Series de tv, libros, cine...y una constante presencia gatuna

lunes, 29 de diciembre de 2014

Annabelle (2014). La muñeca que da mal rollo


Si al gatico no le asustan las muñecas nosotros no vamos a ser nenazas...

Aunque no sean fechas propias para el cine de terror (yo en realidad lo veo todo el año), a muchos adultos los muñecos les dan bastante miedo. En realidad en Navidades, a todo el mundo, porque es solo verles los precios y echarse a temblar. Esta inquietud es algo que se ha utilizado a menudo.  Incluso en Expediente Warren una muñeca poseída por un ente malvado es el punto de partida para presentar a los protagonistas de la película de James Wan, y que debido al éxito de esta, se ha convertido en un spin-off donde se cuentan sus orígenes. Por desgracia, esta vez, sin contar con los personajes de la anterior.


La historia de Annabelle comienza un año antes, como el regalo que un marido le hace a su mujer, muy aficionada a las muñecas antiguas. El matrimonio formado por John y Mia vive un momento feliz, él como médico residente, y ella esperando su primer hijo. Pero una noche un hombre y una mujer entran en su casa con intención de asesinarlos, sin motivo aparente, y tras la llegada de la policía, esta muere con una de las muñecas en brazos. Nadie sabe muy bien qué ha pasado ni por qué, y se supone que esto se debe a uno de los cultos satánicos que proliferan entonces. Pero a partir de ese momento, algo empezará a pasar en la casa. Susurros, ruidos, accidentes extraños y la muñeca que Annabelle Higgins, la asesina, tuvo en brazos antes de morir, aparece en distintos lugares sin que nadie la hubiera movido. 


La idea de un muñeco vivo, desplazándose por una casa e intentando asesinar a sus dueños es algo que supone muchas limitaciones a la hora de plantear una amenaza creíble en una película de terror. En Muñeco diabólico funcionaba, pero porque era abiertamente una serie B. En otros, como Dolls, era mejor no mirar mucho a los monigotes y los hilos de los que colgaban y disfrutar de la película que nos había aterrorizado siendo niños. En Annabelle han optado por una solución muy ingeniosa: la muñeca no se mueve. Las apariciones que esta tiene como algo sobrenatural, no son mediante esta, sino gracias a la aparición del espectro que la acompaña. Que por cierto, entre el traje blanco y los pelos echados para adelante, recuerda bastante al estilo de fantasma que se lleva desde los últimos diez años. Solo en una escena la muñeca en sí tiene su momento, en una secuencia donde esta levita en el aire. Pero esto se ha planteado más como un poltergeist que como el “muñeco viviente” tal y como se planteaba hasta hacía unos años.  Lo cierto es que funciona mucho mejor que el poner en movimiento a una aparatosa muñeca de porcelana, y acaba enlanzando mucho más con el género de fantasmas, maldiciones, e incluso con el propio Expediente Warren. 


Por desgracia, las comparaciones no funcionan muy bien con esta película. Se planteó a raíz del éxito de la de James Wan, pero exceptuando esto, es más bien una película de fantasmas, o de posesiones, que ahora en el cine salen a patadas, bastante tópica. La ambientación en los años setenta le aporta mucho interés, porque esta es sutil y muy conseguida: se juega mucho con los elementos que se reconocen de la época, como el tipo de decoración o de construcciones, sin nada que haga una referencia más obvia a la fecha. De este modo, todo resulta más intemporal, cosa que a este tipo de guiones le sienta bastante bien. También cuenta con un par de secuencias interesantes, como la huida de un sótano oscuro, en la que el ascensor, incapaz de ascender, abre continuamente sus puertas en el mismo lugar. Esta, por su estética de pesadilla, es casi lo mejor de la película, además de alguna aparición en segundo plano de la Annabelle espectral. Bueno, y los primeros planos de la máquina de coser eléctrica…aunque eso, más bien, pone los pelos de punta a los que hemos utilizado una de vez en cuando.


El museo Warren tiene cacharros todavía más divertidos..pero no sé que gracia le pilló la gente a la muñeca esta

El resto, se ha quedado un poco en pasarratos. Tardé bastante en tener interés por los protagonistas, que resultan demasiado huecos en su caracterización: premamá amantísima y marido que trabaja mucho, y de ahí, poco más. Esto hace que el público esté más pendiente de que pase algo de una vez, a ser posible con algún susto, en vez de tener alguna simpatía o interés por sus personajes principales. Además, me ponga como me ponga, la muñeca Annabelle como algo inquietante no funciona, al menos para mí. Es cierto que la original era una Raggedy Ann y que verla en el museo de los Warren es bastante chocante, pero esta versión de porcelana es tan intencionalmente grotesca que es imposible de creérsela. Y todavía menos en su aparición final, cuando directamente está hecha unos zorros.  Quizá como aparición breve en Expediente Warren funcionase bien, pero no cuando hay que verla durante hora y media. Además, las muñecas que aparecen como atrezzo alrededor de ella producen bastante más nightmare fuel que la titular.

Casi es una suerte que casi todas las referencias que tuviera de Annabelle la calificaran como normalita o pasarratos, porque lo es. Seguramente su problema es el tener demasiado presente a su precedente, que como película de terror, es bastante superior. Cuando en realidad, esta, se queda en una de las de ver en el sofá e ir esperando a ver qué les pasa a los personajes, pero sin complicarse mucho. 


viernes, 26 de diciembre de 2014

Cosas verdes grandes, cosas pequeñas brillantes...y dos gatas desconcertadas


Mientras escribo esto, lo único que escucho de fondo es un insistente clong-clong-clong de un adorno navideño rodando por el suelo. Y cuando algo rueda por el suelo, pueden pasar dos cosas:
a)      que estemos en una película de James Wan, y que en cualquier momento un aterrador espectro venga a darme un susto de muerte, acompañado por una estridente música de violines.
b)      Que haya un felino detrás generando el movimiento a base de manotazos.

Como aquí los gatos vienen de serie (y de momento no he oído ningún violín), me encuentro en el segundo caso. O más concretamente, en las segundas navidades de Sabela, y las primeras de Narnia. Dalek, por desgracia, se despidió de mí hace unos meses, aunque ella también era toda una campeona en esto de caza y captura de adornos.



Cuando se tienen dos felinos de corta edad  (bueno, Sabela tiene dos años, pero salta como el primer día), es muy difícil aspirar a tener una decoración propiamente dicha. O bien se opta por el estilo minimalista, o se acaba esquivando hojas de muérdago de mentirijillas y trozos de guirnalda por todo el suelo. Me he quedado con lo primero, pero el árbol es sagrado. Para mí es una tradición…del mismo modo que para ellas es el darle manotazos a todo lo que se mueva entre las ramas. De hecho, las técnicas de ataque gatuno a los árboles de navidad son todo un mundo: algunos se lanzan sobre ellos con las patas estiradas como ardillas voladoras, otros se suben entre las ramas, y otras, como Sabela y Narnia, han optado por  ir tirando cada uno de los adornos con bastante cuidado. Aunque en más de una ocasión el árbol ha quedado tumbado en el suelo. Las guirnaldas de colores no parecen resultarles tan divertidas, porque en la mayor parte de los casos siguen en su sitio, al menos en su mayoría. Porque lo que son los hilos de plástico, o algún trozo de estas, me los estoy encontrando en la sopa.


El año pasado también acabé relatando los distintos estropicios con los que una se puede encontrar gracias a dos gatas un poco hiperactivas, pero en el fondo, el verlas correr felices por el pasillo entretenidas con cualquier cosa que brille, es casi más bonito que tener una decoración de postal…Y puede que ellas no me hagan el trabajo de recogerlo todo más fácil. Pero sí más sorprendente. 

lunes, 22 de diciembre de 2014

Meme literario: A to Z book survey


Llevaba mucho tiempo sin hacer ningún cuestionario en el blog. Y mucho menos sobre libros, que siempre son los más divertidos...bueno, y los que más aprietan las neuronas, porque en muchos de ellos hay que poner a funcionar la memoria para recordar el mejor, el peor, el más aburrido, el más divertido o el que te hizo pensar más. Esta encuesta de la A a la Z, vista en Crónicas desde Lancre, es precisamente de estos. Y nada menos que con todo un alfabeto de preguntas. 


