Las películas de animación en Navidad son un clásico. No tienen por qué ser con duendecillos y lucecitas varias, temática que cada vez se ve menos durante estas fechas, pero al menos alguna que no sea de imagen real hay que estrenar. Hoy, con lo que se ha abaratado la infografía, lo extraño es encontrarse una película realizada en el stop motion que muchos recordamos todavía, pero todavía más extraño es cuando la película en cuestión es de zombies.
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Esto tiene truco, porque los zombies no son navideños ni aunque los camufles con varios kilos de espumillón, pero en realidad El Alucinante Mundo de Norman (Paranormal) se estrenó en Estados Unidos en agosto, reservándose en España para diciembre por aquello de acumular oferta para el público infantil. Un poco a destiempo, porque la historia hacía mucho mejor juego con octubre y Halloween que con las vacaciones, sean de verano o Navidad.
Norman parece un niño normal, o más bien no. El chaval es un tanto friki y disfruta viendo películas de zombies, muy cutres ellas, y sin tomárselas demasiado en serio, cosa que demuestra la secuencia de presentación donde aparece la película que él y su abuela ven tranquilamente. Esto no sería muy extraño si no fuera porque el chaval, además, puede ver a los muertos y hablar con ellos, lo que lo convierte en un marginado peor que la empollona o el gordo de la clase. Aunque su don parece ser necesario para hacer frente a la maldición que hay en su ciudad, en la que una bruja condenó a sus habitantes a regresar como muertos vivientes, y que Norman deberá detener antes de que unos cuantos zombies de la época colonial aparezcan por ahí.
Con este argumento se sabe que va a haber unas cuantas secuencias terroríficas, zombies, y que los personajes van a tener que correr bastante, pero el guión va más lejos y ofrece algo más interesante que los zombies y una bruja malvada embrujando un pueblo. En realidad nada es lo que parece, y aunque el miedo es un tema muy presente en la historia, por su temática, también lo es por los personajes: todos tienen miedo de algo, incluso los propios aparecidos, y este puede llevar a una situación mucho peor que cualquier maldición.
La película recuerda un poco a Tim Burton..pero al de su mejor época, y lo hace por su argumento y sus personajes raros o inadaptados, y no por abusar de estéticas góticas y espirales. Porque la ciudad del protagonista es bastante normalucha, tirando a fea y de derribo, y los personajes tienen un aspecto vulgar y un poco grotesco: hay cuerpos desproporcionados, brazos enormes imitando a los culturistas, tripas enormes y el aspecto más desvencijado se lo llevan, por supuesto, los muertos vivientes, aunque recuerda más a la caricatura que a una ilustración macabra.
El carácter de estos también es uno de los mejores puntos de la película: hay algunos estereotipos, como la hermana adolescente petarda, el matón y la empollona, pero no llega a ser demasiado tópicos y en el último caso, optan por apartarla a unas pocas apariciones en las que ayuda a los personajes principales. Estos son los mejores, y aunque el protagonista está muy equilibrado, presentándose como un crío normal, aunque algo taciturno (y al que le gusta el cine de terror), uno de los mejores es su amigo, que se salta el papel de gordito de la película para ser un chaval bastante valiente, razonablemente feliz y poco acomplejado con su situación. Incluso el hermano de este, un cachas no muy listo, es bastante entrañable y da para un gag final que no me esperaba pero que tiene sentido si se está atento a la forma de ser del personaje.
Incluso en la banda sonora, de la que no estoy muy pendiente (entre otras cosas, porque tengo menos oído musical que un gato de porcelana), hace sus guiños al cine de terror de serie B, con unos arreglos electrónicos que se oyen de vez en cuando y que me recordaron a muchas películas de los ochenta.
Será por la temática de terror, la nostalgia que supone ver una película filmada de un modo más artesanal o que la historia es realmente buena, pero El alucinante mundo de Norman es una buena opción para todos los públicos: los mayores podrán ver una buena película y los chavales más pequeños tendrán pesadillas para década ¿qué más hace falta?
