Series de tv, libros, cine...y una constante presencia gatuna
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jueves, 25 de junio de 2026

We bury the Dead (2025). Repitiendo fórmulas

 


Ellos son nosotros. Y nosotros somos ellos.

Bárbara. La noche de los muertos vivientes (1989?

-        ¿tus zombies muerden?

-        No, pero te miran con cara de no saber qué hacer de sus vidas

-     El guionista


Queda un poco lejos la época en la que los zombies se convirtieron en uno de los géneros más populares y socorridos. Un poco  por agotamiento (once temporadas d Walking dead más varios spin offs  en activo  acaban con la paciencia de cualquier fanático) o  porque  al tratarse  de una criatura que refleja los temores contemporáneos, se había convertido también en algo muy asociado a una época específica. O porque estamos ya tan aburridos de todo que nos da igual apocalipsis zombi que meteorito. Salvo los intentos por traer de vuelta  Resident Evil  (y a ver si a Zach Cregger le sale bien), los zombies se volvieron a su  nicho,  a cine más de serie  B, hoy  cambiando el  VHS  por el streaming y  a menudo   como premisa de  guiones más cercanos al humor y  ala parodia.  Las reimaginaciones  serias   se quedarían  casi olvidadas,  salvo por  el regreso de 28  días después…¡Pero  estos  como sabemos desde  2004, no son zombies, son infectados!

Este enfoque, respecto a los que podemos considerar zombies “de los de siempre”, volvería en una pequeña producción australiana con un enfoque menos ambicioso, pero contando con ese elemento que se mal explotó hasta la saciedad como es el drama personal.


Una mujer se dirige a Tasmania en un vuelo,  para  colaborar como voluntaria tras una catástrofe que  barrió gran parte de la isla: un error militar provocó la activación de un pulso electromagnético que, sin  dañar el exterior,  provocó la  parada cerebral de todos los seres vivos.  Ahora, con una isla repleta de edificios llenos de cadáveres, los voluntarios se encargan de  las tareas de  reunión de restos y limpieza.  Ava no ha llegado allí solo para ayudar, , sino para encontrar a su marido,  sorprendido por el accidente durante un viaje de trabajo a varios kilómetros de allí. El plan de esta es llegar  hasta l a zona y comprobar  qué ha sido de el. Pero para ello deberá eludir los controles militares y encontrarse  con cadáveres que por algún motivo, han vuelto a reanimarse. Estos, según el ejército, no son peligrosos. Pero los disparos a la cabeza han sido más rápidos que  cualquier examen más  exhaustivo.



La película opta por un enfoque dramático en el que  el elemento principal de la trama es el duelo  y como los personajes  se enfrentan a este. La huida hacia delante, la búsqueda de un cierre o la negación y la locura serán sus distintas maneras de reaccionar.  La forma de plantear el punto de partida también se ve limitado de una forma similar: lejos del estallido de 28 días después,  de la celeridad de El amanecer de los muertos de Snyder, o de la elipsis  del primer episodio de Walking dead,  el guion parte de un incidente  muy cercano: un error  que no borra todo, solo una parte.  La película es la historia de una catástrofe en un lugar del mundo, una de tantas que se oye en las noticias y  moviliza voluntarios, y que solo supone  para el resto del mundo continuar  con su vida y  respirar aliviados porque no  les ha tocado a ellos. Una idea   del final como  forma aislada que ha adquirido mucha más fuerza en os últimos años que la caída de la sociedad convertida en una suerte de fantasía escapista.


Es esa primera mitad donde se establece el tono que la convierte en una visión distinta del tema zombie: la llegada de la protagonista al centro de voluntarios tiene lugar  de forma paralela a los flashbacks de esta sobre su pasado y la búsqueda de su pareja. Y que se irán  endureciendo, perdiendo  la evocación  romántica para dar paso a la culpa y el remordimiento, a medida que ese viaje de la protagonista  se adentre en el corazón de una isla devastada.  Unos primeros minutos que juegan  bien con la idea de catástrofe,  de  gestión de esta, y de lidiar con las situaciones como el goteo de voluntarios que no pueden soportar la presión o las borracheras  como manera de llevarlas.

La idea principal es también  no ser una película de zombies al uso: salen pocos cadáveres y relativamente menos no muertos,  a los que los militares han bautizado de forma  muy peculiar “volver a estar online” y  no queda claro s el motivo del regreso de unos pocos. Estos  en ningún momento se convierte en el centro de las escenas de acción ni en una amenaza directa, siendo esta última, como suele  hacer este género a modo de advertencia, los  vivos.  


