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lunes, 21 de marzo de 2016
Macbeth (2015). Una sola obra, y varias versiones para cada público.
Los clásicos nunca han sido un punto fuerte en mi caso. Lope se queda en una lista de títulos teatrales memorizados de cara a un examen y en una proyección de El perro del hortelano de Pilar Miró. Shakespeare, en una enumeración teórica de como sus personaje representan pasiones y defectos humanos. Y de como películas y novelas de siglos posteriores se inspirarían en muchos de sus argumentos. Los cuales, por cuestión de intereses y aficiones, conozco bastante mejor que a Hamlet o a Próspero. Y por lo que la frase "When shall we meet again?" me hace pensar en Magrat Ajostiernos en lugar de las brujas de un clásico del teatro.
Esta es también la frase con la que se abre la última versión de Macbeth, donde el director Justin Kurzel traslada el texto original de Shakespeare a la pantalla. Una vez más, como en tantas otras representaciones, una profecía desencadena una historia de ambición, locura, destinos ineludibles y quizá un ciclo condenado a tener lugar de nuevo. Profecía que se convertirá en la obsesión de Macbeth y su esposa, quien perderá el favor del Rey, la amistad y la vida de Banquo por la corona que unas hechiceras le anunciaron. Pero que a su vez, también le advirtieron de su inminente pérdida.
Hay miles de formas de pasar a Shakespeare al cine: las formas teatrales, los escenarios modernizados, conceptuales o la recreación histórica. Kurzel opta por una plasmación que mezcla ambos estilos_ los personajes de la obra se mantienen, al igual que la época, el lugar y el verso de los diálogos. Pero estos se muestran de una manera muy irreal, donde las tierras escocesas aparecen envueltas en nieblas, en ocasiones en colores imposibles y donde las construcciones y los vestuarios suponen una mezcla de culturas y épocas pasadas. Escocia aparece aquí un paraje desolado, cuyas escasas fortalezas medievales esconden catedrales góticas, y donde la vestimenta de sus habitantes es una mezcla de atuendos europeos, orientales y adornos de aspecto ortodoxo. El resultado se separa del contexto histórico reconocible, pero que aporta algo distinto. Al igual que las secuencias de acción que una obra, que, incluyendo batallas y duelos, incluye de forma necesaria: esta se aleja completamente de las multitudes y la filmación típica del cine histórico, pero también del estilo más moderno impuesto desde 300: planos fijos, cámaras lentas, e incluso fotografías donde su protagonista es el único que parece poder moverse en el escenario.
Esta aproximación se nota también en el resto de la realización. Seguir un texto clásico para alguien no acostumbrado es difícil, pero más atrayente recurriendo a una estética muy alejada de los clasicismos y donde el referente más cercano son lo irreal o los sueños. En este caso, mediante escenarios grises, fantasmagóricos, o donde estos cambian de forma drástica y son capaces de mantener una secuencia final filmada íntegramente en rojo. Y donde un elemento tan propio del teatro como el monólogo se resuelve en muchos casos mediante una técnica tan propia del cine como la voz en off y las secuencias de transición.
En esta ocasión Macbeth y su esposa son interpretados mor Michael Fassbender y Marion Cotillard, de esos actores que alternan cine de taquilla con producciones más personales y que en ambos casos, cuentan con un carácter propio muy marcado que imprimen a sus personajes. La aproximación a estos es en general, poco de escenario teatral pero sí muy emotiva: estos mantienen muy poca distancia entre ellos, parte de los diálogos parecen susurrados entre ellos. Actitudes completamente opuestas a las brujas, cuya aparición comienza con su célebre frase pronunciada de una forma completamente neutra, pero con cierto fatalismo y melancolía.
Macbeth es una versión de tantas otras de un clásico. Pero que, lejos de quedarse en un estilo más formal, o en una película para ser proyectada en una clase, opta por un estilo visual muy propio. Y que por lo fantasmal, por la aproximación de Fassbender y el reparto, y también por lo macabro, se ha convertido en mi versión de Shakespeare.
