En 1996, con la llegada de las consolas de nueva generación, se lanzaba un videojuego que, además de convertirse en una de las franquicias más duraderas, sería el comienzo de un género: el survival horror, que aprovechando las mecánicas que permitía la nueva tecnología, desarrollaría una mezcla de terror, combate, aventura gráfica y unas mitologías bastante complejas que permitían una mayor posibilidad de trasladarlos al medio audiovisual. Algo que sucedió a menudo con la saga de Capcon, que además de varias producciones de animación, daría lugar a una saga de siete películas donde, Resident Evil poco, pero Milla Jovovicch dando saltos y usando a los protagonistas del videojuego como secundarios, todo lo que quieras. Una versión cinematográfica que para los aficionados, no le hacía justicia al material original y de la que su nueva adaptación, sin el estilo fan fiction de Paul Anderson, tampoco había gozado del favor de los jugadores. El salto a serie de tv era algo que cabía esperar, en este aso, de la mano de netflix que no es ajena a producir live action…aunque también sea conocida por su tendencia cancelar todo o que no le funcione a la primera temporada.
Resident Evil comienza mostrando la situación en 2036: tras algún tipo de catástrofe, que ha provocado la aparición de hordas de muertos vivientes y de animales mutantes de tamaño gigantesco, las poblaciones se han replegado entre distintas facciones, controladas una parte por la corporación Umbrella, zonas fronterizas que viven del contrabando, y grupos independientes como la Hermandad, formada por fanáticos religiosos, y la Universidad, dedicada a investigar a las criaturas que deambulan por la tierra en busca de una forma de evitar su peligrosidad o o encontrar un remedio. Jade es una investigadora de la Universidad cuyas incursiones en zonas aisladas la llevan a menudo a exponerse no solo a los zombies sino a bandas de contrabandistas y a la corporación Umbrella, que parece estar interesada en su captura. Billie, su propia hermana, ocupa un puesto de responsabilidad en esta y no dudará en sacrificar cualquier cosa para traerla de vuelta aunque los lazos familiares en este caso no son el principal motivo. Paralelamente, se irá conociendo lo que sucedió hace catorce años en Nueva Racoon City, una ciudad corporativa situada en Sudáfrica, a la que las gemelas Jade y Billie Wesker acaban de trasladarse con su padre.
La serie opta por funcionar como continuación de lo sucedido en las primeras entregas del videojuego, para después desarrollar el argumento de forma más libre. Unos de los primeros momentos de sorpresa vienen dados por la aparición de Albert Wesker, muerto según el canon oficial y que regresa como personaje principal en la trama ambientada en la actualidad…aunque teniendo como trasfondo a una empresa malvada con todo tipo de recursos científicos, no es muy difícil imaginar cual será la explicación de su regreso.
Las referencias al primer videojuego también están presentes, bien como mención directa o como guiño a la serie: se volverá a hablar del virus T, ahora reconvertido a una nueva actividad empresarial (malvada también) y a la mecánica de puzles del videojuego: el momento en que las protagonistas deben seguir una serie de pistas repartidas por la casa para encontrar objetos (desde tocar una melodía al piano hasta mirar tras una foto) remiten directamente a las investigaciones en el primer Racoon City.
Dentro de la trama de la actualidad, que para tratarse de una serie de zombies es más interesante que su continuación en el futuro, es interesante el cambio de concepto ético y de actividades reprobables: a mediados de los noventa, fue la investigación de un virus con fines militares. En 2022 el beneficio económico se traslada a la industria farmacéutica y la especulación con la salud mental mediante el desarrollo de un nuevo antidepresivo a partir de las investigaciones con el anterior virus. Tampoco faltan referencias a la mercantilización de la vida como algo aceptable dentro de la ideología de sus personajes: en un momento dado, Jade y Bilie mencionan haber nacido tras un procedimiento de donación de óvulos y gestación subrogada. Un diálogo un tanto gratuito pero que parece estar pensado para recordar que Umbrella es una de esas corporaciones malvadas por excelencia, a la misma altura d que la Weyland Yutani, la OCP o la Tyrell.
