Series de tv, libros, cine...y una constante presencia gatuna

jueves, 3 de octubre de 2024

Lecturas de la semana. Especial zombies


 Hace algo más de diez años, los zombies se convirtieron en el monstruo estrella de la ficción. Los cadáveres reanimados, que habían sido una parte  más del terror desde que  George A. Romero   popularizara sus rasgos modernos en La noche de los muertos vivientes, y a los que  Danny Boyle había  dotado de velocidad  en 28 días después ç8aunque  recordando a Enjuto Mojamuto, no son zombies sino infectados), se convirtieron durante  2010 en  adelante en la criatura más popular del siglo xXI.  Carente de identidad, de voluntad, e imposible de redimir a los ojos del público a diferencia de su pariente no muerto más cercano, el vampiro, reflejaban  bien la incertidumbre e inseguridad de una sociedad que venía de sufrir una nueva crisis económica. Walking Dead, del comic a la serie de TV, demostraba  que se podía hacer una historia sobre muertos vivientes duradera, lejos del público de nicho y los presupuestos ínfimos. Este interés se haría notar en el mundo editorial convirtiéndose la ficción  zombie en un subgénero más dentro del terror.  Esta semana, un poco porque parece que octubre se presta a ello, o por recordar esos años en los que  no teníamos ni idea de lo que se nos venía encima, he recuperado aun par de novelas que  recurren a los muertos vivientes de formas distintas cada una.



Craig Di Louie. Infection. Un virus desconocido provoca que  gran parte de la población caiga en coma. Poco tiempo después, los infectados despiertan, carentes de consciencia y  convertidos en depredadores    que matan a todo ser vivo que encuentran para alimentarse de ellos. En medio del caos, la sociedad se desmorona y solo  permanecen distintos grupos de supervivientes  intentando llegar al día siguiente. Uno de tantos, formado por un ex militar, un agente de policía, un adolescente y un sacerdote, tiene más suerte  que el resto y consigue llegar a uno de los pocos campos de refugiados que  lo que queda del gobierno  de Estados Unidos  mantiene todavía  en pie. Aunque en un espacio  atestado de gente, donde  malviven víctimas y depredadores, puede ser más peligroso que las ciudades  abandonadas y  llenas de cadáveres reanimados.

 Primero de una trilogía no traducida al  español, la novela de Di Louie establece los primeros pasos de una saga bastante rutinaria (al menos en teoría, porque no he pasado del primer libro), que utiliza los tópicos establecidos  den un género que  en 2011, eran ya bastante conocidos y explotados: el virus de origen desconocido, para no tener que explicar mucho, los tipos de zombies, siendo ya los corredores una categoría en sí misma, e intentando que el escenario sea algo más original, algunos zombies monstruosos, resultado de alguna mutación de esas que vienen tan bien en la ficción, pero que después de cuatro Resident Evil, los House of the Dead y un par de Dead Rising, tampoco es que sea tan original (salvo para hacernos  reflexionar sobre la influencia delos videojuegos en la ficción popular reciente).

l resto transcurre  por unos escenarios trillados, en este caso, ciudades y  carreteras despobladas de Estados Unidos, una serie de protagonistas de distinta procedencia y características, del que alguno se quedará  por el camino y  el final a vierto de cara al siguiente libro de la serie. Que, debido al ritmo de la narración, se hace más que evidente que esta saga  estaba pensada desde el principio.
La impresión general de este Infection es la de ser una de tantas. Casi, el equivalente  zombis a la novela comprada en una estación de tren, sin que esta ofrezca nada que vaya a ser recordada un tiempo después de haber pasado la última página. Correctamente escrita, rápida de leer, sin sorpresas pero también sin nada que la convierta en algo especial o que pudiera  destacar entre las decenas de novelas del estilo que se publicaban entonces.


