Series de tv, libros, cine...y una constante presencia gatuna

jueves, 30 de mayo de 2013

Warm Bodies (2013). Una bonita historia de amor..con sus zombies y su moraleja

 


 
Hasta al gato le gustan los zombies

Después de Crepúsculo, a muchos monstruos les tocó sufrir el tratamiento romántico destinado a adolescentes. Al menos, esto es lo que le tocó a los vampiros, a los hombres lobo y a otros del estilo, que eran los más convertibles a personajes para novela romántica de adolescentes. Los zombies, por motivos obvios, se quedaron fuera de esta moda más allá de los chistes correspondientes y de la evidente imposibilidad de hacer una película con unas criaturas como las que aparecían en Walking Dead. Sin embargo, y como probablemente era la última variante que quedaba por ver en el cine de zombies, a un guionista sí se le ocurrió hacer una película romántica de zombies. Y si esto es raro de por sí, lo es todavía más que la historia intente ser coherente, alejándose de la comedia gruesa tipo Scary Movie o de una versión más dramática y oscura.



Warm Bodies nace de una forma similar a la de cierta obra con romances vampíricos de cuyo nombre no quiero acordarme: basada en la novela de Isaac Marion, de la que se adquirieron los derechos posteriormente, es una película en la que un chico un poco patoso conoce a una chica, se enamoran, y aunque el padre no lo apruebe, el amor siempre triunfa…lo que tampoco tendría nada de especial si no fuera porque la protagonista es una de las pocas supervivientes que quedan en una ciudad, cercada por un muro que los protege de las hordas de zombies, su padre es un militar que ha dado órdenes de acabar con todos los cadáveres ambulantes…y el chaval es un muerto viviente que dedica la mayor parte de su tiempo a deambular por un aeropuerto preguntándose qué está haciendo con su no vida, y si el resto de zombies también se plantean lo mismo. Todo cambia cuando ambos se encuentran, cosa que por algún motivo, hace que el protagonista comience a recordar cómo hablar, pensar, y sobre todo, intentar proteger a su chica no solo de otros zombies similares a él, sino a unas criaturas esqueléticas, a los que incluso el resto de muertos vivientes temen, muchísimo más peligrosas y sin más interés que devorar a todos los seres humanos que encuentren.



Parecía muy difícil conseguir una comedia romántica con zombies. Shaun of the Dead lo hizo en su momento, pero quedándose del lado de los vivos (además, con Simon Pegg y Edward Wright, no hay muchos imposibles). Warm Bodies riza el rizo y llega a contar una historia de este género, con unas criatura tan evidentemente desagradable como lo es un cadáver putrefacto que come cerebros, y que esta sea completamente coherente consigo misma y con el universo en el que se desarrolla. También es cierto que para ello recurren a ciertos trucos gracias a los cuales estos zombies son bastante más distintos a los que podrían aparecer en Walking Dead la saga de George Romero: el protagonista es un zombie distinto. Piensa, no mucho, pero piensa, y hace cosas tan raras como coleccionar vinilos o ser consciente de lo que pasa a su alrededor. El resto de zombies, aunque vayan por ahí comiendo cerebros y..bueno, siendo zombies de toda la vida, también conservan cierta chispa que les hace querer ser distintos a su naturaleza, y es gracias a esto por lo que un guión tan improbable vaya tomando cuerpo. La ambientación está bastante edulcorada en comparación con lo que suelen ser las películas de zombies: no hay cadáveres putrefactos, ni mutilados, ni nada directamente horrible, sino que estos tienen un aspecto muy similar a los de La noche de los Muertos Vivientes de 1968. Esto podría parecer un poco engañoso, pero es perfectamente lógico para el tipo de historia que quieren contar, que sería una fábula sobre cosas como la posibilidad de cambiar, de mantener la esperanza y empezar desde cero. En cierto modo, es como si a Brian Fuller, el creador de Pushing Daisies, se le ocurriera hacer una historia de zombies.



