Series de tv, libros, cine...y una constante presencia gatuna

martes, 31 de diciembre de 2013

El especial de navidad del Doctor Who (2013). Borrón y cuenta nueva


 

 
El pasado día de navidad los fans del doctor Who nos despedimos de Matt Smith, como habíamos venido rumiando desde hace un año. El cambio de doctor era algo que venía anunciado, pero la pregunta era qué camino tomaría la regeneración, después de cerrar la trama de los últimos siete años en el especial del 50 aniversario. Y sobre todo, qué harían con el tema de las regeneraciones limitadas: técnicamente, esta sería la última vez que el Señor del tiempo podría regenerarse. Pero teniendo en cuenta que en la serie clásica a su enemigo, the Master, también le fue concedido un ciclo nuevo de regeneraciones,  no iba a ser una cuestión muy difícil.

 

Después de los acontecimientos del último especial, el Doctor y Clara siguen caminos no muy separados. Al igual que pasó con los Pond, sus despedidas no son definitivas y Clara no duda en llamarlo para invitarlo a la comida de Navidad mientras el doctor está un poco ocupado huyendo de daleks y cybermen. Su llegada a la casa de los Oswin es muy breve, porque ambos siguen la pista de un enigmático mensaje en el que se encuentran implicados una grieta en el tejido de la realidad y el planeta Trenzalore, donde se encuentra la tumba del Doctor. Todo parece indicar que los señores del Tiempo siguen vivos, a salvo, e intentando que el Doctor los traiga de vuelta. Cosa que un grupo denominado el Papado central pretende evitar a toda costa.
 


La intención de los dos últimos especiales parece ser muy clara: cerrar todas las tramas aparecidas hasta ahora, y empezar desde cero en todo lo que se pueda. Incluso el tema de las regeneraciones del doctor, cuestión que procuran adelantar para que la aparición del que será el Doctor Número 12 sea la primera de una nueva etapa, lejos de todo lo que se ha visto hasta ahora. Tras el 50 aniversario parecía que no quedaba mucho con lo que sorprender, al librar al doctor de una de sus mayores cargas, que sería la desaparición de Gallifrey. En este caso, han optado por recuperar elementos que sí parecían cerrados, como la grieta que acompañó a Amy en su primera temporada e incluso la organización que se encuentra detrás de los Silence. Y al igual que pasó con el Doctor encarnado por John Hurt, estos son presentados desde una óptica menos amenazadora y más como aliados accidentales del Doctor. Lo más interesante que consiguieron no fue gracias a los viajes temporales ni las paradojas, sino hacer que el doctor de Matt Smith, ese personaje un tanto marciano y absurdo, fuera capaz de pasar sus dos últimas regeneraciones afincado en un planeta, encargándose de protegerlo y sin intención de abandonarlo aún contando con la TARDIS. La regeneración en el doctor número 12 (para el público al menos) podía ser algo que se esperaba, pero gracias a esto, y a sus últimas secuencias, resultó mucho más emotiva aún sabiendo que esto sucedería sin problemas.


 Aquí una secundaria con bastante chicha
 
Tampoco ha sido un especial redondo, y su principio un tanto flojo, desconcierta un poco: determinadas situaciones, como hacerse pasar por el novio de Clara, resultan bastante extrañas con el carácter del Doctor, y todavía más algunas insinuaciones picarescas que se gasta con uno de los secundarios. Este doctor ha evolucionado mucho desde su aparición con su actitud estrafalaria, pero esta actitud queda demasiado lejos del señor del tiempo que casi sale corriendo la primera vez que River Song lo besó. Clara Oswin, que durante esta temporada se descubrió el por qué de sus apariciones a lo largo de la vida del doctor, no termina de convencerme tampoco. Su primera trama como “la chica imposible” fue interesante, pero en estos dos especiales sus capacidades empiezan a convertirla en una Mary Sue: su papel consiste en solucionarlo todo en el último momento a base de frases dramáticas soltadas al personaje adecuado, habilidad que, vista una vez, parece un poco pillada por los pelos, y utilizada de nuevo, resulta un truco bastante pobre. No suelo quejarme mucho de los acompañantes, e incluso Amy Pond me siguió cayendo bien incluso cuando la mayoría de los fans se habían aburrido, pero espero que a Clara Oswin le den un giro nuevo ahora que empieza con un doctor muy distinto a los anteriores.

 Aunque con la etapa de Moffat hayan aparecido enemigos bastante inquietantes, y mucho más adecuados al giro de la serie, el especial se cierra de nuevo con la aparición de unos clásicos: nada menos que los Daleks, exterminando a todo lo que se mueve. Nunca pensé que lo diría, pero casi se agradece que sus apariciones sean muy esporádicas: después de haber visto criaturas como los Weeping Angels, los Silence, o incluso la aparición en un par de episodios de los Vashta Nerada, el ver a unas aspiradoras con un desatascador pegado sembrando el pánico resulta bastante desconcertante.

jueves, 26 de diciembre de 2013

La fiesta de las gatas cósmicas




Como muchos saben, el Barrilete es un blog propiedad de una mancomunidad solidaria formada por dos gatas. Yo solo me limito a escribir y subir fotos. Por eso, y porque este año han sido las primeras navidades de Sabela en su nueva casa, tocaba escribir una entrada sobre sus fiestas. Bueno, y sobre la dramática lucha por la supervivencia del árbol de navidad doméstico.

 
Seguramente diciembre es el mes más desconcertante para un felino. Durante la segunda quincena su casa empieza a llenarse de cosas brillantes. Brillantes, con purpurina y pensadas para ofrecer diversión por partida doble: se las puede tirar de un manotazo, y después hacerlas girar por toda la casa. Hay quien dice que es posible educar a un gato para evitar que se suba o destroce un arbol, pero por el momento, eso se queda en leyenda urbana: Dalek hace lo que quiere con él, y Sabela decidió que lo mejor que podía hacer era tumbarse a dormir la siesta entre las ramas. Tampoco es de extrañar que el primer día me encontrara el árbol por los suelos. No volvieron a hacerlo, y prefirieron utilizarlo como escondite para sus peleas diarias o como provisión inacabable de juguetes que ruedan y hacen ruido (creo que voy a estar sacando adornos navideños de debajo de los sofás hasta abril como mínimo).



Disfrutando de su regalo (en el medio, y aplastado) tras un duro día de trabajo
 
Hay muchas casas que, el 24 de diciembre ponen a los pies de su árbol perfectamente decorado unos paquetes envueltos en papel de bonitos colores. Y digo “muchas casas” porque cualquier cosa que sobresalga minimamente es susceptible de ser mordisqueada. Y si el envoltorio es de esos en plan moderno, imitando a una bolsita con un cordón, ni te cuento: un gato siempre será el primero en desenvolver un regalo. Le pertenezca o no. Y si este viene en una caja, esta tendrá dueño en cuanto se quede vacía.

 
También hay muchos cuentos navideños que cuentan con su moraleja. Sabela y Dalek también tienen la suya, y viene a ser muy sencillita: si no se suben al árbol ni terminan de destrozarlo, es porque ellas no quieren, y eso de ir hacia ellas con cara de malas pulgas, hacer ruido o intentar llamarlas les produce más risa que disciplina. También es cierto que sus intentos por alcanzar el adorno más alto y brillante son bastante cómicos…¡Feliz navidad a todos  los gatos del mundo!

lunes, 23 de diciembre de 2013

Lecturas de la semana. Por entregas II.


Hace más de un mes empecé a hablar de los folletines y lasnovelas por entregas. El tema quedó un poco en el aire al ser un género que leo muy puntualmente, pero gracias al Proyecto Gutenberg y otras páginas en las que se dedican a digitalizar este tipo de material, he podido disfrutar de un par de piezas bastante famosas en sus días.

 


Ponson du Terrail. Las hazañas de Rocambole. Hay pocos autores que cuenten con su propio adjetivo. Lo kafkiano resulta inquietante, lo lovecraftiano, algo ominoso y con bastantes tentáculos, y lo rocambolesco…algo imposible y difícil de creer. A finales del siglo XIX no era muy extraño que el protagonista de una serie por entregas fuera, más que un antihéroe, un villano. Arsenio Lupin era un ladrón de guante blanco, y Rocambole, un tipo que se pasa todos sus libros desarrollando todo tipo de intrigas para poder hacer fortuna y vengarse de sus enemigos. Pero mientras Lupin era un personaje bastante más positivo, y con un código ético, otros, como Fantômas o el propio Rocambole, tenían una moral más flexible (en el caso del primero, mucho más) en la que los asesinatos, envenenamientos y suplantaciones de la personalidad eran un medio justo para alcanzar un fin.

