Series de tv, libros, cine...y una constante presencia gatuna

jueves, 23 de julio de 2020

Lecturas de la semana. Los ochenta y sus clásicos



Pese a dedicarle mucho tiempo a la literatura de terror, hubo muchos libros que en su día gozaron de cierta popularidad, o en su defecto, de publicación en España, que acabé ignorando. Por no haberlos encontrado ni de saldo, por no interesarme mucho el argumento, o porque en su momento, estaba un poco saturada de su autor. Tampoco tenía muchos motivos para recordarlos ahora, salvo el haberlos visto mencionados (o sus portadas) en Paperbacks from Hell, el tener tiempo y que estuvieran disponibles, o quizá también un poco de nostalgia inventada a media de la época de Martinez Roca y de las cubiertas con el nombre de Stephen King en grande



El ejecutivo. Thomas M. Disch. Más conocido en el campo de la ciencia ficción con Campo de concentración, su novela sobre asesinos, apariciones sobrenaturales, el cielo, y sus salas de espera forma parte de una trilogía de narraciones independientes llamada Minnesota Sobrenatural. Un adjetivo que sí le va mucho mejor que el calificarla de terror. Porque el asesinato cometido por Bob Glandier, un despiadado ejecutivo que despacha a su esposa brutalmente, y el deambular de esta entre el purgatorio y la tierra, es más una comedia negra donde se dan cita una visión muy paródica de las entradas al cielo, los espíritus con tareas pendientes en el mundo, e incluso de las posesiones demoniacas y de otras creencias como la reencarnación, haciendo que el más allá que describe el autor sea muy difícil de tomárselo en serio y su tono, sin ser deliberadamente humorístico, hoy recuerda mucho al que podría encontrarse en muchas de las temporadas de American Horror Story.

Este es uno de esos casos en los que la contraportada resulta muy engañosa, planteando desde el primer momento una narración como algo de terror cuando esta, desde las dos primeras líneas, no pretende serlo. Cuanto menos, extraña, con un tipo de comicidad que no resulta tampoco para todos los gustos pero que resulta toda una curiosidad. Además Disch es uno de esos autores que ha tenido la suerte de ver al menos una de sus obras adaptadas al cine…aunque en este caso se tratara de La Tostadora Valiente.



El misterio de Salem´s Lot. Stephen King. Sí, hemos llegado hasta el 2.020 sin leer el que se considera uno de los más populares de su primera época (y Cementerio de animales, tampoco) y en el que se puede apreciar por qué empezó a apodárselo “rey del terror” en esa década. Este se aproximó a muchos elementos propios del género, como lo fueron la locura, los fantasmas y los hombres lobo, correspondiéndole a Salem´s Lot los vampiros. Porque lo que hay en el pueblo, pese al título en castellano, de misterio no tiene mucho: los personajes, al menos los más avispados, se dan cuenta que la llegada del señor Barlow a la ciudad coincide con las desapariciones y muertes de varios de sus habitantes. La historia, con sus personajes siendo perseguidos o persiguiendo, según la hora del día, no muertos, podría ser un tópico en manos de otro, pero es en la descripción del pueblo y de sus personajes, donde se nota su talento como escritor: este destina más tiempo a dotar de vida una localidad que describe como cualquier otra, con sus cotidianeidades, su gente normal y también sus pequeñas miserias con las que se han acostumbrado a convivir, y su tratamiento del vampirismo recuerda un poco al que se describía en Drácula: unas criaturas con la inteligencia suficiente como para engañar a sus allegados y seres queridos, pero dominados por el instinto animal y cuya única idea es la de continuar extendiendo su especie. Incluso la descripción de la progresiva desaparición del pueblo guarda cierto parecido con lo que podría pasar en cualquier lugar a causa de una crisis: las tienda cierran. La gente se va, o simplemente, desparece, y al final no queda nada.


La narración, al menos en su prólogo, mantiene un tono crepuscular, donde los dos personajes principales deambulan de un lugar a otro hasta descubrir que este no es otro que el epílogo (un recurso que también se había utilizado en Fantasmas de Peter Straub) y a partir del cual, se desarrolla la narración con un estilo muy distinto, casi costumbrista, en el que lo sobrenatural va apareciendo paulatinamente. Breve, comparada con lo que vendría después, muy clásica, dado que el antagonista no es otro que un vampiro, es fácil comprender por qué esta fue una de las más populares de King y casi una lectura obligatoria para conocer al autor.

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