¿Es aquí la fiesta?
Hemos llegado a un año más, 17 en el blog y cinco desde la nueva normalidad que sustituyó a esos nuevos años Veinte y que ha salido un poco rana. Dos guerras que se han quedado estancadas, la sensación de que todo va mal…¿todo? ¡no! este año contamos con un nuevo temor razonable y fundado: la IA va a cavar con los puestos de trabajo y toda la creatividad, además de fundir los casquetes polares, seguramente. En realidad, después de conocer a los Brainrots italianos, y que un tiburón con zapatillas de deporte se hiciera viral, creo que podremos seguir más preocupados por el colapso económico: la inteligencia artificial está más cerca de un vejestorio gagá que del dios indiferente del que nos prevenía la ciencia ficción.
Un año más en el que el no-apocalipsis lo vamos llevando, la playa sigue en su sitio y mis gatas son oficialmente senior. Ocho y once años muy bien llevados, y espero que lo sean una par de décadas más.
Apunta y dispara. Siendo todavía un hobby en el que mi capacidad de reacción ese ve puesta en evidencia, este 2025 he saltado de Telltale y los juegos de conversación a algo más dinámico: los de Remedy, empezando por Allan Wake 2 y Control. Si el primero me ha sorprendido por su complejidad y sentido de lo extraño, algo así como un Twin Peaks pasado por el horro cósmico y la cultura popular, la versión pulida del creepypasta de la SCP me ha costado un poco más…pero no hay nada que no se solucione reduciendo la dificultad y siguiendo los consejos de un conserje. Ojalá la vida también viniera en modo fácil.
El siglo XXi: algo bueno tendrá. Aunque los ochenta siguen siendo la década recurrente en cuanto a cine, durante el año he podido ver películas como la Inglaterra rota de Danny Boyle en 28 años después, con la promesa de secuela. El Nosferatu de Eggers, aunque no me convenciera su tendencia hacia una de las tramas de Penny Dreadful, es todo lo que podemos esperar de él y ese brujo vampiro interpretado por Bill Skarsgard tiene tanta a presencia como la sombra de Schreck y o el patético Kinski. Weapons demuestra que Zach Cregger mantiene una buena línea de terror moderno con mucho humor negro, y pese al bombo que se le dio, La sustancia me pareció y me sigue pareciendo, lo que podría pasar si a Moderna de Pueblo le dijeran “haz una película de terror feminista”.
La posguerra, los sesenta y el grano setentero. He saltado de década, gracias a referencias y recomendaciones. Consejos que además de animarme con un cine que me parecía demasiado lejano o del que no me consideraba con suficiente cultura cinematográfica como para hablar de él, me descubrieron la faceta más oscura de Chaplin en Monsieur Verdoux, lejos de ese gran dictador esperanzador que hoy hen día no podemos creernos. La posguerra traería cine negro como El cebo un Ojos sin rostro, más cercano al fantástique que al policiaco, y unos sesenta entre la Europa del Este de El incinerador de cadáveres o El barón fantástico. Si 2024 fue un poco Walter Mitty, en 2025 la luna es de los poetas y los soñadores. Tras la rareza de Spider Baby llegaría el grano setentero. Desde Contra el imperio de la droga, como homenaje póstumo a Gene Hackman a El puente de Casandra ¿es que no podemos estar ni una década sin virus raros?
Hubo muchas películas este año que han merecido la pena, pero me quedo en cuanto a extrañeza con Trompe-l´oeil y Le seuil du vide. Fantastique setentero de casas anómalas y paranoias. Aquí somos de señores europeos de entreguerras, pero Jean Ray fue uno de mis primeros autores favoritos ras H. P Lovecraft.
Las señoras pulp. Terminé el año leyendo Shambleau de C. L. Moore. Si la castellana Jirel de Joiry me había gustado, también lo hizo su mercenario espacial Northwest Smith. Moore es solo una de unas cuantas autoras que en parte gracias a Gótico botánico pude descubrir y que una afortunada combinación de regalo de reyes y planificación editora de Impedimenta, con Hermanas Raras, hicieron que para el 2026 pueda seguir leyendo algo más de esas señoras de los años veinte.
Me quieren meter en una secta ayuda. tras siete años asistiendo a las Celsius sin falta, incluido el 2020 de aforos limitados y mascarillas, 2025 fue el año más decepcionante: colas interminables, no poder asistir ni a la mitad de charlas que tenía previstas y cientos de personas cargadas con libros voluminosos y disfrazados de personajes que ni me sonaban ¿pero quién ese ese Brandon Sanderson que los tienen locos? Esta sensación de desconcierto, de encontrarse por primera vez con un fenómeno de la literatura fantástica que me era ajeno y un poco el fastidio de hacer colas durante horas hizo que mi primer contacto con este señor fuer a el de cierta ojeriza. No contaba con que sus fans estuvieran infiltrados por todas partes (incluida mi familia) y tras un muy poco sutil “oye, ¿te has leído algo de Sanderson? Acabara con un ejemplar de Nacidos de la bruma envuelto en papel de regalo. Y aquí estoy a enero de 2026, leyendo a un autor que no hay inventado nada y que me atrevo a calificar de más simple que el mecanismo de un chupete, pero que conoce su oficio y lo desempeña bien. Al menos he conseguido enterarme de qué era la capa de flecos que llevaban sus fans en Avilés.
Un año más, en un mundo cada vez más raro. Un cyberpunk cutre que se va llevando como se puede mientras el señor naranja de la Casa Blanca decide emular a las películas de la Canon. Como lo de empezar el año tranquilo parece que no es lo nuestro, nos queda seguir adelante, agarrarse a lo que nos hace feliz y procurar hacer todo lo posible para que los gatos puedan tener una buena vida. Somos la única especie capaz de abrir latas de mousse y sobres de comida. Mantengamos trabajando esos pulgares prensiles.