Las hazañas de Rocambole es el segundo volumen de las aventuras de este personaje, en el que tras abandonar a su muerte al heredero a un título nobiliario, se hace pasar por él, infiltrándose en la alta sociedad francesa, y haciendo todo lo posible para contraer matrimonio con Concepción de Sallandrera, hija de un Grande de España con quien consolidaría su posición. El prometido de esta, y la vuelta de Baccarat, su antigua enemiga, hace que deba recurrir de nuevo a una red de aliados y confidentes a quien no duda en manipular y deshacerse de ellos para alcanzar sus fines.

El desarrollo de la narración está pensado para mantener al lector en vilo, y no para ofrecer una situación creíble o un desarrollo coherente de los personajes: los secundarios son completamente unidimensionales, sin más rasgos distintivos que una capacidad asombrosa para ser engañados como chinos ante las argucias del protagonista. Ninguno, por astuto que parezca, se libra de ser envenenado, asesinado en duelo o estrangulado por Rocambole…Y es que este último no es un genio, es que está rodeado de tontos del nabo.  La acción, y cada giro, sigue el mismo camino: está llena de coincidencias absurdas y pensadas para facilitarle los planes al escritor, que no duda en hacer aparecer dobles malvados en cuanto le haga falta. Pero teniendo en cuenta el carácter negativo de su protagonista, es de esperar que el final no le sea favorable, cosa que du Terrail soluciona con un desenlace bastante irreal y teatrero…que debo reconocer que me ha encantado. A día de hoy se trata de una narración muy fuera de lugar, que recurre a trucos bastante cutres, y cuyos personajes se han quedado desfasados. Pero es también un género que despierta nostalgia de una época en la que era mucho más fácil entretener y sorprender a los lectores.

 


Weird Tales. 1934. Si hoy es difícil encontrar en papel una de las revistas de relatos más populares de los años 20 y 30, más difícil parecía que alguien le dedicara su tiempo a digitalizarla…cosa que, teniendo en cuenta lo que implica esa publicación, se agradece mucho. El pulp, salvando las distancias, sería el equivalente posterior en Estados Unidos a las novelas por entregas: relatos cortos, llenos de acción, pensados para vender revistas y que hoy parecen haber sido escritos con una sorprendente falta de prejuicios y de corrección política. Al igual que en el caso anterior, entre todos los que aparecían en sus páginas, había alguno que hoy se ha convertido en un clásico del terror, la ciencia ficción o el policiaco. Weird Tales fue la revista emblemática de los dos primeros géneros, conocida por haber publicado los relatos de H. P. Lovecraft y Robert E. Howard. Es difícil opinar sobre una publicación entera a partir de un solo número, pero este, de septiembre de 1934, es bastante representativo: los relatos más conocidos son los protagonizados por Conan y Jules de Grandin, el personaje creado por Seabury Quinn. Pero también incluye relatos menores, con tópicos propios de la década como las venganzas relacionadas con el vudú o el espiritismo. Tampoco faltan las ilustraciones correspondientes a cada uno, son bastante descriptivos aún sin recurrir al color ni a imágenes explícitas. Su mayor desventaja es el trabajar con unas normas muy limitadas, como serían tener en cuenta el público para el que escriben, y especialmente, el escribir pensando en las ventas (igual que hoy, vaya), por lo que es preferible espaciar un poco las lecturas de las historietas pulp. A pesar de todo, una de estas revistas, con su batiburrillo de género, resulta más divertida de leer que una antología con un solo tema.   

jueves, 19 de diciembre de 2013

Juan de los Muertos (2011). Una película de zombies. Con playa


 
Los zombies están de moda (y yo no me quejo), y muchos países han optado por aportar su grano de arena a este tipo de películas. No es raro ver producciones británicas, francesas o de cualquier otro país potentillo con muertos vivientes, aunque en el caso de otras naciones es más raro. Era difícil imaginar que a Cuba llegaran los zombies, pero Juan de los Muertos se ha encargado de que estos también tengan su sitio en la Habana.

 


Juan es un tipo de vuelta de todo que se considera un superviviente. Sobrevivió a Angola, a la peor época de Cuba y a su exmujer. Por el momento no tiene gran cosa que hacer, exceptuando salir de pesca en una balsa, y deambular por una Cuba llena de gentes que viven como pueden, chaperos, carteristas y prostitutas. Con su hija marchándose a Estados Unidos, y la sensación de vivir en un país que va a la deriva, las noticias empiezan a hablar de disidentes que causan disturbios en la isla. Pero disidentes es una forma muy fina del gobierno para referirse a los infectados de un virus zombie en toda regla, y Juan se dá cuenta en cuanto ve a uno de ellos intentando morder a todos los que lo rodean. Con el país en caos, se le ocurre una oportunidad de negocio: ofrecerse a acabar, por un módico precio, con todos los infectados que todavía se encuentran en las casas y en las calles.  



La principal referencia de Juan de los Muertos es Shaun of the Dead, no solo por el juego de palabras del título sino por la forma de adaptar el género de los zombies a una situación y un tipo de humor muy determinado. Si en la película de Edgar Wright Shaun y su familia intentaba sobrevivir a una invasión zombie en un pub, Juan y sus compañeros hacen lo mismo en un contexto muy cubano: el principio se dedica principalmente a mostrar la forma de ver las cosas de su protagonista, y de cómo se toman la vida en la isla. También incluye la trama sentimental, en este caso, la mala relación del personaje con su hija. Todo el guión está marcado por su sentido del humor y una actitud muy latina ante lo que pasa. El tipo de humor es bastante distinto, porque si en una era un humor muy marciano y británico, en esta no se cortan a la hora de explotar tópicos como la picaresca o la vagancia de sus protagonistas. Cuesta acostumbrarse un poco, porque se basa en elementos bastante ramplones. Los gags correspondientes al mariquita de turno desaparecen según lo hace el personaje, pero el amigo chistoso del protagonista es para darle de comer aparte, y aunque el tono se rebaja según avanza el metraje, hay para rato con todos sus salidas cómicas.

 


De todos, el personaje más interesante es su protagonista, que da nombre al particular negocio al que se dedican. El personaje de Alexis de Villegas se presenta como un tipo bastante lacónico y pasota, que se desarrolla positivamente y que se convierte en el más divertido de toda la película. El resto pierden bastante por culpa de los estereotipos que interpretan, y no hay mucho que hacer con el amigo chistoso, la locaza ni el guapito. También cuentan con la presencia de una actriz española, de la que se puede decir que por suerte, sale muy poco: se supone que debe interpretar al personaje más sensato del grupo, pero su registro choca bastante con la forma de interpretar del resto, y sus apariciones son bastante absurdas: por algún motivo, decidieron que sería la mar de lógico vestirla como un personaje de Resident Evil y ponerla a matar zombies en plan videojuego, y ahí se queda con su vestuario cosplayer y sus frases dramáticas fuera de lugar.

 Si no se comparte el estilo de humor que emplea durante parte de la película, cuesta un poco acostumbrarse a ella como comedia, pero en conjunto resulta bastante simpática, convirtiéndose en una de esas películas a las que por suerte, les funciona descansar en un elemento que las distinga dentro de un género que suele hacerse repetitivo. Al menos, para quien no sea muy aficionado a los zombies, claro.

 

lunes, 16 de diciembre de 2013

Exit Humanity (2011). Una de zombies. En la Guerra de Secesión


Si hay un género del que me cuesta aburrirme, además de los gatos y H. P. Lovecraft, es el de los zombies. Los ha habido deambulando en las ciudades, en los centros comerciales, y han traspasado fronteras hasta hacer de las suyas en España, Francia o Alemania (e incluso en África). Lo que no es habitual es que estos se salgan de la época actual, y exceptuando los esqueletos medievales de Army of Darkness, no recuerdo ningún otro intento. Los guionistas de Exit Humanity decidieron aprovechar este nicho todavía no saturado por los muertos vivientes, y decidieron plantear una epidemia de cadáveres ambulantes como cualquier otra en una época tan puntual como es la post-guerra de Secesión americana.