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lunes, 18 de febrero de 2013
El irlandés (The Guard, 2011). Cuando las películas de policías se hacen con mala baba
En el cineclub se han tomado bastante en serio el tema de hacer un ciclo de comedia, y aunque en la selección que hicieron incluían varias películas con tema social o problemáticas de pareja como trasfondo, esta vez se han tirado a la piscina y optar por una película que ni hace crítica, ni tiene drama, y que hasta incluye temas tan poco sesudos como las comedias de policías. En la presentación juraban y perjuraban que también incluía referencias de actualidad como los sobornos y la corrupción, pero, hay que reconocerlo, hasta los intelectuales y cinéfilos necesitan de vez en cuando un descanso y una película con la que divertirse sin complejos.
El irlandés es el guardia Gerry Boyle, un policía de Connemara que, además de encargarse de un pueblo bastante tranquilo, es un elemento que no da muy buen nombre a la policía: no se corta en robar drogas de los escenarios de un delito (y utilizarlas), hace la vista gorda al tráfico de armas del IRA, es asombrosamente racista y orgulloso de ello, hasta el punto de responder todo tipo de burradas al agente negro del FBI que llega a Irlanda investigando el destino de un alijo de droga que, en unos días, debería desembarcar en la costa Oeste del país. No parece precisamente el mejor tipo con el que trabajar, pero tampoco queda otro remedio cuando uno de los narcotraficantes implicados aparece muerto en su pueblo, y por lo que se sabe, los otros tres andan cerca.
El agente Everett deberá ponerse a trabajar con un policía que se marcha a Dublín de picos pardos en su día libre e intentar obtener información de unos paisanos que pasan de él ampliamente, mientras gran parte de las fuerzas del orden son sobornadas por los narcotraficantes…Pero tiene algo a favor con su compañero: es el único policía al que estos no han conseguido comprar, ni con chantaje ni con dinero. Y no está muy contento desde que estos delincuentes han asesinado a uno de sus agentes (bueno, al que tenía, que el pueblo es pequeño).
Todo el público coincide en lo mismo: ese niño es raruno e inquietante a partes iguales
La película es una versión, más extrema y con mucha más mala idea, de las comedias en las que dos polícias completamente opuestos tienen que colaborar. Y aunque el agente del FBI sea un policía de los serios, que podría aparecer en cualquier otra, a los chistes para todos los públicos los sustituye un humor más negro, que no solo no se corta con los tacos sino con situaciones más escabrosas como el consumo de drogas, el terrorismo, y especialmente, la corrupción policial. Tampoco se cortan en pasar de los estereotipos del país que tanto se promocionan en las oficinas de turismo: el paisaje irlandés será bonito, pero la gente puede estar igual de pasada de vueltas, corrupta y delincuente que en cualquier otro sitio.
El personaje de Boyle, pese a los puntos desagradables, está lejos de ser la versión irlandesa de Torrente, sino que es un tipo nada grimoso, mucho más estoico y metódico, con unas opiniones muy suyas e incluso una parte sensible cuando visita a su madre a la que le quedan semanas de vida. Los narcotraficantes, siendo unos tipos que recurren a las mañas típicas de su oficio como el asesinato, el soborno y cualquier otro comportamiento regulado en el código Penal, llegan a plantearse qué están haciendo con sus vidas durante una visita al acuario de Galway, e incluso se ponen a discutir sobre sus filósofos favoritos, cosa que recuerda un poco a otras películas de mafiosos peculiares como In Brugge o Snatch. Seguramente la cara más conocida de estos tres es la de Mark Strong, que desde la versión de Guy Ritchie de Sherlock Holmes, parece que se ha abonado a hacer de malo (además de quedarse cada día más calvo).
Su principal fallo es un comienzo un poco confuso. El hilo conductor de la película es un argumento que podría valer para un guión dramático, pero el tema de la primera investigación se diluye un poco al dedicarse a presentar a su particular protagonista, la trama sobre la desaparición de su compañero, y sobre todo, la colaboración del agente del FBI con el sargento Boyle resulta bastante forzada. Incluso algunas situaciones pueden resultar un poco difíciles de entender como las referencias a las actividades del IRA que, presuntamente, ha abandonado las armas. Pero, tratándose de referencias hechas por, y para irlandeses, no son precisamente un problema.
