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jueves, 5 de mayo de 2016

Los hombres topo quieren tus ojos y otros relatos sangrientos de la era dorada del pulp. Lo mejor (de lo peor) de una época.


 
La palabra pulp hace pensar en historias de acción, misterio y aventuras tan llenas de inventiva como escasas de corrección política. Y sobre todo, en las páginas escritas por H. P. Lovecraft, los héroes de Robert E. Howard o la prosa más refinada de Clark Ashton Smith, por mencionar solo a unos pocos. Vamos, que el término enseguida provoca admiración por los locos veinte y por esas revistas de a duro donde vieron la luz los primeros relatos de autores a los que varias décadas después se les reconocería su influencia y valía. Bastante acertado, salvo por una cosa: cada ejemplar incluía varias historias. Y habría unas tropocientas revistas pulp distintas cubriendo un mercado en el que los plazos de entrega eran muy exigentes, y los requisitos de calidad, no tanto. Por cada Howard había un montón de autores ganándose el pan igual que ellos, pero quizá con menos talento.

 


Este libro, en cierto modo, es una muestra de esos autores menos conocidos, menos cuidadosos, pero que también aportaron sus textos a unas revistas donde los requisitos para atraer al público estaban muy claros: tramas retorcidas con tintes sobrenaturales, explicaciones realistas propias del género de detective, chicas guapas en peligro grave, y una cantidad de violencia y tripas que los lectores del siglo XXI no se hubieran imaginado en una publicación popular de esa época. Los hombres topo quieren tus ojos es el relato que sirve de título para la antología, uno de los más llamativos incluso al lado de otros como “La cosa que cenaba muerte” o “Novias frescas para la hija del diablo”. Todo un ejemplo de ser capaces de vender algo solo con un título y una portada que prometía muchos horrores. Y algún que otro escote.

 


Una de las características de estos relatos es en la mayoría de los casos, la uniformidad de las tramas pese a que estas se adornen con elementos de lo más dispar: en casi todas hay una pareja y la protagonista es secuestrada en algún momento para ser salvada y salir indemne unos párrafos antes de terminar el relato. Sean pilotos, prometidas de alguien, o la hija de algún personaje secuestrado, son automáticamente salvadas por policías, detectives o un novio con unas dotes de héroe de acción sacadas de no se sabe donde, tal es el nivel de caracterización de los personajes.  La segunda, es el recurrir a una explicación racional sin importar lo fantástico del punto de partida. Algo, por lo que se explica en el prólogo, propio de un genero específico llamado Weird Menace, y quizá porque gran parte de estas historias se publicaron en revistas sobre detectives. Este giro resulta hoy un tanto folletinesco, entrañable y a ratos, involuntariamente cómico: cualquier banda de contrabandistas es capaz de ocultarse como sectarios, fantasmas o satanistas…Vamos, hasta lo de los papeles de Panamá no había llegado a ver tanta inventiva en el mundo criminal.

 
 
Sí, he aprovechado lo de las portadas pulp para decorar toda la entrada con ilustraciones de temática gatuna


En una antología como esta no se pueden buscar relatos de calidad literaria. Hay algunos que destacan, como el de Cornel Woolrich y sus referencias a El entierro prematuro de Poe, o la primera aventura de Steve Harrison, el detective creado por Robert E. Howard, más por el renombre de su autor que por el aporte. El resto, a veces un poco torpes, a veces más disfrutables, y en algunos casos, con unas situaciones que por ridículas, podrían sacar una carjajada. Pero hay algo que  no se puede negar: son divertidos. Breves, con un final un poco predecible a partir del tercero al conocer ya la estructura de estos, y en muchos casos, sorprendentes al incluir elementos que hubiera esperado encontrar en una película de terror de los setenta, y no en un cuento escrito en mil novecientos treinta y pico.

Los hombres topo quieren tus ojos no es un libro recomendable para alguien que busque buenos relatos de terror, algo que no falta en la editorial en la que ha sido publicado, y en la que su variedad e ideas a la hora de recopilar cuentos varios es una de sus mayores ventajas. Es más bien una antología de una parte del pulp muy poco conocida, pensada para un público que conoce este estilo, sus fallos, y disfruta con ambos.

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