Series de tv, libros, cine...y una constante presencia gatuna

jueves, 13 de abril de 2023

Dragones y Mazmorras: Honor entre ladrones (2023) 20 natural

 



Cuando en 2001 se estreno la película oficial de Dungeons and Dragons, muchos de los que la habíamos esperado nos encontramos  con unos cuantos dragones hechos con CGI, Jeremy Irons  gesticulando para pagarse las facturas, a uno de los Wayans haciendo lo mismo pero con menos gracia y  al enano más alto de toda la historia de la fantasía heroica (con permiso de Zanahoria). Las dos secuelas caerían en el olvido o en el pozo de Syfy y se acabó  por asumir que esa película que prometían años después se quedaría en un rumor, un intento de hacerse un nombre entre las franquicias de entretenimiento mas conocidas o en el peor de los casos, algo igual de risible que su predecesora. Se presentó el trailer, la primeras opiniones  desconfiaban de lo que podía verse. Fue estrenada, tras unos primeros pases con mejores referencias..y ese estreno vino acompañado de un sonido de dados que, al terminar de rodar, mostraban nada menos que un 20. 




Honor entre ladrones comienza con dos aventureros huyendo de una prisión  rodeada de hielo: Edgin y Holga, un antiguo bardo y una guerrera convertidos en ladrones han pasado los dos últimos años encerrados tras haber sido condenado por intentar robar en la fortaleza del  gremio de arpistas, a la que  Edgin había pertenecido. Desconociendo que ha sido de sus compañeros después de su captura, consiguen regresar a Neverwinter  en su búsqueda, pero sobre todo, para encontrar a Kira, su hija. A su vuelta descubren que Forge,  organizador del golpe, ha cuidado de ella todo este tiempo, además de ser el actual  señor de Neverwinter y que Sofina, la misteriosa maga que había  propuesto el robo, actúa como su consejera...y que este estaba condenado a fracasar desde el principio, tratándose de un truco para librarse de su antiguos compañeros y hacerse con  un puesto de poder en el reino, por lo que su regreso es un inconveniente. Tras escapar de un nuevo intento de eliminarlos y reencontrar a su amigo Simon, un hechicero no especialmente hábil, se propone regresar a la ciudad y recuperar a Kira, aunque esto será más difícil de lo que imaginan: Sofina no es solo una maga ambiciosa, sino una hechicera roja, una poderosa nigromante dispuesta a manejar la ciudad acsu antojo y convertir a sus habitantes en no muertos si nadie se lo impide. 

La película, a diferencia de la anterior, establece un escenario  reconocible dentro de la franquicia:  esta tiene lugar en el mundo de Reinos Olvidados y se hace referencia a los lugares comunes de este. Neverwinter, Baldur´s Gate, los magos rojos como antagonistas  o las menciones a Elminster. Nombres  que forman parte del trasfondo y a los que el público ajeno a D&D se adaptará rápido, los aficionados los reconocerán  y los que crecieron con alguna de las colecciones  publicadas por Timun Mas les resultarán familiares. No hay más complicaciones a la hora de  presentar el escenario porque este se basa en el conocimiento general del público y un poco, en la suspensión de la credibilidad de este: es un mundo de fantasía. Habrá magos, enanos pero también todo tipo de criaturas que pueden verse en pantalla y que  no es necesario explicar. Forman parte del mundo, sin más. Y de uno donde lo importante es que el espectador se divierta. Y eso es algo que han conseguido. 



Otro de sus acierto e ha sido el reflejar perfectamente la esencia de una partida de rol. Si bien esto es algo que también lo había hecho la serie de animación de Vox Machina, el haber guionizado directamente una campaña real hacía que esta se excediera en las situaciones absurdas y alargara la comicidad en determinado momentos. Algo que en este caso, han conseguido evitar y se han quedado con lo esencial: las dinámicas entre personajes, los guiños a los cliches de D&D y sobre todo, la diversión Un buen equilibrio entre los momentos más dramáticos y el no tomarse demasiado en serio un escenario donde todo es posible, y donde nada resulta demasiado peligroso si hay un hechizo a mano. Y donde los personajes tienen en común la camaradería propia  de quien lleva mucho tiempo compartiendo aventuras, la trama romántica es algo muy secundario a lo que no se presta demasiada atención y los protagonista vienen marcados por los aspectos que los caracterizan: la actitud poco ingeniosa pero práctica de la guerrera, o sobre todo, los momentos cómicos proporcionados por un paladín que aunque competente, es imposible tomárselo en serio  por su actitud intachable. 




