Series de tv, libros, cine...y una constante presencia gatuna

jueves, 17 de agosto de 2023

Venus en las tinieblas. Las señoras victorianas no lloran, las señoras victorianas escriben

 


La presencia femenina en el terror ya no es, ni fue, algo minoritario. La voz de autoras como Mariana Enríquez, Catriona Ward, Lisa Tuttle o Elizabeth Engstrom son solo las más recientes de muchas voces que  han  comenzado a ser recordadas con más fuerza o en muchos casos, recuperadas. En colecciones como Damas Oscuras se recopilaban varias ghost stories de autoría femenina, en Reinas del abismo, también de Impedimenta,  ampliaba  la temática hacia la época contemporánea y el pulp. Y Valdemar  hace lo mismo con una colección donde intenta recoger, de manera lo más amplia posible,  un recorrido al fantástico escrito por mujeres que comienza con los primeros blue books o folletines y termina en los primeros años veinte del siglo pasado. Aunque la selección se limite únicamente al fantástico anglosajón, sí, la antología incluye señoras victorianas. Porque nunca se tienen bastantes señoras victorianas (ni señores de entreguerras). 



La colección  comienza con un prólogo, muy detallado y necesario, que concluye la universalidad de terror  y que no puede hablarse de temas femeninos o masculinos en este. Todos los humanos temen a lo mismo: a lo desconocido, la muerte, la soledad, el plazo de pago del IRPF...Una universalidad que parecía  ser negada  por la vinculación, en el siglo pasado, de las autoras hacia el relato de fantasmas, y de la tendencia a ningunear, durante  muchos años, a la labor de estas. Resulta curioso la mención a un ensayo de los ochenta que incluye a VC Andrews en  el género fantástico, reduciendo la aportación de las escritoras a los dramas familiares (por lo visto el responsable debía pensar que Tanith Lee tenía una churrería). Un prólogo  que además de detalles  curiosos como el anterior, expone bien el criterio a la hora de seleccionar los relatos: no todos, pero sí una variedad en la que se puede dar una visión general a lo largo de este siglo, y, como suele pasar  por suerte en casi todas las antologías de Valdemar, encontrar relatos repetidos o leídos previamente, es muy poco probable. 


La antología presenta unos veintitrés  autoras, por orden cronológico en cuanto a la época en la que se escribieron los textos,  y entre los que  los nombres más  reconocibles serían Edith Warton, Nesbitt, y especialmente, Mary Shelley y Charlotte Brönte, esta última con uno de sus cuentos más conocidos en los que mezcla el humor con una de las figuras más detestadas en la pérfida Albión: Napoleón.  Esta comienza con un cuento de Sarah Wilkinson, uno de los blue books que mencionan en el prólogo y que narra con mucha sencillez una historia de almas en pena y recompensas   para los actos de justicia llevados a cabo hacia estas, muy propio del romanticismo.  Este es uno de los relatos de fantasmas que se incluyen, junto con Los ojos de Edith Warton, pero que pronto se alejan  de los cánones fantasmales clásicos para  tratar temas como  el doppelgangër narrado por Dinah Mullock, la aproximación casi naturalista al espectro vengativo de  de Elizabeth  Stuart Phelps o el falso fantasma descrito por Charlotte Ridell. 



Los espectros serán solo una parte de los cuentos seleccionados, entre los que también aparecen la recopilación de hechos sobrenaturales, supuestamente verídicos, que Catherine Crowe lleva a cabo acerca de las posesiones demoniacas, la licantropía  narrada en La mujer lobo de Clemence Husman o  el relato sobre satanismo de Mirs Hugh Fraser. Y sobre todo, por su modernidad, El empapelado amarillo de Charlotte Perkins, con una importante carga psicológica y una atmósfera claustrofóbica, si el cuento de Fraser  no desentonaría en cualquier novela de los ochenta que pretenda explotar el satanic panic, la mujer encerrada en una habitación por motivos terapéuticos de Perkins  tampoco estaría fuera de lugar en una historia de terror psicológico de esa década, o de la actualidad. 

