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jueves, 7 de mayo de 2026

Lecturas de la semana. Folletines y papel de pulpa

 


Desde hace unos años la literatura  popular con un mínimo de  8 décadas  de antigüedad se ha conferido en mi zona de comfort ¿Qué hay  bajón? Pulp ¿Qué hay incertidumbre? Señor francés escribiendo historias   por entregas  sobre un personaje  fundacional de la cultura popular. Puntos extra si es un villano o va enmascarado, y  por  su extraño sentido entre la intensidad y el absurdo ¿Qué un señor de color naranja ha decidido jugar al Pasimisí   con unos barquitos en Oriente Medio?  Póngame un poco de todo, que falta hace.


Ponson du Terrail. Los dramas de París (las aventuras de Rocambole) Tras recuperar su título, injustamente usurpado,  el conde Armando de Kergaz  dedica sus esfuerzos y fortuna  a  ayudar a  todos los que lo necesiten.  Viudas,  huérfanos pero también hijos perdidos y afrentas del pasado. Cuando un caballero solicita su ayuda para  encontrar a su hija, fruto de una relación ilegítima,  Armando  se cruzará con otros personajes  que tendrán su papel en la intriga. Cereza, una costurera   y su prometido  Leon, pero también  Baccarat, una cortesana, hermana de Cereza y mujer sin escrúpulos, y  el mismo  Andrés, medio  hermano de Armando que ha vuelto tras una vida dedicada al crimen para vengarse  de él. A este lo acompaña un muchacho huérfano,  ambicioso y dispuesto  a cambiar de bando como le convenga, a quinen conocen como Rocambole.

Poco podemos decir del personaje que  dio origen al adjetivo rocambolesco como como sinónimo de situación imposible y enrevesada. A lo que en este primer libro  va a haber a montones. A quien no veremos mucho, en cambio, será a su  antihéroe titular, quien en las historias de libro es poco menos que un secundario que  va cobrando importancia hacia al final, pero todavía muy poco, y que sirve como deus ex machina  en muchas situaciones: una traición de Rocambole  en el momento oportuno sirve para que los sufridos héroes  conozcan los planes del malvado Andrés. Unos héroes, por cierto, bastante tontainas y que el lector actual acaba preguntándose si  estos no se han buscado que  se los engañe de forma tan evidente.

Disfraces  hechos con poco menos que un  bigote postizo y unas gafas,  villanos  mintiendo  bastante mal para ser creidos a pies juntillas por unos protagonistas cuya  bondad y virtud los convierte en unos héroes  terriblemente tontorrones.  La trama de  las novelas incluidas en el tomo discurre entre  los tópicos de hijos ilegítimos, traiciones, mujeres fatales y disfraces propios de Mortadelo, enrevesados  hasta lo indecible para después solucionarse de la forma más sencilla posible. Un nivel de suspensión de la credibilidad que va aumentando a partir de la segunda parte,  con una sucesión de traiciones a plena luz del día, sociedades de criminales, mujeres fatal que seducen a protagonistas felizmente casados (donde se nota  la  moralidad imperante frente al personaje de Baccarat, en permanente redención  por sus faltas, y a la rápida justificación que se le da a los personajes masculinos infieles  como víctimas de una malvada  intrigante)….pero también princesas indias vengativas, venenos mortales. Y hasta telepatía e hipnotismo. Porque llegado un momento en el que el nivel de  conspiración y embrollo es imposible e deshacer,  Du Terrail recurre a la corriente que estaba tan en boga entonces  introduciendo una trama sobrenatural  secundaria destinada a que los protagonistas  puedan saber que está pasando.

La velocidad de la narración, su formato por entregas y seguramente, los plazos a los que  Ponson du Terrail tenía que atender, hace que el libro,. En su recopilación,  cuente con  varias incongruencias. Desde un personaje secundario que  cambia de nombre hasta el  cliffhanger anunciando la redención de  Rocambole que no tienen lugar en el siguiente libro, pero en el que al menos, sí se convertirá en el personaje principal.

A ratos divertido, a ratos absurdo  o rozando la comedia involuntaria, la  primera aparición de Rocambole es un ejemplo de lo que una novela por entregas podría ofrecer.  Todavía lejos  del carisma y amoralidad de un Fantômas, pero con una cantidad de  giros narrativos y personajes víctimas de su propia intensidad que es imposible no disfrutarlo.


Robert E. Howard. Conan, el Cimmerio 3.  Este recopilatorio de las historias del  bárbaro más famoso de la literatura y los cómics incluye, además de  una miscelánea  con  borradores y textos no terminados p por  Howard, los relatos El pueblo del Circulo negro y Nacerá una bruja.  En el primero,  Conan,  líder de una  de las muchas  tribus de  los afghulis,  secuestra a la  princesa de Vendhia  para exigir la liberación de  varios de sus cabecillas.   Pero esta también es perseguida por los Videntes Negros, una orden de brujos que  asesinaron a su hermano y ante los cuales, su secuestro también puede ser  su salvación.

Nacerá una bruja es un relato más breve,  sobre profecías,  gemelas malvadas,  princesas desterradas, civilizaciones antiguas y  malvadas (lo siento, las cien veces que he visto el Conan de Millius tenía que aparecer por algún sitio) y donde Conan juega un papel muy secundario frente a una intriga  que poco importa al mercenario.

