Series de tv, libros, cine...y una constante presencia gatuna

jueves, 29 de noviembre de 2012

Junji Ito: espirales, horrores varios, y un par de gatos deambulando por un apartamento



Minino, vete vistiéndote que nos vamos al Lejano Oriente

Esta semana está siendo muy rara. Empecé escribiendo sobre un musical, y acabo con una de las cosas que menos me atraen, como es el cómic japonés. Como en cualquier tipo de estilo, hay de todos los géneros, pero visto desde fuera, es un tipo de comic y animación que parece consistir en robots gigantes pilotados por adolescentes, o por adolescentes con uniforme escolar viviendo tremendas cuitas amorosas…sí, también están Arale y sus cacas, pero eso es un clásico de los ochenta, y como tal, lo respeto profundamente. Es por esto por lo que me sorprendió un montón descubrir que también había mangas de terror que pudieran llegar a gustarme tanto como los trabajos de Junji Ito…sí, también conozco las viñetas de Hideshi Ino, pero lo de este último me da mal rollo hasta a mí, por lo que me quedo con los comics del primero, que son pura y simplemente, género de terror del bueno. Es más, terror del que podría gustarle a cualquiera que no le atraiga el manga.


En la imagen superior: mi primer día de colegio, imaginado la noche anterior

El cómic más popular de Ito es Uzumaki, que se publicó en España y no he leído porque, por aquello de estar disponible en papel, espero poder ver sin tener que recurrir a la pantalla del ordenador. A grandes rasgos, cuenta la historia de un pueblo donde empiezan a aparecer espirales y que comienzan a obsesionar a sus habitantes. El punto de partida es un poco extraño, pero cuando se le encuentran las similitudes con El color que cayó del cielo de H. P. Lovecraft, o incluso ilustraciones como estas, se empieza a pensar que esto de los muelles y las espirales no va a ser tan gracioso como parecía.



Gyo es otra de sus series más largas, con dos tomos para contar lo que podríamos considerar como una historia de zombies. De zombies, del fin del mundo, y hasta de situaciones que no tienen nada que envidiarle a Clive Barker: los protagonistas descubren una criatura muy extraña surgiendo del mar, nada menos que un pez, hinchado por la putrefacción, que se desplaza velozmente sobre patas mecánicas. Poco después, más seres marinos en las mismas condiciones empiezan a aparecer, y entre los descubrimientos que van haciéndose (entre otros, que se debe a la fuga de un arma biológica de hace cuarenta años), estas criaturas tienen la intención de contagiar sus condición a todos los seres vivos. En unos pocos días, la gente comienza a contraer una enfermedad en la que se hincha, y de la nada aparecen unas patitas mecánicas que por lo visto, utilizan como combustible los gases de dicha putrefacción.

La trama es sorprendente, y lo que más me asombró fue precisamente el encontrarme no solo este tipo de guión, tan trabajado, sino que los personajes tuvieran un transfondo, profundidad e incluso miedos muy similares a los que podrían tener personajes creados en Occidente. Además, el dibujo también fue una sorpresa agradable: frente a las típicas líneas claras, sin rasgos de los personajes, y la ausencia de fondos, me encuentro con unos monstruos dibujados con un detalle increíble, y en los que el autor no se corta a la hora de esmerarse pintando viñetas realmente grotescas.


Que alguien llame a Supernanny

El resto de su trabajo suelen ser historias cortas, que aparecen recopiladas en varios tomos, y que en algunos casos como la estudiante Tomie o Souichi son niños bastante peligrosos y un tanto siniestros, aunque en el caso de este último, tiene grandes dosis de humor negro y es uno de mis personajes favoritos. Las historias independientes son muy variadas, y en muchos casos recurre al absurdo de situaciones que, aparentemente no tienen explicación. Puede haber alguna historieta de fantasmas más clásica, pero en muchos casos, se trata de tramas muy kafkianas, desde epidemias extrañas en las que la gente acaba paralizada en el lugar donde cometió algún crimen o un error grave, o en la que aparecen criaturas muy raras que, más allá de lo inquietante del guión, no van a tener explicación posible. De todas formas, la falta de lógica en muchos casos es lo que hace que las historias den miedo.