Tratándose de una comedia negra, principalmente, no va haber situaciones abiertamente cómicas, pero sí diálogos bastante ácidos y una total falta de prejuicios a la hora de meterse con muchos estereotipos, lo que da para unos noventa minutos que, después del principio un poco desorientado, son de lo más aprovechable.
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lunes, 4 de febrero de 2013
Ruby Sparks (2013) El escritor neurótico que se materializa una novia
Debe ser una tradición que a los cineclubs se vaya a pensar y no a pasar el rato. Bueno, según qué películas, si se trata de algún documental iraní, lo que sí se va a pasar es un mal rato. En resumen, que en cualquier ciclo que organicen, lo más normal es que se trate de dramas o documentales, y que géneros más ligeros se queden fuera de la cuestión.
De todas formas, algo hay que variar, y la comedia también sirve en películas fuera del circuito comercial, cosa que demuestra Ruby Sparks, una historia de esas en las que sin mucha explicación, la fantasía y la realidad se mezclan cuando Calvin, un escritor bloqueado descubre que una chica llamada Ruby, sobre la que lleva escribiendo varias noches acaba de materializarse en su piso y parece bastante feliz de ser su novia. Aunque en un principio el protagonista crea estar volviéndose loco, se olvida de todas sus preocupaciones cuando comprueba que ella es tan real que todo el mundo puede verla, además de caerles bastante bien. Pero alguien creado por la imaginación de un escritor tiene una desventaja: este puede ser modificado según lo que el novelista escriba, desde sus acciones hasta su carácter. Y aunque la posibilidad de controlar de esta forma a una persona sea algo a lo que el protagonista se niegue, cuando este teme que su novia acabe cortando con él, acaba planteándose lo contrario con algunos resultados graciosos y otros un tanto más desagradables.
Aunque se plantee como una comedia, cosa que ayuda lo absurdo de la situación, y sobre todo, muchos de los ridículos que hace el protagonista cuando se encuentra con la chica que él ha inventado, la película va derivando hacia un tono más dramático y un tanto angustioso desde el momento en que este decide volver a escribir sobre su novia para evitar perderla. Las primeras secuencias son abiertamente cómicas, con una Ruby convertida en una persona insoportablemente mimosa incapaz de separarse de su novio, a provocarle un estado permanente de alegría también bastante difícil de aguantar. El devolverla a la normalidad, y que la posibilidad de romper se haga cada vez más real, hará que su siguiente modificación sea mucho más agresiva y tan violenta como una secuencia de violencia doméstica.
De hecho, el protagonista pasa de ser un simpático escritor bloqueado, un poco neurótico, y que todavía sufre por su exnovia, aun tipo tan insoportable que hasta sus propios personajes cortan con él, y con una fijación por controlar a los demás que acaba cruzando la línea de la violencia. Ruby, la chica imaginada por él, empieza como el estereotipo de chica alocada y un tanto complicada que suele gustar en el cine independiente, para convertirse en una persona mucho más real, con sus defectos, sus cambios de humor, y muy pocas intenciones de pasarse la vida sin más horizontes que ser la novia del protagonista. El resto de personajes también tienen sus detalles, que se irán viendo a lo largo de la película, y en un reparto de caras poco conocidas (uno de ellos es la novia de la guionista), aparece Antonio Banderas al que el cine independiente parece gustarle bastante.
Con el cambio de tono la historia mejora bastante, porque la primera parte, más cómica, resulta tan hipster que parece sacada directamente de un manual sobre el tema: el personaje con pinta de geek, la chica con pasado un poco turbio pero alocada y excéntrica, y hasta una máquina de escribir que el protagonista utiliza hasta que se acuerda de cambiarla por un portátil…Mac, obviamente. Y hasta una banda sonora de temas sesenteros y canciones en francés. Ruby empieza como el estereotipo de chica que le gustaría a un personaje como el protagonista, completamente estrafalaria y divertida (para él) hasta un punto que parece una caricatura del estereotipo popularizado por Zooey Deschanel. Tanta alegría y buen rollo se va deshaciendo a medida que el protagonista empieza a aparecer menos neurótico y más desagradable, a la vez que la historia pierde un poco el tono un poco artificial y gana puntos con el drama que empieza a desarrollarse.