Siendo el personaje más famoso de Howard, este ha acabado siendo más conocido por su  adaptación al comic, especialmente por los trazos de Buscema, que por las narraciones.  Es en el texto  cuando más se le notan las costuras  como escritor, con la paradoja  de  tener una capacidad de atrapar al lector como  se ha visto pocas veces, pero con unos  recursos estilísticos un tanto limitados ¡la de veces que he encontrado  nobles con rostro de halcón y al cimerio recurriendo a sus reflejos de pantera!

Recursos  que se acaban  obviando, acostumbrándose a ellos  una vez  se avanza un par de páginas de cualquiera de sus cuentos.  La era hiboria de Howard, ese mundo cuyos  países  desaparecidos son  en realidad un reflejo de las naciones y culturas del nuestro, es descrito por el  como brutal, sangriento y fascinante.  Con  toda la violencia  que le permitían las páginas de las revistas Pulp  con las que se ganó la vida, Conan  es el arquetipo de mercenario despiadado, ambicioso, y con cierto código del honor  que lo convierte en un héroe pragmático, pero no ambiguo: este representa al individuo no domado  por  las normas sociales, a menudo  hipócritas y más retoricas que la ética de los forajidos y mercenarios entre los que se mueve. Un personaje cuya  naturaleza  brutal lo dota de cierta racionalidad que le permite enfrentarse a hechiceros y fuerzas  que harían huir a cualquier otro, que se mueve en ese difícil equilibrio entre   lo despiadado y lo honorable.

Un logro  parar un héroe y unos relatos que se adelantan  casi un siglo al concepto de grimdark que  manejan hoy muchas narraciones  de héroes de moral gris, y que se caracteriza también por una sorprendente simpleza y  modernidad que hace que hoy puedan leerse como el primer día.

La edición, publicada por Timun Más hace unos veinte años, es la versión    económica del tomo único que había sacado con los relatos (hoy, al precio que van los libros, ese tocho nos hubiera resultado barato). Este, dividido en varios tomos en rústica, incluía dos o tres relatos más los textos sueltos de Howard, acompañado por unas ilustraciones de Gari Gianni que recuerdan mucho a los dibujos pulp de antaño. 

jueves, 12 de marzo de 2026

Lecturas de la semana. Pulp fiction

 


Aunque una parte de los libros que acabo leyendo durante el año son señores d entreguerras y señoras victorianas, más de una vez, y cuando el componente aleatorio de la librería de segunda mano  lo permite, me paso por la época intermedia entre ambas. Porque  a los señoras y señores  pulp también se les hace un  hueco  y más en estos Años 20 mal, donde  se acaba echando en falta la inventiva,  ausencia de prejuicios y  cierto optimismo, casi inocencia, con el que reflejaban un mundo en el que todavía había lugares ignotos.


Catherine L. Moore.  Shambleau.  Una extraña criatura,  de aspecto humano  y comportamiento cercano al de un felino dotado de inteligencia, es salvada por  Northwest Smith  durante uno de sus viajes. El ser, a quien los locales llaman Shambleau, esconde un secreto que lo acerca a los seres mitológicos de los que  las leyendas de la tierra advirtieron a los primeros humanos. Esta es solo una de  las aventuras del contrabandista y su socio, el venusiano  Yarol. Un tapiz que traslada a su poseedor a otro mundo donde este queda atrapado, civilizaciones olvidadas en planetas remotos e incluso  misterios ocultos en el planeta tierra son una parte de la vida de este forajido, contrabandista y mercenario que  Catherine L. Moore dio a conocer en las páginas de Weird Tales durante los años 30.


Moore comenzó su carrera como autora en revistas pulp, y si Jirel de Joiry, la castellana  era un personaje propio de la espada y brujería (además de  ser una de las mejores heroínas que he podido leer), Northwest Smith lo es de la ciencia ficción,  pero tal y como se concebía e los relatos de este género: muy cercana  a la fantasía,  donde  el hombre había conquistado el espacio  sin que  fuera necesario que se explicara  el como, y donde convive con  razas alienígenas muy parecidas   a los humanos.  Pero donde se mantiene  cierto trasfondo histórico, presentando lugares remotos en los  que es posible descubrir civilizaciones  desaparecidas hace mucho en forma de ruinas y reliquias.  La imaginación de la época está muy presente,  representando a Venus como  un planeta gemelo cuyos habitantes,  como  Yarol, el socio y amigo de Northwesth,  tienen rasgos similares a los que tomarían  por norma los elfos de la ficción posterior. Marte, escenario recurrente de las aventuras del protagonista,  se convierte, con los distintos lugares que menciona Moore, e desde desiertos a canales, en una suerte de tierra de contrabandistas, mezcla del salvaje oeste y  de un puerto de piratas donde es posible adquirir cualquier objeto y también los  servicios de un mercenario como  West.


Northwest Smith   es en este caso un antihéroe, descrito por Moore con unos penetrantes ojos grises  y el cuerpo surcado de cicatrices de  una vida al margen de la ley. Un buscavidas que en ningún caso es un héroe pero que mantiene cierto código de honor, que lo lleva  a encontrarse  con la criatura de Shambleau,  pero a mantener compañeros y aliados en el  mundo de forajidos en el que se mueve. Sus  aventuras no comienzan movidas  por la  heroicidad sino por el interés,  en su mayoría siendo resultado del  encargo de un tercero o  un encuentro fortuito derivado de  una aventura in media res.  A lo largo de los cuentos protagonizados por Smith, es fácil encontrarlo  siendo contratado por  alguien con bastante dinero (y que acaba cayendo por su codicia) o en medio de algún lugar de Marte, huyendo o en un descanso muy breve. La caracterización de este, un personaje un tanto amoral  pero con ese fondo de nobleza, hace pensar que  puede ser uno de los referente a la hora de crear  héroes posteriores  como  serían Han Solo, quien  guarda muchas similitudes con el.