Chaval de la izquierda, exactamente igual a los otros cincuenta protagonistas de sus comics

Por desgracia, Junji Ito tiene un gran problema a la hora de dibujar: los monstruos, los escenarios y los personajes deformes se le dan muy bien, pero tiene el mismo defecto que la mayoría de dibujantes del país, y es que todos sus personajes principales, que suelen ser gente joven, se parecen unos a otros. En más de una ocasión he tenido que repasar las páginas para enterarme si un personaje es el protagonista, su compañero de clase, o incluso la novia de algunos.

 


A su favor tiene no solo sus buenos guiones y su habilidad a la hora de dibujar monstruos, sino que le gustan los gatos, y ha dedicado una historieta a su vida cotidiana con su mujer y sus dos felinos, en la que estos aparecen dedicándose a cosas tan gatunas y amenazadoras como perseguir hilos, destrozar muebles, y mirar a sus propietarios como si estuvieran planeando algo realmente malvado.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Cabaret (1972). Canciones, drama...y unos cuantos nazis al fondo


Películas que he visto cantidad de veces hay unas cuantas, y el que me sepa la mitad de los diálogos de Conan el Bárbaro lo demuestra. Pero que haya visto tantas, y que sean mi preferida, solo hay una, y esa es nada menos que…un musical. Sí, la película favorita de una aficionada a los gatos, los zombies y a las novelas de fantasía o de dudosa calidad literaria es Cabaret, un drama musical de romanticismo, ambigüedades y referencias históricas. No sabría decir por qué me fascina tanto esta película, si por las actuaciones, los personajes, lo que cuenta o la forma de contarlo. Seguramente sea una rareza como tantas hay en el mundo.



Más que narrar una historia en concreto, Cabaret es la historia de varios personajes y de un momento histórico muy concreto, el del Berlín de los años 30, apenas sin recuperarse de la última crisis mundial, en el que se mueven todo tipo de gente, desde los primeros miembros del partido nazi, hasta quienes intentan ganarse la vida como cazafortunas o aristócratas ociosos. En concreto, los protagonistas, Brian y Sally, se conocen tras la llegada de este a Berlín para ganarse la vida como profesor de inglés. Un poco sorprendido por el carácter fantasioso y extravagante de la cantante, irá conociendo al resto de personajes. Algunos de ellos realmente dignos de simpatía, como sus primeros alumnos, después amigos, que cuentan con su propia trama. Otros, no tanto, como Maximillian, un noble caprichoso y con tendencia a aburrirse de la gente. Y algunos, aunque no llegan a implicarse en el argumento, tienen peso propio, como el Maestro de Ceremonias del cabaret, un presentador sarcástico y un poco ambiguo que presenta unos números musicales muy relacionados con lo que va pasando en la película.



Sobre Cabaret hay mucho que decir: no es una película plana, a nivel de argumento, sino que intenta presentar en todo momento la relación entre lo que viven los personajes y el momento histórico en concreto, como el progresivo ascenso del nazismo al poder. Los números musicales son inmejorables…y además de estar dentro de la lógica de la película (que se canta y se baila en el cabaret, no en la calle, campos), están preparados de forma que tengan un aspecto un tanto sórdido y no muy profesional, como un espectáculo de segunda fila y no una coreografía perfectamente ensayada y correcta. Otro tanto para la estética y ambientación, muy teatral dentro del cabaret, en el que no se cortan en muchos casos de utilizar un plano fijo o a un figurante completamente estático en más de una escena, y con un aspecto realmente vintage que ya quisieran conseguir muchas películas de hoy. O más bien, no, por que los años treinta que intentan presentar con la escenografía son realmente sórdidos: los colores son muy apagados, tirando a pardos. El vestuario tiene pinta de haber sido usado miles de veces y el maquillaje de las bailarinas es completamente exagerado y un pelín siniestro.

 

Si alguien no reconoce esta canción, es muy probable que haya vivido los últimos cincuenta años escondido dentro de una caja de galletas.

