Series de tv, libros, cine...y una constante presencia gatuna

lunes, 15 de julio de 2013

Warlock (1989). Una caza de brujas a final del siglo pasado (literalmente)



Hay algunas tramas que han quedado ligadas a casi toda la serie B fantástica que se filmó en los ochenta. Hubo una buena cantidad de comedias o parodias de terror, muñecos asesinos a puntapala y, en varias ocasiones, viajes en el tiempo o en el espacio que se centraban principalmente en un protagonista fuera de su entorno conocido y que debe cumplir una misión para volver a casa o salvar al mundo en la mayoría de los casos. A la hora de desarrollar el correspondiente argumento, el guionista (o según presionaran los productores), podía optar por la comedia más ligera o por un tono más oscuro donde los personajes pudieran defenderse perfectamente y sus antagonistas siguieran siendo amenazadores y poco simpáticos.



Warlock opta por la segunda opción, donde un brujo del siglo XVII, a punto de ser ejecutado, consigue escapar viajando en el tiempo hasta el presente…bueno, el presente de entonces, que era 1989 (o 1991. La película se retrasó). Nunca queda muy claro cómo ni por qué consiguió saltarse varios siglos, pero por desgracia para él, un cazador de brujas salta sobre él con el tiempo justo para poder llegar al presente e intentar detenerlo. Por la misma razón poco clara, cada uno aterriza en sitios distintos, acabando el primero en casa de la protagonista, donde después de asesinar al compañero de piso de esta, y echarle una maldición haciéndole envejecer veinte años por día. Tras encontrar al cazador de brujas, ambos intentan detenerlo. La primera, para evitar morir de vieja en 72 horas, y el segundo, para recuperar un libro de hechizos que el brujo pretende utilizar para deshacer la Creación.


Lo primero que se nota en el guión es la falta de humor por parte de los protagonistas principales: tanto el cazador de brujas como el hechicero son tipos bastante serios, y en el caso del primero, lo caracterizan con la suficiente inteligencia como para adaptarse a muchos de los avances técnicos (excepto lo de los aviones, que no lo lleva bien) sin tenerlo permanentemente asombrado cada vez que ve algo nuevo o gritando “¡Brujería!” por el mero hecho de ver un automóvil. Su compañera pondría el punto cómico, que en ocasiones es bastante irritante teniendo en cuenta todo el tono serio de la película y alguno de sus comentarios agudos quedan un poco fuera de lugar. Por suerte, esta también evoluciona positivamente, perdiendo punto cómico y ganando en utilidad. Incluso algunos de los detalles de su personalidad, como el carácter un poco descerebrado, o su miedo a envejecer, se aprovecha positivamente en el guión, tanto por la trama de la maldición como por pasarse la primera mitad de la película teniendo 40 y 60 años.


 
Si no lo escribo, reviento: "Volando voy..."

Una de las plagas de los ochenta fue la explotación de las franquicias de terror y el acercamiento a lo cómico de los villanos que la protagonizaban. Por culpa de esto, muchas de ellas buscaban un antagonista que tuviera carisma y gracia para el público, perdiendo así el carácter negativo y amenazador que estos deberían tener. Warlock se salva completamente, porque el personaje que interpreta Julian Sands es un brujo auténtico. Sin un solo rasgo positivo, es presentado como un cabrón absoluto que no solo mata a todo al que le suponga un obstáculo, sino que no duda en asesinar o maldecir a cualquiera porque...bueno, como queda bien claro, es un brujo. Es malvado, es su naturaleza, y no tiene ningún otro trasfondo. Es una opción lógica teniendo en cuenta que la película empieza ambientándose en la época de las cazas de bruja y las ejecuciones, tomándolas en este caso como algo verídico, por lo que no hay que buscarle motivación a un personaje malvado. Este tipo de ambientación también es lo más memorable del guión, porque no dudan en recurrir a creencias populares a la hora de presentar los poderes y debilidades del brujo: desde fabricar pociones con grasa humana hasta detalles tan anacrónicos como el que su presencia haga que la leche se corte y que su única debilidad sea la sal. De lo del plan de ejecución al principio, pretendiendo quemar al brujo sobre una cesta de gatos vivos, ya no digo nada, salvo que los cazadores de brujas perdieron bastantes puntos conmigo.