Cherie Priest. Boneshaker. Durante los primeros años de la Guerra Civil Americana, los rumores de la existencia de minas de oro en la región del Klondike  atrae no solo a  quienes quieren hacer fortuna, sino a científicos deseosos de probar la eficacia de sus invenciones.  Que muchos inversores demandan para poder extraer el oro  del suelo congelado de Alaska. Es la primera prueba de una de estas máquinas, apodada Bonesaheker, la que provoca un terrible accidente, reduciendo  Seattle a cenitas y  provocando la fuga desde el subsuelo de un gas que provoca la muerte  inmediata de quienes lo inhalan y su regreso como cadáver reanimado. Quince años después de que  no solo se perdiera la ciudad sino innumerables vidas incluida la de Leviticus Blue, el diseñador de la máquina, Briar, la viuda de este saca  adelante como puede a su hijo entre las miradas de los supervivientes que todavía  recuerdan el papel de su marido  en aquella catástrofe. Pero, cuando su hijo, intentando limpiar el nombre de su padre, escapa con intención de acudir a las ruinas de la ciudad, Briar debe adentrarse en un lugar  permanentemente envuelto en gas tóxico,  por el que no solo deambulan los cadáveres de las víctimas sino supervivientes acostumbrados a moverse en un entorno   hostil.

Cuando los temas de un libro son steampunk y zombies, al menos  este va a ser origina.  También el haber comenzado con una catástrofe en un periodo tan poco explotado en este sentido como es el siglo XIX con lo hace, y la novela dedica bastante tiempo a desarrollar el trasfondo  en el que se mueven los personajes. Este  es una época de pioneros, donde las condiciones de los buscadores de oro se ven sustituidos por ese apocalipsis retro que  genera un escenario muy particular, donde un accidente  masivo no tiene mayores consecuencias fuera de sus fronteras pero  da forma a la vida cotidiana de sus habitantes,  subsistiendo en las fábricas que se han establecido, y  con una estética muy particular entre el siglo XIX y las máscaras antiguas que son una parte   para la supervivencia de los personajes. El resto de elementos que sirven de trasfondo son los propios del steampunk: el uso de  naves voladoras, tecnología a vapor y laboratorios de diseño tan barroco como anacrónico, que son una parte más que se adopta como parte de un género  con una estética muy característica.

En este sentido, la novela es más una narración steampunk, donde el escenario y el número de personajes con premisa interesante (la ciudad  arrasada por un gas tóxico, capitanes de aeronaves, una princesa india que busca venganza y una tabernera con un brazo mecánico entre otros) se acaba comiendo a los principales que tienen en comparación muy poco tiempo. Estos, Briar, la protagonista, es quien tiene más peso, siendo sui hijo un poco es el Mcguffin  por el que debe empezar una aventura.  Aunque esta, caracterizada como una mujer fuerte y endurecida, se queda en un retrato un poco plano al ser necesario presenta runa cantidad de secundarios llamativos y a un antagonista que poco más va a salir, porque el libro, pese a ser el primero de una serie, es autoconclusivo y los siguientes  transcurren en lugares y con protagonistas distintos.

Además, pese a  que se defina como “steampunk y zombis”, de los últimos, poco hay. Salvo en el  prólogo donde se los menciona,  estos son uno d más de los peligros que pueden encontrarse en la ciudad donde transcurre  gran parte de la trama. Pero apenas tienen presencia, y perfectamente podrían haber sido sustituida por cualquier otro elemento peligroso. Casi da la impresión que  fueron un añadido para una novela escrita en un momento en que loa zombis pegaban fuertes y si era posible incluirlos en una obra de fantasía, adelante.  Al menos, de esta puede decirse “Vine en parte  por los zombies, me quedé por la locura steampunk con gases mortales, aeronaves, mad doctors con problemas de identidad y heroínas con mal carácter”.

jueves, 26 de septiembre de 2024

La vida secreta de Walter Mitty (1947). La vida en Babia

 


                                                     I try to maintain a healthy dose of daydreaming to keep myself sane
                                                                                                                                        Florence Welch


