Series de tv, libros, cine...y una constante presencia gatuna

martes, 16 de agosto de 2016

Las increíbles aventuras de H. P. Lovecraft VI. H. P. L. & Hijos


Hace unos años leí Los nombres muertos, de Jesús Cañadas, una novela protagonizada por mi escritor favorito y que a partir de la estupenda caracterización que daba de este, decidí  empezar una serie de entradas sobre ficciones protagonizadas por el escritor...cosas de haber sido una verdadera devota suya y de tener bastante tiempo libre. Versiones hay muchas, casi todas contando al propio autor como protagonista, pero ninguna yendo hacia el futuro, es decir, planteándose las mismas posibilidades sobre los Mitos de Cthulhu en un entorno real y actual, sirviéndose de un hipotético descendiente de H. P. L. Bueno, en realidad sí hay una, porque era lo que le pasaba al protagonista de The Last Lovecraft. Pero esta última era una comedia muy marciana, sin que la idea se tomara en serio.



Hasta el momento, una narración protagonizada por un pariente del escritor ha sido un campo muy poco explotado. Campo del que se ha servido Jonathan L. Howard (hasta el nombre tiene su gracia para los fans de Cthulhu) para su nueva novela. Por lo que dicen de su anterior serie, en Johannes Cabal: Necromancer, ya incluía alguna referencia a los Mitos, pero es en Carter & Lovecraft donde las emplea de forma directa y como parte de la historia en la que los protagonistas tienen una relación directa, aunque desconocida para ellos, con el mundo creado por H. P. L. Dan Carter es un investigador privado, que abandonó la policía tras el arresto de un salvaje asesino en serie. Su vida transcurre ahora entre casos anodinos sobre seguros y divorcios, hasta que recibe una noticia tan inesperada como novelesca: un desconocido le ha nombrado heredero de una librería en Providence, cuya empleada, Emily Lovecraft, es la única descendiente del escritor que conserva el apellido. Algo que esta lleva con bastante resignación, ya que no tiene ni la mitad de admiración por él que sus lectores habituales. Y sobre todo, con mucha ironía: Emily es mulata, y desde el primer momento no duda en comentar con bastante sorna que a su tataratatarabuelo le daría un infarto si lo supiera. Salvo lo inesperado de su primer encuentro, no parece haber nada sobrenatural: Carter solo plantea asociarse con Emily y mantener un negocio que resulta muy rentable, pero poco después comienza a tener lugar muertes muy extrañas. Dos personas aparecen ahogadas sin que hubiera una gota de agua. Ambas tuvieron un encontronazo con un matemático prometedor, pero también con muchos enemigos. Y Carter comienza a tener pesadillas y alucinaciones donde el asesino que abatió le habla de un fenómeno, inventado por este, al que llama la Distorsión.



Desde el principio, la novela no duda en ofrecer un montón de referencias al lector, que seguramente ha llegado a ella por el Lovecraft de la portada. La mayoría consisten en algunos guiños que conforman el entorno de los personajes, como la figura de Cthulhu que Emily tiene en la tienda a modo de broma, una mención muy inesperada a Grandes esperanzas de Dickens, o que se bromee mucho con el nivel de fanatismo de los lectores de género fantástico. Otras, están pensadas directamente para el público, como los nombres de los capítulos adaptando los títulos de varios relatos lovecraftianos clásicos. Salvo por estas menciones más directas, Howard intenta al menos crear desde cero su propio universo de los Mitos. Que en este caso, se aleja de los defectos típicos de los pastiches: en lugar de enumerar lugares conocidos, hay alguna referencia más sutil. Y en lugar de poner a sacar un monstruo tentaculado concreto detrás de otro, opta por crear una atmósfera progresivamente más tensa a partir de la inclusión de otros elementos más sutiles, como la percepción de la realidad, su relación con las matemáticas (aunque de una forma bastante simple), o el presentar un horror mucho más cercano y moderno, como la extraña lógica que sigue el asesino en serie, y cuyo escondite y notas recuerdan bastante a lo que Cohle y Hart encontraron durante las investigaciones en True Detective. Salvando las distancias, claro: la serie de Pizzolatto nunca dudó en sugerir un tipo de violencia muy cruda que sería impensable en una novela pensada como entretenimiento.

