Series de tv, libros, cine...y una constante presencia gatuna

lunes, 5 de octubre de 2015

Retreat (2011). Personas a las que no llevarse a una isla desierta.


A menudo una isla es un buen escenario para una historia de suspense. Pero también lo puede ser para la ciencia ficción, especialmente, para todo lo relativo al tema de virus, epidemias y cualquier cosa que tenga que ver con el fin del mundo. A fin de cuentas, Max Brooks ya explicaba en la Guía de supervivencia zombie que era el escenario más seguro. Pero en algunos casos, el más económico, cuando gracias a las características de este escenario, es posible plantear una historia explotando elementos como el aislamiento o la desconexión del mundo exterior.

 


Retreat comienza precisamente con un retiro a una isla a la que los protagonistas acuden con la esperanza de recuperarse de la pérdida de su hijo no nacido y salvar su matrimonio. Estos, en unos pocos días, parecen abocados a separarse, hasta que la llegada de un soldado inconsciente a las costas de la isla anuncia algo peor: este asegura que una epidemia global está acabando con la población y que deben ante todo  sellar la casa, evitando el contagio y a todos los que puedan provocarlo. Pese a lo improbable de su historia, lo aislado de su situación y la imposibilidad de contactar por radio con tierra firme hace que acaben creyéndole y obedeciendo sus órdenes. Pero su actitud paranoica y su comportamiento errático provocan sospechas que cada vez parecen más reales.
 



Más que cine postapocalíptico, se trata en realidad de un trhriller psicológico: la trama de la epidemia global se ve en este caso como un macguffin para poder incluir a un elemento adverso en la situación de los personajes, en este caso, el soldado y lo que este asegura, que acaba convirtiéndose en la principal amenaza para estos. Por eso su caracterización y problemas previos tienen una gran importancia: especialmente, el carácter más fuerte o más blando de cada uno, incluso determinados defectos físicos, que el antagonista, y el guión, en algún caso,  explota en su provecho. El tema del aborto aparece como primer fuente de conflicto, pero en el fondo, es uno de esos elementos secundarios que, a la vista de la resolución y avance del tono de la película, acaba quedándose en un tema un poco de telefilme, y que se olvida pronto.

 


Cillian Murphy y una isla desierta: el sueño de toda fangirl

La narración opta por una perspectiva muy distinta, que tras varias películas de zombies, infectados y fines del mundo que habían sido estrenadas, resulta bastante ingeniosa: muchas de ellas se narraban desde la perspectiva del protagonista donde unos secundarios desconocían lo que había pasado. Pero ninguna donde los protagonistas se encuentran con alguien que les cuenta una situación muy improbable, y con unas consecuencias bastante lógicas: en ningún momento se toma partido abiertamente por una u otra posibilidad, ni se depende en exceso de un giro de guión que exponga todo. Al menos, relativamente: la actitud del soldado es lo bastante rara y desquiciada como para que los personajes principales y el espectador acaben planteándose una posibilidad más lógica y realista que la propuesta por el primero.

 


Aunque secuencias como las explicaciones un tanto vagas sobre un virus demasiado de ciencia ficción, o referencias a perseguidores que los otros personajes no han llegado a ver hacen que el guión sea bastante claro en este punto, además de más cercano al suspense, no dudan en jugar al despiste y no terminar de abandonar una posibilidad más propia de la ciencia ficción. Gracias a la caracterización y desarrollo que Jamie Bell (al que hace unos cuantos Oscars conocimos como Billy Elliot. Aunque yo lo recordaba más de Deathwatch) da al soldado, con su actitud enloquecida y medias verdades e historias a las que recurre en todo momento, consigue un papel muy creíble, con el que, sea cual sea el desenlace, la película funciona al constituir en realidad la amenaza real e inmediata de los protagonistas. Todo un mérito porque estos cambios de registro que utilizan al final, a modo de sorpresa, no terminan de funcionar: la historia habría sido realmente válida con estos tres protagonistas, sin tener que recurrir a unos trucos que parecen un poco de capítulo de Twilight Zone.

