La carrera de Paul Anderson quedó ligada a las adaptaciones de videojuegos desde que en 1995 se encargó de la primera versión de Mortal Kombat, y cuando, después de esta, realizaría una saga, más por cuenta a propia que por influencia del videojuego de Capcom, de Residen Evil. Fue a partir de esta cuando su carrera se caracterizaría por dos cosas: montajes propios de cinemática de videojuego, infografía a raudales, y Milla Jovovich como protagonista absoluta repartiendo leña en todas y cada una de sus producciones. Con la saga terminada (e irónicamente, sin que ni el reboot cinematográfico de hace unos años ni la serie de Netflix funcionaran bien), intentaría algo similar con otro juego, pero la adaptación de Monster Hunter de 2020 con todas las secuencias vistas en su Resident Evil y el mismo montaje, quedaría olvidada junto a la posibilidad de que se convirtiera en franquicia. Su regreso vendría esta vez no del mundo de las consolas, sino de un relato corto que poco tenía que ver con sus películas de los últimos diez años, pero que serviría de idea para…bueno, para hacer lo que Anderson y Jovovich llevan media vida haciendo.
En un futuro muy lejano, muchos años después de que la tierra se convirtiera en un páramo y la humanidad regresara a una edad oscura, la bruja Alys la Gris escapa de la Inquisición regresando a su hogar, donde escucha a todos aquellos que acuden a pedir lo que desean. Obligada a no rechazar a nadie si el pago es el adecuado, uno de los visitantes no es otro que la Reina, quien reclama el poder de convertirse en un lobo. Alys, con la ayuda de Boyce el cazador, se dirige a las tierras perdidas, donde los restos de la civilización aparecen desperdigadas en un vasto desierto poblado por monstruos y por el licántropo que Alys pretende cazar. Mientras, en la ciudad, la reina planea deshacerse de su consorte anciano y verdadero monarca, pero la Iglesia planea derrocarla obteniendo la confesión de la bruja con la que esta ha pactado para conseguir el poder del licántropo.
La película adapta un cuento corto de George R. R. Martin. A quien quizá deberíamos dejar de dar la tabarra con Juego de Tronos y volver a disfrutar de El sueño del Fevre, Los viajes de Tuf y de relatos como este. La adaptación es bastante fiel a l texto original pese a tratarse de una historia muy breve, llegando a reproducir los diálogos de este. A su vez, se trataba de una historia de fantasía lo bastante ambigua como para que el escenario pudiera ser interpretado de forma libre, cosa que hacen en el guion, y que junto con el cambio del desenlace es algo que han hecho rematadamente mal.
El entorno de nobles, cambiaformas y magia del relato es transformado en la película en un futuro lejano, un escenario postapocalíptico donde la civilización se ha adaptado a vivir entre restos y mutantes causados por la radiación,a sí como con la existencia de una magia que ni explican, ni llega a tener sentido dentro de la trama. Algo que se había hecho en 1999 con una enloquecida adaptación de Beowulf protagonizada por Christopher Lambert y que era igual de absurda y chapucera que estas Tierras perdidas. .los personajes, salvo la protagonista Alys y Boyce, carecen de nombres, limitándose a ser La reina, el Patriarca y la Inquisidora. Estos últimos, creado para el guion y convirtiéndose en uno antagonistas que son eliminados convenientemente a mitad de metraje. La trama protagonizada por estos, sobre traiciones políticas y una revuelta de campesinos (o de mineros. O trabajadores. O yo que se, solo están picando piedra al fondo y van embarrados), parece un extra que poco tiene que ver con la de unos protagonistas, Milla Jovovich poniendo la misma cara que hace quince años y Dave Battista muy lejos de los papeles pequeños pero efectivos en los que se había labrado una carrera, se limitan a repetir una y otra vez sus propósitos en la historia: Alys, que no puede rechazar una petición, que esta maldita, a saber por qué. Boyce, un cazador, con un giro sorpresa que, sin en el texto original funcionaba por su estilo de cuento de hadas, aquí parece cogido con pinzas. Resulta difícil explicar los conceptos de magia y licantropía en un escenario posnuclear cuando estos son tan vagos que consisten en tener las habilidades adecuadas cuando el guion lo exige. Un guion que además de enrevesar innecesariamente la historia, traiciona ese material para ofrecer un final feliz tan sacado de ninguna parte como el resto de elementos.
Nobody expects the Wastelands Inquisition!