Estar en Babia, en las berzas, pensando en las musarañas y otras expresiones definen ese estado mental de abstracción total, casi ensoñación, en la que alguien es capaz de olvidarse de su entorno por compe.to para acabar  perdido en un hilo  de pensamientos o en un escenario imaginario. Que para que negarlo, seguramente sea bastante más interesante de lo que están intentando comunicar desde el exterior. La fantasía como vía de escape de lo cotidiano ha sido algo que ha a servido para impulsar gran parte de la ficción moderna (de otra forma, ¿ por qué íbamos a referirnos a un texto como “literatura de evasión”?) como  para servir de base a esta. Desde don Quijote, el soñador por antonomasia, hasta Sam Lowry, perdido en un cubículo anónimo den el Brazil de Terry Gillian, la fantasí a se plantea como una alternativa al entorno gris y monótono que ha ofrecido el siglo XX, sin dejar de ser paradójico que sea precisamente el sistema económico que nos ha abocado a esta repetición y falta de  sueños, el mismo que  proporcione vía de escape. Precisamente una via de escape que se plantearía en una producción de los años cuarenta   y que pasaría a ser una parte más del imaginario colectivo.


La vida de Walter Mitty transcurre entre su trabajo como corrector en una editorial de revistas pulp, cumplir recados para su madre, con la que sigue viviendo, las veladas con su novia y futura suegra e imaginarse, mientras tanto, como protagonista de todo tipo de aventuras, muy similares a las de las revistas en las que trabaja. Una forma de escapismo que a menudo   ha sido  criticado por su familia y jefe, debido a su tendencia a abstraerse. Pero un poco de fantasía no hace daño. Solo cuando una joven, muy parecida a la que  él ha imaginado, le pide ayuda para custodiar  un cuaderno que esconde la localización de los tesoros del gobierno holandés, ocultados a los nazis, su vida parece convertirse, por momentos, en una de las historias que a menudo imagina. Perseguido por matones, colgado de una azotea e incluso acusado de loco, Walter empieza a ser  parte de una situación que ni el mismo hubiera imaginado. Y en la que pese a todo, sigue teniendo tiempo para soñar despierto.



Basada de forma un tanto libre en un relato de James Thurber, este  es uno de los casos en los que la adaptación cinematográfica es más conocida y superior al material original. Esta es una comedia uy ligera, al servicio de  Danny Kayye, en la que con el tiempo, prevalecería más la idea principal, hasta el punto de hablar medio en broma del síndrome de Walter Mitty,  que el contendido  en sí. Esta, concebida como comedia, con esos tonos tan chillones y  hoy un poco irreales del tecnicolor, transcurre entre  la comicidad gestual de  Kaye, varios números musicales que se convierten casi en una fantasía dentro de la fantasía, Virginia Mayo como  esa mujer de sus sueños  que acaba convirtiéndose en algo real, más incluso que el entorno familiar que lo rodea, y la aparición de Boris Karloff como uno de los secundarios antagonistas. Este,  en el papel de doctor al servicio de esa  organización heredera de los expoliadores nazis,  desaparecidos hace muy poco cuando la película se estrenó, sirve también como  enlace con el mundo de las revistas pulp que aparecen como trasfondo, así como  con los personajes que este había interpretado durante la época dorada de  los monstruos de la Universal.


La trama transcurre a lo largo de varios días en la vida de su protagonista, en los que se alterna esa progresiva introducción de los imposible en lo cotidiano.  Las secuencias de su partida diaria entren, la oficina, y la aparición de elementos  anómalos finaliza cada vez con un fundido a negro y el comienzo de un nuevo  día que reduce el uso de escenas intermedias pero también le da un carácter episódico, incluso en su desenlace en el que la película  se cierra con un final  feliz, casi garantizado desde el comienzo, en el que  el protagonista, tras triunfar en una situación digna de novela, se enfrenta a ese entorno que, como declara en el desenlace, cuyas mentes son tan pequeñas y grises que son incapaces de apreciar cualquier atisbo de maravilla.