 


En este sentido, el argumento no es muy complicado: un prólogo muy breve da a entender que los muertos están volviendo a la vida, pero que un diario de más de cien años contiene las notas acerca de una situación muy similar. Empieza así la historia del protagonista, un veterano de la guerra de Secesión en cuyos últimos combates empiezan a verse cadáveres de ambos bandos volver a la vida y devorar a los soldados. Su familia sufre la misma suerte, y su único interés tras enterrar a su mujer y a su hijo es moverse por los caminos liquidando a todos los cadáveres que encuentre. Solo en un pueblo vacío encuentra a otro superviviente, quien le pide ayuda para rescatar a su hermana: como no quedan pocos vivos, un médico, al mando de un general confederado, los está utilizando como pruebas para conseguir una cura para el proceso. Y teniendo en cuenta que se encuentran en la época en la que sangrar a la gente con sanguijuelas les parecía una buena idea, su procedimiento científico consiste en ver como a estos los muerden los zombies y esperar a que alguno no se convierta.

Los cambios de siglo en las ficciones de zombies, al menos en papel, no son una novedad: un relato de The Book of all flesh los presentaba en plena guerra civil americana, y Max Brooks en la Guía de Supervivencia Zombie incluía un apéndice con supuestos casos a lo largo de la historia. Pero en pantalla sí es algo distinto, y bastante interesante en este caso al jugar con dos elementos: el plantearlo como un hecho pasado, y el que las características de un siglo distinto, desde la demografía, bienes disponibles y forma de pensar, hagan que la manera de enfrentarse a los zombies sea muy distinta a una ambientación contemporánea. La falta de personajes y figurantes en pantalla hace que en ningún momento de la sensación de tratarse de una epidemia zombie al uso, y que la explicación de esta se dirija más hacia lo sobrenatural que al tema de los virus, más recientes, además de explicar el tema de la Peste Negra de una forma parecida. Lo  amplio de las distancias y reducido de los pueblos hace que en muchos casos, esto se quede en unos cuantos zombies dando vueltas por el bosque y que los protagonistas pueden irse encontrando. Esto, más que deliberado, seguramente sea por cuestiones de presupuesto, porque practicamente todos los escenarios consisten en bosque, cabañas aisladas, y el interior de un pueblo abandonado al que sospechosamente, no sacan mucho.

 


Otro truco recurrente con el que cuentan es el de narrar los flashbacks, que hay bastantes, a base de ilustraciones y animaciones. Estas aparecen en el prólogo y serán algo habitual a la hora de separar las distintas partes de la trama o de que un personaje cuente lo que le ha pasado hasta entonces. Las integran bastante bien y como no es la primera película que veo recurriendo a este truco, no me resulta extraño, además de ser una forma bastante ingeniosa de poder expandir un poco la narración sin incluir secuencias que resultarían mucho más cutres al filmarlas. Aunque este truco tiene que utilizarse tirando a poco, y en este caso, las utilizan más de lo que deberían, haciéndose un poco aburrido hacia la segunda mitad de la película.

 


Tanto la ambientación como la forma de narrar tienen bastante interés, pero es el propio guión el que más flojea: la estructura por capítulos hace que la acción quede un poco estática, y muchas de las cosas parecen suceder de forma arbitraria: cuando el espectador empieza a aburrirse de ver al protagonista yendo de un lado a otro sin hablar con nadie, incluyen a un secundario que le pide ayuda. Y de paso, esto sirve para presentar a los malos de turno. Los personajes son bastante planos, y se quedan un poco en arquetipos de secundario, chica de la película, consejero y matones, más que en retratos que puedan tener interés. Una lástima, porque contaban como Bill Moseley haciendo de villano principal. Y quizá sea por ser la cara más conocida, o por haberse especializado en hacer papeles de loco peligroso, pero es casi el que mejor parado sale con menos metraje.

 
Contando con unas ideas bastante novedosas para el género de zombies, Exit Humanity resulta un poco decepcionante al no saber llevar mejor la narración, o no explotarlo todo lo que podrían. Pero no llega a ser un absoluto desastre y se queda en una forma de contar algo distinto en un género que, por mucho que  me guste, tiende a ser un poco limitado.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Las increíbles aventuras de H. P. Lovecraft V. Randolph Carter y la Ciudad del Sol Poniente

 
Un gato cualquiera, en las calles de Ulthar
 
H. P. Lovecraft es ese señor que ha escrito una de las mitologías más populares de la literatura de terror moderna, cuya figura ha pasado a convertirse en un personaje de ficción mas y con quien, básicamente, llevo dando la tabarra unas tres semanas a base de listar sus apariciones como protagonista en libros, comics y películas. Pero faltaba la más importante, que sería la escrita por el propio H. P. L. Él era muy aficionado a caracterizar a sus personajes con rasgos parecidos a los suyos (eruditos solitarios, asociales, y un poco racistas. Pero sus fans lo queremos igual), hay uno de ellos que sí sería su propia versión literaria. Se trata de Randolph Carter.
 

Además de contar con un trasfondo muy parecido al de su propio autor, este último opta por llevar un paso más adelante su fuente de inspiración principal, que eran sus sueños y pesadillas. De este modo, Carter se convierte en un estudioso, aislado del mundo, que tras descubrir un artefacto conocido como la Llave de Plata, es capaz de viajar al plano de los sueños. Allí se propone llegar a Kadath, la ciudad donde moran los dioses. Aunque a grandes rasgos este Carter podría definirse como un Howard Philips viviendo aventuras fantásticas en un mundo imaginario, en ningún momento llega a convertirse en una Mary Sue, sino que es seguramente, el personaje mejor caracterizado de todos los que escribió en su vida. Después de todo, la mayoría de sus protagonistas se pasan la vida amenazados, vapuleados y devorados por todo tipo de criaturas imposibles. Este sale mejor parado, pero tampoco iba a ser una excepción.
 Carter aparece en unos tres relatos y una novela corta. El tono de cada narración es muy distinto entre sí, porque según La declaración de Randolph Carter es una historia de terror al uso, con final sorpresa incluido, En busca de la Ciudad del Sol Poniente podría considerarse narrativa fantástica. Esta es la más interesante de los cuatro, no solo por su extensión, sino por su contenido y por su estilo de narración completamente opuesto a lo que uno se acostumbra en H. P. L. Se centra en los viajes de Carter una vez ha conseguido llegar a las Tierras del Sueño, y en cierto modo, no es que haya mucho argumento: el protagonista quiere llegar a una ciudad en concreto, y poco más. Pero en este caso, lo más importante es el viaje, que se describe como una sucesión de paisajes peculiares y de elementos que le gustaban al autor: la mitología clásica, la antigüedad, el lenguaje un tanto barroco, y Los dioses de Pegana de Lord Dunsany, que aún no he leído pero dicen que su estilo de fantasía fue la principal inspiración de H. P. L a la hora de escribirla.
 
Por lo visto, también hay comic
 
El componente puramente fantástico se nota tanto en la estructura de viaje iniciático del protagonista, como en el tono mucho menos amenazador en comparación con otros relatos. El protagonista pasa un par de apuros, pero es salvado en el último momento sin correr demasiado peligro e incluso algunos de los monstruos que aparecen en otros textos, aquí son menos peligrosos e incluso amigables. Además, algunos de ellos, y otros personajes de relatos anteriores, hacen una segunda aparición en estas Tierras del Sueño, lo que es bastante sorprendente: los lugares inventados por él, como Arkham, son un escenario habitual, pero no se espera que recuperara a personajes como el pintor Richard Pickman, al Rey Kuranes y a algún otro que también tiene su papel hacia el final de la historia.
 
Exceptuando las aventuras que podían esperarse en toda historia relacionada con un viaje, En busca de la ciudad del sol poniente no tiene una meta concreta: se limita a describir todo tipo de escenarios posibles y encuentros en un país imaginario. País, que por otra parte, es sorprendentemente bonito y poético. Se trata de una narración puramente fantástica, a la que no es posible buscarle un sentido ni una lógica porque, como pretendía su autor, no es más que un sueño. Pero la mejor forma de describir las aventuras de Carter es refiriéndose a ellas como una bonita historia, y que podría disfrutarse incluso por quienes no sean muy aficionados a los monstruos tentaculados ni a los horrores de otra dimensión. Además, después de terminarla, es imposible olvidar la descabellada invención de los gatos gigantes que viven en la Luna. Rarezas de un autor aficionado a los felinos.


lunes, 9 de diciembre de 2013

Las increíbles aventuras de H. P. Lovecraft IV. H. P. L. en el cine



La figura de Lovecraft no ha sido muy habitual en el cine. Y al igual que la mayoría de sus relatos, se ha limitado a producciones muy pequeñas y series B que, en el mejor de los casos eran modestas y bastante simpáticas, y en el peor, malas con avaricia.