Estos son solo un ejemplo de una antología mucho más amplia  que, no abarca todo lo que podría, al ser necesario  una mayor extensión o al menos, un Venus en las tinieblas tomo II, pero sí aporta una selección de cuentos muy variados y que van más allá de las apariciones espectrales. 

jueves, 10 de agosto de 2023

La Bella y la Bestia (1946). Érase una vez el fantastique

 


"Si prefiero los gatos a los perros es porque no hay gatos policía. "J. Cocteau

Los cuentos de hadas fueron para muchos las primeras lectura y las primeras películas. Tanto de la mano de Disney, inevitablemente, como de otros estudios que recurrían a ella para producir una cinta animada (ahora mismo me estoy acordando de cintas muy flojitas, pero también de una versión de Doctor Jeckyll y Mr Hyde de lo más macabra, emitida hace muchos años en TVG). Pero las fábulas no fueron patrimonio exclusivo de la animación infantil ni mucho menos, de la productora especializada en comprar franquicias y sacar reboots de sus clásicos, sino de creadores  que  recurrirían a los cuentos de hadas: las enseñanzas morales que habían transmitido, en las que debían evitarse a los extraños, la inteligencia y la bondad eran recompensadas, o que la belleza estaba en el interior, se enfocaban desde una perspectiva a veces más oscura o desengañada, o queriendo recuperar esa aparente inocencia del mundo infantil. Una decisión creativa adoptada por Jean Cocteau en 1946 después de que una guerra más asolara Europa  superando los horrores de la anterior. Este  planteaba un cuento con el que  aparentemente  pretendía recuperar ese enfoque de la maravilla propio de estas historias, pero también  una en que las segundas lecturas resultaban mucho mas inquietantes.



Érase una vez un comerciante con muy mala fortuna. Los negocios no marchaban, sus  dos hijas exigían  caprichos y su hijo era un holgazán. Solo la menor, y también la más bonita, llamada Bella, parecía ser la única preocupada por él y por encargarse del hogar. Cuando, en un desafortunado viaje de negocios este  se pierde en el bosque, encuentra refugio en un palacio vacío. Allí, además de cobijo y comida encuentra lo único que podría traer de vuelta a casa: una rosa, que Bella había pedido como regalo. Pero al arrancarla, una terrible bestia aparece, enfurecida por haber traicionado su hospitalidad al atreverse a robar de su jardín. Esta, exigiendo compensación, reclama  a su hija menor, que deberá acudir al palacio y ser su prisionera. A lo que Bela accede como único modo de salvar a su padre.


La narración, tan conocida como podría serlo Blanca nieves o Cenicienta (con la que guarda similitudes en su papel de criada e hija), es una adaptación muy fiel del cuento original, un texto del siglo XVIII cuyos orígenes y modificaciones  se analizan con mucho más detalle en la entrada de La mano del extranjero. Y del que Cocteau  manifiesta desde un principio su intención de mantener,  apelando a lo que rodea el mundo de los niños: una pizarra escolar anuncia en tiza los nombres principales. Cocteau, Jean Marais y Jossette Day. A  partir de la aparición del escenario y los personajes se adoptará es formalidad propia de los cuentos en las que se establece con claridad el papel de cada uno. Olas hermanas vanidosas, el hermano holgazán y su amigo, en a apariencia interés romántico de Bella, pero ciertamente agresivo, pendenciero, y una figura paterna incapaz de afrontar su papel, al que  bella sacrifica  cualquier aspiración  salvo la de cuidarlo. Es en estos momento cuando la película resulta un tanto teatral  y envarada, donde la Bella de  Jossette Day se excede con  las miradas lánguidas y una actitud estática.


