Series de tv, libros, cine...y una constante presencia gatuna

lunes, 10 de agosto de 2015

Van Helsing (2004). La parada de los monstruos. Infográficos



El término “monstruos de la Universal” hace referencia no solo a los personajes, sino a un estilo y época muy específicos a la hora de presentarlos. Drácula, el hombre lobo, Frankenstein o la momia fueron durante años los elementos más populares dentro del fantástico y en el estudio que produjo sus películas. Tanto, que esta productora todavía parece conservarlos como parte de su archivo y como inspiración para nuevos guiones. Pero los tiempos cambian, y las producciones intentan ante todo adaptarse a los gustos del nuevo público. Y lo que empezó considerándose como un remake de La momia acabó siendo una cinta de aventuras para toda la familia, donde no se escatimaban los efectos digitales que empezaban a ser la norma en el cine. El cambio de género tuvo éxito y dio lugar a una secuela, además de una nueva posibilidad: recuperar a todos estos monstruos clásicos adaptándolos a un tono y un estilo más cercano a la fantasía y la acción que al terror.

 


En su día, las reuniones de varios de ellos en una sola película había sido un recurso habitual, algo que tuvieron en cuenta además de optar por lo más seguro en cuanto a realización y reparto. Stephen Sommers había dirigido La momia, Hugh Jackman se había lucido como Lobezno en X Men y Kate Beckinsale venía de interpretar a una vampiro en Underworld. El resto incluía acción, la estética más oscura y gótica que había caracterizado esa película de fantasía urbana, y a los monstruos más populares teniendo al menos una secuencia. Así nacía Van Helsing, la historia del héroe al servicio de una sociedad secreta, que debe viajar a una Transilvania perdida en algún momento del siglo XIX. Allí sus habitantes son amenazados por los hombres lobo que deambulan por el bosque, la criatura resucitada por un científico, y por Drácula y sus vampiras que no dudan en alimentarse de los lugareños.



Si la momia era una producción mucho más luminosa, cercana al género de aventuras, y quizá al pulp, aunque descafeinado, Van Helsing opta por una vertiente más fantástica, con una ambientación más similar a Underworld y en principio, menos humor, o algo más negro, que sus predecesoras. Esta recurre a ideas muy generales de la época victoriana, y en las novelas de época que transcurrían en algún lugar de Centroeuropa, donde una secuencia en un tren de vapor puede convivir perfectamente con otra tan clásica como la de unos campesinos asustados blandiendo horcas, algo también muy popular en las películas clásicas de la universal. Pero, sobre todo, la tendencia era darle un aire mucho más fantástico e irreal, sin que ninguno de estos elementos perteneciera a una época o lugar reconocible. Algo que ayudaría mucho a que funcionara una situación tan improbable como que un grupo concreto de monstruos coincidiera en el mismo sitio.

 
 

 


Pero en realidad, ni termina de ayudar, ni funciona. Entre otras cosas, porque el guión parece tener el mismo problema que el de décadas anteriores. No he visto las reuniones de monstruos que la productora hizo en los años cuarenta, pero por lo visto, a menudo hilaban lo justo para que aparecieran todos estos en el título, y aquí  pasa lo mismo: todo parece una gran excusa para que tengan que salir el hombre lobo, Frankenstein y Drácula en el mismo sitio, y al menos, uno de estos podría no aparecer en el guión y este funcionar igual. En segundo lugar, lo de funcionar es un decir, porque no tiene ni pies ni cabeza: a grandes rasgos, podría resumirse en “Van Helsing debe evitar que Drácula utilice al monstruo de Frankenstein, que es eléctrico, como batería para insuflar vida a los huevos que sus vampiras han puesto a lo largo de los siglos” (a día de hoy sigo pensando en ella como “esa película que va sobre los huevos de Drácula” y pegándome la risa floja cada vez que sale en la tv). Y si lo de los vampiros reproduciéndose como aves de corral no fuera poco, estos explotan entre baba verde para aportar algún momento de humor grueso.

 

Es imposible tomarse en serio una premisa así, y menos tal y como ha sido filmada. La idea original parecía querer ser una aproximación algo más seria, pero el guión incluye bastantes guiños a la época clásica de los monstruos, como las aldeas, el castillo del vampiro, e incluso la figura del Igor que no le puede faltar a cualquier científico loco. Los diálogos pretenden tener chispa y humor pero acaban resultando tan chocantes como el guión y la mayoría de secuencias, llenas de acción, persecuciones típicas de blockbuster fantástico y de efectos digitales que, a día de hoy, han envejecido bastante mal. Y su antagonista principal, el conde Drácula, es poco menos que una caricatura, muy teatral y exagerado. Con una mezcla así de elementos, la mejor opción habría sido tomarse la producción con más humor, más consciente de ser una remezcla de monstruos y de situaciones que a veces parecen una parodia. Pero optan porque los personajes se comporten de una forma seria en medio de situaciones en las que los trasfondos  dramáticos con los que los han caracterizado, resultan bastante imposibles de creer.

 
 
La cara de Drácula es un poema


El intento de convertir a Van Helsing en el comienzo de una franquicia se quedó en esta sola producción, donde todas las intenciones de crear un serio cazador de monstruos con pasado desconocido acabaron un poco perdidas en una película con momentos verdaderamente absurdos y cuyo guión parecía bocetado para sacarse rapidamente una nueva saga de fantasía y terror. No fue hasta diez años después cuando la Universal intentó probar suerte de nuevo con su vampiro más famoso en Drácula Untold, con una película bastante mejor pero algo más cauta en las expectativas, viendo que el remake de La momia que tenía planeado ha vuelto a retrasarse. 

2 comentarios:

José Miguel García de Fórmica-Corsi dijo...

Un tipo que lucha como Dios, siempre con cara de estar enfadado, alineado en el bando de los buenos pero proscrito a ojos del resto del mundo, que ha perdido la memoria y que interpreta Hugh Jackman: no, no es Lobezno; es... ¡¡¡Van Helsing, la creación de Bram Stoker!!! Lo decían en "El juego de Hollywood": desde hace ya tiempo, a los ejecutivos de la supuesta Meca del Cine les ensamblas tres películas, les convences de que esto será "más" que todas por separado, les das una estrella supuestamente carismática, aseguras acción a porrillo para que te entren ganas de salir a comprar más palomitas... y que los quisquillosos de la coherencia se vayan a hacer gárgaras.

Menos mal que a veces hay justicia poética y las cosas no funcionan. Que una franquicia con Lobezno van Helsing habría sido inenarrable.

Renaissance dijo...

Efectivamente, es lo que debían tener en mente cuando se les ocurrió rodar Van Helsing. Dos actores en un buen momento de su carrera, una estética más oscurilla (por eso de ser cambio de siglo y no va a ser todo tan luminoso), un montaje acelerado, y técnicamente, tiene que salir franquicia. Pero esta, directamente, era un sinsentido: tenía todos los defectos del "cine de aventuras" que se hacía entre el 2000 y 2005, muy pensado para ofrecer acción y olvidarse de trabajar los guiones..curiosamente el 2004 también fue cuando se estrenó aquella versión desastrosa de Catwoman con Halle Berry.

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