Series de tv, libros, cine...y una constante presencia gatuna

jueves, 17 de octubre de 2024

La muerte os sienta tan bien (1992). La arruga (no) es bella

 


La juventud, y la belleza eterna han sido uno de los mayores anhelos del ser humano. Unido  también al  rechazo al paso del tiempo como esa antesala de lo inevitable, el deseo de mantenerse, al menos en aspecto, joven,  se convierte en uno de los vicios   que han acompañado a industrias tan centradas en lo físico como son  la moda y el cine. Una exigencia  que ha sido criticada a menudo, parodiada, denostada y  reflejada en muchas películas que mostraban  los estragos, no de la edad  sino de los criterios de una sociedad que  quiere volver la espalda a la visión de la vejez, condenando al olvido a todos aquellos que  han  pasado esa edad óptima o  exigiendo  una  estética alcanzable únicamente mediante la cirugía. La parte más sombría de ese mundo de luces  ha sido  mostrada a menudo a través del drama psicológico o  bien del fantástico en su forma más oscura y visceral.  Si  El crepúsculo de los  dioses y la más  reciente  THe  Substance  so un buen ejemplo, la comedia también se una forma de  mostrar, con menos agresividad, la  pero la misma mala idea,  lo ridículo de intentar detener el tiempo. Aunque los protagonistas de la película de  Robert  Zemeckis, por un momento, lo consigan.


La muerte os sienta tan bien, además de ser   una de esas traducciones  creativas que acaban funcionando mejor que el título original (en este caso, Death Becomes  Her) adelanta lo que  sucederá a los protagonistas: Madison  y  Helen, actriz y escritora rivales desde hace años y con tendencia a  robarse las parajes una a la otra. Esto también sucederá cuando conozca a  Ernest, el prometido de Helen y que pasará a ser la última de las conquistas  de esta. Pero también, la gota que colma el vaso: años después,  Helen vive sumida en una depresión y obsesionada por  vengarse. Pero la vida  tampoco  ha ido  bien para la nueva pareja y el que fuera un  prometedor  cirujano plástico  se gana la vida como maquillador de muertos, y  Madison está  más ocupada  intentando aparentar menos años  que en mantener  una carrera artística en horas bajas.  Cuando, tras  reencontrar a Helen esta  contempla atónita como   parece haber rejuvenecido, decide probar  una formula que le asegura la juventud para siempre… con una sola advertencia: esta se mantendrá  pase lo que pase durante su vida. Incluso después de un accidente o de un intento de asesinato.



Zemeckis  es responsable de producciones   tan variadas como  recordadas. Éxitos como  Forrest  Gump,  Naufrago, pero  también Regreso al futuro, quien engaño a Roger Rabbit y  esta comedia fantástica que aunque no llegar a alcanzar el éxito de las anteriores, parece imposible que  sea considerada una obra menor contando con Meryl Streep ,Goldie Hawn y  Bruce Willis  como trio protagonista, además de Isabella Rosselini en un papel secundario. Centrada únicamente en los tres personajes principales,  la trama toma distintos tópicos del thriller, como  ese triángulo amoroso y un asesinato que sale mal, para después dar un giro  hacia el fantástico  y convertir al personaje mas apocado en el centro de las obsesiones e intereses de sus dos protagonistas


No hay  en este caso demasiada  comedia gestual, y las secuencias de la pelea  post mortem entre Goldie  Hawn y Meryl Streep se salda rápidamente en un par d eescenas  para dar paso a la segunda parte de la trama: el personaje de Bruce  Willis, motivo dela enemistad entre a ambas, se convierte en el objetivo a  proteger por un interés  común, pero también a quien mangonear por partida doble, algo que se dejaba entrever  mediante  la actitud de ambas y la caída hacia la mediocridad de este. Además de la rareza que supone el ver a Willis en un papel  cómico  no relacionado con el cine de acción. Y con un matita de pelo casi testimonial.


