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jueves, 3 de enero de 2013

El alucinante mundo de Norman (2012). No hay nada tan navideño como los zombies



Las películas de animación en Navidad son un clásico. No tienen por qué ser con duendecillos y lucecitas varias, temática que cada vez se ve menos durante estas fechas, pero al menos alguna que no sea de imagen real hay que estrenar. Hoy, con lo que se ha abaratado la infografía, lo extraño es encontrarse una película realizada en el stop motion que muchos recordamos todavía, pero todavía más extraño es cuando la película en cuestión es de zombies.
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Esto tiene truco, porque los zombies no son navideños ni aunque los camufles con varios kilos de espumillón, pero en realidad El Alucinante Mundo de Norman (Paranormal) se estrenó en Estados Unidos en agosto, reservándose en España para diciembre por aquello de acumular oferta para el público infantil. Un poco a destiempo, porque la historia hacía mucho mejor juego con octubre y Halloween que con las vacaciones, sean de verano o Navidad.



Norman parece un niño normal, o más bien no. El chaval es un tanto friki y disfruta viendo películas de zombies, muy cutres ellas, y sin tomárselas demasiado en serio, cosa que demuestra la secuencia de presentación donde aparece la película que él y su abuela ven tranquilamente. Esto no sería muy extraño si no fuera porque el chaval, además, puede ver a los muertos y hablar con ellos, lo que lo convierte en un marginado peor que la empollona o el gordo de la clase. Aunque su don parece ser necesario para hacer frente a la maldición que hay en su ciudad, en la que una bruja condenó a sus habitantes a regresar como muertos vivientes, y que Norman deberá detener antes de que unos cuantos zombies de la época colonial aparezcan por ahí.




Con este argumento se sabe que va a haber unas cuantas secuencias terroríficas, zombies, y que los personajes van a tener que correr bastante, pero el guión va más lejos y ofrece algo más interesante que los zombies y una bruja malvada embrujando un pueblo. En realidad nada es lo que parece, y aunque el miedo es un tema muy presente en la historia, por su temática, también lo es por los personajes: todos tienen miedo de algo, incluso los propios aparecidos, y este puede llevar a una situación mucho peor que cualquier maldición. La película recuerda un poco a Tim Burton..pero al de su mejor época, y lo hace por su argumento y sus personajes raros o inadaptados, y no por abusar de estéticas góticas y espirales. Porque la ciudad del protagonista es bastante normalucha, tirando a fea y de derribo, y los personajes tienen un aspecto vulgar y un poco grotesco: hay cuerpos desproporcionados, brazos enormes imitando a los culturistas, tripas enormes y el aspecto más desvencijado se lo llevan, por supuesto, los muertos vivientes, aunque recuerda más a la caricatura que a una ilustración macabra.


El carácter de estos también es uno de los mejores puntos de la película: hay algunos estereotipos, como la hermana adolescente petarda, el matón y la empollona, pero no llega a ser demasiado tópicos y en el último caso, optan por apartarla a unas pocas apariciones en las que ayuda a los personajes principales. Estos son los mejores, y aunque el protagonista está muy equilibrado, presentándose como un crío normal, aunque algo taciturno (y al que le gusta el cine de terror), uno de los mejores es su amigo, que se salta el papel de gordito de la película para ser un chaval bastante valiente, razonablemente feliz y poco acomplejado con su situación. Incluso el hermano de este, un cachas no muy listo, es bastante entrañable y da para un gag final que no me esperaba pero que tiene sentido si se está atento a la forma de ser del personaje.


Incluso en la banda sonora, de la que no estoy muy pendiente (entre otras cosas, porque tengo menos oído musical que un gato de porcelana), hace sus guiños al cine de terror de serie B, con unos arreglos electrónicos que se oyen de vez en cuando y que me recordaron a muchas películas de los ochenta.

Será por la temática de terror, la nostalgia que supone ver una película filmada de un modo más artesanal o que la historia es realmente buena, pero El alucinante mundo de Norman es una buena opción para todos los públicos: los mayores podrán ver una buena película y los chavales más pequeños tendrán pesadillas para década ¿qué más hace falta?

2 comentarios:

Kaoru Himura-Takarai dijo...

Por varias cosas que dices, me recuerda un poco a la no hace tanto estrenada Frankenweenie...

Renaissance dijo...

Podría ser, pero todavía no he visto Frankenweenie (solamente el corto de hace años), y en el caso de homenajes al cine, este va más por las series B de los ochenta y no los clásicos. De todas formas, es muy recomendable.

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