 


Al tener que depender unicamente de los personajes, los actores juegan un papel todavía más importante: en este caso, optaron por caras relativamente conocidas, pero con bastante carácter. Jamie Bell es el más sobresaliente, al interpretar al que provoca el conflicto, pero Thandie Newton y Cillian Murphy también consiguen ser una buena elección: si bien la primera es una de esas caras que suenan de muchas películas, pero que es difícil recordar cuales (en este caso, Las crónicas de Riddick), es a Murphy al que le toca un papel un poco alejado de lo que solía hacer entonces, como es el de tipo normal y corriente. Aunque, echando un vistazo a su carrera, entre 28 días después, Sunshine y Retreat, parece que cada cinco años rueda una película de ciencia ficción o temática postapocalíptica.

Retreat es una de esas películas filmadas de una manera simple: tres personajes, un decorado, y sin más exteriores que las pocas vistas que ofrecen de una preciosa isla. Tampoco es ciencia ficción al uso, como había esperado en un principio, e incluso su desenlace parece un poco pensado para terminar de golpe y sin complicaciones. Pero en cambio, como película de suspense en su mayor parte, funciona de una manera muy efectiva.

jueves, 1 de octubre de 2015

El corredor del laberinto 2. Las pruebas (2015). Coleccionando tópicos y escenarios.


Cuando funciona, después de toda película juvenil llega su segunda parte. Gran parte de estas, además de adaptar sagas recientes, tienen argumentos similares, con premisas de ciencia ficción, bandos enfrentados, y de ahí, las variaciones que el autor decida. En su mayoría no pasan de ser lo típico que pones un sábado por la tarde para no pensar mucho, y es raro que llegue a estar pendiente de una segunda parte. El corredor del laberinto era uno de esos casos en los que la curiosidad jugaba un papel importante: todo el planteamiento se basaba en el desconocimiento absoluto de los personajes sobre lo que estaba pasando,  para terminar con un cambio completo de registro y escenario. Algo más interesante que Divergente parecía, aunque tampoco era para quitarme el sueño y menos como para ir al cine…Si no fuera por las promociones que están haciendo recientemente. Y debo reconocer que esto de poder ir al cine por ocio sin más, sin tener que planificar qué película ir a ver, es todo un acierto. Especialmente en casos como estos.

 


Tras haber escapado del Claro, un laboratorio simulando un bosque donde los protagonistas habían vivido hasta entonces, Thomas y sus compañeros se encuentran ante un escenario desértico, causado por un brutal cambio climático, y con una epidemia que ha diezmado a la humanidad, a la que ellos, junto a otros jóvenes, resultan ser inmunes. Pero la única cura que ha encontrado C.R.U.E.L. (en serio, esta organización debería despedir a su responsable de marketing), implica el sacrificio de todos los inmunes. Sin más indicios que las memorias que poco a poco van regresando, Thomas deberá cruzar el desierto, entre edificios ruinosos y víctimas de la epidemia, convertidos en monstruos, para poder encontrar a un grupo que se opone a las prácticas de C.R.U.E.L.



Tratándose de una segunda parte, donde generalmente las tramas suelen ir mucho más ralentizadas y perdidas entre dramas con los personajes, esta resulta mucho más interesante que la primera. Lo cierto es que el corredor del laberinto como tal, era un cebo para poder presentar el escenario siguiente, que es mucho más dinámico y amplio que el anterior: ya no dependen tanto del enigma inicial sino de cómo resolver el conflicto posterior, y el que los personajes estén en movimiento en una ambientación más amplia siempre supone mayores sorpresas. También es una ventaja que en todo momento siga manteniéndose un mayor interés por la historia y la acción que por cualquier atisbo romántico entre protagonistas, aunque por desgracia, aquí no pueden evitar incluir un amago de triángulo amoroso que, ni pinta gran cosa, ni aporta, ni siquiera se vuelve a traer a colación.