 


Los efectos e especiales, centrados especialmente en las escenas posteriores a la resurrección de  las protagonistas, son  un tanto puntuales pero han aguantado muy bien el paso del tiempo, algo parecido  a los utilizados en  La familia Addams en cuanto a uso y buen envejecer, pero son algo muy secundario  en comparación al tema principal y  su giro  de guion  en la parte central. Este  ocupado principalmente en el conflicto de las protagonistas, obvia elementos  tan interesantes como el personaje de Isabella  Rosselini como  anfitriona de un Beverly HIlls  por el que pasean  muertos ilustres como Warhol,  Marilyn, Jim Morrison o el mismo  Elvis, a modo de miembros de ese  culto  a la fama y juventud y como  guiño a esa cultura popular  de estrellas que vivieron rápido, murieron jóvenes y dejaron, o queremos creer, un bonito cadáver… como James Dean,  a quien también posible reconocer en ese momento.


Es el tono de  comedia amable el que hace que, ,pese a contar con momentos con un potencial tan hiriente como estos personajes   condenados a acabar embalsamados  para siempre,  se queda en una puya, opuesto al final  feliz ganado por ese protagonista un poco victima de las circunstancias que alcanza  la inmortalidad de forma metafórica, mediante  una buena vida y en la memoria de sus seres queridos (y , de una forma un tanto conservadora, mencionando como este  fue padre de familia numerosa) frente a la representación  de la vanidad con sus contrapartidas convertidas en poco menos que momias repintadas  una y otra vez.

Esta comedia  menor de Zemeckis lo es solo en comparación a sus producciones más vistosas y recordadas. Pero también es una película que  aún retratando un entorno tan superficial desde su nacimiento como es Hollywood, se adelanta varios años a su tiempo, recurriendo a la fantasía  para hacer mofa de una industria donde lo único que  cambia  son las tendencias en la cirugía estética.

jueves, 10 de octubre de 2024

Las colinas tienen ojos (1977). El infierno son los demás

 




Los setenta supusieron el fin del sueño americano  que el cine se había esmerado en reflejar.  El intento, salvo ciertas producciones,  de  mostrar una realidad más amable, obviando los conflictos que  luchaban por salir a la superficie, daba paso a un público consciente de la violencia, tanto  en el exterior, con la carnicería emitida en diferido desde Vietnam, como interior, donde el mundo alejado de los núcleos  urbanos  era mostrado como un entorno desconocido  y peligroso. Una sensación de desengaño, desamparo, en la que ningún lugar  era seguro y muchos cineastas   reflejaban entonces. los perros de Paja de Peckimpah, los excursionistas en Deliverance de Boorman, pero también  el cine de terror se adentraría en esa realidad, ya  alejada de los monstruos clásicos, donde el horror estaba en una carretera desolada y hacía que el castillo de un vampiro europeo fuera un lugar re conocible y amable. La violencia, menos explícita de lo que se recuerda en  La matanza de Texas, pero también  La última casa a la izquierda de  Wes Craven. También este último, mucho antes de volver al terror sobrenatural, ese escenario en el que  la violencia  se convierte en algo inherente al ser humano, tras la cual, la civilización es solo una capa muy fina. 



Las colinas tienen ojos comienza con la llegada de una  autocaravana a un paraje,  camino de California, que solo puede definirse como en medio de la nada.  En una ruinosa gasolinera el cabeza de una familia compuesta por un policía retirado, su mujer, sus tres hijos, su nieta y su yerno, preguntan como llegar a una antigua mina. Las recomendaciones   del empleado  acerca de los peligroso de atravesar  una carretera en el desierto, cerca de un campo de pruebas del  ejército aéreo,  es ignorada y poco después, un accidente los saca de la carretera y les obliga a pasar la noche en el desierto mientras los hombres de la familia buscan ayuda.  Pero durante la noche,  estos son atacados por los habitantes del desierto: un clan de  caníbales, que tras matar a los más ancianos, no dudan en saquear la caravana y llevarse al recién nacido. Destrozados, los supervivientes intentarán defenderse, con la misma  brutalidad, , de los asesinos que han prometido regresar. 