Uno e los aspectos menos atractivos, sobre todo si se han leído ya series de fantasía urbana, ha sido el recurrir al arquetipo del detective, un motivo bastante sencillo para que el protagonista tenga tendencia a brujulear por ahí y cierta disponibilidad de armas de fuego. Además, al tratarse de la primera entrega de una serie, se toma su tiempo a la hora de ir planteando las bases de esa nueva saga. A las que no le faltan interés, pero pierden demasiadas páginas incluyendo asesinatos de personajes muy secundarios y que  ralentizan otros elementos más importantes de cara al futuro, como una mayor caracterización de los personajes, o el proporcionar una mayor atmósfera. Cualquiera: malsana, fantástica, o claustrofobia. Algo que le hubiera sentando muy bien a la narración.

Aún con los defectos propios de escribir un libro pensándolo como una serie de varios, Carter& Lovecraft compensa su primera entrega con un escenario muy prometedor de cara a la siguiente. Y es que su particular mezcla de menciones a los mitos de Cthulhu junto a los elementos menos empleados de H. P. L., como la distorsión de la realidad, la sustitución de la magia por las matemáticas, y sus protagonistas, regresando desconcertados a Arkham, ha hecho que vaya a estar muy pendiente de la salida del próximo tomo.

jueves, 11 de agosto de 2016

Cazafantasmas (2016). Buen intento, pero falta algo


Durante años, se habló de una secuela de Cazafantasmas. En realidad esto fue habitual en todas las grandes franquicias de los ochenta, y muchos esperamos tiempo para poder ver una secuela de La guerra de las galaxias o Indiana Jones. Y cada cierto tiempo, se hablaba de una posible tercera entrega donde se reunirían Bill Murray y compañía. El fallecimiento de Harold Ramis parecía dar por cerrada la serie, al menos con el grupo original. No acabó en cambio, con la idea de continuarla, o más bien, de reiniciarla, incorporando algunas novedades y cambios. De estas, la más comentada para bien y para mal, fueron sus protagonistas, un grupo no de científicos, sino de científicas.

 


Salvo el cambio de personajes, los Cazafantasmas de 2016 tienen un planteamiento similar al de 1984: tres investigadoras con interés por lo paranormal acaban unidas, por distintas circunstancias y el objetivo común de demostrar la existencia de los fantasmas. Y de paso, abrirse un hueco en el mercado ofreciendo servicios de eliminación de espectros a sus clientes. Al equipo inicial se les unirá un recepcionista con pocas luces, pero bastante percha, y una empleada del metro cuyo conocimiento de la historia de Nueva York resultará muy útil a la vista de lo que ha empezado a suceder en la ciudad: el número de apariciones se ha disparado, lo que resulta toda una oportunidad para el negocio de las cazafantasmas. Pero también parece estar relacionado con los artefactos que un extraño personaje ha distribuido por varios lugares concretos.
 



Al haberse planteado finalmente como un reboot, no existen menciones a las dos primeras películas. En el guión  se ha optado por narrar la historia de 1984 desde cero, pero sin que, en principio, esta tuviera que ser la misma. Aunque los elementos principales de la trama transitan por lugares comunes: las científicas expulsadas de sus trabajos y universidades, la creación de las máquinas de su trabajo, de los Cazafantasmas como tales, su popularidad y la oposición de determinados empleados públicos, así como la amenaza de grandes proporciones a la que deben enfrentarse. Algunos funcionan bien y otros llegan a resultar una mejora respecto a los originales, pero una gran mayoría quieren mantenerse demasiado cerca de estos, dando una sensación, más que de reboot, de ir a la fuerza por un camino trillado, cuando se podría haber empleado una situación más adecuada al estilo de la historia.