En general, tanto la ambientación y el uso de la mitología relacionada con la brujería, como la caracterización del antagonista, son lo más memorable de la película y superan con creces los fallos de esta, como son los escasos intentos de aportar humor a un guión que no lo necesita, y toda la historia del principio del viaje temporal, que aunque sea necesaria para poder desarrollar el resto de la trama, podían haberse esforzado un poco más a la hora de dar una explicación coherente con el resto del guión. Y aunque hay muchas producciones de hace más de veinte años que han envejecido bien, en esta sí se notan los cambios de década y mentalidad: una de las situaciones más recordadas es la de su protagonista, entrando tranquilamente en un avión con una afilada veleta de hierro, sin que nadie levante una ceja. Cosas del mundo anterior al 11S

jueves, 11 de julio de 2013

Lecturas francófonas de la semana. Y las rarezas de la biblioteca



Lo del peculiar catálogo de mi biblioteca pública ya debía venir de antes. Aunque a día de hoy todavía me encuentre en la sección de novedades novelas de zombies un poco de saldo, o nuevas sagas de fantasía que ni me sonaban, hace unos años tampoco andaban faltos de afición por los títulos un poco raros. La diferencia es que estos los tenían camuflados en la sección de francés, donde en los noventa no es que yo pudiera pintar gran cosa. Solo hicieron falta un par de décadas para que pudiera comprobar que los títulos que guardaban en esa estantería no solo iban un poco más allá de Emile Zola, sino también de los ejemplares que Marabout había publicado de Claude Seignolle o las traducciones de Gustav Meyrink.



Frank Clery. La chambre de soufre. Por describirlo de una forma rápida, este libro es el equivalente francés a un bolsilibro Bruguera. La colección en que se aloja, con el nombre de Terrific, cuenta además de con unas portadas muy típicas de la literatura de consumo (con su fantasmón en primera plana y moza con aspecto de estreñida), con otros títulos con pinta de ofrecer a partes iguales escenarios terroríficos y algo de cacha. La novela de Clery opta por juntar unos cuantos sitios reconocibles dentro del género y ofrecer una historia inicialmente de fantasmas y maldiciones familiares, ambientada en pleno siglo XIX en la campiña inglesa por aquello de poder contar con el ambiente adecuado. En este caso, un instructor de música un poco crápula llega a un apartado caserón donde debe impartir clases a la hija mayor de un rentista ausente, a la que lo del piano le importa más bien poco y se pasa el día por los pantanos a la caza del pato…así, tal cual. Las noches del sufrido protagonista no son mejores, porque una bruja horrible se le aparece para atormentarlo dejándole, a cambio, unas valiosas monedas de oro. La calidad de la novela ya no es muy buena, y el argumento es un refrito del cliché de las maldiciones en el que tampoco falta su dosis de escenas absurdas y acontecimientos que suceden porque al autor le da la gana. Además, la actitud de los personajes responde bastante al estereotipo que los franceses tienen de sus vecinos británicos.

Aunque en un principio la comparaba con las novelitas de la casa Bruguera, esta estaría un poco por encima, porque es más extensa que las 100 páginas escasas de su contrapartida española (unas 250) e incluso el autor intenta ser un poco original ofreciendo un par de giros de argumento, un salto temporal que da lugar a la narración e incluso un final bastante pesimista, pero teniendo en cuenta la poca calidad de la novela, también podría ser que se tratara de un truco para hinchar el número de páginas y cobrar algo más. De todas formas, y solo por lo anacrónica, reconozco que me divirtió bastante.



Jean Paul Raemdonck. Han. A este tipo no lo conocía de nada y la única pista que dan de él en la portada es que su novela ganó el premio Jean Ray en 1972. Que para mí, y contando con la portada y el año en que se editó, ya era suficiente para echarle el guante. Y al jurado de este premio hay que reconocerle la imparcialidad, porque en el prefacio, donde deberían estar cantando las glorias de la novela y su autor, no se cortan en señalar los fallos de lo que probablemente sea un manuscrito primerizo.