Lo que empezó como una comedia que no me convencía, acabó como un drama que terminó por gustarme, tanto por la evolución a mejor de la historia, como el encontrar algunos parecidos (salvando las distancias) con historias sobre relaciones peculiares como pueden ser los comics de Scott Pilgrim.
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jueves, 23 de agosto de 2012
4:44 Last Day on Earth (2011). El fin del mundo para intelectuales
Estoy convencida que así es como nos ven nuestras mascotas
En el último año, muchos directores se han fijado en el tema del fin del mundo. El más sonado ha sido Lars Von Trier, que no dudó en buscarse un planeta que acabara con la tierra, aunque Abel Ferrara también decidió probar suerte con un argumento igual de extremo y un estilo de guión bastante parecido a este: olvidarse del tema como un conflicto en general y centrarse en cómo esto afecta a los protagonistas. Algunos lo llamarán “visión intimista” y otros, con más mala idea, dirán que solo lo hacen porque no hay presupuesto para acabar con el mundo con más efectos especiales. En fin, cada uno se queda con el estilo que prefiere, y por mi parte, he acabado quedando más satisfecha con el planeta Melancolía que con la versión medio ecologísta de Abel Ferrara.
En una película sobre el fin del mundo no hace falta preocuparse por los spoilers, por lo que el argumento, a grandes rasgos, es el siguiente: a las 4.44 de la madrugada, la atmósfera de la tierra va a desaparecer y con ella, todos los seres vivos. Los protagonistas, un actor y una pintora, abordan el tema con todo el estoicismo que les es posible: se han despedido de sus amigos y familiares, hacen meditación, pintan, hablan por skype y esperan pacientemente que llegue la hora. Ah, y también piden comida para llevar. Porque será el fin del mundo, pero estos asiáticos no pierden un momento para dirigir bien el negocio.
Con personajes como estos, en más de una ocasión quise que se terminara el mundo. Y la película
A pesar de lo deprimente del tema, lo que predomina en toda la película es una sensación de fatalismo, y sobre todo, de paciencia. Porque para acabarse el mundo en unas poquitas horas, todo sigue funcionando perfectamente hasta el último minuto, desde Internet, hasta la tv, pasando por los negocios de comida para llevar, los karaokes o los gimnasios. Parece un poco extraño, pero lo explican perfectamente diciendo que es difícil plantearse un día sabiendo que no va a haber un mañana, por lo que todos optan por seguir con su vida como pueden, y unos pocos, recurren al suicidio. Si hay actos de violencia o saqueos, no aparecen…y es que seguramente, tiene muy poco sentido entrar a robar a ninguna parte cuando se sabe que lo que se está haciendo no sirve de mucho.
Los personajes no tienen gran cosa que ver con esto del fin del mundo, y de hecho, podrían haber sido cualquiera. Lo que se sabe de ellos, se va presentando según avanza la película vía conversaciones telefónicas o alguna referencia. Cisco, el protagonista, es el que seguramente lleva peor esto del fin del mundo, se desespera en algunas ocasiones, pero tras descubrir que tiene una hija de un matrimonio anterior, y ver cómo se echa a llorar hablando con ella por skype, es normal. También ha sido adicto y le resulta muy difícil no recaer en las últimas horas de la tierra, seguramente por aquello de “para lo que me queda en el convento..” Su actual pareja parece tenerlo más asumido, con todo eso del tema de la meditación, pero según se los va conociendo, se ve que tampoco son precisamente el colmo de la integridad: además de estos detalles, se sabe que él dejo a su mujer por su nueva novia, bastante más joven y que esta, de madurez, tampoco va muy sobrada. Seguramente la forma de caracterizar a los personajes sea lo más interesante, porque con unos cuantos diálogos se ve la lamentable forma que tiene el protagonista de echarle la culpa a su exmujer por haberlo echado de casa tras descubrir la infidelidad, y su novia no duda en llamar a su madre (otra personaja para darle de comer a parte. Sus treinta segundos de palabrería espiritual y política son para terminar de perder la fe en el género humano) quejándose de lo mala y fea que es la exmujer de su pareja. Todo esto, teniendo en cuenta que ninguno de los personajes se explaya mucho hablando, es un logro.
Por si no fuera poco acabarse el mundo, encima pierde el tiempo viendo la tele.