 


De  hecho, el guión es el que más sufre el querer reiniciar una saga que el público conocía de antemano: además de situaciones vistas previamente, la trama no termina de cuajar, ni de tener interés más allá de conocer a las nuevas protagonistas. Estas y el antagonista van durante demasiado metraje por caminos separados, tienen que hacer referencia a lo que va a suceder a golpe de diálogos, porque entre las presentaciones, apenas queda tiempo para la historia, y el villano poca caracterización tiene más allá de unas cuantas frases y su correspondiente obligación de ponerlo todo patas arriba. Solo en el desenlace esta circunstancia cambia y le conceden unos cuantos gags más acordes con lo que debería ser una comedia fantástica. Que funcionan bien, pero llegan tarde, y falta desarrollo previo.

 


El tema de las referencias a la saga original también lastra un poco. No falta la aparición de Moquete, el fantasmas de las dos primeras, que intentan acoplar a la parte final de la historia, pero que se alarga. Ni la del muñeco de los Marshmallows, más breve..pero que no tiene mucho sentido porque el enemigo final es muy similar a este. Algo similar pasa con el cameo de Bill Murray, con una secuencia en el medio de la película que parece pensada ex profeso para que pueda tomarse su tiempo, pero no pasa de ser un sketch en el medio del guión que acaba cortando el ritmo de la narración. Bastante más breve y afortunado acabó siendo el de Sigourney Weaver, con una aparición durante los créditos mucho más divertida y que, junto al montaje de estos, dan un buen motivo para quedarse al menos a ver la escena al final de estos.

 


Entre tantos puntos negativos y situaciones fallidas, hay algo que sí se ha conseguido: el nuevo equipo de cazafantasmas funciona. No son una copia de los personajes originales, sino que partiendo de los rasgos básicos de estos, presentan sus propias particularidades: Erin, como la parte más sensata del equipo, Abby, la más entusiasta. Holtzmann es una ingeniera estrafalaria y probablemente, la más carismática y divertida de todas. Y Patty llega a resultar un avance en el reboot: en varias ocasiones es demasiado histriónica, pero sus características (como el ser la más pragmática y el conocimiento de la historia de la ciudad) hacen que aporte más que su contrapartida en los ochenta, mucho más neutra. Las situaciones que protagonizan son cómicas, un poco ridículas, como las del grupo original, pero en algunos casos igual de divertidas y hacen que poco importe que las cazafantasmas sean nuevas y no nuevos. El trailer ya iba demostrando que los que nos temíamos una sucesión de chistes sobre barras de labios, romperse uñas manejando el equipo de protones o que si las botas de goma no pegan con el traje, no teníamos nada de lo que preocuparnos. Y la dinámica del nuevo equipo termina de confirmarlo. Aunque se hubiera agradecido que eligiesen mejor el casting para el papel de recepcionista. Chris Hemsworth será muy buen Thor pero gracia solo la tiene a ratos.

Este año Cazafantasmas no ha conseguido que olvide la original, ni tampoco que la compare con esta. Probablemente, el alargar tanto las referencias a este material no ayuda. Pero sí ha acertado con el tono y la dinámica entre unos personajes del que al menos, me gustaría ver una segunda entrega, ya más alejada de su carácter de reboot.

lunes, 8 de agosto de 2016


Con lo que aún quedad de verano y un termómetro exterior recordando que no es prudente salir a las tres de la tarde, una opción razonable para pasar una tarde es una película. Una poco complicada, con divertidos enredos, romance y playa…¡Ja! No en mi caso. Una de fantasmas, con caserones oscuros (y fresquitos), pasillos vacíos (y también fresquitos) y con misteriosas corrientes de de aire que sean la envidia de cualquier ventilador casero, parecen un plan mucho mejor.