El ciclo de cuentos de Northwest Smith,  entre planetas muy similares a la tierra  ciudades sin ley,  civilizaciones perdidas y criaturas desconocidas,  constituyen algunos de los mejores relatos escritos por Moore en su etapa  pulp,  ya un poco lejos de esos felices veinte pero todavía durante  los años dorados de la narrativa fantástica popular. Sigo siendo mucho más devota de la espadachina con carácter y dueña del castillo de Joiry, pero los viajes de Northest en el espacio  se han  hecho también un hueco entre  mis pulps favoritos.


Fritz Leiber. Espectros de la noche.  Una colección de relatos de terror donde lo extraño y  los temores antiguos no han desaparecido sino que se han adaptado al cambio de la civilización humana. Un fantasma creado por el humo de las fábricas, un revolver embrujado por l deseo de venganza de su propietario, un juego de ajedrez a distancia  contra   seres más allá del espacio o el fin del universo narrado por su último testigo…Los relatos de la colección, titulada originalmente  Agentes de la noche, en referencia al diálogo de Macbeth,  fueron en su mayoría publicados  durante los años cuarenta,  un detalle que se filtra en algunos de ellos cuando se mencionan las noticias de la entrada en la guerra o el comienzo de esta, como parte de la cotidianeidad que se ve rota por lo sobrenatural. Estos se desarrollan  en entornos urbanos, siendo sus protagonista en su mayoría oficinistas,  ociosos  o incluso trabajadores   al aire libre que bien perciben algo anómalo  en lo         que los rodea, o se encuentran con esto de manera fortuita.  

La forma de  introducir  estas criaturas e  a través de la adaptación al entorno  que refleja  cada  cuento: monstruos tradicionales, como los fantasmas o los licántropos,  se mueven ahora por las ciudades habiendo modificado sus características para poder sobrevivir como mitos, pero  son reconocidos por los personajes. En algunos lugares apartados quedan restos de  seres que son descubiertos de forma accidental, como sucede en  La colina y el agujero, donde  un túmulo viene a comparado por la descripción de esa América aislada de  personajes desconfiados… pero sin duda, mucho menos siniestros  que los vecinos de Dunwich. Lo sobrenatural no está solo en la tierra sino en los cuentos donde  los alienígenas se comunican con los personajes de algún modo, que acaban haciendo  pensar al lector en las teorías sobre el éter y las ondas mentales que servían  para justificar muchos relatos de ficción con un poco de ciencia.

En la colección, estas ocho narraciones se caracterizan por  su  intención:  ir directos al grano, sin necesidad de giro final y  dedicando el tiempo necesario para crear una ambientación que se perciba  como  distinta a los escenarios clásicos. Algo que  Leiber en sus textos pulp  sabe hacer bien: aunque sea  más conocido por el  ciclo de Fafhrd y el Ratonero Gris, el responsable de  Nuestra señora de las Tinieblas e s igual de capaz de defenderse en el género de terror.

jueves, 3 de abril de 2025

Zothique (Clark Ashton Smith). Civilizaciones perdidas, decadencia y papel de pulpa

 


 El pulp es un género capaz de  provocar una sensación  bastante extraña de falsa nostalgia:   de la del tiempo que no se ha vivido, pero que por algún motivo, añoramos. Esa sensación   de que todavía  quedaban lugares d por descubrir, tanto en la geografía del planeta como en el espacio, la falta de prejuicios y de  cierta libertad creativa dentro de  las normas  pautadas para que un relato fuera adquirido y publicado por la revista correspondiente.  Pero estas historias, además de mirar en su mayoría, hacia adelante (y  de las que  nos ha llegado afortunadamente, solo lo bueno. Solo hace falta leer Los hombres topo  quieren  tus ojos de Valdemar  para comprender que no todo el campo de Weird Tales era orégano), eran capaces también, de recrear  un pasado mítico, tan improbable como cualquiera de los relatos ambientado en el siglo  XX y siguientes. .  La edad media, tan fantástica como poblada de  monstruos en la que la castellana  Jiriel de Joiry  vivía  sus aventuras surgidas de la imaginación de Catherine L. Moore.  El pasado, tan brutal  como admirable,  en el que  Robert E. Howard  escribió  sobre las hazañas de Solomon Kane, de Bran Mak Morn... Pero yendo, todavía más lejos, la Era Hiboria en la  que Conan  llegó a ser rey.  

Imposible hablar de l aliteratura pul y de Howard, sin  mencionar a H. P. Lovecraft, quien  vivió prácticamente sumergido en esa nostalgia por el mundo clásico, por la antigua Inglaterra... y  con ellos, el que sería uno de los escritores  cercanos a H. P. L.  cuya carrera literaria terminaría relativamente pronto, no por los motivos que cortarían en seco la de los dos primeros, sino por una deriva de sus intereses hacia las artes plásticas,  pero que durante esa década sería el autor de varios ciclos de relatos. Desde su aportación a los que posteriormente  se convertirían en los Mitos de Cthulhu, las historias ambientadas en el reino de Averoigne, hogar de druidas, vampiros y hechiceros...y el continente más antiguo,  uno ya olvidado hace milenios y del que  solo conoceremos lo que Smith escribió, formando   una serie de histerias oscuras, cuya atmósfera  fatalista sería muy distinta, y más retorcida, que  los héroes hiborios de Howard. 