La mayoría de detalles, y la mitología de la película, están pensados para eso: los corazones de los zombies vuelven a latir cuando empiezan a recordar sus vidas, hasta la posibilidad de volver a ser humanos, y parte de ellos, unas criaturas esqueléticas y ennegrecidas, son descritas por los propios zombies como aquellos que perdieron toda esperanza, y ya no les queda más que devorar a todos los humanos que encuentren. Puede parecer que todo esto no tiene sentido…y en realidad no lo tiene, pero el guión va más por el camino de la fantasía y de las metáforas sobre la esperanza que por mantener una visión realista sobre la posibilidad de la existencia de zombies. Aún así, tiene detalles que se hacen bastante absurdos, o incluso plomizos, como las secuencias posteriores al primer encuentro de los protagonistas: la forma de irse haciendo amigos está directamente calcada de cualquier comedia romántica, y aunque se nota la intención paródica de toda esta parte, resulta bastante cansina y lastra la parte media de la película, hasta que consigue remontar con la vuelta de la protagonista al refugio. En otros casos ya no se cortan en la intención cómica de este aspecto de Warm Bodies, como la secuencia en la que maquillan al protagonista para hacerlo pasar por un humano, haciendo incluso un chiste a costa de la música de Pretty Woman, que realmente funciona mucho mejor que el primer intento.

También hay que decir que los actores son bastante correctitos: al papel de zombie de Nicholas Hoult no hay mucho que pedirle, porque no le queda otra que estar inexpresivo el 90% de la película. Tanto la actriz protagonista como su amiga cumplen bastante bien, especialmente esta última, muy divertida para lo poco que sale, y también aparece John Malkovich en un papel relativamente breve y un pelín desganado…pero este ya se puede dar con un canto en los dientes porque, para ser un actor bastante bueno, ha actuado en películas muchísimo peores que esta. Tomando un camino muy particular a la hora de rodar la primera historia romántica de zombies, esta Warm Bodies ha sido una sorpresa agradable: aún con sus defectos, les ha salido una historia original y entrañable dentro de un género tan de tiros en el peor de los casos, y tan pesimista en el mejor de ellos, como son los zombies.

lunes, 27 de mayo de 2013

Lecturas de la semana. Los años moz...prehistóricos





Hace muchos años, a TVE se le ocurrió hacer una serie basada en un personaje infantil muy conocido…hace todavía más años. Así nació Celia, la serie que adaptaba los libros de Elena Fortún y que muchos, hasta que no apareció en las pantallas, es probable que no les sonara nada (como era mi caso). En ella se contaba la historia de una niña en el Madrid de los años veinte, y de su familia, muy típica de la época: una madre que parece pasar un poco del tema, un padre que la mima, la chacha que no se corta en regañarla (y falta que le hace a la criatura) y el resto de detalles típicos de una familia bien de la época, como podían ser la institutriz, la niñera o la portera que vive abajo. La serie, al igual que los libros, contaba las peripecias de su protagonista, que era un poco la piel del diablo. No es que fuera especialmente mala, pero un exceso de imaginación y la forma de ver el mundo que tienen los niños hace que más de una vez la regañen o que, según su forma de ver las cosas, acaben enviándola interna a un colegio un curso entero.

Teniendo en cuenta el esfuerzo que se necesitaba para caracterización y ambientación, la serie tenía muy buen nivel. No escatimaron a la hora de recrear la época e incluso las interpretaciones eran razonablemente buenas (aunque alguna me daba la impresión de estar ahí por ser sobrina de algún productor, con lo sobreactuada que estaba), y aunque esta terminaba con la promesa de una segunda temporada, nunca llegó a filmarse, por los apuros económicos que estaba pasando TVE en aquel momento. Ahora debe estar también a dos velas, pero los costes se han abaratado y se nota menos.