Author you’ve read the most books from. Autor del que has leído más libros. 
Pues creo que ando a mitad entre H. P. Lovecraft y Jean Ray. Aunque si cuento sueltas las novelitas de Harry Dickson, gana este último.

Best sequel ever. Mejor secuela
Gormenthast, de Mervyn Peake. Para mí la mejor trilogía por delante de El señor de los anillos

Currently reading. Leyendo actualmente. 
Un volumen inédito de aventuras del pequeño Nicolás. Ha llovido mucho desde que este personaje iba a la escuela, pero muchas de las tonterías de los adultos siguen siendo las mismas.

Drink of choice while reading. Bebida preferida para leer 
Café o infusión. Aunque con esta última las páginas están más a salvo de posibles accidentes.

E-reader or phisical book? ¿Ebook o libro físico?
Me es indiferente, y soy feliz gracias a un aparato que me sirve para leer libros sin quedarme bizca ante una pantalla. Ahora, en tablet, ni de coña. Ahí solo los tebeos, y porque no me queda más remedio.

Fictional character you probably would have actually dated in High School. Personaje de ficción con el que probablemente hubieras salido en el instituto. 
Buf, esta sí que es difícil. Entonces me gustaba mucho H. P. Lovecraft, pero no me veía fangirleando detrás de Randolph Carter.



Glad you gave this book a chance. Contenta de haber dado una oportunidad a este libro
Madame Bovary, de Flaubert. Es de esos libros que ganan ojeriza por su estatus de clásico y obligación en los planes educativos. Emma Bovary es uno de de los personajes por los que más simpatía he acabado sintiendo.

Hidden gem book. Libro joya escondida. 
El hombre que fue Jueves, de Gilbert K. Chesterton. ¿es una novela de espías? ¿Una parodia del terrorismo anarquista? ¿es fantasía? No lo sé, pero es maravillosa.

Important moment in your reading life. Momento importante en tu vida como lectora. 
Cuando decidí sacar de la biblioteca El Horror de Dunwich. Parte de mi formación literaria vino determinada por un escritor aficionado a los gatos y por un pulpo gigante con alas.

Just finished. Recién terminado. 
Brief History of the Dead, de Kevin Brockmeier. Una novela muy curiosa sobre una ciudad donde viven los fallecidos mientras los vivos los recuerdan, y cómo una epidemia a nivel mundial afecta al equilibrio de esta. Con temas como la memoria, el recuerdo y el fin de la humanidad como lo conocemos, es bastante melancólico.

Kinds of books you won’t read. Tipos de libros que no leerás.
Tendría que darme un golpe en la cabeza muy fuerte para leer Cincuenta sombras de Grey o en general, cualquier cosa de eso que llaman “chick lit”.

Longest book you’ve read . Libro más largo que has leído.
Los pilares de la tierra de Ken Follet. Pero uno y no más.

Major book hangover because of. Libro que te ha causado la mayor resaca.  
Pasé días pensando en la vida de los clones de Never let me go, de Kazuo Ishiguro.

Number of bookcases you own. Número de estanterías que posees.  
Unas seis, más un armario y una maleta.

One book that you have read multiple times. Un libro que hayas leído varias veces. 
Hace muchos años que no releo un libro, hay demasiados que todavía quiero empezar, pero a la saga de Elric de Melniboné de Michael Moorcock y La legión de los condenados de Sven Hassel les dí una segunda vuelta.

Preferred place to read. Lugar favorito para leer. 
El sofá, la cama antes de dormir o la cafetería. Así no me peleo con el resto de clientes por el periódico.



Quote that inspires you /gives you all the feels from a book you read. Frase que te inspira / te emociona de un libro que has leído. 
 Siempre había tenido miedo. Sin embargo, por autocomplaciente que esto pueda sonar, nunca creí que esto fuera causa de vergüenza o lamento, incluso a pesar del insoportable sufrimiento que puede implicar un rasgo así. Me parecía que la gente más sobresaliente, al menos a la que se considera como tal, no puede sino revelar una buena porción de miedo e inseguridad, incluso de pánico absoluto".
Thomas LigottiMy work is not yet done.

Reading regret. Arrepentimiento de lectura. 
Rayuela, de Julio Cortázar. Había oído hablar tanto de él y de la Maga que me decepcionó bastante. Bueno, y la mayoría de cosas que incluían como obligatorias en el colegio.

Series you started and need to finish . Serie que has empezado y necesitas acabar. 
Tengo ganas de saber cómo sale George R. R. Martin de Poniente, y qué hace Patrick Rothfuss para terminar las aventuras de Kvothe sin empezar otra trilogía.

Three of your all-time favourite books . Tres de tus libros favoritos de todos los tiempos. 
Thomas Ligotti. La fábrica de pesadillas.
 Jean Ray. Malpertuis
 John Kennedy Toole. La conjura de los necios.

Unapologetic fangirl for. Fan sin complejos de…
Elric de Melniboné en general y Portadora de tormentas en particular. Una de las sagas fantásticas más irregular, lisérgica y a ratos genial que conozco.

Very excited for this release more than all the others. Muy emocionada por esta próxima publicación, más que el resto. 
Cualquier noticia sobre una antología nueva de Thomas Ligotti. 

Worst bookish habit . Peor hábito de lectura.
Terminar todos los libros. Aunque sea la cosa más aburrida del planeta. Esto hace que muchas veces la lectura pierda parte de su gracia.

X marks the spot: Start at the top left of your shelf and pick the 27th book. La X marca el lugar: Elige el 27º libro de tu estantería empezando por arriba a la izquierda. 
Cuentos de E. T. A. Hoffmann. Lo peor es que solo me acuerdo del relato de El hombre de arena.



Your latest book purchased. Tu último libro comprado.  
Desde que tengo ebook, y sobre todo, me propuse que no entraran en mi casa más libros que por cumpleaños y navidades, ha pasado mucho desde que compré algo. Creo que el último fue M. Marcel el de las pompas fúnebres, de Pierre Véry, por un euro en el rastro. Y Véry también podría considerarse otra joya escondida.

Zzz-snatcher book (last book that kept you up way late). Último libro que te mantuvo despierta hasta tarde. 
Sinsajo, de Suzanne Collins. Qué se le va a hacer, están pensados para que una página tire de otra…

jueves, 18 de diciembre de 2014

Lecturas de la quincena



Si me despisto un poco más, hago un mes sin subir una sola entrada sobre libros. Todavía tengo alguno por terminar, y más ahora que he vuelto a pillarle la afición a los comics, pero estos son los más recientes. Como pasa muchas veces, cualquier elemento común entre ellos es pura coincidencia.



 Hitchcock. Hablemos con el diablo. Lo de poner a Hitchcock en la portada se debe más bien a que prestaba su nombre, y un prólogo, a una serie de libros formada por distintas antologías de relatos de carácter policiaco, de suspense, y con ciertas cantidades de humor negro. Más o menos, como en aquel programa de Alfred Hitchcock presenta, y que al igual que estos libros, se emitía sobre los años sesenta. En España tuvieron una edición a finales de los noventa, en las que practicamente no se debieron saltar ni uno de los libros, pero que tenían unas portadas condenadamente feas.