Los personajes principales también  han conseguido mantener este equilibrio entre la seriedad y lo cómico. Si la guerrera interpretada por Michelle Rodriguez es de los más divertidos, Hugh Grant sería la cara más reconocible aunque su presencia sea muy breve, y su papel de timador y charlatán, casi un antivillano, un buen contrapunto a la amenaza más seria del personaje de Daisy Head, y en cierto modo, una forma de compensar los excesos  que supusieron el villano anterior interpretado por Jeremy Irons. 



Esta aproximación  más ligera al género de la fantasía no viene apoyada únicamente por el humor  o las referencias al trasfondo de la aventura: uno de los mejores momentos  lo proporciona el cameo de de los personajes de otra de las apariciones audiovisuales de la franquicia. Un bárbaro, un arquero, un acróbata, magos y un caballero que  pueden verse en un momento determinado, compitiendo contra los protagonista sy que es el mejor guiño que podía hacerse para todos los que hace años, se preguntaban por qué aquella serie de fantasía había tenido un final tan desangelado. 

Honor entre ladrones consigue  mas de lo que se había propuesto: una buena película de fantasía que no pretende apostar por lo dramático, sino que adapta de forma verdaderamente fiel lo que supone Dragones y Mazmorras. Y, tras el éxito, seguramente el comienzo de una franquicia que, para un público ya un poco saturado con las producciones de superhéroes, supondrá una novedad. 

jueves, 6 de abril de 2023

Sergio Morán. Érase una puta vez. Se acabó el cuento

 



Los cuentos de hadas y su mundo son un escenario que se ha utilizado  a menudo para narraciones fantásticas, y no necesariamente destinadas a los más pequeños. Seguramente las seis temporadas de Once upon a Time sean el ejemplo más recordado (y más Disney), pero Dentro del laberinto es, además de igual de memorable, claramente superior y supone una variación: el relato en el que se adentra su protagonista no existe. Se va creando de este mudo un género distinto: el de los cuentos, en general, como un universo caracterizado por su propia lógica interna, a veces absurda, pero son sus propias normas. También, mucho más cándido que la realidad, pero en varias ocasiones, igual de cruel. Este es  el último escenario que Sergio Morán ha elegido para su novela más reciente: ¿qué pasaría si el mundo de los cuentos fuera un lugar real, y sus personajes pudieran salir de él a cometer fechorías? O peor, ¿qué pasaría si la gente con la que se han metido fuera la más peligrosa?



Una noche, unos duendes secuestran a un bebé humano. En otras circunstancias habría sido un príncipe, pero Adolfito es un niño igual de importante: es el hijo de Don Manuel Ibañez, el narcotraficante más peligroso de todo el Norte de España. Y cuando ve en la grabación de una de las cámaras de seguridad de su casa como su hijo es raptado por unas criaturas imposibles, que desaparecen atravesando  un armario, no duda en reunir a sus mejores hombres para recuperarlo. Un ex legionario, una mercenaria, un asesino a sueldo del mejor postor y…Dieguito, el hijo mayor, que tras una noche de juerga se ve obligado a actuar como representante de su padre, y a ser posible, probar ante este su valía. Pero ninguna de las misiones que  hubieran llevado  a cabo hasta entonces los habría preparado par lo que se encontrarán en el Reino: animales  que hablan, peces que conceden deseos y..¿eso que hay delante del puente es un conejo  de color verde que les está negando el paso?