En cambio, no es una película redonda, y lo que es peor, sus 87 minutos se me hicieron muy largos…Y es que la realización es bastante pretenciosa: más que diálogos, lo que incluyen durante todo el metraje son extractos de entrevistas de determinados personajes, desde Al Gore, por lo de la ecología, hasta al Dalai Lama, además de muchas otras secuencias de las que no tengo ni idea si son tipos de verdad, o si es parte del metraje de la película: la filosofía no es mi fuerte y el cine de autor, tampoco. Se supone que sirve para enmarcar todo el contexto de la historia y de darle el toque global, cosa que también ayudan las escenas de gente en las calles, entre velas, concentraciones y demás reuniones que suponemos que son los últimos minutos que las cámaras de televisión han filmado. Pero por mucho que sea esa la intención, no funciona y todo ese montaje de vídeos variados, y sobre todo, los diálogos-batiburrillo sobre espiritualidad y creencias que se marcan algunos de los personajes, solo hizo que este final fuera desastroso y no cortante.
Lo mejor que se puede decir de este Last Day on Earth es que afortunadamente, no se prolonga más allá de los 90 minutos, pero, y aunque nunca creí que diría esto, su fin del mundo no puede compararse con el planeta gigante, y sobre todo, el fundido en negro que terminó Melancolía.
viernes, 27 de abril de 2012
Another Earth (2011). Planetas y dobles no necesariamente malvados
Anda que ahora vamos a rodar como si nos hubiera embestido el planeta Melancolía
Muchas veces películas o novelas que nada tienen que ver con el tema aprovechan un punto de partida cercano a la ciencia ficción para plantear cuestiones completamente distintas. La Carretera hablaba de la supervivencia y la preocupación por lo que queremos en un escenario catastrófico que nunca queda claro. Nunca me abandones, sobre la vida de unos clones a los que no les queda otra que servir de donantes de órganos. La historia que desarrollan poco tiene que ver al final con su premisa fantasiosa, más allá de servirle para tratar un tema que muchas veces sería imposible de escribir en una novela realista.
En Otra Tierra se descubre un planeta idéntico a este, y tras las primeras investigaciones se descubre que no solo es habitable y está poblado, sino que es un reflejo de la Tierra original (o de la segunda, según desde qué planeta se compare): cada persona tiene su versión exacta en el planeta que pueden ver enfrente, y por lo que se sabe, el desarrollo de los dos ha sido igualito, por lo que no queda en muy buen lugar la originalidad de la especie humana, pero esto es todo lo que podrá saberse de Tierra 2 (o 1).
Seguramente lo habréis adivinado, y si no...sí, es uno de los primeros tipos que salía en Perdidos
Lejos de contar preparativos sobre viajes al espacio o de cómo este descubrimiento afecta de forma global, la historia se centra en cómo esto afecta a dos personajes: la protagonista, que sale de la cárcel tras haber tenido un accidente de coche bastante desafortunado hace cuatro años, y el hombre que perdió a su familia en él. Sin muchas expectativas en la vida, la protagonista decide presentarse a un concurso en el que se gana un viaje a la otra Tierra, poco antes de encontrarse de nuevo con el hombre a quien arruinó la vida, que como era de esperar, tanto su vida como su casa están hechos una piltrafa.
El desarrollo de la película es bastante extraño: los dos personajes empiezan una relación de una forma bastante inusual, debido a que siendo menor, sus identidad se quedó en secreto tras el accidente, y que la intención inicial de la protagonista era pedir disculpas…Seguramente en una comedia romántica esto daría para divertidas situaciones y un final feliz, pero habiendo sido premiada en el festival de Sundance, y con todo el tema del planeta y el viaje al espacio, sabemos que no va a pasar nada de eso.