Es precisamente esta falta de resucitados  y caracterizados las pocas veces que aparecen, de una forma muy tradicional y efectiva, l que junto a los exteriores naturales  dota a la  producción de una atmósfera  intimista y un tanto desoladora: las vastas extensiones de terreno baldío, rotas solo  por  pequeños núcleos de población, hoteles o algún resort a lo largo de carreteras locales que ni siquiera aparecen colapsadas  salvo por  unos vehículos o la escasa presencia de militares, hacen que el foco recaiga sobre el personaje principal, completamente aislado y para quien la amenaza es más ese paraje desértico o el humo de un incendio que  los no muertos. Y en la  que  Daisy Ridley, hoy lejos de su época de Star Wars y  de  posible estrella, se centra en producciones  más pequeñas, pero más interesantes  que los estrenos  Disney.  Esta  encarna a una protagonista   cuyo viaje  es una forma de lidiar con el duelo  de dos pérdidas, una súbita, la provocada por la tragedia, y otra más personal,  por el final de una relación.


Este planteamiento se mantiene  durante gran parte del metraje, acompañado por esos cadáveres reanimados e inexpresivos como reflejo de una  situación traumática y una potencial amenaza. Una idea   bien planteada que podrí haber sido lo que diferenciara a la película  del resto de las de su temática, pero que empieza a abandonar  para  utilizar los típicos más reconocibles: los cadáveres reanimados empiezan a correr  y atacar porque…bueno, algo tiene que pasar  que no va a ser todo ponerse a pensar.  E intentan derivar  hacia una explicación filosófica como  esa teoría de “solo vuelven aquellos  con asuntos pendientes” que tampoco termina de funcionar  cuando el punto de partida es una explicación realista,  establecida con claridad y más cercana a la crítica de la situación a actual que a lo sobrenatural. De momento, no se ha podido superar que “el infierno está lleno, y los muertos caminan sobre la tierra”,  ni  parece que vaya a suceder en un futuro cercano.

Una deriva que desluce mucho el resultado total y  acaba  con un desenlace muy deudor  de 28 años después, pero tan incoherente como las aclaraciones previas: las posibilidades sobre la vida y al supervivencia  pueden ser admisibles en una trama sobre  infectados   en la saga de Boyle,  pero no en una donde se deja claro desde el principio  que los protagonista van a lidiar con cadáveres reanimados.

We bury the Dead es una aproximación un poco fallida al cine de zombies superado el agotamiento de las décadas anteriores. Un buen comienzo, una vuelta a los cadáveres reanimados como reflejo de algo más que dianas para prácticas de tiro, lastrado por una serie de decisiones que lo reducen a los típicos más manidas y a la salida fácil. Con todo,  ofrece una idea interesante, una muestra de esa nueva forma de interpretar el apocalipsis en el mundo posterior al covid: no se va a caer todo de golpe, sino que lo hará a trozos.


jueves, 14 de agosto de 2025

28 años después (2025). Broken England

 


Hace 23 años se estrenaba una película que supuso un antes y un después en el cine de zombies. La producción de Danny Boyle no solo se convertía en una pieza clave como lo fue La noche de los muertos vivientes, sino en la discusión acerca de las capacidades de los zombies que tuvo lugar durante los primeros años de la década del 2000: ¿estos pueden correr, sí o no? En realidad estos, sí pueden. Porque por mucho que su comportamiento carente de racionalidad nos recuerde a los cadáveres reanimados, lo que provocaba los hechos narrados en la película de Boyle no eran zombies, sino infectados por un tipo de rabia que se propagaba rápidamente como una epidemia. La película tuvo una secuela pocos años después, que dejaba un final abierto en el que sugería que la enfermedad, convertida en pandemia, se había extendido más allá de Gran Bretaña. Y ahora, unos pocos menos que los 28 años del título, la historia continúa, décadas después de que los esfuerzos por contener una pandemia global fueran inútiles.


Desde que el intento, hace casi treinta años, de detener  la expansión de un peligroso virus más allá de la zona donde este empezó a  manifestarse, las autoridades  europeas optaron por aprovechar las fronteras naturales del mar y aislar  al Reino Unido en cuarentena. Desde entonces nadie puede salir pero tampoco entrar en las islas. Sus habitantes  fueron abandonados a su suerte a la espera  de que la propagación del virus se detuviera por la falta de huéspedes. Pero unos pocos  consiguieron sobrevivir. Aislados por la marea que separa durante parte del día la isla de Lindisfarne  de la principal una pequeña comunidad  sobrevive  recuperando objetos  mediante incursiones en la tierra.  Estas son también un ritual de paso a la madurez. Y Spike,  un niño de doce años que vive con  Jamie,  su padre, e Isla, su madre,   aquejada por una enfermedad incurable en una sociedad sin  conocimientos médicos, debe realizar ese primer viaje junto a su padre. E n una tierra  abandonada, poblada por infectados que han evolucionado para adaptarse al medio, Spike  ve un mundo que desconocía, tanto  una tierra desde cuyo interior no es posible ver el mar, como  la complejidad y los secretos del mundo adulto.  Pero también  que   ese nuevo lugar  lleno de peligros puede suponer una esperanza, cuando descubre que, aislado durante años un medio,  ha conseguido sobrevivir,  que tal vez este tenga la explicación para lo que sucede a su madre, o incluso una cura.