La historia  está inspirada directamente en la leyenda de Sawney Bean, el  patriarca de un linaje de caníbales que instalados   en una cueva  en una región de Escocia, mataron y devoraron a más de mil personas.  Un relato de carácter mítico, que si bien parece  alejarse del enfoque más crudo  del terror, es abrazado directamente desde en el momento en que uno de los personajes explica el origen de los asesino que los persiguen.  Cambiando  la Europa del Siglo XVI por  Estados Unidos en 1929,  se  acercan  también al final de los locos 20 (y que parte de los nacidos en esa década  andaban por la cincuentena en los setenta), acercan la sensación de abandono a u n escenario mucho más  familiar, como esa carretera que conecta núcleos urbanos pero que parece ajena al territorio desconocido para los protagonistas, urbanitas e incapaces de defenderse fuera de la seguridad de las ciudades. Es precisamente la figura   de autoridad más antigua, ex policía, el primero en ser asesinado  por esa  tribu de caníbales  concebida como un reflejo oscuro de los personajes principales, mostrados como civilizados   que, hasta el desenlace, parecen indefensos en un lugar donde todo es una amenaza, desde las temperaturas del desiertos, hasta las distancias, pasando por los animales que lo habitan. 




Es precisamente el desierto uno de los mejores recursos disponibles. Un espacio abierto en el que  alternan secuencias nocturnas y diurnas  pudiéndose ver en estas últimas la extensión del terreno y la sensación de encontrarse ante un paisaje lunar, donde   los únicos núcleos humanos son una ruinosa gasolinera y una cueva habitada por salvajes. Y en la que  la única muestra de civilización, casi artificial,  será  esa caravana, el reflejo de un hogar tradicional que  será pronto invadido y destrozado.  Escenario donde la posibilidad de  estar  habitado  parece tan  improbable como  amenazador, y que  seguiría utilizando se años después en propuestas como Horror  in the HIgh Desert. 




La realización en algunos momento resulta un tanto torpe. ES una producción hija de su tiempo, donde se mantiene cierto tono de cine de guerrilla, ese metraje con grano tan reconocible de la década, y se aprecia atropellado de algunas  situaciones, donde rozan un poco lo absurdo, y unos actores   a veces un tanto limitados  cuando se les pide un registro más allá de la violencia o  el miedo (al parecer alguno venía del cine para adultos.  Y no precisamente de las películas subtituladas del cineclub). Esto hace que la película tenga más valor en su conjunto de una forma similar a La matanza de Texas, e incluso a La noche de los muertos vivientes: por el uso, casi  pionero, de la lejanía de la ciudad  como algo hostil, y sobre todo, por esa parte crítica que se ve reflejada en el metraje. La oposición entre ambas familias (con un mismo numero de miembros y una misma figura de autoridad) casi  como un doble,  teniendo la violencia como nexo de unión, y el progresivo deterioro de su visión tradicional.  En los primeros minutos, se suceden las pequeñas discusiones,  desde el uso del lenguaje malsonante  hasta  una disputa  sobre quien ha sido el culpable de haberse perdido. Y finalmente, el regreso a una reacción instintiva de defensa y ataque, muy similar a la de los antagonistas, que  se plasma de forma descarnada en la  pelea del desenlace. Este se convierte en un final abrupto, carente de cualquier epílogo y   centrado únicamente en lo principal: la supervivencia. 

Las colinas tienen ojos, además de una de las películas  principales de Wes Craven ,es una de las más importantes dentro del terror de los setenta,  además de uno de los primeros papeles de Michael Berryman, un actor, que al igual que  Javier Botet años después,  destaca por su particular apariencia y desarrollaría una carrera de lo más  variada, no sola en el fantástico. 



