jueves, 30 de julio de 2026
Celsius 232 2026. El año de las sillas plegables
jueves, 21 de mayo de 2026
Lecturas de la semana. Pierre Véry y nada es lo que parece
El policiaco, crímenes y thriller en general no me ha atraído demasiado. Ni el sueco (Lisbeth Salander, me aburres tú, tu autismo hacker y tus malos rollos familiares) ni el polar, ni el procedimental. Puede caer de vez en cuando algo de Agatha Christie o de Simenon, pero en cuanto a asesinatos, la realidad ofrece bastantes y con el true crime voy servida .salvo una excepción, un señor francés que a lo largo de más de treinta años escribió novelas policiacas, además de incursiones en otros géneros. Un autor de novelas de misterio mezcladas con lo costumbrista, lo extraño, el absurdo, cierta ensoñación y una resolución del caso de habitación cerrada completamente rebuscado, donde lo importante no era el qué, sino las vueltas que hemos dado llegando hasta aquí. Desde que hace años encontrara en cas un ejemplar de Goupi Manos rojas en París, aquel charentino aparentemente siniestro escrito por Pierre Véry mostraba un mundo donde lo anodino y lo extraño convivían. Desde entonces, volver a casa con toda novela de este señor que me encontrara se convirtió en la norma. Y como bruguera ser encargó de incluirlo en el catálogo de su colección de policiaco, no me han faltado.
Es también este aspecto del romance en su versión más pesimista, lo que tiene un peso importante en la trama. La “mujer ideal” con la que dialoga el protagonista, las relaciones puramente físicas, el amor platónico desde una percepción de la realidad errónea y el remordimiento acompaña a todos los personajes y se entrelazan en el punto de partida que plantea enigmáticamente cómo puede cometerse un crimen en el que no se participa. Y que más que desarrollarse, aparecerá de forma súbita, rompiendo la rutina y la atmósfera enrarecida que Véry ha construido, para ser resuelto como suele hacer él, de la forma más sencilla, casi propia de un deus ex machina y que se convierte en el punto final de un drama familiar marcado por ese ambiente fantasmal.
Este, comparte con El traje de los domingos algunas características-. La visión del romance y de desamor como algo no trágico, pero que no aporta nada positivo, su acercamiento al fantastique mediante la irrupción de lo absurdo y el comportamiento de los personajes, el uso exagerado de un mcguffin y las referencias al momento histórico. Ambas están separaos entre sí unos veinte años, pero parte de la acción se determina, respectivamente, por la Guerra Civil española y el final de la Segunda Guerra Mundial. El resultado lo convierte en una de sus novelas más oscuras, donde algo global afecta, de forma tangencial e inesperada, a los sucesos de la historia.
Esta es una de las novelas más cercanas al fantástico de Véry. Anterior a Mambrú a ha muerto, y ambas escritas a mediados de los treinta, esta es anterior a los conflictos que llegarían. Mucho más juguetona, recreándose con los tópicos del folletín, y se adelanta por varios años a Walter Mitty (ese mal llamado síndrome, cuando todos sabemos que es una herramienta para mantenernos cuerdos), con un protagonista perdido entre la fantasía y la realidad , situación que arrastra al lector durante toda la narración mediante una trama muy engañosa, que funciona porque el autor miente deliberadamente y la convierte en una historia que no podría tomarse como policiaca de ningún modo. No queda otra que dejarse llevar por ese juego de crímenes novelescos, de periódicos sensacionalista y de pistas falsas en un Paris que parece tan lejano e irreal como el ilustrado por Tardi en las aventuras de Adèle Blanc-Sec.
La trama policial es lo menos importante y quizá una de las más flojas, a diferencia del desfile de personajes que se mueven entre oficinas, redacciones y buhardillas subarrendadas (porque otra cosa no, pero en Europa se nos da muy bien amargar a la gente con la vivienda desde hace siglos) y que homenajea al folletín más exagerado, el de crímenes imposibles de resolver, bandas criminales y pasadizos subterráneos transitados por todo tipo de sociedades secretas. El desenlace, precisamente por esta decisión, desluce el recorrido con un deus ex máchina que hace un borrón y cuenta nueva, pero consigue mantener una sensación final de desconcierto: Véry, después de todo, nos ha engañado tanto como la banda criminal que dejaba, como firma de sus crímenes, una decorada botellita de veneno.
