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lunes, 20 de julio de 2015

Jurassic World (2015). Por qué no se deben mezclar niños con dinosaurios


Muchas sagas cinematográficas no llegan a tener un cierre propiamente dicho. Cuando una de sus entregas funciona mal, o no consigue el interés que se habían propuesto, acaban por quedarse en el limbo, sin intención de estrenar otra próximamente pero tampoco dándola por terminada (menos la de Spiderman. Ahí se han empeñado en reiniciarla cada dos o tres películas). Fue el caso de Parque Jurásico, de la que se ha tardado 14 años en ver una secuela.

 


Jurassic World es el parque temático que retoma las primeras intenciones de Parque Jurásico: una isla, operada por una empresa, que recibe miles de visitantes diarios y es posible ver dinosaurios vivos. Pero también pasear entre ellos, darles de comer, e incluso encontrar especies diseñadas específicamente para él. Porque, como cualquier otro parque de atracciones, el interés del público es limitado, y cuando los dinosaurios ya no son una novedad es  necesario crear otros más llamativos, más grandes y con más colmillos. Pero esto entraña riesgos, ya que al crear un animal con las características más impresionantes de un depredador, suele adquirir todas sus ventajas. Entre ellas, la inteligencia suficiente como para eludir a los vigilantes del parque, escapar de su jaula y provocar la alarma entre los encargados de la seguridad.



La película podría verse como una secuela directa de Parque Jurásico, prescindiendo de las dos anteriores, y en cierto modo, sabe adaptarse muy bien a los tiempos. Uno de los mejores detalles es el poder ver el parque como tal en funcionamiento, y con lo que ello implica: no solo por las oportunidades que una multitud ofrece en las secuencias de acción y en las más tensas, sino por el reflejo de los cambios en los gustos del público: un elemento clave de la trama es la necesidad de crear nuevas especies porque los dinosaurios ya no son una novedad. Algo que, además de servir como punto de partida de la trama, es un guiño bastante ingenioso si se recuerda la fiebre por los dinosauros que se vivió a mediados de los noventa.

 
 



Si este guiño es efectivo, el afán por aferrarse a las claves que le dieron el éxito a la primera Parque Jurásico, son todo lo contrario. Porque en lugar de mantener las ideas que podrían ofrecer una buena secuela, sin tener que repetir la fórmula inicial, optan por incluir elementos vistos: ¿Qué había niños perdidos entre dinosaurios? Pues volvemos a meter dos ¿Qué la secuencia más memorable era la lucha entre el tiranosaurio y los velocirraptores? Pues ponemos otra de nuevo. Pero en este último caso, los guionistas sí recordaron el detalle que planteaban en la trama: el público pierde el interés pronto. Pero en lugar de ofrecer algo distinto, optan por la misma pelea con no dos, sino con cuatro especies de dinosaurios distintas. Algo que resulta bastante poco original y donde solo faltaba que apareciera Godzilla a pelearse ahí también.

 

El lastre de la película no es tanto esas ganas de ir por lo seguro como la trama familiar que incluyen de forma gratuíta. El guión se queda así con tres, la principal, una sobre el potencial militar de los dinosaurios, que se queda en muy segundo plano…y una completamente innecesaria, donde se introduce a los niños de la película, que los protagonistas deben salvar y que, además de innecesaria, solo sirve para incluir unas cuantas secuencias de persecución y, lo que es peor: un montón de momentos familiares que recuerdan demasiado, pero para mal, al estilo de Spielberg en los ochenta y noventa, cuando no faltaba una mención a la importancia de las familias unidas.



Precisamente por esto parte de las caracterizaciones de los personajes sufren muchísimo. El de Chris Pratt es el que sale mejor parado, gracias a interpretar a Owen Grady, un entrenador, vigilante y héroe muy de aventuras clásicas: es valiente, pero teme y respeta a los animales además de contar con cierto sentido del humor. Su contrapartida, no sale tan bien parada: hasta que no empieza a avanzar la trama, se queda en una yuppie agobiada que no se ocupa de sus sobrinos al estar absorbida por su trabajo, como recuerdan al público en cuanto tienen ocasión. Y los secundarios, oscilan entre lo plano y el no saber que hacer con ellos: desde el malvado empeñado en usar a los dinosaurios como arma, y que hacen todo lo posible para mostrar que es malo, hasta el nuevo propietario del parque, que se queda en un émulo un poco pobre del de Parque Jurásico: a ratos es un empresario ético, a ratos quiere engañar a todo el mundo por el bien de la empresa, y a ratos suelta una parrafada sobre los valores sociales de su corporación.

 


A pesar de todo, Jurassic World es una secuela más que digna. Es cierto que, teniendo en cuenta las dos anteriores, muy flojas (aunque la segunda adaptara el libro de Crichton), no era muy difícil recuperar el pulso y ofrecer algo a la altura. Pero a nivel de entretenimiento y gracias a algunos momentos, funciona perfectamente. Es una lástima que quisieran apegarse demasiado a la fórmula inicial: podría haber sido una película redondísima donde los empleados de un parque de ciencia ficción se enfrentan a las consecuencias de un mal funcionamiento. En su lugar, los elementos positivos tienen que lidiar en su primera media hora con la vida y tonterías de un par de secundarios que han sido puestos ahí para marear a los protagonistas y meter una especie de moralina con calzador, de la que luego se olvidan por completo.

2 comentarios:

José Miguel García de Fórmica-Corsi dijo...

No recuerdo haber ido a ver muchas películas con más ilusión que "Parque Jurásico"... y la decepción fue del tamaño de un derechazo en la mandíbula. Por entonces, no me llevaba muy bien con el cine de Spielberg. Creía que después de "Hook" no se podía caer más bajo: convertir la bonita idea de un Peter Pan adulto en un paseíllo por Nunca Jamás de un yuppi que debe demostrar a sus hijos el niño que lleva dentro y ganárselos de nuevo. Pero sí: resucitar a los dinosaurios solo para que el personaje encarnado por Sam Neill descubriera las delicias de la paternidad. El plano más insufrible para mí de la historia del cine es aquél en que Laura Dern observa con orgullo a Neill mientras los niños duermen, pasado el peligro, sobre sus hombros (relamiéndose como diciendo: "¿ves que gran papi hay en ti?". Dicho esto, y teniendo en cuenta que la primera secuela me aburrió mucho y la segunda ya ni la vi, no he corrido a los cines a ver "Jurassic World". Supongo que alguna vez la recuperaré ya en casa, pero no tengo prisa.

Renaissance dijo...

En ese sentido, esta nueva podría haber solucionado el problema, contando con ambos protagonistas adultos podría haber sido una película de aventuras redonda. Pero meten en medio la trama con niños, problemas familiares y su tía adicta al trabajo, tan exagerada que casi parece una parodia de las de Spielberg...además, se nota que parte de esta se debió quedar en la sala de montaje, porque en un momento uno de los niños se echa a llorar sin venir a cuento hablando del divorcio de sus padres...tema que no vuelve a tocar en el resto de la película, y que resulta innecsario para historia, ambientación, caracterización...etc.
Es curioso que esta película prácticamente pueda verse también como un secuela directa de la primera, como si fueran conscientes de lo irregular de las anteriores y quisieran hacer una especie de reboot.

Respecto a Hook, uno de los aspectos positivos, de haberse desarrollado más, habría sido el miedo a envejecer representado por el capitán Garfio, convertido en alguien muy perdido sin su enemigo y quien acaba buscando desesperadamente un heredero.

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