Sin duda lo más memorable es su recreación de ese mundo mágico donde transcurre  la trama: como la Bestia explica a Bella, su palacio y lo que contiene se encuentra  fuera del mundo corriente. Es un espacio al que se accede por azar, como  el padre de esta,  o voluntariamente, una vez  admitido, como  Bella. Y en el que los recursos del teatro  y cierto surrealismo están presentes: los candelabros, sujetos por brazos que se mueve iluminando  las estancias, las estatuas que decoran y vigilan, de las que se pueden apreciar sus ojos recorriendo el escenario o moviéndose con lentitud y los objetos que  conectan con el mundo real: un espejo, a través del que  la protagonista ve a los dos seres que más ama (su padre y Bestia) y un guante, aunque en el cuento era un anillo, con el que moverse entre mundos. Su primer regreso a este, atravesando una pared, así como sus primeros paso s en ese castillo similar a las piezas de un teatro, marcan la separación con los escenarios reales, más simples y costumbristas.


También es fácil reconocer  las referencias que Disney utilizaría en su película de 1991: prácticamente todo.  El castillo sin sirvientes, atendido únicamente por magia y objetos animados, la Bestia similar a un lobo o  a un oso, o incluso la figura que se convertiría  en el cazador Gastón, cuyo diseño   guarda un parecido más que notable con Jean Marais y en el que es posible reconocer en las escenas junto al hermano de Bella, las secuencias cómicas que cuarenta años después representarían Gastón y Lefou.

Hay una diferencia importante en esta inspiración: el enfoque de Cocteau respecto a la Bestia y Avalant, el antagonista, es mucho más sutil. Este último, a quien Bella no rechaza, es un  personaje ambiguamente negativo  y del que es fácil imaginar como acabaría un matrimonio con su protagonista. Pero en el desenlace, con la muerte de este, el aspecto exterior de ambos se intercambia, siendo ya Marais caracterizado como principie quien abraza a una sorprendida Bella, que reconoce ese rostro familiar. Su partida final, hacia ese “otro lugar” del que habla el príncipe, donde tanto ambos como el padre de Bella, excluidos esos hermanos que no han demostrado ser dignos, parten, queda envuelto en un enigma y lo aleja de la imagen tradicional del final feliz a la que han quedado finalmente adaptados muchos cuentos.


jueves, 3 de agosto de 2023

José Antonio Cotrina. Las fuentes perdidas. Solo estamos de paso

 



Lo fantástico no tiene que reducirse a cuatro paredes. A menudo, y en la fantasía urbana es un recurso habitual, es aquello que no puede verse, aunque esté a s simple vista. Quizá una versión llevada al extremo de todo lo que no nos enteramos a  nuestro alrededor, o una respuesta al deseo de que este fuera un poco menos gris ¿ y si hubiera un callejón que condujera a una ciudad paralela, donde convive la magia y lo sobrenatural? ¿y si una línea de Rodalies condujera a esos lugares? Bueno, este último, según la hora  y la línea, puede ser  bastante sobrenatural…en todo caso, este escenario, del que Neverwhere sería  uno de los mejores ejemplos y que aparece en otras ficciones (que se lo digan a la generación de niños que creció esperando encontrar el andén 9 ¾) fue también el elegido por José Antonio Cotrina en 2003 para  su primera novela.