Zothique, el continente perdido, un mundo muerto y enterrado hace milenios, es el hogar de nigromantes, reyes decadentes y princesas ambiciosas. Pero también de quienes olvidaron sus vidas pasadas como monarcas, de amantes condenados a la tragedia y de héroes. Cada uno, protagonista o villano de su propia historia, separado del resto por la distancia y o los siglos. Porque el eje central no son los héroes, cuya presencia solo es un instante en una historia olvidada, sino ese continente que 


Este es uno de los ciclos de relatos de Clark Ashton Smith. Conocido por formar parte del círculo de Lovecraft, el autor nacido en California desarrollaría un estilo con un mayor sentido de la estética, más descriptivo (en sus últimos años se centró más en la pintura y escultura), y más cuidado que Robert E. Howard, aunque compartiera con este y con H. P. L. el interés por ese mundo pretérito imaginario. El de Smith, en cambio, bien fuera el reino medieval de Averoigne o este Zothique, se centra en narraciones ambientadas en un lugar común y no en personajes recurrentes. En este caso, un continente desaparecido, donde la magia, especialmente la nigromancia, era algo real.

Los relatos de este ciclo se caracterizan por su estilo decadente, donde las atmósferas, detalladas y sobrecargadas son lo más importante. Todo tiene un aspecto lujoso, pero a menudo excesivo, y en muchos casos, decrépito. Desde una isla donde la tortura es una diversión, un reino gobernado por nigromantes y formado por súbditos muertos y reanimados, magos y adivinos cuyos descubrimientos, por error o codicia, son conducidos a un destino terrible. Muchos de estos relatos cuentan con cierta justicia poética donde sus personajes, villanos o carentes de moral, son castigados por un destino que ellos mismos han buscado. Una fatalidad que no siempre proporciona esta sensación de justicia: varios de sus cuentos se caracterizan por el tono trágico, el del inocente cuyo descubrimiento lo lleva a la infelicidad. Como es el caso de Xeethra, la historia que abre la antología y cuya naturaleza será muy distinta a el imperio de los nigromantes, la isla de los cangrejos o El jardín de Adompha.

Los relatos, aunque cuentan con un escenario común y un estilo similar, muestran una mayor variedad y en ocasiones, concesión al pulp, medio para el que fueron escritos. El abad negro de Rothuum e su una aventura clásica, de espada y brujería, con dos héroes cuestionables y una doncella a la que salvar. El dios de los muertos, además de aparecer una deidad que se utilizaría posteriormente para juegos y pastiches relacionados con los mitos de Cthulhu, supone un desenlace feliz para unos protagonistas que son poco más que testigo de la narración.

Pero todas, en su conjunto, tienen ese tono pausado, un estilo más interesado en la atmósfera que en la acción, y esa decadencia a la que Smith era aficionado, en el que sugiere más que muestra pero que es suficiente para que el lector pueda imaginar el mundo de Zothique. Toda una rareza para el pulp, mucho más caracterizado por el dinamismo y la simpleza, donde la acción era lo primero a la hora de atraer al público. Pero al cual, es gracias entender por qué Smith sería uno de los escritores lo bastante afortunados y dotados de talento, como para ser recordado.

jueves, 25 de enero de 2024

Doc Savage (1975). Hay un hombre en Estados Unidos que lo hace todo

 


Si hay un tipo de ficción que sea hija de su propio tiempo, es el pulp. Una narrativa, bien en papel, seriales radiofónicos o episodios de cine, que sería imposible separar de la década de los veinte y los treinta, así como de la mentalidad que conlleva: el sentido de la maravilla, el uso de la ciencia como algo imparable y casi mágico, la creencia, hoy un tanto entrañable, en lo bueno y lo malo, sin matices, y la aparición de una serie de héroes tan memorable, como para qué negarlo, simples. Sacarlos de su contexto resulta muy complicado, y no solo por la dificultad de imaginarlos en un escenario que no sea esa década casi idealizada, sino porque los intentos  de adaptaciones posteriores no han sido los más exitosos. Fue el mismo destino de aquellos que disfrutaron de un asegundo período de éxito e interés por   parte de los lectores, como fue el caso de cierto millonario, aventurero y filántropo que cuya aparición en el cine  sería primero un desastre, después una curiosidad audiovisual. Evidentemente, no estamos hablando de Tony Stark ni Bruce Wayne sino alguien un poco anterior…


Es 1936, años después de la primera gran debacle económica y un poco antes de la segunda gran guerra. Sin embargo, poco importa para la historia lo que ha sucedido o sucederá: gente como Clark “Doc” Savage Jr, millonario, inventor y filántropo, así como sus asociados, algunas de las mentes más brillantes en el campo de la ciencia y las leyes, procuran hacer del mundo un lugar mejor. Su trabajo recibe un duro golpe con la noticia  del fallecimiento d su padre, víctima de una extrañan enfermedad, mientras se encontraba trabajando por el bien común (la filantropía viene de familia) en la república centroamericana de Hidalgo. Pero hay algo extraño tras la muerte de Clark Savage Senior: el intento de asesinato que  Doc sufre, a manos de un indígena, lo conduce a él y sus compañeros al corazón de la selva, último lugar donde su padre había estado. Y donde se encuentran también las tierras que los indígenas le habían legado. Un lugar que esconde una riqueza inesperada, descubierta también por delincuentes dispuestos  a todo para obtener sus ganancias.



