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jueves, 10 de febrero de 2022

Day of the Dead (2021). Si alguien pregunta, nunca hemos estado en Mawinhaken

 


2022 será el año en que termina Walking Dead, tras once temporadas que.. bueno, desde l 2018 no tengo ni idea de qué ha pasado porque  abandoné la serie debido al factor agotamiento, algo que como aficionada a los zombies es muy gordo. Tendría que venir  Z Nation con cinco temporadas  que se fueron como llegaron, llenas de locura, efectos cutres, vergüenza ajena y falta de prejuicios para devolverle el carácter más salvaje y divertido a los muertos vivientes. Y se ve que Syfy quiso probar suerte de nueve con el género, volviendo al origen y haciendo nada menos que un remake de El día de los muertos de Romero.


Poco tiene de remake en realidad esta serie de diez episodios, salvo por los ombres de los personajes. Rhodes, el doctor Logan, y sobre todo Bub, el zombie que conservaba parte de su inteligencia humana. Salvo por la epidemia, que todavía no ha comenzado y no hay ninguna base militar subterránea con soldados cabreados, sino un pequeño pueblo donde una excavación de fracking descubre un cadáver momificado y cubierto con una máscara tribal, que parece todavía vivo y ataca a todo aquel que se le acerca. Como buen empleado de corporación malvada, el capataz Rhodes decide continuar su trabajo y deshacerse de todo aquel que intente interponerse. Pero esto supondrá que algo en la tierra haga regresar a todos los cadáveres de Mawinhaken, acabando con la vida tal y como la conocían sus habitantes: la candidata a la alcaldía el día de las elecciones, una empleada de funeraria, un médico el día de su boda y na científica obsesionada con encontrar lo que reanima a los muertos son solo una parte de quienes quedan encerrados en un antiguo supermercado como único lugar seguro, o intentarán huir de las hordas de muertos.


El juntar zombies y Syfy hace pensar inevitablemente en Z Nation, que, aunque tenga alguna cosa en común, el parecido termina ahí: es cierto que ambas comparten la falta de complicación, el centrarse en la acción y no en el drama, no tomarse en serio, y especialmente, el estar hechas con cuatro duros, pero este día de los muertos resulta mucho más coherente y evita caer de lleno en la vergüenza ajena y en esa sensación de “por dios que nadie me pille viendo esto” que era marca de la casa en las aventuras de Murphy, doc y compañía. Si bien no tiene vocación seria, sí procura que lo que narren guare un mínimo de coherencia y no haya cambios de situación y reglas internas bruscos. Al menos en teoría, porque hay por aquí algún otro zombi que de tambalearse pasa a correr como alma que lleva el diablo. Y algún personaje que  también pasa bastante rápido de repelente oficial a  héroe y tirador experto.



Además de  quedarse con el aspecto más lúdico del género, sus creadores demuestran manejar hábilmente muchos de los tópicos de la serie B y el cine de videoclub. La historia, lejos de lo ambiguo de los zombies de Romero, es una mezcla entre trasfondo de mitología india, conspiraciones modernas, escenarios comunes como el cementerio o un supermercado, y especialmente, unos personajes que parecen pensados  para no preocuparse mucho en cuanto estos mueren o de los que sobrevive el más inesperado. Junto a unos efectos especiales que no alcanzan el nivel de desolación de Z Nation pero donde sí aparece más de una infografía un tanto cutre. Aunque lo importante en este caso, que son los zombies, cumplen de sobra: unos maquillajes bastante gráficos, que oscilan entre el cadáver seco y enterrado, y el blanco azulado de un recién muerto.