 


Con Expediente Warren 2 vista hace pocas semanas, y no muchas ideas en ese momento, el argumento de The Remains parecía  prometedor: un padre viudo y sus tres hijos se mudan a una mansión donde no se hacen esperar los fenómenos extraños: el ático esconde un cofre con objetos del siglo pasado. Entre estos, una muñeca, un reloj, una cámara y unas fotografías atestiguan lo que sucedió en la casa hace más de cien años: la antigua propietaria, una renombrada espiritista, fue asesinada durante una sesión. Desde entonces, algo extraño envuelve la casa. Los vecinos la han evitado durante años, y la nueva familia  parece verse afectada por la atmósfera enrarecida: el padre empieza a sufrir pesadillas y cambios de humor, y sus hijos menores muestran un extraño comportamiento desde que descubren el cofre en el ático.



La película prometía al principio ser una historia de fantasmas violentos y escenarios macabros al estilo de James Wan: hay un caserón absurdamente grande y anticuado, muñecos siniestros e incluso un fantasma de aspecto bastante corpóreo y llamativo. El tomar como referencia, o en este caso, imitar este estilo no es algo de lo que me queje: me gusta el director, su estética, y prefiero ver algo que siga esta línea en lugar de, por ejemplo, un slasher. Pero lo único de lo que se han valido es del aspecto exterior, sin tener en cuenta los otros aspectos por los que Insidious o Expediente Warren eran fascinantes: no hay buen ritmo, tensión, y ni siquiera un trasfondo sobre la historia de la casa minimamente trabajado.

 


En el mejor de los casos, para poder disfrutarla, hay que pasar por alto todos los tópicos que aparecen desde la primera escena: ¿Realmente es una terapia adecuada el sacar de su entorno a unos niños que han perdido a su madre? ¿Para qué necesita una familia de cuatro miembros una casa de 500 metros cuadrados? ¿Es que su hobby es pasarse el día limpiando? Y sobre todo, cualquier fantasma preferiría haberse marchado en lugar de aguantar unos inquilinos como los protagonistas de la película. Porque, cuando a los papeles no se les da un poco de trasfondo, poco pueden hacer los actores, y aquí se les nota muy perdidos: el padre pasa de ser un mandado la primera mitad del metraje a una especie de desquiciado, que no llega a serlo, en la segunda. Los niños llegan a ser una presencia mucho más agradable en su faceta de poseídos que durante sus primeros diálogos, resultando repelentes y donde, si no fuera porque mencionan cada dos por tres la pérdida de su madre como excusa para la mudanza, solo trasmitirían una leve irritación al espectador. Y la presencia de la hija mayor oscila entre lo testimonial y el relleno: un personaje que se limita a cumplir de forma apresurada el rol de heroína final, y el resto del tiempo,  representar el estereotipo de adolescente enfurruñada y cuyas escenas escribiendo en el movil, fumando porros o dándose el lote con el novio (el kit completo del cliché “adolescente insufrible”, vamos) podrían eliminarse sin que la historia se alterara.

 


La realización, al menos, es correcta: clásica y la necesaria para contar una historia de fantasmas al uso, siendo el elemento más positivo de toda la producción. Con un poco más de trasfondo, no tanto en el guión, sino en los personajes o incluso a la hora de manejar la tensión y los momentos terroríficos, habría resultado una película mucho más agradable de ver, sin estar a la altura de otras del género.