jueves, 7 de mayo de 2026
Lecturas de la semana. Folletines y papel de pulpa
Desde hace unos años la literatura popular con un mínimo de 8 décadas de antigüedad se ha conferido en mi zona de comfort ¿Qué hay bajón? Pulp ¿Qué hay incertidumbre? Señor francés escribiendo historias por entregas sobre un personaje fundacional de la cultura popular. Puntos extra si es un villano o va enmascarado, y por su extraño sentido entre la intensidad y el absurdo ¿Qué un señor de color naranja ha decidido jugar al Pasimisí con unos barquitos en Oriente Medio? Póngame un poco de todo, que falta hace.
Robert E. Howard. Conan, el Cimmerio 3. Este recopilatorio de las historias del bárbaro más famoso de la literatura y los cómics incluye, además de una miscelánea con borradores y textos no terminados p por Howard, los relatos El pueblo del Circulo negro y Nacerá una bruja. En el primero, Conan, líder de una de las muchas tribus de los afghulis, secuestra a la princesa de Vendhia para exigir la liberación de varios de sus cabecillas. Pero esta también es perseguida por los Videntes Negros, una orden de brujos que asesinaron a su hermano y ante los cuales, su secuestro también puede ser su salvación.
Nacerá una bruja es un relato más breve, sobre profecías, gemelas malvadas, princesas desterradas, civilizaciones antiguas y malvadas (lo siento, las cien veces que he visto el Conan de Millius tenía que aparecer por algún sitio) y donde Conan juega un papel muy secundario frente a una intriga que poco importa al mercenario.
Siendo el personaje más famoso de Howard, este ha acabado siendo más conocido por su adaptación al comic, especialmente por los trazos de Buscema, que por las narraciones. Es en el texto cuando más se le notan las costuras como escritor, con la paradoja de tener una capacidad de atrapar al lector como se ha visto pocas veces, pero con unos recursos estilísticos un tanto limitados ¡la de veces que he encontrado nobles con rostro de halcón y al cimerio recurriendo a sus reflejos de pantera!
Recursos que se acaban obviando, acostumbrándose a ellos una vez se avanza un par de páginas de cualquiera de sus cuentos. La era hiboria de Howard, ese mundo cuyos países desaparecidos son en realidad un reflejo de las naciones y culturas del nuestro, es descrito por el como brutal, sangriento y fascinante. Con toda la violencia que le permitían las páginas de las revistas Pulp con las que se ganó la vida, Conan es el arquetipo de mercenario despiadado, ambicioso, y con cierto código del honor que lo convierte en un héroe pragmático, pero no ambiguo: este representa al individuo no domado por las normas sociales, a menudo hipócritas y más retoricas que la ética de los forajidos y mercenarios entre los que se mueve. Un personaje cuya naturaleza brutal lo dota de cierta racionalidad que le permite enfrentarse a hechiceros y fuerzas que harían huir a cualquier otro, que se mueve en ese difícil equilibrio entre lo despiadado y lo honorable.
Un logro parar un héroe y unos relatos que se adelantan casi un siglo al concepto de grimdark que manejan hoy muchas narraciones de héroes de moral gris, y que se caracteriza también por una sorprendente simpleza y modernidad que hace que hoy puedan leerse como el primer día.
La edición, publicada por Timun Más hace unos veinte años, es la versión económica del tomo único que había sacado con los relatos (hoy, al precio que van los libros, ese tocho nos hubiera resultado barato). Este, dividido en varios tomos en rústica, incluía dos o tres relatos más los textos sueltos de Howard, acompañado por unas ilustraciones de Gari Gianni que recuerdan mucho a los dibujos pulp de antaño.
jueves, 12 de marzo de 2026
Lecturas de la semana. Pulp fiction
Catherine L. Moore. Shambleau. Una extraña criatura, de aspecto humano y comportamiento cercano al de un felino dotado de inteligencia, es salvada por Northwest Smith durante uno de sus viajes. El ser, a quien los locales llaman Shambleau, esconde un secreto que lo acerca a los seres mitológicos de los que las leyendas de la tierra advirtieron a los primeros humanos. Esta es solo una de las aventuras del contrabandista y su socio, el venusiano Yarol. Un tapiz que traslada a su poseedor a otro mundo donde este queda atrapado, civilizaciones olvidadas en planetas remotos e incluso misterios ocultos en el planeta tierra son una parte de la vida de este forajido, contrabandista y mercenario que Catherine L. Moore dio a conocer en las páginas de Weird Tales durante los años 30.