La película adapta a grandes rasgos la primera aventura de Doc Savage, personaje serializado bajo el seudónimo de Kenneth Robeson (aunque el autor será en gran parte, Lester Dent), cuyas aventuras continuarían a lo largo de más de cien entregas. Estos se caracterizarían  por su personaje principal, apodado el hombre de bronce y que representaría ese epítimo de valores intachables: el millonario  filántropo, inteligente, atlético y  que no solo trabaja por el bien de la humanidad sino que  protagoniza todo tipo de aventuras en entornos exóticos. Un tipo de personaje, que si bien años después sería calificado en cualquier taller de escritura como una Mary Sue pero  que viviría una segunda juventud durante los años sesenta, gracias a las reediciones d sus novelas (se ve que esto de la nostalgia de la generación anterior no es solo cosa de los ochenta), y que contaría con una adaptación al cómic y su versión  c cinematográfica de la mano de George Pal.


Parecía que contar con el responsable de El tiempo en sus manos era la mejor decisión  creativa para un personaje  tan fuera de su tiempo como lo era Doc Savage, pero el proyecto empezó a sufrir diversos recortes  presupuestarios  que lo alejarían de la idea original. Desde los exteriores hasta la banda sonora, que se solucionaría con piezas libres de derecho, hicieron que la producción fuera más parecida a un telefilme, y no de los más caros, que a una película que debería relejar la atmósfera de los años treinta, así como los entornos selváticos en los que transcurre. Estos, en cambio, tienen un aspecto de decorado que se nota a kilómetros, donde más que ciudadanos de los años treinta, los figurantes parecen ir disfrazados, y donde un par de inventos dan paso  a escenas en una selva de interiores con más indígenas de teatro.


No sería este el mayor revés que sufriría, sino el enfoque dado a un guion excesivamente camp, en el que los camaradas de Savage son poco menos que secundarios cómicos, el villano y sus femmes fatales  son más graciosos que amenazadores y cuenta con una de las secuencias de lucha más ridícula que se vieron en mucho tiempo. Un tono en general, más cercano a la película de Batman de Adam West que al serial de aventura, por inocente que este pudiera ser, que el publico esperaba.

Entre decorados, atrezzo, el tono yeyé demasiado poco  serio, ni el Doc Savage interpretado  correctamente por Ron Ely, desgarrando su camisa a poco que empieza una pelea, salva una película  que resultó un desastre, sin más curiosidad actualmente que el ver en la pantalla a un arquetipo que inspiraría con posterioridad, a personajes más referenciales como Buckaroo Banzai. No es una producción de aventuras en condiciones, tampoco una comedia, sino algo que se queda un poco en la tierra de nadie de los proyectos fracasados, pero que por esa cualidad desastrosa conserva cierta fascinación.

Una curiosidad, derivada del paso del tiempo y ese cambio de mentalidad por partida doble que supone el adaptar en una producción fallida de los setenta a un héroe de los años treinta, es la sensación de disonancia que para el espectador actual podría provocar  la figura del millonario filántropo.. Estamos en 2023, y la percepción de los oligarcas es mucho más negativa, en el peor de los casos, y muy irónica, en el mejor.

jueves, 29 de septiembre de 2022

Los perros de Tindalos. Frank Belknap Long. Si sale en el Necronomicon, dispárale

 


Que Lovecraft es uno de los responsables de la cultura popular actual, es indiscutible. Aunque, vista en perspectiva, su aportación a los Mitos de Cthulhu estuviera  muy moldeada por el trabajo posterior de August Derleth, y complementado por  muchos compañeros de pulp que se presentaron al juego inventando sus propias deidades y libros arcanos. Esto último supuso que el trabajo que vendría después de varios de ellos quedara relativamente ensombrecido en comparación a esos primeros cuentos donde, poco a poco, desarrollaban una mitología que continuaría evolucionando las décadas siguientes. Este último ha sido el caso de Frank Belknap Long, que pese a contar con una carrera posterior como escritor en revistas de ciencia ficción bastante amplio lo recordarían en su mayor parte como colaborador de H. P. L., y sobre todo, creador de una de las criaturas más conocidas de la primera época: los perros de Tindalos. Pero también de un  ser que  sería después conocido, no tanto en el mundo de la ficción como en el de los juegos de rol y mesa inspirados en los Mitos.




 Los perros de Tindalos es una colección de cuatro relatos, representativos de su aportación a esta Mitología e inéditos en castellano, salvo el que da título al libro. A los sabuesos metafóricos que acechan  a quienes se atreven a desafiar los límites del tiempo, se le suman las criaturas que se ocultan en un bosque, a la espera de devorar los cerebros de sus víctimas, los  descubridores involuntarios de un extraño ídolo utilizado para la invocación de una criatura prehumana en un pueblo costero, y el despertar de una deidad, descubierta en el interior de Asia, despiadada y  dispuesta a alimentarse de la sangre de sus víctimas.




Los cuentos incluidos en la colección se caracterizan por un estilo muy rápido, y muy propio del pulp: en cada página hay referencias a amenazas, horror es indescriptibles (aunque para no ser descriptibles, asesinan cosa mala), y sobre todo, un tipo de narración basado en el dialogo entre personajes.  Estos hablan y describen lo que está sucediendo en cada momento. De lo que acecha en un bosque, de una dedicad primigenia, o de un viaje astral, el lector lo sabrá a partir de unos protagonistas que no dudan en seguir hablando aunque lo que deberían hacer  es salir corriendo.