La película retoma a algunos de los elementos audiovisuales que se utilizaron en la primera entrega, haciendo que tanto la saturación de las imágenes, y sus sonido, tengan un aspecto menos tradicional. En este caos, lo más llamativo  ha sido el uso de la cámara de un IPhone para determinadas escenas, algo que  no  dice mucho para los que desconocemos los aspectos técnicos de un tipo tan especifico de lente pero es inevitable no fijarse en un montaje crudo, en el que  esas nuevas generaciones de infectados   son gravados  con luz nocturna, de forma casi documental y amateur, y  en el que el  ritmo de na narración se alterna con secuencia gráficas, muy aceleradas,  pero también con  imágenes de archivo   de cine clásico, en las que se aluden a conflictos bélicos del pasado, así como la alocución del poema de Kipling que  acompaña a estas secuencias y a las de la vida diaria de los supervivientes. Una manera   poco convencional, arriesgada pero difícil de olvidar, de enlazar el pasado y el presente de las  islas, así como los cambios, o la escasa diferencia entre épocas en algunos casos, que esta ha presenciado.


 Estos cambios son también una constante del guion: el Brexit es el suceso que  parece esta detrás de toda la trama, un ante s  un después en la historia, tanto real como ficticia,  y que aparece de forma bastante evidente en esa separación entre  Inglaterra y el continente, narrado al principio. Pero también en l a comunidad de supervivientes que permanecen unidos a la isla principal por esa ruta que  se queda  sumergida  por las mareadas gran parte del día. Una  Inglaterra  rota, estancada en la cultura de hace  veinte años por los sucesos de la primera película y que  ahora sobrevive gracias a una comunidad pequeña, que vive de los conocimientos y recuerdos que conservan, o han decidido conservar (como el  Boots de Kipling   que marca los entrenamientos y la caminata del protagonista).  Referencias a la cultura popular, como los teletubbies  o los Power Rangers, hoy muy lejanas,  son las que se encuentran en ese escenario congelado en un momento del tiempo. Junto a una  muy concreta y muy  vinculada a la historia reciente del Reino Unido, que refleja  bien lo que habría sucedido de no  haberse conocido la verdad  relativa a cierto personaje allá por 2011.


El uso de estas puede parecer  cuestionable a veces: sirve también como elemento  humorístico  en alguno de los momentos de la película, y si bien en el desenlace este  puede resultar un poco chocante, también  sirve para una de las situaciones  más divertidas en una  historia por lo demás oscura: ¿qué  pasa cuando una persona, nacida y criada  como hace dos siglos, se encuentra con los valores y  cánones estéticos  propios del Instagram post  2020?  Nuestra década tampoco sale muy bien parada.

El hilo conductor de la historia, será, sin embargo, el viaje de su protagonista. Concebida como un coming of age, en el que  la presencia de las referencias culturales  anteriores actúa como vínculo con un pasado que el personaje principal apenas conoce, esta refleja de forma cruda ese paso a la madurez, a la consciencia de la mortalidad y a la complejidad del mundo adulto. El viaje del protagonista comienza con un intento de   encontrar un médico para su madre a causa de una dolencia que desconoce….pero que ambos progenitores saben cuál es, aunque estén demasiado asustados como para nombrarla.  De este modo, se establece también  una oposición entre la figura del padre del protagonista, centrado en la supervivencia, como huida hacia delante. Por otro lado, la figura del doctor  Kelson, cuya   aparición en el tráiler resulta engañosa. Este es un personaje positivo, una suerte de ermitaño y guardián de los muertos, casi un reverso del  Coronel Kurtz al que  parece referenciar y que considera  a esos infectados no una amenaza, sino una forma de vida distinta. Es a partir de  su aparición cuando la trama abandona  el tono de thriller de supervivencia con toques de ciencia ficción (con  esos infectados evolucionados en distintos tipos) para centrarse en esa idea de viaje a la madurez,  no necesariamente realista: la fortaleza de  huesos será lo menos extraño que  el héroe encontrará en el  viaje que desde entonces, a pena acaba de comenzar.