Aún así, la historia también tiene su guiño al escritor que da nombre al premio y cuenta con un marinero retirado como protagonista, al que el lector conoce primero a bordo del barco Betelgeuse, donde comienza a experimentar fenómenos un tanto extraños y a sospechar de Han, uno de sus compañeros. Este desconoce quien es ese personaje raro, que realiza esculturas y que un día desaparece del barco para irse reaparenciendo a lo largo de la vida del personaje. El principal recurso de la novela es el de recrear un ambiente irreal, muy basado en las sensaciones y temores del protagonista, y especialmente en el cambio brusco de escenario en cada una de las tres partes que componen la novela: de su experiencia en el barco, a su vida en tierra y su huida del país, hasta una última parte donde este encuentra cierta tranquilidad que, como era de esperar, volverá a verse truncada. El prefacio no engaña y el libro tiene sus fallos (entre otras cosas, a veces es un poco caótico), pero se mantiene como una lectura bastante interesante de un autor que, de otra forma, no habría conocido en mi vida.

lunes, 8 de julio de 2013

The Purge (2013). Caida y auge de las empresas de seguridad doméstica (y de las ventas de cinta americana)



En los últimos meses se han estrenado bastantes películas de temática futurista. Sobre todo, de futuros lejanos. Pero una de ellas ha sido la que se ha encargado de cubrir uno de los subgéneros de la ciencia ficción, como es la distopía: situaciones imposibles que, situadas en un tiempo relativamente parecido al actual, quieren reflejar o criticar algo que está pasando o que podría pasar. Eso implica que ninguno de los escenarios va a ser el mejor posible, y The Purge no es una excepción. Además, con el título español de La noche de las bestias recupera una de las tradiciones que muchos conocimos en el cine doblado de antaño: la de olvidarse del título original y darle uno mucho más llamativo.



Dentro de diez años, Estados Unidos es un país modelo en cuanto a seguridad y desarrollo económico: la tasa de desempleo es nula y la de criminalidad, irrisoria. El truco consiste en las 12 horas, en las que el gobierno suspende toda fuerza del orden y servicio de emergencia para que la gente pueda cometer todo tipo de delitos. Durante la purga, los ciudadanos se dedican a robar, asesinar o bajarse películas de Internet sin que esto constituya delito. Según explican los medios de comunicación, esta costumbre se instauró tras unos disturbios en los que murió gran parte de los sectores más desfavorecidos y conflictivos de la sociedad. Naturalmente, hay críticas a este procedimiento en el que solo los que tienen dinero para pagar sistemas de seguridad están a salvo, pero visto que tanto la criminalidad como las pensiones no contributivas se han reducido, y que las empresas de vigilancia y seguridad se están forrando, la mayoría se limita a encerrarse en su casa durante doce horas o en el peor de los casos, a salir con una escopeta y canalizar la agresividad acumulada de todo un año. Una familia, bastante acomodada gracias a los beneficios de trabajar para una de esas empresas, se dispone a pasar la noche de la Purga como tantas otras, hasta que su hijo salva y acoge en casa a una de las víctimas. A partir de ese momento pasarán a ser el objetivo de todos los que han elegido la segunda opción en la noche de la Purga, y el moderno sistema de defensa instalado en la casa no resultará tan infalible como aparentaba.



