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lunes, 24 de marzo de 2014

El gran Hotel Budapest (2014). Comedia, cuadros robados…y el sector de balnearios en declive


Es muy raro que vea una comedia. Al cine solo voy cuando estoy segura de que algo puede gustarme, y lo de hacer reír es muy difícil si no sale Simon Pegg o Joel Hogdson con sus robots. También es cierto que es un género al que no le hago mucho caso en los estrenos, y me he quedado con una idea bastante limitada: me da la impresión de que el 50%  son comedias de chicas que buscan o pierden novio, y otro 50% de  historias de fumetas. Pero esta vez no me tocaba elegir película, y  cuando me dijeron “Vamos a ver el Gran Hotel Budapest. Es una comedia. “, me limité a decir “vale” y a pensar “bueno. Al menos no es un drama”. 


 El Gran Hotel Budapest tampoco era la comedia que esperaba, sino que la historia empieza yendo hacia atrás en el tiempo: en una antigua República del Este, una chica presenta sus respetos ante la estatua de un escritor y comienza a leer el libro escrito por este. Saltamos a 1985, donde el autor explica el nacimiento de su libro, allá por los años 60, en un hotel balneario que ha conocido mejores tiempos..Y en el hotel, su dueño le cuenta cómo llegó a ser propietario del balneario más importante en la Europa de Entreguerras. En una época en la que la diferencia entre los ricos y los trabajadores era mucho más evidente, donde un partido fascista comenzaba hacerse notar, un joven llamado Zero Moustafa entra a trabajar de botones bajo el mando de Monsieur Gustave, el conserje del Hotel Budapest. Muchas personalidades europeas acuden al establecimiento, cuyo dueño se desconoce pero del que la cara visible es su conserje, apreciadísimo por sus huéspedes y especialmente, por sus clientas de mayor edad. Es a partir del testamento de una de ellas, en el que lega a Gustave un valioso cuadro, cuando comienzan a recaer sobre él acusaciones de estafa, asesinato, una pena de cárcel y una huída enloquecida a través de los Alpes y acompañado por Moustafá. Una situación bastante agobiante para un hombre acostumbrado a moverse por un importante hotel y para quien una buena manicura y litros de perfume es tan importante como el respirar.



El guión opta por crear un país imaginario, pero que puede reconocerse como cualquier nación que venga detrás de Austria. Y a país imaginario, antagonistas imaginarios:  no se hace ninguna mención a ideas políticas, sino al Este y al Oeste, y en el caso de la trama principal, el ejército fascista que ocupa el hotel tiene un curioso logo formado por dos ziz zags (en color rosa) y tiene cierta afición por cerrar fronteras…y a partir de ahí, a interpretar libremente. El utilizar este escenario imaginario, es todo un acierto: toda la película tiene también cierto aire irreal, en el que los personajes se mueven por sitios que parecen decorados enormes, incluso los exteriores. Incluso los alrededores del hotel en la montaña, al que se accede mediante teleférico, que puede verse en secuencias donde este se mueve de una forma casi de guignol, o de dibujo animado. Aquí la técnica no busca ser tan fantástica como en Bunraku o Repo!, que recurrían a ella como una parte principal de su ambientación, y si se nota un presupuesto mayor, pero es un estilo de recrear escenarios que siempre me ha gustado.



Pese a su aspecto de decorado, se nota que la intención es ofrecer unos escenarios que sí sean reconocibles, hasta el punto de haber cuidado todos los que aparecen en la película: puede que un hotel en plenos años 30 quede un poco lejos, pero su redecoración en los años 60 es algo tan reconocible que a cualquiera que haya estado en un establecimiento de esa época (o mismamente, en un bar que no se haya reformado desde entonces, le harán gracia sus sillas de plexiglás y su moqueta horrenda.


....¡¡Gatete!! 