No fueron 28 sino 23 años   los que ha tardado en  estrenarse  una secuela   más que digna a esa primera película de pandemias y supervivencia. Dos décadas en las que varias crisis , una pandemia global y un par de guerras  más han  pasado a formar parte de un guion cuyo  tono, muy distinto a su primera entrega precede, de forma sólida a las secuelas  que Boyle ha anunciado para los dos próximos años.


jueves, 20 de febrero de 2025

Los niños no deberían jugar con cosas muertas (1972). La precursora humilde

 


Entre los momentos que marcaron la  historia y las normas no escritas en el cine de terror, se encue3ntran los cadáveres reanimados que lentta e implacablemente intentaban alcanzar a y devorar a las personas que se habían refugiado en una casa. La noche de los muertos vivientes   se convirtió en un clásico, además de establecer  el concepto de zombie tal y como lo conocemos en los siguientes años.  Y también, servir de referente a  películas posteriores. Sin los zombies de Romero seguramente los cadáveres poseídos por demonios sumerios no hubieran aterrorizado a unos excursionistas en una cabaña de Michigan, los cadáveres resucitados y escondidos por el gobierno no habrían sembrado el caos, y un poco la risa, en una funeraria, ni tampoco nos hubiéramos pasado  todo el 2003   discutiendo sobre si los zombies de 28 días después  son zombies  infectados. Una película que serviría de referencia a otras, que a su vez serían la inspiración de ideas posteriores…Y en medio, un poco perdida en algún momento de principios de los setenta, en ese nicho (nunca mejor dicho) del cine de presupuesto inexistente, que si bien  cuenta con su consideración de película de culto, no es tan conocida como las cintas  que posteriormente se convertirían en las primeras a la hora de   nombrar ejemplos del cine de y  que sin embargo, su influencia  puede verse en varias de ellas.


Durante la noche, un pequeño bote conducido por  una troupe de actores se dirige a una isla en la costa de Miami. Esta, un antiguo cementerio para criminales y dementes, será el lugar en el que Alan, el director, pretende llevar a cabo un ritual  con la intención de resucitar a los muertos.  Ataviado con atrezo teatral, ante un cadáver recién desenterrado que servirá como vehículo de la ceremonia, y pronunciando las palabras escritas en un grimorio, Alan ve como su actuación sobrenatural fracasa  de forma evidente a ante el disgusto de los actores, arrastrados a la isla y obligados a participar en la  ceremonia bajo la amenaza de ser despedidos.   Esto no  detendrá su intención de dar un espectáculo macabro, cuando decide trasladar el cadáver empleado en el ritual a la cabaña en la que se alojan para celebrar una fiesta en honor de este.  Mientras el disgusto de su compañía  crece  por momentos, hartos de soportar bromas pesadas y amenazas de despidos,  la tierra del cementerio, sin que estos lo sepan, comienza a  removerse y  varias decenas de siluetas  cadavéricas dirigen sus pasos hacia las luces de la cabaña.



También conocida como Night of the Dead, e incluso estrenada en España como La noche de los muertos vivientes  2,  es una de las primeras producciones en seguir la estela de las películas de romero.  Rodada con un presupuesto ínfimo, está presente ese estilo de cine de guerrilla de los setenta: un metraje granuloso, tan propio de e3sas cintas que hace         que resulte difícil verlo en una edición remasterizada. Un guion, un tanto descuidado, actores con pinta de estar muy perdidos a ratos, y una atmósfera un tanto malsana como la que impregnaba  Messiah of Evil, the Child o La matanza de Texas. Y que  para algunos actores supondría su primera y última aparición en la pantalla. Lo cierto es que la interpretación hace pensar que esta decisión ha sido  la más sabia que han tomado estos aspirantes.

Estos son los rasgos más llamativos de una película que  pese a sus limitaciones, resulta en su conjunto bastante sólida y con una coherencia interna que la hace funcionar. El momento decisivo, esto es, las hordas de cadáveres reanimados que el público espera  ver desde hace un buen rato, tardan en llegar.  Esos extras disfrazados malamente que pondrán a sus víctimas perdidas de sangre color tomate frito no aparecen hasta los últimos quince minutosla primera hora será, en gran parte,  los diálogos y situaciones a cada cual más  ácidas, en tre los protagonistas. Este intento de diálogos ingenios y contestaciones   agudas resultaría bastante tedioso de no venir acompañado, precisamente, por esa atmósfera extraña que mantiene la película  en todo momento: rodada durante la noche, en unos exteriores donde es imposible no esconder  su naturaleza de decorados baratos, los personajes s e mueven entre tumbas de corchopan mientras las tensión va aumentando gradualmente.  La dinámica en el grupo empeora a medida que el director Alan insiste en llevar su broma cada vez más lejos. Este se comporta como un pequeño tirano, amenazando con el despido a cualquier que no se doblegue a sus caprichos. Y su actitud no va a ser previsiblemente, la más útil para la supervivencia del grupo. No deja de ser paradójico que este personaje odioso sea el último en sobrevivir, haciendo que lo inevitable del desenlace  sea al menos algo esperado. Un personaje horrible, pero no irritante, cuya naturaleza de  víctima sin simpatía lo acerca mucho al Franklin de la Matanza de Texas. El resto de personajes funcionan de forma similar, simples hasta lo esquemático pero efectivos: la pareja de actores  más nuevos, la joven tirando a mística y más débil emocionalmente, el más paciente con las bromas, la actriz veterana que le para los pies a su jefe y deudores de una época menos tolerante, la pareja de actores cuyo amaneramiento se supone que pretende resultar cómico en su representación típica del artista sarasa. Un detalle un tanto anacrónico pero que hace recordara momentos de un pasado muy distinto,  marcado por otra forma de pensar e incluso por otros hechos notables: como ese momento en el que uno de los personajes teme encontrarse con “una secta de hippies”, una referencia la todavía reciente caso Manson.

