
Barrilete también se pasa a los gaticos vintage
Nunca he sido muy seguidora del tema de los Oscars, sea la ceremonia en cuestión o las películas premiadas. Pero este año, que tiene bastante pinta de salirme tanto o más raro que el anterior, he visto unas cuantas de las nominadas y algunas que fueron premiadas después.

En el caso de The Artist, es una producción francesa cuyo principal atractivo es el haber sido filmada como las películas mudas de hace ochenta años: sin diálogos, sin efectos especiales, y ambientada en los años veinte y los primeros éxitos del cine. En un principio puede parecer muy original, pero esto ya se lo inventaron unos frikis hace cinco o seis años cuando se les ocurrió hacer una adapción de La llamada de Cthulhu como si hubiera sido filmada en la época del relato, con sus efectos especiales a base de espejos y hasta una aparición del famoso pulpo gigante

¡Eh, es Malcolm McDowell!
Ejem, aparte de estos apuntes en plan “los vikingos llegaron antes a América”, la película (The Artist, no La llamada de Cthulhu), cuenta la historia de George Valentin, un actor de cine estadounidense, mitad Rodolfo Valentino, mitad Tyrone Powers y una cuarta de Errol Flynn, famoso por sus películas de acción y aventuras, con mascota inteligente incluída. Poco después de conocer a una aspirante a actriz, el cine sonoro empieza a hacer su aparición, cosa que a él no le hace ninguna gracia y no está dispuesto a decir esta boca es mía delante de una pantalla, por mucho que sus productores intenten convencerle. Mientras el protagonista, tras estrenar una película muda que fracasa estrepitosamente, ser abandonado por su mujer, y en general, acabar en la ruína, Peppy Miller empieza una carrera llena de éxitos. Un tiempo después volverán a encontrarse y….no sigo contando, porque poco más hay de argumento.
Como puede verse, The Artist es una película muy simple a nivel de guión, siguiendo unas líneas muy básicas que intentan homenajear un poco a los dramas que podían haberse filmado en los años veinte. Lo que me parece generalizar un poco porque en la época eran bastante capaces de hacer un cine más complejo de lo que puede parecer en un principio, y ahí teníamos al expresionismo alemán (por citar a los que me gustan. La cabra tira al monte) para demostrarlo. Su originalidad, y probablemente su éxito en los Oscars, es gracias a la originalidad que supone lanzar a lo grande una película en un formato que supuestamente, se quedó obsoleto en 1929. Y sobre todo, el aspecto visual: la textura envejecida, la expresión, necesariamente exagerada de los actores, la mayoría de montajes y escenas que recuerdan al cine de la época. Algún que otro truco con el sonido también hay, porque aunque muda, sí dispone de banda sonora y varias secuencias en las que se juega mucho con los sonidos reales frente al mutismo de su protagonista.
Probablemente, el principal defecto de The Artist es el exceso de simpleza con el que intenta imitar al cine de principios de siglo, pero ha tenido su mérito el mover público con una premisa tan minoritaria como es el volver a hacer cine mudo…y desde luego, entre esta, y El árbol de la vida, que no ha tenido tanta suerte con los premios, han sido unos Oscars raros, raros.