Morán desarrolla una vez más su particular estilo de fantasía,  con un humor un tanto bestia y  esas situaciones en las que lo cotidiano puede  convivir perfectamente con lo fantástico sin tener que recurrir a  no tomárselo en serio. Algo que había venido   planteando en la saga de Parabellum y que aquí lleva un poco más lejos dando el papel protagonista a u grupo de sicarios. Esto, más que antihéroes, son los héroes involuntarios de la historia y los caracteriza de forma que sea inevitable empatizar con ellos: cada uno tiene sus motivos para deber lealtad a su jefe, no están orgullosos del trabajo que llevan a cabo pero es algo que no les queda más remedio. La pareja de amigos formada por  Matas el legionario y Lorenza la Bestia, uno, con una lealtad ciega a su jefe, ella, cada vez mas cansada de que la consideren un perro de presa, o Salvini, un personaje que de calculador, traicionero y ambicioso es el mejor antagonista de toda la trama. Y sobre todo, Diego, que  sin ser el personaje principal (la novela en este sentido es una historia coral), es el que  consigue evolucionar desde las primeras páginas en las que se presenta como un chaval aficionado a la fiesta y completamente anodino a alguien con más sentido de lo correcto que el resto de sus compañeros. Estos consiguen  que el lector sienta simpatía por unos protagonistas perdidos en un mundo  que no consiguen comprender y cuyas referencias les quedan muy lejos (porque, como explica uno de ellos, la lectura de cuentos no entraba dentro de sus dinámicas familiares), para luego recordarle su  verdadera naturaleza, la de unos criminales que se deben a su trabajo. Y que son muy buenos en este.



Con este punto de partida era de esperar que los momentos de  humor del libro fueran bastante negros  y con una tendencia a la exageración: hasta llegar a entender el lugar en el que se ncuentran, lo s protagonistas  provocan verdaderos desastres,  que empiezan ametrallando a un conejo  gigante que parece sacado de un sketch de los Monty Python, pasando por una masacre involuntaria en uno de los pueblos  por los que pasan, para terminar adaptándose al funcionamiento interno del escenario. Aunque  esto no  impida que sigan echando mano de un fusil de asalto cuando las cosas se ponen feas.

Estas situaciones están por suerte bien  dosificadas evitando que se conviertan en una broma repetitiva, y posteriormente aprovechando mucho más las posibilidades el mundo de fábula que describe: este se presenta como un lugar  irreal, casi a medio hacer, donde los colores parecen  más propios de una ilustración que la del mundo real, y donde todo parece  poco esbozado.  El reino no es otro que el Reino, con un rey o Reina, sin nombre, pero hay todo un gremio de príncipes y cada costumbre local tiene su origen en algún suceso que haya sido narrado previamente. Un entorno muy lejos  de la idea de cuento complejo pero sí más acorde con el que podría ser  el del libro de historias infantiles de la Hermana Herminia, que mencionan los personajes y cuyos relatos tienen un papel importante en la trama, no solo como referencia para estos. El estilo mantiene muy bien el equilibrio entre lo absurdo, lo cómico, lo coherente y lo peligroso, que es habitual en los libros anteriores de Moran  y que en esta caso aprovecha la libertad  que le proporciona el escenario de los cuentos para explotarlo muchísimo más. Hasta el punto de hacer pensar, en algunos capítulos, que ha debido pasárselo de miedo escribiendo esta novela.



Érase una puta vez no  solo es un cuento con animales parlantes, princesas, reinas y asesinos a sueldo donde  no se corta a la hora de plantear las situaciones más alocadas, sino que decide ir un poco  más lejos  y acompañarlo de su propio spin off:  por si el mundo en el que acaban perdido Matas, Lorenza, Salvini y diego se ha quedado pequeño, se publicó como complemento las Historias de la Hermana Herminia,  una colección de cuentos muy ortos donde se recogen el resto de las historias que mencionan en la novela. Eso sí, tanto el conejito Pin Pan Pun como la gallina que ponía huevos de dragón, quedan muy lejos de cualquier versión Disney.

jueves, 30 de marzo de 2023

Apaches. Los salvajes de París. Si vas a Paris, papá, cuidado con los apaches.

 


La canción de Celia Gamez, de la que solo conocía el estribillo (la  abuela era especialista en cantar únicamente una o dos frases de cuplés célebres) siempre me había desconcertado ¿ como habían llegado los indios a Parías?  Estos volverían a aparecer, descolocándome un poco menos, cuando Jules de Grandin los mencionaba como  parte de la fuerza bruta en alguna trama criminal pulp, o en las páginas de algún folletín. Y es que hubo una época en la que unos salvajes aterrorizaron a placer las calles de la ciudad de la luz.