Cada mañana, cuando suena el despertador
Es también esta primera parte donde se ponen de manifiesto los momentos más absurdos. La película está catalogada como comedia de terror, pero el humor, cuando lo hay, es puramente involuntario o muy negro. El equilibro entre la idea de broma de mal gusto y situación pasada de vueltas es muy  precario, y la suspensión de la credibilidad se mantiene únicamente agarrándose a la premisa de que lo s protagonistas son actores y como artistas, harán cosas estrafalarias. Aunque la única explicación a que no pongan pegas a andar por  ahí  paseando un cadáver   es que vayan hasta arriba de esas sustancias que tan a menudo incauta la guardia civil. Una situación que  rompe, de forma  brusca, para llegar a un desenlace clásico en el género que recuerda en gran medida a La noche de los  muertos vivientes. Pero también  hace pensar si habrá servido de referencia a Posesión Infernal e incluso  Nueva York  bajo el terror de los zombies, que Fulci rodaría  años después. La secuencia final es al menos, tan absurda y extraña como esos finales a los que nos tenía acostumbrados en sus películas de cadáveres reanimados.


Los niños no deberían jugar con cosas muertas, además de hacer referencia al apodo que este director da a sus actores, es uno de esos títulos, un tanto olvidados en comparación a producciones similares (y mejores)  mucho más conocidas. Con un humor muy extraño, cuando lo hay, y algunos posters promocionales que llevan a tanta confusión como sus cambios de título (ni de lejos es el cachondeo  estos vaticinan), es una película que  a menudo no falta en las listas más exhaustivas de cine de zombies, pero que por suerte para aquellos que volvemos al cine de hace décadas como zona de confort, no  es tan  popular y supondrá una sorpresa.

jueves, 21 de noviembre de 2024

Apocalipsis Z. El principio del fin (2024). Los zombies en tiempos post covid

 


Durante el verano de 2006, n abogado de  Pontevedra decidió en sus raltos libres, empezar a escribir un blog donde narraba en primera persona, a modo de diario,  la aparición de un virus zombie y con el,  la desaparición de la sociedad. Una historia  que había sido contada cientos de veces, pero que esta vez   era abordada de una forma distinta:  los zombies deambulaban no por las calles de alguna ciudad de Estados Unidos, sino por las carreteras de los pueblos de Galicia.  El escenario, tan  cercano como novedoso, se ganó  pronto el interés de sus seguidores, que, con un parón necesario durante  finales de agosto de ese año por los incendios en Galicia ( demostrando de forma indirecta que el final   de todo puede estar más cerca y más real de los que esperamos), aguardaba cada semana una nueva entrada   de lo que les sucedía a Manel y su gato Lúculo en  busca de un lugar seguro. El éxito, en parte    qtuvo tanto que ver   con  col buen  hacer narrativo de Loureiro como  el haber aparecido  en el momento adecuado, a principios del boom de la ficción zombie, hizo que no solo   las entradas de su blog  fueran publicadas como novela,  así como  convertirse en trilogía,  sino que fuera el primero de varias epidemias zombie nacionales, desde versiones conemporaneas como Los caminantes de Carlos  Sisi hasta  ucronías como Noche de difuntos del 38, y que  se hablara de una posible adaptación cinematográfica. Esta tardaría más años en llegar…los suficientes como para que los zombies dejaran de ser el monstruo  estrella, Walking dead se convirtiera en un culebrón, y el púbico tuviera su propio apocalipsis en 2020,  sin zombies  pero con más papel  higiénico y mucho más devastador.  Hasta que en 2024 Amazon anunciaba el estreno en octubre de un largometraje que adaptaba ese prime libro.



El principio del fin traslada a la actualidad la historia narrada por Manel, un joven   viudo que vive con su gato Luculo en un chalet a las afueras de Vigo: a través  de las noticias, de las redes sociales y de las conversaciones con su hermana, casada con un militar,  va dándose cuenta de que el virus desconocido al que las autoridades no daban importancia es algo mucho más peligroso que la cuarentena declarada con posterioridad, y la orden de evacuación de la población a puntos seguros ya no p pueden evitar. Aconsejado por su hermana, Manel  permanece oculto durante la evacuación  de su  urbanización, quedándose solo  con su gato y unas provisiones que empiezan a escasear. Su primera salida   en busca de víveres le muestra la realidad de la epidemia  ocultada hasta entonces: los cadáveres reanimados deambulan intentando devorar a los vivos. Pero los muertos vivientes  son solo una amenaza más en un mundo donde las comunicaciones y la sociedad han desaparecido: ahora, este es el mejor escenario para que mercenarios y oportunistas  puedan establecer sus reglas. Y Manel deberá hacer  lo posible para sobrevivir y encontrar una forma de llegar a un lugar seguro.