Las fuentes perdidas son, para todo los iniciados en la magia y  conocedores de los Lugares de paso, el origen de todos los anhelos  humanos. Aquellos manantiales de los que se pueden obtener la eterna juventud, la inmortalidad o la riqueza y que, como todos los misterios,  se encuentran perdidos incluso para los hechiceros más  experimentados. Algunos dicen que partir en su búsqueda es una locura, hasta para  un mundo donde loa nigromancia es una realidad y el uso de las dimensiones paralelas como  atajos es algo habitual, pero no ha impedido que un grupo de exploradores comience lo que el resto no duda  en calificar de Cruzada Apostata: encontrar esas fuentes. El papel de Delano Gris, que se gana la ida como mercenario a su pesar, es la de  hacer de guía para esa expedición compuesta por un estudioso  organizador del viaje, una espiritista, un nigromante, un genio  que, aunque no conceda deseos es experto in probabilidad y excelente cocinero, un lector y su remedo, un grotesco homúnculo con corma de peluche. Cada uno tiene sus razones para llegar al origen de todos los  deseos humanos, aunque no son lo únicos: Delano, no es solo un guía a sueldo, sino un agente contratado previamente para evitar que esta cruzada llegue a buen puerto. Aunque, como suele pasar en los lugares de paso, la lealtad es  algo cambiante, y este deberá decidir de qué parte está.


Reacción tras las primeras veinte páginas


Siendo una primera novela, esta se nota en muchos aspectos: no solo  el de ser el punto de partida de una ambientación que utilizaría en La canción secreta del mundo, sino por los excesos  que pueden verse  como se van puliendo según desarrolla cada capítulo: la presentación de los personaje, a modo de prólogo, roza lo exagerado  (me atrevería a calificarlo de edgy) en el que planta al lector ante caballos zombie, nigromantes muy chungos que temen a otros todavía más chungos, gente con nombres muy raros y muy intensos y donde cada esquina tiene que tener algo extraño, y a ser posible, oculto y con connotaciones sobrenaturales retorcidas. La impresión  que da es de ser ante todo, cosa   de los fallos de un primer texto largo, que todavía está buscando el equilibrio, y de los tópicos dela estética oscura de los primeros 2000, especialmente de Underworld  y su tono tremendamente siniestro y dramático. Un exceso que  parece reducirse, o conseguir que el lector se acostumbre (en ambos casos, es un punto a favor) a medida que  la trama abandona el mundo real y se adentra en el entorno paralelo descrito por Cotrina, esos lugares de paso, puntos de conexión entre realidades alternativas que  forman la ruta de los protagonistas y que   es una mezcla de mundos y criaturas, que en ningún momento transmite sentido de la maravilla sino la impresión de ser una escenario peligroso, que a veces los personajes preferirían no conocer. Es aquí donde el autor se explaya con  el trasfondo del mundo que describe y aparecen criaturas monstruosas, especialmente en lo que a los nigromantes se refiere, hechas a base de retazos  humanos y que parecen sacados de los primeros relatos de Barker.



Respecto al mundo de las fuente perdidas, Cotrina opta por describirlo mediante nombres que evocan una idea y alguna explicación: algo llamado Lugar de paso hace pensar en su naturaleza,  mientras que la mención a los Ganaderos hace que el lector no tenga ni idea de la que se le va a venir encima, que no va a ser bonito. Tampoco se complica demasiado desarrollando un sistema de magia ni explicando esta, sino que es algo que está ahí, forma parte de ese mundo, y aspectos tan interesantes como las huestes   de las que se proveen los nigromantes  es algo que se muestra sobre la marcha.  Es curios también que este mundo fuera algo que quizá estuviera  rondando en su cabeza previamente, dado que uno de los personajes es el protagonista de Entre Lineas, un relato donde comienza a describir la magia de los Lectores pero que ni  de lejos anunciaba lo que alcanzaría en su novela.

El desarrollo de los personajes  favorable: superado  el exceso de intensidad de la primera página, estos  son una versión sobrenatural de un grupo de aventureros sin escrúpulos, de los que se sospecha que muy pocos van a sobrevivir. Incluso se permite añadir algún toque de humor, como el genio experto en cocina o sobre todo, esa comicidad negrísima proporcionada por uno de los secundarios, un peluche masoquista que se pasa todo el libro siendo apuñalado.