Pero uno de los aspectos más importantes de estos relatos es que estos podrían considerarse “más Lovecraft que Lovecraft”. Al menos, según la imagen un poco distorsionada que se dio de su estilo durante los años venideros: lo que se describe en las páginas de Long no se trata tanto de horror cósmico sino de algo ajeno a la humanidad que se puede matar o exorcizar a otro plano, bien por un símbolo  arcano o con un aparato, de esos en los que su descripción científica roza la fantasía. Un tratamiento que acabaría sirviendo de base para el sector del entretenimiento, siendo Arkham Horror su mejor ejemplo práctico, y del que el capítulo final de El horror en las montañas, con Chaugnar Faugn despertando mientras los protagonistas comienzan una persecución en automóvil cargados con un artefacto para eliminarlo, sería el  resumen más acertado del aspecto lúdico de los Mitos de Cthulhu…o algo que podría estar representado mediante miniaturas y fichas en un tablero.


Un elefante se balanceaba...


Los perros de Tindalos, así como Los devoradores del espacio, Oscuro despertar y El horror en las montañas, están muy lejos del terror a un universo incomprensible para el ser humano, del que este es solo una parte anecdótica, que H. P. Lovecraft concibió y desarrolló durante su carrera. También está lejos de las aportaciones que un primerizo Ramsey Campbell escribiría, y muchísimo más de la visión más oscura y digna de un Thomas Ligotti o Caitlin R. Kiernan. Pero es una parte por derecho propio de Los mitos de Cthulhu, una de las originales, y su estilo dinámico y  completamente  pulp hace que sea una lectura divertida, nostálgica /al menos para todos los que nos pasamos más tiempo leyendo cosas de entreguerras del siglo XX, en vez de las entreguerras del siglo XXI), casi un adelanto a las novelas por  encargo escritas como complementos de los juegos de Arkham Files. Como decía Robert E. Howard por esos mismo años:  si sangra, se le puede matar. O en este caso, enviarlo a otra dimensión hasta la próxima partida.

lunes, 13 de junio de 2016

Meme literario: De libros y tablas periódicas


Empezamos la semana con un tag, meme, o como le llaman ahora, sobre libros. Principalmente por dos cosas: porque algunas de las preguntas, por simples, hacen pensar, o más bien, son un reflejo de cómo muchos gustos y preferencias van cambiando en solo unos meses. El primer libro favorito que viene a la cabeza en un momento determinado puede ser distinto al de hace un año. Del mismo modo, aquella novela que resultó decepcionante hace tiempo puede verse desde un punto de vista menos exigente más tarde... Y después, porque la idea de este me ha hecho mucha gracia: es una tabla periódica. Algo que, al escoger la rama mixta en cuanto pude (letras mixtas, se entiende. Aunque a la cerveza con limón tampoco le hago ascos) olvidé muy pronto, salvo cosas tan básicas como a la fórmula de la sal y por qué no debo mezclar un ácido con una base. Es más, no recuerdo por qué no debo, pero por si acaso prefiero no averiguarlo.

Por suerte, los elementos que salen en cada una de las preguntas son menos complicados y menos potencialmente catastróficos que los de la tabla de verdad. De nuevo, como todos los cuestionarios que aparecen por aquí, son de dominio público y cualquiera al que le haya gustado la idea puede quedarse con ella.



1. Hidrógeno. ¿Cuál es el libro más corto que has leído?
Lo de un libro corto es algo relativo. Alguna vez he terminado en una tarde best sellers de 400 páginas porque más o menos están pensados para que la velocidad de lectura sea mayor que en otros casos. Pero si es por número de páginas, y no por simpleza, perfectamente podría ser El principito de Saint-Exupéry. O, buscando entre los primeros libros, que siempre suelen ser muy cortos, La casa embrujada de Jan Pienkowski



2. Oxígeno. ¿Qué libro necesitas para vivir?
Cualquiera. No me imagino la vida sin poder leer, sin descubrir autores nuevos, sin encontrarme a aquellos que debería haber conocido hace mucho, o sin poder releer a mis favoritos. Ahora, pensando en uno, o en una serie a la que siempre vuelvo de vez en cuando, serían Las aventuras de Harry Dickson de Jean Ray. No son ni los mejores textos de su autor, ni siquiera es literatura con mayúsculas. Pero sí son muy conscientes de su condición de folletín, hasta el punto de contar historias plenamente conscientes de su absurdo y donde la intención paródica es bastante evidente, unos cincuenta años antes de que Tardi hiciera lo mismo con las aventuras de Adèle Blanc-Sec. Bueno, y los relatos de Los mitos de Cthulhu de H. P. Lovecraft, que por ahí andan compitiendo.



3. Ununseptio. ¿Cuál es el libro que has descubierto más recientemente?
A Darker Shade of Magic de V. E. Schwab. Una novela de fantasía sobre magos, mundos paralelos e intrigas varias, que me gustó mucho por la falta de pretensiones, unos personajes entrañables, y sobre todo, que es muchísimo más breve que otras series famosas que se están publicando actualmente. Igual en unas semanas seguiré con el segundo tomo.