jueves, 3 de octubre de 2024

Lecturas de la semana. Especial zombies


 Hace algo más de diez años, los zombies se convirtieron en el monstruo estrella de la ficción. Los cadáveres reanimados, que habían sido una parte  más del terror desde que  George A. Romero   popularizara sus rasgos modernos en La noche de los muertos vivientes, y a los que  Danny Boyle había  dotado de velocidad  en 28 días después ç8aunque  recordando a Enjuto Mojamuto, no son zombies sino infectados), se convirtieron durante  2010 en  adelante en la criatura más popular del siglo xXI.  Carente de identidad, de voluntad, e imposible de redimir a los ojos del público a diferencia de su pariente no muerto más cercano, el vampiro, reflejaban  bien la incertidumbre e inseguridad de una sociedad que venía de sufrir una nueva crisis económica. Walking Dead, del comic a la serie de TV, demostraba  que se podía hacer una historia sobre muertos vivientes duradera, lejos del público de nicho y los presupuestos ínfimos. Este interés se haría notar en el mundo editorial convirtiéndose la ficción  zombie en un subgénero más dentro del terror.  Esta semana, un poco porque parece que octubre se presta a ello, o por recordar esos años en los que  no teníamos ni idea de lo que se nos venía encima, he recuperado aun par de novelas que  recurren a los muertos vivientes de formas distintas cada una.



Craig Di Louie. Infection. Un virus desconocido provoca que  gran parte de la población caiga en coma. Poco tiempo después, los infectados despiertan, carentes de consciencia y  convertidos en depredadores    que matan a todo ser vivo que encuentran para alimentarse de ellos. En medio del caos, la sociedad se desmorona y solo  permanecen distintos grupos de supervivientes  intentando llegar al día siguiente. Uno de tantos, formado por un ex militar, un agente de policía, un adolescente y un sacerdote, tiene más suerte  que el resto y consigue llegar a uno de los pocos campos de refugiados que  lo que queda del gobierno  de Estados Unidos  mantiene todavía  en pie. Aunque en un espacio  atestado de gente, donde  malviven víctimas y depredadores, puede ser más peligroso que las ciudades  abandonadas y  llenas de cadáveres reanimados.

 Primero de una trilogía no traducida al  español, la novela de Di Louie establece los primeros pasos de una saga bastante rutinaria (al menos en teoría, porque no he pasado del primer libro), que utiliza los tópicos establecidos  den un género que  en 2011, eran ya bastante conocidos y explotados: el virus de origen desconocido, para no tener que explicar mucho, los tipos de zombies, siendo ya los corredores una categoría en sí misma, e intentando que el escenario sea algo más original, algunos zombies monstruosos, resultado de alguna mutación de esas que vienen tan bien en la ficción, pero que después de cuatro Resident Evil, los House of the Dead y un par de Dead Rising, tampoco es que sea tan original (salvo para hacernos  reflexionar sobre la influencia delos videojuegos en la ficción popular reciente).

l resto transcurre  por unos escenarios trillados, en este caso, ciudades y  carreteras despobladas de Estados Unidos, una serie de protagonistas de distinta procedencia y características, del que alguno se quedará  por el camino y  el final a vierto de cara al siguiente libro de la serie. Que, debido al ritmo de la narración, se hace más que evidente que esta saga  estaba pensada desde el principio.
La impresión general de este Infection es la de ser una de tantas. Casi, el equivalente  zombis a la novela comprada en una estación de tren, sin que esta ofrezca nada que vaya a ser recordada un tiempo después de haber pasado la última página. Correctamente escrita, rápida de leer, sin sorpresas pero también sin nada que la convierta en algo especial o que pudiera  destacar entre las decenas de novelas del estilo que se publicaban entonces.


Cherie Priest. Boneshaker. Durante los primeros años de la Guerra Civil Americana, los rumores de la existencia de minas de oro en la región del Klondike  atrae no solo a  quienes quieren hacer fortuna, sino a científicos deseosos de probar la eficacia de sus invenciones.  Que muchos inversores demandan para poder extraer el oro  del suelo congelado de Alaska. Es la primera prueba de una de estas máquinas, apodada Bonesaheker, la que provoca un terrible accidente, reduciendo  Seattle a cenitas y  provocando la fuga desde el subsuelo de un gas que provoca la muerte  inmediata de quienes lo inhalan y su regreso como cadáver reanimado. Quince años después de que  no solo se perdiera la ciudad sino innumerables vidas incluida la de Leviticus Blue, el diseñador de la máquina, Briar, la viuda de este saca  adelante como puede a su hijo entre las miradas de los supervivientes que todavía  recuerdan el papel de su marido  en aquella catástrofe. Pero, cuando su hijo, intentando limpiar el nombre de su padre, escapa con intención de acudir a las ruinas de la ciudad, Briar debe adentrarse en un lugar  permanentemente envuelto en gas tóxico,  por el que no solo deambulan los cadáveres de las víctimas sino supervivientes acostumbrados a moverse en un entorno   hostil.

