Series de tv, libros, cine...y una constante presencia gatuna

jueves, 24 de septiembre de 2026

Pom Poko (1994). Más huevos que el mapache de Espartero

 

El perro mapache, tanuki o mapache japonés es un  mamífero carnívoro de la familia de los cánidos, de aspecto similar  al mapache, originario de Japón, Corea y China oriental. 
- Wikipedia
Muy pocos lo saben, pero  cuando no hay humanos cerca, los tanuki pueden caminar sobre dos patas, hablar y transformar su aspecto. 
- Conocimiento popular. 


Cualquiera, aunque no sea aficionado al anime, puede reconocer enseguida una película del Studio Ghibli. Su estilo de dibujo, su animación, a menudo alejada de las imágenes que  tenemos del anime más genérico (especialmente para los que en los noventa, torcían el morro calificando  un estilo de animación distinto como “todos son iguales y tienen los ojos grandes”) y sobre todo,  por la carga emocional de cada una de sus producciones. En todas ellas, con enfoque distinto o alguna variación, tiene una gran importancia el difícil equilibrio entre el progreso y el cuidado de la naturaleza, las consecuencias  de este como fruto de la ambición desmedida,  principalmente  en el uso de la guerra como forma de control y negocio, la necesidad de convivir y adaptarse a los cambios así como un mensaje  pacifista  en muchas ocasiones. Fue Porco Rosso el que dijo que prefería ser un cerdo a un fascista,  Mononoke quien reflejo el conflicto entre mundos y  Totoro quien  recordó que siempre hay lugar para la magia.  Temas universales, que hacen que el público de todo el mundo  sienta una mayor cercanía con sus historias  independientemente dela simpatía que se pueda tener  por el anime como género y estilo. Una vocación universal que sin embargo a veces vuelve la mirada hacia s u lugar de origen  narrando historias  a partir de  sucesos hi tradiciones locales. La tumba de las luciérnagas mostraba la cara humana y las consecuencias del final de la guerra en el Pacífico. Pom Poko, unos años después,  empleaba la tradición popular  para reflejar el cambio que  Japón vivió a partir de entonces.



El país ha cambiado durante los últimos años. La guerra queda lejos y  la prosperidad y el desarrollo trae consigo  la necesidad de más espacio para las ciudades. Estas comienzan a extenderse hacia el exterior,  ganando terreno a los bosques  donde muchas criaturas tienen su hogar. No solo los animales salvajes han sido desplazados, sino también los tanuki,  a quienes sus poderes les permiten hablar y transformarse en cualquier oca o ser vivo. Bueno, y utilizar  sus testículos como parte de esa transformación o como arma.  Los distintos clanes, obligados a desplazarse  por  el  avance de los humanos, son conscientes de la  invasión de su territorio o y la falta de comida.  Unos cuantos, capaces todavía de transformarse, deciden utilizar sus poderes  para conseguir comida de los humanos, además  de  poder enterarse de lo que está sucediendo.  Este medio de vida no es suficiente para mantener a una población  de mapaches   que crece cada año, mientras muchos de ellos caen a causa del tráfico  y las trampas de los humanos.  Estos empiezan a tomar acciones   contra  quienes invaden su terreno, aunque los conflictos a la hora de elegir estrategia  no tardan en llegar:  unos optan por  mantenerse  en secreto, utilizando sus poderes para hacer creer que sus bosques están poblados por yokais y mantener alejados a los extraños. Otros prefieren enfrentarse a ellos directamente  declarándoles la guerra. Mientras, las grúas y los trabajadores  continúan haciendo su trabajo  cada vez más cerca del asentamiento de los tanuki.