 


Los elementos que incluyen son todo lo necesario para que a la película no le falte ni un ápice de acción: un escenario postapocalíptico, un entorno muy hostil, infectados, supervivientes y dos facciones enfrentadas. Cosas, que no se puede mentir: se han visto una y mil veces, y la forma de plantearlas no es nada original. Estas parecen puestas un poco porque sí, sin que haya ninguna explicación a por qué del cambio climático, ni a una epidemia que es de lo más aleatorio que han podido imaginarse (a ratos son infectados zombies, a ratos es un virus con síntomas, según necesite el guión) ni mucho menos, un planteamiento más coherente para el enfrentamiento entre la organización malvada y la resistencia de turno, más allá del maniqueo buenos contra malos. La mezcla de estos se han realizado también de una forma bastante poco original: estos escenarios tan repetidos hacen pensar enseguida en Resident Evil, 28 días después e incluso Mad Max, y el único motivo por el que terminan funcionando es por haber invertido bastantes valores de producción a la hora de recreando y porque, en mi caso, ha coincidido que meten gran parte de temas que me gustan, y correctamente hilvanados aunque no originales, por lo que en el fondo, es una mezcla nada innovadora, pero que va por lo seguro y cumple.

 


La orientación de la película también se nota en cuanto al reparto: es una producción donde la mayor parte son actores muy jóvenes, y los secundarios de más edad apenas tienen presencia. Un poco más, en comparación con la anterior, por lo de haber ampliado los escenarios, pero la presencia de Lily Taylor o Aidan Gillen, que es una de las caras más conocidas gracias a su papel de Petyr Baelish, es casi anecdótica. El peso recae en gran parte de los actores de la entrega anterior, bastante eficientes pero con un peso muy mal repartido para todos los que aparecen: exceptuando a su protagonista, y los secundarios que lo acompañan en momentos determinados, el resto se queda en parte de un grupo muy poco definido, sin más carácter que el de salir corriendo y soltar frases tremendistas para acentuar el drama de alguna secuencia. Porque, generalmente no suelo fijarme, pero este ha sido uno de esos casos en los que la calidad de los diálogos se queda por debajo de lo simple.

 


El corredor del laberinto 2 es una película que en realidad, no puede pensarse demasiado. Ni su planteamiento ni los elementos que junta parecen tener una lógica más allá de que combinaban bien y daban para escenas de acción. Pero la mezcla, pese a su falta de originalidad, va funcionando precisamente por unos aportes que siempre ofrecen muchas posibilidades.

lunes, 28 de septiembre de 2015

Premios, ruegos y preguntas. Pero sobre todo, premios.


¡Hoy me ha tocado un premio! Hacía mucho tiempo que no veía estas hileras de preguntas y ha sido divertidísimo. Eso sí, para redactar las mías me ha costado lo suyo. Muchas gracias a Kaoru de House of the Silent.

 


Reglas:

  • Agradecer al blog que te ha nominado y seguirlo.
  •  Responder a las 11 preguntas que te han hecho.
  • Nominar a 11 blogs que tengan menos de 200 seguidores.
  • Avisarles de que han sido nominados.
  • Realizar 11 preguntas a los blogs que has nominado.

1. ¿Cuál es el primer libro que recuerdas haber leído?

Creo que fue Las brujas de Roald Dahl, aunque también recuerdo que lo tuve que empezar dos o tres veces

2. ¿A qué libro/película/serie le cambiarías el final?

Al Doctor Zhivago le habría dado la satisfacción de poder encontrar a Lara por última vez (o que a Komarov le hubiera caído encima un piano antes de su primera línea de diálogo. Odio a ese tipo).

Me hubiera gustado también que Steerpike y Fuchsia Groan tuvieran otro final. Pero unos años después me di cuenta que una cosa es lo que a mí me hubiera gustado como lectora y otra, el desenlace más adecuado según la forma de ser de los personajes y la historia en la que estos se han ido desarrollando.