4. Mercurio. ¿Cuál es el libro más especial que has leído?
La trilogía de Gormenghast de Mervyn Peake. Porque es un mundo inventado que al mismo tiempo, se parece demasiado a la Europa de posguerra, por la riqueza de su lenguaje y porque, pese a lo irreal y absurdo del castillo y de la familia Groan, algunos de los personajes mas humanos y creíbles que he leído los he encontrado ahí.



5. Disprosio. ¿Has leído algún libro con un título muy raro?
Los hombres topo quieren tus ojos y otros relatos sangrientos de la era dorada del pulp. La antología es tan alocada como promete el título del primer relato. Y la bibliotecaria a l que se lo encargué todavía se sonríe cuando voy a renovar préstamos.



6. Uranio. ¿Cuál es el libro con el que más miedo has pasado?
He leído bastantes novelas de terror y sin embargo, ninguna me ha dado miedo tal cual. En realidad, la única vez que recuerdo haber pasado miedo no fue con un libro, sino con uno de los cuentos de El umbral de la noche de Stephen King: el coco. En mi defensa diré que debió ser el primer libro de terror “para mayores” que leí y quizá me pilló un poco joven. Lo bastante como para echar algunos años haciendo fuertes de mantas y bien atenta a cualquier ruido que pudiera provenir del interior del armario. Solo por eso le perdono a King muchos de los tostones que escribió con posterioridad.



7. Volframio. ¿Cuál es tu libro favorito de un autor español?
Esta es la pregunta más difícil de todas, porque hasta hace poco, los autores españoles los tenía bastante ignorados en comparación con cualquier otro. Por suerte, esto ha ido cambiando un poco, aunque todavía tengo unos cuantos pendientes. Por quedarme con uno de los géneros que más me gusta (el folletín y el pulp), por lo particular de la historia, y por los puntos de humor que tiene, este sería La torre de los siete jorobados, de Emilio Carrere.

jueves, 5 de mayo de 2016

Los hombres topo quieren tus ojos y otros relatos sangrientos de la era dorada del pulp. Lo mejor (de lo peor) de una época.


 
La palabra pulp hace pensar en historias de acción, misterio y aventuras tan llenas de inventiva como escasas de corrección política. Y sobre todo, en las páginas escritas por H. P. Lovecraft, los héroes de Robert E. Howard o la prosa más refinada de Clark Ashton Smith, por mencionar solo a unos pocos. Vamos, que el término enseguida provoca admiración por los locos veinte y por esas revistas de a duro donde vieron la luz los primeros relatos de autores a los que varias décadas después se les reconocería su influencia y valía. Bastante acertado, salvo por una cosa: cada ejemplar incluía varias historias. Y habría unas tropocientas revistas pulp distintas cubriendo un mercado en el que los plazos de entrega eran muy exigentes, y los requisitos de calidad, no tanto. Por cada Howard había un montón de autores ganándose el pan igual que ellos, pero quizá con menos talento.

 


Este libro, en cierto modo, es una muestra de esos autores menos conocidos, menos cuidadosos, pero que también aportaron sus textos a unas revistas donde los requisitos para atraer al público estaban muy claros: tramas retorcidas con tintes sobrenaturales, explicaciones realistas propias del género de detective, chicas guapas en peligro grave, y una cantidad de violencia y tripas que los lectores del siglo XXI no se hubieran imaginado en una publicación popular de esa época. Los hombres topo quieren tus ojos es el relato que sirve de título para la antología, uno de los más llamativos incluso al lado de otros como “La cosa que cenaba muerte” o “Novias frescas para la hija del diablo”. Todo un ejemplo de ser capaces de vender algo solo con un título y una portada que prometía muchos horrores. Y algún que otro escote.

 


Una de las características de estos relatos es en la mayoría de los casos, la uniformidad de las tramas pese a que estas se adornen con elementos de lo más dispar: en casi todas hay una pareja y la protagonista es secuestrada en algún momento para ser salvada y salir indemne unos párrafos antes de terminar el relato. Sean pilotos, prometidas de alguien, o la hija de algún personaje secuestrado, son automáticamente salvadas por policías, detectives o un novio con unas dotes de héroe de acción sacadas de no se sabe donde, tal es el nivel de caracterización de los personajes.  La segunda, es el recurrir a una explicación racional sin importar lo fantástico del punto de partida. Algo, por lo que se explica en el prólogo, propio de un genero específico llamado Weird Menace, y quizá porque gran parte de estas historias se publicaron en revistas sobre detectives. Este giro resulta hoy un tanto folletinesco, entrañable y a ratos, involuntariamente cómico: cualquier banda de contrabandistas es capaz de ocultarse como sectarios, fantasmas o satanistas…Vamos, hasta lo de los papeles de Panamá no había llegado a ver tanta inventiva en el mundo criminal.

 
 
Sí, he aprovechado lo de las portadas pulp para decorar toda la entrada con ilustraciones de temática gatuna


En una antología como esta no se pueden buscar relatos de calidad literaria. Hay algunos que destacan, como el de Cornel Woolrich y sus referencias a El entierro prematuro de Poe, o la primera aventura de Steve Harrison, el detective creado por Robert E. Howard, más por el renombre de su autor que por el aporte. El resto, a veces un poco torpes, a veces más disfrutables, y en algunos casos, con unas situaciones que por ridículas, podrían sacar una carjajada. Pero hay algo que  no se puede negar: son divertidos. Breves, con un final un poco predecible a partir del tercero al conocer ya la estructura de estos, y en muchos casos, sorprendentes al incluir elementos que hubiera esperado encontrar en una película de terror de los setenta, y no en un cuento escrito en mil novecientos treinta y pico.