Es difícil escribir algo en conjunto sobre unos veinte relatos, cuando todos son bastante variados exceptuando su temática policial. Pero puede decirse que casi todos se caracterizan por ser muy breves, incluso para lo que sería un cuento escrito a día de hoy, y que todos ellos juegan con temas comunes como la resolución de crímenes, intentos de asesinatos variados, y cómo estos terminan de la forma más inesperada posible. La calidad varía mucho de unos a otros, y lo cierto es que es un tipo de lectura que hoy no ha envejecido muy bien. En demasiados de ellos hay esposas hastiadas, maridos infieles, asesinatos con motivos justos y mafiosos que se llevan su merecido de forma inesperada. Son este tipo de clichés que en su momento llegaron a ser muy utilizados, pero que hoy se han quedado anacrónicos, como le pasó a lo de “el asesino es el mayordomo”.
En general, es una lectura entretenida para muy de vez en cuando, sobre todo cuando se quieren leer piezas muy breves y que solamente se queden en la cabeza aquellas que parezcan un poco más interesantes, o que tengan el final más sonado de todas. 


Daniel Pennac. Monsieur Malaussène. Tras cuatro libros donde Benjamin Malaussène vive todo tipo de peripecias extrañas, llega el momento en el que pasa de ser un hermano de familia responsable, como suele definirse, a un futuro padre. Pero el barrio de Belleville, donde vive con su familia, siguen pasando cosas extrañas: las prostitutas han empezado a desaparecer sin dejar rastro, el último cine puede salvarse convirtiéndose en filmoteca, y la pareja de Benjamin, Julie, es precisamente la heredera de esta labor y la encargada de hacer que se proyecte, una única vez, una película a la que sus autores, un matrimonio que dedicó toda su vida a esta filmación, la llaman “Película Única”.
Al igual que los otros tres, el libro está muy marcado por una trama de carácter policiaco que se mezcla con las situaciones más absurdas. Después de haber leído sobre atentados en un centro comercial, asesinatos de policías o de directores de prisión en los tres anteriores, ahora le toca el turno a unos asesinatos en serie bastante grotescos, que poco a poco acabarán entrelazándose con la trama sobre la Película Única, el hijo de Malaussène y…una monja embarazada sin saber cómo (sí, así tal cual sale).
Además de ser el más extenso de la serie, también resulta ser uno de los más flojos. Los anteriores conseguían mantener, en mayor o menor medida, ese equilibrio entre lo policiaco y el absurdo más evidente. Aquí es como si al autor se le fuera la mano y no fuera capaz de parar en ningún momento: no para de presentar situaciones a cada cual más absurdas, personajes raros, y de contar la vida de todos los personajes que se le ponen a tiro. Vamos, que llega un punto en el que planta en las páginas la biografía de no una, sino tres generaciones de una misma familia. Lo que en otros casos se convertía en una forma muy curiosa de digresión, y que rompía el ritmo para bien, aquí se vuelve más un lastre, y en cualquier momento temía que el capítulo siguiente consistiera en la vida de cualquier secundario que hubiera salido por ahí. En cuanto a las situaciones extrañas, que son algo habitual en la saga, poco debe quedar en su imaginación que no hubiera salido ya en este tomo, hasta el punto de saturar muchos capítulos con giros extraños.
A su favor cuenta con incluir un par de referencias sobre el mismo universo de los personajes, planteándose si todo lo que se ha leído anteriormente no es una ficción escrita por uno de ellos, que resulta bastante efectiva y hace que toda esa acumulación de acontecimientos imposibles se hagan un poco más llevaderos.
Lo cierto es que tras este tomo quedé un poco aturullada de la familia Malaussène, y que Pennac se ha excedido un poco en su estilo de narración…y que uno de los motivos por el que no voy a quedarme sin terminar la saga es porque los dos siguientes son muchísimo más breves. 

lunes, 15 de diciembre de 2014

Drácula, la leyenda jamás contada (2014). El Vlad Tepes heróico.


A Drácula, conde o no, lo hemos visto en todo tipo de situaciones cinematográficas. Como vampiro con capa y smoking, como el graf Orlok, en series B, Z y en algunas producciones bastante más dignas. Menos habitual era mostrar sus orígenes históricos como Vlad Tepes el Empalador. Este había aparecido en el Drácula de Francis Ford Coppola, como origen del de Stoker, y ahora se le da un protagonismo absoluto en Drácula Untold.



En esta Leyenda jamás contada, como dice el título en castellano, toma como punto de partida parte de la historia real de Tepes: como prisionero de los turcos durante su infancia, y como gobernante de Transilvania y defensor de su pueblo. Pero cuando los turcos deciden exigir como tributo, una vez más, a todos los niños de la región, la historia bélica de Centroeuropa toma un matiz más fantástico: ante un ejército invencible, solo puede arriesgar su alma mediante un trato acordado con un vampiro, quizá el primero de todos ellos:  durante tres días, tendrá la fuerza y debilidades de un no muerto, tras los cuales volverá a ser humano. Pero solo si durante ellos no prueba la sangre humana. En ese caso, no solo se convertirá en vampiro a tiempo completo si no que también liberará a aquel con el quien hizo el pacto.


La premisa es muy atractiva: por una vez deciden alejarse de la mayoría de estereotipos que rodean a Drácula como personaje cinematográfico clásico, y plantean una historia de acción y fantasía oscura sobre los orígenes históricos de su personaje. No me meto en cuestiones de rigor histórico porque esta película, desde un principio, no pretende tenerlo, sino tomar algo como punto de partida para una historia fantástica. Vlad se convierte en un héroe trágico, con esposa e hijo incluido. En realidad sabe casi desde un principio, que su trato con el vampiro no va a tener un final feliz. El que esto se intuya, no impide que muchas secuencias haya tensión por lo que pueda pasarle a los protagonistas, o se tema que en cualquier momento a Drácula le de por pegarle un muerdo a alguien a la más mínima tentación. En este sentido, esa tensión se va manteniendo muy bien hasta el último momento. También gracias a Luke Evans en su papel como Vlad, que resulta bastante creíble y cercano. En realidad es en él en el que recae la mayor responsabilidad a la hora de aportar el factor humano, porque los secundarios son casi inexistentes, por lo que es el él el que se encarga de llevar casi toda la película a buen puerto.



El origen de drácula como figura histórica era algo que ya se había explotado en el prólogo del Drácula de Coppola, y es aquí cuando empiezan las comparaciones. Porque al igual que muchas películas menores, a esta se le notan demasiado las influencias: la introducción recuerda un poco a la puesta en escena de 300, al igual que una montaña que el personaje escala para hacer un trato peligroso. En la de Zack Snyder había unos adivinos traicioneros, en esta un vampiro poco honrado...pero el parecido se nota. Algunas escenas de lucha también son bastante deudoras de este estilo de rodaje moderno, con el héroe avanzando entre filas de enemigos. Otras resultan algo más creativas, como una batalla reflejada en el filo de una espada, y otras, directamente, parecen sacadas de la intro de un videojuego. En general es bastante solvente con su presupuesto, pero a veces se nota que para lo que quieren hacer, no disponen de los cientos de millones de otras producciones.



El principal fallo acaba viniendo del argumento. No se debería pedir mucho a una película sobre caballeros de armaduras desgastadas y héroes trágicos, pero en muchas ocasiones, esta acaba derivando hacia el absurdo. La introducción del primer vampiro está tan pillada por los pelos que no llega ni a ser un macguffin, y el que metan por ahí un diálogo sobre profecías tampoco ayuda. Pero son muchas de las secuencias correspondientes al ejército turco y a las batallas las que se llevan la palma, especialmente en la última media hora. Quizá al guionista le pareció muy efectivo que el último ejército turco fuera por ahí con los ojos vendados para demostrar lealtad ciega a su sultán (que les echa una arenga sobre el tema, por si no quedaba claro), pero cuando el público empieza a preguntarse qué demonios van a hacer cuando tengan que subir por un escarpado, o cuando directamente, tengan que hacer lo suyo que es pelearse con el enemigo ¿A quien se le ocurrió esto? ¿A los Monty Python? Y que Drácula como parte de sus poderes pueda invocar interminables bandadas de murciélagos puede resultar visualmente impresionante, pero exceptuando arañarles la cara, contagiarles la rabia o enredárseles en el pelo, no les veo mucha utilidad. Tampoco es que el origen del vampirismo quede muy bien resuelto, limitándose a una aparición final de Charles Dance  por aquello de cerrar esa trama. Personaje, que después de dedicar todos sus diálogos a anunciar de forma tremendista lo terrible que sería su liberación para el mundo, no hace gran cosa. El elemento temporal merecía mención a parte, porque directamente, parece que se haga de noche a gusto del guionista: en un principio quería tener presente todo el tema de la debilidad a la luz solar, y recuperar a su favor el que Drácula pueda provocar nieblas (como salía en la novela de Stoker), pero en la práctica, lo mismo cae el sol que se levanta, que se forman unas nubes cuando haga falta.