Aunque intentan enfocar una historia nueva, y planteada de forma que sea accesible para los que no conozcan el videojuego, el resultado es muy irregular. Mientras la trama situada en la actualidad, que mantiene mayor interés, también resulta en su comienzo la más aburrida, dedicando bastante tiempo a recrear el día a día de una comunidad creada alrededor de una empresa hasta que la trama arranca…y de la forma más absurda posible: para tratarse de una empresa que desarrolla proyectos secretos, es sumamente fácil para dos niñas en edad de grabar Tiktok colarse en el laboratorio y liberar a uno de los animales infectados. Entre esto, y lo del 96, lo mismo tenían que dotar mayor propuesto a las infraestructuras de seguridad…
Y aunque la aparición de Lance Reddick como Wesker de bastante cuerpo a una parte de la trama parotagonizada por dos niñas un poco nerviosas, su aparición como una de las múltiples versiones del villano roza lo ridículo:_ mientras que la defensa de sus hijas en un entorno anodino como una discusión del colegio sugiere la capacidad de amenaza del personaje, su cameo como primer Wesker, con un atuendo que parece un cosplay de Blade, parece un chiste acompañado por el desfile de clones que tiene lugar a partir de entonces.
No se puede decir mucho de la trama del futuro, donde las protagonistas adultas han tomado caminos distintos y donde ambas parecen tomar decisiones bastante absurdas a nivel argumental. Esta es todo lo visualmente correcta que podría esperarse de una producción de Netflix y la referencia a los hechos intermedios quizá se resuelvan en la segunda temporada…y la plataforma no decide cancelarla, que últimamente eso y anunciar restricciones en las cuentas parecen ser su actividad principal. Una posibilidad para una serie que no ha sido lo que se esperaba, para los fans del videojuego o de los zombies en general, pero que se queda en una producción muy genérica y u n tanto aséptica. En la que al menos es de agradecer que no recurran a la nostalgia y las piezas musicales que suenan en cada capítulo sean del 2020 en adelante. Por otro lado, hace pensar un poco ¿qué es esa música para chavales que ya no conozco?
Sí, se que el traje es de Fallout y no de Resident Evil, pero es una monada
Cuando hace quince años se estrenó
una película basada en Resident Evil, era impensable que los zombies
se fueran a poner de moda y que una adapción más que correcta de un
videojuego acabara convirtiéndose en una franquicia tan duradera.
Aunque esta consistiera en pasarse por el forro cualquier similitud
con el argumento original para convertirlo en una saga de ciencia
ficción apocalíptica donde una agente, espía o categoría
profesional no determinada lucha contra los zombies, contra una
corporación malvada y se dedica entre una entrega y otra a ser
clonada o a adquirir o perder los poderes más descacharrantes. Con
una secuela cada dos o tres años, demostró tener una buena salud y
aprovechar muy bien a nivel de recaudación los huecos que quedaban
entre el estreno de un blockbuster y otro. Pero seis entregas
repartidas en una década y media eran más que suficientes para
terminarla.
Capítulo final demuestra que el poner
títulos sugestivos no es uno de los fuertes de la saga: después de
apocalipsis, extinción, venganza, este debe haber sido el único que
anuncia un poco lo que se espera del guión. El cierre, definitivo,
en principio, en el que Alice, la protagonista, debe volver a la
colmena, el laboratorio subterráneo aparecido en la primera entrega
y recuperar una cura para el virus que ha devastado la tierra. Pero
dispone de un tiempo muy limitado, solamente 48 horas tras las cuales
el sistema de inteligencia artificial que dirige el complejo
eliminará a los supervivientes de la tierra. Y todavía quedan
algunos miembros de Umbrella, la corporación causante del desastre,
dispuestos a impedir que Alice encuentre el antídoto.
