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jueves, 18 de junio de 2026

Los caballeros las prefieren rubias (1953). Una morena y una rubia, hijas de la comedia musical

 


                                                         Soy inteligente cuando conviene, pero eso no gusta a los hombres
Lorelei Lee

Cada periodo de tiempo, especialmente desde  el siglo  XX, en el que fue posible conservar las formas de expresión audiovisual,  cuenta  con  personajes que permanecen durante años en el imaginario y la cultura popular, convirtiéndolos en símbolos reconocibles durante décadas y en cierto modo, en enlace entre generaciones, figuras que  los más jóvenes y los más viejos conocen por igual.  El bombín y andar patizambo de Chaplin, el cigarro y  la lengua  afilada de Groucho,  Scarlett  O´Hara  poniendo a Dios por testigo que no volvería a pasar hambre o Íngrid Bergman  prometiendo a Humprey  Bogart  que siempre les quedaría París son  algunas de las imágenes reconocibles por todos aquellos que nacieron a lo largo del siglo XX…y entre las cuales no podría faltar aquella rubia de un lunar en la comisura de la boca,  voz seductora y  expresiva pretendidamente bobalicona  apodada entre otros sobrenombres, como la Venus Rubia. Norma Jean, Marilyn Monroe, más explosiva que la bomba atómica y merecedora  de su propio espacio  entre ese pasado difuso  que ha pasado ser “lo clásico” y  forma parte de un trasfondo cultural  cada vez más lejano en el tiempo, en un mundo donde lo icónico  tiene  una permanencia cada vez más breve. Y que  en 1953 protagonizó una comedia musical  que también provocaría ese curioso fenómeno que  es reconocer una obra sin haberla visto previamente: todos sabemos que los diamantes son los mejores amigos de una chica.


Lorelei y Dorothy  son  dos artistas de variedades, amigas pese a las diferencias de su carácter:  una alegre, despreocupada y siempre fascinado por el dinero, sus propietarios y todo lo que brille, especialmente si son joyas. Dorothy, la de los pies den la tierra,  se preocupa poco por esto último y más  porque sus pretendientes sean atractivos. Ambas se embarca en un  viaje marítimo hacia Francia, sufragado por Gus, el prometido de la primera,  para desgracia  del padre de este, quien no esté dispuesto a que su  heredero se case con una cazafortunas.  Aunque  para ello tenga que contratar a un detective que consiga las pruebas necesarias para demostrarlo.  Una situación de la que Dorothy tendrá que estar pendiente   en todo momento, y que resulta mucho más  complicado cuando  uno de los pasajeros  es nada menos que el propietario de  una mina de diamantes, y lo bastante  prendado de la inconsciente Lorelei como para desprenderse  de alguna de sus piezas de joyería.



Adaptando  la novela de Anita Loos del mismo nombre,  que se convertiría en un musical de Broadway, la película de Howard Hawks  es una de las producciones estrenadas en el año en que Monroe consolidaría su fama. De su papel de mujer fatal en Niagara pasaba a un personaje  también destinado a explotar su atractivo físico,  pero desde un ángulo distinto: el  arquetipo de rubia tonta,  casi  inofensivo salvo por su capacidad de enloquecer  a los hombres y  acompañada por una actitud inocentona,  encontraste con el papel de su compañera de reparto  Jane Russell. Y que  se convertiría en un arquetipo que llegaría  a encasillarla. Pero que en esta producción es el personaje central de los enredos de una comedia aderezada con números musicales que  han llegado a ser más recordados que los gags cómicos. Esta cuenta con una premisa simple,  esas dos protagonistas  opuestas, frívolas  cada una a su manera  pero con buen corazón y cuya  ambición no es muy distinta de la de cualquier hombre de negocios que busque sus atenciones: conseguir lo que  quieren y salir adelante.  La diferencia entre ambas se lleva  hasta la exageración, con una  heroína que no parece saber ni donde tiene la cabeza (ni donde está Francia, si nos ponemos) y cuya simpleza recuerda a veces a una niña.  Dorothy, el personaje  de Jane Russell, es el sentido común de ambas,  pragmática y al igual que su amiga, su aparente frivolidad  esconde un corazón y una genuina amistad entre ambas, haciendo todo lo  necesario para  poder sacarla de cualquier apuro y acompañarla hasta donde sea.  Una caracterización que hace que ambas protagonistas, pese a la simpleza  que parece exigir una comedia, tengan una profundidad emocional que hace que las  situaciones de enredo funcionen: el espectador va a sentir simpatía  por ambas y los personajes secundarios, tanto jóvenes como millonarios,  se han buscado el enredo en el que se ven metidos…Además, ¿para qué negarlo? ¡A nadie le gustan los millonarios, ni ahora ni en  1953!.  Por no decir que  Charles  Coburn como oligarca es grotesco y  cómico a partes iguales.


El reparto  de los papeles entre ambas actores hace que  la Dorothy Shaw de Russell tenga mayor peso, y se convierte  junto al detective Malone, interpretado por Elliott Reid, se convierten en los personajes principales  y los que desarrollan una trama romántica   con más tiempo, frente al romance cómico y un tanto pesetero de Monroe y  Tommy Noonan.

Al tratarse  de una comedia musical, no solo los números, sino el aspecto visual, tiene una gran importancia.  La película  vibra con  colores  muy vivos  que  ya nos recuerdan al Hollywood del pasado,  irreal, pero también más luminoso que  el  que llegaría  después. El vestuario, algo importante   al contar con unas protagonistas que se mueven en un mundo de apariencia y elegancia,  se convierten en el centro de la escena  cada vez que Marilyn Monroe o Jane Russell aparecen con algún atuendo de velada vespertina.  Y pro su puesto, el montaje  del número central de la película,  orquestado como un escenario de variedades donde cada uno de los elementos  destaca...e incluso  su remedo final,  ejecutado de una forma mucho más sencilla y cómica, de modo que el foco recae por igual entre ambas protagonistas.


Los caballeros las prefieren rubias es una más en la filmografía de Hawks y  una de las más representativa  en la carrera de Marilyn  Monroe. Una que establecería su imagen icónica, de rubia explosiva, pero también la figura  de la cultura popular cuyo rostro sería inmortalizado en una serie de cuadros monocromáticos.  Pero también el reflejo de la cara más oscura de  Hollywood, la mujer inteligente,  oculta bajo su papel de rubia tonta, y la vida rota por la faceta más despiadada  de la fama…quizá un adelanto de los ídolos caídos que  vendrían en los años venideros.

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