Dirigida por Isao Takahata, responsable  de  La tumba de las luciérnagas y Recuerdos del ayer, la película refleja el cambio entre una sociedad vinculada a los ciclos de la naturaleza, que explica esta a través de mitos y la llegada del progreso  y la expansión  de las ciudades a costa de ganar terreno al entorno que una vez fue un medio de vida.  Los tanuki son testigos y víctimas de ese cambio, buscando distintas formas de sobrevivir,  desde el control de la población (algo difícil cuando llega la época del celo) hasta la infiltración  pasando por el enfrentamiento directo,  bien por el empleo de fuerzas sobrenaturales o el uso de la violencia. Siendo también las opciones más agresivas las que están  condenadas a fracasar desde el principio: nadie cree ya en los yokai y además, ¿qué pueden hacer unos mapaches contra una red de carreteras y el paso de los camiones?



La película  mantiene el equilibrio entre el humor y el drama, aunque progresivamente  avanza hacia este último (o sería  más adecuado calificarlo de tristeza), y marca en momentos determinados un contraste entre ambos: el mundo real,  al que se enfrentan los protagonista, se verá reflejado en las secuencias en las que estos son retratados como animales realistas, mostrando las consecuencias de las trampas, la caza o los accidentes. Y la naturaleza de estos se verá reflejada a través de los distintos estilos  en los que estos aparecen dibujados: el realismo,  siendo percibidos como animales corrientes, los rasgos de animales antropomórficos,  con el estilo reconocible de Ghibli, y uno ocasional, más caricaturesco, para los momentos cómicos o cuando estos se ven derrotados. Una forma de reflejar la naturaleza de unas criaturas propias de la mitología japonesa, donde los extraño y lo grosero conviven con naturalidad tratándose de unos seres que pueden hacer todo tipo de trucos con sus testículos, y que seguramente  resultará chocante para el público occidental (salvo los que caemos en el humor básico, que cualquier chiste sobre huevitos ya nos hace felices). 



Una tradición que aparece también  reflejada en el resto de la trama: durante el enfrentamiento  de los tanukis contra el progreso, estos se encuentran con otros yokai similares (los kitsune, también de naturaleza burlona), referencias a las historias de terror populares como la kuchisake Ona, la mujer sin cara  en medio de la noche, o en una de las secuencias que condensan perfectamente el tono de la película, el desfile nocturno de los cien demonios, donde pueden reconocerse todo tipo de yokai e incluso  referencias a la pintura clásica como el esqueleto gigante de Takiyasha la bruja. Y  sí, también hay un yokai que tiene un ojo en el medio del trasero, ¿pero no habíamos quedado que estamos de acuerdo con el humor básico?





El apartado técnico  es  también otro rasgo del estudio: aunque  emplean ya algo de infografía, la animación sigue teniendo ese estilo artesanal, muy cuidado, donde la animación fluida convive  con planos fijos detallados, de paisajes que parecen pintados a mano. También  es una de las películas más adultas del estudio: aunque  en todas esllas convive el tratamiento de una producción  que puede ser disfrutada por todos lo públicos junto a cuestiones más complejas, es este caso cuando se abordan directamente temas como la superpoblación, la guerra, la desaparición del mundo tradicional y la necesidad de encontrar una convivencia, por precaria que sea, para sobrevivir. Esta última, trata de una forma más melancólica que pesimista, mostrando el camino tomado por los tanuki y otros yokai para esconderse entre los humanos y a menudo, adquirir los rasgos negativos de estos. Si La tumba de alas luciérnagas reflejaba con dureza las consecuencias del bombardeo de Hiroshima y Nagasaki, ese final de Japón como  fuerza bélica, Pom Poko a través del fantástico, muestra lo que sucedió después: la transformación de la sociedad (la japonesa por extensión, el resto del mundo. No somos tan distintos), olvidando al mismo tiempo, una parte de lo que fuimos.

jueves, 17 de septiembre de 2026

Lecturas de la semana. El final del verano

 


Se acabó el verano, y no por tener que sacar una chaqueta por la mañana (y desde el cambio climático, menos) ni  por saber que al día siguiente toca reincorporarse al trabajo. Más bien, es ese click que se activa en cuanto  termina el 31 de agosto y somos conscientes de que todo  empieza de nuevo. Como  se ha demostrado  con los  libros que me han acompañado  estos meses, mi concepto de nostalgia es muy relativo (y que a estas alturas, prefiero mil veces mi peor día como adulto funcional que mi mejor día como jovenzuela despreocupada) y dependiente de lo que haya encontrado en la librería de segunda mano, las últimas semanas de agosto vinieron acompañadas  por  libros algo más recientes. Algunos, con menos de quince años de antigüedad ¡la modernidad aparece!