Ilustración de Javier Prado, responsable de que la novela me durara tres días

El avance, por desgracia es desigual, siendo protagonistas como  Charlotte el genio o Gema la espiritista los que pasan sin pena ni gloria hasta ser asesinados en favor del resto, a los que se presta mucha más atención. Y de la que como buenos antihéroes, no podrán llevar a cabo ningún acto heroico sin consecuencias ni alcanzar en principio, una redención: el tono, y ese es uno de los aspectos que hace que la historia sea más que una fantasía urbana estándar, es  muy pesimista, las fuentes que buscan solo les llevarán a su final y a mezclarse en un enfrentamiento que comenzó hace siglos y el protagonista no conseguirá la venganza  que ansía, sino ser consciente que su enemigo es  un objetivo inalcanzable...además de revelar algo sobre su pasado que cambiará su vida. 

Las fuentes perdidas es una nivela de fantasía oscura, siniestra, urbana o como se prefiera llamarla, que, pese a contar con los efectos típicos de la primera narración larga, y a ratos parezca que se la puede resumir en "un cruce entre Neverwhere, Clive Barker, y la final de Traitors", va mucho más lejos: es tremendamente imaginativa y abre la puerta para desarrollar más historias en el mundo inventado por Cotrina. De momento, el que haya  incluido  La canción secreta del mundo entre las próximas lecturas, es una buena señal. 


jueves, 13 de julio de 2023

Junji Ito. Ciudades y mansiones encantadas. Este sitio es muy raro

 


Junji Ito es uno de eso autores a los que no es raro verlos en las estanterías, al menos recientemente. Con una trayectoria de casi 40 años,  creador de dos de las mejores series terroríficas y una  gran cantidad de historietas breves, es ahora cuando estas últimas están siendo editadas en España A partir de la colección original, contenidas en unos doce tomos, ECC ha  optado por una edición donde varios de estos se recogen según su temática: lo insólito (lo que viene a ser el noventa y nueve por cien de lo que ha dibujado este hombre, vaya), la naturaleza, los fantasmas o los lugares encantados. 




En el caso de este último, estas ciudades y mansiones por las que se mueven sus protagonistas distan mucho de ser  casas embrujadas o templos donde se oculte algún espíritu. Lo extraño  puede manifestarse en un lugar de forma inesperada, ser parte de este desde hace tanto tiempo que sus habitantes convivan con el y lo consideren algo cotidiano o incluso estar ligado a una persona. Tampoco van a ser comunes las explicaciones  sobrenaturales "coherentes". Los fantasmas son casi un elemento minoritario,  una maldición  a veces será la única explicación posible a lo anómalo, y los elementos tradicionales reconocibles para el lector occidental han sido retorcidos y modificados de formas extrañas, volviéndolos algo desconocido. 



Las quince historias incluida en el volumen son independientes entre sí, recorren múltiples lugares y temas. Desde el relato de fantasmas clásico, como podrá  ser ese desertor que se esconde en el ático de la casa familiar, las voces del os niños que  cada noche, se escuchan en un callejón tapiado o esa casa, aba nonada hace mucho, que hace años albergó una reyerta entre estudiantes. Los lugares  encantados de Ito siguen, la mayor parte de las veces, la tradición fantástica japonesa, marcada  por lo inevitable: todo aquel que se encuentra  con lo sobrenatural está condenado,  estos están ligados por siempre al lugar de su tragedia sin posibilidad de redención o descanso. 

En Japón, las viejas del visillo son muy chungas


Entre ellos  se mezclan las situaciones extrañas: el volumen comienza con La mansión del dolor fantasma, donde el protagonista acaba atrapado en una casa que encierra el dolor que sufre uno de sus habitantes, y que se extiende por cada rincón. Un concepto cuyo desenlace recuerda mucho a los primeros relatos de Barker, aunque este no sea de los más gráficos en cuanto al horror corporal que  Ito  alcanza a a veces en sus historietas. Otro de estos lugares extraños con capacidad de afectar al plano físico será  la ciudad en la que  todos los que fallecen sufren una transformación: sus cuerpos se convierte en su propia estela funeraria, marcando el lugar donde han perdido la vida. Situaciones que, pese a lo extraño, parecen seguir sus propias reglas y que los personajes no deberían haber roto...ni siquiera llegado a esos lugares. 