En la mayoría de números musicales Liza Minelli se luce, especialmente con su personaje de Sally Bowles: una chica que se gana la vida como cantante, y que, hasta que no tiene más remedio que enfrentarse a la realidad, vive en su mundo de fantasía. Cree que triunfará en el cine (solo tiene que ser amable con unos cuantos productores, claro), que es una mujer fatal que maneja a los hombres a su antojo…viendo el desarrollo de la película, es normal que el personaje vuelva a comportarse de esa forma en cuanto le es posible. En el resto del reparto está Michael York, que también apareció en un montón de películas en los 70 y 80, Marisa Berenson y un par de actores alemanes como secundarios. Ninguno de ellos canta que yo sepa, pero tal y como está planteado el guión y las actuaciones, no es necesario, porque en realidad su trabajo es exclusivamente dramático y no musical.

 


Ese bigotillo y esa expresión ladina no preludia nada bueno

Aún sin explayarse más con ellos, es imposible hablar de Cabaret sin recordar el trabajo de Joel Grey como Maestro de Ceremonias. Un personajillo menudo y sin una gran voz, pero que se encarga de animar las presentaciones del cabaret y de paso, dejar claro que por frívolo que sea el Kit Kat Club y que prometan hacer olvidar los problemas, son bien conscientes de lo que sucede fuera. Un simpático número de baile, en el que los bastones y sombreros hongo de las chicas (y del propio Maestro de Ceremonias. Que por cierto, tiene unas piernazas envidiables) se convierten en cascos y armas de un desfile militar. Personajes guía y narradores en los musicales ha habido muchos, ahí tenemos a Ché en Evita, o al Grave Robber de Repo! The Genetic Opera, pero muy pocos como el especialista de variedades y desvergonzado interpretado por Joel Grey.



De Cabaret puede decirse que es un musical para quien no le gustan los musicales: las actuaciones están dentro de un contexto muy concreto y la historia está narrada y dialogada, no cantada. Bueno, y seguramente a los fans de este género también. Si me ha gustado a mí, ¿qué decir para recomendarla?

jueves, 22 de noviembre de 2012

Lecturas (francófonas) de la semana. Hoy, monográfico belga



Esta semana no va de libros franceses, sino del país de al lado. Que aunque compartan idioma en algunas zonas, no se toman muy bien esto de las confusiones. En concreto, este señor es también uno de mis escritores favoritos, como H. P. Lovecraft, e igual que este, solo lo he mencionado de pasada.




Es de estos señores que siempre se recuerdan viejitos

Como sobre la historia de Jean Ray se puede consultar cualquier página o wikipedia, y que por cierto, es bastante divertida (incluye desde penas de cárcel hasta trabajos de marino y contrabandista. Encima le daba tiempo de escribir y todo), diré que él mismo no se cortaba en añadir datos un tanto aventureros y que, junto a su forma de escribir, hicieron de él todo un personaje. Bueno, y que la época de sus libros va aproximadamente de los años veinte a los cuarenta, por aquello de dar una idea de la época y ambientación en caso de que no haya ganas de mirar más páginas.



Entre esto, y el Telegato, más que fantástica, debe ser un sitio muy raro

Es más, el género que acabó eligiendo para escribir fue el terror, o más bien el fantástico, o…bueno, esa cosa que los franceses llaman fantastique y que engloba cualquier relato que no sea abiertamente de fantasía épica y que incluya elementos sobrenaturales. También es cierto que, aunque muchos de los escenarios que utilicen sean un tanto góticos, los escritores del continente siempre tuvieron un poco más de humor negro y fueron un pelín más pícaros que sus contrapartidas británicas. Jean Ray no era una excepción, y en sus libros los hay en buenas cantidades.


Llamarlo escritor es más por su profesión que por arte, porque nunca fue una persona que cuidara mucho el estilo de su narración,historias: casi todo iba destinado a revistas o a ser novelitas de a duro, de ahí que la mayoría sean relatos cortos, que los haya a montones, y sobre todo, que lo que le interesase fuera contar una historia que fuera lo más imaginativa y atrayente posible. Eso se le daba francamente bien, y lo que más se recuerda de él es su inventiva y variedad, porque no se cortaba en aprovechar para sus relatos todo lo que había conocido: desde elementos de la mitología clásica hasta monstruos más populares como los vampiros, e incluso se atrevió con cosillas más propias de la ciencia ficción como los teoremas matemáticos y las dimensiones paralelas. Eso sí, tratándose de literatura fantástica, el tratamiento de estas últimas no era precisamente serio y riguroso. Pero era divertido como él solo.

