Después de pasar todo el verano en esa zona de confort que son las antologías Bruguera, las colecciones encontradas en librerías de segunda mano, y regresar a Mundodisco, volvemos a la normalidad relativa de leer lo primero que saque de la estantería (aunque procuro seguir un riguroso método FIFO por cuestiones de control y no acumular, a veces me la salto ¡ni que esto fuera Inditex!). Cada libro podo puede tener que ver entre sí, de esta forma, pero por un extraño sentido de la coincidencia algunos acaban teniendo algo en común. En este caso, una novela planteada como crónica previa a un desastre. Y un ensayo que refleja un presente, y quizá un futuro, muy influenciado por la idea del pasado y la necesidad de evasión.
Christopher Isherwood. Goodbye to Berlin. La crónica de Isherwood sobre su estancia en Berlín durante los años 30, entre los últimos coletazos de la república de Weimar y el ascenso del nazismo, reflejando su llegada a la ciudad, su estancia en distintos alojamientos y con ellos, personas de cada clase y estrato social distintos que encontrará durante su trabajo como profesor.
El estilo de Isherwood fue resumido como “soy una cámara”, algo muy alejado del musical de Fosse que se inspiró en el libro (y a través del cual muchos llegamos al material original), pero donde aparecen personajes que el lector que vienen de la película, reconocerá: Sally Bowles, la aspirante a estrella de cine, cantante de tercera y mitómana. Fritz, el hombre de negocios que vive como puede o la familia Landauer, un clan judío acomodado que parece vivir en una burbuja a través de la cual pueden atisbar lo que sucederá en unos pocos años.
Estos son solo una parte de la vida de Isherwood en esa Alemania destrozada por la Gran Guerra y la crisis económica, perdida, hedonista y habitada por gente que viven entre el día a día y la necesidad de aferrarse a cualquier ápice de felicidad. Las distintas pensiones en las que Isherwood se aloja, antiguas casas señoriales venidas a menos, regentadas por matronas con un grado de honradez cuestionable y ocupado por gente de distinta suerte en la vida, son un reflejo más del Berlín que el autor retrata con mordacidad, narrando con total naturalidad una relación homosexual con una diferencia de edad y posición económica más que cuestionable, o la vida diaria de formalismos, etiqueta y viajes por capricho de los personajes más acomodados, o la facilidad con la que Sally Bowles, a quien el narrador encuentra en varias ocasiones, miente e inventa acerca de su vida. El retrato irónico de los personajes viene dado únicamente por el estilo de Isherwood, que se limita a caracterizarlos a través de sus diálogos y acciones sin que su relación con ellos afecte al retrato. Un retablo que transcurre entre la naturalidad y el hedonismo con unos personajes que aprovechan los momentos buenos en cuanto pueden, sin cuestionarse más, y con un pragmatismo por el que cualquier situación o contacto, por cuestionable que sea, puede serles de provecho.
El libro se cierra con la promesa del título, la despedida del narrador de un Berlín convertido en un mosaico de personajes y retazos de vida, pero también una especie de olla puesta al fuego que Isherwood abandona en el momento adecuado.
Valentina Tanni. Exit Reality. Vaporwave, Backrooms, Weirdcore. Un ensayo muy breve que explora aspectos de la cultura de internet un poco al margen del mainstream que han ido permeando a este. Desde la musaica vaporwave y sus variaciones, el creepypasta omo modo de ficción y su evolución directa, las backrooms, el concepto de liminal como espacio, estéticas que asimilan y reinterpretan elementos del pasado y del subconsciente e incluso fenómenos tan peculiares como la cultura surgida alrededor del ASMR o la teoría del shifting, ese método, según sus usuarios, para saltar a otras realidades (que curiosamente, todas ellas son derivadas de algún fandom de los últimos años). Un repaso a ese lado no salvaje, pero si ciertamente extraño de la red, ahora cada vez más lejos del cyberpunk más duro con el que se la imaginaba en los noventa y contagiada por una mezcla de nostalgia, misticismo, y una mitología propia sobre la que planea la teoría del internet muerto, esa red donde el tráfico lo constituyen en su mayoría bots e IAS, en lugar de usuarios reales.
Conocí el libro gracias a la reseña de La isla de las bufandas, y ante un ensayo donde habla de fenómenos como los espacios liminales y el creepypasta, no iba a quedarme sin saber más. O por lo menos, que Tanni, o alguien, pudiera explicarme que demonios está pasando desde hace unos años. No ha habido esa suerte, pero su texto, como historiadora del arte, da contexto a esta fenomenología, categorizando en la medida de lo posible, expresiones artísticas que parecen una evolución del collage, así como la musical, con el nacimiento del vaporwave. Este último, un capítulo interesante para cualquier lego en música, donde señala su influencia en la cultura mayoritaria y su naturaleza evocadora de nostalgia imaginaria, como pasará con tendencias visuales como el dreamcore y el weirdcore.
Las backrooms, ahora convertidas en fenómenos de masas, tienen su apartado dentro de ese concepto de los espacios liminales, señalando su vinculación a una parte de la cualquiera de internet como son los videojuegos y la progresiva conversión de estas en un lugar de espacios gamificados, con niveles y recompensas, que si bien las convierten en un espacio vivo, donde todos colaboran en su desarrollo, también la alejan de su concepción original.
Dentro de las corrientes que analiza Tanni, el ASMR y el shifting correspondería a la parte espiritual, cierta búsqueda de cercanía y consuelo en una pantalla, con sonidos y estéticas, o una forma de huida hacia otro lugar. Un aspecto que esta analiza también de una forma imparcial, mostrándolo como una parte más de una subcultura, también muy influenciada por las limitaciones en el mundo real que supusieron los años del covid. Sin dejar espacio para juicios subjetivos, sino señalándolo como una forma de evasión o de surrealismo colectivo. Y dicho esto, reconozco que el descubrir que hay una comunidad de gente que cree que se puede ir de viajes astral a Hogwarts a tirarle los tejos a Draco Malfoy me ha dejado descolocada para una temporada.
Tanni, además de su análisis, quizá muy breve y pensado para un público con curiosidad sobre el tema, acompaña los textos e imágenes de comentarios y referencia extraidas de usuarios de youtube y Reddit acerca del tema de cada capítulo. Estas frases breves, anónimas más allá de un Nick, no solo son capaces de resumir perfectamente las sensaciones que evocan el vaporwave o los espacios liminales, como volver a ser niño en un viaje en coche con tus padres, o sentirse como el único ser vivo en una dimensión vacía, sino que resumen muy bien, con esa emotividad y a veces exageración, el carácter colectivo, un tanto irracional y que apela al inconsciente, de estas formas de expresión.