 
Una visión muy optimista y m muy blanca, que era algo de esperar en una comedia de la época, aunque esta cuente con elementos que hayan perdurado, como la fantasía como vía de escape o la ironía de trabajar en el departamento menos creativo de una empresa dedicada a vender ficción, en esta no se puede esperar una reflexión más profunda sobre ello, ni un enfoque complejo. Para algo así, Terry Gillian lo había reflejado mucho mejor, y de una forma menos esperanzadora, en Brazil. Lo que hay en este caso, es la primera aparición de este personaje, casi un arquetipo de la fantasía como vía de escape ante una situación en la que esta es la opción más viable.  Pero en la que en lugar de reflejos o cambio este acaba acomodándose a los cánones del final feliz y del sueño americano: Mitty soluciona sus problemas reales “como un hombre de verdad”, a base de un puñetazo y un discurso que reafirma su identidad. Y que le lleva en el epílogo a conseguir no solo a la mujer de sus sueños sino un ascenso y el respeto de su jefe. Después de todo, su historia es otra ficción, y cabo  preguntarse  si este desenlace no sería también una ensoñación en la que este soluciona definitivamente su s problemas.

La vida secreta de Walter Mitty es una  producción que más que por su reparto y escenas se han convertido en una idea que forma parte de la cultura popular. Y en una de  esas películas y cuyo enfoque  hace mucho más fácil   el que sea posible un remake adaptándose al cambio de mentalidad y sociedad, como pasó en la versión de 2013 y en la que también contaba con un cómico, en este caso, Ben Stiller, como protagonista.

jueves, 19 de septiembre de 2024

Gueules noires (2023). Horror cósmico y grisú

 


Una vez superados los intentos por adaptar los relatos de Lovecraft  de forma literal,  fue viéndose de forma cada vez más clara la viabilidad de hacer una película basada en los Mitos de Cthulhu que trasladar a imágenes el material original. En la boca del miedo resumía perfectamente esta mitología y la ficción a través de los libros de Sutter Cane. Muertos y enterrados, sin mencionar directamente a H. P. L, se considera una película lovecraftiana, e incluso rarezas como Messiah of Evil hacían del pueblecito de Point Dune y sus extraños habitantes un lugar que podría rivalizar con el propio Innsmouth.  Conociendo los mecanismos, una historia original podría, en pantalla, ser tan fiel a Lovecraft como cualquiera de sus relatos, e incluso, separarse de los escenarios de Nueva Inglaterra donde había arraigado. Después de todo, el Viejo Continente tiene un trasfondo mucho más antiguos, tanto como para haber quedado restos de esas criaturas anteriores  a la humanidad…idea que el director Mathieu Thuri tomaría en 2023 para una película claustrofóbica, oscura, pero también muy clásica y que traslada referencias ya conocidas por el público a un escenario menos habitual.



Las caras negras del título es el apodo con el que se conoce a los mineros en el norte de Francia: independientemente de su origen, francés, italiano, español o marroquí, como el  recién llegado Amir,  sus rostros adquieren la misma tonalidad  negra por el carbón de las minas. Durante los años cincuenta, todavía lejos de la reconversión industrial   pero también lejos de las medidas de seguridad más básicas, los trabajadores descienden cada turno sabiendo que este puede ser el último. Es al comenzar una de estas jornadas cuando al  equipo de Roland, el más veterano, se unen no solo sus compañeros habituales y el novato Amir, sino un visitante fuera de lugar en el  gigante complejo extractor de carbón: el profesor Berthier,  quien ha pagado lo suficiente como para asegurarse que  este pueda bajar a una profundidad más allá de los mil metros, saltándose incluso los ya de por si escasos sistemas de seguridad a la hora de abrir nuevos caminos subterráneos. Allí, sin más luz que la proyectada por las linternas de sus casos, encuentran restos de una tragedia  minera sucedida ya hace un siglo, pero cuya fama todavía  es recordada entre los trabajadores. Y también inscripciones, en un idioma desconocido, con el  que le profesor parece estar familiarizado, y que  le conduce a una cámara,  repleta de restos humanos, mucho más antiguos que  parecen guardar un gigante sarcófago. El profesor se niega a  explicar cualquier cosa al equipo que lo acompaña, pero parece conocer bien a quien, o a quien, pertenecía ese santuario.



