Series de tv, libros, cine...y una constante presencia gatuna

lunes, 27 de mayo de 2013

Lecturas de la semana. Los años moz...prehistóricos





Hace muchos años, a TVE se le ocurrió hacer una serie basada en un personaje infantil muy conocido…hace todavía más años. Así nació Celia, la serie que adaptaba los libros de Elena Fortún y que muchos, hasta que no apareció en las pantallas, es probable que no les sonara nada (como era mi caso). En ella se contaba la historia de una niña en el Madrid de los años veinte, y de su familia, muy típica de la época: una madre que parece pasar un poco del tema, un padre que la mima, la chacha que no se corta en regañarla (y falta que le hace a la criatura) y el resto de detalles típicos de una familia bien de la época, como podían ser la institutriz, la niñera o la portera que vive abajo. La serie, al igual que los libros, contaba las peripecias de su protagonista, que era un poco la piel del diablo. No es que fuera especialmente mala, pero un exceso de imaginación y la forma de ver el mundo que tienen los niños hace que más de una vez la regañen o que, según su forma de ver las cosas, acaben enviándola interna a un colegio un curso entero.

Teniendo en cuenta el esfuerzo que se necesitaba para caracterización y ambientación, la serie tenía muy buen nivel. No escatimaron a la hora de recrear la época e incluso las interpretaciones eran razonablemente buenas (aunque alguna me daba la impresión de estar ahí por ser sobrina de algún productor, con lo sobreactuada que estaba), y aunque esta terminaba con la promesa de una segunda temporada, nunca llegó a filmarse, por los apuros económicos que estaba pasando TVE en aquel momento. Ahora debe estar también a dos velas, pero los costes se han abaratado y se nota menos.




El estreno de la serie sirvió para que una editorial, en concreto, Alianza, se animara a reeditar los libros respetando el formato original, en tapa dura y cuadrado, además de añadir un prólogo bastante completo en el que se explicaba un poco el trasfondo de la autora y los años en que escribió, y que desde luego, se notaba que no estaba pensado para lectores infantiles. También hay que decir que con lo de la edición vintage aprovechó para calzar algo más el precio a unos libros, que si bien en el momento pudieron venderse algo mejor por  la publicidad de la serie, tenían entonces más interés para lectores adultos que para su público original. Hoy, que sepa, siguen en su catálogo en la sección de literatura juvenil, donde publican también clásicos como Verne, pero ya en edición de bolsillo y mucho más asequible.


En concreto, los libros de Celia contaban más o menos lo mismo que se vio en la serie: las aventuras diarias de una niña en un momento histórico y en un lugar muy concreto, todas muy marcadas por lo cotidiano, como pueden ser las anécdotas de vacaciones, las visitas de gente que a ella no le gusta o las consecuencias de alguna de sus ocurrencias. Siempre hubo este tipo de literatura juvenil a lo largo de los años, y ahí tuvimos a Antoñita la fantástica, Manolito Gafotas, o, cruzando los Pirineos, El pequeño Nicolás. Y al igual que estos, los libros de Elena Fortún están contados en primera persona, con lo que el mundo que rodea a la protagonista estará reflejado por como lo ve una niña de siete años: no solo cree firmemente en las hadas, sino que muchas de las actitudes de los adultos las interpreta como tal. Ella puede ser “buena” o “mala”, sin más, y muchos personajes van y vienen por su vida sin más explicaciones que las que ella supone o las que el lector más mayor puede sacar entre líneas (como detalle adicional, diré que tiene un gato. Con el poco respetable nombre de Pirracas).






El principal problema de los libros no es su forma de estar escritos, que es muy correcta, ni por aburridos, porque muchas niñas disfrutaron con ella hace años, sino que se trata de un tipo de literatura que se queda desfasada con facilidad, y si ya en los noventa fue difícil que a los niños les gustaran unos libros así, hoy es practicamente imposible. Cuando se estrenó la serie, aún quedaban detalles con los que sí podía identificarse. Porque no se al resto, pero cuando me portaba como un jíbaro, me amenazaban con meterme en un internado. O lo que es peor ¡mandarme a un colegio de monjas!

 

De los pisos en el centro a cenar pan y agua...Mas o menos, igual que hoy

Porque el mundo de Celia es el del Madrid de preguerra, el de las porteras, las criadas de pueblo con cofia y los guardias civiles a caballo. Incluso la protagonista, y sus amigos, aún cuando pueden jugar a las mismas cosas que cualquier niña de hoy, parecen, en un repaso de la serie o de los libros, un poco repollos y paternalistas, alejados de lo que le gustaría a un niño cuyos primeros libros son las aventuras de Gerónimo Stilton. Aún así, la vida de la protagonista continúa a lo largo de los libros, que, al igual que el momento histórico en el que vive, se va volviendo más amargo: en los siguientes libros, de los que con la serie de tv se habló menos, Celia crece, pierde a su madre, debe hacerse cargo de sus hermanos y vive el Madrid de la posguerra, aún pasando también hambre como cualquier otro, con un poco más de fortuna gracias al dinero de la familia.

3 comentarios:

satrian dijo...

No me convencía Celia.

La Minomalice dijo...

A mí en su momento me gustó la serie. No era de mis preferidas, pero me entretenía. Es cierto que es para quienes nos gustan las historias que reflejan épocas pasadas y que es difícil que agrade a nuestros niños actuales, más bien cuando crezcan y algunos les tomen el gusto a viajar en el tiempo a través de la pequeña o gran pantalla. Lo del nombre del gato es un horror. No sé qué pensé entonces, pero ahora me parece feísimo. Pobre misino!!

Me encantan estas entradas con aire nostálgico. Un besazo!

Renaissance dijo...

Satrian: no me extraña. También es cierto que era un personaje pensado para las niñas y que tanta familia bien, no era plato de gusto para todos (algunos conocidos no soportaban la serie ni los libros por eso).

La Minomalice: personajes como este, y Antoñita la fantástica, se han quedado ya en un pasado bastante lejano..supongo que también dentro de unos años las aventuras del Pequeño Nicolás le sonarán a chino a los niños y se quedarán relegados a los nostálgicos.

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