Ahora solo hago una excepción con Canción de hielo y fuego: me encantaría que acabara con unas cuantas decapitaciones y proclamando una república en Poniente.

3. ¿Qué película no esperabas que te gustara nada y te encantó?

Gran Hotel Budapest. Solo sabía que estaba en el cine, que era una comedia, o así la calificaban en el periódico..y me encontré con una de las producciones más particulares, sobre todo visualmente, que he visto en salas comerciales en mucho tiempo.

4. ¿Qué directores de cine nunca te decepcionan?

Quizá Don Coscarelli porque en cierto modo, es un tipo que se ha pasado toda la vida haciendo series B muy extrañas, y en ellas se ha mantenido. Desde la saga Phantasma, hasta John Dies at the End, ahí sigue.

En tiempos, habría puesto la mano en el fuego por John Carpenter, aunque desde Cigarette Burns, su mediometraje de Masters of Horror, que por suerte siguió manteniendo esa impresión, no he vuelto a ver una película suya.

5. ¿En qué idiomas sueles leer?

En castellano, inglés o francés. Ahora empecé en alemán pero de momento no tengo nivel para ir más allá de El bandido Saltodemata.

6. ¿Qué hobby o interés nadie se esperaría de ti?

Hago deporte regularmente, después de la lectura, más que una afición, es una parte de mi vida cotidiana…aunque por el Barrilete la impresión que pueda dar es que vivo en un sofá con dos gatas y varios cientos de libros y películas.

7. ¿Cuánto hace que empezaste tu blog, y qué es lo mejor que te ha aportado?

Unos seis años desde enero. Como muchas cosas que se hace por afición, no creo que me aporte nada en concreto…solo me entretiene. Y en cierto modo, me hace algo más feliz.

8. ¿Escribes algo más aparte del blog?

No, es lo único que escribo. En realidad no hay por ahí ningún manuscrito inédito titulado Las asombrosas aventuras de Sabela y Narnia, ni nada por el estilo.

9. Recomiéndame que vea algo y recomiéndame que JAMÁS vea otro algo.

A bote pronto: el Doctor Who. Y creo que por ética y sentido común hasta a mi peor enemigo le recomendaría que permaneciera alejado de Telecinco.

10. ¿Cuál era tu película favorita de pequeño/a?

Cristal oscuro, porque me encantaban las marionetas monstruosas y no llegó a parecerme tan triste como Dentro del laberinto, donde ya entonces me iba dando cuenta de sus dobles lecturas. Compitiendo muy de cerca con Legend, que era algo más simple (probablemente por eso me gustaba entonces) y tenía también una interesante cantidad de monstruos. Entonces ya me gustaban los monstruos y cualquier cosa macabra...

11. Desmond de Lost se guardaba Nuestro común amigo de Dickens para leer como último libro antes de morir. ¿Hay algún libro que aplaces no porque no te interese, sino precisamente porque te interesa mucho y quieres encontrar el momento idóneo?

Ulises de Joyce, En busca del tiempo perdido de Proust o Guerra y Paz de Tolstoi…los clásicos, vamos. Aunque quizá me pase como a la abuela de Thursday Next y no pueda morir hasta que me lea los Siete Libros Más Aburridos del Planeta.

Muchos de los blogs que sigo superan la barrera de los 200, por eso nomino:

La mano del extranjero, tanto por su interés por la lectura, cine, comics como por sus opiniones claras.

Crónicas desde Lancre, porque le sacará jugo a la temática librera.

Ronda de preguntas:

  1. ¿Qué libros marcaron tu vida como lector en tu infancia, adolescencia y vida adulta?
  2. ¿Quién han sido tu personaje más querido y el más odiado?
  3. ¿Qué libro o autor te parece sobrevalorado?
  4. ¿Cuál recomendarías en su lugar?
  5. ¿Qué libro consideras que no debería o que sería imposible ser adaptado correctamente al cine?
  6. ¿Hay alguna tendencia en la forma de hacer cine durante los últimos años que te parezca irritante o negativa?
  7. ¿Cuál, en cambio, te parece un aporte positivo?
  8. ¿Tienes preferencia, indiferencia o aversión por algún género cinematográfico específico?
  9. ¿Cuál es el último comic que has seguido con regularidad?
  10. ¿Hay algún estilo de comic determinado que nunca te haya gustado?
  11. ¿Sigues alguna pauta para redactar y publicar las entradas?