Si bien muchas de las historias  recopiladas se mueven por estos escenarios donde  se  prescinde de la lógica, hay alguna donde esta es inexistente: la ciudad sin calles comienza con un incidente nocturno que lleva a su protagonista a una ciudad transformada, de la noche a la mañana, e una maraña de casas que sus habitantes  atraviesan, y cuyo desarrollo da la impresión de que su autor no tiene muy claro que quiere hacer, más allá de juntar cosas raras, y a ver que pasa. Un visitante nocturno, una ciudad alterada, y un asesino en serie, porque de alguna forma tenía que terminar esa locura. Otras, sin embargo, mantienen ese equilibrio entre lo insólito y lo cotidiano, transmitiendo  bien esa sensación en la que  lo normal puede alterarse  con girar en cualquier callejón, o con residir en la casa equivocada. 

La colección no sigue un orden cronológico, y aunque el nivel de dibujo es ya el que  Junji Ito tiene acostumbrado a sus lectores, se encuentra alguno de sus primeros trabajos, como Bio House, una rareza tanto en lo argumental como en lo gráfico al ser un manga del 88 cuyo dibujo todavía queda muy lejos de lo que podría verse en Uzumaki. No es la  única rareza (aunque tenga gracia hablar de rarezas respecto de este señor) que puede aparecer a nivel de guion: el pueblo de las sirenas es una  curiosidad en la que utiliza abiertamente  tópicos del terror occidental, desde la religión  cristiana a la magia negra y el ocultismo que, quizá  por lo ajenos que le resultan, da la impresión de estar leyendo una historia de serie b como la que podría haberse encontrado en un videoclub, aunque algunos  de los elementos que aparecen, como el ruido ensordecedor de las sirenas, sería utilizado después con mayor fortuna. 

Las ciudades y mansiones encantadas de Junji Ito es un título que se queda corto para todo lo que puede encontrarse en esos quince relatos, donde predomina lo extraño, y como suele pasar en sus historias, cualquier posibilidad de finales felices para sus protagonistas, queda muy lejos. 




jueves, 6 de julio de 2023

Ed McDonald: La marca del cuervo. La trilogía del bajón

 


Desde que Games Workshop utilizara la frase promocional "In the grim  darkness of the far future there is only war", el término, bastante rimbombante serviría para referirse a un subgénero de la fantasía. El grimdark abarcaría todas las narraciones donde el mundo es tan despiadado, gris y desolador como podía serlo el nuestro. Caracterizado por un tono más oscuro y cierto cinismo, sus límites son tan difusos como podrían ser lo los de cualquier otra calificación, y en ella, lo mismo se puede incluir Canción de hielo y fuego que las novelas de Kane de Karl Edward Wagner...y aunque la cara más conocida sea la de Joe Abercrombie, que no ha dudado en abrazar el término, en este pueden  incluirse muchas otras series   que se sirven de estos tópicos. Como la de Ed McDonald, cuya primera trilogía  recurre a casi todos los recursos del grimdark aunque con una aproximación  menos ambiciosa en cuanto a extensión,  que la de autores  consolidados (sospecho que los biceps que se gasta Abercrombie vienen de tener que cargar con sus propios libros). 