El estreno de la serie sirvió para que una editorial, en concreto, Alianza, se animara a reeditar los libros respetando el formato original, en tapa dura y cuadrado, además de añadir un prólogo bastante completo en el que se explicaba un poco el trasfondo de la autora y los años en que escribió, y que desde luego, se notaba que no estaba pensado para lectores infantiles. También hay que decir que con lo de la edición vintage aprovechó para calzar algo más el precio a unos libros, que si bien en el momento pudieron venderse algo mejor por  la publicidad de la serie, tenían entonces más interés para lectores adultos que para su público original. Hoy, que sepa, siguen en su catálogo en la sección de literatura juvenil, donde publican también clásicos como Verne, pero ya en edición de bolsillo y mucho más asequible.


En concreto, los libros de Celia contaban más o menos lo mismo que se vio en la serie: las aventuras diarias de una niña en un momento histórico y en un lugar muy concreto, todas muy marcadas por lo cotidiano, como pueden ser las anécdotas de vacaciones, las visitas de gente que a ella no le gusta o las consecuencias de alguna de sus ocurrencias. Siempre hubo este tipo de literatura juvenil a lo largo de los años, y ahí tuvimos a Antoñita la fantástica, Manolito Gafotas, o, cruzando los Pirineos, El pequeño Nicolás. Y al igual que estos, los libros de Elena Fortún están contados en primera persona, con lo que el mundo que rodea a la protagonista estará reflejado por como lo ve una niña de siete años: no solo cree firmemente en las hadas, sino que muchas de las actitudes de los adultos las interpreta como tal. Ella puede ser “buena” o “mala”, sin más, y muchos personajes van y vienen por su vida sin más explicaciones que las que ella supone o las que el lector más mayor puede sacar entre líneas (como detalle adicional, diré que tiene un gato. Con el poco respetable nombre de Pirracas).






El principal problema de los libros no es su forma de estar escritos, que es muy correcta, ni por aburridos, porque muchas niñas disfrutaron con ella hace años, sino que se trata de un tipo de literatura que se queda desfasada con facilidad, y si ya en los noventa fue difícil que a los niños les gustaran unos libros así, hoy es practicamente imposible. Cuando se estrenó la serie, aún quedaban detalles con los que sí podía identificarse. Porque no se al resto, pero cuando me portaba como un jíbaro, me amenazaban con meterme en un internado. O lo que es peor ¡mandarme a un colegio de monjas!

 

De los pisos en el centro a cenar pan y agua...Mas o menos, igual que hoy

Porque el mundo de Celia es el del Madrid de preguerra, el de las porteras, las criadas de pueblo con cofia y los guardias civiles a caballo. Incluso la protagonista, y sus amigos, aún cuando pueden jugar a las mismas cosas que cualquier niña de hoy, parecen, en un repaso de la serie o de los libros, un poco repollos y paternalistas, alejados de lo que le gustaría a un niño cuyos primeros libros son las aventuras de Gerónimo Stilton. Aún así, la vida de la protagonista continúa a lo largo de los libros, que, al igual que el momento histórico en el que vive, se va volviendo más amargo: en los siguientes libros, de los que con la serie de tv se habló menos, Celia crece, pierde a su madre, debe hacerse cargo de sus hermanos y vive el Madrid de la posguerra, aún pasando también hambre como cualquier otro, con un poco más de fortuna gracias al dinero de la familia.

jueves, 23 de mayo de 2013

Lecturas de la semana de diversas procedencias.



Ha pasado una buena temporada desde que escribí por última vez sobre libros que estaba terminando. Y me ha sorprendido un poco, por lo que era yo hace un par de meses y mi velocidad de lectura, a lo que han sido estas semanas, necesitando practicamente quince o veinte días para cada libro…También es cierto que esos escasos momentos en los que podía adelantar dos o tres páginas los llegaba a disfrutar más que una tarde entera terminando una novela.



Jim Butcher. Máscaras de muerte. El quinto libro de las desventuras de Harry Dresden, que como buena no-seguidora del personaje, voy leyendo completamente salteado y cuando me coincide alguno. Esta vez, el único mago detective de toco Chicago debe recuperar la Sábana Santa, que alguien ha robado, además de enfrentarse a un duelo con un vampiro por cierto incidente que tuvo hace un par de entregas (entre otras cosas, hacer volar por los aires a la Corte Roja y acabar con la tregua entre magos y vampiros). Como le suele pasar al protagonista, cuando las cosas se empiezan a complicar, lo hacen a lo grande, y además hacen su aparición un grupo de demonios y cultistas que pretenden extender una plaga por toda la tierra.