Cuando los temas de un libro son steampunk y zombies, al menos  este va a ser origina.  También el haber comenzado con una catástrofe en un periodo tan poco explotado en este sentido como es el siglo XIX con lo hace, y la novela dedica bastante tiempo a desarrollar el trasfondo  en el que se mueven los personajes. Este  es una época de pioneros, donde las condiciones de los buscadores de oro se ven sustituidos por ese apocalipsis retro que  genera un escenario muy particular, donde un accidente  masivo no tiene mayores consecuencias fuera de sus fronteras pero  da forma a la vida cotidiana de sus habitantes,  subsistiendo en las fábricas que se han establecido, y  con una estética muy particular entre el siglo XIX y las máscaras antiguas que son una parte   para la supervivencia de los personajes. El resto de elementos que sirven de trasfondo son los propios del steampunk: el uso de  naves voladoras, tecnología a vapor y laboratorios de diseño tan barroco como anacrónico, que son una parte más que se adopta como parte de un género  con una estética muy característica.

En este sentido, la novela es más una narración steampunk, donde el escenario y el número de personajes con premisa interesante (la ciudad  arrasada por un gas tóxico, capitanes de aeronaves, una princesa india que busca venganza y una tabernera con un brazo mecánico entre otros) se acaba comiendo a los principales que tienen en comparación muy poco tiempo. Estos, Briar, la protagonista, es quien tiene más peso, siendo sui hijo un poco es el Mcguffin  por el que debe empezar una aventura.  Aunque esta, caracterizada como una mujer fuerte y endurecida, se queda en un retrato un poco plano al ser necesario presenta runa cantidad de secundarios llamativos y a un antagonista que poco más va a salir, porque el libro, pese a ser el primero de una serie, es autoconclusivo y los siguientes  transcurren en lugares y con protagonistas distintos.

Además, pese a  que se defina como “steampunk y zombis”, de los últimos, poco hay. Salvo en el  prólogo donde se los menciona,  estos son uno d más de los peligros que pueden encontrarse en la ciudad donde transcurre  gran parte de la trama. Pero apenas tienen presencia, y perfectamente podrían haber sido sustituida por cualquier otro elemento peligroso. Casi da la impresión que  fueron un añadido para una novela escrita en un momento en que loa zombis pegaban fuertes y si era posible incluirlos en una obra de fantasía, adelante.  Al menos, de esta puede decirse “Vine en parte  por los zombies, me quedé por la locura steampunk con gases mortales, aeronaves, mad doctors con problemas de identidad y heroínas con mal carácter”.

jueves, 26 de septiembre de 2024

La vida secreta de Walter Mitty (1947). La vida en Babia

 


                                                     I try to maintain a healthy dose of daydreaming to keep myself sane
                                                                                                                                        Florence Welch


Estar en Babia, en las berzas, pensando en las musarañas y otras expresiones definen ese estado mental de abstracción total, casi ensoñación, en la que alguien es capaz de olvidarse de su entorno por compe.to para acabar  perdido en un hilo  de pensamientos o en un escenario imaginario. Que para que negarlo, seguramente sea bastante más interesante de lo que están intentando comunicar desde el exterior. La fantasía como vía de escape de lo cotidiano ha sido algo que ha a servido para impulsar gran parte de la ficción moderna (de otra forma, ¿ por qué íbamos a referirnos a un texto como “literatura de evasión”?) como  para servir de base a esta. Desde don Quijote, el soñador por antonomasia, hasta Sam Lowry, perdido en un cubículo anónimo den el Brazil de Terry Gillian, la fantasí a se plantea como una alternativa al entorno gris y monótono que ha ofrecido el siglo XX, sin dejar de ser paradójico que sea precisamente el sistema económico que nos ha abocado a esta repetición y falta de  sueños, el mismo que  proporcione vía de escape. Precisamente una via de escape que se plantearía en una producción de los años cuarenta   y que pasaría a ser una parte más del imaginario colectivo.