Terry Pratchett. Un sombrero de cielo. Tiffany Dolorido es aprendiz de bruja y keldra temporal de los Nac Mac Feegle, una variedad de hadas de piel azulada, mal carácter, pero tremendamente leales y muy poco feéricos.  Ahora,  con la llegada de la nueva keldra del clan,  según sus tradiciones, y la pérdida de la abuela Dolorido,  la cuidadora de ovejas y bruja no oficial del valle, Tiffany se instala como aprendiz de la señorita Lento.  Las tareas diarias no parecen lo esperado para una mujer que convive al mismo tiempo en dos cuerpos separados y una niña capaz de abandonar  temporalmente el suyo propio, y que previamente ha derrotado a la reina de las hadas con una sartén. Pero ayudar a los demás, o hacer que seayuden, es también una parte del trabajo. No todos piensan así, y Anagramma, una de las aprendices d la comaca, tiene una visión  de la brujería mucho más elegante y autoritaria, y no tardará en chocar con el carácter de Tiffany. Pero también otra criatura, carente de cuerpo, antigua e incormprensible, se ha fijado en sus poderes y  la ve como un potencial huésped para su naturaleza incorpórea.
Esta es la segunda entrega de las aventuras de Tiffaany Dolorido, el personaje que Pratchett creó para una serie destinada aun público más joven. Aunque esta también esta ambientada en el Mundodisco, y aparecen personaje conocidos como Yaya Ceravieja, la bruja con más capacidades de cabezología de todo el Mundodisco, y la misma Muerte. Y tratándose de la serie “juvenil” del autor,  es en ella donde  una vez más  fue capaz de demostrar su talento y buen hacer con un libro  que pese al tono un poco distinto, puede disfrutarse cualquiera que sea la edad de sus lectores.
La principal diferencia con su saga más conocida  es una reducción  en el número de explicaciones y notas al pie irónicas que Pratchett incluía en sus libros, que  no solo servían para  conocer más el mundo y sus personajes sino también  la visión de estos, llena de ironía  pero no falta de ternura. Esta ironía aparee aquí con mucha menos frecuencia y mas limada,  centrándose mucho más en las descripciones de la vida cotidiana de su protagonista y la narración del mundo tal y como  lo vería esta niña de once  años: aprendiendo,  preguntándose por qué las cosas son de una manera y no de otra pero también  planteándose quien es y  cual es su lugar en el mundo. Aunque los personaje  más obtusos también serán descritos con cierta cantidad de malLecturas de la semana. El final del veranoa idea.
Es curioso que sea la novela juvenil  la que resulta más melancólica en comparación  a lo que había  leído hasta hora de Mundosdisco: pese a los momentos ligeros, una parte de la trama habla sobre el cambio, la adaptación, el conocerse a uno mismo y el temor a desconocerlo (precisamente el antagonista es una mente colmena que se alimenta de los individuos brillantes, potenciando su  ambición hasta consumirlos), y también  la muerte como parte de la vida. Algo que no es extraño  en el autor teniendo en cuenta que uno de sus personajes habituales es la Personificación  Antropomórfica de la Muerte,  pero que desde la perspectiva  de Tiffany, cuya abuela ha fallecido, se torna en una reflexión sobre  aceptar esta y recordar a quienes ya no están.
Los personajes que acompañan a la protagonista,  a modo de protectores y también origen de sus problemas, son los Nac Mac Feegle, esos pequeños hombrecillos azules cuyo comportamiento oscila entre un duende marrullero, un clan escoces igualmente marrullero (acento incluido) y  que esta vez tienen menos presencia la tratarse de un libro más dedicado a la formación de Tiffany. Y que en la traducción  castellana han optado por trasladar su forma de hablar original a una versión muy peculiar del asturiano, que resulta una decisión muy ingenios a la hora de mantener el carácter de estos hombrecillos.
Mirando hacia tras, después de casi 15 años sin haber leído  nada de Pratchett, y recordando lo que supuso la noticia de su alzheimer y posterior fallecimiento, solo puedo dar gracias a la capacidad creativa de sir Pterry y que su velocidad de escritura (como Sanderson, pero sin publicar topes para puerta) haya dejado suficiente libros como para poder  visitar el Mundodisco de nuevo.