El 2012 ha sido uno de los años más raros que recuerdo. No solo por los 365 días aguantando todo tipo de noticias sobre el calendario maya y el fin del mundo, sino por fenómenos como el éxito de 50 Sombras de Grey, el fanfic de Crepúsculo subido de tono reconvertido a superventas igualmente subido de tono. Visto esto, el continuado éxito de Juego de Tronos, de Walking dead y que la moda de lo friki parezca dispuesta a quedarse, ya no resulta tan raro…Esto tampoco quiere decir que haya sido un año especialmente bueno. Doce meses pendientes de los bailes de la prima de riesgo, las rabietas de la señora Merkel, desahucios continuados, y para rematar, los funcionarios de todo el país se quedan sin paga extra, precisamente uno de los colectivos a los que más respeto. Pensándolo bien, ha sido un año de mierda. Bienvenido hayas sido 2012, por la alegría que dejas al marchar.
Como no suelo hacer muchas listas, y como la entrada me ha coincidido el último día del año, voy a hacer un resumen de lo más interesante que he visto durante el año en cuanto a cine, libros, comics y series.
Cabin in the Woods. Se habrán estrenado Los vengadores, El Hobbit, Prometheus y la última entrega de El caballero oscuro, y todas, en mayor o menor medida, me han gustado. Pero la que se ha llevado la palma es una películita de Joss Whedon que se ha pasado dando vueltas desde el 2009 por cuestiones de distribución, y en la que se puede ver a un Chris Hemsworth antes de Thor haciendo de personaje de película de terror potencialmente asesinable. En principio, un guión en el que un grupo de amigos se van a una cabaña donde empiezan a pasar cosas raras y van siendo asesinados no parece nada del otro jueves, pero ha sido una de las películas de terror más interesante que he visto en todo el año por la forma que tienen de darle la vuelta a todos los clichés del tema. En algo más de hora y media, consiguieron hacer unos personajes algo más lógicos de lo que suele aparecer en la serie Z, sacar a todos los monstruos que han aparecido en los últimos cien años de cine de terror, y de paso, explicar por qué este género tan cutre en el fondo es necesario: porque sino, sería el fin del mundo tal y como lo conocemos. Sí, para pillar esto último hay que verla.
Las extraordinarias aventuras de Adèle Blanc-Sec. Sí, voy a incluir como lo mejor del año unos álbumes que se empezaron a publicar en los setenta...Pero tiene truco: el último volumen apareció este año, en la mísma época en la que lo leí. A algo habrá que recurrir al leer ya tan pocos cómics. En todo caso, sus historietas son un homenaje al folletín de principios de siglo, en el que unos personajes caricaturescos pasean por un París dibujado con el máximo detalle y, aunque mantenga bastante sentido del humor (que falta hace para poder disfrutar sus situaciones un tanto absurdas), guarda un tono pesimista a veces, gracias a la propia protagonista que, en cada volumen, va volviéndose más huraña y anárquica tanto con lo que sucede como con su entorno político…¿Puede ser antibelicista un comic que no habla de la guerra? Los de Adèle Blanc-Sec lo son.
Una canción sobre una isla muy chachi suena mejor que una sobre a tropical island.
La serie del año, al menos para mí, ha sido Hora de Aventuras. Aunque empezó a emitirse en el 2009, ha sido en 2012
cuando ha empezado a ganar una popularidad asombrosa, y entre la gente que
conozco, de una manera similar: primero se quedaban mirando a la pantalla con
cara de “qué demonios es esto”, y al poco tiempo, estaban enganchados a las
aventuras de Finn y Jake en un mundo de piruletas que, por adorable que sea,
tiene sus momentos de pesadilla y es un tanto apocalíptico. Además, el doblaje
español ha alcanzado momentos memorables, dándole a los personajes su propio
vocabulario y llegando a mejorar los chistesdel idioma original.
Elegir un libro ha sido lo más difícil. Han sido un total de setenta y ocho en lo que va de año, algunos buenos, otros divertidos, y otros directamente infumables. Pero he leído casi todo lo que me gusta y cuando se consigue juntar en un año las obras completas de Thomas Ligotti, leer de nuevo a Jean Ray y no haber epezado todavía Danza de Dragones, que fue el más esperado, es más difícil elegir. Creo que me quedaré con Songs of a Dead Dreamer, de Thomas Ligotti, que fue su primera antología de relatos, allá por el 86, y en el que se notaba su sensibilidad a la hora de hacer una historia de terror, lejos de las mediocridades de Koontz y similares y de las burradas de Clive Barker que se estilaban. Por eso, y porque lo han publicado de nuevo en castellano, al menos, la antología Noctuario, con lo que empieza a hacerse más disponible.