La vida de Walter Mitty transcurre entre su trabajo como corrector en una editorial de revistas pulp, cumplir recados para su madre, con la que sigue viviendo, las veladas con su novia y futura suegra e imaginarse, mientras tanto, como protagonista de todo tipo de aventuras, muy similares a las de las revistas en las que trabaja. Una forma de escapismo que a menudo   ha sido  criticado por su familia y jefe, debido a su tendencia a abstraerse. Pero un poco de fantasía no hace daño. Solo cuando una joven, muy parecida a la que  él ha imaginado, le pide ayuda para custodiar  un cuaderno que esconde la localización de los tesoros del gobierno holandés, ocultados a los nazis, su vida parece convertirse, por momentos, en una de las historias que a menudo imagina. Perseguido por matones, colgado de una azotea e incluso acusado de loco, Walter empieza a ser  parte de una situación que ni el mismo hubiera imaginado. Y en la que pese a todo, sigue teniendo tiempo para soñar despierto.



Basada de forma un tanto libre en un relato de James Thurber, este  es uno de los casos en los que la adaptación cinematográfica es más conocida y superior al material original. Esta es una comedia uy ligera, al servicio de  Danny Kayye, en la que con el tiempo, prevalecería más la idea principal, hasta el punto de hablar medio en broma del síndrome de Walter Mitty,  que el contendido  en sí. Esta, concebida como comedia, con esos tonos tan chillones y  hoy un poco irreales del tecnicolor, transcurre entre  la comicidad gestual de  Kaye, varios números musicales que se convierten casi en una fantasía dentro de la fantasía, Virginia Mayo como  esa mujer de sus sueños  que acaba convirtiéndose en algo real, más incluso que el entorno familiar que lo rodea, y la aparición de Boris Karloff como uno de los secundarios antagonistas. Este,  en el papel de doctor al servicio de esa  organización heredera de los expoliadores nazis,  desaparecidos hace muy poco cuando la película se estrenó, sirve también como  enlace con el mundo de las revistas pulp que aparecen como trasfondo, así como  con los personajes que este había interpretado durante la época dorada de  los monstruos de la Universal.


La trama transcurre a lo largo de varios días en la vida de su protagonista, en los que se alterna esa progresiva introducción de los imposible en lo cotidiano.  Las secuencias de su partida diaria entren, la oficina, y la aparición de elementos  anómalos finaliza cada vez con un fundido a negro y el comienzo de un nuevo  día que reduce el uso de escenas intermedias pero también le da un carácter episódico, incluso en su desenlace en el que la película  se cierra con un final  feliz, casi garantizado desde el comienzo, en el que  el protagonista, tras triunfar en una situación digna de novela, se enfrenta a ese entorno que, como declara en el desenlace, cuyas mentes son tan pequeñas y grises que son incapaces de apreciar cualquier atisbo de maravilla.



 
Una visión muy optimista y m muy blanca, que era algo de esperar en una comedia de la época, aunque esta cuente con elementos que hayan perdurado, como la fantasía como vía de escape o la ironía de trabajar en el departamento menos creativo de una empresa dedicada a vender ficción, en esta no se puede esperar una reflexión más profunda sobre ello, ni un enfoque complejo. Para algo así, Terry Gillian lo había reflejado mucho mejor, y de una forma menos esperanzadora, en Brazil. Lo que hay en este caso, es la primera aparición de este personaje, casi un arquetipo de la fantasía como vía de escape ante una situación en la que esta es la opción más viable.  Pero en la que en lugar de reflejos o cambio este acaba acomodándose a los cánones del final feliz y del sueño americano: Mitty soluciona sus problemas reales “como un hombre de verdad”, a base de un puñetazo y un discurso que reafirma su identidad. Y que le lleva en el epílogo a conseguir no solo a la mujer de sus sueños sino un ascenso y el respeto de su jefe. Después de todo, su historia es otra ficción, y cabo  preguntarse  si este desenlace no sería también una ensoñación en la que este soluciona definitivamente su s problemas.