Por lo visto, Drácula Untold parte de la idea de hacer una especie de nueva versión de los Monstruos de la Universal, y que esta sería la primera tras la que podría venir la Momia y unos cuantos más. Lo cierto es que es una curiosidad el ver cómo han optado por plantear la película pensando en lo que podría gustarle al público moderno, aunque también parecían demasiado ocupados pensando en este público objetivo como para pulir el guión como deberían. De todas formas, también me gustaría ver una nueva versión de la momia algo más oscura que aquella tan ligera y para todos los públicos (aunque me entretuvo también) con Brendan Fraser. Y, puede que este Vlad Tepes no haya sido todo lo que debería, pero comparado con aquella cosa tan rara y llena de monstruos infográficos que fue Van Helsing, sí ha sido bastante digna.



jueves, 11 de diciembre de 2014

Night of the Comet (1984). Por si no fuera poco lo de los zombies, todo está cubierto de polvareda roja.


No recuerdo haber visto muchas películas apocalípticas hechas en los ochenta. De invasiones que se resuelven en una noche, bastantes, pero ninguna que planteara un escenario más a largo plazo. Bueno, están las de Mad Max y todos los derivados que salieron a partir de este, pero no es lo mismo, porque estas estaban planteadas en fechas tan lejanas como el 2000, o el 2016, y no un plazo más inmediato como sería habitual más tarde. Pero lo bueno de esta década es que siempre me queda algo por ver, y en este caso, Night of the Comet cumplía varios requisitos: lo del fin del mundo, unos cuantos zombies, y además de no haberla visto, no me sonaba de nada. 


El título, además de sonar un poco a película de los cincuenta, es bastante acertado: todo comienza con el paso de un cometa junto a la Tierra. Ahí se nota que la gente no se acuerda de El día de los trífidos, porque en vez de correr a esconderse como si el cielo cayera sobre sus cabezas, se reúnen para ver el espectáculo nocturno. Al día siguiente, solo dos hermanas que no estaban fuera esa noche, descubren que lo único que queda de la ciudad son ropas desperdigadas por las calles y un extraño polvillo rojo que flota en el aire. Este no es especialmente amenazador, pero sí lo son algunos de los supervivientes, que horriblemente desfigurados, atacan y devoran a todo lo que se encuentran. 



Lo primero que llama la atención es que la película mantiene un tono bastante serio. En un principio me esperaba un guión que no se tomara demasiado en serio a sí mismo, algo más despreocupada y con toques de humor como podía haber sido Killer Clowns o Waxworks. Quizá ayude que la estética es muy parecida a ese tipo de serie B, donde abundan todo tipo de modelos de la época, canciones pop que sonaban en el momento y..bueno, todo lo que hace pensar que algo es muy de esa década. De hecho, este estilo hace que en algunas situaciones esta seriedad resulte bastante chocante, porque en más de un momento la banda sonora, con mucho sintetizador, o directamente, alguna canción bailable, no pega ni con cola en secuencias donde los personajes tienen que esconderse o huir de un zombie. Esto se nota todavía más al final, cuando después de pasar la mitad del metraje intentando construir situaciones un poco más dramáticas, se descuelguen con unas secuencias entre cómicas y optimistas más cercanas a las otras producciones. De todas formas, esta aproximación a la ciencia ficción evitando la parte cómica sí fue bastante interesante, sobre todo porque es algo que me había acostumbrado a esperar en este tipo de cine.



Lo segundo, y seguramente por haber planteado el guión de una forma más seria, es el encontrarse con personajes bien planteados. O, al menos,  lo son los dos principales, una chica y su hermana menor a las que les han dado un carácter y un trasfondo bastante lógico para que actúen de la forma adecuada en una situación concreta. En este caso, lejos de las adolescentes típicas, se les añade el trasfondo necesario para poder arreglárselas solas (en este caso, haberse criado en una familia de militares), además de resultar muy poco ñoñas: tienen mala gaita, beben como esponjas y son capaces de tumbar a algún que otro zombie a patada limpia. Son detalles que aún hoy parecen bastante adelantados a su tiempo, y un tipo de protagonista que sigue sin ser habitual. Incluso detalles menores, como la ropa desperdigada por la calle, resultan curiosos: quien hubiera pensado que treinta años después tendrían su propio momento de gloria como meme en Internet.



Respecto a la historia, entre ciencia ficción y género postapocalíptico, es fácil ver la inspiración en todo momento. El día de los trífidos, El último hombre vivo, e incluso Zombi se reconocen en todo momento, y es en lo primero que se piensa al ver las calles vacías y sobre todo, las inevitable visita al centro comercial. De hecho, los zombies, o infectados que aparecen, también son más cercanos a la película de Charlton Heston que a la de Romero. Aunque esta es una de las partes más flojas de la película: salen cinco contados (infectados aparte), y parece que los han metido ahí para dar algo de miedo extra, sin saber muy bien qué hacer con ellos. A ratos son zombies, a ratos infectados, a ratos psicópatas..lo que le haga falta al guión en cada momento.


Aunque no parezca  en principio una película redonda, pero como la mayoría de estas que suelo encontrar, acaba por gustarme. Además de ser de las que me faltaba por ver, tiene detalles que no suelen verse en este tipo de cine, y precisamente por esto, me entretuvo hasta el punto de encontrarme con secuencias que no había visto venir. Y de nuevo, vuelve a recordar que para hacer una película de ciencia ficción de este estilo no es necesario tirar de demasiados efectos especiales: años después, Dead Shadows intentaría contar lo mismo con más alienígenas, más tentáculos…y bastante menos gracia que Night of the Comet. 

lunes, 8 de diciembre de 2014

Fall of Cthulhu. La pelea de dioses que H. P. Lovecraft no hubiera imaginado


El verdadero horror no es el primigenio, es la aspiradora del fondo

Los Mitos de Cthulhu es una de las invenciones literarias a las que más cariño le guardo. Después de las obras completas de Lovecraft, vinieron unas cuantas recopilaciones y pastiches. Que también disfruté, pero con el tiempo fui perdiendo interés al encontrar otras lecturas y porque estas solían quedar bastante limitadas a una estructura que H. P. L. había explotado bastante. Pero de vez en cuando todavía me da la morriña y me animo a leer algo que se haya escrito recientemente. En parte por esto, y en parte para comprobar si el esquema narrativo de los pastiches, que había visto hasta la saciedad, ha variado un poco. Lo que sí supone una novedad es que en lugar de libro, fuera un comic el que me llamara la atención con una portada llena de tentáculos y viandantes amenazados por la locura.

(Advertencia: esta entrada contiene un 50% más de lo habitual en referencias específicas y gaticos)



Fall of Cthulhu es una serie relativamente larga. Relativamente, porque en realidad está dividida en varios arcos de cuatro o cinco números, y no llega a la extensión que puede tener, comparándola con otros comics que también compro, Los muertos vivientes. Pero para lo que suele ser una historia lovecraftiana sí que es bastante extensa. Esta no se limita a historietas breves sino que cuenta una historia competa, dividida en distintos personajes, que comienza en Nueva Inglaterra. Tras presenciar el suicidio de su tío, un hombre normal y corriente descubre que el mundo que conocía es mucho más inquietante: en sus sueños conoce a una figura grotesca llamada La Ramera, guardiana de todos los secretos de la humanidad. Rodeado de muertes grotescas y sucesos extraños, solo el propietario de un destartalado hotel parece dispuesto a ayudarlo. Pero esto es solo el principio: un tiempo después, un detective y una ladrona se enfrentarán a varios asesinatos sobrenaturales relacionados con un enfrentamiento entre dioses que  podría acabar con la vida en la Tierra. O al menos, con la de dos patas. Porque uno de los compañeros del antagonista principal es un gato que parece bastante indiferente a esto del fin del mundo. Y sí, esto también ha hecho que mi simpatía por alguien que quiere llevar el caos y la devastación al planeta suba varios enteros.


