Freako, siendo Deathstalker su aproximación a la fantasía menos épica y más de andar por casa. Algo que también le ha salido muy bien pero cuyo éxito a la hora de evocar esta serie B se convierte también en su mayor defecto.
La película es en su conjunto, muy similar al cine que emula. Con actores casi desconocidos salvo Patton Oswalt poniendo voz al hechicero Doodad, interpretaciones muy limitadas y duelos con espada entre enemigos genéricos que recuerdan a los combates contra los masillas de los Power Rangers. Y sobre todo, con muñecos de plásticos. Bichos de goma a mansalva, a cada cual más grotesco y sin ninguna in tención de parecer verídicos porque la idea es recordar esa cutrez que no impedia que se intentara ser imaginativo en todo momento. Monstruos de dos cabeza con mecanismos cantosos, bichos que vuelan, señores disfrazados de monstruos incluso una secuencia de criaturas animadas pro stop motion porque no podía quedar fuera esta técnica si se quería hacer homenaje en condiciones. Todo ello en un paisaje sin figurantes, con cuatro árboles mal contados donde tampoco faltan los escenarios completados con la técnica de fondo ilustrado, reconocible claramente en varias secuencias mientras que los otros exteriores parecen sacados de un capítulo de Xena.
Por menos de esto, Disney te denuncia
Unos actores y efectos integrados en un guion deliberadamente simple, casi el esqueleto de una historia de fantasía y donde se pretende que los personaje solo tengan que ir de un lado a otro, participar en combates y pronunciar algún chiste un tanto chusco. Hablando como lo haría cualquier a pie de calle y entre atrezzo y personajes cuyos nombres, como Nekronemnon o los Dreadites hacen recordar que la película no es más que un guiño, muy paródico, a la fantasía de los ochenta con menos medios.
Y como homenaje, lo hace perfectamente. Todo es tan mimético que de haber incluido una calidad de imagen menor, daría la sensación de haber alquilado la cinta en algún videoclub del barrio, donde la cutrez está deliberadamente presente tanto en los monstruos de goma como en la boca del actor enano caracterizado de mago, que apenas se mueve con el maquillaje. Pero que acaba haciendo pensar que no se sabe cual era el objetivo: solo es una referencia, sin más. Kostanksi demuestra que es capaz de rodar una película de serie B casi Z en 2026, y que funciona por esos recursos prestados conocidos por todos.
Pero no hay nada más allá de confirmar que puede. The Void era una película de terror cósmico con elementos reconocibles de décadas anteriores, muy bien integrados, un buen uso de efectos especiales artesanos e incluso de la falta de coherencia y lo pesadillesco como recurso. Psycho Gormenan era una parodia llevada al extremo, que aún sin conseguir pillarle el punto, hacía una burla muy bien traída del cine para todos los públicos. Deathstalker es…una película de fantasía cutre, hecha a propósito. Y más allá de la gracia de poder ver una producción con los defectos de aquellas cintas, y recordar lo que nos divertimos con ellas siendo niños, no hay nada más allá. Y si quisiera recuperar esa situación de torpeza, de ternura, de volver a disfrutar de lo que veía en pantalla sin preocuparme por la ejecución técnica, simplemente, vería de nuevo Masters del Universo, El señor de las bestias incluso, si quiero pasar un poco de vergüenza ajena, Los bárbaros.
Sin poder decir que Deathstalker sea una mala película, porque no pretende ser una cinta al uso, es solo una que divierte, hace un poco de gracia, pero que con todo el material previo en el que se inspira y que podríamos ver, no es necesaria. Y que muchas veces, hacer las cosas mal por los jajás, no funciona todo lo bien que se esperaba. Deathstalker (2025). No se puede volver atrás