Series de tv, libros, cine...y una constante presencia gatuna

lunes, 12 de marzo de 2012

Lecturas (francesas) de la semana




En un par de semanas, la Torre Eiffel aparecerá debajo de algún armario

Hoy tenemos una nueva entrega literaria de autores franceses varios...Y de un suizo, que aclarar no cuesta nada.



Hace unos años, el hombre bombilla de una foto salía en un vídeo de Garbage.

Yves Laplace. On. Resumiendo: 1984 visto por…¿un suizo? El libro empieza ya con un juego de palabras: On es el pronombre impersonal en francés, que se usa para referirse a acciones generales o que se desconoce quien las realiza. Pero también es la autoridad o el dios al que responden los personajes del libro, por lo que resulta chocante leer cosas como que On ha acabado con la diversidad de opiniones y otras parecidas. Según avanza, se sabe que la historia tiene lugar en un futuro más o menos lejano, en el que ha pasado un poco de todo: desde el cambio climático hasta el fin del individualismo y la vuelta del fanatismo religioso. Todo ello está narrado por el protagonista, que decide considerarse apóstata, y de una forma muy poco lineal, narra tanto la situación del mundo como lo que le ha sucedido a algunos personajes relacionados con el protagonista, todo muy subjetivo, ya que no hay ningún diálogo. El resultado es un poco extraño, y tampoco me atrevería a calificarlo como ciencia ficción



Si otorgáramos un premio a las Portadas Más Aburridas de la Historia, esta podría ser candidata.

Andreï Makime. Le testament Français. Un dramón de los de toda la vida: el protagonista, ruso, narra su infancia hasta la edad adulta y su llegada a Francia, país que conoce a través de lo que su abuela le cuenta de él. A partir de las memorias de esta, en las que evoca la Belle Epoque francesa y la Primera Guerra Mundial, el protagonista irá formándose una idea poética, y bastante ficticia, de Francia, idea que lo afectará en las relaciones con sus compañeros de escuela y amigos, hasta el extremo de verlo como un soñador, o despectivamente, como un francés. El ritmo es bastante lento, aunque el estilo un tanto poético del principio irá desapareciendo según el protagonista crece y su abuela comienza a contarle una versión más cruda de la Francia de ensueño que imaginaba de niño.



Antígona. Jean Anouilh. Esta obra de teatro de 1944 es una reinterpretación de la tragedia de Antígona de Eurípides. Como suele pasar con las nuevas versiones, lo que esconde detrás es una interpretación de la época (la Francia ocupada), y por otro lado, supone que los personajes serán bastante menos tremendistas expresándose que en la obra original, lo que ayuda bastante a quien no le guste el teatro clásico. Como en sí el tema de Antígona es bastante sencillo (la hija de Edipo intenta dar sepultura a su hermano, que se había enfrentado a Creón, su tío), la lectura entre líneas es más o menos comprensible si se conoce la época: Creón es el mariscal Petain y Antígona, la Resistencia. Como curiosidad, en estas versiones es bastante chocante ver la mezcla de épocas que se realizan: al leer la obra sin conocer nada del autor, fue bastante desconcertante que tanto Antígona como los guardias de palacio desayunaran café con tostadas.

Y de propina, minutos musicales. Llevo mucho tiempo sin escuchar música, pero el vídeo de Eiffel ha sido el que más me ha sorprendido desde el Push It de Garbage, circa 1999: buena melodía, bodas cadavéricas, y un buzo con traje de corbata. No falta de nada.

2 comentarios:

La Minomalice dijo...

"On" tiene así en principio muchas similitudes con la se Murakami. Lo cierto es que es un tema recurrente, pues qué cierto es que en esta sociedad a veces nos sentimos que nos roban la voluntad y sobre todo nuestro criterio y nuestra capacidad para seguir siendo lo más puros posibles. Con cuántos adultos me he encontrado que había conocido de niños y que me parecían entonces seres únicos, singulares y que se convierten en productos de esta sociedad sin un ápice de originalidad. Qué triste me parece y qué a menudo. Yo misma me pregunto tantísimas vece qué parte de mí queda genuina y cuál he perdido para siempre.

Besos!
Ana.

Renaissance dijo...

En realidad On me parecio mucho más difícil de seguir, por el tema de la primera persona y su narración un tanto anárquica.
Lo que comentas es curioso, porque hace años me esforzaba mucho en ser diferente al resto y a día de hoy, me considero satisfecha con hacer lo que me guste, lo que crea correcto o lo que me parezca más acorde con mi forma de pensar. Igual la verdadera diferencia está en eso.

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