Un poco de nightmare Fuel, que llevaba tiempo sin poner nada

Aunque hay varias novelas de esta temática, para mí un arco tan extenso es una novedad, al estar más acostumbrada a recopilaciones. Una novedad interesante, en este caso, porque da para una historia con bastantes giros, como corresponde a un comic de acción, y para que los personajes vayan presentando un carácter y un desarrollo más allá de volverse locos ante la primera abominación que se les plante delante…Algo, por otro lado, que es de recibo en cualquier narración de los Mitos de Cthulhu. Además, consiguen evitar uno de los clichés habituales en este tipo de ficción, que es la de caracterizar a las criaturas según bando. Desde que Augusth Derleth retomó los Mitos, los primigenios como entidades negativas y Nodens como un dios bondadoso que ayuda a los protagonistas se había convertido en canon. En cambio, el mundo que se plantea en Fall of Cthulhu es mucho más desesperanzador: estas criaturas, o bien pasan de la humanidad, o bien pretender verla aniquilada, y tanto los seguidores de unas u otras son igual de sanguinarios y peligrosos para los protagonistas.



Este ambiente opresivo es bastante efectivo en los primeros números. Estos son los más cercanos al terror lovecraftiano que podía plantearse, haciendo que la propia ciudad sea parte de la historia y otra amenaza para el protagonista. Porque según avanza la trama, esta se plantea como un sitio lleno de secretos que muchos prefieren olvidar o ignorar. Como curiosidad, estos no se limitan a los lugares imaginarios, sino a los escenarios realistas ideados por Lovecraft, como Arkham o la Universidad Miskatonic. De este modo, la historia se plantea todavía más como una ficción, evitando algo habitual también en este género: las referencias. Con esto de que Lovecraft acabó volviéndose casi un personaje, no era raro que siempre hiciera algún cameo o mención en muchos casos. Esta vez también se ha evitado, cosa que se agradece porque es preferible disfrutar de la historia de terror como tal, en vez de tener que hacer el guiño. Además, hay otros comics bastante interesantes que ya lo han incluido, sin necesidad de que esto se convierta en una norma.

El planteamiento, y la adapción que ha hecho de muchas convenciones, es interesante. Pero el comic también cuenta con bastantes fallos. De entrada, no consigo acostumbrarme a que cada dibujante sea de su padre y de su madre, porque esto hace que la diferencia entre cada volumen sea abismal, y en muchos casos,  irregular. En las viñetas hay un poco de todo: desde un estilo con muchas sombras y manchas, muy adecuado para una historia de terror, a otro que, entre el tipo de dibujo y el color con volumen y degradados aplicado por photoshop parece sacado de cualquier Ultimates de Marvel. Otros suben el nivel de nuevo con un trazo similar al de Mignola, pero con  más detalle, y otros lo vuelven a echar por los suelos con unos dibujitos que parecen hechos por un aficionado.



Por desgracia, el guión también sufre estos cambios de estilo tan bruscos: Fall of Cthulhu empieza con un planteamiento de horror puramente lovecraftiano, donde la única salida que pueden tener sus víctimas es la locura. Progresivamente va convirtiéndose más en una aventura de horror con toques de acción, para terminar con un despliegue de primigenios peleándose delante de los personajes, cosa que acaba contradiciendo lo que se empeñaron en construir los diez números anteriores. No tiene mucho sentido intentar mantener presente la idea de locura y de cosas que no deben ser vistas por el hombre, cuando acaban saliendo por ahí un montón de cosas con tentáculos y nadie se inmuta demasiado. O peor, se lían a tiros como en una partida de La llamada de Cthulhu.


¡Se lo leeré a Sabela y Narnia antes de dormir!

Quizá me esté poniendo demasiado exigente con este cómic, porque lo cierto es que con todos estos fallos, y esa progresión hacia un estilo más de superhéroes, me divirtió un montón. Muchísimo más que otras historias de los Mitos de Cthulhu que leí antes, aunque esto implicara pasar por viñetas un tanto desconcertantes y peleas a las que mejor era no buscarles el sentido. Además, acabé siguiendo también con los spin off que dio la serie principal. Hexed, que sigue las aventuras de una de los protagonistas, es más cercano a la fantasía urbana que a los Mitos. Y Némesis..bueno, todavía no lo he empezado. Pero el que este esté dedicado al gato que aparecía en los primeros números y sus intenciones de dominar el mundo, demuestra que los guionistas, además de Lovecraft, también saben un rato de mininos.



jueves, 4 de diciembre de 2014

Topolino, el último héroe. El hombrecito que salvaba a la ciudad


No hace mucho me puse a releer algunos Mortadelos de Bruguera que tenía por casa. Entre historietas del profesor Tragacanto, Sir Tim O´Theo o Doña Urraca, me encontré con una, donde un pequeño monigote vivía una situación cómica en una sola página. El nombre, Topolino, me sonaba más al calzado que llevó mi abuela o al título que el Don Miki tenía en Italia. Pero en otro número, me encontré con que me había quedado bastante volada con las aventuras de Topolino: el solito, con su astucia, se enfrentaba a un ejército con unos trajes y una parafernalia propia de los villanos de los años treinta.  Esto último fue lo bastante desconcertante (y divertido) como para que quisiera buscar algo más que las cuatro páginas que disponía sobre el personaje. Por suerte, había una edición reciente, y disponible en la biblioteca, que últimamente se han puesto bastante aleatorios y de allí lo mismo sacas una BD francesa recientísima, que la colección completa de los Muertos vivientes, manga eroguro e incluso tebeo español clásico más allá de Zipi y Zape. 



Topolino aparece caracterizado como un hombrecito minúsculo, con traje y pajarita muy a la antigua. Como dice la contraportada, su aspecto es más cercano al de un apacible funcionario que al de un héroe, y solo por esto último, cuenta todavía más con mi simpatía. Pero esa pinta inofensiva no impide que viva aventuras de lo más estrafalario, enfrentándose a villanos cuya caracterización es muy similar a la de los pulp de los años veinte. Vamos, algo que hoy se considera tan vintage y referencial que no me imaginaba encontrarlo en una historieta de humor destinada a niños. Estas son muy breves, resueltas en dos páginas, cuatro como mucho, y con una estructura idéntica en todas: Topolino encuentra por casualidad, o lo busca, si es su archienemigo, a un villano con algún tipo de arma y un plan malvado. Gracias a su ingenio y a los inventos de su amigo Colodión consigue detenerlo, aunque el guardia Adolfo suele opinar que son todo invenciones de Topolino, a quien le gustan demasiado los folletines y llamar la atención.


La principal característica de estos comics es su referencia continuada al género pulp, los folletines y las películas de aventuras clásicas. Cosas que a Figueras, su autor, le encantaban, y de hecho comentaba a menudo que este era un tebeo hecho porque le gustaba, y no tanto pensando en los lectores. Hoy son detalles claramente reconocibles, pero en su momento debía ser, para los lectores más pequeños, algo chocante encontrarse con esos sicarios uniformados, aviones monoplaza, dirigibles, e incluso un comic parodiando abiertamente Ella de H. Rider Haggard. A veces parece que con cuatro viñetitas consigue librar a este tipo de literatura de cualquier añadido, quedándose unicamente con lo que la compone: aventuras imposibles, un poco absurdas, soluciones de ultima hora, y sobre todo, ese aire un tanto entrañable que estas novelas de principios de siglo adquirieron a las pocas décadas. 