El ciclo de cuentos de Northwest Smith, entre planetas muy similares a la tierra ciudades sin ley, civilizaciones perdidas y criaturas desconocidas, constituyen algunos de los mejores relatos escritos por Moore en su etapa pulp, ya un poco lejos de esos felices veinte pero todavía durante los años dorados de la narrativa fantástica popular. Sigo siendo mucho más devota de la espadachina con carácter y dueña del castillo de Joiry, pero los viajes de Northest en el espacio se han hecho también un hueco entre mis pulps favoritos.
En la colección, estas ocho narraciones se caracterizan por su intención: ir directos al grano, sin necesidad de giro final y dedicando el tiempo necesario para crear una ambientación que se perciba como distinta a los escenarios clásicos. Algo que Leiber en sus textos pulp sabe hacer bien: aunque sea más conocido por el ciclo de Fafhrd y el Ratonero Gris, el responsable de Nuestra señora de las Tinieblas e s igual de capaz de defenderse en el género de terror.
jueves, 12 de febrero de 2026
Groucho y yo. La autobiografía poco ejemplar
“Ningún gran hombre vive en vano. La historia no es más que la biografía de los grandes hombres”.
Thomas Carlyle
“Dinero y santidad, la mitad de la mitad”
El mismo año de esa última aparición de los hermanos Marx, ya en televisión, casi una anécdota o una despedida que pasa desapercibida, Groucho, quien ya llevaba unos años como presentador de radio y televisión, publicaba su autobiografía. Esta, lejos de ser una narración de su vida y obra ordenada y pulida por un negro literario, venía de la mano de Groucho, con la advertencia que esta no se ceñiría al formato tradicional.
Una advertencia expuesta con mucha sorna, que servía de prologo para la historia de los primeros años de Julius Henry, antes de ganarse su apodo artístico, pero también de sus padres y hermanos en un apartamento de Nueva York. Un hogar lleno de bullicio, familiares, pero también de música la venir estos de un entorno de artistas alemanes emigrados a Estados Unidos años atrás. Durante esta época comenzará su interés por el mundo de las variedades, así como la formación audiovisual de sus hermanos y sus primeros pasos en circuitos artísticos poco relevantes hasta que estos formarían los Hermanos Marx tal y como los conocería el público. A partir de entonces, referirá de forma muy rápida, saltando entre situaciones y contexto, su carrera cinematográfica, anécdotas del mundo del espectáculo, su participación en el programa I bet your life en el tramo final de su andadura. Y paradójicamente, muy poco de la vida de Julius Henry Marx.
Como autobiografía, esta resulta bastante particular: no es una andadura vital llena de momentos personales y reflexiones, sino más bien una colección de anécdotas de distintas épocas de su vida, donde s i bien no esconde los aspectos poco agradables pero que eran conocidos de sobra, como los problemas de Chico con el juego, su vida personal ese limita mucho a su época de infancia y como máximo (y seguramente, el propio Groucho se quejaría de que su editor habría insistido) alguna anécdota sobre su hija menor, nacida en su matrimonio con Eden. El resto de aspectos oficiales , o más propio s de prensa rosa quedan fuera, e incluso las referencia a su vida privada son mostradas mediante un par de primeras citas desastrosas, pero cómicas, durante su adolescencia.
viernes, 9 de enero de 2026
Aniversario. Sumando años
Apunta y dispara. Siendo todavía un hobby en el que mi capacidad de reacción ese ve puesta en evidencia, este 2025 he saltado de Telltale y los juegos de conversación a algo más dinámico: los de Remedy, empezando por Allan Wake 2 y Control. Si el primero me ha sorprendido por su complejidad y sentido de lo extraño, algo así como un Twin Peaks pasado por el horro cósmico y la cultura popular, la versión pulida del creepypasta de la SCP me ha costado un poco más…pero no hay nada que no se solucione reduciendo la dificultad y siguiendo los consejos de un conserje. Ojalá la vida también viniera en modo fácil.