Durante los años que se conocerían como la Belle Epoque, esas décadas  entre el final del siglo XIX y el comienzo de la Gran Guerra, una banda  sembró el terror  por las calles de París. Robos con violencia, asesinatos y crimen  organizado, pero también el comienzo de una cultura urbana propia y su transformación en entretenimiento casi teatral, para acabar  desapareciendo con el inicio del primer conflicto armado del siglo y la aparición de problemas mayores. En parte banda organizada, en parte una de las primeras tribus urbanas, los apaches se convertirían en una  presencia habitual en la prensa más alarmista, pero también en la ficción e incluso en el espectáculo. El libro de la Felguera  recorre los inicios de esta cultura, banda organizada o como  se quiera llamar, a través de recortes de prensa, fotos y fichas policiales, unidas por   texto redactado específicamente, bastante somero, en el que se da una cronología y se refieren los hechos más estacados en la historia apache: su nacimiento como subcultura y banda, sus organizaciones o falta de estas, códigos y uso de los tatuajes y vestuario distintivo, así como el desarrollo de sus armas improvisadas, señales…pero también su relación con el anarquismo, incidentes que pasarían a formar parte  de la cultura popular y convertirían a su s implicados en estrellas del entretenimiento, y una particular evolución de los apaches  hacia el espectáculo, al transformar  sus signos de identidad y bailes en un número al que los  ciudadanos respetables podían asistir en los cabarets.


Esto es una sinvergüencería, donde vamos a parar 

Si bien la parte informativa, algo necesario para poner en contexto, aporta los datos correspondientes, la más interesante es el aspecto visual del libro. Este reproduce grabados de la prensa, llenos de dramatismo a la hora de representar los altercados, fotos de fichas policiales, y sobre todo, los textos de prensa. Estos, alarmistas y con un estilo un tanto artificioso, describen la ola de crímenes que acecha a los  parisinos, advierte de los peligros de las técnicas de lucha callejera de esta peligrosa banda y su falta y apela al sentido común  con una total falta de objetividad periodística (¿eso existió algún día?) que resulta sospechosamente familiar. El dramatismo utilizado no es muy distinto del empleado actualmente por  cualquier programa de sucesos donde denuncian el uso de la burundanga, de la llave mataleones o de los ocupas que se meten en los pisos cuando sus residentes legítimos bajan a por el pan sin instalar una alarma de Securitas.


Esta no es la única similitud con cualquier situación contemporánea que puede encontrarse. El texto describe también la cultura desarrollada por los apaches, que si bien no llegaría a extenderse estéticamente entre el público, se transformaría en un espectáculo. La danza apache, caracteriza por la violencia e sus movimientos, pasaría de ejecutarse en sórdidas tabernas a escenificarse en cabarets, donde antiguos miembros de las bandas encontrarían una salida laboral más lucrativa como bailarines. Aparecerían también celebridades, como es el caso de Casque d´Or, protagonista de un triángulo amoroso dentro de unos de os grupos que la convertiría en una figura destacada en la crónica de sucesos pero también en una pequeña estrella del teatro de variedades y cuya vida sería adaptada en una producción cinematográfica.

La conclusión del libro coincide con la desaparición de la cultura apache. Esta, absorbida parcialmente por la ficción popular y el espectáculo, se ve abocada a desaparecer con el inicio dela primera Guerra Mundial. Se señala en este caso que, además de los reclutamientos necesarios para el esfuerzo de la guerra que el temor que había generado una de las primeras bandas organizadas del siglo palidecería entre las noticias que llegaban del frente.  Este, en cierto modo, empezaría con el asesinato de un archiduque y no con las primeras horas de 1900.
Lejos de querer ser un ensayo o un estudio exhaustivo, Apaches es casi una novela, pero una no ficticia: un reflejo de como la sociedad percibía una forma de delincuencia, una amenaza para el orden establecido, pero como también se sentía fascinado por ella.

jueves, 23 de marzo de 2023

Lecturas de la semana. Hasta el ciberespacio, y más allá

 