Aunque los zombies no son ni de lejos la tendencia de hace 10 años, continúan siendo un personaje recurrente en el cine, como ha sido el caso de Army of the  Dead o Malnazidos (que también tuvo la mala pata de retrasar su estreno de 2020 a 2022), y la trilogía de Loureiro se trata también de un pequeño clásico dentro del fantástico contemporáneo español. Una adaptación cinematográfica, o al menos, un largometraje destinado a un medio que garantiza la rentabilidad  como es el streaming, era un éxito potencial. Una decisión acertada como también lo fue a la hora de su éxito  los cambios en la adaptación de la narración.

El fin de los tiempos será anunciado no por trompetas, sino  por la iluminación navideña de Vigo

Esta sucede en la actualidad,  sustituyendo esas entradas de Livejournal por los videos que el  protagonista intenta enviar a su hermana a través de un Whatsapp caído,  las informaciones, sesgadas, con cuentagotas y  a veces verídicas que este  p puede ver a través de tiktok y las comunicaciones del cogobierno que parecen al principio y remiten  de forma directa a la principal fuente de inspiración para desarrollar la trama: el  Covid supuso en cambio a la hora de percibir  los Apocalipsis ficticios y demuestra la facilidad con la que todo puede venirse a bajo, pero también  la desinformación, la ocultación de la verdad y la indefensión ante una situación de la que saldríamos “mejores y más fuertes” (mejor y más, sí que salimos, pero no  con el adjetivo que esperábamos). Unos hechos a los que la película recurre  mostrando  escenas donde la gente se dedica a arrasar con el papel higiénico, se declara estado de alarma y cuarentena, y que por su familiaridad resultan  más inquietantes  que los extras caracterizados de zombies: la hermana del protagonista diciéndole “quédate en casa” me provocó  más escalofríos que las siete temporada de Walking Dead.


El uso de estos elemento recientes, y mucho más reales, hace  que junto a las características del escenario sea una película de zombies con muy pocos zombies: las primeras escenas, junto al hecho de que  Galicia sea una zona con una densidad de población baja, hacen que las apariciones de los  infectados tarden en llegar,. No es hasta los cincuenta minutos en los que se ve a ese primer zombie, que irán en aumento  una vez que el protagonista se mueva por escenarios más familiares como las carreteras o el hospital de la última parte. La trama se centra más  en temas reales como esa facilidad en la que todo puede desaparecer , que los vivos,  encarnados en esos mercenarios rusos par los que el fin de la civilización es una oportunidad, pueden ser peores que cualquier virus ficticio y en la dependencia de las redes de comunicación. Un enfoque en el que aunque tampoco faltan zombies en el desenlace, funciona mucho mejor que la versión tradicional.

Los cambios  llevados a cabo respecto de la novela también han sido una mejora: la década y media  transcurrida desde que el libro se fuera escribiendo por episodios han servido para saber lo que funcionaba y lo que no,  sustituyendo algunas tramas que no iban a ninguna parte por otra más  adecuada al tono de la película, así como el  haber cambiado al interés romántico original, una adolescente de 17 años  que hoy daría muchos problemas, por una enfermera,  personaje mejor desarrollado e integrado en la historia.

Si bien Apocalipsis  Z sigue siendo una película de zombies clásica dentro del esquema de desastre, supervivencia y antagonistas, esta funciona muy bien  tanto por la cercanía del escenario como por el empleo de los hechos recientes, además de un reparto sólido en el que destaca Francisco Ortiz,  García! En la serie de  HBO,  como protagonista. Un éxito, tanto a nivel cinematográfico como  de público, convirtiéndose en una de las películas más vistas dela plataforma, y también, asegurando la posibilidad de la secuela.

jueves, 3 de octubre de 2024

Lecturas de la semana. Especial zombies


 Hace algo más de diez años, los zombies se convirtieron en el monstruo estrella de la ficción. Los cadáveres reanimados, que habían sido una parte  más del terror desde que  George A. Romero   popularizara sus rasgos modernos en La noche de los muertos vivientes, y a los que  Danny Boyle había  dotado de velocidad  en 28 días después ç8aunque  recordando a Enjuto Mojamuto, no son zombies sino infectados), se convirtieron durante  2010 en  adelante en la criatura más popular del siglo xXI.  Carente de identidad, de voluntad, e imposible de redimir a los ojos del público a diferencia de su pariente no muerto más cercano, el vampiro, reflejaban  bien la incertidumbre e inseguridad de una sociedad que venía de sufrir una nueva crisis económica. Walking Dead, del comic a la serie de TV, demostraba  que se podía hacer una historia sobre muertos vivientes duradera, lejos del público de nicho y los presupuestos ínfimos. Este interés se haría notar en el mundo editorial convirtiéndose la ficción  zombie en un subgénero más dentro del terror.  Esta semana, un poco porque parece que octubre se presta a ello, o por recordar esos años en los que  no teníamos ni idea de lo que se nos venía encima, he recuperado aun par de novelas que  recurren a los muertos vivientes de formas distintas cada una.