Lo absurdo de la situación sirve para tratar más o menos la moraleja o la filosofía de la película: la posibilidad de cambiar las cosas, corregir errores, o incluso, plantearse como podrían haber sido estas de no haber metido la pata estrepitosamente (como por ejemplo, conduciendo borracha y mirando el dichoso planetita), y la realización ayuda bastante: muchos silencios, secuencias con la protagonista desplazándose de tren en tren, limpiando la casa o simplemente, mirando al mar o a las noticias que van revelando más novedades sobre la otra tierra. También, muchos colores apagados y una fotografía algo opaca que, aunque según el director sirve para reflejar el estado de ánimo de los personajes, a mí me pareció un poco hipster: a veces parecía que en vez de cámara, habían filmado con Instagram…
A otra tierra hay que reconocerle también la eficacia con la que ha conseguido contar una historia: no es que pueda irse muy lejos con ella ni asquear al espectador con insufribles planos fijos, por lo que los usa lo justito y la trama se resuelve en noventa minutos, una minucia para lo que suele ser hoy en día. Además, el tema de los dobles, las vidas paralelas y las segundas oportunidades, me ha gustado bastante, aunque sea una versión mucho más seria en cuanto a la situación de los personajes, y sobre todo, alejada de explicaciones científicas, de la que podría darse en una película o novela de ciencia ficción más al uso.
miércoles, 7 de marzo de 2012
Las películas de los Oscars II. El árbol de la vida (2011). Profunda, muy profunda..O al menos lo intenta

El gato intelectual tiene sus dudas
Siguiendo con las películas que se presentaron este año (ya lo avisé en la anterior entrada, he visto varias), El árbol de la vida se fue tal y como había venido: sin nada de nada. Tras haberla visto, no me extraña.

La película de Terence Malick empezó a tener fama por lo incomprensible para el público estadounidense, y sobre todo, por las leyendas urbanas que circulaban en torno a su proyección: gente indignada marchándose del cine, creyendo que habían entrado a ver un drama con Brad Pitt y Sean Penn, y salas avisando que en caso de marcharse, no se devolvería el dinero de la entrada. Tampoco es para tanto porque películas raras o complicadas hay muchas, y no sé hasta qué punto sería algo inventado para generar expectación y atraer público. Y aunque se supiera ya su nominación, que siempre ayuda, yo solo la ví anunciada en una única sesión organizada por el cineclub local, y hasta donde sé, nadie se largó echando pestes, más bien al contrario.

La rareza de El árbol de la vida se encuentra más bien en cómo cuenta la historia. En un principio, se tratan de los recuerdos de infancia de un ejecutivo, en los típicos años sesenta bucólicos, con varios hermanos, una madre sensible, y un padre severo interpretado por Brad Pitt. Este argumento podría parecer el típico drama con actores conocidos que tiene todas las papeletas para llevarse varios premios…sino fuera por una realización mucho más cercana al cine de arte y ensayo (o la idea que tiene el público del arte y ensayo) que al dramón de toda la vida. De hecho, apenas hay diálogo, sino algunas frases sueltas, y la historia va contándose a través de imágenes de la infancia del protagonista, muy pausadas y que evocan, a través de situaciones que pueden ser angustiosas o nostálgicas, la historia de su padre y de su familia. En un principio, podría haber dado lugar a una película costumbrista diferente, capaz de narrar unicamente a través de imágenes y sensaciones, que confiando en diálogos o una historia definida, pero…por algún motivo, empiezan a aparecer escenas francamente raras. Así, con todas las letras. Porque, entre recuerdos del protagonista o planos de paisaje, salen por ahí unas secuencias del Big Bang, del espacio, y hasta de un dinosaurio al lado de un río…¡¡Y por Dios, que alguien me explique qué demonios pinta el dinosaurio en el río!!
Reptiles prehistóricos aparte, a El árbol de la vida le reconozco en parte el logro de una bonita escenografía, y una escena final, con el protagonista adulto, que pese a la falta de explicaciones, es capaz de transmitir mucho. Pero la sensación que me dejó en general fue la de ser un cruce extraño entre drama típico para los oscars y película gafapastas, lo que no es una mezcla muy buena. Y por algún motivo, tras verla, dormí como una bendita…lo que no puede considerarse una crítica muy positiva.
jueves, 12 de enero de 2012
Melancolía (2011). Lars Von Trier nos odia y quiere acabar con el mundo

Después hace doblete con una de Aki Kaurismaki
Lars Von Trier es uno de esos sesudos cineastas nórdicos que, cuando no están inventándose nuevas tendencias de cine, está ganando premios en festivales. Al menos, hasta que un día tuvo la genial idea de poner en una de sus películas a un zorro que dice “Reina el caos”, e Internet, que con cualquier cosica tiene mofa para rato, le perdió el respeto.