El humor, que es el componente más importante, parece en un principio, bastante simple: algún porrazo, y la típica confusión de determinados personajes. Pero este no se queda ahí, porque en muchas ocasiones este se vuelve mucho más absurdo, explotando las posibilidades de los diálogos. Y sobre todo, la autorreferencia que aparece en muchos casos: a menudo los protagonistas y sus enemigos parecen bastante conscientes de ser personajes, o directamente, de no tomarse mucho en serio lo que está pasando. No es raro encontrar bocadillos donde el propio Topolino comente que una situación “parece de ciencia ficción camp”, que el Doctor Siniestro diga que si tuviera buena puntería, se acabara la historia, y, en la parte más cómica, la viñeta de un zeppelín estallando mientras el malvado Doctor dice “Rogelio, ¡Te he dicho que no fumaras!”.



El dibujo es el propio de la historieta humorística: muy simple, caricaturesco, y por algún motivo, sin  más escenarios que un simple campo. No sé si por economía a la hora de dibujar o por comodidad. Pero ese trazo tan sencillo también acaba siendo parte de la gracia del personaje y su mundo. No hay nada más chocante que ese dibujo tan “de tebeo” donde sitúa, como si fuera lo más normal del mundo, unos robots similares a los de la Guerra de los mundos o una máquina del tiempo. Además recordando que siendo muy pequeña me costaba mucho menos seguir este tipo de ilustraciones que las de trazo realista, también me provoca más simpatía.

Tras terminar de nuevo las aventuras de Topolino, me di cuenta que Alfonso Figueras no era tan desconocido como pensaba (bueno, en realidad gracias al prólogo de la edición recopilatoria, que citaba más obras suyas). Porque también es el autor de otras historietas cómicas muy marcadas por los ambientes terroríficos y el fantástico. Además de trabajar en los Mortadelos semanales, sus tiras de Mr Hyde y Doctor Mortis aparecieron en los números de Dossier Negro, de las que también pude ver algunas cuantas sin reparar que aquellos dibujos me sonaban. Ahora, en cambio, me estoy planteando en irles a pedir a la biblioteca a ver si consiguen alguno de esos tomos.





lunes, 1 de diciembre de 2014

As Above, so Below (2014). Cámaras de vídeo, criptas y...¿alquimia?


Llevo desde que tengo uso de razón metiendo fotos de gaticos en cada entrada, pero creo que esta es la mejor con diferencia

Una película de las de metraje encontrado tiene bastantes papeletas para ser floja. Este formato perdió la novedad hace mucho. Y el 90% de estas suelen consistir en cuatro tíos nulos en un edificio abandonado dando vueltas con una cámara, agitándola de cuando en cuando y esperando que pase algo. Un argumento algo más complejo, o con más elementos que ese armazón tan simple, parecía reservado a la filmación tradicional. Y sin embargo, a alguien se le ocurrió plantear un guión que tuviera todos esos espacios cerrados y gente con cámaras en una situación mucho más cuidada y con más posibilidades que la producción habitual. 


Este es el caso As Above, so Below, donde un grupo de investigadores que se han adentrado en las catacumbas de París acaban perdidos y…¿Un momento? ¿Esto de perderse y agobiarse cámara en mano no lo hemos visto antes? Sí, pero al menos esta vez su motivación difiere bastante de la norma habitual. Porque si han acabado en un escenario tan atractivo como un osario kilométrico es porque su protagonista, una profesora universitaria obsesionada con la alquimia busca nada menos que la piedra filosofal, oculta en los túneles según las pistas que Nicolás Flamel legó tras su muerte. Los pasadizos laberínticos y los derrumbes no serán el único peligro que econtrarán, porque estos no están deshabitados. Y cuando una de las pistas hace referencia al infierno, este no es solamente un término figurado. 



Siendo muy críticos, toda la idea de la piedra filosofal y la alquimia es un mcguffin para meter a los protagonistas en un entorno claustrofóbico, y de hecho, el título hace referencia a un término de esta rama. Pero este está tan bien llevado como en cualquier otra película de terror, e incluso sirve para incluir secuencias introductorias como los viajes de la protagonista buscando claves para su investigación. Vamos, que no solo sirve para presentar un planteamiento más interesante que la media, sino que también lo aprovechan para caracterizar un poco a los personajes. Porque esto también es algo poco habitual, pero estos son algo más que gente gritando delante de una cámara. Tienen sus motivos para hacer lo que hacen, sean los propios investigadores o incluso el grupo de exploradores urbanos que contratan para poder atravesar las catacumbas. Tampoco es que sea un planteamiento redondo, ni que tengan especial profundidad: la protagonista, tan mona ella, con todos sus idiomas y capacidades un poco de serie, parece más una Lara Croft que el personaje creíble que debería haber sido, aunque a medida que avanza la película, esto se suaviza mucho más y estas habilidades realmente sirven para darle fuerza al personaje. Sin duda los más divertidos son el grupo de exploradores que los acompaña, que aun con unas pinceladas muy breves, y con una actitud muy suya, hacen que se acabe sintiendo simpatía, tanto por ellos, como por el resto del grupo.



Los escenarios son una de las partes más importantes de la película, además de ser la más atractiva. A fin de cuentas, se trata de una red de túneles donde reposan los restos de millones de franceses. Y algunos de ellos, organizados de forma muy cuca y decorativa. Pero no son solo los esqueletos y la parte más conocida de esta parte de parís, sino que incluso la presentación de los túneles que sirven de entrada, consiguen crear una atmósfera muy inquietante. A través de ellos, los elementos de amenaza real, como la claustrofobia o los derrumbes, va dando paso al aspecto sobrenatural, en forma de breves apariciones de los miedos de los protagonistas, hasta llegar a las últimas secuencias, donde son capaces de recrear un escenario pesadillesco con elementos tan simples como unos charcos y unas figuras disfrazadas de monje. En cambio, esto no evita que se juegue con alguna situación de carácter macabro para conseguir el efecto contrario. En este caso, un momento cómico que me encantó por su carácter absurdo, cuando los personajes encuentran en uno de los túneles a un grupo de mujeres con túnica canturreando el Abendphantasie de Gyorgy Ligeti (para más señas, esa pieza compuesta por voces que parece pensada para dar miedo), y el explorador urbano le quita importancia diciendo que “en esta parte de las catacumbas hay gente muy rara”. Es un detalle muy breve y muy extraño, pero solo al recordar las historietas de Adèle Blanc-Sec e incluso alguna aventura de Harry Dickson, me hace pensar que esto de irse a los subterráneos a hacer cosas raras parece una especie de hobby reconocido.


Me encantaría visitar las catacumbas de París, pero tengo miedo de encontrarme con una secta de adoradores de Pazuzu en algún subterráneo 

Las limitaciones que puede ofrecer el grabar cámara en mano se han resuelto aprovechando todo lo que ofrece la técnica. En este caso, recurriendo a las cámaras que llevan los protagonistas junto a sus linternas frontales, gracias a las que es posible cambiar la perspectiva todo lo necesario, aunque se va limitando cada vez que uno de ellos queda por el camino. Se queda fuera la cuestión que hasta hace poco justificaba el tema de las cámaras: si hace años se planteaban como cintas encontradas, o testimonios de alguien, aquí no llega a explicarse por qué estamos viendo una historia contada desde unas grabaciones personales. Seguramente, porque a estas alturas no tiene mucho sentido insistir en darle un aire de veracidad a la producción, y se queda simplemente en otra opción más a la hora de filmar, sin tener que explicarla, como podría serlo la narrativa en primera persona.


El nightmare fuel empieza aquí. 