Aún con una premisa cienciaficcionera, la película está pensada para ser un thriller con algo de acción que pueda ser disfrutada por un público más amplio, y seguramente por eso da la impresión de no terminar de cuajar: le falta algo de ritmo, y la primera parte, exceptuando toda la información que se proporciona sobre la Purga, es bastante tópica presentando a la familia modelo de barrio residencial, sus repunantes vecinos, y especialmente, las neuras de cada uno: Ethan Hawke como padre yuppie, Lena Headey como esposa amantísima (y de nuevo, con un estilismo que me hace pensar si se dedican a ponerle una peluca por cada papel que interpreta), hija adolescente bastante petarda e hijo friki necesario para poder plantear al espectador los problemas morales de la purga y que su imprudencia sirva de detonante de la película, con la entrada del joven al que salva de ser asesinado. La forma de desarrollar la amenaza que sufren los protagonistas es seguramente lo más flojo, porque se diluye bastante con situaciones que no aportan nada, como la aparición del novio de la chica, pegando tiros en casa, en un giro de guión bastante innecesario, y sobre todo, con el inexistente papel del superviviente que entra en casa. Más que un personaje, es un Mcguffin, que apenas aparece en todo el metraje si no es escondiéndose, siendo atado con cinta americana, que entre él y el resto de víctimas, gastan bastante, o para salvar en el último minuto a los protagonistas, haciendo que los 85 minutos de la película se alarguen demasiado en persecuciones en una casa a oscuras, y sobre todo, hacer quedar en evidencia al principal fallo del guión, que sería el cacoso sistema de seguridad que el protagonista se dedica a vender y que es lo primero en fallar gracias a un recurso tan tonto como cortar la electricidad en la calle.



A su favor tiene una premisa que le puso los dientes largos a mucha gente, con ese futuro improbable en el que cualquier tipo de crimen está permitido, y sobre todo, al presentar a niños bien que no dudan en matar a sangre fría y parecen sacados de Funny Games, de Hanneke. Precisamente durante las secuencias que sirven para informar del transfondo es en lo que más insisten: los programas de televisión explican los beneficios para la comunidad de este proceso, frente a la conversación que los protagonistas tienen con su hijo, donde tras jurar y perjurar que ellos nunca han sentido la necesidad de dañar a nadie, lo despachan con el típico “cuando seas mayor lo entenderás”. Es interesante cómo introducen el tema de la violencia como parte del ser humano y la necesidad de controlarla, aunque lo hacen de una forma bastante somera, cosa que entiendo al tratarse de una película de entretenimiento. De nuevo, lo mejor son las secuencias en las que se presenta el sistema de la Purga y como se ha integrado en la sociedad que aparece en la película, mediante los extractos de medios de comunicación, y sobre todo, el aviso de comienzo de esta que la televisión emite, explicando el tipo de armas que están autorizadas, y sobre todo, que los políticos quedarían fuera de este sistema. Ya me parecía a mí que esa Purga tenía bastante truco…



Con un punto de partida y unas cuantas secuencias interesantes, el aburrido desarrollo hace que The Purge se quede en el medio: me ha entretenido, pero también me ha dejado una sensación bastante grande de que esta podría haber sido mejor o más efectiva. Quizá como una serie B de calidad como muchas de las que se filman hoy, y no como una película más ambiciosa.

jueves, 4 de julio de 2013

Los gatos guerreros. Con este título, el libro se vende solo


Son todo enigma y majestuosidad hasta que se empiezan a perseguir su propio rabo

Reconozcámoslo: después de unos cuatro años empezando cada entrada con una foto de temática gatuna, y desde hace algo menos, conviviendo con dos mininas que me toman por el pito del sereno, era imposible que no me hubiera fijado en un libro cuyo título, en letras bien grandes, fuera “Los Gatos Guerreros”. Teniendo en cuenta mi opinión sobre estos animales, quizá habría sido más adecuado un título como “Los Gatos Esclavistas” pero, tratándose de una serie destinada al público juvenil, es normal que se centre más en las aventuras, en la fantasía, y en un mundo alejado de cualquier relación que estos animales puedan tener con los humanos, de los que no se fían y desprecian un poco. Como sus contrapartidas reales, me temo. 



