Se acabó el verano, y no por tener que sacar una chaqueta por la mañana (y desde el cambio climático, menos) ni por saber que al día siguiente toca reincorporarse al trabajo. Más bien, es ese click que se activa en cuanto termina el 31 de agosto y somos conscientes de que todo empieza de nuevo. Como se ha demostrado con los libros que me han acompañado estos meses, mi concepto de nostalgia es muy relativo (y que a estas alturas, prefiero mil veces mi peor día como adulto funcional que mi mejor día como jovenzuela despreocupada) y dependiente de lo que haya encontrado en la librería de segunda mano, las últimas semanas de agosto vinieron acompañadas por libros algo más recientes. Algunos, con menos de quince años de antigüedad ¡la modernidad aparece!

Terry Pratchett. Un sombrero de cielo. Tiffany Dolorido es aprendiz de bruja y keldra temporal de los Nac Mac Feegle, una variedad de hadas de piel azulada, mal carácter, pero tremendamente leales y muy poco feéricos. Ahora, con la llegada de la nueva keldra del clan, según sus tradiciones, y la pérdida de la abuela Dolorido, la cuidadora de ovejas y bruja no oficial del valle, Tiffany se instala como aprendiz de la señorita Lento. Las tareas diarias no parecen lo esperado para una mujer que convive al mismo tiempo en dos cuerpos separados y una niña capaz de abandonar temporalmente el suyo propio, y que previamente ha derrotado a la reina de las hadas con una sartén. Pero ayudar a los demás, o hacer que seayuden, es también una parte del trabajo. No todos piensan así, y Anagramma, una de las aprendices d la comaca, tiene una visión de la brujería mucho más elegante y autoritaria, y no tardará en chocar con el carácter de Tiffany. Pero también otra criatura, carente de cuerpo, antigua e incormprensible, se ha fijado en sus poderes y la ve como un potencial huésped para su naturaleza incorpórea.
Esta es la segunda entrega de las aventuras de Tiffaany Dolorido, el personaje que Pratchett creó para una serie destinada aun público más joven. Aunque esta también esta ambientada en el Mundodisco, y aparecen personaje conocidos como Yaya Ceravieja, la bruja con más capacidades de cabezología de todo el Mundodisco, y la misma Muerte. Y tratándose de la serie “juvenil” del autor, es en ella donde una vez más fue capaz de demostrar su talento y buen hacer con un libro que pese al tono un poco distinto, puede disfrutarse cualquiera que sea la edad de sus lectores.
La principal diferencia con su saga más conocida es una reducción en el número de explicaciones y notas al pie irónicas que Pratchett incluía en sus libros, que no solo servían para conocer más el mundo y sus personajes sino también la visión de estos, llena de ironía pero no falta de ternura. Esta ironía aparee aquí con mucha menos frecuencia y mas limada, centrándose mucho más en las descripciones de la vida cotidiana de su protagonista y la narración del mundo tal y como lo vería esta niña de once años: aprendiendo, preguntándose por qué las cosas son de una manera y no de otra pero también planteándose quien es y cual es su lugar en el mundo. Aunque los personaje más obtusos también serán descritos con cierta cantidad de malLecturas de la semana. El final del veranoa idea.
Es curioso que sea la novela juvenil la que resulta más melancólica en comparación a lo que había leído hasta hora de Mundosdisco: pese a los momentos ligeros, una parte de la trama habla sobre el cambio, la adaptación, el conocerse a uno mismo y el temor a desconocerlo (precisamente el antagonista es una mente colmena que se alimenta de los individuos brillantes, potenciando su ambición hasta consumirlos), y también la muerte como parte de la vida. Algo que no es extraño en el autor teniendo en cuenta que uno de sus personajes habituales es la Personificación Antropomórfica de la Muerte, pero que desde la perspectiva de Tiffany, cuya abuela ha fallecido, se torna en una reflexión sobre aceptar esta y recordar a quienes ya no están.