La película que empecé a ver con intención de poner el piloto automático y no hacerle mucho caso, como suele ser cuando veo una de cámara en mano, acabó consiguiendo que siguiera con interés, y tensión algunas veces, las carreras de los personajes en un escenario tan fascinante como unos osarios y catacumbas en parte reales, en parte inventados. Y que me hizo pensar que, junto a El proyecto de la bruja de Blair y Rec, perfectamente podría ser de las mejores que se han filmado con este sistema, lo que también es un buen logro, y que incluso lo cuidado del diseño de los créditos finales también demuestra que no es una producción hecha a prisa y corriendo. Además, aunque sea difícil, por el tipo de película, el que tuviera una buena banda sonora, gracias a determinadas secuencias he podido descubrir a La Femme, y su divertidísimo videoclip Hypsoline.


jueves, 27 de noviembre de 2014

The Babadook (2014). Los monstruos no tienen por qué asustar solo a los niños


Una de las desconcertantes cosas que te puedes encontrar en un armario

Uno de los trailers que más interés ha despertado antes de su estreno ha sido The Babadook. Quizá porque esa historia sobre miedos infantiles y su personificación monstruosa también lo es. O quizá porque en el fondo, a muchos de los que nos gusta el cine de terror, pasamos más de una noche intentando que una colcha nos defendiera de lo que nuestra imaginación fabricaba en cuanto se apagaba la luz. O eso, o la ropa de cama es una protección más fiable que una cota de mithril. Algunos días me inclino a pensar lo segundo.


En The Babadook, unas cuantas colchas también hay. Además de varias noches sin dormir por parte de los protagonistas, y en un principio, sin monstruo que los atormente.  Amelia y su hijo pequeño viven en una destartalada casa que apenas se mantiene con su sueldo de cuidadora en una residencia. El niño, aquejado de terrores nocturnos, apenas le concede una noche de sueño y su carácter, cada vez más histérico y agresivo hacen que acabe siendo expulsado del colegio y que vaya agotando la paciencia de su madre. Su actitud empeora tras la lectura de un cuento ilustrado llamado Mr Babadook, donde describe a una criatura grotesca que intenta entrar en los hogares. Agotada por la privación de sueño, la obsesión de su hijo por el Babadook y su situación económica, Amelia se irá volviendo cada vez más agresiva. Pero teme que esas sombras, demasiado parecidas a las ilustraciones del libro, sean tanto un indicio de estar perdiendo la cabeza como de que en su casa haya un nuevo habitante.





En este tipo de películas es relativamente fácil tirar por un camino u otro: o bien se trata de una monster movie, con la mamá de turno defendiendo al bicho que va destrozándole la casa en la persecución final, o bien intentan que la explicación psicológica y real quede presente. En este caso, han optado por el camino de en medio, y contra lo que suele pasar en este tipo de situaciones, ha funcionado mejor de lo que esperaba. Por un lado, la actitud de los protagonistas es todo un caso clínico, incluso las apariciones del Babadook podrían entenderse de esa forma. Por otro, la trama del monstruo es perfectamente lógica dentro del mundo de los personajes principales. Si la idea era plantear una historia sobrenatural como metáfora de los miedos y trastornos de sus protagonistas, han acertado de pleno, y hay secuencias muy específicas que lo demuestran. La casa cayéndose a pedazos, las secuencias de películas antiguas, sin mucho sentido, incluso el desenlace donde el sótano tiene una presencia bastante importante, cuentan con ese doble sentido. Sorprende encontrar un final positivo en un guión con semejante planteamiento, pero lo cierto es que juega mucho con ciertas convenciones, que mal llevadas acabarían siendo de telefilme, y que en su caso se convierte en una situación muy adecuada para lo que narraban.



Precisamente por eso la primera parte, que podría ser la más difícil de llevar si se quiere ver una película de terror al uso, acaba funcionando. En esta se muestra la vida de la protagonista de forma muy concisa, con secuencias muy breves donde aparecen sus familiares, su trabajo, y especialmente, su vida en la casa con su hijo. Todos estos secundarios están planteados de una forma muy simple, tirando a negativa, y casi grotesca. O son frívolos, o parecen no entender lo que la protagonista está pasando…y en el caso del niño, para darle de comer a parte. Sus hiperactividad, ese carácter demasiado mimado, y sobre todo, sus chillidos y rabietas, hacen que cualquier espectador tenga ganas de que el dichoso monstruo aparezca de una vez y se lo lleve al infierno. Vamos, que simpatía por él, ninguna. Pero precisamente, eso es lo que el guión pretende: ¿Qué el niño es insoportable? ¿Qué la mayor parte de la gente es imbécil? Esto es porque en realidad estos no se presentan de una forma objetiva, sino tal y como los ve su protagonista, alguien que lidia desde hace años con un estrés postraumático que no ha superado. De hecho, según va avanzando la trama, la forma de presentarlos se va volviendo más objetiva, y el niño comienza a mostrar un carácter más tranquilo y lógico que el que se vio en un principio, hasta el punto de acabar sintiendo simpatía por ambos.



En este caso, el trabajo de los actores se ha notado. Essie Davies ha trabajado principalmente en televisión, pero aquí se luce a la hora de mostrar una actitud a punto de caerse de sueño en el sitio, que  al borde de matar a alguien. Aunque el niño es el que se lleva la palma en muchos casos. El aspecto del crío, todo ojos y muy flaquito, es inquietante de por sí, pero consigue mostrar con toda naturalidad las rabietas y actitud insufrible de muchos niños. A menudo me quejo de que los chavales que suelen salir en las películas para hacer gracia al final no hay quien los aguante...pero el cometido de este era precisamente el contrario y lo borda. Aunque también es cierto que queda un poco pillado por los pelos que sea capaz de diseñar todo tipo de tirachinas y miniballestas, que también tienen su cometido en la película, con menos de siete años…¿pero a donde lo han llevado a la guardería? ¿A un centro de FP de mecánica?

Por una vez, el interés que podía generar un trailer y  unas cuantas ilustraciones ha funcionado en The Babadook. Quizá no sea una película de monstruos al uso como se podía esperar, pero ha conseguido combinar el componente fantástico con el psicológico, aún siendo este el más importante en el guión. Y como curiosidad, puede que el libro de ilustraciones del mismo nombre haya sido una invención para la película, pero el ilustrador John Kenn Mortensen ofrece algunas escenas igual de inquietantes. Es increíble lo que da de sí un poco de imaginación y un post it..





lunes, 24 de noviembre de 2014

Sin City. A Dame to Kill for (2014). La secuela que no gustó


¿Y si Sin City, en vez de delincuencia, hubiera tenido más gaticos?

La adapción al cine de Sin City tuvo sus partidarios y sus detractores. Esta primera entrega era muy fiel al cómic original, tanto en fondo como en forma. Consiguió conservar el estilo de serie negra llevada al extremo, con todos sus personajes pasados de vueltas y sus escenarios llevados hasta lo imposible en cuanto a oscuridad y situaciones dramáticas. Pero también lo consiguió con la propia estética del cómic, compuesta practicamente por escenarios en claroscuro y siluetas que apenas se dibujaban con una línea blanca. Ambos tuvieron sus partidarios y sus detractores, y personalmente, viéndole sus defectos y todas las cosas que no me convencían, llegué a disfrutar con ese dramatismo un tanto exagerado que intentaba transmitir en todo momento. Hasta esa costumbre de pintar los cristales de las gafas en un blanco impoluto, y el célebre tío de color amarillo que hace su aparición, me acabaron haciendo gracia, aunque quizá no por los mismos motivos que había pretendido Frank Miller.


A Dame to Kill for llega casi nueve años después, bastante tarde para ser la secuela de una producción que funcionó bien (quizá tuviera algo que ver el descalabro de aquella versión tan rara que hizo de The Spirit), y que, al igual que la anterior, se compone de las distintas historias que viven los habitantes de los bajos fondos de Sin City. Una ciudad con un apodo adecuado, donde existen barrios enteramente dominados por la mafia, donde las prostitutas se agrupan en bandas para defenderse y donde las fuerzas de la ley son inexistentes, porque incluso sus políticos, encabezados por el Senador Roark, son incluso peores que los criminales…O lo mismo este también hizo la carrera en la misma facultad que los españoles, a saber. Sus personajes están tan al margen como la propia ciudad: detectives de medio pelo, strippers, jugadores y matones acabarán cruzando sus caminos en busca de venganza o de resolver un asunto pendiente. 