¿Y el personaje del año? Pues como viene siendo tradición (la que me acabo de inventar ahora), el título le corresponde a un felino. A Tard Sauce lo conocen por ahí como Grumpy Cat, debido a su aspecto un tanto enfurruñado en comparación con los otros gatos, que tienen controlado lo de poner cara de poker. Pero esa cara de estar hasta los mismísimos y de no estar dispuesto a hacer monerías para los humanos me ha convencido.
Eso es todo. Por lo que queda de año, al menos. Seguiremos adelante si Merkel quiere y si al calendario de otra civilización antigua no decide acabarse.
Antes de acabarse el año, he conseguido subir una nueva entrada sobre libros. En concreto, los dos tochos que me ha costado bastante terminar por lo extensos. En los últimos tiempos, o bien me he acostumbrado a novelas de extensión media, o es que al final se demuestra que por acumular más de 900 páginas no tiene por qué salir una gran saga literaria.
Joe Abercrombie. La Voz de las Espadas (La Primera Ley I). Muy en la línea de la fantasía realista que se lleva ahora (es como la de antes, pero un poco más cínica y los personajes tienen que pagar sus facturas), la trilogía de Joe Abercrombie empieza presentando un mundo en el que la paz entre reinos empieza a tambalearse y distintos enemigos aparecen: desde un autoproclamado rey en el Norte, hasta un el emperador de un país en el Sur, a quienes los personajes tendrán que enfrentarse. Estos son un mercenario bárbaro desengañado, un inquisidor tullido bastante cínico, un capitán de la guardia jovencito y bastante atontado, y una esclava fugitiva. De ello se encarga uno de los primeros magos, que cuenta con varios siglos y de quien se esperaba su llegada
Poco más puedo decir del argumento en sí, porque este, para las 750 páginas del libro, unas 1034 ajustadas a tamaño adecuado en el ebook, avanza asombrosamente poco: más que nada, se dedica a ir presentando la situación política del reino, que tampoco es especialmente buena, su sistema de gremios y de Inquisidores, que pueden torturar a los evasores de impuestos y capitales (parece bastante más útil que ofrecer amnistías fiscales), las intrigas entre nobles y mercaderes, y que, básicamente, los monarcas y sus herederos son una pandilla de inútiles que no saben reaccionar ante la guerra que se les viene encima. Que, según parece, tiene más tintes mágicos de lo que podría parecer en un principio, ya que a lo largo del libro van apareciendo algunos seres sobrenaturales y tiene sus buenas dosis de magia.
A su favor tiene que el señor Abercrombie es un escritor bastante competente, el desarrollo del mundo que ha inventado tiene su gracia, aunque sea un tipo de fantasía desengañada bastante acorde con los tiempos que corren y no se corta un pelo cuando quiere crear un personaje realmente acabado física y emocionalmente como es el caso del inquisidor, que es sin duda uno de los más interesantes.
Por el contrario, si alguien esperaba un poco más de movimiento o de avance de la historia se va a llevar un chasco porque, más allá de presentar a los personajes y en algunos casos, lo que les ha pasado hasta ese momento, poco más sucede, y el libro termina con la marcha de estos hacia tierras lejanas que supuestamente serán un poco más moviditas. Además, y como fallo habitual en la fantasía, algunos personajes pueden resultar bastante tópicos, como el mago jovial que es más poderoso de lo que aparenta, o la esclava permanentemente enfadada. Y seguramente, todo el mundo pensó en House en cuanto se mencionó a un cínico tullido, aunque eso ya debe ser un clásico. Muy disfrutable para empezar una saga un poco más ligera que Canción de Hielo y Fuego pero similar en cuanto a la seriedad del mundo que crea. Y sobre todo, porque lo de las monarquías incompetentes y el castigo por evasión de capitales me ha llegado al alma.
Justin Cronin. The Passage. Esto fue salir del fuego y caer en las brasas: si quedé hasta arriba de un libro largo y que implicaba trilogía, voy y me embarco en otro igualmente largo…y que también es una trilogía, por mucho que se trate de género terrorífico y postapocalíptico. En este caso, un experimento fallido del gobierno para crear supersoldados (¡y venga con los experimentos y los supersoldados! Como se nota que los personajes de estas novelas no han visto muchas películas de serie B) desencadena una epidemia vírica cuyas víctimas se parecen bastante a los vampiros, el fin de la civilización a causa de esta y la supervivencia de los asentamientos humanos unos ochenta años después de la epidemia.