Estos últimos también son muy deudores de la Day of the Dead original. Si bien el guion poco tiene que ver con esta, la manera de  caracterizarlos  sí recuerda a la original de romero, así como el papel de los personajes: Rhodes, Logan o Bub hacen, en esencia, lo mismo que sus predecesores, pero adaptados a una narrativa nueva. Aunque eso no impide que también aparezca una referencia a la frase mítica del primero, deseándole a los zombies que así se atraganten. Se nota, también, que han pasado 30 años y el guion aporta elementos que se han convertido en parte de la cultura popular: los personajes usan todo tipo de herramientas caseras y armas de asalto del mismo modo que lo harían los protagonistas de un videojuego, y el trasfondo familiar de uno de ellos recuerda un poco a una de las primeras entregas de Resident Evil.

De el día de los muertos pue de decirse que ha estado a la altura de las circunstancias. Tomando los derechos de la película de Romero, han rodado una historia distinta pero muy deudora del cine de zombies menos complicado y más divertido, y han sido capaces de mantener un curioso equilibrio entre lo cutre y lo que funciona.


jueves, 18 de abril de 2019

Z Nation: Black Summer (2019). Quitándole la z a la serie.


Cuando el pasado año se anunció la cancelación de Z Nation, la noticia vino acompañada poco después por el anuncio de su precuela en Netflix, que a ratos parece especializada en recuperar series canceladas por el resto de televisiones pero que cuentan con una base de seguidores amplia. La historia esta vez giraría entorno al “verano negro”, del que hablaban los protagonistas de Z Nation durante la última temporada, con el inicio de la epidemia y del fin del mundo tal y como lo conocían. También se avisaba que tampoco aparecerían Doc, Murphy, 10k, Addie ni el resto de secundarios que aparecían, desaparecían o resucitaban según necesitaran los guionistas. Pero, al menos, sería una forma de poder continuar con la comedia de zombies por excelencia, ahora que Ash vs Evil Dead se había despedido para siempre.



Si y no. Black Summer sigue los pasos de un grupo de personajes durante las que parecen ser las primeras semanas de una epidemia que tres años después, se convertiría en el entorno postapocalíptico en el que los protagonistas de Z Nation viven y sobreviven. Pero ahora la situación es muy distinta, apenas hay información sobre un virus que, una vez contagiado, convierte a sus víctimas en series agresivos, muy veloces, y a los que únicamente una bala en el cerebro puede detenerlos. El ejército evacúa  diariamente las zonas donde la población civil se aloja, revisando cuidadosamente a aquellos que puedan presentar mordeduras o síntomas de la enfermedad y muchos civiles intentan, como pueden, llegar a las áreas seguras. Una mujer que intenta encontrar a su hija, un hombre que quiere hacer lo correcto en un mundo que se ha desmoronado, una joven coreana, incapaz de comunicarse en inglés y un delincuente común, que asume la personalidad de uno de los soldados, son algunas de esas personas que intentan mantenerse a salvo de los infectados, pero también de otros supervivientes que están dispuestos a hacer lo que sea para conseguir gasolina, víveres o seguir vivos.


De Z Nation se heredó un decorado muy particular, seguramente motivado por la falta de medios de la producción: el apocalipsis vacío. Esta quedaba muy lejos de las hordas de zombies que se tambaleaban en las secuencias de Walking Dead, para ser sustituidos por unos escenarios de descampados, desguaces y vertederos donde aparecían de vez en cuando unos zombies a los que se los veía venir desde muy lejos. El escenario, con Netflix, es muy parecido, aunque los desguaces y todo lo que intentaba aparentar un entorno postapocalíptico es sustituido por una serie de urbanizaciones y carreteras locales de aspecto desolado que, en realidad, quedan muy lejos de lo atestado que podían tener los primeros episodios de Fear the Walking Dead, para recordar más a las calles vacías que se veían en Channel Zero: Dream Door (donde tampoco se gastaban ni un duro en figurantes y la despoblación acabó convirtiéndose en marca de la casa). Pero, si Z Nation desde el principio supo que estaba muy lejos de Walking Dead, Black Summer también lo está de Fear, y en realidad ese aspecto vacío de los exteriores, muy parco, es solo una parte más del estilo que había acabado por establecer la serie original: figurantes escasos, escenarios amplios, y una caracterización de los zombies muy parca, limitándose a untarlos un poco con sangre de color negro y a utilizar a la versión corredora de estos: si se mueven rápido, ¡no tenemos que fijarnos en si están bien maquillados o no!