Carl Sherrell. Raum, duque del Infierno. Cuando un mago invoca a Astaroth para que cumpla sus órdenes, un demonio distinto acude a su llamada. Raum, Duque de los infiernos, precedido por una bandada de cuervos,  encarnado en un gigantesco caballero de piel oscura y ojos rocos,  accede a entregar a la reina de Finlandia a su  conjurador a cambio de  poder deambular por la tierra y encontrara Merlín, de quien cree que puede obtener las respuestas que busca.  Su viaje en pos del mago lo llevará a encontrar su propia mortalidad, pero también   a tener que rendir cuentas de loas primeras acciones que como demonio, cometió en la tierra.

Esta es la primera entrega de la trilogía de Sherrel, que fue la única que se publicó en castellano de este autor, llegando el último  libro a publicarse de forma póstuma en España antes  que en su país de origen. Esta es una versión del viaje del antihéroe, con un caballero demoniaco en busca de respuestas  a su naturaleza  en un escenario donde conviven los mitos artúricos, los vikingos, unos cuantos anacronismos y una intención de profundidad existencial que en realidad,  en 180  paginas que ocupa la narración, no da para mucho más que para justificar las idas y venida de Raum hasta la última parte, donde se produce una transformación bastante inesperada, y atropellada, a partir del momento en que entra en escena Viviane, la doncella de Morgana,  de quien este se enamora (y que por algún motivo, también es mala. Pero después se le pasa, igual que a Raum).

La intención del libro es demasiado ambiciosa para su brevedad, por lo que todas las dudas existenciales de su protagonista parecen servir para que este se embarque con los vikingos, se pelee con los caballeros de la tabla redonda y encuentre su redención a prisa y corriendo.  Un poco difícil  encontrar así la profundidad que pretendería tener esta trama pero que en realidad la acerca a  antihéroes anteriores como Elric, a quien su búsqueda de algo por lo que quejarse y lo enloquecido de sus  aventura lo convierte en un referente directo de Raum. Y esa mezcla entre ciclo artúrico, vikingos y  demonios de la tradición cristiana  da una  novela de las que ya no se hacen:  sin extensión sobredimenisonada, ni tendencia a acomodarse en los cánones trillados que funcionan. La lectura es breve, ágil, original  y  con un final abierto en el que su protagonista,  ya redimido, debe partir a Vinland  para salvar a la mujer que ama: el caballero infernal contra los pieles rojas ¿pero qué más podemos pedirle a la vida?

La trilogía de Sherrell, además, fue una de las rarezas que se publicó en los noventa  en última Thule, de Anaya.  Una colección  preciosa donde  Javier Martin Lalanda seleccionaba desde relatos de  William Hope Hogdson, novelas de fantasía Pulp,  narraciones  poco conocidas de ciencia ficción o  obras de fantasía menores como estas.  Si la colección Tus Libros ofrecía  una selección de clásicos de edición cuidada y un montón de notas al pie para sus lectores, Última Thule  es algo así como la versión para todos lo públicos de Valdemar Gótica.


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