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jueves, 15 de junio de 2017

Regreso al laberinto. Segundas partes nunca fueron buenas. Y a veces son incluso peores.


Muchas veces nos encontramos con una buena historia, perfectamente cerrada y cuyo autor ha contado en ella todo lo que quería. Algo que, como lectores o espectadores, aceptamos aunque más de una vez tengamos la tentación de querer saber qué pasa después. Con los protagonistas, con lo que les ha pasado, o con el mundo en el que viven. A veces esa secuela llega, para bien o para mal, y no siempre es lo que se esperaba. El autor ha evolucionado y no ve las cosas de la misma forma que entonces. O peor: este ha fallecido y de la tarea se encarga un equipo distinto, cuyas ideas poco o nada tienen que ver con la original o que vienen pautadas por los actuales propietarios de los derechos. Algo que desgraciadamente sucedió con los dos largometrajes de Jim Henson, que vieron una continuación en cómic que por suerte no tuvo demasiada repercusión fuera del formato gráfico.



Regreso al laberinto continúa una década después de que Sarah salvase a su hermano pequeño del laberinto creado por Jareth, el rey de los goblins. Esta ha cambiado mucho desde entonces, siendo una adulta que ha olvidado sus fantasías infantiles mientras que Toby, ahora un adolescente, es vigilado de cerca por Jareth, quien tiene a Toby como su protegido vigilándolo muy de cerca en el mundo de los humanos. Pero ahora el rey de los goblins ha desaparecido, y Toby es reclamado para tomar el lugar del anterior soberano en un momento muy complicado: tras años de ser protegido por los goblins, este se ha vuelto un adolescente egoísta. Y en el mundo de los goblins hay otros personajes, como la reina Mizumi, que pretende hacerse con el trono vacante. Además de una joven goblin que oculta su rostro tras una máscara y que parece esconder un importante secreto sobre el laberinto.


El planteamiento de la película de Henson no daba mucha cancha a ninguna continuación. Al menos, en lo que era su principal trama, el paso de su protagonista hacia la madurez y la responsabilidad. Pero, al igual que en el final de esta, los goblins, el laberinto y los amigos de Sarah, permanecen. Podría haber ahí una posible continuación, al menos quedándose solo con la parte fantástica, las aventuras, y no la metafórica. Algo que decidieron explotar para un guión y un comic que en conjunto, da la impresión de ser un sacacuartos repartido en tres tomos.



La elección del dibujo resulta muy arbitraria: los diseños de Henson, y los dibujos de Brian Froud, nada tienen que ver con la estética manga que se ha elegido como soporte gráfico. El haber escogido un estilo tan concreto y a la vez, tan alejado del material original, huele un poco a chamusquina. Parece que la idea proviene del estudio de mercado previo, donde la estadística demostró que un porcentaje de los fans de la película que comprarían una continuación son también aficionados al anime (algo así como la versión manga de Pesadilla antes de Navidad). Pero también esa elección resulta un tanto engañosa: si bien el primer tomo se anuncia con una cuidada ilustración donde aparecen Toby y Jareth con un aspecto bastante lánguido y melancólico, el resto nada tiene que ver con la portada: las cubiertas y el comic se encargaron a personas distintas, y en el caso del último, a un tipo cuyas habilidades artísticas son bastante flojas. Si ya es un estilo donde a los personajes se les reconoce a veces por cuestión de fe y por mencionar mucho sus nombres, el dibujo de Chris Lie no alcanza los estándares profesionales minimos ofreciendo unas lineas muy simples, a veces patosas, unos rasgos que no pasan de ser lo que podría dibujar cualquier aficionado al manga en sus primeros pasos, y emborronando el resto con tramas grises para aparentar algo de profundidad. Hay dibujantes aficionados con bastante más talento y recursos que el que pueden verse en estas páginas.



La impresión de ser un trabajo de aficionados también se hace muy evidente en el guión: los personajes principales están ahí, o al menos, en su mayoría. Porque a las pocas páginas el guionista decide sacar de escena a los creados por Henson, apenas viendo nada de Ludo, Sir Didymus, Ludo o Hoggle, para darle protagonismo a los creados por el: un hada minúscula con un traje de dominatrix, y un bichejo peludo que en realidad es una copia de Ludo en miniatura. Aunque tal y como avanza la narración, casi se agradece que los originales se quedaran fuera de este. Porque el resto, al igual que el dibujo, no pasa de ser un poco un fanfic. Uno con muchos capítulos y una trama enrevesada, pero que se separa completamente de las normas y el universo que había sido el Laberinto que conocieron sus espectadores. Donde cada vez aparecen más elementos fuera de lugar, como esa antagonista llamada Mizumi o sus hijas, disfrazadas un poco de lolitas góticas. O, donde se intenta dar coherencia y expandir el mundo de Henson, algo que este no necesitaba...Aunque esto último no es culpa del guión, sino que es un mal típico de las secuelas prefabricadas. Por lo que no es muy adecuado ponerlo como una queja, porque el lector sabe que se arriesga a algo así.



Regreso al Laberinto parece el resultado de un estudio de mercado hecho a medias y donde el presupuesto disponible se fue en los responsables de llevarlo a cabo en lugar de a los artistas encargados de hacer el comic. Con un estilo de dibujo cuya única excusa parece ser que “a los jóvenes de hoy les gusta el manga” y una historia enrevesada para justificar cuatro tomos, no llega ni a ser algo anecdótico o una lectura entrañable, sino una sin la cual podría haberse pasado perfectamente. Y tras la que dan ganas de revisar el final de la película para quedarse con mejor sabor de boca.

2 comentarios:

Kaoru dijo...

Con este tipo de cosas, la verdad es que me cuesta animarme. Adaptación a otro formato, vale; continuación ajena al creador... complicado.
Pues va a salir en nada la segunda parte de El cristal oscuro y estoy que tiemblo, porque la película original es otra de mis favoritas. Ojalá dejaran las cosas en paz.

Renaissance dijo...

A veces es imposible no caer: combinación de nostalgia, de en el fondo no querer que la historia se acabe, aunque sepamos que está cerrada y bien cerrada...y cuando se trata de continuaciones ajenas a su creador, o directamente, con estilos y formatos que poco tienen que ver, si no es por un estudio de mercado, el resultado puede ser un desastre.
A nivel de realización me parece que la secuela de Cristal Oscuro será impecable: Netflix cuida mucho sus productos y saldrá una buena producción. Pero no es Henson. No es el Cristal Oscuro original y en el fondo sabemos que es un truco bastante ingenioso para sacar dinero con las obras que admiramos.

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