A su favor también tiene el conservar un ritmo muy rápido, que funciona  muy bien a la hora de mantener tensión en las persecuciones y en las huidas de los protagonistas. Han conseguido una serie de zombies al uso, si lo que se busca es acción y tensión. No es lenta ni va a hacerse aburrida en ningún momento, pero tampoco va a dar tiempo para desarrollar a los personajes y estos, lejos de unos cuantos rasgos característicos, son un poco el superviviente intercambiable estándar: si uno se va, saldrá otro con distintas motivaciones y habilidades. Quedan muy lejos de aquellos, un tanto estrafalarios, de los que al final de cada temporada el público acababa diciendo “si Doc se muere, abandono la serie”.

También queda muy lejos el tono de la Z Nation original. Esto es lo más chocante, ya que si bien esta empezó como la versión Asylum (esto es, eminentemente cutre y con la impresión de estar copiando otro material) de una producción de zombies, se convirtió, ante todo, en una comedia. Donde el apocalipsis parecía una cosa muy poco seria, y que tanto protagonistas como secundarios llevaban muy bien, atreviéndose a bromear y utilizar esa palabra de forma habitual. Donde a menudo los guiones eran conscientes de sus limitaciones, de la falta de medios, y que suplían teniendo muy en cuenta esta situación y sin tomarse nunca demasiado en serio unos guiones que, a veces contaban con un humor muy bien traido, y otras veces parecían haber sido escritos en medio de un colocón. Y que, en algún momento, eran capaces de provocar un disgusto al público matando a algún personaje de la forma más dramática posible, y también inesperada después de un tono tan ligero. Porque en el fondo, era imposible no encontrarle la gracia a aquel grupo de personajes desquiciados.

Black Summer, salvo el anunciarse como precuela de Z Nation, nada tiene que ver con esto: no hay sitio para un tono cómico, y el guión lo evita en todo momento. Tanto, que la serie en realidad recuerda más a 28 días después, a Dawn of the Dead o a Dead Set que a la  que continúa. No es una mala serie, sin embargo: da lo que promete, que es acción, tensión y zombies. Pero en el fondo, no tiene mucho sentido ampararse en el título de la original y ofrecer una producción de zombies genérica, donde no existe ni el más mínimo ápice de comicidad y poca seriedad del material cuyos derechos han adquirido.

jueves, 17 de enero de 2019

Z Nation (2016-2018). Tú improvisa, que nosotros ponemos las temporadas


En diciembre llegó finalmente la cancelación de Z Nation, la apuesta por el género Zombie que lanzó el canal Syfy hace unos años. Teniendo en cuenta que ha llegado hasta ahora con cinco temporadas, más que una cancelación, podría considerársele una duración muy digna, y también muy inesperada.