El parecido de los infectados con los vampiros no se queda solamente en la aversión a la luz y la dieta a base de sangre, sino que estos son muy longevos y uno de ellos, una niña llamada Amy que parece tener ciertos poderes, se encuentran con los personajes que protagonizan en libro varias generaciones después de la catástrofe.
El planteamiento es bastante interesante, y los capítulos que dividen las distintas partes del libro, como la presentación de la niña o las referencias al futuro de la humanidad siglos después de lo que pasa en el libro son los puntos fuertes. Pero, como muchas novelas pensadas como trilogías o serie, se hace demasiado larga, se incluyen más personajes de los que se podrían manejar sin que el lector se haga un lío, y tampoco es que interesen mucho más allá de los protagonistas. Y en muchos casos, lo que pretendía ser una novela postapocalíptica original, parece un cruce entre Ojos de fuego de Stephen King y Soy Leyenda. De hecho, los defectos a la hora de escribir y de meter capítulos que no hacen falta me recordaron mucho a King, cosa que no ayuda mucho.
Hay cosas que no fallan a la hora de montar una película de terror: casa con historia siniestra, protagonistas dispuestos a pasarlo bastante mal, y, en los últimos años, apariciones que sean más peligrosas que un fantasma atravesando las paredes e ignorando a los personajes. No es que sea muy sutil, pero hay días en los que recursos como estos llaman la atención y se convierten en una buena alternativa para una sesión de tarde.
El argumento de Sinister, por desgracia, se destripa completamente en el trailer, que presenta la historia de un escritor sobre crímenes que en horas bajas, decide mudarse a la casa donde se produjeron los asesinatos que está investigando. Cualquiera que haya visto más de una película de terror sabe que esto es muy mala idea, pero esto no impide que, tras encontrar una caja con cintas de super 8 en el desván que, supuestamente, había sido vaciado por la policía, decide verlas y comprobar que estas corresponden a grabaciones de varios asesinatos cometidos en distintas ciudades hace años, y que en todas ellas aparece una figura extraña y un tanto monstruosa. No voy a decir más por si alguien quiere tener algo de sorpresa en el desarrollo de la historia (y por tanto, saltarse el vídeo), pero la criatura que sale en los vídeos empezará a mostrarse por la casa y empezará a afectar al comportamiento de sus hijos.
El punto de partida de la historia es bastante tópico, porque escritores sin inspiración y lumbreras que se van a casas con historia siniestra detrás las hay a patadas, los personajes secundarios son inexistentes y no ayudan mucho, más allá de cumplir su papel de policías de pueblo que, o bien no se fían, o admiran al novelista. Y la forma de comportarse del protagonista tampoco ayuda: cada vez que está pasando algo raro, no se le ocurre otra cosa que tener la casa medio a oscuras y pasearse por ella sin encender una triste luz por el pasillo, lo que aprovechan todo tipo de sombras para irse apareciendo por la casa adelante…la electricidad va cara, pero si un personaje sospecha que puede haberse colado alguien en su casa, no debería tener tanto miedo a que le suba la factura de la luz.
Incluso hay un par de cabos sueltos que, o el guionista pretende que sean una pista falsa, o directamente se olvidó de ellos, pero el tema de los terrores nocturnos de uno de los hijos no aporta mucho, y solo sirve para incluir un par de escenas con susto gratuito a base de apariciones repentinas y de gritos como si de un screamer se tratara. Sobran algunas secuencias en las que abusan de este tipo de trucos para asustar al espectador, pero vi suficientes películas de fantasmas a principios del 2000 como para quedar inmunizada y estas, aunque es un recurso fácil, no llegaron a cansarme ni a dar la impresión de servir para justificar el precio de la entrada.