La película es una cinta de terror, muy claustrofóbica, donde el escenario, con referencias tan pulp como el material en el que se inspira, rodada  de forma muy efectiva y concisa. Esta,  con un escenario muy limitado por el espacio y la luz, funciona también como lo hizo The Descent en 2004…e incluso mejor,  dado que las efectos especiales y la presencia inevitable de la criatura son reducidos al mínimo. El protagonismo se cede a ese escenario tan  específico pero a la vez reconocible, y a esos protagonistas en los que la lógica no  falla: son mineros, su trabajo   es estar a kilómetros de la  superficie, donde  nadie con otra opción querría estar, si no se marchan, es porque un accidente ha taponado las vías de salida. De este modo, el grupo de protagonistas, de los que pocos se sabe salvo su trabajo, sirven para desarrollar un trasfondo que en un momento del pasado, pero que en ningún caso podría  verse con nostalgia o como una idealización para una historia de terror. Lejos de recurrir a esos años veinte, ya centenarios, la mitad de siglo en la que transcurre el guion hace mención a las dos guerras anteriores, a los cambios que experimenta el país pero también a los que sufrirá.  Pese a su carácter anecdótico (en este caso “algo oculto bajo la tierra”)  tiene espacio para cierta crítica social. La selección, casi brutal, de los trabajadores marroquíes que s e lleva a cabo en los primeros minutos, ese equipo de mineros formado por las primeras oleadas  de inmigración, en su mayoría, intraeuropea, tras la guerra, o  el temor a la que mina cierre, bien por peligro, o bien por un descubrimiento que les haría perder el sustento. Un elemento de crítica que parece estar muy presente en el cine francés fantástico reciente,  donde incluso escenarios tan de serie B como  el edificio infestado de arañas de Vermines sirve para reflejar ese deterioro del París  metropolitano, o en este caso, una historia de terror tradicional hace una referencia muy poco velada a lo poco que ha cambiado Europa en setenta años.


El guion, y su desarrollo, sigue un esquema muy clásico. El público sabe lo que va a su ceder desde el momento en que  conoce el argumento, y este e s un poco como leer un relato de casas encantadas o de fantasmas: no inventa nada, pero seguramente funcionará y resulta en cierto modo reconfortante. Este, salvo los escasos exteriores en los que se aprovecha muy bien el contraste entre los espacios abiertos (el desierto en Marruecos y la monstruosa infraestructura exterior de la mina) y los túneles en los que se desarrolla gran parte de la trama. En muchos casos, no son más que una sucesión de pasillos y recodos, iluminados en tonos cálidos por linternas antiguas, y que incluso la cripta donde se oculta la criatura responde también ea ese diseño básico de espacio cavado entierra. No se cuenta, en todo caso, con mas ayuda que los planos muy  cerrados de los actores, la labor de estos, especialmente  Samuel le Bihan como minero veterano,  Jean  Huges-Anglade poniendo cara a ese profesor que parece haber perdido todos sus puntos de cordura (un símil inevitable porque  el guion  también guarda un gran parecido con cualquier aventura corta de La llamada de Cthulhu) y l a sorpresa de encontrar a Diego Martin como el barrenero español Miguel. Reparto, y escenarios tan precisos,  que hacen pensar que el  presupuesto podría haber sido un tanto exiguo  o que este se destinó a lo que preocupaba verdaderamente a los realizadores.