Esta serie de libros, titulada en inglés con un más discreto Warriors, es obra de un grupo de autores que trabajan con el seudónimo de Erin Hunter, y que por lo visto cuenta con unos veintisiete libros divididos en distintas series, además de unas cuantas novelas más, independientes de Warriors, que también corresponden a distintas sagas. Esta comienza con la historia de Colorado, un gato doméstico, que abandona su hogar para unirse a uno de los clanes que habitan el bosque. No es fácil, ya que estos felinos no ven con muy buenos ojos a los congéneres que viven con los Dos Patas, pero el protagonista, tras haber adoptado el nombre de Corazón de Fuego, demostrará su valía y a lo largo de la serie, llegará a ser lugarteniente de su clan y a tener a su propio aprendiz, Nimbo, que le dará bastante trabajo y que se siente un poco tentado por la vida de gato casero.

 Este sería el argumento a grandes rasgos, porque en realidad no he empezado por su primer volumen sino por el cuarto, pero tratándose de narrativa juvenil es bastante fácil de seguir, y por una vez, eso de incluir una guía con los nombres de cada clan, sus miembros, y un mapita explicando la ubicación de cada uno, y del nombre que dan a emplazamientos humanos como las granjas, el vertedero, o una carretera general, a la que llaman el Sendero Atronador. Aunque estos sigan la evolución de Corazón de Fuego, su protagonista, y la del clan, y a lo largo de los distintos libros hagan referencia a hechos pasados, como la relación con otros personajes que no aparecen, o a sucesos importantes, es fácil de seguir y enseguida se tiene claro quien es quien. Por ejemplo, la trama principal en Antes de la tormenta, el cuarto libro, sería el regreso de un gato al que expulsaron del clan por traición, pero cada vez que lo mencionan, se dedican a recordar al lector quien era y lo que hizo, cosa que ayuda mucho para los que nos leemos los libros sueltos pero igual para los que están siguiendo la serie se puede hacer bastante cansino.

 Los libros son principalmente de aventuras, siendo la vida de los clanes no muy distinta de lo que podría ser una novela sobre cualquier tipo de guerreros o tribus antiguas: cazan, se rigen por los ciclos de las estaciones, luchan con otros clanes cuando es necesario y en general, viven. La diferencia es que estos se mueven en un entorno bastante reducido, como puede ser un bosque, y en el que muchas de las amenazas son causadas inconscientemente por los humanos, como pueden ser los gatos a los que se atropellan en la carretera, o incluso los incendios en el bosque. También tiene su parte un poco fantástica, con el tema de las nueve vidas de los gatos, o que estos tengan sus propios dioses a los que llaman El clan estelar, e incluso una casta de curanderos (no me imaginaba que a los gatos les fuera el chamanismo, aunque no hacen mención a la hierba gatera), notándose un poco la inspiración en autores clásicos, que sin humanizar en exceso a los animales, sí los dotaron de una racionalidad y una sociedad opuesta a la de los hombres.

 Exceptuando esa última parte, la ambientación es bastante realista y eso quiere decir que los autores no se cortan a la hora de reflejar lo que sería la vida salvaje: el cuarto libro empieza con el líder a punto de morir y la mención a una estación bastante mala en la que se perdieron varias camadas de cachorros. Hay epidemias mortales, gatos atropellados y por desgracia, víctimas de un incendio forestal, y si bien un pasaje sobre una lucha entre miembros de distintos clanes es una sucesión de zarpazos más o menos entretenida, lo anterior resulta un poco más impactante…sí, es un poco chocante: puedo pasarme tres o cuatro libros leyendo sobre las penurias de la familia Stark sin que los palos que lleva Sansa me den especial pena, pero cuando leo algo sobre una camada de gatos, se me hace un nudo en el estómago.



La entrada gatuna no solo viene a cuento de estos libros, sino que este domingo es el cumpleaños de Dalek. Nada menos que tres años ya gobernando desde el sofá, y en estos meses se le han pasado los celos de Sabela, su nueva compañera de piso, y se llevan bastante bien. Aunque agradecería que no se pusieran a jugar a Los Gatos Guerreros a las tres de la mañana.

lunes, 1 de julio de 2013

Rompe Ralph (2012). Una de plataformas



Cuando Disney empezó a presentar imágenes y noticias de su película basada en personajes de videojuegos de la época en que estos se popularizaron, hubo bastante expectación. No solo apelaba a la nostalgia de las máquinas recreativas y los 16 bits sino que contaba con las licencias necesarias para que aparecieran los personajes oficiales de todas ellas. A mí la idea me parecía simpática, pero no por el tema de los videojuegos (que pocos gasto) sino por su protagonista y su argumento, el malo de un videojuego clásico que un día decide cambiar. Bueno, y por ver algún personaje conocidísimo, que de esos años sí conocía a unos cuantos.