The Remains, en el mejor de los casos, se queda en la película del domingo para echar la siesta: no inventa nada, no aporta, no está pensada para gustar demasiado sino para pasar el rato, pero al menos, ocupa dos horas con un guión de corte terrorífico.  Una lástima la falta de esfuerzo porque los fantasmas son un género que tampoco lo necesitan. Con un poco más de ingenio habría resultado algo más memorable.

jueves, 4 de agosto de 2016

The Purge: Election Year (2016). Esta vez le toca a los políticos


La noche de las bestias se ha convertido en los últimos veranos en una franquicia  con buenos resultados. No va a competir con los blockbusters pero cubre muy bien aquellas semanas en las que los estrenos principales todavía quedan muy lejos. Y se ha separado de una forma muy hábil del thriller con toques de ciencia ficción como el que empezó para encontrar un nicho bastante mejor dirigiéndose hacia la acción y enfocando su planteamiento de una forma más dinámica, donde el protagonista más importante es esa noche en la que todos los crímenes están permitidos y de la que los personajes de cada entrega intentarán salir vivos.

 


Election Year comienza de una forma muy similar a las anteriores, recordando las normas de la noche de la Purga y presentando a los protagonistas: un hombre que se limita a defender su negocio en la peor noche del año o los pocos valientes que recorren las calles ofreciendo asistencia médica a las víctimas. Pero esta vez el ambiente previo es distinto: junto a la llegada de turistas europeos dispuestos a disfrutar de la celebración, empiezan a oírse voces críticas sobre su verdadera naturaleza. La Purga solo es una forma que los ricos tienen de librarse de los más desfavorecidos, y una de los candidatos a la presidencia aboga por su abolición. Es la actuación de esta la que supone el mayor cambio en la Purga anual, al eliminar la inmunidad que los políticos gozaban esa noche. Ahora ella misma deberá sobrevivir como cualquier otro durante las horas en las que todo crimen está permitido y que sus enemigos políticos emplearan todos sus recursos para acabar con ella.

 



La estructura de esta entrega también es parecida a la empleada anteriormente: al tratarse de secuelas independientes entre sí, con distintos protagonistas en la mayoría de los casos, parecen intentar que cualquiera de ellas pueda verse sin tener conocimiento de las anteriores. Y al igual que estas, Election Day comienza con la información básica sobre la noche presentada mediante fragmentos de telediarios, mezclada con la introducción de los protagonistas, o en su caso, con aquellos personajes que se valdrán de la Purga para vengarse o simplemente, ser sádicos, y una trama principal consistente en que estos tengan que desplazarse de un punto a otro de los escenarios, donde cualquier motivo es válido: sea un fallo de seguridad o una traición, el caso es que estos acaban deambulando por unas calles donde es posible ver todo tipo de peligros y que constituyen los momentos más movidos de la película. Debido a la independencia entre las secuelas, el sistema funciona bastante bien, e incluso habiendo visto las anteriores, es fácil disfrutar con algo que aparentemente se había contado previamente: lo importante en este caso no es tanto los protagonistas como seguir desarrollando el mundo de la Purga y las consecuencias que cada noche tendrán para la siguiente. Que en esta tiene mucho más peso: la primera parte, la más floja, planteaba la premisa en un escenario muy limitado. La segunda servía para cambiar de registro y ofrecer uno más amplio, y esta, para terminar de desarrollarlo además de renovarlo.

 


Debido a esto, los personajes tienden a representar unas situaciones muy determinadas: gente de a pie, protagonistas clave para la trama, como la política, e incluso un enlace con la parte anterior mediante el guardaespaldas, que fue el protagonistas de esta (aunque se hace mención al papel que tuvo entonces, la historia se sigue perfectamente sin haberla visto). Todos ellos también muy pensados para que el público se preocupe por ellos cada vez que alguien los persigue con una motosierra o con una escopeta de repetición, y que quizá por eso, resultan muy uniformes en sus caracteres más positivos: ellos son los más valientes, los más decididos, y sin duda,  mucho mejores que sus antagonistas. Es una de esas raras ocasiones en las que no incluyen a ningún secundario pensado para resultar odioso y asesinado en el momento adecuado.