Los personajes que acompañan a la protagonista, a modo de protectores y también origen de sus problemas, son los Nac Mac Feegle, esos pequeños hombrecillos azules cuyo comportamiento oscila entre un duende marrullero, un clan escoces igualmente marrullero (acento incluido) y que esta vez tienen menos presencia la tratarse de un libro más dedicado a la formación de Tiffany. Y que en la traducción castellana han optado por trasladar su forma de hablar original a una versión muy peculiar del asturiano, que resulta una decisión muy ingenios a la hora de mantener el carácter de estos hombrecillos.
Mirando hacia tras, después de casi 15 años sin haber leído nada de Pratchett, y recordando lo que supuso la noticia de su alzheimer y posterior fallecimiento, solo puedo dar gracias a la capacidad creativa de sir Pterry y que su velocidad de escritura (como Sanderson, pero sin publicar topes para puerta) haya dejado suficiente libros como para poder visitar el Mundodisco de nuevo.

Carl Sherrell. Raum, duque del Infierno. Cuando un mago invoca a Astaroth para que cumpla sus órdenes, un demonio distinto acude a su llamada. Raum, Duque de los infiernos, precedido por una bandada de cuervos, encarnado en un gigantesco caballero de piel oscura y ojos rocos, accede a entregar a la reina de Finlandia a su conjurador a cambio de poder deambular por la tierra y encontrara Merlín, de quien cree que puede obtener las respuestas que busca. Su viaje en pos del mago lo llevará a encontrar su propia mortalidad, pero también a tener que rendir cuentas de loas primeras acciones que como demonio, cometió en la tierra.
Esta es la primera entrega de la trilogía de Sherrel, que fue la única que se publicó en castellano de este autor, llegando el último libro a publicarse de forma póstuma en España antes que en su país de origen. Esta es una versión del viaje del antihéroe, con un caballero demoniaco en busca de respuestas a su naturaleza en un escenario donde conviven los mitos artúricos, los vikingos, unos cuantos anacronismos y una intención de profundidad existencial que en realidad, en 180 paginas que ocupa la narración, no da para mucho más que para justificar las idas y venida de Raum hasta la última parte, donde se produce una transformación bastante inesperada, y atropellada, a partir del momento en que entra en escena Viviane, la doncella de Morgana, de quien este se enamora (y que por algún motivo, también es mala. Pero después se le pasa, igual que a Raum).
La intención del libro es demasiado ambiciosa para su brevedad, por lo que todas las dudas existenciales de su protagonista parecen servir para que este se embarque con los vikingos, se pelee con los caballeros de la tabla redonda y encuentre su redención a prisa y corriendo. Un poco difícil encontrar así la profundidad que pretendería tener esta trama pero que en realidad la acerca a antihéroes anteriores como Elric, a quien su búsqueda de algo por lo que quejarse y lo enloquecido de sus aventura lo convierte en un referente directo de Raum. Y esa mezcla entre ciclo artúrico, vikingos y demonios de la tradición cristiana da una novela de las que ya no se hacen: sin extensión sobredimenisonada, ni tendencia a acomodarse en los cánones trillados que funcionan. La lectura es breve, ágil, original y con un final abierto en el que su protagonista, ya redimido, debe partir a Vinland para salvar a la mujer que ama: el caballero infernal contra los pieles rojas ¿pero qué más podemos pedirle a la vida?
La trilogía de Sherrell, además, fue una de las rarezas que se publicó en los noventa en última Thule, de Anaya. Una colección preciosa donde Javier Martin Lalanda seleccionaba desde relatos de William Hope Hogdson, novelas de fantasía Pulp, narraciones poco conocidas de ciencia ficción o obras de fantasía menores como estas. Si la colección Tus Libros ofrecía una selección de clásicos de edición cuidada y un montón de notas al pie para sus lectores, Última Thule es algo así como la versión para todos lo públicos de Valdemar Gótica.