Hoy toca ciencia ficción. En concreto, un género que acertó menos cosas de las que le hubieran querido sus autores pero  trajo con el toda una estética y recursos que se convertiría en en una referencia más, especialmente en los últimos años: el cyberpunk, donde  era posible reflejar de una manera exagerada los excesos del capitalismo y de la entrada de las corporaciones en la gestión del estado, que  enrocarse con el uso de la realidad virtual y el concepto de ciberespacio  como lugar al que acceder mediante conexión ( mira, igual que el pesado de Zuckerberg esta temporada) o estar convencidos que Japón sería la potencia y cultura dominante. Esa mezcla de ideas y tecnología se convertiría e con el tiempo en un escenario retrofuturista  al que es posible ver como un reflejo distorsionado de nuestra realidad y que William Gibson dedicó varias colecciones de relatos y trilogías durante los ochenta y noventa. Y del  podemos decir que es una s suerte que no haya acertado en lo de la guerra nuclear. Al menos, de momento. 



Luz virtual. Primer libro de la Trilogía del Puente, apelativo por el que se conocen una serie de construcciones improvisadas en las ruinas del puente de San Francisco en un futuro no muy lejano. Una joven mensajera comete el error de robar algo tan anodino como una gafas de sol a uno de los invitados de una fiesta a la que debe hacer una entrega. Un antiguo policía se gana la vida como puede en una empresa de seguridad privada. Un cronista visita a uno de los residente más conocidos del puente con el fin de registrar de primera mano la transformación de ese núcleo de supervivientes y chabolistas. Y en un momento, los caminos de estos se cruzan cuando una  corporación es informada que un dispositivo que tiene información vital para sus próximas operaciones, ha sido robado. 

La novela es más cercana al noir y la acción de lo que podría haberlo sido sus predecesoras. Esta, a partir de un macguffin como son esas gafas de luz virtual, que dan el título, robadas y repletas de información valiosa, sirve para presentar a una serie de personajes al límite de la sociedad, una completamente polarizada y donde la sola idea de la clase media ha desaparecido. Estos solo pueden acceder al contacto con el sector más privilegiado  por pura suerte, o por moverse entre ambas clases como el caso de los asesinos a sueldo que hacen su aparición en determinado momento. El ritmo de la narración, es, mas que rápido, acelerado, especialmente en los capítulos de la mensajera Chevette donde parece que todo es tan apresurado como sus carreras en bicicleta a través de la ciudad. Más interesante que la trama, que resulta bastante sencilla, es el trasfondo desarrollado por Gibson. Entre personajes obligados a subsistir, huir o pelear, se describen escenas como la vida cotidiana en el Puente, de una manera casi costumbrista y que sirven para desarrollar el lore de ese mundo sin que resulte intrusivo con el desarrollo de la acción. Este sería el papel principal de Yamazaki, el estudiante de sociología existencial que recoge la historia de sus habitantes. O los retazos del mundo leídos a través de los diálogos entre el agente Rydell y su compañero: los primeros pasos del ciberespacio que llegaría después, comunidades religiosas que creen en la manifestación de Dios en películas antiguas, la erradicación del sida como eventos histórico. Un mundo tan extraño, absurdo y posible como los personajes que se mueven por el. 



Idoru. Segundo tomo de la trilogía, aunque independiente en su contenido: al igual que en el ciclo del Sprawl, lo que tienen en común cada historia es su escenario y determinados personajes que reaparecen. Esta no podía parecer más alejada de la anterior: los fans del grupo musical Lo Rez asisten atónitos a la decisión de su cantante de contraer matrimonio con Rei Toei, vocalista de éxito en Japón y una Idoru, una creación de software cuya existencia es únicamente virtual. Chia Mackenzie, representante del club de fans de Seattle, es enviada a Tokio a investigar sobre la veracidad de esa información, del mismo modo que Laney, contratado por la seguridad de Rez para averiguar  lo que sucede mediante la capacidad de este para analizar puntos de información. La tarea de ambos  no será fácil cuando Chia es utilizada por una contrabandista para introducir un objeto en el país, relacionado con Rez, y el que la mafia rusa intenta apoderarse. Mientras, Laney es perseguido por su antigua compañía, especializada en fabricar y destruir ídolos de acuerdo   a lo que necesite el mercado. 


