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jueves, 7 de marzo de 2019

Están vivos (1988). El hombre con gafas de rayos X en los ojos



A John Carpenter le debemos algunas d elas mejroes películas de loso ochenta. Y de las mas variadas. Desde el cine de acción, hasta el cuento de fantasmas, pasando por el horror cósmico. Pero incluso en una filmografía marcada por los presupuestos y la limitación de la serie B, hay algunas producciones que se consideran menores. Algo relativ, porque Golpe en la pequeña China es una de las comedias de acción más divertidas y…bueno, en este blog, lo que hay es auténtica devoción por Carpenter.



Están vivos sería uno de los estrenos menos considerados en comparación al resto. Una ciudad cualquiera, de Estados Unidos, en un futuro cercano donde el país vive sumido en una recesión económica. Uno de los desafortunados, en durante una búsqueda de trabajo poco exitosa, encuentra algo muy distinto: un simple par de gafas, que le permiten ver una realidad amuy perturbadora: carteles publicitarios que ocultan mensajes como “obedece”, “compra” o “no pienses” y que bajo la máscara de ciudadanos normales se esconden unas criaturas con aspecto de esqueletos descarnados. Pese a temer estar volviéndose loco, este descubre que no es el único, y un grupo de gente corriente también conoce lo que el resto no puede ver. Y, aunque las posibilidades de éxito sean escasas, intentan desvelarlo al mundo.


l guión es una mezcla muy particular de ciencia ficción de los cincuenta, distopía de acción y mensaje social muy evidente. Las referencias a El hombre con rayos X en los ojos o La invasión de los ultracuerpos están muy presentes y reconocibles en esa trama acerca de la posibilidad de ver otra realidad y de criaturas infiltradas en la sociedad. Estas últimas aparecen caracterizadas de una forma, en apariencia, muy poco coherente con una trama de ciencia ficción: unos esqueletos azules de ojos saltones, que a ratos recuerdan a las ilustraciones de Marte ataca, y a ratos, a un cadáver, aunque en realidad, la intención parecía ser resaltar lo extraño y lo ajeno a la normalidad.

Estos no salen demasiado a menudo, salvo para golpes de efecto, y los escenarios poco se diferencian de una ciudad cualquiera en los ochenta. Unos exteriores urbanos, y unos decorados simulando sótanos y pasillos no es precisamente la distopía más vistosa de la historia, pero funciona en una época en la que la recesión económica aún estaba muy reciente.
Esta no se esconde en una película que hace gala de una crítica social que resulta un poco chocante en una producción de entretenimiento…y que por la forma de tratarla, muy directa, recuerda a la que podía verse en la trilogía de los muertos vivientes de Romero. Sin parecer una protesta, va a lo que le interesa de forma simple, sin complicarse con sutilezas.


Quizá Están vivos sea una producción menor de Carpenter. Es difícil no ver al actor protagonista, Roddy Piper, y pensar que quien debería estar ahí es Kurt Russell. También puede hacerse cuesta arriba el encontrar una crítica social muy sencilla, en una película tan de serie B. Después, tras unos cuantos minutos de ciencia ficción paranoica y el ritmo ágil propio de su director, hace que esta se disfrute igual. E incluso treinta años después, con la enésima crisis económica a espaldas del público y con la sospecha acerca de todo y de todos, no es una mala idea volver a encontrarse con este guión.

2 comentarios:

José Miguel García de Fórmica-Corsi dijo...

"Están vivos" es una serie B tan sobria e incluso severa que eso precisamente le otorga una atmósfera especialmente incómoda. Yo la disfruté en su estreno (es el primer Carpenter que vi en el cine) y la he seguido recuperando cada cierto tiempo. Nunca entusiasma, tal vez porque con ese ascetismo, incluso con la poca simpatía que despiertan sus personajes, resulta imposible. Pero siempre entretiene y despierta respeto. Y ese final tan abrupto, que desenmascara a los extraterrestres pero que se niega a contar qué pasará después, me parece memorable.

Renaissance dijo...

Es cierto que sobria es una buena forma de calificarla: carece de la intención más dinámica de 1997, y queda muy lejos de la locura de Golpe en la Pequeña China. No entusiasma, pero tiene un punto inquietante que hace muy facil revisitarla cada cierto tiempo.

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