Cuando comenzó su emisión, sobre 2014, las estimaciones más optimistas no le daban ni una temporada. La producción de Syfy con Asylum (marcas de calidad donde las haya) parecía un batiburrillo de argumentos de serie Z, mala infografía y personajes un tanto caricaturescos. Contaba, en cambio, con algo que a los pocos episodios consiguieron explotar y se convirtió en la baza de la serie: su sentido del humor y una falta de prejuicios mediante los cuales, se tomaban muy a broma aquel viaje a través de unos Estados Unidos apocalípticos en el que debían acompañar al único sujeto inmune al virus zombie a un laboratorio que, oportunamente, estaba en la otra punta del país. Al menos, este fue el hilo conductor de las dos primeras temporadas, donde aprovecharon para convertir su falta de medios en una virtud y convertir el paisaje en una herramienta de comedia. Los estereotipos de cada estado mezclados con unos zombies caracterizados con una cutrez propia de la película más pobre, y multiplicados con un tampón de clonar que se notaba a la legua, y un humor donde se mezclaba lo cutre, lo involuntario a veces, y unos cuantos chistes de porros, que no pueden faltar, definieron finalmente la serie a modo de comedia, quizá la que podría haber sido el proyecto televisivo de zombieland que no salió adelante, y donde había algo que estaba claro: aquello no había que tomárselo demasiado en serio. Y para muestra, sus protagonistas, que con unos rasgos muy de comic (Warren, la líder del grupo, Doc el médico hippie, Murphy el insufrible inmune al virus y una versión de saldo del bate Lucille acompañado por su propietaria), entraban y salían de la serie sin más duración que una temporada. No parecía haber un motivo narrativo concreto, salvo el cubrir a algún actor que no pudiera participar en ese momento o eliminarlo una vez terminada, o descartada, una trama.


Es un poco difícil hablar de “mejores temporadas” o “calidad de los argumentos” en una serie como Z Nation, salvo teniendo en cuenta sus características y que, probablemente al tercer capítulo, solo nos quedamos los cuatro frikis que conseguimos cogerle el punto. Pero si hubiera que elegir el mejor momento, sería esa segunda temporada donde quedaron más claras las intenciones de la producción y se establecieron los personajes favoritos del público: comedia, tono de broma, cliffhangers solucionados de forma arbitraria en la temporada siguiente y tres protagonistas que consiguieron sobrevivir hasta ese último episodio. Pero también, a partir de entonces, la serie se hizo un poco más errática. Quizá ni los guionistas contaban con poder continuar más de dos años, y empezó a notarse cierto tono de improvisación donde se olvidaban de las normas establecidas de una temporada a otra e incluso de la escritura de personajes. Murphy pasa de ser un antihéroe a una especie de dictador, Warren pasa a comportarse como una asesina despiadada, y el resto de protagonistas acaba separado en distintos escenarios por un motivo que huele a falta de presupuesto para contratarlos en todos los capítulos. Aparecen indicios de tramas que se olvidan al segundo episodio, los escenarios acaban convirtiéndose en descampados y desguaces, y comienzan a aparecer todo tipo de zombies propios de un videojuego para ser posteriormente olvidados ¿Qué llevamos dos episodios hablando del fin de la humanidad?  Bueno, ahora hay un cliffhanger donde aparece una comunidad floreciente ¿Qué aparecen unos zombies veloces e indestructibles? Vale, ahora no volveremos a verlos pero…¡oh, mira! ¡zombies que hablan!
 
 
La serie, conseguía más o menos, mantenerse, gracias a esa impresión de ser una comedia y no algo serio. Pero llegó un momento en que no era suficiente, y la falta de continuidad entre temporadas se hacía muy patente hasta la última entrega, donde mal que bien, consiguieron hacer una trama un poco extraña donde se mezclan las referencias políticas al mandato de Trump, las conspiraciones, un nuevo y brusco cambio en la actitud y personalidad de sus protagonistas y un personaje nuevo del que ahora quedarán las dudas sobre si hubiera sobrevivido a una sexta temporada. Y para el absurdo, porque en el fondo, esta última decena de episodios podría resumirse en “Roberta Warren y sus amigos buscan un suministro de galletas para evitar que los zombies parlantes se conviertan en asesinos sin alma”.
Z nation se despidió como apareció: de forma inesperada, a base de improvisaciones, y con un final feliz que se nota rodado en el último momento en que esta no fue renovada. Se despide también con cinco inesperados años de argumentos y comedia, a ratos rara y a ratos gruesa…De momento, más entretenimiento del que ha proporcionado Walking Dead en el último lustro.

jueves, 22 de septiembre de 2016

Z Nation: La película. O el especial. O lo que quiera que nos cuenten (que es muy raro)