Mucho más orienta da a la ciencia ficción que la anterior, esta presenta personajes muy distintos: miembros  del mundo corporativo y de clases acomodadas, así como traficantes que se mueven entre ambos, y Tokio como escenario lleno de opulencia, donde la frontera entre el mundo real y el virtual se hace más difusa. Donde una creación informática puede convertirse en un ídolo de masas, los clubs de moda desaparecen de la noche a la mañana, o donde una pieza de material informático puede despertar tanta fascinación y parecer tan bella cómo una obra de arte. En palabras de uno de los personajes: la luz se cuela por todas partes, incluso al cerrar los ojos. 

La importancia del ciberespacio y la inteligencia artificial  es aquí mucho mayor, siendo las situaciones decisivas aquellas en las que los personajes pueden o no pueden conectarse a la red o establecer contacto con la Idoru. La separación entre el espacio físico y virtual hace que el desenlace transcurra en un entorno cerrado y aislado (en este caso, algo tan hermético como la habitación de un Love Hotel) en el que los personajes principales acceden haciendo una última aportación a la resolución. 

Si en Luz virtual  el personaje más  llamativo era la mensajera Chevette, habitante del Puente, en este caso lo es Chia Mckenzie, una niña de catorce años en una situación tan extraña como la de tener que llevar a cabo una investigación para su club de fans o capaz de emprender un viaje transoceánico sin que nadie repare en ella. Hay, también, una separación entre mundos, esta vez entre la vida de los adolescentes y unos adultos que parecen ajenos a ella. la libertada con la que empieza un viaje o  se queda en casa de una de las fans de japón, explicando esta a sus padres que se trata de una alumna de intercambio, pone de manifiesto ese desconocimiento o indiferencia entre ambas generaciones. y hace que, en cierto modo, la trama de Chia sea una suerte  de aprendizaje, donde esta madura y pasa a interpretar el mundo que conocía con otros ojos. 



jueves, 9 de marzo de 2023

Clive Barker. El corazón condenado. Auge y caida de la Configuración del Lamento

 


En 1984, se publicaba la primera colección de relatos de un joven británico. bajo el sugerente título de Libros de sangre, Clive Barker recorría lugares comunes y nuevos dentro del terror  con un enfoque como no se había visto; espectros, cambiaformas y la naturaleza mas oscura del ser humano deambulaban por caserones y bosques, pero también por  entornos urbanos hostiles, vagones de metro, urbanizaciones anodinas. Esta aproximación moderna venía también acompañada por su falta de reparos a la hora de llegar al límite. La modificación del cuerpo, la sangre, la transformación y la violencia eran una parte importante de esta narrativa pero tratados con una originalidad y cierta inventiva que la alejaba de lo que podría escribir un Shaun Hudson u otros autores aficionados a la casquería si sus libros de sangre supusieron un antes y un después  en esa década, también lo sería su novela corta que publicaría tres años más tarde y se convertiría en una obra de culto. No tanto  su versión impresa como  por la adaptación que el propio Barker llevó a cabo asumiendo el papel de director. 



El corazón condenado es esa primera narración que serviría de base para Hellraiser y posteriormente a una mitología explotada y modificada por su autor, pero también por los estudios cinematográficos que durante años tendrían los derechos de la obra. Esta es una historia de regresos de ultratumba, mujeres fatales, triángulos amorosos y romances malsanos. Temas que no constituyen una novedad pero si lo hace en la trama desarrollada por Barker: Rory y Julia, una pareja de recién casados, se muda a la casa familiar que este había heredado junto a su hermano Frank, desaparecido hace más de un año. Nadie ha dado importancia a esta circunstancia dada la fama de crápula de su hermano, pero Julia, todavía fascinada por ese hombre violento y seductor, tan alejado de su esposo, descubre que Frank se encuentra en la misma casa en la que ellos viven; convertido en una criatura  putrefacta, reconstruida a base de retazos de carne y traído de vuelta por la sangre que su hermano ha derramado por accidente, este explica a su antigua amante que ha podido escapar de sus captores con los que había hecho un trato: los cenobitas, unos series de los que se dicen que pueden proporcionar los deseos  que ansían quienes los invocan. Salvo que  la concepción de estos sobre el placer y el sufrimiento es muy distinta a la de la humanidad. Convertido ahora en  algo que no pertenece a ninguno de los mundos, necesita para recuperar su apariencia humana cuerpos frescos que Julia accederá a proporcionarle. Mientras, Rory sospecha que algo le sucede a su esposa, y decide pedir ayuda a Kristy, una amiga de la familia, para saber que es lo que está pasando. Esta, movida por la atracción  no correspondida que siente por Rory, accede a ayudarle, temiendo descubrir una infidelidad. Lo que en cierto modo, es así. pero mucho más retorcida de lo que ella hubiera podido imaginar. 