No soy fan de Dresden ni del mundo creado por Butcher, que en el fondo, es extrapolable a cualquier otra sociedad de fantasía urbana que hay en muchas sagas. Pero el personaje me parece lo suficientemente entretenido, los libros correctamente escritos, y sobre todo, lo suficientemente fáciles de seguir entre uno y otro como para echarle un vistazo cuando me regalan alguno o aparece por la biblioteca gracias a sus frikosos criterios de compra. Teniendo en cuenta que he leído algún otro del género, y no pasé del primer volumen, es bastante buena crítica.



Vanesa Fidalgo. Historias de um Portugal Assombrado. En casi todos los países tienen su correspondiente ensayo sobre lugares embrujados y leyendas varias, y Portugal no iba a ser menos. Este libro recopila practicamente todo lo relacionado con el tema: casos más relacionados con los poltergeist y los especialistas de lo paranormal, historias sobre casas embrujadas más tradicionales, y finalmente, leyendas de todo Portugal, que para mi sorpresa, incluyen también unas cuantas sobre mouras y tesoros escondidos, cosa que pensaba que solo se daban en Galicia. Con esta selección, hay un poco de todo, y la extensión de estas en cuanto a páginas, es similar. Quizá para los más escépticos el primer capítulo sea el más flojo, porque los casos y testimonios no desentonarían en uno de los reportajes de Cuarto Milenio. Incluso alguno resulta involuntariamente cómico, como el poltergeist que hacía levitar y arder las verduras, a lo que no ayuda mucho el que los vecinos de la zona rebautizaran a la casa que lo sufría como “A casa dos medos”. Pero lo cierto es que aún sin tomarme esa parte muy en serio, la disfruté igual.



Mike Vasich. Loki. Uno de mitología nórdica novelizada. Vamos, que recoge los mitos y leyendas correspondientes y los narra de forma un poco más dramática, y humanizando a los personajes, de lo que lo haría un libro de leyendas corriente. Como su nombre indica, se trata de todas las tropelías de Loki desde las primeras historias de Asgard, el hogar de los dioses, hasta el Ragnarok o fin de los tiempos según los vikingos. Teniendo en cuenta que el autor escribe bastante bien, y se nota que disfruta a la hora de describir batallas, es bastante más entretenido que alguno que había podido leer gracias a Proyecto Gutenberg, que resultaba bastante más formal y distante. Aunque el autor hace un buen trabajo a la hora de dar su propio carácter a los dioses, se le va un poco la mano a la hora de presentar a Loki como un pobre pupas incomprendido al que nadie agradece todos sus trabajos a favor de Asgard y los dioses. Hubiera preferido a alguien más astuto y cómico, que a un personaje tan conflictuado.

lunes, 20 de mayo de 2013

Historias de Radio Nacional. Escuchar podcast en tiempos revueltos



Nunca he sido muy aficionada a los audiolibros, o al menos, desde que me acostumbré a leer yo misma sin que me fueran contando nada. Alguna vez he probado con alguno, en inglés, por aquello del idioma, y porque me es imposible coger un libro en un vehículo en movimiento sin marearme como un pato. Pero no había forma: ni escogiendo el más sencillo, ni aunque el narrador fuera algún actor conocido, conseguía terminar de gustarme esta forma de lectura…quizá porque esto de tener a la misma persona recitando un texto, al pie de la letra, al lado de las orejas, me parecía bastante soso.