Esta semana se estrenaba la tercera temporada de Z Nation, que con el permiso de Ash vs Evil Dead, es la única comedia de zombies que puede verse en televisión. Pese a tratarse de una producción de Asylum, que se ha hecho un nicho en el mercado del presupuesto mínimo y la comedia involuntaria (o no tanto), han empezado fuerte con un especial de hora y veinte. En principio esto haría pensar que dedicarían tiempo a un comienzo espectacular, y quizás, aclarar un poco las nuevas tramas que habían ido surgiendo (o de paso, la cabeza de los guionistas): las continuas menciones a Zona de los anteriores capítulos, una especie de refugio para los más poderosos a donde intentan llevar a determinadas personas, qué habría pasado con esos personajes a los que ponían en un cliffhanger gigante al final de la temporada anterior, y sobre todo, cómo se las ingeniaron para recuperar por arte de magia a un tipo al que hace solo unos capítulos, habían tirado a un pozo lleno de zombies y que ha regresado convertido en uno de los buenos.



En realidad todas estas preguntas tienen que esperar porque, primero, tras dos años de serie, Z Nation nunca destacó por su coherencia interna ni lo necesita. Y segundo, porque el especial es en realidad una historia independiente que sucede en algún momento de la mitad de la temporada anterior. Así desaparecen algunos personajes que aún no habían sido presentados, y regresan otros: el bebé de Murphy, que solo aparecería un par de capítulos (sin duda tener que meter infografía a un bicho tan feo es un dolor) o Cassandra, uno de los supervivientes  modificada por los poderes del anterior, continúan con el resto del grupo el viaje para encontrar una cura. Como suele pasar en cualquier episodio, el viaje se ve interrumpido por un grupo de supervivientes que necesitan su ayuda, y pese a las quejas de Murphy, deciden quedarse y proteger el asentamiento de un mercenario que ha venido para cumplir una misión muy concreta: llevarse a uno de los supervivientes, un científico, por órdenes de unos jefes a los que el público todavía no conocemos.



El argumento perfectamente podría haber sido parte de un capítulo doble en la temporada anterior, e incluso habría sido mucho más entretenido que algún episodio botella de una temporada a la que aumentaron su duración. Pero sospecho que no había presupuesto suficiente para grabarlo, o que directamente, las referencias a la trama que sustituirá la del viaje para encontrar una cura se las fueron inventando sobre la marcha. El punto fuerte en todo caso es el tener ya muy claro el tono de la serie y que a nadie pille por sorpresa sus momentos de humor intempestivo. Que en este especial, han optado porque sean todos de referencia cinéfila: la primera secuencia, con uno de los personajes anunciando alegremente que esto se trata de una película de flashback, además de romper un poco la cuarta pared, va preparando el terreno para un guión donde además de los chistes referenciales propios, hay un montón de menciones cinéfilas que sueltan alegremente: los spaguetti western de Clint Eastwood, Mad Max, Espartaco, 300 e incluso un guiño a Furia de titanes que acompaña la aparición de uno de los superzombies que acabaron por hacerse habituales. Referencias que en realidad, se quedan en guiños verbales o en montajes que el público reconoce fácilmente del cine clásico. Y que no se quedan ahí, sino que son capaces de recurrir a estéticas más chocantes como una breve aparición de los próximos antagonistas, rodada como si fuera un anuncio de Martini ¡Tal es la idea de lujo tras la caída de la civilización!