Los años mozos

Pese a la aparente falta de novedad en la temática de la que parte, la novela corta está impregnada de una atmósfera malsana y la amoralidad a la hora de describir a las criaturas sobrenaturales que aparecen. No se trata de demonios ni seres abiertamente malvados (concepto que la película abrazaría abiertamente, en una de sus líneas más conocidas: "ángeles para unos, demonios para otros"), sino que tienen una concepción de los sentidos distinta a la de los humanos. Transformados mediante escarificaciones y metal, estos parecen carecer de humanidad y a pesar de traficar con los instintos, se rigen por una lógica interna muy similar a la de los pactos con el diableo de la tradición popular: se les llama, acuden y reclaman su parte. Pero se puede negociar con ellos siempre s que e cumplan las reglas a las que están sujetos. Carecen, sin embargo, de la ironía y capacidad de improvisar de sus predecesores, convirtiéndolos en unos secundarios fríos, habitantes de un lugar incomprensible, que solo vienen a hacer el trabajo que se les ha encomendado. Con esta caracterización, no es de extrañar que años después, en alguna reseña anglosajona, se les hubiera definido como "civil servants from Hell". Estos, junto  con su trasfondo, quedan ambiguos más allá de las deformaciones autoinfligidas, y mejor así: si bien Barker tiene una gran imaginación, n i las descripciones ni la mitología coherente han sido lo suyo. 

La irracionalidad y la obsesión es algo que la trama reserva para los personajes humanos. Estos se mueven por el hedonismo, la pasión o en más de una ocasión,  por no saber lo que está sucediendo. Aunque Frank es sin duda el más interesante por su condición  de condenado, cuya obsesión lo lleva a cometer las mayores atrocidades, el resto, y esto es habitual en Barker, no tiene mucho que hacer: parece que solo sabe describir dos arquetipos, el degenerado y el pavisoso, y por suerte, al menos a fecha de publicación de la novela, a los primeros no los había explotado lo suficiente cómo para que Frank y Julia Cotton resulten memorables. 

Tu cuota diferencial de IRPF será legendaria, incluso en el Infierno

El corazón condenado es una novela original e inquietante, pese a sus limitaciones, pero algunas de estas se verían mejoradas en su adaptación cinematográfica. Hellraiser, con su estética sucia y deudora del sadomasoquismo más extremo, modifica levemente los personajes, envejeciéndolos y haciendo que la heroína, Kristy, sea en realidad la hija de Rory. Y convirtiéndola de este modo en una protagonista  mucho más vulnerable, pero también decidida y con mayor capacidad de supervivencia que Kristy la amiga pagafantas. Superando en fama a esta, daría lugar a una franquicia, primero de la mano de Barker, y después de la productora que iría en caída libre con cada secuela. No es esto únicamente  culpa de los ejecutivos porque el propio autor se encargaría , a través de comics y material autorizado, revisitar esta narración una y otra vez alejándola de su amoralidad inicial, convirtiendo a sus criaturas en una parte más del infierno judeocristiano, enfrentándolos con las Razas de noche e incluso dando un final a esta mitología, ya desprovista de su interés inicial, en Los evangelios Escarlata, donde decide montarse una especie de Barkerverso mezclando el infierno, los cenobitas, al detective Harry D´amour y lo que tuviera a mano en una novela que poco tiene que ver con el escritor que sorprendió en los ochenta. Incluso la secuela intermedia, The Toll ,no traducida al castellano, es en  realidad obra de Mark Allan Miller, "a partir de un resumen" de Barker, que obvia la novela corta original y toma como referencia lo narrado en la película. Sus creaciones, sus reglas y puede hacer lo que quiera con ellas. Pero eso no quiere decir que sus lectores vayan a tener el mismo criterio. 

Este es un blog cat-friendly

Este es un blog cat-friendly
...Por si quedaba alguna duda