Series de tv, libros, cine...y una constante presencia gatuna

martes, 7 de febrero de 2012

Being Human, Temporada 4. Toby Whithouse, ¿¡qué has tomao!?



Un espectador cualquiera de Being Human, tras ver el nuevo episodio

En 2008, con una premisa tan absurda como un vampiro, un fantasma y un hombre lobo compartiendo piso, aparecía una de las series británicas más originales de la década. La idea consistía en tratar a los monstruos de la forma más ordinaria posible, enfrentándolos no a las situaciones clásicas que podían aparecer en series fantásticas, sino a problemas diarios como encontrar un piso, pagar las facturas…y de paso, una forma de controlar las ganas de beber sangre, o un lugar donde transformarse durante la luna llena. El éxito de la serie consistió en combinar con mucha originalidad una situación así con otras que se habían visto antes, como la típica sociedad de vampiros malvados o los cazadores de hombres lobo. Todos estos, tratados de una forma muy casera, sin dramatismos, ni épica. Y por supuesto, unos personajes que engancharon desde un principio: cada monstruo tenía sus propias particularidades, muy relacionadas con su situación o su forma de ser, e incluso los malvados de la serie eran tratados de esa misma forma: serían todo lo vampiros que quisieran, pero seguían teniendo sus manías y mezquindades.



Russell Tovey está en la esquina por estar

Las dos primeras temporadas siguieron esta línea: si en la primera tuvimos a Mitchell, el vampiro, enfrentándose a un amago de conspiración de vampiros para dominar el mundo, aunque un poco de andar por casa, en la segunda aparecieron los investigadores de monstruos, que para el grupo protagonista, acabaron resultando mucho peores que cualquier vampiro enviado por el Herrick interpretado por Jason Watkins. La tercera temporada supuso un nuevo comienzo: la grabación se trasladó a Cardiff, en parte por el guión, y en parte, porque además de salir más barato, hace menos frío que en Bristol. Y este fue bastante difícil: no solo habían perdido a Annie, la fantasma, sino que Mitchell, el vampiro, dejaba atrás una masacre que había trascendido los medios de comunicación y que no había Mascarada que la disimulara. Como suele pasar cuando empiezan a manejarse tramas demasiado complicadas para lo que era la serie, esta fue en picado: de la sociedad de vampiros más o menos discreta y sin complicaciones que explicaban en las primeras temporadas, pasan a un grupo más organizado, malvado, y todo eso que suele haber en las series de vampiros. Aparecen dos nuevos hombres lobo, Nina, uno de los protagonistas, y licántropo desde la segunda temporada, se queda embarazada, el propio Toby Whitehouse deja de respetar las bases del guión (especialmente en cuanto al tema de los vampiros y la sangre) que él mismo había creado…y todo empezó a desmandarse cosa mala, hasta el extremo de dar lugar a situaciones bastante absurdas y que no pegaban mucho con los personajes, especialmente para la pobre Annie, que de ser un poco timorata, acabó comportándose de una forma un tanto gilipuertas.

Con esta situación, además de con un cliffhanger y la marcha de dos protagonistas (Aidan Turner y Russell Tovey. O tres, si contamos a las orejas de este último), empezaba la cuarta temporada. Y tras ver el primer episodio, empecé a sospechar si el guionista no habría sufrido un golpe en la cabeza, porque este nuevo Being Human promete ser un batiburrillo entre Daybreakers, el Doctor Who, Stakeland y las películas postapocalípticas. Vamos, que si se hubiera propuesto pasarse por el forro todo lo que había filmado hasta entonces, no lo hubiera hecho mejor.



El capítulo comienza con un cartelito informativo: no estamos ni en Cardiff, ni en Bristol, sino en Londres en 2037, donde hay una guerra entre la resistencia y los vampiros…¡¡Yuhu!!…pero…¿me habré equivocado de serie? Parece que no, porque tras esa introducción, volvemos a ver a los protagonistas de la última temporada: una recien nacida, un George muy perjudicado por la falta de sueño, y una Annie preocupada. A Nina la han sacado de circulación, pero no llegamos a saber qué pasó tras el último capítulo de la temporada anterior, sino que los personajes lo van contando, y a ser posible, tampoco hablan mucho del tema, que fue un trauma muy gordo. El resto de personajes van apareciendo: un grupo de vampiros espera a otro grupo de vampiros más malvado y más antiguo, se descubre que la hija de George y Nina va a cumplir nosequé profecía que acabará con ellos, aparece otro grupo de vampiro, fantasma y hombre lobo que vivían juntos desde hacía años y…como diría Saran Montiel ¿¡Pero qué invento es este!? ¿Dónde está el humor negro, y la particular lógica de la serie?



El vampiro historiador, uno de los personajes nuevos, preguntándose qué demonios está pasando

Si este nuevo capítulo de Being Human ha sido raro, más raro será lo que viene: la hija de George, en el futuro, viaja al pasado para acabar con el bebé y evitar una guerra. Yo no sé lo que habrá tomado Toby Whithouse este año, pero no le ha sentado nada bien.

2 comentarios:

La Minomalice dijo...

Ay qué carita de suto tiene el gatico de tu nueva entrada!! Parece mi Garfield cuando ve a la veterinaria, a la cual odia con todas las almas de sus siete vidas!

Da mucha rabia cuando encuentras una serie que te gusta mucho y la vas siguiendo entusiasmada y luego parece de pronto que todo lo han cambiado. Ocurre con los escritores que tienen un estilo y en cada una de sus novelas lo siguen. A veces pueden parecer repetitivos (Paul Austen comienza casi siempre con una muerte de algún familiar, algún hecho que cambia la vida del protagonista), pero es eso precisamente lo que te gusta. Me gusta el chocolate unos días caliente, otros frío, otros combinado con otros sabores, pero siempre el chocolate tiene que estar.

Quería preguntarte qué te parece la serie "Érase una vez". Vi el primer capítulo y parece muy bonita y mágica.

Besos!
Ana.

Renaissance dijo...

Buf, esta temporada ha sido una decepción de las grandes: el guionista ha pasado por completo de lo que se le daba bien (contar historias muy pequeñas), y es como si le diera por imitar el estilo más exagerado de Steve Moffat, que para el Doctor Who está muy bien, pero para esta otra serie, no va ni con cola.

Érase una vez la estoy siguiendo desde el primer capítulo, y le dediqué una entrada junto a otras de la misma temática (Lost Girl y Grimm). Ha sido de las que más me ha gustado porque no se complica, realmente tratan la historia como si fuera un cuento de hadas, sin intentar volverlo todo más "oscuro" ni malote.

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