 Necronomicon (1993). Dirigida por Brian Yuzna, esta película adapta tres historias basadas en los Mitos de Cthulhu: Drowned, The Cold y Whispers. Las dos últimas corresponden a los relatos Aire Frío y El susurrador en la oscuridad (esta última, de una forma muy libre), y la primera, es una invención en la que remezclan el tema de los muertos que regresan con la aparición de Cthulhu…que teniendo en cuenta el presupuesto de la película, va a ser un primigenio muy pequeño y muy de goma. En realidad esto es la norma general de la producción, que no hace gran cosa con los fondos de los que dispone: la manera de filmar es bastante desganada, tiene muchos de los defectos típicos de las series B que se rodaron en los 90 y los directores, más que ofrecer su visión de los Mitos, parecía que no tenían muy claro lo que estaban haciendo.

La mayor particularidad de Necronomicón es su estructura por episodios, en los que cada relato es una pieza introducida por el hilo conductor. En este caso, la llegada de H. P. Lovecraft a una biblioteca donde lee dichas historias del Necronomicón. Esta línea también tiene su propio desenlace, de ahí que la incluya como una película (relativamente) protagonizada por el escritor. Pero esta es igual de cutre que el resto: Jeffrey Combs es un actor bastante divertido, y apareció en muchas de las versiones que se hicieron en los 80 de Los mitos de Cthulhu. Pero su caracterización como Lovecraft vestido de Indiana Jones, leyendo historietas de un Necronomicon novelado, es bastante cutre. Para eso, me quedo con la explicación al libro que da Jesús Cañadas, bastante más original y coherente.



 La herencia Valdemar II. La sombra prohibida (2010). Un proyecto bastante ambicioso en el cine español que les salió mal…aunque no todo lo mal que se empeñan muchos. De entrada, se rodó sin subvenciones, algo que en España es algo muy raro. Y además, contaba con un presupuesto bastante holgado para contar lo que quisieran acerca de Cthulhu. Y con esto ya debe ser lo más raro que han hecho en este país en un par de décadas. Por desgracia, la película tuvo bastantes críticas, y mirándola objetivamente, no era lo que prometía: el argumento es bastante caótico, y más que una historia sólida, acaba dando la impresión de haber adaptado el argumento de una partida de la Llamada de Cthulhu pensando que a los espectadores les iba a gustar tanto como sus jugadores: personajes por todas partes, gente que desaparece, señores misteriosos que encargan misiones todavía más misteriosas, un montón de pistas falsas o indicios que no se usan para la trama, sectarios, y unos cuantos cameos de personajes históricos, desde Aleister Crowley hasta Lizzie Borden, pasando por H. P. Lovecraft. En bici. Y si esto último suena extraño, todavía lo es más ver a Crowley hablando castellano. No sé a qué escuela de idiomas habría ido el personaje pero lo domina mejor que muchos que nacimos en él.
 
 La aparición de H. P. L. en este caso, es muy breve, limitándose a uno de esos cameos en los que practicamente tiene que aparecer todo el personal conocido en los años veinte. Pero aún con lo breve, está muy bien interpretado: la figura espigada de Luis Zahera, hablando castellano con un marcado acento estadounidense, y previniendo a los malvados de lo que sucederá si continúan con sus invocaciones, es lo bastante memorable como para haber preferido para él un papel más extenso y no solo un par de minutos. 

Tres años después de su estreno, las críticas con ella me siguen pareciendo bastante injustas. Será porque una filmación de género fantástico sin contar con el dinero oficial tiene mis simpatías, o porque directamente, me divertí con ella, que de eso era de lo que se trataba. O porque he visto películas mucho peores que, quizá por no haber despertado tantas esperanzas, no se cebaban con ella. Lo que sí comunicaba La herencia Valdemar era mucha ilusión por lo que querían contar, e incluso un cameo del difunto Paul Naschy. Los comienzos son difíciles, y no hubiera estado mal que esta película diera lugar a una tercera, de la misma temática o no, en la que se pulieran sus defectos.

Hay otras películas que no cuentan con Lovecraft como personaje, pero sí como alguien real dentro del argumento y al que hacen referencia de distintos modos. La más extraña, y cómica, es The Last Lovecraft. Es una de esas comedias que van por el lado friki, en la que lo más desconcertante, además de la aparición de un montón de híbridos de hombre y pez, es su protagonista: nada menos que el último descendiente de H. P. Lovecraft. Algo que, teniendo en cuenta su divorcio con Sonia Greene, es bastante desconcertante. La parte cómica no es especialmente brillante, aunque sí es interesante por lo marciano del argumento, y especialmente por la buena caracterización de los monstruos que aparecen en ella. Incluido un sectario de Cthulhu con tentáculos y bermudas.

 

Aunque quizá la adapción más rara que he podido encontrar ha sido Providence, de Alain Resnais. Se supone que es una versión muy libre del universo de H. P. Lovecraft, y que su protagonista también sería un trasunto de este…igual de libre y de poco parecido al original. Solo puedo asegurar que es interesante como muestra de buen cine, y eso, de una forma muy relativa. A día de hoy todavía estoy intentando entender qué era lo que querían contarme en ese guión.

jueves, 5 de diciembre de 2013

Las increíbles aventuras de H. P. Lovecraft III. H. P. L. en los comics


 
 
Los homenajes a la figura de Lovecraft no se quedó unicamente en la literatura. Los Mitos de Cthulhu han aparecido en las viñetas en muchas ocasiones, desde las versiones de relatos que hizo Alberto Breccia, muy clásicas y destacables por su estilo de dibujo, hasta otras de Alan Moore que…bueno, es Alan Moore con todo lo que ello implica. Por eso su autor no podía faltar, y menos en un medio que da para narrar historias de una forma distinta a la que permitiría una novela, y quizá por eso es por donde se pueden encontrar las más peculiares, o incluso las que derivan hacia la fantasía y el humor.

 


Hans Rodionoff, Keith Giffen y Enrique Breccia. Lovecraft. Esta narración es de las más parecidas a las novelas en las que aparece H. P. L. Se trata de una historia de terror en toda regla, en la que el escritor, aterrorizado por pesadillas bastante reales desde niño, hereda el Necronomicón que se encontraba en la biblioteca de su abuelo. Este libro parece estar muy relacionado con su familia y con la muerte de su padre en un manicomio. Y sus pesadillas no se quedan en simples malos sueños, sino que parecen ser la habilidad de moverse entre distintos mundos.  A lo largo de su vida como escritor, el libro seguirá presente hasta que no le quede más remedio que atravesar una vez más ese mundo poblado por monstruos si quiere salvarse.  Si Alberto Breccia es uno de los nombres más conocidos a la hora de adaptar los Mitos al comic, a su hijo hay que reconocerle que no tiene nada que envidiar.  Quizá no sea coincidencia que uno de sus trabajos esté relacionado con H. P. Lovecraft, pero este es excepcional: su forma de dibujo, y el color artesano, le da una textura muy adecuada al cómic, y su forma de dibujar un tanto grotesca no se queda limitada a los monstruos. Breccia no se caracteriza por dibujar personajes especialmente agraciados, y su Lovecraft, sin haber sido un personaje real muy atractivo, es sorprendentemente feo y entrañable a la vez.

 

El guión, tratándose de una historia bastante clásica dentro del tema, es bastante más equilibrado que muchos otros homenajes, al menos, a la hora de hacer aparecer secundarios: sale el círculo más cercano, como podría ser la madre del escritor, sus colegas y Sonia Greene, con la que a estas alturas debe formar la pareja más incómoda de toda la historia de la literatura. Pero, por el carácter un poco más intimista de la historia, el resto de cameos se ven reducidos al mínimo, exceptuando uno de Houdini que tampoco sé muy bien que pinta, quedándose con una historia de terror lovecraftiana como pocas.

 


José Oliver y Bartolo Torres. El joven Lovecraft. Nacido como un webcomic, las tiras de estos dos autores cuentan de una forma humorística cómo sería la infancia de H. P. L…si muchas de sus invenciones fueran ciertas. Así, el pequeño Howard no duda en invocar al Necronomicon para deshacerse de un matón del colegio, visita la tumba de Edgar Allan Poe montado en un Byakhee o es perseguido por un perro de Tindalos.