Había en cambio, un programa de radio, extinto a estas alturas, del que mucha gente hablaba con cariño y que técnicamente, se dedicaba lo mismo que los audiolibros: reproducir narraciones, pero lejos de limitarse a una simple lectura, este lo representaba con todos los recursos que da de si la radio: había tantos actores declamando su papel como personajes en la obra, un narrador, y distintos efectos de sonido que acompañaban a la acción. Historias, de Radio Nacional, se emitió por primera vez en 1997, y hoy se considera uno de los últimos radioteatros realizados. En él, Juan José Plans, su presentador, además de anunciar el relato que iba a dramatizarse, y que, según la extensión del texto, podía ocupar solo una emisión o hasta cuatro programas. La temática del programa estaba orientada principalmente a la narrativa clásica y el género de evasión. Y aunque en la cabecera anunciaban el programa como “historias de aventuras, misterio, suspense”, se notaba que la preferencia era por el género terrorífico. Cosa que venía muy bien para la hora en la que se emitía, nada menos que los domingos de una a dos de la madrugada.



La estructura del programa era unicamente la de radioteatro: exceptuando el comienzo de algún relato nuevo, cuando Plans presentaba un poco al autor y hacía referencia al cuento o novela en cuestión, empezaba la dramatización. Tratándose de un medio sin imagen como es la radio, y con la dificultad de tener a parte del público habiéndose criado ya en una cultura audiovisual, no quedaba otra que recurrir a la voz de los actores, los efectos de sonido y cuando hiciera falta, a la presencia de un narrador que describiera lo que los protagonistas veían o hacían en un determinado momento. El registro de los actores tenía que ser necesariamente teatral para poder transmitir correctamente lo que sucedía en la narración, lo que, para muchos de sus oyentes, de los de entonces, y de los que lo descubrimos después, acabó siendo parte del encanto de un programa y de un formato que algunos teníamos asociados con los años anteriores a la tele y especialmente a los capítulos de Ama Rosa. También contó con unos cuantos programas especiales, como el 150 aniversario de Poe, en el que se retransmitieron un par de relatos del autor desde un teatro.

Casi todos los autores que tuvieron su versión en Historias son de la época clásica, y me da la impresión, de estar también libres de derechos de autor: empezaron con La calavera que gritaba, de Francis Marion Crawford, a la que le siguieron adapciones de M. R. James, Sheridan Le Fanu, e incluso versiones de cuentos tradicionales como La Cenicienta o La Bella y la Bestia. También hubo un par de piezas escritas por Juan José Plans, como el relato El velador o la serie Los misterios del castillo, que me divirtieron muchísimo por su mezcla, bastante entrañable, de elementos típicos del género como pueden ser los castillos, los mad doctors…y sobre todo, el protagonista de turno que se acaba metiendo en un sitio muy complicado. En una época anterior a las redes sociales, también hubo sitio para la participación de los oyentes, ofreciéndoles la posibilidad de escribir finales para determinados relatos inconclusos, emitiéndose los dos o tres finales premiados en los programas especiales.

 

Tardé bastante en enterarme de la existencia de Historias, o al menos, de prestarle la suficiente atención. Cuando se emitía, pensaba que las emisoras de radio no musicales solo hacían programas de fútbol, y a las horas en las que empezaba, yo estaba durmiendo o al menos intentándolo, que ya tenía bastantes horrores con la idea de tener que ir a clase el día siguiente. Y aunque después tuve más referencias, buenas todas ellas, la narrativa la tenía completamente asociada al papel impreso y no a algo que pudiera ir escuchando. Pero todo es cuestión de adaptarse, y tras haber escuchado unos cuantos programas, creo que pocas formas mejores hay de descansar que quedarse traspuesta escuchando la estupenda versión que Historias hizo de Los Embrujadores, de Bulwer Lytton, o cualquier otra.

jueves, 16 de mayo de 2013

Hansel y Gretel. Cazadores de brujas (2013). Si Lincoln cazaba vampiros, los niños perdidos no iban a ser menos



De las versiones modernas y peleonas de personajes conocidos quedé escarmentada en su día. Había esperado con bastante interés Van Helsing, aquella película de Hugh Jackman y Kate Beckinsale donde salían monstruos de la Universal a puntapala, para encontrarme con una especie de película de saltos variados, efectos digitales, y argumento tirando a ridículo. Caí una vez, y por mucho aspecto cañero que tuviera una versión de Hansel y Gretel reconvertidos a cazadores de brujas profesionales, no me iba a fiar de buenas a primeras. Parece que la industria también aprendió del descalabro del momento, y sin llegar a ser una buena película, Hansel y Gretel: Cazadores de brujas, sale bastante airoso.