El siglo XXi: algo bueno tendrá. Aunque los ochenta siguen siendo la década recurrente en cuanto a cine, durante el año he podido ver películas como la Inglaterra rota de Danny Boyle en 28 años después, con la promesa de secuela. El Nosferatu de Eggers, aunque no me convenciera su tendencia hacia una de las tramas de Penny Dreadful, es todo lo que podemos esperar de él y ese brujo vampiro interpretado por Bill Skarsgard tiene tanta a presencia como la sombra de Schreck y o el patético Kinski. Weapons demuestra que Zach Cregger mantiene una buena línea de terror moderno con mucho humor negro, y pese al bombo que se le dio, La sustancia me pareció y me sigue pareciendo, lo que podría pasar si a Moderna de Pueblo le dijeran “haz una película de terror feminista”.
La posguerra, los sesenta y el grano setentero. He saltado de década, gracias a referencias y recomendaciones. Consejos que además de animarme con un cine que me parecía demasiado lejano o del que no me consideraba con suficiente cultura cinematográfica como para hablar de él, me descubrieron la faceta más oscura de Chaplin en Monsieur Verdoux, lejos de ese gran dictador esperanzador que hoy hen día no podemos creernos. La posguerra traería cine negro como El cebo un Ojos sin rostro, más cercano al fantástique que al policiaco, y unos sesenta entre la Europa del Este de El incinerador de cadáveres o El barón fantástico. Si 2024 fue un poco Walter Mitty, en 2025 la luna es de los poetas y los soñadores. Tras la rareza de Spider Baby llegaría el grano setentero. Desde Contra el imperio de la droga, como homenaje póstumo a Gene Hackman a El puente de Casandra ¿es que no podemos estar ni una década sin virus raros?
Hubo muchas películas este año que han merecido la pena, pero me quedo en cuanto a extrañeza con Trompe-l´oeil y Le seuil du vide. Fantastique setentero de casas anómalas y paranoias. Aquí somos de señores europeos de entreguerras, pero Jean Ray fue uno de mis primeros autores favoritos ras H. P Lovecraft.
Las señoras pulp. Terminé el año leyendo Shambleau de C. L. Moore. Si la castellana Jirel de Joiry me había gustado, también lo hizo su mercenario espacial Northwest Smith. Moore es solo una de unas cuantas autoras que en parte gracias a Gótico botánico pude descubrir y que una afortunada combinación de regalo de reyes y planificación editora de Impedimenta, con Hermanas Raras, hicieron que para el 2026 pueda seguir leyendo algo más de esas señoras de los años veinte.
Me quieren meter en una secta ayuda. tras siete años asistiendo a las Celsius sin falta, incluido el 2020 de aforos limitados y mascarillas, 2025 fue el año más decepcionante: colas interminables, no poder asistir ni a la mitad de charlas que tenía previstas y cientos de personas cargadas con libros voluminosos y disfrazados de personajes que ni me sonaban ¿pero quién ese ese Brandon Sanderson que los tienen locos? Esta sensación de desconcierto, de encontrarse por primera vez con un fenómeno de la literatura fantástica que me era ajeno y un poco el fastidio de hacer colas durante horas hizo que mi primer contacto con este señor fuer a el de cierta ojeriza. No contaba con que sus fans estuvieran infiltrados por todas partes (incluida mi familia) y tras un muy poco sutil “oye, ¿te has leído algo de Sanderson? Acabara con un ejemplar de Nacidos de la bruma envuelto en papel de regalo. Y aquí estoy a enero de 2026, leyendo a un autor que no hay inventado nada y que me atrevo a calificar de más simple que el mecanismo de un chupete, pero que conoce su oficio y lo desempeña bien. Al menos he conseguido enterarme de qué era la capa de flecos que llevaban sus fans en Avilés.
Un año más, en un mundo cada vez más raro. Un cyberpunk cutre que se va llevando como se puede mientras el señor naranja de la Casa Blanca decide emular a las películas de la Canon. Como lo de empezar el año tranquilo parece que no es lo nuestro, nos queda seguir adelante, agarrarse a lo que nos hace feliz y procurar hacer todo lo posible para que los gatos puedan tener una buena vida. Somos la única especie capaz de abrir latas de mousse y sobres de comida. Mantengamos trabajando esos pulgares prensiles.
jueves, 11 de diciembre de 2025
Gótico botánico. No me pises el sembrao
Este es un blog cat-friendly
...Por si quedaba alguna duda





.jpg)






