Su forma de escribir lo hace muy distinto de otros escritores de la época como pudieron ser H. P. Lovecraft, no solo por temas y estilo (aunque a este último también le gustaba la mitología en sus primeros tiempos), sino por la forma de desarrollar los horrores que puedan encontrar sus personajes: si los personajes de Lovecraft son estudiosos tirando a apocados, los de Jean Ray son en su mayoría marineros curtidos, detectives o gente del hampa que no dudan en llenar de plomo la barriga de un vampiro o estamparle una barra de hierro en los morros de cualquier monstruo. Aunque no dude en aprovechar el tema de las atmósferas y los escenarios para sus relatos, no hay amenazas imposibles, sino que estas son bastante corpóreas, y como tales, siempre es posible enfrentarse a ellas. Igual es por eso por lo que en ninguno de sus libros falta una escena de cenas o comidas en las que los menús son contundentes y perfectamente descritos. Tampoco sé si esto se debe a que muchos cuentos son narrados por su protagonista en una reunión, o que al escritor le gusta comer.


Seguramente su libro más famoso sea Malpertuis, que hasta tuvo su propia película (que sigo teniendo pendiente), y en el que le da una vuelta de tuerca muy suya a la novela gótica, y sobre todo, al tema de las casas encantadas. En cuanto a relatos, hay de todos los gustos y en cada antología, que también tiene varias, no debe haber menos de quince, aunque seguramente el mejor, y el más variado, sea Los 25 Mejores Relatos Negros y fantásticos. Las novelitas de Harry Dickson son un caso aparte y, como todavía tengo unas cuantas por leer, seguramente les correspondan más párrafos en una entrada.

Fuera de las librerías de segunda mano, y allí no quedan muchos ejemplares, es imposible encontrar nada de Jean Ray en una librería: lleva muchos años sin ser reeditado y aunque en Bélgica sí están publicando algo, no es el caso en España. Por suerte, como en otros casos, mi gata también ha encontrado por ahí casi todos sus libros por lo que todavía podré disfrutar de sus cuentos una buena temporada.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Red Dwarf X. Volviendo para bien



Después de una temporada muy larga sin ellas, las series vuelven a aparecer por el Barrilete. Y en concreto, una de las primeras series que pude ver gracias a Internet y que de no ser por el Doctor Who, sería mi producción de ciencia ficción favorita. No es muy difícil, cuando uno de los personajes es nada menos que la evolución del gato doméstico.



Red Dwarf se había quedado en suspenso en 1999 y sin pintas de volver, hasta el 2009, y seguramente por el éxito que estaba teniendo la vuelta del Doctor Who, Doug Naylor, el guionista que había quedado a cargo de ella, decidió volver con una miniserie bastante desastrosa. Tres años después, y seguramente también por el ya exitazo que ha tenido el Doctor Who en todo el mundo, la nave Enano Rojo volvió a aparecer en la tele, sin complicarse la vida como hicieron en la anterior miniserie, y ofreciendo lo que siempre le había dado resultado: ser una comedia de situación en la que aprovechan elementos de ciencia ficción como los universos paralelos, los viajes en el tiempo, los robots, e incluso algo tan poco cómico como que el protagonista sea el último ser humano vivo.

En esta décima temporada vuelven a la fórmula básica, con los protagonistas solos en una enorme nave minera con nombre de estrella (porque la nave no es un Enano Rojo, sino una Enana Roja) y en la que David Lister, el protagonista, intenta volver a la tierra y encontrar a Kristin Kochanski, su interés romántico a lo largo de las otras nueve temporadas, que por lo visto no ha muerto, sino que lo ha dejado por ser un absoluto desastre. Ya tiene gracia que a alguien lo dejen aunque sea el último varón del universo, pero el hacer desaparecer al personaje, y darle de nuevo a los protagonistas un motivo para llegar a un sitio o buscar algo, es un acierto: el universo es bastante grande y es muy probable que tarden mucho en dar con ellos, por lo que mientras, pueden encontrarse en un montón de situaciones absurdas por el camino. E incluso, algunas formas de vida, como las modificadas genéticamente, e incluso unos androides empeñados en acabar con lo que queda la humanidad y que aparecen en el último capítulo de la temporada.