Porque,  en cuanto a los efectos especiales, estos se han mantenido a un nivel muy básico, incluso escaso: hay un plano completo de esa criatura prehumana, a la que  no solo se le da un nombre y también se la acompaña a de una cantidad de  referencia a los mitos de Cthulhu  que hacen que ya no quede duda de cual era la intención. Pero  esta es tan plásticos, o más bien, tan artesana y estática que se limita a ser una figura, muy deudora de los esqueletos multiarticulados de Besksinski, pero con una movilidad  inexistente que se limita a  menear un par de brazos y agarrar a alguna víctima…vamos, que el nuncio motivo por el que no  se la evita corriendo es porque en una mina medio derrumbada, poco sitio hay para escapar.

Gueules noires es  una producción muy sencilla, de corte muy clásico y muy lovecraftiano, donde no va a haber nada que sorprenda al público. Pero  el uso de estos elementos,  de un periodo histórico reciente y poco explotado, así como  su punto, gracias a este último, de crítica social, hace que funcione y supla esa aparente falta de novedad  con la capacidad de crear  una historia claustrofóbica. 
 


jueves, 12 de septiembre de 2024

Borderlands (2024). El planeta salvaje

 


Todos los años hay una película poco afortunada en la taquilla. Una inversión desproporcionada en comparación a la recaudación final o con una recepción muy pobre a nivel de público y crítica. Retrasos en el estreno, cuando ese tipo de cine está en declive,  demasiada edición posterior intentado que la producción encaje en lo esperado, o más recientemente el Covid, cuyos efectos en los cines han sido más devastadores que los del vídeo que mató a la estrella de la radio, son suficientes para que una película acabe teniendo una recaudación desafortunada. El caso  de esta adaptación de un videojuego fue un poco de todo esto, más una tremenda recepción negativa que, en vista del resultado, podría considerarse ensañamiento por parte de la opinión del público.



Borderlands, en su versión cinematográfica,  narra una de las muchas historias que transcurren en Pandora, un planeta más allá del sistema solar en el que se conserva tecnología de una civilización alienígena, desaparecida hace mucho y cuyo uso es tan incomprensible como lleno  de posibilidades para las grandes corporaciones. Que, habiéndose instalado en el planeta, lo han convertido en una suerte de colonia empresarial sin ley donde los delincuentes, mercenarios y quienes se atreven a adentrarse en las cámaras perdidas donde se conserva  tecnología eridiana, pueden hacer fortuna. Lilith, en cambio, ha decidido ganarse la vida como cazarrecompensas, considerando las cámaras y su búsqueda  como una quimera que se ha llevado demasiadas vidas. Pero cuando el dirigente de la corporación Atlas  le encomienda recuperar a su hija  tina, secuestrada por un antiguo miembro de su ejército privado, sus paso s la llevaran  junto a Tina,  el gigante Krieg, la doctora Tannis y el robot  Claptrap a una de las cámaras que Pandora oculta y para la que   Tina parece tener la llave de acceso.



La película está basa en  una serie de videojuegos, lanzada ya en 2009, “de los de pegar tiros”. El punto de partida de estos, una peculiar mezcla de ciencia ficción, western, Cyberpunk,  retrofuturismo, Mad Max y mucho humor (el que el estudio sea australiano debería llevarnos a plantear que les pasa en el continente con el apocalipsis y el salvajismo), ofrecía el material necesario para una producción,  e incluso una franquicia de éxito:  aún rodadas con posterioridad, las series que adaptaban  The  Last of Us y Fallout  son prueba que un buen  guion  procedente de un videojuego puede tener  su público en otros medios.




No fue el caso de esta adaptación dirigida por Eli Roth: desde los primeros casting  en 2020,  fue filmada en 2021 durante la pandemia, el guion  sufrió  varias reescrituras, añadidos y el rodaje de metraje posterior. Unos cambios que no solo supondrían un importante retraso a la hora de su estreno sino que se notan en el resultado final.