Craig Di Louie. Infection. Un virus desconocido provoca que  gran parte de la población caiga en coma. Poco tiempo después, los infectados despiertan, carentes de consciencia y  convertidos en depredadores    que matan a todo ser vivo que encuentran para alimentarse de ellos. En medio del caos, la sociedad se desmorona y solo  permanecen distintos grupos de supervivientes  intentando llegar al día siguiente. Uno de tantos, formado por un ex militar, un agente de policía, un adolescente y un sacerdote, tiene más suerte  que el resto y consigue llegar a uno de los pocos campos de refugiados que  lo que queda del gobierno  de Estados Unidos  mantiene todavía  en pie. Aunque en un espacio  atestado de gente, donde  malviven víctimas y depredadores, puede ser más peligroso que las ciudades  abandonadas y  llenas de cadáveres reanimados.

 Primero de una trilogía no traducida al  español, la novela de Di Louie establece los primeros pasos de una saga bastante rutinaria (al menos en teoría, porque no he pasado del primer libro), que utiliza los tópicos establecidos  den un género que  en 2011, eran ya bastante conocidos y explotados: el virus de origen desconocido, para no tener que explicar mucho, los tipos de zombies, siendo ya los corredores una categoría en sí misma, e intentando que el escenario sea algo más original, algunos zombies monstruosos, resultado de alguna mutación de esas que vienen tan bien en la ficción, pero que después de cuatro Resident Evil, los House of the Dead y un par de Dead Rising, tampoco es que sea tan original (salvo para hacernos  reflexionar sobre la influencia delos videojuegos en la ficción popular reciente).

l resto transcurre  por unos escenarios trillados, en este caso, ciudades y  carreteras despobladas de Estados Unidos, una serie de protagonistas de distinta procedencia y características, del que alguno se quedará  por el camino y  el final a vierto de cara al siguiente libro de la serie. Que, debido al ritmo de la narración, se hace más que evidente que esta saga  estaba pensada desde el principio.
La impresión general de este Infection es la de ser una de tantas. Casi, el equivalente  zombis a la novela comprada en una estación de tren, sin que esta ofrezca nada que vaya a ser recordada un tiempo después de haber pasado la última página. Correctamente escrita, rápida de leer, sin sorpresas pero también sin nada que la convierta en algo especial o que pudiera  destacar entre las decenas de novelas del estilo que se publicaban entonces.


Cherie Priest. Boneshaker. Durante los primeros años de la Guerra Civil Americana, los rumores de la existencia de minas de oro en la región del Klondike  atrae no solo a  quienes quieren hacer fortuna, sino a científicos deseosos de probar la eficacia de sus invenciones.  Que muchos inversores demandan para poder extraer el oro  del suelo congelado de Alaska. Es la primera prueba de una de estas máquinas, apodada Bonesaheker, la que provoca un terrible accidente, reduciendo  Seattle a cenitas y  provocando la fuga desde el subsuelo de un gas que provoca la muerte  inmediata de quienes lo inhalan y su regreso como cadáver reanimado. Quince años después de que  no solo se perdiera la ciudad sino innumerables vidas incluida la de Leviticus Blue, el diseñador de la máquina, Briar, la viuda de este saca  adelante como puede a su hijo entre las miradas de los supervivientes que todavía  recuerdan el papel de su marido  en aquella catástrofe. Pero, cuando su hijo, intentando limpiar el nombre de su padre, escapa con intención de acudir a las ruinas de la ciudad, Briar debe adentrarse en un lugar  permanentemente envuelto en gas tóxico,  por el que no solo deambulan los cadáveres de las víctimas sino supervivientes acostumbrados a moverse en un entorno   hostil.

Cuando los temas de un libro son steampunk y zombies, al menos  este va a ser origina.  También el haber comenzado con una catástrofe en un periodo tan poco explotado en este sentido como es el siglo XIX con lo hace, y la novela dedica bastante tiempo a desarrollar el trasfondo  en el que se mueven los personajes. Este  es una época de pioneros, donde las condiciones de los buscadores de oro se ven sustituidos por ese apocalipsis retro que  genera un escenario muy particular, donde un accidente  masivo no tiene mayores consecuencias fuera de sus fronteras pero  da forma a la vida cotidiana de sus habitantes,  subsistiendo en las fábricas que se han establecido, y  con una estética muy particular entre el siglo XIX y las máscaras antiguas que son una parte   para la supervivencia de los personajes. El resto de elementos que sirven de trasfondo son los propios del steampunk: el uso de  naves voladoras, tecnología a vapor y laboratorios de diseño tan barroco como anacrónico, que son una parte más que se adopta como parte de un género  con una estética muy característica.

