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lunes, 26 de noviembre de 2012

Cabaret (1972). Canciones, drama...y unos cuantos nazis al fondo


Películas que he visto cantidad de veces hay unas cuantas, y el que me sepa la mitad de los diálogos de Conan el Bárbaro lo demuestra. Pero que haya visto tantas, y que sean mi preferida, solo hay una, y esa es nada menos que…un musical. Sí, la película favorita de una aficionada a los gatos, los zombies y a las novelas de fantasía o de dudosa calidad literaria es Cabaret, un drama musical de romanticismo, ambigüedades y referencias históricas. No sabría decir por qué me fascina tanto esta película, si por las actuaciones, los personajes, lo que cuenta o la forma de contarlo. Seguramente sea una rareza como tantas hay en el mundo.



Más que narrar una historia en concreto, Cabaret es la historia de varios personajes y de un momento histórico muy concreto, el del Berlín de los años 30, apenas sin recuperarse de la última crisis mundial, en el que se mueven todo tipo de gente, desde los primeros miembros del partido nazi, hasta quienes intentan ganarse la vida como cazafortunas o aristócratas ociosos. En concreto, los protagonistas, Brian y Sally, se conocen tras la llegada de este a Berlín para ganarse la vida como profesor de inglés. Un poco sorprendido por el carácter fantasioso y extravagante de la cantante, irá conociendo al resto de personajes. Algunos de ellos realmente dignos de simpatía, como sus primeros alumnos, después amigos, que cuentan con su propia trama. Otros, no tanto, como Maximillian, un noble caprichoso y con tendencia a aburrirse de la gente. Y algunos, aunque no llegan a implicarse en el argumento, tienen peso propio, como el Maestro de Ceremonias del cabaret, un presentador sarcástico y un poco ambiguo que presenta unos números musicales muy relacionados con lo que va pasando en la película.



Sobre Cabaret hay mucho que decir: no es una película plana, a nivel de argumento, sino que intenta presentar en todo momento la relación entre lo que viven los personajes y el momento histórico en concreto, como el progresivo ascenso del nazismo al poder. Los números musicales son inmejorables…y además de estar dentro de la lógica de la película (que se canta y se baila en el cabaret, no en la calle, campos), están preparados de forma que tengan un aspecto un tanto sórdido y no muy profesional, como un espectáculo de segunda fila y no una coreografía perfectamente ensayada y correcta. Otro tanto para la estética y ambientación, muy teatral dentro del cabaret, en el que no se cortan en muchos casos de utilizar un plano fijo o a un figurante completamente estático en más de una escena, y con un aspecto realmente vintage que ya quisieran conseguir muchas películas de hoy. O más bien, no, por que los años treinta que intentan presentar con la escenografía son realmente sórdidos: los colores son muy apagados, tirando a pardos. El vestuario tiene pinta de haber sido usado miles de veces y el maquillaje de las bailarinas es completamente exagerado y un pelín siniestro.

 

Si alguien no reconoce esta canción, es muy probable que haya vivido los últimos cincuenta años escondido dentro de una caja de galletas.

En la mayoría de números musicales Liza Minelli se luce, especialmente con su personaje de Sally Bowles: una chica que se gana la vida como cantante, y que, hasta que no tiene más remedio que enfrentarse a la realidad, vive en su mundo de fantasía. Cree que triunfará en el cine (solo tiene que ser amable con unos cuantos productores, claro), que es una mujer fatal que maneja a los hombres a su antojo…viendo el desarrollo de la película, es normal que el personaje vuelva a comportarse de esa forma en cuanto le es posible. En el resto del reparto está Michael York, que también apareció en un montón de películas en los 70 y 80, Marisa Berenson y un par de actores alemanes como secundarios. Ninguno de ellos canta que yo sepa, pero tal y como está planteado el guión y las actuaciones, no es necesario, porque en realidad su trabajo es exclusivamente dramático y no musical.

 


Ese bigotillo y esa expresión ladina no preludia nada bueno

Aún sin explayarse más con ellos, es imposible hablar de Cabaret sin recordar el trabajo de Joel Grey como Maestro de Ceremonias. Un personajillo menudo y sin una gran voz, pero que se encarga de animar las presentaciones del cabaret y de paso, dejar claro que por frívolo que sea el Kit Kat Club y que prometan hacer olvidar los problemas, son bien conscientes de lo que sucede fuera. Un simpático número de baile, en el que los bastones y sombreros hongo de las chicas (y del propio Maestro de Ceremonias. Que por cierto, tiene unas piernazas envidiables) se convierten en cascos y armas de un desfile militar. Personajes guía y narradores en los musicales ha habido muchos, ahí tenemos a Ché en Evita, o al Grave Robber de Repo! The Genetic Opera, pero muy pocos como el especialista de variedades y desvergonzado interpretado por Joel Grey.



De Cabaret puede decirse que es un musical para quien no le gustan los musicales: las actuaciones están dentro de un contexto muy concreto y la historia está narrada y dialogada, no cantada. Bueno, y seguramente a los fans de este género también. Si me ha gustado a mí, ¿qué decir para recomendarla?

4 comentarios:

La Minomalice dijo...

Maravillosa película! Hace años que la vi y me gustó muchísimo. Ahora cuando he leído tu entrada me han dado muchas ganas de volver a verla y seguramente lo haré. Ese aire decadente, algo sórdido creo que está muy conseguido, pues está más cerca de la realidad que otros musicales que han pretendido reflejar épocas pasadas en locales de la noche y que son luminosos, limpísimos y tan glamourosos que resultan muy irreales. Por ejemplo, MOULIN ROUGE, aun siendo una de mis películas preferidas, reconozco que no es nada realista y que por muy bonito y lleno de fantasía que fuera el Moulin Rouge auténtico tendría una parte entre bambalinas mucho más sórdido.

Besos!
Ana.

satrian dijo...

Toda la razón es un musical para recomendar a aquellos a los que este género les echa para atrás.
A mí también me gusta mucho la película, la ambientación, y los números musicales están magníficos.

Daicon-X dijo...

No la he visto todavía, pero si dices que a los que no nos gustan los musicales nos gustará la pongo en visionados futuros

Renaissance dijo...

La Minomalice: yo creo que Moulin Rouge es una película que no funciona por realismo, sino por la parte más romántica, tanto en guión como en ambientación. Cabaret, en cambio, es una historia real en un mundo a veces sórdido y a veces tierno.
Precisamente volví a verla porque estaban echando en televisión algo sobre los años treinta y se me iluminó la bombilla.

Satrian: para mí, los mejores son los de Joel Grey, y eso que la Minelli también se luce.

Daicon-X: ya estas tardando, jeje.

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