El resto de los momentos siguen siendo los propios de la serie cuando esta está inspirada: la palabra apocalipsis se ha convertido en una parte habitual del vocabulario de los personajes, con la que explican  situaciones absurdas con la misma facilidad con la que un viandante mencionaría la crisis económica. Un apocalipsis que ha tomado un cariz muy cómico y muy cotidiano, y por el que circulan personajes que en principio, buscan una caracterización mucho más exagerada y de comic, aunque solo sea para una aparición episódica: una superviviente vestida de rojo, color que justifica con un diálogo no ya de serie B, sino de serie Z. Un niño criado por los cuervos y un mercenario que se pasa toda la película vestido con un traje de lo más elegante y unas chancletas (si seguimos la teoría de Z Nation, será porque tras el apocalipsis ya no hay que seguir un código de vestimenta concreto) son algunos de los secundarios que, pese a no formar parte de la continuidad de la serie, acaban ocupando más espacio que los propios protagonistas, y que seguramente, por el carácter un poco aislado de este guión respecto al resto de la serie, funcionan muy bien.



Puede que este especial no aporte, salvo algunas menciones, nada nuevo para la tercera temporada, que empezará en el tercer episodio. Pero como capítulo, o largometraje independiente, ha sido uno de los guiones más divertidos y donde han aprovechado al máximo todas las ideas que habían quedado establecidas para la serie. Aunque este enfoque tan propio de comedia de aventuras que plantearon hace que los cambios de tono cojan al público por sorpresa: los personajes no se toman nada en serio, muchos de sus diálogos dramáticos dan risa...y el desenlace de algunos es tan inesperado que corta la carcajada de seco: ese tono tan ligero hacía pensar que a ninguno de los protagonistas les iba a pasar nada, que en el fondo, todo era una broma en el que el grupo, o los personajes más divertidos, iban a salvarse en el último momento. Y que por esto, el final llegue de una forma mucho más brusca, casi cortando en seco las risas que acompañaron durante los primeros setenta minutos. No tengo claro si los guionistas de esta serie son unos genios, le toman el pelo al público o se esfuerzan lo más mínimo en mantener un tono y una coherencia uniforme. Solo se que Z Nation debe ser de las series más divertidas que he podido ver en los últimos  años.

lunes, 23 de noviembre de 2015

Z Nation (2015). Esta vez sí que va en broma.



Cuando el año pasado se estrenó Z Nation, en su primer capítulo no quedaba muy claro qué pretendía: su aspecto cutroso, diálogos de serie Z y personajes sacados del mismo cajón daban la impresión de ser una versión Asylum de Walking dead. Hicieron falta un par de capítulos más para que la opinión fuera cambiando y la serie encontrara un hueco donde esto tuviera más sentido: el de la comedia y el de no tomarse en serio el guión.


A partir de la segtunda temporada, esta idea terminó de cuajar volviendo su premisa mucho más alocada que al principio: Murphy, el único inmune a las mordeduras y posible esperanza de encontrar un antídoto, ha desarrollado el poder de controlar a los zombies. Los supervivientes encargados de llevarlo al laboratorio han sufrido bajas en su grupo y su misión se ha complicado con los cazarrecompensas que buscan a Murphy y con los Zeros, un cártel que se ha beneficiado de ser la única fuerza armada que ha quedado tras el Apocalipsis. Además de encontrarse a todo un continente de su destino, debiendo atravesar unos Estados Unidos poblados  por zombies mutados por la radiación, hibridados con plantas y hasta con alienígenas. Todo, en medio de las dudas que no quedaron resueltas la temporada anterior: ¿Qué ha sido de ciudadano Z, que guiaba a los protagonistas por radio desde su base en el Norte? ¿por qué un tipo con unos poderes dignos de un nigromante escrito por Robert E. Howard  no hace algo más productivo que ser el petardo del grupo? Y sobre todo, ¿a quien se le ocurrió que meter un bebé zombie como clave en un episodio sería una buena idea?