Se ve que al hombre le va la marcha, porque después de Anticristo, decide volver a temas poco realistas, como en este caso, un planeta que va a chocar con la tierra, o más bien, cómo esto afecta a los personajes de la película. La idea no está mal: muchas películas y libros (que se lo digan a Saramago) han aprovechado una situación extrema para centrarse más en las pequeñas historias y en los dramas personales, que en las explosiones. Viniendo de Lars Von Trier, me daba bastante miedito: a estas alturas se tiene un poco creído el ser un gran director, y sobre todo, poner de excusa sus continuas depresiones para filmar cualquier cosa que se le ocurra: ¿Qué tiene el día tonto? Pues escribe un guión sobre el fin del mundo, y de paso, dar un discurso sobre la naturaleza malvada de la tierra, la vida, y los seres vivos. Éxito asegurado.

Eric Northman se casa ¿Qué dirá Sookie Stackhouse?
A grandes rasgos, es en lo que consiste Melancolía, que además, es el nombre del planeta que ha tenido el mal gusto de estrellarse contra la Tierra. Eso va quedando claro en el principio de la película, con una sucesión de imágenes un tanto surrealistas que van detallando el efecto de la llegada del planetazo (es que es muy grande) a la órbita terrestre. Después da un giro completo, pasando a mostrar la boda de la protagonista y la reunión con su familia, que como suele pasar, es bastante disfuncional: su madre, nada contenta con la celebración del matrimonio, es, como diría Hewl, una perra del infierno, y no se corta en demostrarlo. El cuñado se conoce el percal, está haciendo cuentas de lo que cuesta la boda. Y poco a poco, las escenas alegres van deshaciéndose para ver cómo la protagonista empieza a caer en una depresión de la que supuestamente, no había salido, la boda se termina, y con ella la cordialidad entre los distintos personajes e invitados. Lo más desconcertante es haber encontrado a un montón de caras conocidas, como John Hurt, Alexander Skarsgard, e incluso Kiefer Sutherland, y este último ya tiene delito, por contar con el mismísimo Jack Bauer, y no ser capaz de evitar el fin del mundo…En fin, se ve que trabajar con el danés tiene bastante tirón.
La segunda parte comienza con la hermana de la protagonista, el anuncio del paso del planeta Melancolía, cosa que a ella le da bastante miedo, y con la vuelta del personaje principal, sumido en una completa depresión, incapaz de moverse y hacer nada por si misma. Según se acerca el planeta, esta irá encontrándose mejor, al contrario que su hermana, consumida por el miedo, hasta el desenlace. La diferencia con la primera parte es evidente, sobre todo por la impresión que me dejó de que la película habría funcionado igual si la esa hora a mayores, y no me creo lo de caracterizar a los personajes, porque hubiera sido lo mismo sin toda la trama de la boda. Hay alguna situación un poco ridícula, como sacarse de la manga la clarividencia de la protagonista, que suelta así, tal cual, y una diatriba en la que empieza a decir, sin venir a cuento, que no hay vida en otros planetas y que el mundo es malvado…Definitivamente, alguien estaba teniendo un día muy malo, y quiso dejarlo claro.

Una cosa debo reconocerle a Lars Von Trier: es un buen director de cine. Las dos horas y cuarto de película no se hacen largas ni tediosas, es muy capaz de manejar una escenografía preciosa y sé perfectamente lo que ha querido contar: la relación entre la melancolía de la protagonista y la llegada del fin de todo, la actitud de las dos hermanas...incluso cada pequeño detalle está pensado para dar información acerca de los personajes, sin que sean necesarios muchos diálogos. Pero a mí no me basta: también está obsesionado con relacionar cada película que hace con su depresión, sus ideas, y sobre todo, que el público lo sepa. Si algo he aprendido hoy es que, cuando cualquier persona normal está de malas, más le vale quedarse en casa, que los demás no tienen por qué aguantarlo. Si se trata de Lars Von Trier, hace una película, y en Cannes le lloverán premios. Pero esto es algo que los chicos de Muchachada Nui habían visto venir antes:
Las gafas de Lars von Trier representan todo lo que el odia
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