 
Esta visión de Lovecraft es bastante libre, e influenciada en algunos detalles por los estereotipos de la literatura infantil: Howard es un niño huérfano que vive con sus tías, que nunca aparecen en la viñeta (aunque otros adultos sí), es bastante patoso con las chicas, y a Siouxie, la nueva niña del colegio, le cuesta bastante hacerse amigo suyo pese a tener sus mismas aficiones. Es algo normal teniendo en cuenta que la idea era contar las aventuras de Lovecraf si este fuera un personaje infantil, aunque pensado para el sentido del humor de los adultos. La versión de muchos personajes, y el diseño de este, es bastante libre e influenciado por elementos de la cultura popular, que aparecen en la mayoría de viñetas: si los perros de Tíndalos son literalmente Perros, el diseño y comportamiento de uno de los monstruos es bastante similar al de un Pokemon, cosa que encuentro bastante graciosa por la mezcla imposible de épocas y referencias. De estas, las hay a montones, que pueden ir desde la música a la literatura, y solo hay que pensar en el nombre de su amiga, en la trama en la que Lovecraft fabrica un golem…o el cameo del Rey de los Goblins Jareth en un dibujo de Escher.

El guión fue mejorando a medida que los autores se iban aclarando en lo que querían contar, especialmente en el tema del humor, un tanto chusco al principio. Y según el personaje iba tomando fama, hasta poder ser publicado en papel, las tramas de cada tira fueron haciéndose más complejas e incluyendo historias más largas que la que anunciaban las primeras.

 


Estas versiones no son algo reciente: aunque se base más en Alberto Breccia, a mediados de los ochenta Brocal y Segura hicieron un comic titulado El otro necronomicón, partiendo de un supuesto manuscrito de relatos atribuido a H. P. Lovecraft, del que adaptan varias de sus historias. En ellas, solo una aparece Lovecraft como protagonista, muy en plan detective, pero el resto es interesante, tanto por el dibujo, como por un par de personajes que crean, y sobre todo, por el humor negrísimo a la hora de narrar la historia que concierte a sus autores. El mayor defecto seguramente sea la época en la que se escribió: como buen comic de Tountain, no pueden faltar la correspondiente cantidad de macizas (no hay una sola chica fea. Ni plana) y unas cuantas teticas para animar alguna que otra viñeta. Pero son cosas de la época, y este Otro Necronomicón, es al menos, una curiosidad interesante.
 
 
 

lunes, 2 de diciembre de 2013

Las Increíbles aventuras de H. P. Lovecraft II. Jesús Cañadas y Los nombres muertos


 
H. P. Lovecraft es un escritor que se ha convertido en personaje de sus propias obras. O no exactamente de las suyas, sino de las que se escribieron posteriormente utilizando el mundo creado por él. Aunque esto no es tan novedoso como parece, y H. P. L ha sido protagonista en más de una ocasión, Jesús Cañadas ha sido uno de los últimos autores en utilizar al escritor de Providence y a varios de sus colegas como protagonista en una historia muy relacionada con los Mitos de Cthulhu.

 


Los Nombres Muertos presenta a estos personajes en una situación muy similar a la de los protagonistas de los relatos pulp que escribían: una millonaria moribunda contacta con Frank Belknap Long solicitándole que encuentre el Necronomicon. Pero hay un problema: ese libro de hechizos no existe, sino que es una invención de su amigo H. P. Lovecraft, y la ficha de biblioteca que le presentan como prueba no es suficiente. Lovecraft no se toma la oferta en serio, hasta que esta se convierte en la posibilidad de un viaje a Londres donde supuestamente se subastará un ejemplar. Junto a Long y Robert E. Howard, la visita a Londres implicará secuestros, el reencuentro con Sonia Greene, exmujer de H. P. L, e incluso una expedición a Damasco, donde según la historia, Abdul Alhazred escribió el Necronomicon. Y si personajes como Arthur Machen, Aleister Crowley o miembros del mismísimo partido nacionalsocialista alemán intentan conseguir el libro, las dudas sobre su invención se hacen cada vez mayores.

 


Este hombre es el culpable de que olvidara poner la lavadora y se me enfriara el té durante toda una semana

Si hubiera que escoger lo mejor de toda la narración, sería el propio H. P. Lovecraft. Se ha escrito mucho sobre él, y con él de protagonista, pero nunca había encontrado una caracterización que se pareciera no solo a lo que se sabe de él, sino a la idea que muchos teníamos sobre el escritor. Especialmente en sus diálogos, en los que también se hace algo de mofa a su afición por los adjetivos y las palabras tremebundas. El Lovecraft de Cañadas se presenta como un personaje que parece vivir en su mundo de fantasía: habla y se comporta de modo anacrónico, y con cada una de sus reacciones intenta negar el entorno real que lo rodea. En muchos de sus diálogos me dio la impresión que su estereotipo en el siglo XXI sería el típico friki que vive en el sótano  de sus padres y se pasa la vida en Internet…y precisamente es esto lo que lo hace tan divertido. Además evita un defecto bastante habitual cuando se toma a este escritor como protagonista: cualquier acto heroico brilla por su ausencia, se pasa la mitad del libro siendo arrastrado de un lado para otro (o protegido por su mujer) y a medida que el peligro aumenta, dan ganas de darle un par de collejas para que espabile. El avance de forma tan fluida de la adoración del lector a la tirria y al respeto final  demuestra que su caracterización funciona, y que no se limita a ser el escritor favorito de los fanboys como protagonista de una aventura imposible.



H. P. L y Sonia Greene
 
El desarrollo de la narración, al menos hasta la segunda parte, también es fluido: el comienzo es casi un homenaje a los lectores, con un grupo de escritores pulp buscando un libro que no existe, siendo secuestrado por un grupo de sectarios e incluso estrellando un coche en una subasta de Londres. Esta diversión va diluyéndose a medida que su aventura se vuelve más peligrosa: en más de una ocasión estos escritores se dan cuenta de la diferencia entre cómo reaccionan ante la violencia y cómo lo harían los personajes de sus relatos, y a partir de la muerte de uno de ellos, junto a la evidente inutilidad de Lovecraft en cuestiones prácticas, hace que la historia pase de la diversión a un tono mucho más oscuro, incluido un cierre que, aunque me desconcertó para mal en un principio, me pareció un poco después una forma de concluir la historia muy novedosa. La mención a los Mitos de Cthulhu es bastante ambigua, exceptuando toda la búsqueda del Necronomicón que los protagonistas consideran cosa de fanáticos. Y de todo lo que sucede, no llega a quedar claro si tiene una explicación lógica o realmente hay un componente sobrenatural.  

 
Toda la acción que en un principio, parecía el colmo del dinamismo y  la diversión, acaba volviéndose en contra de la narración a partir de la segunda mitad del libro. simplemente, pasan demasiadas cosas, los viajes que hacen los protagonistas buscando pistas sobre el libro empiezan a hacerse excesivos (o peor, parecen jugadores de La llamada de Cthulhu desorientados) y, con unos personajes perdidos en Damasco, otros en Portugal, más unos cuantos que no se sabe muy bien qué pretenden, la historia se va de las manos y se acaba pidiendo un poco de calma, o al menos, que los protagonistas y el lector tengan un respiro para asimilar lo que ha pasado. Esto también se extiende a la aparición de personajes secundarios, donde practicamente todos los que hacen aparición tienen  que ser famosos de la época: Crowley, Arthur Machen, Charles Fort e incluso el propio Hitler buscando el Necronomicón…¡si es que no falta un nazi en ninguna merienda!  Por suerte, la mayor reunión de caras conocidas se queda para un capítulo concreto, donde las apariciones de Dalí, Hitchcock o el propio Tolkien son poco más que cameos y están mucho mejor localizadas. De los personajes anteriores no puedo decir lo mismo, porque la mención de estos casi parece obligatorio en este tipo de libros. Puestos a pedir, hubiera preferido que en lugar de Crowley en Londres hubieran tenido un encuentro con Jean Ray en alguna taberna de Gante…con lo peculiar y fantasioso que era este escritor, habría dado bastante juego.