Z Nation ha acabado por ocupar el hueco que le habría correspondido a la serie de Zombieland, si no se hubiera quedado en un piloto: es una comedia de acción y zombies, donde hasta los protagonistas son conscientes de vivir en un entorno bastante alocado. En el mundo de la serie no hay lugar para el dramatismo, y en los momentos en que lo hay, están planteados de tal forma que resulta un tanto patético, o más bien, involuntariamente cómico: esta es la única forma de ver secuencias que se mantienen gracias a detalles como el bebé zombie, donde no se cortan de mostrar una cara un poco grotesca donde los efectos digitales cantan a la legua, y donde cualquier intento de seriedad parece sobreactuado (bueno, esto también es porque el reparto no es que sea una gran cosa).

La tendencia a la comedia fue haciéndose patente en cada episodio, autoconclusivos la mayoría de ellos, donde los supervivientes y comunidades que aparecen son más cercanos a Mad Max que a Walking Dead: la gente parece haberse tomado el tema del fin del mundo muy a la ligera y en cierto modo, para que salgan todo tipo de comunidades llevadas al extremo: desde rednecks, a menonitas, pasando por mercenarios y grupos de abducidos. Todo lo relativo al fin del mundo también se toma muy a la ligera: no faltan los diálogos sobre las inconveniencias del Apocalipsis, palabra que usan de forma regular y de manera irónica, y que acaba por convertirse en una de las frases habituales de la serie, al igual que la tendencia de los protagonistas a arruinar algún monumento o escenario natural, acompañado de la advertencia “Si alguien pregunta, no hemos estado cerca de ..”.

 

Esta última viene del objetivo principal de la trama en esta temporada: los personajes tienen que llegar a un punto concreto, como es el laboratorio en California, para lo que tienen que recorrer todo el país. Y cuando explicaban en clase que la línea recta es la distancia más corta entre dos puntos, ellos debieron faltar ese día, porque el viaje está lleno de rodeos, retrocesos, y visitas a toda la geografía del país. Que, aunque sea causa de todos los obstáculos que los guionistas decidan incluir hasta final de temporada, en realidad es porque esa especie de viaje por todos los escenarios típicos y parodiables en Estados Unidos son más la propia trama que el macguffin propuesto como objetivo del viaje.


 
Otro factor a favor para disfrutar la serie como una gran broma es su uso de un montón de elementos propios de la serie B. Cosas como encontrar vacunas o los personajes inmunes suelen ser más propios de las tramas de aventuras y ciencia ficción que del drama, y que aquí se tratan de una forma muy poco seria: Murphy, quien sería la clave en este caso, cuenta con todo tipo de defectos posibles y actitudes ridículas, de forma que todos los poderes de videojuego con los que cuenta son cualquier cosa menos una amenaza o una posibilidad de narración seria. Igual que los propios zombies, de los que han aparecido ya tantas variedades que ni un videojuego: radiactivos, plantas, portadores de ántrax e incluso un cameo de George R. R. Martin zombieficado firmando ejemplares de Sueño de primavera. Bastante material para el presupuesto que tiene la serie, que resulta en unos escenarios a base de todos los desiertos y descampados posibles, zombies de pasaje del terror y unos efectos especiales a base de infografía muy de casa. Aunque a esta última no termino de pillarle la gracia porque creo que los decorados y los monstruos de plástico le ganan a cualquier Sharknado.



En cambio, los dos episodios que ha ganado respecto a la anterior temporada juegan un poco contra lo que ha conseguido en cuanto a intención y desarrollo: es muy divertida, pero tener quince episodios hace que en algunos se note mucho el relleno, o directamente, la falta de guión e ideas más allá de poner cosas que van a ser graciosas. A fin de cuentas, se trata de una producción de The Asylum, que aunque ha encontrado su nicho con Sharknado y las películas malas hechas aposta como forma de comedia, es más bien porque sus realizaciones salen así, y no siempre de forma intencionada. Con todo, estos 15 están muy lejos de las temporadas de 22 habituales y resultan incluso más divertidos que la temporada anterior. Teniendo en cuenta, claro, la idea de esa serie: los zombies no son más que una broma, y Z nation, una comedia un poco distinta de 40 minutos. 

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