A nivel estético, los escenarios resultan un desastre: la película parece filmada íntegramente ante una pantalla verde donde todo son escenarios digitales. Tremendamente exagerados, los tamaños proporciones y elementos que aparecen integrados no concuerdan entre si y todo consiste en poner restos de construcciones y maquinaria ruinosas en un desierto, tan fuera de lugar entre sí que hacen sospechar si no habrán recurrido a la IA para generar varios de estos: edificios que no concuerdan entre sí, complementos tan absurdos como una farola encima de una chimenea nuclear completan un paisaje informático filmado junto a una fotografía demasiado saturada, unas escenas de lucha con saltos y armas a dos manos vistas mil veces y primeros planos de los altores que parece mal encuadrados…y cuando un espectador sin formación audiovisual se fija en cosas como esta es que algo se ha hecho rematadamente mal.
La película ,en conjunto, recuerda a todo lo que Anderson lleva filmando desde 2004. Pero mientras que a mediados de los dos mil este podría haber sido una producción mediocre pero resultona a nivel visual, pero que ni siquiera entonces se hubiera salvado a causa de ese guion desastroso. Si Monster Hunter, su anterior intento de hacer saga, era lo bastante floja como para apenas recordar nada tres o cuatro años después de haberla visto, Las tierras perdidas es el caso contrario. Va a ser difícil de olvidar solo por la cantidad de incoherencias, infografías excesivas y fallos de guion que consigue acumular en la hora y cuarenta que dura. Y aunque en taquilla resultara un desastre que se está recuperando medianamente bien en las plataformas, también parece difícil que puedan sacar de aquí una secuela.
Creo que de las últimas que vi de Anderson está la de Pompeya, con Jon Nieve de prota. Ahí ya dije que no me volvía a pillar más xD. Y mira que de primeras, por muchas coñas que se hagan, tenía películas que no estaban del todo mal: Horizonte Final, la de Soldier con Kurt Russell, Alien vs Predator o la primera Resident Evil. Son las pelis de un director videoclipero de los noventa, pero que todavía se contenía un poco. No sé si me habré visto todas las de Resident Evil, pero cinco o seis bien a gusto. Y esas pelis ya eran un videojuego con Jovovich pasando de escena como quien pasa de pantalla.
Si es una pena lo de Anderson y Jovovich, que creo que daban/dan para más, también lo es lo de George R. R. Martin: que le dejen en paz ya con los dichosos libros de Juego de Tronos. En lo personal, a mí dejó de interesarme la saga de libros hace mucho tiempo. Además, tiene obras bastante interesantes, sobre todo de ciencia ficción.
Lo de la IA en el cine será de Next Big Thing, a ver cómo se resuelve. Al menos el cine chorras de los últimos veinte años podía presumir de cutre, pero me temo que la IA también se va a encargar de borrarlo. Estrenan mañana la nueva de Silent Hill y miedo me da.
Por cierto, me volví a ver hace unos días la Resident Evil: Welcome to Raccoon City de Johannes Roberts y me sigue pareciendo la mejor adaptación de Resident Evil. No pretende ir de lo que no es, tiene un presupuesto muy bajo y a veces los personajes parecen cosplayers, pero es que está muy bien dirigida y saca oro de una narrativa, la del videojuego, que es de risa. Es de esas pelis que no entiendo que les hayan dado tantos palos.
1 comentario:
Creo que de las últimas que vi de Anderson está la de Pompeya, con Jon Nieve de prota. Ahí ya dije que no me volvía a pillar más xD. Y mira que de primeras, por muchas coñas que se hagan, tenía películas que no estaban del todo mal: Horizonte Final, la de Soldier con Kurt Russell, Alien vs Predator o la primera Resident Evil. Son las pelis de un director videoclipero de los noventa, pero que todavía se contenía un poco. No sé si me habré visto todas las de Resident Evil, pero cinco o seis bien a gusto. Y esas pelis ya eran un videojuego con Jovovich pasando de escena como quien pasa de pantalla.
Si es una pena lo de Anderson y Jovovich, que creo que daban/dan para más, también lo es lo de George R. R. Martin: que le dejen en paz ya con los dichosos libros de Juego de Tronos. En lo personal, a mí dejó de interesarme la saga de libros hace mucho tiempo. Además, tiene obras bastante interesantes, sobre todo de ciencia ficción.
Lo de la IA en el cine será de Next Big Thing, a ver cómo se resuelve. Al menos el cine chorras de los últimos veinte años podía presumir de cutre, pero me temo que la IA también se va a encargar de borrarlo. Estrenan mañana la nueva de Silent Hill y miedo me da.
Por cierto, me volví a ver hace unos días la Resident Evil: Welcome to Raccoon City de Johannes Roberts y me sigue pareciendo la mejor adaptación de Resident Evil. No pretende ir de lo que no es, tiene un presupuesto muy bajo y a veces los personajes parecen cosplayers, pero es que está muy bien dirigida y saca oro de una narrativa, la del videojuego, que es de risa. Es de esas pelis que no entiendo que les hayan dado tantos palos.
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