Rompe Ralph sucede en un salón recreativo cualquiera, donde las máquinas de videojuegos vienen, van, y algunas se quedan unos cuantos años como clásicos. Ralph es el malo de Fix it Felix Jr, un videojuego que está a punto de cumplir su 30 aniversario. Sin embargo, Ralph no está muy contento: cuando el salón de recreativos cierra, y los personajes de los juegos se toman el descanso, él se queda solo, y ni las reuniones de Malvados Anónimos a las que asiste con otros antagonistas lo animan mucho. Finalmente decide conseguir algo que ningún malo de videojuego podría conseguir: una medalla, aunque para ello tenga que colarse en un moderno juego de disparos. La huida lo lleva no solo a otro juego moderno, en este caso, un pasteloso escenario de carreras de coches, sino a perder su preciada medalla en manos de un personajillo un tanto insoportable. Cambiar a héroe no tiene por qué ser una buena idea, y ahora Felix tiene que llevarlo de vuelta para evitar que su recreativa sea retirada por defectuosa. Porque, ¿qué es un juego sin su malo del final?



Lo que más sorprende de la película es que no se queda en una colección de homenajes y referencias. De estas hay bastantes, pero las directas y las más evidentes se quedan para las secuencias del principio, de forma que no resulten un estorbo. En esas escenas aparecen las recreativas de toda la vida, como el Street Fighter, cuyos personajes son casi los que más salen, y otros de la época como Kano, de Mortal Kombat, y hasta juraría que uno de los zombies del House of the Dead (que también jugué por motivos obvios). Estos tampoco son especialmente difíciles de pillar, sobre todo si se fue un poco friki en los noventa. Tampoco faltan las apariciones de otros más antiguos, que en el mundo de la película han corrido distinta suerte: algunos, como el Root Beer Tapper y el Pac Man siguen funcionando, y Qbert, con su recreativa retirada hace mucho, aparece viviendo como sin techo. Otras referencias son más recientes y se me escapan más, como el videojuego del que viene una de los protagonistas, una especie de marine espacial cazadora de bichos alienígenas muy centrado en los gráficos y los efectos, o en el que aterriza finalmente Ralph, que con sus carreras de cochecitos e infinidad de minijuegos vendría a representar la otra parte de este mercado.

 


También tiene a su favor un argumento con más tramas y giros de los que se esperarían en una producción destinada a todos los públicos. Hoy tampoco es muy extraño encontrarse algo así, pero la historia de Ralph acaba desarrollando nada menos que tres tramas: empieza el problema que causa su protagonista al saltar de un videojuego a otro, que en este caso sería la llegada de los monstruos provenientes de uno de disparo a un mundo tan inofensivo como el de los minijuegos. Pero, mientras los otros protagonistas intentan localizar a los fugados, Ralph se encuentra con Vanellope, un glitch o fallo de software al que el resto parecen odiar demasiado como para ser algo más que un simple error. Y desde el principio, se usa como frase hecha “volverse Turbo”, en referencia al primer personaje de un videojuego clásico que, tras perder popularidad, invadió a su competidor y causó que retiraran ambas máquinas recreativas.



Puede que el principal atractivo a la hora de promocionar Romphe Ralph fuera el tema de los bits y los videojuegos retro (cosa con la que también bromean un poco), pero no se ha quedado unicamente en la colección de guiños y ha conseguido una película bastante redonda. Quizá con un final un poco pasteloso, con los que Disney hace honor a su nombre, pero teniendo en cuenta que se trata de una película para toda la familia, tampoco se puede andar exigiendo excesiva profundidad ni drama.

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