Los hombres topo quieren tus ojos no es un libro recomendable para alguien que busque buenos relatos de terror, algo que no falta en la editorial en la que ha sido publicado, y en la que su variedad e ideas a la hora de recopilar cuentos varios es una de sus mayores ventajas. Es más bien una antología de una parte del pulp muy poco conocida, pensada para un público que conoce este estilo, sus fallos, y disfruta con ambos.

jueves, 31 de marzo de 2016

Lecturas de la semana. Pulp antiguo y pulp moderno



La lectura siempre ha sido una afición y un entretenimiento. Y en estos casos, parece un poco raro querer buscar algo que sea sencillo, poco complicado o simplemente, que divierta. Salvo que, tras terminarse un libro de Thomas Ligotti, no viene mal buscar algo completamente opuesto: que sea movido, que sea imprevisible…vamos, lo más apartado que me venía a la mente eran las novelas pulp, sin que estas tuvieran que pertenecer necesariamente a una época o país determinado. 

 


Shiva Von Hassel. Ostfront. El doctor Von Hassel es un escritor muy poco conocido, de biografía un tanto enigmática (ha vivido en varios lugares y él mismo no duda en enriquecer sus orígenes con todo tipo de historias) y su novela ganó hace unos años el premio Molotov-Ribbentrop gracias a su narración donde mezcla una segunda guerra mundial digna de Hazañas bélicas, nigromantes, rabinos y muertos vivientes en el Frente Orienta.

En realidad esto era demasiado bueno para ser verdad, y la novela tiene una explicación tan prosaica como el ser un texto escrito a seis manos por quienes figuran como traductores y editores en la publicación original. Pero, como pasa con estas cosas donde  el sentido de lo maravilloso tiene un papel importante, mejor que quede ahí y cada uno se quede con la versión que más le guste.  Porque de esto a la historia no le falta, al atreverse a relatar el enfrentamiento entre Max Schreck y el rabino Loew durante la segunda guerra mundial, con todas las armas de las que disponen: muertos vivientes, criaturas monstruosas, homúnculos y como no podía faltar, un Golem.

El estilo es muy rápido, no da ni un minuto para crear ningún tipo de atmósfera específica ni personajes concretos..porque en realidad tampoco los necesita: al recurrir a nombres que son conocidos por el público, este tiene una idea previa de quienes son y lo que pueden hacer. Lo que da más espacio a la acción, que aquí es vertiginosa: no está terminando de relatarse una escena de batalla, o de la aparición de unos zombies, cuando al poco empieza otra. Pero en realidad, más que pulp, es una historia dieselpunk, donde se mezcla todo tipo de maquinarias con elementos fantásticos además de personajes históricos más o menos reconocibles.

El resultado, además de enloquecido, es muy divertido: no se queda en medias tintas, y lo importante es la acción, la velocidad y que cada vez salga un monstruo más impresionante. Pero, entre lo breve, y el ritmo tan acelerado, los intentos de incluir incisos donde la narración explica algo, o  donde se produce un salto temporal para explicar esta situación, resultan muy confusos. De todas formas, no pretende ser una novela extensa ni nada demasiado serio, y esta falta de ambición juega mucho en su favor: hay  novelas fantásticas de este estilo que se hacen mucho más pesadas al pretender ser más serias y más extensas de lo que deberían. Esta no es el caso. Es breve, divertida, y todo un homenaje al dieselpunk y a la suspensión de la credibilidad.

 


Jean Ray. El crucero de las sombras. Solo por las ciento setenta y algo novelitas de Harry Dickson, creo que  tengo Jean Ray para varios años. Y menos mal, porque  los relatos y novelas me los he terminado todos. Pero eso no evita que en alguna ocasión relea alguno de sus cuentos: al igual que a H. P. Lovecraft le tengo un gran cariño, y que al igual que este, aguantan, o más bien, son mejoradas por, una segunda lectura. Porque además de verlas como algo entrañable de hace años, se aprecia también toda la creatividad y aproximación muy particular al fantástico del autor.

El crucero de las sombras es una recopilación cuyos relatos no tienen ningún elemento en común. Salvo quizás, el perfil de los personajes y los escenarios: marineros en gran parte, y de moral reprochable, también en muchos casos, a los que lo sobrenatural se les presenta como una mezcla entre creencias populares, fantasmas tradicionales, e incluso elementos propios de la ciencia ficción como los seres de otras dimensiones, unos años antes de que Lovecraft planteara este tipo de terror. Muchos de estos se plantean como relatos de taberna, también escenarios muy comunes que sirven de lugar de reunión o como desenlace dramático.

Además de esta aproximación al fantástico, entre lo sobrenatural y el relato de aventuras, son estas lecturas posteriores las que aportan detalles nuevos: Ray nunca fue un escritor de estilo, sino un narrador de historias. Donde, precisamente por su afición a los ambientes portuarios o los escenarios propios del cuento de fantasmas inglés, no faltan anglicismos y germanismos en las frases, pese a que estas tuvieran un equivalente francés. Y, pese a su preferencia por resolver las tramas de una forma drástica, y tan alejada del terror como podría ser una pelea o un disparo, se nota cierta melancolía a la hora de describir las calles y barrios por las que se mueven sus personajes. Una forma de escribir muy curiosa y única, de esas que te gustan o no te gustan a primera vista. Y que en mi caso, no es la primera vez que releo. Ni tampoco será la última.

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