 

jueves, 24 de septiembre de 2015

Lecturas de la semana. Elfos en Europa y humor absurdo en el espacio




Aunque no lo pareciera últimamente, los libros siguen siendo una parte importante del barrilete. Como también lo eran las entradas donde hablaba de varios porque sí, sin tema concreto ni nada en común. Algo que en los últimos meses había perdido un poco por motivos diversos: o bien eran libros a los que quería prestarles más atención, o en el caso de algunos, los menos por suerte, por ser tan sosos que no había gran cosa que decir sobre ellos.

 


Muriel Barbery. La vida de los elfos. Una autora que solo conocía por la película La elegancia del erizo, no parecía en principio el tipo de material que pudiera gustarme por pausado, intimista y no demasiado narrativo. Pero la edición francesa reducía la sinopsis a una frase muy breve y enigmática: “historia de dos niñas que encuentran a los elfos”. Algo que de entrada, parecía ser uno de esos giros hacia lo fantástico que muy de cuando en cuando, llevan a cabo determinados autores realistas. La frase era cierta, en contenido y brevedad, porque poco más es lo que sucede en el libro: las protagonistas son dos niñas que aparecen en un pequeño pueblo de Borgoña y en una aldea italiana, de orígenes desconocidos. La primera, capaz de comprender la naturaleza y el alma de las personas. La segunda, pianista por instinto y capaz de ver lo que sucede en otros lugares a través de la música. El nacimiento y destino de ambas está ligado al mundo de los elfos, quienes necesitan su ayuda para evitar el fin de los humanos.

Aunque el argumento parezca tópico, lo cierto es que esto no es la Dragonlance. Ni la Dragonlance, ni los elfos de Tolkien ni siquiera las aproximaciones más modernas. Los elfos creados por la autora son más cercanos a las criaturas féericas de la mitología, ligados a las fuerzas naturales, el arte, e imposibles de comprender cuando se encuentran en su estado natural. La propia naturaleza tiene un gran peso en la historia, al ser la única forma en que estos se manifiestan de forma sobrenatural y la que, de algún modo, los personajes humanos comprenden por intuición y sabiduría popular, algo en lo que  Barbery incide en todo momento. El ritmo de la narración también es el opuesto a una novela fantástica al uso: muy pausado, lleno de descripciones y sin apenas un desenlace o un conflicto como tal hasta la última parte del libro: lo importante son los paisajes, las palabras y un estilo que en cierto modo, parece más un poema en prosa que una narración.

El resultado, aunque interesante por su tratamiento de los elementos fantásticos, resulta un tanto plomizo a veces: esta evocación de los paisajes, los sentimientos y el caracterizar a los elfos como criaturas un poco místicas hace que los párrafos se pierdan en una espiral de palabras a cada cual más almibarada y forzada, como si pareciera que quiere alejarse al máximo de cualquier intento de contar una historia. Algo que resulta chocante cuando de una frase para otra, decide que un personaje determinado es el antagonista de la historia, o peor, cuando en la última parte sus personajes empiezan a reiterar que la batalla no es más que el principio de una guerra que acaba de empezar…no sé si la idea es recurrir a un final abierto, o continuar en una segunda parte. Si es así, además de demostrar que ni las novelas pretendidamente serias se libran de las trilogías, espero que lime un poco más los excesos bucólicos.