 
Los nombres muertos es uno de esos libros que no me hubiera gustado a los 16 años, sino que lo hubiera adorado: nada me habría hecho más feliz que ver a mi escritor favorito convertido en un protagonista más de sus relatos, tan vivo como puede serlo un personaje literario. Hoy, me ha gustado mucho. Y el que mis niveles de fangirlismo se hayan rebajado un poco, es lo que ha impedido que diera gritos de alegría con las frases lapidarias de H. P. L y las chulerías de Robert E. Howard. Eso sí, 560 páginas y ni un solo gato ¡Con lo que Lovecraft le gustaban los gatos!

 

jueves, 28 de noviembre de 2013

Las increibles aventuras de H. P. Lovecraft I. Richard A. Lupoff y El Libro de Lovecraft


 
Uno de sus ensayos fue un texto alabando la elegancia de los gatos.

Algo pasa con Howard Phillips Lovecraft. Un escritor de relatos y novelas cortas para revistas de a duro, en plenos años veinte, se convierte en un referente de la literatura de terror posterior. Sus criaturas, ciudades y libros de magia, en un universo propio a la altura de la propia Tierra Media de Tolkien o del Sherlock Holmes de Conan Doyle (además, en más de un pastiche a este también lo han mezclado con el mundo de Lovecraft). Es cierto que no fue solo obra suya, que sus colegas escritores aportaron nuevos elementos, y que fue August Derleth quien puso más empeño en sacar adelante su producción tras su muerte. Pero de poco valdría este esfuerzo si no fuera por el talento, o la fascinación que este acabaría despertando en sus lectores. Fascinación bastante contagiosa, porque no puedo evitar emocionarme cuando veo a algún chaval de 15 años interesándose por el autor o preguntándome por cual debería empezar. Sí, queda un poco rancio, pero si no me siguiera gustando, ni me habría leído toda su bibliografía, unos cuantos pastiches, ni estaría escribiendo esto.

 


Hoy, lo que más me sorprende, incluso más que los Mitos de Cthulhu o cómo el Necronomicon, ese libro de hechizos inventado, llegó a figurar como ficha en alguna biblioteca, es la figura del propio Lovecraft. Y cómo un tipo, al que describen como recluso, asocial, racista hasta el extremo, amante de los gatos (solo por eso me cae el doble de bien), pero también con un gran sentido del humor y buen amigo de escritores como Robert E. Howard llegó a convertirse en parte de los propios Mitos de Ctulhu. Muchos autores se animaron a incluir no solo a los monstruos creados por él, sino al propio escritor como parte de este universo. Esto es algo que se ha dado con otros escritores: Edgar Allan Poe resolvía crímenes en The Raven, del 2011 y Franz Kafka se enfrentaba a sus pesadillas burocráticas en La verdad oculta (película que recomiendo, y mucho). Pero estos son casos muy puntuales y no han llegado a tener el carácter tan habitual como el de H. P. Lovecraft, que ha debido aparecer como protagonista o personaje, en más de una docena de libros, comics y películas, que recuerde. Algunas, por desgracia, malas con avaricia, y eso que en Necronomicon, era Jeffrey Combs el que se encargaba de interpretarlo….disfrazado de Indiana Jones y leyendo historietas del propio libro de los muertos como si de un tebeo de Cuentos de la Cripta se tratase.

 


Al empezar a leer Los nombres muertos, de Jesús Cañadas, me acordé de todas estas apariciones anteriores del autor, y en concreto, de un libro en el que H. P. L. también aparecía como protagonista en una historia un tanto improbable.  El libro de Lovecraft, de Richard A. Lupoff, opta por un argumento realista, olvidándose de los Mitos y de cualquier elemento fantástico…aunque ahí se queda el realismo. En realidad se trata de una novela de aventuras y un poco de ciencia ficción. En ella, Lovecraft recibe la oferta de publicar sus cuentos en volúmenes, con el reconocimiento y los ingresos extra que esto implica. A cambio, tendría que escribir un manifiesto de carácter fascista que debería convertirse en el Mein Kampf estadounidense. Sabiendo las tendencias xenófobas del escritor, un poco idealizadas por él, no le parece una mala idea. Pero sus compañeros conocen un poco más estas corrientes que se desarrollan durante los años treinta, y no dudarán en advertirle contra su benefactor. El cambio de opinión a este último no va a sentarle muy bien.

 


Después de haber visto y leído bastante material de carácter fantástico, la novela de Lupoff resulta bastante más original: no recurre a mezclar realidad y ficción sino que crea una aventura protagonizada por un escritor de novelas pulp, que resulta ser el autor al que todos conocemos. Y, al menos hasta la parte final, esta resulta bastante adecuada a cómo podría comportarse un tipo normal (tirando a raro) ante una situación que pasa de convertirse en algo corriente, relacionado con temas políticas, a un escenario pulp con espías, persecuciones e incluso secuestros que, tomando como base la historia oficial, nadie acaba conociendo excepto los propios personajes. Pero estos tienen un defecto: la aparición excesiva de gentes  relacionadas con el protagonista: escritores pulp, su exmujer e incluso el propio Houdini (para quien H. P. L trabajó como negro y describe como un tipo insufrible). Era de esperar que en una historia ambientada en esta época concreta, aparecieran sus allegados, pero lo de recurrir también a famosos, u otros que poco tuvieron que ver, es un truco que no funciona muy bien. El propio Lovecraft, aunque tiene una caracterización bastante correcta, resulta bastante neutro a la hora de actuar y hablar, por lo que se hubiera agradecido algo más de esfuerzo a la hora de darle vida a su protagonista.

Aún con sus defectos, cuenta con detalles que me parecieron tremendamente divertidos, tiene muy buen ritmo y el hecho de que todavía la recuerde pese a haberla leído hace unos nueve años habla a favor de ella. Y si me he enrollado tanto hablando de Lovecraft, es porque en un principio pretendía hablar al menos de dos de los libros protagonizados por el escritor, pero con todo esto, la entrada se me ha alargado un poco.

 

 

 

 

lunes, 25 de noviembre de 2013

El día en que el Doctor cumplió 50 años. Cuidado que me enrollo.



Desde ayer por la tarde, el Doctor Who se ha convertido en una de las series más longevas de la televisión. También es una de las que más fandom ha ido moviendo, cuando términos como geek o friki no se habían generalizado o eran despectivos. Y también se trata de una de las producciones que mejor mezcla la ciencia ficción sin complejos con el género de aventuras, de fantasía, e incluso el terror para sus espectadores más pequeños. Pero si me pidieran una sola razón por la que me parece tan especial, es por tratarse de la primera serie de tv que recuerdo. Igual exagero y solo es una de las primeras, pero la imagen de un tipo de bufanda kilométrica entrando acelerado en una cabina de color azul fue suficiente : estuve pendiente todo lo que me fue posible de aquella serie desconocida que emitía una televisión autonómica. Entonces tenía todo lo necesario para que no perdiera detalle: cosas que aparecían, desaparecían, argumentos imposibles (y que entonces no entendía muy bien. Pero tenía monstruos a mogollón. Y a mí me gustaban los monstruos) y un montón de efectos que entonces me parecían el colmo del despliegue de medios.



Desde entonces, al Doctor Who le ha pasado de todo: unas cuantas regeneraciones más, una cancelación, su vuelta en 2005 gracias a Russell T. Davies y su siguiente etapa con Steve Moffat. Es a Moffat y a Matt Smith como Undécimo Doctor a los que les ha correspondido el especial del cincuenta aniversario. Un aniversario que se celebra por todo lo alto, con la serie de la BBC siendo más popular que nunca y con los fans esperando que este sea el mayor acontecimiento en la historia de la serie. A nivel técnico lo ha sido: no solo han recurrido a las 3D, sino que dispuso de un despliegue de medios que no habría podido imaginar con el doctor que conocí. Y lo mejor de todo es que a nivel argumental, también.

 


Es difícil contentar a los fans con un acontecimiento tan específico, y más tras poner los dientes largos todo lo posible con los webisodes y los trailers. Pero los episodios especiales anteriores habían sido bastante normales. Recurrían bastante al truco de juntar a un par de doctores en un guión que, a grandes rasgos (y por los que recuerdo de haber visto), no tenía nada en especial, siendo más un episodio alargado que otra cosa. Desde un principio prometieron que no sería el caso: el aniversario resolvería por fin la trama de las Guerras del Tiempo, y de cómo el Doctor llegó a eliminar su planeta. Aunque también prometían que contarían con Tennant, Smith y Billie Piper, la primera acompañante. Con Eccleston, por desgracia, no, porque a estas alturas ya sabemos como es este hombre.