En esta serie es una costumbre el
terminar cada secuela con un cliffhanger de cara a la siguiente. Como
también lo es saltarse a la torera ese mismo final abierto, contar
lo que se les ocurra, y rematar de una forma similar. Por eso no
sorprende que el anterior desenlace haya desaparecido de un plumazo,
junto con los pocos secundarios que pudieron llegar, para volver a
presentar a Milla Jovovich como protagonista absoluta hasta bien
entrada la mitad de la trama. Esto también había quedado
establecido desde la segunda secuela, pero resulta mucho más
excesivo, al limitarse a mostrar a la protagonista recibiendo la
información necesaria sobre la historia de esta entrega,
desplazándose y figurando en distintas escenas de acción donde
también se presenta al que será el antagonista en el cierre. La
falta de personajes, secundarios o no, se hace tan evidente que
cuando aparecen estos, se limitan a ser un grupo de supervivientes
genéricos a los que ni se molestan en dar un nombre o más de un par
de líneas de diálogos: para qué, si van a morir uno detrás de
otro en las siguientes secuencias. Incluso la referencia a los
personajes del juego original es casi una broma, saliendo unicamente
Claire Redfield de manera testimonial y casi como el único vestigio
de una saga donde los secundarios van, vienen, son mencionados y
olvidados rapidamente en unos guiones que prefieren los tiros a la
coherencia a largo plazo. Un fallo bastante gordo cuando se pretende
hacer una franquicia duradera, pero a estas alturas...¡Esta es la
última! ¡Poco importa!
Comparada con la anterior, también
aporta bastante más a la historia, o al menos, se la ve algo más
cuidada que el llevar al cine los zombies y disparos de rigor cada
tres años. Intentan, al menos, darle un cierre a la historia de su
protagonista, de la que precisamente por culpa del guión, nunca
queda claro qué demonios pintaba ahí desde el principio, salvo el
tratarse de una espía, o algo igual de ambiguo. Las tramas sobre
clones, mutaciones genéticas y poderes todavía lo volvían más
confuso, y es ahora cuando intentan aportarle un trasfondo donde se
le da todavía más importancia a una heroina que practicamente se
come las películas ella sola. También intentan aportar un poco más
de coordinación entre cada una recuperando al personaje del doctor
Isaacs como villano, que, salvo hacer que Ian Glen salga más en
pantalla que en las cinco películas anteriores (y de paso cobre, que
solo quedan dos temporadas de Juego de Tronos y hay que pensar en el
porvenir), no sirve de mucho el intentar darle ahora una
caracterización de malvado apresurada y destinada a resolver algunas
tramas sueltas.
El montaje también demuestra cierto
agotamiento en la serie y que esta conclusión era bienvenida:
practicamente se limita a ser una serie de secuencias de acción
variadas de las que se van saltando una a otra. Luchas contra un
monstruo, peleas contra los soldados de Umbrella (me pregunto, con
esto del apocalipsis, como les pagan ¿tendrán planes de
jubilación?), persecuciones en moto y un desenlace en unos
escenarios conocidos que remiten directamente a la primera película.
Esta sucesión no parece fluida, sino que va de una escena movida a
otra sin más hilo que el llevar a la protagonista a su parada final.
Aunque si bien poco innovadoras y repetitivas, son más que
correctas. Un aspecto positivo de la serie es que siempre conoció
sus limitaciones y se las arreglaban bien para aprovechar al máximo
la aparición de criaturas hechas con cgi sin que cantaran demasiado,
unos zombies resultones y un aspecto en general de no ser una peli de
las de mover millones, pero tampoco una de dos pesetas. Salvo en la
anterior, donde se veía que andaban más justos de tiempo y dinero,
todas han cumplido. Esta no ha sido una excepción, aprovechando muy
bien los medios, las secuencias e incluso los zombies, que no podían
faltar y que aquí los hay en número más que suficiente, e incluso
con una caracterización bastante mejor que la que se podría ver en
un Z Nation. Bueno, aunque decir que algo está mejor hecho que los
zombies de Z nation tampoco puede considerarse un cumplido.
Todo villano que se precie debe tener varios jerseys de cuello vuelto en su fondo de armario
Lo bueno que se puede decir del
Capítulo final de Resident Evil es que era lo que se esperaba: el
cierre de una saga que poco tenía que ver con el videojuego que la
inspiró, donde Milla Jovovich se convirtió en la estrella absoluta
y donde el conjunto, si se contaba con algo más, es flojo. Nunca
fueron buenas películas, pero al menos tenían la intención de
ofrecer más calidad y entretenimiento de lo que puede verse en algo
que dirige Uwe Boll (de nuevo, creo que comparar para bien a alguien
con Uwe Boll tampoco es positivo) y que en todo este tiempo cubrieron
más que bien un nicho dentro de la serie B con medios. Después de
todo, nos hemos divertido.