Llama la atención ver un reparto lleno hasta la bandera de nombres conocidos, y más cuando la aparición de muchos se limita a no más de cinco minutos. Muchos de ellos están tan caracterizados que son irreconocibles, y secuencias tan breves como las de Harvey Keitel, o Tilda Swinton trasformada en anciana de 84 años, resultan más un cameo que un papel, aunque sus personajes sean claves para la trama. Estos son a veces tan irreconocibles como grotescos, y también tan irreales como el escenario en que se mueven. Pero todos, fascinantes: a bote pronto, Willem Dafoe encarnando a un policía resulta tan monstruoso como Adrien Brody resulta siniestro en su papel de noble arisco. Jeff Goldblum quizá sea el menos llamativo (exceptuando sus barbotas), pero el verlo con un enorme gato persa en brazos ha servido para me fijara y lo reconociera enseguida.



Los personajes secundarios quedan un poco limitados en su papel de perseguir o ayudar a los protagonistas, pero eso es también porque el más importante, y el que se lleva el mayor reconocimiento y desarrollo, es el de Monsieur Gustave, el conserje. Ralph Fiennes presenta el retrato de un protagonista lleno de detalles, de contradicciones tales como el ponerse a recitar poesia y ser capaz de jurar como un carretero cuando se enfada, y que lo mismo puede parecer el hombre más frívolo del planeta pero a la vez el más noble y honrado. Él es el verdadero protagonista y el que lleva todo el peso cómico sobre sus hombros, mientras que la tarea de Moustafa se limita más bien a la de narrador y acompañante durante la acción.


No me lo hubiera imaginado, pero ha sido una película en la que no hay ni una sola cosa que no me haya gustado. Quizá sea cosa de haberme metido en el cine sin tener muy claro lo que iba a ver, pero he encontrado con un guión en el que la trama del enredo sirve para presentar todo un microcosmos poblado por personajes peculiares, en el que lo absurdo y en algunos casos, el humor negro, tiene un peso importante.

4 comentarios:

La Minomalice dijo...

Aaaaaahhhhhh, me encanta!!! La vi anunciar y me llamó la atención, sobre todo por algunos de sus actores, pero ahora al leer tu entrada me he quedado con una impaciencia por verla que no puedo resistir. Este tipo de películas me gusta muchísimo. Y si además sale ese gatito tan guapo todavía mejor. Yo sí soy de comedias, pero no de las que tú dices que creías que eran la mayoría. Hay unas cuantas muy buenas, sobre todo clásicas. Seguro que te gustó ARSÉNICO POR COMPASIÓN, por ejemplo. Aunque tú quizás te refieres a la actualidad, que en efecto casi todas parece pertenecer a uno de los dos grupos que has señalado.

Gracias por una entrada tan interesante, pero te odio porque hasta el fin de semana no podré verla y me como las uñas. Un besazo!

Renaissance dijo...

En mi caso, no había visto ni el anuncio, por lo que fue empezarla, quedarme maravillada y disfrutarla de principio a fín. Estoy segura que también te gustará, y para el fin de semana queda muy poquito ya.
Y sí, en lo de los dos tipos de comedias me refiero a la actualidad, y todo lo que llega a los cines parece limitado a esos esquemas. Algunas, que llegan por otros medios, ofrecen algo distinto, pero si no, no queda otra que irse a lo de hace veinte años.

José Miguel García de Fórmica-Corsi dijo...

La verdad es que hasta ahora no he visto ninguna película de Wes Anderson, de lo que tengo cierto remordimiento porque, a priori y leyendo las reseñas que tengo de sus pelis, creo que puedo conectar con él. Tal vez sea "El gran hotel Budapest" la ocasión de entrar, a ver cómo se estrena en Málaga, o sea, si hay sesión en vose, no por exquisitez sino porque el doblaje actual se carga a muchos actores. Por cierto, estupendo el cartel de la peli que has puesto, que permite lucir ese increíble reparto...

Renaissance dijo...

Yo tampoco, por lo que no puedo hablar sobre el estilo del director sino limitarme a la película tal cual. Lo de las salas en VO son una rareza en cualquier ciudad que no sea grande...en mi caso, es algo que se queda para las sesiones del cineclub.
Y sí, el cartel es todo un acierto al presentar a todas las caras conocidas que van a salir.

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