La vida secreta de Walter Mitty es una  producción que más que por su reparto y escenas se han convertido en una idea que forma parte de la cultura popular. Y en una de  esas películas y cuyo enfoque  hace mucho más fácil   el que sea posible un remake adaptándose al cambio de mentalidad y sociedad, como pasó en la versión de 2013 y en la que también contaba con un cómico, en este caso, Ben Stiller, como protagonista.

jueves, 19 de septiembre de 2024

Gueules noires (2023). Horror cósmico y grisú

 


Una vez superados los intentos por adaptar los relatos de Lovecraft  de forma literal,  fue viéndose de forma cada vez más clara la viabilidad de hacer una película basada en los Mitos de Cthulhu que trasladar a imágenes el material original. En la boca del miedo resumía perfectamente esta mitología y la ficción a través de los libros de Sutter Cane. Muertos y enterrados, sin mencionar directamente a H. P. L, se considera una película lovecraftiana, e incluso rarezas como Messiah of Evil hacían del pueblecito de Point Dune y sus extraños habitantes un lugar que podría rivalizar con el propio Innsmouth.  Conociendo los mecanismos, una historia original podría, en pantalla, ser tan fiel a Lovecraft como cualquiera de sus relatos, e incluso, separarse de los escenarios de Nueva Inglaterra donde había arraigado. Después de todo, el Viejo Continente tiene un trasfondo mucho más antiguos, tanto como para haber quedado restos de esas criaturas anteriores  a la humanidad…idea que el director Mathieu Thuri tomaría en 2023 para una película claustrofóbica, oscura, pero también muy clásica y que traslada referencias ya conocidas por el público a un escenario menos habitual.



Las caras negras del título es el apodo con el que se conoce a los mineros en el norte de Francia: independientemente de su origen, francés, italiano, español o marroquí, como el  recién llegado Amir,  sus rostros adquieren la misma tonalidad  negra por el carbón de las minas. Durante los años cincuenta, todavía lejos de la reconversión industrial   pero también lejos de las medidas de seguridad más básicas, los trabajadores descienden cada turno sabiendo que este puede ser el último. Es al comenzar una de estas jornadas cuando al  equipo de Roland, el más veterano, se unen no solo sus compañeros habituales y el novato Amir, sino un visitante fuera de lugar en el  gigante complejo extractor de carbón: el profesor Berthier,  quien ha pagado lo suficiente como para asegurarse que  este pueda bajar a una profundidad más allá de los mil metros, saltándose incluso los ya de por si escasos sistemas de seguridad a la hora de abrir nuevos caminos subterráneos. Allí, sin más luz que la proyectada por las linternas de sus casos, encuentran restos de una tragedia  minera sucedida ya hace un siglo, pero cuya fama todavía  es recordada entre los trabajadores. Y también inscripciones, en un idioma desconocido, con el  que le profesor parece estar familiarizado, y que  le conduce a una cámara,  repleta de restos humanos, mucho más antiguos que  parecen guardar un gigante sarcófago. El profesor se niega a  explicar cualquier cosa al equipo que lo acompaña, pero parece conocer bien a quien, o a quien, pertenecía ese santuario.