 


Esta entrega es también la más creativa visualmente. En un momento se refieren a la Purga como “el Halloween de los adultos” y procuran trasmitir esa sensación mediante una actitud de los participantes muy festiva, que contrasta con las actividades que llevan a cabo, y sobre todo, con el uso de las máscaras y disfraces: la mayoría de ellos portan atuendos muy grotescos, que no llegan a disfraces caseros, pero en los que las caracterizaciones portando armas de todo tipo y las manchas de sangre les dan un aspecto muy pesadillesco. Que también se mantiene en las secuencias de exteriores y es uno de los puntos más interesantes de la película: el desplazamiento de los protagonistas por las calles desiertas está poblada de escenas rodadas a menudo con niebla, donde pueden verse situaciones tan surrealistas como una guillotina funcionando en el fondo de un callejón, o tan propias de una película  de terror como una figura bailando alrededor de sus víctimas ahorcadas.

 


La trama de carácter político también tiene mucho más peso: no solo uno de los personajes es uno, sino que también plantea la Purga como una herramienta económica. Esta aparece tratada de una forma muy propia de la serie B: muy directa, y sin sutilidades, de manera que incluso recuerda un poco a Están vivos de John Carpenter. Los otros políticos son abiertamente despiadados, clasistas, e incluso se los presenta en el desenlace de una forma muy propia de las cultura popular de las conspiraciones: en una iglesia y celebrando más que una misa, un rito que parece sacado de los rumores de Bohemian Grove y otras sociedades secretas. Que, teniendo en cuenta el ambiente político en la mayoría de países donde se ha estrenado, además de directo, ha sido una pulla la mar de divertida.

 
Election Year, aún sin presentar grandes variaciones, es una secuela que ha funcionado muy bien: termina de consolidar el estilo que llevará la franquicia a partir de ahora, y que es muchísimo más entretenido que el anterior, y de paso, presenta un avance en el universo de la Purga, donde quizá no sea ya el evento anual de las películas anteriores, pero sí puede dar, si lo plantean bien, un giro interesante. 

lunes, 1 de agosto de 2016

La bruja (2016). Haberlas, haylas


Aunque las brujas hayan sido uno de los monstruos más tradicionales, a la altura de los vampiros o los fantasmas, han sido también las más complejas en los últimos años. Quizá debido a contar con un trasfondo real que podría resumirse en una pandilla de fanáticos acusando de brujería a todo lo que fuera diferente..¡Por no hablar de su inquina con los gatos! Muchas películas han tenido este enfoque muy presente, donde ya no eran un personaje negativo si no algo distinto, no necesariamente positivo, pero tampoco diabólico. En cambio, sigue siendo interesante recuperar la idea de la bruja como algo amenazador, tal y como se la retrataba en la tradición popular. Y el combinar este enfoque con una aproximación más realista, y muy ligada a lo psicológico, una idea muy ambiciosa, pero también con mucho potencial si se desarrolla bien.

 


Al optar por esto último, La bruja se convierte en una producción de terror muy distinta a las estrenadas recientemente (de las que tampoco me quejo: en los últimos años he visto cosas realmente buenas). Mitad terror, mitad narración de carácter histórico, presenta a una familia de puritanos, exiliados de su comunidad, que establecen su hogar cerca de un bosque. Muy pronto el entorno y el aislamiento empezará a hacer mella en sus miembros: los cultivos mueren, el padre, quien decidió llevar a su familia con él por orgullo, se ve abrumado por su incapacidad de sacarla adelante. Y tanto él como su mujer están desolados por la desaparición de su hijo más pequeño, apenas un bebé, cuando Thomasin, la mayor, estaba a cargo de este. Además de la culpabilidad que pesa sobre ella, sus hermanos menores se comportan de forma extraña: aseguran que su cabra, a quien llaman Black Philip, habla con ellos, y no paran de contar historias sobre brujas que viven en el bosque. Todos han asumido que fue un lobo el que se llevó al más pequeño, pero sus miedos no tardan en encontrar una explicación más irracional para lo que sucede.

