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jueves, 23 de octubre de 2014

Susan Hill y La mujer de negro. Una historia de fantasmas clásica



Podía parecer, que a nadie se le ocurriría escribir un cuento de fantasmas a principios de los ochenta. La Haunting of Hill House de Shirley Jackson y La mansión infernal de Matheson quedaban una o dos décadas lejos. Stephen King estaba en la cima y Clive Barker empezaba a recopilar sus Libros sangrientos…los espectros parecían un poco fuera de lugar en ese momento. En cambio, una novela muy breve de Susan Hill, es algo menos conocida, aunque tampoco desmerece en comparación con las anteriores.



El punto de partida es el que podría encontrarse en muchas narraciones de hace dos siglos: un joven abogado llega al Norte de Inglaterra para solucionar los asuntos legales de una anciana que acaba de fallecer. En medio de un paisaje desolador, en una mansión aislada por la niebla y las subidas de la marea, el ambiente opresivo comienza a afectarle. Entre la bruma escucha los gritos de un niño, una mecedora en la mansión parece moverse sola, y en determinadas ocasiones, ha visto a una mujer enlutada que se cubre la cara con un velo. Unos viejos documentos le hacen sospechar que hace años, algo sucedió en la mansión y a la familia que vivió en ella. Un hecho que los habitantes del pueblo podrían conocer pero que intentan evitar en todo momento.



A Susan Hill se la ha comparado con Daphne du Maurier y con M. R. James, el maestro de las historias de fantasmas. También se ha calificado su estilo de gótico, y estas dos comparaciones son las que mejor se adaptan a su novela. Esta es muy breve, una novela corta para los estándares de hoy (y de los ochenta también. Aunque King entonces no se había vuelto tan brasas), y más de dos tercios los dedica exhaustivamente a la creación de atmósfera, casi más opresiva que la que llegaba a recrear James en muchos de sus relatos. Con un estilo muy pausado, comienza presentando la vida del protagonista, ya adulto, de una tranquila velada navideña donde no escatima a la hora de presentar a su familia, hasta llegar al comienzo de la historia en sí. Toda ella es muy pausada, construyendo la situación paso a paso, e introduciendo todo tipo de diálogos que ayudan a presentar un escenario tan tangible como claustrofóbico. Podría decirse que las primeras apariciones de la mujer de negro, con su aspecto demacrado, tardan en llegar, pero antes la autora ha trabajado lo suficiente como para que el lector sea consciente de todas las sensaciones del protagonista. Desde la comodidad de la posada, hasta lo desolado del paisaje costero y las tierras donde habitan los vecinos.

Una de las mayores ventajas que ha conseguido frente a su principal referencia, es la capacidad de avanzar una vez descubierto el elemento sobrenatural. Algo habitual en el caso de James era la creación de una atmósfera hasta la aparición del correspondiente espectro y la explicación de qué pintaba ahí el pobre ectoplasma. En este caso, los riesgos que afronta Arthur Kipps, el protagonista, son mucho más amplios: hay un encantamiento que se repite, como en toda historia de fantasmas que se precie. Pero este se entremezcla con una visión más moderna, como el papel que juegan las sensaciones de su protagonista al entrar en determinadas habitaciones de la casa, y que la mayor amenaza sean los accidentes que presenta el entorno. También avanza más lejos que el encantamiento clásico, al dar a conocer las circunstancias en las que han tenido que enfrentar los habitantes tras los sucesos que dieron lugar a las apariciones de la Mujer de negro. Estas suponen un miedo mucho más real, pero también más ambiguo a la hora de interpretar sus orígenes.



Aún sin contar con una adapción cinematográfica representativa, La mujer de negro sí ha tenido muy buena suerte a la hora de saltar a otros medios. Quizá por su simpleza y lo escueto de sus escenarios, cuenta con una obra de teatro que ha tenido bastante éxito, y con dos versiones en cine relativamente fieles…y digo relativamente porque, sin haber visto la primera, la realizada en 2012 con Daniel Radcliffe se toma algunas libertades a la hora de ampliar las motivaciones personales del protagonista. El resultado quizá sea un poco distinto, pero después de haber leído el original y visto su adapción del 2012, puedo recomendar ambas. Y es que es muy difícil encontrar a día de hoy relatos que sean capaces de mantener ese estilo tan clásico sin resultar acartonados. 

3 comentarios:

satrian dijo...

El libro me gustó, la película con Harry Potter no tanto.

José Miguel García de Fórmica-Corsi dijo...

Yo solo he visto la película, que me gustó, por su inesperada apuesta por el terror de atmósfera. Incluso Daniel Radcliffe me parece que está bien, aunque al haber visto tan solo un film de la saga de Harry Potter en principio apenas tenía ningún juicio previo a favor/en contra del actor. Por cierto, que la peli está producida por la Hammer... aunque, claro, a estas alturas es solo un sello o un nombre y nada tiene que ver con el mítico estudio de los 50-60

Renaissance dijo...

satrian: a mí la película me gustó bastante, muy de terror del de siempre.

José Miguel García de Fórmica-Corsi: el único fallo en el casting de La mujer de negro, es que tal y como está planteado el guión, Radcliffe es muy joven. En cambio, si hubieran hecho una adopción literal (en la novela el protagonista tiene veintitrés años), habría resultado clavado.
Y sí, esta fue una vuelta de la Hammer como productora, por lo que muchos caímos por el tirón del nombre, pero por suerte no salí decepcionada. Fue una vuelta muy digna, un poco distinta de lo que hacían en los 60, pero digna. En cambio, The Quiet Ones no terminó de convencerme.

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