 


Douglas Adams. El restaurante del fin del mundo. Han pasado un montón de años desde que terminé La guía del autoestopista galáctico, una novela de humor sobre el fin de la tierra, el sentido de la vida, y las aventuras de los dos últimos humanos, del presidente de la galaxia y de un androide con problemas de depresión. Además de muy breve y rápida, esta casi parecía construida a base de sketches e historias cortas acerca de los planetas y razas absurdas que pueblan el universo, más que  avanzar la trama planteada. Era divertida, pero Pratchett me había gustado más y entre la película y la serie británica, donde adaptaban y cambiaban a gusto del propio Adams la  historia de los libros, me fui enterando de lo que pasaba después, aunque con distintos finales en cada caso.

Después de lo pausado de La vida de los elfos, tenía ganas de leer algo menos serio, más estrafalario y con más humor, por lo que seguí donde había terminado La guía del autoestopista galáctico: los protagonistas siguen camino del Restaurante del fin del mundo, un local en el que el espectáculo principal es el final del universo, una idea no muy buena cuando están siendo perseguidos por todas las fuerzas del orden de la galaxia. Pero también tienen que tratar con cuestiones más complicadas, como la vida, el universo y todo lo demás, o descubrir por qué alguien a quien solo le interesa la fiesta y la bebida ha optado por convertirse en Presidente de la galaxia, y ni siquiera es capaz de recordar por qué (como se nota que Adams es inglés. En España esta pregunta es de respuesta automática).

El libro, en realidad, es lo mismo que ofrecía el primero, sin que esto sea algo negativo: es una sucesión de historietas llenas de humor absurdo, muy de Terry Pratchett o de los Monty Python, donde el autor divaga sobre todo tipo de cosas. Desde bromas sobre la religión o la ciencia a cosas tan cotidianas como los auriculares de los teléfonos. Pero en más de una ocasión esto le sirve como truco fácil para salir del paso a nivel argumental: ¿Qué no sabe qué hacer para salvar a los protagonistas? Pues que hagan algo gracioso y que mágicamente, sirva para que estos escapen a tiempo y pasen al siguiente escenario o sketch. Como recurso, es bastante flojo y predecible a la larga, pero si en el fondo solo se busca una lectura donde lo importante sea la ironía y el humor absurdo, se hace más llevadero.

lunes, 21 de septiembre de 2015

La visita (2015). Videos domésticos, visitas familiares siniestras y..¿comedia?

 


Desde que en 1999 todos nos quedáramos pasmados con El sexto sentido y a M. Night Shyamalan se le considerara toda una revelación, ha pasado, además de más de una década, unas cuantas producciones con peores críticas y resultados. Lo que se dice una mala racha de las que tiene cualquiera, pero llevada al mundo cinematográfico. Parece que tras Wayward Pines y una nueva película, empieza a recuperarse un poco de la racha. De esta última, no tenía grandes esperanzas: al director lo recordaba todavía por incluir un giro sorpresa por guión y al que desde El bosque, conde terminó de aburrirme su estilo, no había vuelto a hacerle caso. Además, en esta echaba mano de la filmación en primera persona y las cámaras domésticas, lo que hoy, además de estar bastante agotado, es todo un nicho dentro del cine de bajo presupuesto. Por otro lado, en el día del espectador el precio de la entrada justifica el ser menos picajoso con lo que se va a ver, y además, ha sido una de las pocas veces en las que el trailer, en vez de destripar una película, anima a ir a verla.

 


El motivo para filmar La visita con las cámaras de las protagonistas es que en principio,  se trata del documental que dos niños pretenden filmar para su madre acerca de la primera visita que estos realizan a sus abuelos. Esta no ha vuelto a hablar con ellos desde que se marchara de casa hace más de quince años, y para Becca y Tyler, sus hijos, es una oportunidad para que puedan reconciliarse. Sus abuelos, felices con la visita, tienen todas las pequeñas manías de la gente mayor a las que sus nietos procuran adaptarse. Pero los horarios restrictivos y los pequeños despistes van convirtiéndose en algo más extraño: las crisis nocturnas, los cambios de humor y las conversaciones extrañas, justificadas anteriormente como achaques al principio, y demencias seniles posteriormente, parecen deberse a algo distinto.