Pese a contar con un reparto como Cate Blanchett y Jamie Lee Curtis,  la voz de Jack Black e incluso  separarse un poco de los personajes que adaptan haciendo que estos sean significativamente  mayores  que sus contrapartidas del videojuego (una aportación que, en un entorno donde la norma suele ser protagonistas no ya menores de 30, sino de 20, nuestras canas agradecen) el guion parece  adolecer, precisamente, de ese grupo de héroes que la historia necesitaba. Con noventa minutos de duración, estos se limitan a ser una sucesión  de secuencias narrativas que el espectador conoce ya de historias anteriores (presentación, formación del grupo, dudas, revelación final del héroe, y victoria), unidas por unas escenas de acción y escenarios, que para ser justos, son realmente dinámico sy bien conseguidos. Tanto estos, como figurantes y el aspecto técnico en general, no es de los problemas de la película. El problema es en cambio, el desarrollo como mera fórmula, sin que los héroes ni el trasfondo más allá de una somera descripción, tengan el tiempo necesario para que estos sean desarrollados o que se establezcan las relaciones entre ellos. Es una de esos pocos casos en  que al menos diez o veinte minutos extra  hubiera venido bien para poder  dar a esos personajes y al mundo  en que se mueven la vida que les falta, y que así dejaran de ser un listado de tópicos cinematográficos que deban cumplirse.


 
El resultado, aunque poco satisfactorio, no es  ni de lejos el desastre absoluto que anunciaban las malas críticas.  Si se queda en un remedo de Guardianes de la Galaxia, como se le achaca, es porque  esta  no ha tenido desarrollo mas allá de su premisa..¿y qué película de comedia y aventuras actual no recurre a los temas de Guardianes? Con un poco más de cuidado, esta adaptación podría haber conseguido unos personajes con una simpatía y desarrollo similar a la de  Honor  entre  ladrones, con la que  guarda también ciertas similitudes a la hora de  elegir, o más bien,  evitar temas como el interés romántico forzado, o  optar por crear una especie de familia elegida entre los personajes basándose en sus lazos de amistad.

A esto debe añadírsele el problema de intentar adaptar un escenario tan amplio y variado como el de Borderlands. No conozco demasiado de este (solo he jugado  a las aventuras que sacó Telltale),  pero sí lo suficiente como para encontrar alguna incongruencia y sobre todo, ver que como adaptación  es un poco timorata a la hora de trasladar a la pantalla el humor salvaje del videojuego.

La impresión que da, una vez  transcurrido  ese metraje un tanto  breve para las producciones de fantasía actuales, e la de una película fallida. La falta de  la dedicación necesaria para que esos personajes  parezcan creaciones vivas y no  una excusa para un guion formulaico  con acción y explosiones. Pero ni de lejos merece el aluvión de críticas que a esta le cayeron desde su estreno: no es tan mala como parece haberse afirmado de forma  categórica, y  el aspecto técnico y visual , así como unas actores que hacen lo que pueden con tan poco material, es de los aspectos más destacables de una cinta que, siendo consciente de los problemas por los que ha pasado, todavía es posible  disfrutar sin complicarse mucho.

Y al menos, apoyar la idea lo suficiente como para que el mundo de  Pandora  pueda volver a la pantalla, quizá en forma de serie con el detalle que Borderlands merece.

jueves, 29 de agosto de 2024

Lecturas de la semana. Mitos populares y leyendas urbanas

 


Esta vez  empezamos con libros que no son muy habituales en mi caso: no ficción, obras de divulgación o informativas (creo que Michelle Remembers no  entraría en ninguna de estas categorías. Ni en la de ficción buena, vaya). En este caso, ambas están relacionadas con todo lo que toca lo sobrenatural y lo extraño a lo largo de la historia.  Los mitos cambian, se adaptan…y 8una comitiva de muertos puede transformarse en esa solitaria autoestopista que el conocido de un conocido se encuentra en una noche de lluvia.


Israel J. Espino. Gente de muerte y otros cortejos sobrenaturales. El libro de espino  realiza un recorrido por las comitivas  espectrales que han cruzado  las noches en Europa a lo largo de los siglos. Donde las cacerías espectrales conducidas por deidades germánicas hasta  caballeros que regresan por una noche de en entre los muertos. Pasando, por su puesto,  por la procesión de ánimas que  deambula por los bosques de Galicia, Asturias o Extremadura.