Simulantes (guiño, guiño) persiguiendo a los protagonistas.

Los personajes son más o menos los que quedaron como fijos a partir de la tercera temporada: Lister, el humano, Gato, el …gato, Kryten el robot y Arnold Rimmer, el holograma amargado. Falta Holly, el ordenador de la nave que desapareció hace varios años y que no tiene pinta de ser recuperado. Seguramente, porque desde que los protagonistae se mueven más allá de los decorados, con el aumento de presupuesto, es un poco difícil trabajar con un personaje que está permanentemente flotando en una pantalla. Y aunque se trate de un gag aislado, recuperan alguna de las manías del Gato, como creerse lo más importante de la nave, y sobre todo, disfrutar de lo lindo jugando con un cordel que se mueve. Sospecho que el señor Naylor también ha debido tener algún minino ocupando su casa.

 

Con seis capítulos emitidos, no ha llegado al nivel que alcanzó en los ochenta y noventa, pero eso era ya muy difícil, porque la serie llegó al punto máximo en su quinta temporada, y sobre todo, con un último capítulo en el que conseguía adelantarse varios años a Matrix. De todas formas, y teniendo en cuenta la decepción que supuso el intento de recuperarla hace tres años, ha cumplido muy bien: se recuperan los sketches en los que aprovechan las situaciones de ciencia ficción, que pueden ir desde ordenadores rebotados hasta las paradojas burocráticas que suponen que el protagonista sea su propio padre. No sé si a partir de esta temporada se animarán a continuarla, por aquello de aprovechar el tirón de la ciencia ficción de la tele inglesa, pero si lo deciden, al menos esta temporada les ha dado una segunda oportunidad. Eso sí, que se den prisa, que los años no pasan en balde para los actores, y las dos décadas de diferencia, se les notan.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Lecturas de la semana. Autopublicaciones y éxitos en Internet.


Minino, visiblemente mosqueado ante el aparato que le quita horas a su dueño

No todo el mundo tiene la suerte de ver su libro publicado y poder vivir de la venta de estos, pero gracias a internet, muchos han tenido la oportunidad de darse a conocer e incluso de tener el suficiente éxito como para poder vender unos cuantos ejemplares. En papel o en copia digital. Estos dos son algunos de los libros que se han dado a conocer de esta forma. Y sí, sospecho que tienen bastante más calidad que las Cincuenta Puñeteras Sombras


David Wong. This Book is Full of Spiders. Seriously, Dude, don´t touch It. El caso de este libro, o más bien, de su primera parte, ha sido de los de llegar y besar el santo. Hace tres o cuatro años, un comentarista de cracked decidió probar suerte escribiendo una novela de terror. Algo bastante extraño, porque este estaba especializado en artículos para una página satírica. Pero se ve que el horror es hermano del humor, porque su novela mezclaba a partes iguales un montón de elementos conocidos por los aficionados al género, como las dimensiones paralelas, los Primigenios (con otro nombre) y los monstruos con más brazos de los que deberían, y situaciones que en muchas ocasiones resultaban hilarantes por la inútil y despistado de sus protagonistas o directamente, porque muchas veces las secuencias más realistas son las que acaban provocando situaciones llenas de humor negro y sarcasmo.

John dies at the End tuvo la suerte de convertirse rapidamente en una película, dirigida por Don Coscarelli, un tipo que también es especialista en guiones raros, y que tengo bastantes ganas de ver. Su segunda parte no tardó, y tampoco me ha decepcionado. Aunque el primero se tratara de una narración cerrada, siempre hay opción a continuar con las aventuras de los protagonistas, algo fácil cuando viven en un pueblo con tendencia a que pasen cosas raras. A estos, en un principio, parece irles la vida algo mejor: carrera universitaria, un trabajo, y hasta una mascota. Al menos, hasta que unos insectos que solo los protagonistas pueden ver comienzan a anidar en el cuerpo de los habitantes del pueblo, convirtiéndolos en criaturas sin voluntad, con una gran agresividad y que se descomponen poco a poco. Con el gobierno planteándose acabar con la epidemia a base de pepinazos atómicos, los protagonistas tendrán que buscar una solución que no implique volar su ciudad por los aires.