Se trata de una película que, o bien te acostumbras a su estética y la disfrutas por completo, o poco más se puede hacer. El escenario de Sin City sigue lleno de sombras, de callejones similares a los del cine negro, pero magnificados a la hora de mostrar su peor cara, y de mansiones que no desmerecerían en alguna película de los años cuarenta. El blanco y negro se va alternando de forma aleatoria con escenas, o incluso personajes solamente, que aparecen retratados en color, haciendo que los escenarios sean todavía más irreales. En realidad es parte de su gracia, al igual que los propios protagonistas. Porque el reparto también es de primera categoría y estos están al nivel que se necesita. Que no es precisamente una actuación creíble, sino un registro un tanto excesivo, y a veces sobreactuado, que también es el más adecuado al tipo de personaje que interpretan. Quizá el de Jessica Alba no de mucho de sí porque también es el más simple, aunque Josh Brolin y Joseph Gordon Levitt cumplen perfectamente. Y Mickey Rourke casi tiene mejor aspecto con la caracterización de Marv, el matón, que con el suyo normal.


Una femme fatale, un profundo y unas gafas con brilli-brilli 

En este caso, quien más sobresale es Eva Greene y su encarnación de mujer fatal. También es a quien se le dio más presencia en casi todas las fotos promocionales, pero su forma de llevar determinados papeles un poco difíciles de creer, como pudo ser Artemisia en 300, El origen de un imperio, es el más adecuado para su personaje. Además de ser el segmento más largo de la película, consigue darle vida a alguien tan imposible como una mujer con tal capacidad de hacer perder a los hombres, que casi entraría en el terreno fantástico.



Pero el mayor problema es que precisamente estos personajes, y sus propias historias, están demasiado pasados de vueltas. Sin City era una película muy excesiva, con determinadas situaciones que no tenían sentido. Pero conseguía mantener un equilibrio haciendo que esa ciudad llena de delincuentes y asesinos mantuviera un punto de credibilidad. Esta segunda parte entra de lleno en el terreno del sinsentido: las habilidades de algunos personajes parecen poderes de superhéroes, estos actúan de una forma tan absurda que solo se puede esperar a ver cual es la próxima burrada que aparece…y al final, cualquier posibilidad de mantener equilibrio se acaba perdiendo entre personajes con frases tremebundas, disparos porque sí y tramas que se van resolviendo sobre la marcha, o directamente, poniendo delante de los protagonistas lo que les haga falta al momento ¿Qué van a entrar a saco en la casa de un político corrupto? Qué coincidencia, justo se encuentran con una banda de moteros armados hasta los dientes ¿Qué no sabemos qué hacer con un secundario? Hm…vamos a hacer que se pegue un tiro presa de la locura. Quedará muy bien.

Quizá por llegar tarde, o quizá por contar con unos defectos demasiado evidentes, A Dame to Kill for fue uno de los fracasos este año. También es un poco difícil prever a veces lo que va a funcionar y lo que no, especialmente cuando es un tipo de película que se sale de las producciones habituales..pero también es cierto que en esta parecía que al guión se había perdido entre varias docenas de frases pretendidamente dramáticas y voces en off.


jueves, 20 de noviembre de 2014

Lecturas de la semana. De aventuras va el tema


Esta vez cambiamos de tercio. Después de unas cuatro semanas dedicando entradas a libros sobre fantasmas, primigenios, investigadores de lo paranormal e incluso a cómo sobrevivir a todos ellos, vuelvo al género de aventuras. Algo que no es muy habitual, excepto cuando se trata de los dos protagonistas de series literarias muy largas, y muy conocidas en Francia y Bélgica.



 Henri Vernes. La griffe de feu. Bob Morane, el ingeniero y antiguo piloto de combate creado por Vernes, ha recorrido medio mundo en solo cuatro aventuras…¡Y lo que le falta! En este caso, el propietario de una concesión minera en África pide su ayuda ante los presuntos sabotajes que su empresa está sufriendo, y que por la proximidad a un volcán, pueden provocar una catástrofe en un pequeño país africano. El héroe deberá utilizar todos sus conocimientos para poder salvar a sus habitantes de una inminente erupción, y a su vez, descubrir quien es el responsable de los sabotajes.
El estilo de Morane es el de las aventuras más clásicas, al menos en los primeros tomos: algunos lugares y situaciones todavía son deudores de la entonces reciente II Guerra Mundial, pero gran parte de los escenarios son tan exóticos, atractivos y relativamente cercanos para sus lectores como selvas perdidas, barcos hundidos en el Mediterráneo, o un país todavía poblado por tribus sin contacto con la civilización. Posteriormente vendría La Sombra Amarilla, el que sería su archienemigo, pero para este todavía quedan unos tomos, por lo que, en la mayoría de los casos, y el de la Griffe de feu también, sus antagonistas son personajes a los que su codicia les convierte directamente en villanos.

En este caso, se nota demasiado la época en la que fue escrito, donde la explotación de determinados recursos naturales se plantea como algo habitual, y donde no faltan los “buenos salvajes” que suelen aparecer en casi todas sus aventuras. Morane también suele ser un héroe de miles de recursos, pero esta vez se lleva al extremo: lo mismo sabe de vulcanología, que de química, que de ingeniería de caminos…¡es increíble lo que da de sí su presentación como “ingeniero”! (aunque sospecho que a día de hoy, incluso tendría problemas para encontrar trabajo en cualquier empresa de Alemania). 

Quizá por el tema y la ambientación ha sido el que menos me ha entretenido de los que he leído, porque esperaba algo más en la línea anterior. Aunque el anexo que incluyen al final, como en cada libro, explicando a la chavalada unos cuantos conceptos de vulcanología, me sigue pareciendo entretenido y entrañable. Y es que en esta edición se tomaban mucho en serio lo de instruir deleitando. 


Jean Ray. Le monstre blanc. Otro de mis favoritos, si no el que más. El detective creado por Ray, quien presumía que entre vaso y vaso de ginebra, era capaz de escribir una aventura por noche (en más de una vez me he preguntado si el alcohol tendría algo que ver con alguna de las descacharrantes situaciones que incluye), empieza sus aventuras visitando el manicomio de Bedlam. Allí, entre locos que se creen Napoleón, se encuentra un hombre que asegura haber visitado el infierno donde todavía permanecen varias personas desaparecidas recientemente. La pista del demente se mezcla con la desaparición de un conocido explorador, unas notas acerca de la existencia de una feroz criatura de pelo blanco, y una veta de oro en los subterráneos de Londres.

Y todo esto, así, sin anestesia ni nada. Porque con un argumento así queda claro que lo que sucede, no va a tener mucha lógica ¿Por qué va un detective a una convención de psiquiatras en un manicomio? Por el mismo motivo por el que una historia sobre exploradores y monstruos subterráneos se mete de por medio: porque sus historias no siguen la norma habitual de detectives. Lo mismo empieza perdido en un pueblecito inglés, que descubre a los últimos seguidores de un dios sumerio. Le monstre blanc no es una excepción, y cada elemento, más enloquecido que el anterior, va apareciendo de la misma forma un poco aleatoria y estrafalaria. Tanto, que al igual que otros personajes de principios de siglo, como Rocambole o Fantômas, o se ama o se odia. Y en el último caso es muchísimo más sencillo ver los defectos de la narración. Pero lo cierto es que en muchas ocasiones estos elementos se han planteado desde un punto de vista humorístico.  De un humor que se adelantó varias décadas al término autorreferencial, y del que años después serían deudor, entre otros, las aventuras de AdèleBlanc-Sec.

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