La película es una cinta de terror, muy claustrofóbica, donde el escenario, con referencias tan pulp como el material en el que se inspira, rodada  de forma muy efectiva y concisa. Esta,  con un escenario muy limitado por el espacio y la luz, funciona también como lo hizo The Descent en 2004…e incluso mejor,  dado que las efectos especiales y la presencia inevitable de la criatura son reducidos al mínimo. El protagonismo se cede a ese escenario tan  específico pero a la vez reconocible, y a esos protagonistas en los que la lógica no  falla: son mineros, su trabajo   es estar a kilómetros de la  superficie, donde  nadie con otra opción querría estar, si no se marchan, es porque un accidente ha taponado las vías de salida. De este modo, el grupo de protagonistas, de los que pocos se sabe salvo su trabajo, sirven para desarrollar un trasfondo que en un momento del pasado, pero que en ningún caso podría  verse con nostalgia o como una idealización para una historia de terror. Lejos de recurrir a esos años veinte, ya centenarios, la mitad de siglo en la que transcurre el guion hace mención a las dos guerras anteriores, a los cambios que experimenta el país pero también a los que sufrirá.  Pese a su carácter anecdótico (en este caso “algo oculto bajo la tierra”)  tiene espacio para cierta crítica social. La selección, casi brutal, de los trabajadores marroquíes que s e lleva a cabo en los primeros minutos, ese equipo de mineros formado por las primeras oleadas  de inmigración, en su mayoría, intraeuropea, tras la guerra, o  el temor a la que mina cierre, bien por peligro, o bien por un descubrimiento que les haría perder el sustento. Un elemento de crítica que parece estar muy presente en el cine francés fantástico reciente,  donde incluso escenarios tan de serie B como  el edificio infestado de arañas de Vermines sirve para reflejar ese deterioro del París  metropolitano, o en este caso, una historia de terror tradicional hace una referencia muy poco velada a lo poco que ha cambiado Europa en setenta años.


El guion, y su desarrollo, sigue un esquema muy clásico. El público sabe lo que va a su ceder desde el momento en que  conoce el argumento, y este e s un poco como leer un relato de casas encantadas o de fantasmas: no inventa nada, pero seguramente funcionará y resulta en cierto modo reconfortante. Este, salvo los escasos exteriores en los que se aprovecha muy bien el contraste entre los espacios abiertos (el desierto en Marruecos y la monstruosa infraestructura exterior de la mina) y los túneles en los que se desarrolla gran parte de la trama. En muchos casos, no son más que una sucesión de pasillos y recodos, iluminados en tonos cálidos por linternas antiguas, y que incluso la cripta donde se oculta la criatura responde también ea ese diseño básico de espacio cavado entierra. No se cuenta, en todo caso, con mas ayuda que los planos muy  cerrados de los actores, la labor de estos, especialmente  Samuel le Bihan como minero veterano,  Jean  Huges-Anglade poniendo cara a ese profesor que parece haber perdido todos sus puntos de cordura (un símil inevitable porque  el guion  también guarda un gran parecido con cualquier aventura corta de La llamada de Cthulhu) y l a sorpresa de encontrar a Diego Martin como el barrenero español Miguel. Reparto, y escenarios tan precisos,  que hacen pensar que el  presupuesto podría haber sido un tanto exiguo  o que este se destinó a lo que preocupaba verdaderamente a los realizadores.


Porque,  en cuanto a los efectos especiales, estos se han mantenido a un nivel muy básico, incluso escaso: hay un plano completo de esa criatura prehumana, a la que  no solo se le da un nombre y también se la acompaña a de una cantidad de  referencia a los mitos de Cthulhu  que hacen que ya no quede duda de cual era la intención. Pero  esta es tan plásticos, o más bien, tan artesana y estática que se limita a ser una figura, muy deudora de los esqueletos multiarticulados de Besksinski, pero con una movilidad  inexistente que se limita a  menear un par de brazos y agarrar a alguna víctima…vamos, que el nuncio motivo por el que no  se la evita corriendo es porque en una mina medio derrumbada, poco sitio hay para escapar.

Gueules noires es  una producción muy sencilla, de corte muy clásico y muy lovecraftiano, donde no va a haber nada que sorprenda al público. Pero  el uso de estos elementos,  de un periodo histórico reciente y poco explotado, así como  su punto, gracias a este último, de crítica social, hace que funcione y supla esa aparente falta de novedad  con la capacidad de crear  una historia claustrofóbica. 
 


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