 

En cambio, el especial mantuvo durante una buena parte esa sensación de ser episodio largo: el 11º Doctor es reclamado por UNIT, dando lugar a las dos tramas principales: el enfrentamiento con unos enemigos de toda la vida como son los Zygons, y su reunión con el 10º Doctor y aquel que participó en las Guerras del tiempo.  La primera resulta bastante chocante, después de esperar algo a la altura de los 50 años, y encontrarse con unos alienígenas a los que no se les había visto en tres décadas, que conservaban un aspecto plasticoso típico de la serie clásica. Esto se mezclaba con un exceso de chistes a costa de Isabel I bastante cansina, y que hace bajar la guardia hasta una segunda parte en la que sí cumplen con las expectativas. No sé si ha sido un fallo del guión o lo plantearon de esa forma, ha sido una decisión bastante astuta, aunque la estiraron demasiado.

 
Donde unos ven un alienígena con ventosas, otros lo ven en con aceite y pimentón rojo por encima

Esta segunda parte se centra exclusivamente en los conflictos de los tres Doctores y en el tema de los puntos fijos en el tiempo, planteados por la serie. Durante siete temporadas el Doctor estuvo marcado, en menor o menor medida, por los acontecimientos de la Guerra y la desaparición de su planeta. Cada uno de ellos lo afronta según su personalidad, dando lugar a ciertos conflictos entre estos y de bastante desesperación por parte del doctor encarnado por John Hurt: desconocido para los espectadores, tiene un carácter mucho más serio y adulto que sus regeneraciones posteriores, tema que tampoco dudan en explotar durante el especial. En muchos diálogos hay bastantes referencias sobre la madurez, crecer, y especialmente, a la actitud infantil de unos doctores que afrontan a su manera el haber eliminado a una especie.

 Aunque hace un par de temporadas se mencionaba la intención del Doctor de empezar desde cero, es en el especial cuando se lleva a cabo: si las guerras del tiempo aparecían como un hecho cerrado, aquí se demuestra que no tiene por qué ser de esa manera, dándole un nuevo giro y un final mucho más esperanzador. El nuevo Doctor, aunque no haya habido regeneración todavía, puede volver a su hogar, ahora que se le ha ofrecido la posibilidad de salvar a su planeta. No es un mal comienzo para despedir a Matt Smith, que ha cumplido muy bien su papel, y cederle el turno a Peter Capaldi.

 

En cuanto al tema de las apariciones y la forma de incluirlas, también ha sido de lo más acertado. Recuperan la cabecera del principio e incluso la primera secuencia de la serie, fusionándola con la aparición de Clara Oswald y su reunión con el Doctor. Además, consiguieron escapar de la trampa de juntar actores, que aquellos con los que contaron fueran necesarios e incluso con hacer aparecer también a todas las encarnaciones del Doctor. No se echa de menos a Eccleston, porque con la interpretación de John Hurt fue suficiente, y en cuanto a Rose, la aparición de Billie Piper es bastante breve. Probablemente esta es la que sale peor parada, casi como un cameo interpretando a la interfaz de un arma. Pero, teniendo en cuenta cómo resolvieron la historia de este personaje, tampoco podía exigírsele que volviera aparecer como tal, y la opción del cameo fue lo más acertado. Aunque para apariciones más breves, la de Tom Baker, tanto la del final como el guiño que hacen a su famosa bufanda. Un detalle bastante simpático, teniendo en cuenta que no había quedado en muy buenos términos con la serie.

 Con sus fallos del principio, no podría haber quedado más satisfecha con El día del Doctor. Esperaba un final deprimente, la despedida de Matt Smith quizá descubrir que la encarnación desconocida del Doctor era más desagradable que los anteriores. En cambio, cierran el ciclo que sirvió de comienzo a la nueva etapa de la serie y supone el mejor aniversario y despedida que podría haber tenido un Doctor.

 

jueves, 21 de noviembre de 2013

La morada del miedo (2005). Una casa embrujada muy tópica



Antes de que James Wan trajera de vuelta a los Warren, otro de sus casos había saltado al cine hace unos cuantos años. A ellos no se los menciona, por ciertas cuestiones entre estos y la familia Lutz, presuntas víctimas de los fenómenos paranormales. La casa embrujada de Amityville había dado a sus dueños bastante dinero con un caso plagado de demonios, apariciones, y hasta una tormenta, propia de cualquier cuento de terror y un sospechoso tufillo a invención, muy pensada para sacar dinero con un libro y los derechos derivados de estos. Aunque, solo con lo que había detrás de todo el fraude, hubiera dado para una novela policíaca bastante entretenida.

 


El negocio funcionó, y lo que empezó con un libro y unas cuantas apariciones en documentales sobre misterios sin resolver, continuó con una versión cinematográfica en 1979 más unas cuantas decenas de secuelas sobre la casa malvada y su mobiliario. Hasta que en 2005, y relativamente olvidado el tema, la casa de Amityville volvió al cine de terror en una época en la que en este género había tirado de remakes a más no poder. Esta versión retomaba el caso inicial: la familia Lutz se muda a una casa en Connecticut, cuyos anteriores dueños habían sido asesinados por el hijo mayor de este. Las esperanzas de la familia en el nuevo hogar no duran mucho, y la relación entre sus miembros empieza a empeorar a la vez que algunas presencias se manifiestan por la casa: la hija pequeña habla con una amiga imaginaria, quien la empuja a comportamientos tan peligrosos como subirse al tejado o pasearse por un embarcadero. Y el comportamiento del cabeza de familia es cada vez más parecido al del asesino que había vivido en la casa. Pero la historia de la casa parece remontarse siglos atrás, con su propietario original, y la tortura y asesinato de varios indios.

 

La única forma de ver esta película es tomándosela como un telefilme de los que ponen los domingos por la tarde: te sientas en el sofá, la ves, y pones el piloto automático hasta que salgan los títulos de crédito. El planteamiento es el típico en el género de casas encantadas, pero su desarrollo es predecible y poco original a más no poder: la presentación de la familia es bastante plana, los críos no despiertan mucha simpatía y Ryan Reynolds parece salir en el papel para cumplir con el público femenino como marido macizo. Practicamente no hay secundarios y la aparición de estos es bastante vergonzosa por lo tópico de sus situaciones. Especialmente en el caso de la canguro, un personaje bastante innecesario, que acumula casi todos los tópicos de la primera mitad de la película y parece salir unicamente para cumplir el papel de primera víctima de los fantasmas.

 
 


Como decían en Muchachada Nui: "¡Raaah! ¡Sustaco!
 
El desarrollo tampoco se salva: practicamente es una recopilación de secuencia vistas anteriormente y cuya estética parece saqueada de todo tipo de películas clásicas, desde El resplandor hasta Hellraiser, y esto último es bastante complicado. Tampoco hay mucho suspense, sino que las apariciones de los fantasmas parecen más un screamer que algo planeado: se sube el volumen y aparece una figura pálida que desconcierta bastante a los protagonistas, y solo un poco al público. A la tercera vez, la idea de tener que reformar y limpar semejante caserón me parecía mucho más inquietante que todo el asunto de los asesinatos, las almas en pena y el tremendo pasado que los guionistas se empeñaban en contar.  

 
 
Lo típico de cualquier mañana: ponerse a cortar leña en pijama enseñando abdominales
 
El tiempo no ha tratado bien a esta última versión de Amityville. Se han estrenado muchas otras películas, incluso de serie B, mucho más variadas e interesantes como para tener esta en cuenta. Claro que las hay peores, pero esta se queda en una bastante normalucha.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Lecturas de la semana. Por entregas (I)


 
Esta semana, cambiamos de género. Después de una media docena de libros de terror había que variar, y si hay otro género que me divierte, pero que hasta ahora no había podido acceder mucho a él por lo viejuno de las ediciones, es el folletín. Vamos, las novelas por entregas o los libros populares de finales del siglo XIX y un poco más adelante. Hoy las que más se recuerdan son las de personajes populares como Fantômas o Rocambole (este último, queda para la siguiente entrada), aunque tampoco faltaba el correspondiente sector de romances trágicos y secretos familiares. También es cierto que incluir estos dos libros en esta categoría no sería correcto, pero la temática es relativamente parecida, y por algo se empieza.