A un tío con una espada al hombro a ver como le dices que no te ha gustado un libro

La Miseria es un vasto desierto en los confines de la República. Creada a partir del enfrentamiento entre los Reyes de las Profundidades y los Sin Nombre es ahora un páramo poblado por criaturas monstruosas y donde  las leyes de la física no  se aplican. Los únicos que se atreven a adentrarse en ella  son aquellas víctimas que han  sido  corrompidos por los Reyes de las Profundidades, que todavía intentan extender su influencia en el mundo, y los Blackwing, un cuerpo militar al servicio de los Sin Nombre que  se encarga de eliminar toda fuente de corrupción manifestada en la República. Ryhalt Galharrow  es actualmente el comandante de los Blackwing de Valengrado. De ascendencia noble, caido en desgracia, sus días transcurren entre adentrarse en la miseria junto a sus compañeros de armas, Tnota y Nenn, y ahogar la memoria de su pasado en alcohol.  Hasta que una parte de este vuelve a encontrarlo: Lady  Ezabeth Tanza, su antigua prometida y tejedora de luz, capaz de extraer los rayos de la luna para transformarlos en energía mágica, ha vuelto a Valengrado convencida que la Máquina de Punzón, el ingenio creado por los Sin nombre  para mantener a raya a sus enemigos, ha comenzado a fallar. Pero otras personas también conocen esta información, y es probable que estén dispuestos a hacérsela llegar a los Reyes de las Profundidades. 



La primera serie de Ed McDonald  abraza abiertamente  gran parte de los tópicos grimdark: no hay ni una sola cosa en el escenario que sea buena, decente o  rescatable. El sistema de funcionamiento de la Republica (donde la gente  con habilidades mágicas es forzada a trabajar en fábricas para producir energía) y la presencia de los antagonistas,  pese a su identificación como fuerza negativa,,  sigue prevaleciendo como una tendencia sediciosa  en la que es fácil  creer para aquellos que no tiene nada que perder. Los personajes tienen ese mismo aire derrotado, de subsistir   en una batalla perdida ay a los que solo les queda la camaradería que los une, de una forma muy similar a una familia, que irá adoptando nuevos miembros en los siguientes libros. 

La narración se desarrolla en primera persona a través de su protagonista, Galharrow ,de una forma muy similar a loa de los detectives (durante parte  del primer libro debe llevar a cabo una investigación) o de una novela bélica. Y a través del cual se van conociendo la mitología de la saga, de una forma muy casual, mediante pinceladas y nombres que van surgiendo en cada situación y que el lector pone en contexto al recordar mucho a otras ficciones Desde el sistema de explotación y almacenamiento de la magia, detalles propios del escenario caimo los carteles de neón alimentados por esta,  e el funcionamiento de la Miseria y su influencia Que, con nombres como Miseria, corazón del Vacío, elegidos o Punzón, uno ya se imagina que el escenario no va a ser muy optimista. Este supondría uno de los defectos propios de una primera novela: la acumulación de términos tremendistas que rozan lo exagerado para unos seres que, con la explicación que se da de ellos,  no dejan de ser unos Primigenios de marca blanca con algo más de preferencia por el body horror que sus predecesores, y que teniendo en cuenta la extensión del libro, no da para desarrollar mucho. Sin embargo, esta es lo bastante interesante, y los pasajes ambientados en la Miseria  del segundo y tercer libro dan carta blanca para que el autor desarrolle las situaciones más libres y marcadas por ese surrealismo  de un lugar regido por sus propias (o ausencia de ) reglas. 

La brevedad de cada libro de la trilogía, junto con el estilo de McDonald, muy rápido y que  engancha transcurridos las primeras páginas (que sí pueden hacerse un poco cuesta arriba), hace que sea fácil seguir la historia e incluso suspenda la credibilidad de unos de los aspectos más complicados: los monstruos, la luz como energía mágica y la guerra entre primigenios y magos pasotas tiene un pase, pero las proezas físicas de un protagonista que parece vivir al borde de la cirrosis crónica, es más difícil. 

La marca del cuervo, siendo la primera serie de McDonald, es una saga que recoge, casi punto por punto, todo lo que caracteriza al género fantástico en que se engloba. Casi un ensayo de prueba con el que consigue entrar en el mundo editorial con bastante buena fortuna. 


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