El argumento puede no parecer muy original, pero tanto los personajes, como la forma de narrar, sí lo es, y desde luego, es la mayor ventaja que cuenta el libro. Tiene unas cuantas situaciones bastante horribles, y tanto los monstruos, como lo que les pasa a los protagonistas, es angustioso en muchos casos, pero todo ello se cuenta de una forma en la que se hace patente lo ridículo de la situación, y más de una vez, lo estúpido de los personajes. Porque el autor, además de ir narrando la historia, no deja títere con cabeza: los fanáticos de las armas y los paranoicos del fin del mundo, e incluso, los frikis aficionados a los zombies, no salen muy bien parados y en más de una ocasión, acaban provocando verdaderos desastres mucho peores que lo que podrían hacer los monstruitos que deambulan por el pueblo (entre otras cosas, es bastante cáustico con todos los flipados de la terminología militar y de los videojuegos de estrategia, que son los primeros en caer como moscas).

Sería difícil incluir este libro, y el anterior, en un género específico, más allá de los detalles humorísticos o la temática sobrenatural. No es una novela de crítica, porque en el fondo, lo que pretende es entretener, aunque mala leche le sobra (y se disfruta). Tampoco es completamente lovecraftiana, ya que por peligrosos que sean, es imposible tomarse en serio tanto a los monstruos como a muchos de sus antagonistas. Ni siquiera fantasía urbana, porque sus protagonistas, unos perdedores entrañables, no tienen ni la más remota idea de cómo acabar con los problemas si no es corriendo más que estos o con un poco de sentido común, y sobre todo, son todo lo contrario a los glamorosos cazadores de demonios que suelen aparecer en muchos de estos libros. Pero es original, divertido, y mucho mejor escrito que series de fantasía más conocidos. Si el autor vuelve a tomarse su tiempo y escribir un tercer libro con la misma calidad, no dudaría en leerlo en cuanto saliera.


Glynn James. Diary of the Displaced. El protagonista de la historia se despierta, sin saber cómo ha llegado hasta allí, en un lugar desconocido, muy parecido a un vertedero, o peor, a una ciudad arrasada en la que encuentran automóviles, objetos abandonados, e incluso restos de gente que vivió en las ruínas. A la dificultad de encontrar comida y agua se le suma un enorme animal con aspecto de lobo, que se convertirá en su compañero, y las criaturas que viven (es un decir) allí: desde zombies realmente grotescos hasta engendros con más tentáculos que un monstruo creado por Lovecraft, hasta un fantasma que irá sirviendo de guía al protagonista. El libro, en forma de diario escrito por él, sigue sus pasos intentando sobrevivir día a día, encontrar la razón por la que ha llegado a ese lugar, y sobre todo, la forma de salir de allí.

He de reconocer que con todo lo que aparecía junto y revuelto en el libro, empecé a plantearme si no estaría ante la Mejor Historia Jamás Inventada: zombies, engendros lovecraftianos, monstruos a puntapala, y un punto de partida sin mucho sentido. Porque aunque no me haya coincidido de hablar de ningún libro o película sobre el tema, también me gustan las historias en las que los protagonistas se encuentran en una situación desconocida sin memoria de lo que ha pasado, como pudo ser Cube o La Metamorfosis. Igual es que me recuerda al desconcierto de mi primer día de instituto: no tenía ni idea de cómo había llegado allí, no veía la hora de volverme a casa y hasta me perdí un par de veces en los pasillos. Vamos, que interés por el tema siempre queda, y si el autor sabe llevarlo bien, puede salir una novela francamente interesante.

En el caso de Glynn James, no se complica mucho la vida a la hora de escribir: el estilo es muy lineal y correcto, conservando la forma de diario, y se centra sobre todo en describir el mundo donde se encuentra el protagonista y sus monstruos. Hay una visión muy detallada del primer lugar donde despierta, y a la hora de hablar de los zombies, se nota esfuerzo a la hora de presentar un bicho lo bastante podrido como para que llame la atención, aún con un lenguaje bastante sencillo.

El Diario de los Desplazados no termina, sino que hay una segunda parte y hasta una tercera, pendiente de aparecer, aunque estas, previo pago. Si se mantiene el mismo nivel que en el primer libro, su autor hace bien en pedir dinero a cambio.

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