Series de tv, libros, cine...y una constante presencia gatuna

domingo, 25 de marzo de 2012

Lecturas de la semana III. Un poco de todo…



Esta semana me he dado prisa en terminar algunos libros: la fecha de la biblioteca se me echaba encima y no quería tener penalización ni a ninguna empleada pública lanzándome miradas asesinas cada vez que pasara por allí. También está el típico libro que hay que leer rápido para poder devolverlo (porque desde que me lo prestaron, fue pasando el tiempo y no es plan de adoptarlo), y alguno, simplemente, porque se lo han leído antes que tú y más vale darse prisa si quieres tener tema de conversación.



Anónimo. El cementerio del Diablo. Pensé que a día de hoy a nadie se le ocurriría firmar un libro como si fuera el autor del Lazarillo de Tormes, habiendo como hay todo tipo de seudónimos molones. Pero quizá para marcar la diferencia, el responsable de El cementerio del Diablo y sus dos novelas anteriores (El libro sin nombre y el ojo de la luna) decidió mandarlos a la editorial sin ningún nombre, y así ir cogiendo algo de fama en un mercado tan saturado como el de la narrativa de entretenimiento. Porque lo cierto es que esta historia no cuenta nada en especial, salvo por el hecho de ser lo más parecido a una película de Robert Rodríguez, pero en papel impreso. En concreto, es imposible no acordarse de Abierto hasta el amanecer o Planet Terror por la cantidad de personajes límite que aparecen, y sobre todo, lo absurdo del argumento: el dueño de un hotel en Pasadena ha firmado un pacto con el Diablo por el que, cada año, debe entregarle al imitador de un cantante fallecido o de lo contrario, se van él y el hotel al mismo infierno. Ahí es nada. Y por si esto no fuera poco, los personajes son un cuadro: el protagonista es un tipo buscado por varios asesinatos y con muy malas pulgas, aunque en realidad, la mitad de la gente a la que mató, eran vampiros y demás monstruos (la otra mitad solo le caía mal), uno de sus conocidos es un asesino a sueldo que imita a Elvis en sus ratos libres y otra, una adivina bastante pasada de vueltas. Obviamente, literatura de alto nivel no es, y la mayoría de capítulos consisten en los personajes yendo de un lugar a otro o intentando no ser asesinados por otros personajes. Creo que tiene su base de seguidores, pero para entretenimiento sin complicaciones, me quedo con David Wellington.



Pierre Dac. Dico franco-loufoque. Dac es un cómico muy conocido en Francia y que ha trabajado un poco de todo y durante varias decadas: desde los años treinta a los sesenta, desde una revista satírica hasta novelas, películas y guiones de radio. Su estilo de humor sería un poco como Les Luthiers, por la cantidad de juegos de palabras, aunque tirando mucho más al absurdo, aunque también tiene en común con ellos el haberse inventado a su propio sabio un tanto inútil, en este caso, Mordicus de Atenas (del que, por lo que he leído, le gustaba tanto el bebercio como a Mastropiero). Este libro en cuestión es muy breve y no es otra cosa que una recopilación, para ir abriendo boca, de varios de sus trabajos, como los anuncios por palabras comicos que salían en la revista L´Os a Moelle, una parodia de la novela negra o las instrucciones para utilizar un Schmilblick, un aparato que no sirve para nada, pero que sirve para todo. El libro sigue un orden cronológico, por lo que sorprende en una recopilación de textos cómicos, el encontrar una carta pública de ánimos a los Aliados, de 1944, o sus particulares opiniones sobre Hitler y Goebbels. Por si alguien se lo pregunta, sí, después de esto último, tuvo que salir de Francia por piernas.



Ernesto Sábato. El túnel. Aunque es muy conocido, como pueden serlo La peste de Albert Camus, o El corazón de las Tinieblas de Conrad, es muy breve, igual que estos, y la fama que lo acompaña puede hacer que la lectura decepcione un poco. Porque El túnel apenas narra otra cosa que el encuentro y relación entre dos personajes, y el asesinato de uno de ellos. Tampoco es que esto sea un spoiler porque el narrador lo dice ya en la primera página, y de hecho, lo que vaya sucediendo en el libro poco importa: la trama es completamente subjetiva, y todo lo que vaya pasando se cuenta desde el punto de vista e interpretación de su protagonista, el pintor Pablo Castel. Lo que no es precisamente una garantía de imparcialidad ni buen rollo porque el hombre se va volviendo cada vez más obsesivo con todo lo que pasa a su alrededor, hasta el extremo de tomarla con la persona a la que amaba en un principio y destruir, tanto a ella como su relación. Si alguien espera un mínimo de esperanza, que se desengañe, porque el personaje desprecia todo lo que le rodea, desde críticos de arte, con los que no duda en ensañarse, hasta los que en un principio considera sus amigos. Pocas cosas se salvan de la quema, y entre los diálogos y narración del protagonista, va criticando todo lo que encuentra: las relaciones sociales, el arte…hasta las novelas policiacas. Aunque en cuanto a narrativa es muy sencillo, es de esos libros en los que hay que saber de antemano lo que va a encontrarse, porque entre las opiniones incendiarias y el pesimismo, lo mismo puede dar la impresión de retratar con agudeza la angustia del siglo XX, que parecer un quejica.

4 comentarios:

satrian dijo...

A mí tampoco me convenció mucho El Túnel, El corazón de las Tinieblas de Conrad si que me gustó bastante.

Renaissance dijo...

Es un libro para leer según como se tenga el día.

La Minomalice dijo...

Sí que es curioso firmar un libro hoy día como anónimo. Aunque a mí me parecería lo ideal. Conseguir publicar y que nadie me conociera!! La novela "El Túnel" la tengo pendiente desde hace tiempo. Me ha gustado tu reseña, pues es verdad que tiene una fama igual muy desproporcionada y así no me decepcionana.

Tú sí que lo haces bien en la biblioteca. El último que saqué ya hace días que lo tenía que haber devuelto. No tengo arreglo. Creo que la bibliotecaria de mi pueblo no es demasiado severa, pues no son muchos los socios que sacan libros. Y debe decir que para los poquitos que se llevan no se va a poner pesada. Pero yo debería de ser más formal. Ah, y me encanta el gatico con tantos libros. Libros y gatos son una pareja perfecta!!

Besos!
Ana.

Renaissance dijo...

La gracia es que el estilo de este Anónimo es completamente bestia y muy cercano a Tarantino, y sin embargo, tiene su legión de seguidores. Con lo que se demuestra que el éxito aparece donde menos se lo espera uno.

Menos este último, llevo tiempo sin sacar más libros de la biblioteca. Cogí unos cuantos de la escuela de idiomas (que los presta la profesora y no estamos sujetos a límite de tiempo) pero la avaricia me puede y acabo de hacerme una minipila. Seguramente en la próxima entrada salga mi gata con ellos, visto que me estoy quedando sin mininos franceses.

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