Es curioso que alguien con un estilo de filmar tan clásico decidiera de repente el optar por un sistema tan caótico como el de la cámara de los protagonistas, pero, una vez se entra en la película, funciona. Sin ser demasiado lacrimógeno, el intento de documental amateur por parte de la protagonista sirve  para justificar muchos de los diálogos y actitudes de estos, además de traer a colación el tema del abandono del padre. Este sirve en realidad como punto de partida, al ser el conflicto inicial entre la madre de los personajes y sus abuelos y, aunque en algunos momentos parece incluido por cuestiones de emotividad, es también una parte clave para entender a los protagonistas: ambos han quedado marcados por el abandono, y gran parte de sus características, e incluso de sus aficiones, son consecuencia de este. Además, la superación de un trauma anterior se convierte en una trama secundaria que se desarrolla a medida que la principal va creando situaciones más extrañas y peligrosas para los protagonistas.

 
Precisamente la caracterización de los personajes principales cuenta con un detalle importante a la hora de plantear el estilo de la película. Ambos están dotados de un gran sentido del humor, en cierto modo, como defensa para hacer frente a los problemas. Algo que está muy presente en muchas secuencias que no parecen ir muy en serio: a la película la catalogan como terror y comedia, y aunque la primera está claro, la segunda no tanto. Se ve que la intención es que muchas de las situaciones fueran a ratos inquietantes, y a ratos absurdas, de forma que no todo pareciera demasiado serio. Pero las partes cómicas, pese a la justificación de la actitud de los protagonistas ante lo que desconocen o temen, no funciona. Se les ha intentado caracterizar, en este sentido, como una chica de 15 años algo maniática y uno de 13 aficionado al rap, haciendo que muchas escenas exploten un poco la payasada o el soltar una frase anticlimática en un momento de tensión. Pero no termina de funcionar, o si lo hace, no lo pillo: en realidad estas parecen fuera de lugar, como si pertenecieran a una situación completamente distinta a la que se está rodando. Lo que pretende ser gracioso no lo es, y habría sido mejor limitar el componente más payaso de la historia.

 


La trama principal, en cambio, es excelente. Salvo algún susto un poco chusco, de los de “¡buh!”, toda ella se compone exclusivamente de miedos reales: desde algo tan nimio como la incomodidad de encontrarse en una casa ajena, a algo mucho más adulto como son las demencias, las enfermedades mentales y sus implicaciones. La forma de plantearlo también ha sido muy hábil, porque durante todo el metraje aparecen aparecen indicios de elementos sobrenaturales: la actitud de la abuela y sus connotaciones sobre licantropía o posesión, las historias extrañas que cuentan a los personajes, hacen pensar en cualquier desenlace en los que intervengan fantasmas o demonios (también ayuda que en los últimos años casi todas las películas de terror tiraran de estas dos cosas) cuando el desenlace, sin más recurso que lo real y muy deudor de las leyendas urbanas, es igual de efectivo. Además, gran parte de esa atmósfera un poco incierta que se va creando se debe a Deanna Dunagan, quien interpreta a la abuela y que es capaz de explotar al máximo todos los elementos anteriores, tanto los que apunta a la locura como los que hacen intuir una posibilidad fantástica, y sobre la que recae el mayor peso de todos los sustos y momentos de tensión que contiene la película.

 

El director vuelve un poco a lo de siempre y a recurrir al giro sorpresa, pero de una forma mucho más sutil: han pasado tantas cosas raras, que poco importa la explicación que les corresponda. En cierto modo, La visita ha conseguido superar ese golpe de efecto final, pudiendo continuar  con interés la trama tras su revelación, y resultando una película de terror muy efectiva e inesperada a ratos. Ahora, lo de la comedia, no tanto. Quizá sirva para que la película no se pase con el dramatismo que tenían las producciones anteriores de Shyamalan, pero, o bien la encaja mejor en su próximo guión, o es mejor que siga con el suspense.

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