La película empieza con sus dos protagonistas abandonados en el bosque, su encuentro con la bruja de la casa de chocolate, y cómo se deshacen de esta. Esto es solo el principio, porque durante el tiempo que estuvieron prisioneros de esta, aprendieron unas cuantas mañas sobre cómo deshacerse de las brujas y de paso, convertir esto en una profesión lucrativa. Gracias a su fama, son contratados por el alcalde de un pueblo donde han empezado a secuestrar varios niños. La investigación, en la que les ayuda un chaval admirador de su trabajo (sí, en el siglo XIX también había fanboys, pero en vez de tumblr coleccionaban recortes de periódicos) indica que las brujas pretenden utilizar a los niños para fabricar una poción que las hará inmune al fuego, que es la única forma de destruirlas, y que esta solo puede llevarse a cabo una vez cada diez años. Además, estas parecen estar muy interesadas en Gretel como parte de la poción. La misión no sale como ellos esperaban, y tendrán que enfrentarse a un akelarre sin más ayuda que sus propias armas, un chico y una mujer a la que salvan en un principio de acabar quemada en la hoguera.



Hansel y Gretel está muy pensada como cine en 3 Dimensiones, que es como se estrenó: muchas peleas y coreografías imposibles, primeros planos de armas y sobre todo, cosas que saltan a la pantalla sin más motivo que el que justificar el suplemento que se cobra por estos efectos especiales. Lo cierto es que solo ver el anagrama de MTV Films me hizo que estuviera a punto de apagar la tele, que este no es precisamente sinónimo de calidad. Además, para qué engañarnos, no pretende ser otra cosa que una película de acción con una estética muy puntual, deudora de las ilustraciones góticas y el cine de terror y protagonizada por un actor que está despuntando. Más o menos, como Van Helsing en el 2004, la diferencia es que esta vez sí les ha salido bien. De entrada, no solo se trata de un guión sobre dos personajes reconocibles matando brujas, sino que también sirve para que estos puedan conocer la situación que los llevó a acabar perdidos en un bosque, y de paso, añadir a un par de personajes que acabarán haciendo equipo con ellos (de cara a una posible secuela). Hay que reconocer que todo el desarrollo de este descubrimiento es bastante atropellado, pero también se debe tener en mente el tipo de película que se trata.



También aparecen unos cuantos chistes sobre el mundo en el que sucede la historia, como el que las botellas de leche lleven atadas grabados con los retratos de los niños desaparecidos, y otros detalles mucho más originales como el que Hansel haya contraído diabetes después de la dieta intensiva de azúcar a la que lo sometió la bruja. La cara más reconocible en el reparto es Jeremy Renner, que además de parecerse cada día más al Grumpy Cat, está en racha desde que interpretó a Ojo de Halcón en Los vengadores, y se está especializando en papeles de acción. Famke Janssen aparece como siempre, en papel de bruja/mujer fatal, lo que le va bastante bien y Gemma Arterton, en el papel de Gretel, está muy mona y poco más. El diseño de las brujas es bastante más divertido, y en la última parte de la película se pueden ver desde las típicas narices ganchudas hasta un akelarre en el que aparecen todo tipo de personajes amenazadores. Y un poco góticos en exceso, también.

Al final nos quedamos con lo que indica el título, con una historieta de acción y disparos bastante competente aún dentro de sus limitaciones, como cierta falta de originalidad a la hora de diseñar la estética de la película, y sobre todo, el no haberse arriesgado ni un pelo con una historia que vaya más allá del entretenimiento y las peleas en tres dimensiones, pero aún así, cumple su objetivo y da para un rato sin complicarse la vida.

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