Esta comienza con las primeras cacerías espectrales, sus posibles orígenes así como su presencia  en Europa, mezclándose  posteriormente con las creencias cristianas  a medida que los testimonios obtenidos provenían de países más al Sur, y como esta se iría transformando en los cortejos de almas en pena. Su análisis es muy  completo, aportando detalles que ayudan a comprender la evolución de este fenómeno.  Dividida en varios capítulos,  las huestes de cazadores  dan paso a  leyendas puntuales, a su relación en algunos lugares  de Inglaterra con el mismo rey Arturo, su transformación paulatina  en almas en pena, e incluso alguna referencia a los espectors de los templarios, porque en el país de Becquer  sería imperdonable que  no se ahondara un poco en el origen de la leyenda que más asustó a los estudiantes de egb de varias generaciones.

El trabajo cuenta con una biografía muy completa  y notas al pie aclarando versiones alternativas de las narraciones que recoge, pero no impide que el ensayo sea muy asequible para quienes desconozcan el tema y  su estilo sea muy cercano. Israel J. Espino es muy buena comunicadora (como sabrán quienes la hayan escuchado en El colegio invisible o alguna presentación)n 7 en sus libros se nota. Además, gracias  la información adicional sobre sus viajes de investigación o no solo sabemos qué hacer en caso de cruzarse con una deseas cacerías míticas…sino que nunca, bajo ningún concepto, debemos pedir un desayuno  inglés tradicional completo.


Bill Ellis.  Leyendas que cobran vida. Este ensayo,  centrado en los diversos mitos urbano y  como estos se inspiran, pero a la vez, afectan al entorno real, estudia las primeras apariciones de estos, su evolución y variante y su posible desaparición como final  de la cadena de transmisión oral. Escrita en 2001, cuando este modo de comunicación de información, real o falsa, tenía  un mayor peso, teoría sobre e este a través de  la teoría del meme, su mutación en función del narrador y entorno y a menudo, la labor de estos mitos modernos como  elemento de unión de grupo, como es en el caso de las historias narradas en los campamentos de verano.

Si bien el concepto de leyenda urbana   es algo ya conocido, la mitología que  rodea a algo tan ajeno como eso campamentos (y que en muchos casos, la autoriza de estas historias puede rastrearse hasta los monitores que las inventaron),  es una de las partes que  puede aportar conocimientos nuevos al lector.

El tono del libro es mucho más académico que otras alternativas, como las recopilaciones de Jan Harold Brunvand en El fabuloso libro de las leyendas urbanas o  el Leyendas urbanas en España de Antonio Ortí, que buscaban más recopilar una mayor  cantidad de historias y en muchos casos, analizarlas desde una perspectiva más sencilla y con cierta ironía, más cercano al lector  que esté buscando una obra de divulgación asequible. Por comparación, el libro de Ellis es mucho más técnico y la  y la selección que hace es más escasa: una serie de temas comunes como el loco del hacha, el autoestopista, las leyendas de campamento o las alarmas  sobre los caramelos en Halloween y sus posibles variaciones así como una aproximación académica al desarrollo de estas. 

Teniendo en cuenta la fecha de publicación del libro, este conserva su validez e interés  como ensayo sobre el tema, pero resulta curioso comprobar  25 años después como estas leyendas han  acabado por desaparecer del mismo modo que los mitos de épocas pasadas para dar paso a otros tipos de narración ligada a las nuevas formas de propagación de la información, como lo fueron los creepypastas. Y del mismo modo, como la presencia de estos también se ha ido desvaneciendo:  hace más de diez años del experimento ruso del sueño, de Candle Cove o de Slenderman y como este derivaría en una mitología entre lo complejo y el fanfic  adolescente. Evolución que no hace sino conformar lo expuesto por Ellis en su ensayo: la naturaleza  mutable de la tradición oral y su adaptación a las forma s de comunicación. Aunque  eso hace preguntarse cuál será la mitología  urbana que  traigan las próximas décadas.


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