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jueves, 11 de febrero de 2016

Lecturas de la semana. Cuentos y leyendas




No hay nada más corto que un cuento. O que una historia. Y tampoco hay nada que sea más cercano a la imaginación y lo tradicional que estas. Pero, pese a lo ligadas que pueden estar al pasado, nada impide que se puedan inventar leyendas y fábulas nuevas, y que ni siquiera sea necesario recurrir a un pasado remoto para ellas.

 


Amos Tutuola. Mi vida en la maleza de los fantasmas. El libro de Tutuola es una fábula muy ligada a la narración tradicional africana. El protagonista, siendo niño, huye de una guerra en su poblado, donde se oculta durante varios años en una zona de la selva llamada Maleza de los Fantasmas. Estos, no son espectros en el sentido tradicional, sino que abarcarían todo tipo de criaturas fantásticas: aquellos que fallecieron antes de su hora, pero también otros que no tendrían ningún equivalente en la mitología europea y con los que, el autor simplemente emplea la palabra fantasma para describir algo no humano.

En realidad, la narración poco tiene que ver con Kiriku y la bruja: está ambientada en la época contemporánea (los años cincuenta entonces) donde se mezclan todo tipo de elementos y creencias: la mitología tradicional, el animismo, los objetos modernos, el cristianismo e incluso los sistemas de administración pública tienen un hueco en cada uno de los poblados de estos fantasmas. Así, el protagonista vive todo tipo de situaciones que lo mismo pueden ser humorísticas, que rozar el surrealismo: es transformado mediante hechizos practicamente en todo: en burro, en vaca, y hasta en botijo. Se casa dos veces, llega a ser funcionario en un poblado fantasma y encuentra todo tipo de criaturas extrañas que el autor bautiza de una forma muy básica: el Fantasma Apestoso, la Fantasma Fea, la Superseñora...nombres que resultan muy chocantes y que quizá se deban a que Tutuola en realidad no escribe en su lengua natal, sino en inglés. Pero uno muy básico y también muy mezclado seguramente con la gramática de su idioma, por lo que su historia resulta una lectura muy peculiar. Las palabras cultas se usan a veces correctamente, y a veces, fuera de contexto, y estas conviven con frases que resultan de lo más simple. Estilo que en la traducción se ha conservado muy bien y que transmite verdaderamente esa idea de narración popular o de cuento explicado a niños muy pequeños.

El libro, también por esto, es muy breve, pero no evita que llegue a abarcar, también de una forma muy caótica, más de veinte años en la vida del protagonista y que también abarque todo tipo de situaciones. Los momentos de humor se mezclan con la tensión, con la enseñanza moral, donde en cualquier momento se puede hablar sobre el odio o el miedo, e incluso con el terror, también tratado de una forma muy específica, y que quizá sea lo más interesante: el terror aquí, es lo desconocido, pero también lo real y todo lo que puede hacer daño. La selva desconocida, el hambre, y también la sangre, las moscas, la suciedad…todo lo que se aparte de lo familiar y la seguridad. Esto en cierto modo, junto a lo peculiar del estilo, hace que el libro resulte muy extraño, caótico y también a veces muy cómico. Pero que también resume muy bien toda una forma de pensar y ver el mundo.

 


Tanith Lee. El señor de la noche. Tras terminar Volkhavaar concluí que Lee era una escritora que, con todo su material, merecería una segunda oportunidad en España tras las cuatro cosas que se publicaron en los ochenta. Y que, aunque su estilo un poco decadentista en el género de la fantasía podía aturullarme un poco, algún libro suyo de cuando en cuando era bienvenido.

En El señor de la noche sigue conservando su estilo muy cercano al decadentismo, salvo que en lugar de ser una novela fantástica más tradicional, opta por crear un ciclo de leyendas del príncipe de los Demonios, quien en cierto modo, es una versión del diablo en un mundo muy deudor de la mitología oriental. Sin llegar a emplear el nombre directamente, es fácil reconocer a las criaturas fantásticas que aparecen como djinns y genios.

En realidad, tampoco es una novela al uso, sino una colección de relatos, o más bien, de leyendas, sobre este personaje: cómo sus interacciones en el mundo de los humanos supone consecuencias que pueden dar pie a nuevas historias con otros personajes. De las que estos, bien pueden acabar como una historia trágica o un final feliz y en las que, pese a la actuación de lo sobrenatural, la parte más negativa de las personas, pero también lo bueno, juega un factor decisivo.

Al ir encadenando estos relatos, se convierten en cierto modo en un ciclo, del que, al que como toda mitología, la autora opta por dar un desenlace propio de esta: el fin del mundo y el nacimiento de uno nuevo, algo bastante ambicioso pero que, debido a las influencias del libro, y del que con cada capítulo haya perfilado cada vez mejor a su personaje conductor, resulta una jugada muy afortunada.

 

3 comentarios:

José Miguel García de Fórmica-Corsi dijo...

El libro de la colección de El Ojo Sin Párpado que recoges es toda una sorpresa para mí: conocía su título de las solapas de la editorial,claro, pero nada más (creo que nunca había leído ningún comentario sobre él, además). De hecho, Siruela creo que no ha vuelto a reeditarlo en sus nuevas colecciones, como ha hecho con casi todos los demás títulos que componían aquella inmortal serie, en la que tanto aprendí sobre el género del terror.

Tanith Lee es otra autora difícil de encontrar en nuestros días. Yo de ella solo he leído "Hijos de lobos", que me gustó bastante, entre otras cosas por ese decadentismo que mencionas, muy sensualista. Otra autora que merecería una nueva oportunidad por la edición actual.

Anacrusa dijo...

Muy de acuerdo con el comentario anterior. De Tanith Lee apenas hay nada pulicado en español, y de lo que publicó Martínez Roca en los ochenta no ha habido ninguna reedición. Esperemos que no ha mucho tardar editen de nuevo sus libros en nuestro país.

Renaissance dijo...

José Miguel García de Fórmica-Corsi: Siruela entonces tenía muy buen catálogo, que curiosamente, no ha vuelto a reeditar (incluso en su colección Las tres edades tenía Los perros de la Mórrígan, que no estaría mal ver entre tantas sagas juveniles). Y el Ojo sin párpado fue toda una rareza con muestras como estas.
De momento lo que he leído de Lee me ha animado para ir siguiendo con ella, aunque Hijos de Lobos no he llegado a encontrarlo por ahí.

Anacrusa: lo más reciente que se publicó de Tanith Lee fueron dos libros de Piratica, una serie infantil/juvenil en el 2004. Pero es verdad que tuvo una aparición muy (injustamente) breve en los ochenta, unas cuantas colaboraciones a antologías que se publicaron entonces, y de repente, se olvidaron de ella.

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