 


Emilio Carrere. La copa de Verlaine. Si La Torre de los Siete Jorobados sí se acercaba más al folletín, esta recopilación de textos es una visión de la escena bohemia que se paseaba por Madrid a principios de siglo. En realidad esta era de todo menos glamorosa y creativa, porque el retrato que hace, con humor y picaresca en unos casos, y con drama y tristeza en gran parte de ellos, refleja lo que podía verse en las zonas menos respetables de la ciudad: desde poetas principiantes, mendigos, y oficinistas sin recursos. Aún con ciertos homenajes, porque La Copa de Verlaine se abre con un texto dedicado al poeta, y un capítulo dedicado a Edgar Allan Poe, la mayor parte de este se lo dedica al mundo de las tertulias nocturnas que el escritor conoció en su momento.

Tampoco falta la crítica, especialmente al referirse a los grupos de malvividores que se mezclan entre los escritores, viviendo a base de préstamos y de bastante cara, y especialmente, de los libreros y los editores, e incluso de algunos traductores sin mucha idea.

El libro es disfrutable tanto por su escenario como por su estilo literario. Con el tiempo me acostumbré (y disfruté) a narrativas bastante directas, sin florituras y sin más interés que contar la historia, para bien o para mal. Carrere es el primer escritor modernista que he vuelto a leer sin la sombra de la profesora de literatura amenazándome tras un examen: no falta un lenguaje mucho más elevado que el habitual, unas cuantas palabras que hace mucho que no encuentro en el diccionario, y un lirismo que acompaña a todo el escrito, sin resultar recargado en ningún momento. Además, es divertido encontrar a personajes literariamente respetables como Valle Inclán o Antonio Machado entre las tertulias que describe..Especialmente cuando cuenta que este último vendía sus libros para pagarse los cafés. Esto en clase no me lo habían contado…

 

No encontré la portada del otro pero esta es bastante significativa
 
Eugene Joliclerc. Le Sang. Este debe ser el primer autor del que no he encontrado nada en Internet…al menos, que se refiera a su biografía, porque algunos de sus libros todavía pueden encontrarse en google books. Por eso no sabía muy bien qué iba a encontrarme cuando empecé a leerlo, y más teniendo en cuenta que el resto de sus novelas tenían nombres como “Fausse Volupté”, “Au Harem” o “Une Femme du Monde”. No tenía muy claro si había dado con los equivalentes de 1900 a 50 sombras de Grey, pero Le Sang es más bien un novelón trágico y romántico para las señoras de la época. Y eso implica que su argumento y muchas de sus situaciones y diálogos son cliché, en el mejor de los casos, y anacrónicas en el peor.

La historia empieza con la baronesa de Gainville, en Normandía, adoptando a una pequeña huérfana, e hija ilegítima, con la que colma su deseo de ser madre. Esta, al crecer, se promete con el sobrino español de su madre adoptiva, Gervasio de Cienfuentes (igual para los lectores francófonos el nombre es el colmo de lo exótico), pero esta se encuentra dividida por sus orígenes humildes, que la alta sociedad le recuerda continuamente, y la aparición de su amigo de la infancia, a quien todavía no ha olvidado.

 Para ser una de esas novelas que ocupan una década, es bastante breve. Debe ser porque el autor recurre al truco de matar personajes al final de cada capítulo y hacer que pasen veranos, o quinquenios, como le vaya mejor para poder terminar el argumento. De este, y las situaciones que desarrolla, son tópicos puros hasta el punto de ser pura comedia involuntaria: los nobles van por ahí adoptando alegremente, las mujeres estériles lloran y se emocionan mucho con cualquier cosilla. Y los médicos…esos son harina de otro costal. Porque en todo buen drama no puede faltar uno que suelte perlas como confundir una insolación con una angina de pecho, o diagnosticar las fiebres que sufre la protagonista como una depresión causada por el calor de Biarritz (como vecina habitual del Termómetro de los 50 Grados,  he encontrado esto particularmente cómico).

Desde luego, si me hubiera aburrido, no lo habría terminado, ni tan rápido. Pero el estilo estaba muy pensado para abarcar a un público muy amplio, y es asombrosamente simple, tanto en narración y gramática como en vocabulario, como para ser uno de los textos más sencillos que he leído en mucho tiempo.

jueves, 14 de noviembre de 2013

GI Joe: La Venganza (2013). Cosas que explotan. Y poco más



A la hora de hacer caja en los cines, el factor nostalgia es uno de los sistemas más fáciles. Los ochenta van quedando lo suficientemente lejos como para que todo lo que ofreció esta década empiece a ser atractivo. Y como para que los miembros de esta generación puedan gastarse el dinero en lo que ofrezcan los estudios. Esto no se queda en remakes de series de tv o películas como fueron El equipo A o Karate Kid, sino a los juguetes y su merchandising. Y los GI Joe, junto con los Masters del Universo, debieron ser de los más populares entonces. Tanto, que los primeros tuvieron su película en el 2009, una historieta muy poco complicada, llena de vehículos imposibles, peleas, ninjas y un par de trasfondos actualizados para los personajes principales. El resultado fue un episodio de los dibujos, en imagen real, pero igual de entretenido y poco complicado que la serie que lo inspiraba. Vamos, que no era una película muy buena...no, era tirando a floja. Pero entretenida. Y desde luego a algo basado en unos muñecos no se le puede pedir que sea un clásico del cine.

 


Como en toda franquicia, si una idea funciona, toca explotarla. Y en GI Joe Retaliation los protagonistas continúan con sus misiones mientras los principales miembros de COBRA han sido encarcelados. Bueno, y mientras Snake Eyes, el ninja del equipo, anda por ahí supervisando las pruebas de acceso de su prima a los GI (tal cual. Pero ahí en vez de superar pruebas físicas tienes que enfrentarte en duelo con katanas). Pero hay algo que ellos no sospechan: el presidente ha sido suplantado por un integrante del grupo terrorista, experto en el disfraz, que pretende deshacerse de ellos para poder amenazar al mundo con una peligrosa arma.



Sin ser fan de los dibujos, sí vi unas cuantas repeticiones como para que me hiciera gracia la idea de una película sobre ellos, de ahí que la primera respondiera a las expectativas. Pero esta segunda parte, no han terminado de acertar. Por un lado, cuentan con un argumento más simple que el mecanismo de un chupete, del que cae simpático solo por recordar las películas de acción de entonces. Esta no tiene más que unos personajes bastante planos, una trama imposible, y unos cuantos cientos de explosiones entre naves y armamentos complicados. A ratos se hace excesiva, dependiendo de lo que guste la pirotecnia, y a ratos, se disfruta a base de tomársela a broma. Porque, ¿de qué  otra forma se pueden ver a un grupo de tíos con una caracterización digna de los carnavales, peleándose y soltando frases chorras? Secuencias como las del malvado comandante Cobra amenazando a los líderes mundiales con su Satélite de Destrucción Masiva hacen pensar que esto no se trata sino de otro episodio de la serie, alargado y agrandado de acuerdo a lo que se estila hoy. Por otro lado, la trama de los ninjas, que básicamente consiste en estos yendo de un lado a otro, peleándose y arreglando esos temas suyos de venganzas y maestros asesinados, hasta que parecen acordarse de encontrar al resto de personajes y terminar la película. con un guión tan pobre, este no fue el recurso más adecuado: no funciona, y más bien da la impresión de estar viendo dos películas en una.

 

 
A quien se le ocurre ir de blanco a la guerra, con lo manchadizo que es...

Aunque pueda funcionar por su falta de prejuicios y parecido con la serie original, le falta parte de la diversión de la primera. Tiene sus puntos buenos, precisamente en el parecido, pero la mala pata a la hora de juntar las dos tramas hace que resulte bastante desordenada, y la presencia de Don the Rock Johnson se hace excesiva, eclipsando bastante al resto de personajes (en concreto Duke y Lady Jaye). No es que resulte muy difícil, porque son bastante planos, pero parece que decidieron aumentar el numero de minutos en pantalla de The Rock para asegurarse más público. Y aunque no pudiera hacerse nada al respecto, falta la presencia de Christopher Eccleston, quien interpretó a Dextro en la primera parte y que, pese a ser uno de esos papeles que aceptó por el cheque, era uno de los mejores personajes. En esta segunda parte, no solo no se cuenta con el actor, sino que optan por despachar al personaje dejándolo colgado en la carcel sin motivo aparente. Una cosa es no exigirle mucho al argumento, y otra, no esforzarse lo más mínimo. Y esto es lo que hace que esta secuela se quede en una de esas películas que se ven por ser domingo, y no tener otra cosa más a mano.

 

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