 



Concebida como una producción de terror, o al menos, de corte fantástico, esta no presenta ninguna ambigüedad a la hora de mostrar lo sobrenatural: las brujas existen, al igual que las maldiciones y el diablo, y a estas se las muestra desde el primer momento, al igual que el destino del más pequeño de la familia. Pese a tratarse en este caso de criaturas negativas, su planteamiento se realiza de una forma menos personal: son una amenaza más del bosque, como podrían serlo el entorno o los animales salvajes, y al igual que estos, es raro que se aventuren lejos de su espacio, aunque se da la posibilidad. Son, simplemente, una amenaza más de un entorno hostil, donde sus pobladores aceptan lo sobrenatural, sea la brujería, o sea la magia india, como comentan en un momento dado, un problema más del que deben protegerse. La impresión de aislamiento, y en parte, de la idea que se tiene de los puritanos, se transmite a través de los colores de la película: el gris predomina ante todo, sea la ropa de estos, las cosechas enfermas, el agua del río o el propio bosque en penumbra. Donde solo, en un momento dado, se rompe esa uniformidad con la aparición, en un momento clave, de una prenda de color rojo que destaca en el escenario.

 


Este planteamiento de lo fantástico se debe a que el componente psicológico tiene un peso mucho mayor: el mayor enemigo de los personajes son ellos mismos y la paranoia que se va desarrollando a su alrededor. En este caso, el trabajo que han hecho a la hora de caracterizarlos es inmejorable, siendo el más destacable el del padre: un hombre al que su papel de cabeza de familia le viene demasiado grande, pero al que le puede el orgullo y el miedo. A lo largo de la película puede vérsele mintiendo por miedo a su mujer, abrumado ante la situación o sin más lecciones que trasmitir a su familia que pedazos de la Biblia aprendidos de memoria. La madre, aparentemente más fuerte, está devastada por la pérdida de su hijo y termina creyendo las acusaciones de brujería. Thomasin y su hermano menor parecen los más equilibrados, una, marcada por la culpa, el otro, tomando el papel de responsabilidad necesario frente a un padre desbordado. Los gemelos, los más pequeños, sirven de enlace entre el ambiente enrarecido de la familia y el sobrenatural, donde el llamar bruja a su hermana se convierte en un argumento válido para sus familiares pero también donde sus juegos y su amigo imaginario parecen mostrar que ellos saben más de lo que parece.

 


La caracterización de los personajes y su actitud está muy apoyada por el trasfondo de la película, al que se le dedicó una importante cantidad de trabajo debido a la intención de la historia: reflejar de una forma fiel no ya la brujería, sino la actitud y la visión popular que tenía sobre esta y hacia esta. Las escasas apariciones que las brujas tienen vienen apoyadas por textos donde se recoge la tradición oral, o los medios para reconocer a una de ellas. Incluso el inglés que se emplea en los diálogos es arcaico (es muy interesante verla en versión original por esto) e incluso llegan a rescatar tradiciones o frases que hoy resultarían chocantes: el ofrecer mantequilla o un vestido nuevo como algo tentador puede parecerlo, pero el ritmo de la película y la información que aportan sobre las condiciones de vida de sus protagonistas, hace que se acepte con mucha más facilidad y sea una parte igual de coherente de la historia que narran.

La bruja no es una película de terror enfocada a divertirse pasando miedo como puede serlo un Expediente Warren, sino una pensada para captar la atención del público de una manera distinta, en este caso, recurriendo al horror más realista. Quizá la mezcla entre fantástico y drama psicológico no sea todo lo complementario que debería, quedando a veces la impresión de que la historia podría haberse contado unicamente desde la perspectiva real, pero su conjunto de personajes, ambiente enrarecido y el rigor que intentan trasmitir en la narración, lo compensa.

 

 

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