No parece que haya muchas cosas buenas que decir sobre Sinister, pero es uno de esos casos raros en los que sí me ha gustado la película, a pesar de sus defectos. Porque lo que tiene a favor es no tener muchas pretensiones, sino contar una historia de fantasmas (además, me habían hablado mal de ella por lo que bajé el listón antes de empezarla) en la que intentan alejarse un poco del tema de las maldiciones para irse por otro camino que, por desgracia, no aprovechan todo lo que deberían más allá de hacer aparecer a los fantasmas correspondientes. Y sobre todo, el final es muy adecuado, cierra por completo la trama y se aleja de los finales felices estándar que incluyen muchas películas de casas embrujadas destinadas a estrenarse en cine.
Un poco predecible y no especialmente original, pero resultona, tiene sus dosis de suspense y me pareció más divertida que The Innkeepers. Eso sí, ya podían haberse currado más al espectro en cuestión porque más que amenazador, parece un fantasmón de carnavales.
Ha pasado casi un mes desde la última entrada sobre libros, y aunque lea bastante rápido, esta vez me ha costado porque empecé La Voz de las Espadas, y sus 1000 páginas (según recuento del ebook) me han ocupado mucho tiempo. El siguiente que elegí no era precisamente más corto...pero estos dos se quedan para la siguiente entrada, si es que consigo terminar el segundo para final de año, por lo que le toca aparecer a los que me terminé antes de embarcarme en semejante número de páginas.
Sven Hassel. Los panzers de la muerte. Con este autor olvidé que pasaba una cosa: es imposible terminar un libro suyo sin enganchar otro después (que al segundo o tercer tomo se frene el ritmo depende de los ánimos o del tipo de lector), y tras acabar La Legión de los Condenados, empecé con el siguiente.
Recordaba estos dos como los mejores de la serie, y de hecho lo son, aunque el primero sigue siendo el que podría pasar por una novela más o menos autobiográfica. En Los Panzers de la Muerte, como ya avisa el autor, recupera a sus protagonistas, que murieron la mayoría en la guerra, y cuenta con más detalle sus desventuras en la campaña de Rusia. La principal diferencia es que aquí desaparece algún personaje que estuvo con el grupo durante la guerra, mata a otros sin intención de resucitarlo, y sobre todo, aparecen los que serían dos de los más conocidos en las aventuras del Batallón Penitenciario: Hermanito y el Legionario.
Aún siendo literatura de entretenimiento, una de las principales críticas que siempre tuvo fue la incongruencia a la hora de tratar a los personajes, que aparecen y desaparecen de un libro a otro…Y aquí se nota a la legua: al principio se menciona que uno de los soldados es arrestado y sobrevive a la guerra. En la última parte, ese mismo soldado muere durante un ataque ruso ¡Eso son cambios de universo y no los de Fringe!
El tono del libro sigue siendo bastante desolador, a lo que también ayuda la situación de los protagonistas en Rusia, el frío y lo poco que se corta Hassel a la hora de describir las atrocidades de un conflicto: las descripciones de batallas con tanques, lanzagranadas y peleas cuerpo a cuerpo, que no desentonarían en un Hazañas Bélicas o incluso en un Call of Duty, se mezclan con capítulos en los que los protagonistas se mueren de hambre, frío, y en los que los aldeanos llegan a estar en peor situación. De hecho, es el último que consigue mantener ese tono por completo, y en el que las situaciones humorísticas o absurdas llegan a ser lo bastante realistas. Los siguientes entran de lleno en lo exagerado, pero….me leí los 14. Eso será porque me gustaron lo suyo.
Jean Ray. Le livre des fantômes. Encontrar hoy novelas de este escritor belga es difícil. Pero encontrarlas en versión digital lo es todavía más, exceptuando Malpertuis y alguna de sus recopilaciones de relatos más conocidas. Encontrar este (la gata. Lo encontró la gata. Yo no infrinjo copyrights) fue toda una alegría, porque me he leído todo casi lo que ha escrito y puedo asegurar que este tipo nunca consigue aburrirme: a Jean Ray no se lo lee por su calidad literaria, sino por su imaginación a la hora de crear situaciones y aprovechar todo lo que él conocía, desde la mitología clásica hasta el folklore popular, para escribir todo tipo de relatos y novelas.
El título no engaña, y este libro es una recopilación de cuentos de fantasmas, aunque también se cuelan otras que poco tienen que ver con los espectros, pero que son sorprendentes: desde restaurantes fantasmas hasta la posibilidad de viajar a otra dimensión gracias a una botella de cognac. Esta claro que este hombre no es M. R James, pero nunca le hizo falta.