En este sentido, la novela es más una narración steampunk, donde el escenario y el número de personajes con premisa interesante (la ciudad  arrasada por un gas tóxico, capitanes de aeronaves, una princesa india que busca venganza y una tabernera con un brazo mecánico entre otros) se acaba comiendo a los principales que tienen en comparación muy poco tiempo. Estos, Briar, la protagonista, es quien tiene más peso, siendo sui hijo un poco es el Mcguffin  por el que debe empezar una aventura.  Aunque esta, caracterizada como una mujer fuerte y endurecida, se queda en un retrato un poco plano al ser necesario presenta runa cantidad de secundarios llamativos y a un antagonista que poco más va a salir, porque el libro, pese a ser el primero de una serie, es autoconclusivo y los siguientes  transcurren en lugares y con protagonistas distintos.

Además, pese a  que se defina como “steampunk y zombis”, de los últimos, poco hay. Salvo en el  prólogo donde se los menciona,  estos son uno d más de los peligros que pueden encontrarse en la ciudad donde transcurre  gran parte de la trama. Pero apenas tienen presencia, y perfectamente podrían haber sido sustituida por cualquier otro elemento peligroso. Casi da la impresión que  fueron un añadido para una novela escrita en un momento en que loa zombis pegaban fuertes y si era posible incluirlos en una obra de fantasía, adelante.  Al menos, de esta puede decirse “Vine en parte  por los zombies, me quedé por la locura steampunk con gases mortales, aeronaves, mad doctors con problemas de identidad y heroínas con mal carácter”.

jueves, 27 de abril de 2023

Posesión infernal: el despertar (2023). Mi vecina es un demonio sumerio

 


En 1981, una película de presupuesto y argumento modestos se convertiría en una de los clásicos del cine de terror. Titulada en España Posesión infernal, aquella historia llena de momentos sangrientos y un nivel de violencia que rozaba la caricatura,  derivaría en una saga que  encontraría su verdadera identidad en el humor negro, la casquería más propia de un dibujo animado, y sobre todo, la figura de su protagonista, Ash Williams. Esta, como otras franquicias de la década, tendría su remake. Uno que optaba por separarse  del estilo original y centrarse en un enfoque más oscuro, donde lo gráfico se volvía aterrador y no  quedaba nada de los momentos cómicos de la original. Este Evil Dead de 2013 se convertiría en una película distinta, a años luz de las nuevas versiones de Viernes 13 o Pesadilla en Elm Street, y tan abierta a la posibilidad de continuarla como la de Sam Raimi. Aunque esta tardaría diez años en llegar.


En un enorme edificio de apartamentos, se presenta durante la noche una visita inesperada en casa de Ellie y sus tres hijos: Beth, su hermana, que parece tener algo que decirle, aunque esta no haya prestado mucha atención a las noticias que le habían intentado hacer llegar. Su reciente separación y una mudanza obligatoria a causa de la demolición prevista del para el edificio en que viven ya unos pocos vecinos. Un violento terremoto interrumpe la reunión familiar, cuando este provoca una grieta en los sótanos abriendo el acceso a una cámara que lleva sellada desde hace un siglo. Entre archivos y distinta parafernalia religiosa que parece fuera del lugar, los hijos de Ellie, aún sorprendidos por el terremoto, descubren en su interior un libro y unas grabaciones de Danny, uno de los  hermanos, decide reproducir en su equipo. En ellas, una voz describe el libro que tienen en sus manos y recita los párrafos que contiene. Mientras los hermanos las escuchan, una fuerza golpea brutalmente a Ellie, sin que quede claro lo que le ha sucedido. Poco después, esta regresa, comportándose de una manera errática ay falleciendo en el acto. A familia, aislada en el piso 13 a causa de los daños provocados por el terremoto, intenta conseguir ayuda cuándo Ellie parece despertar. Aunque su sonrisa distorsionada y la violencia de su comportamiento demuestra que sea lo que sea lo que está animando el cuerpo de la madre y hermana de los protagonistas, no es ella. Y ha vuelto para llevarse a sus hijos.



Sin ser directamente una secuela, esta entrega de Posesión Infernal puede considerarse una parte más de la idea desarrollada en el remake de 2013, donde se obviaba a los personajes de la original, y sobre todo, desterraban el humor que había caracterizado a esta. La violencia, lo escabroso y lo agresivo de los demonios que aparecen en ella permanecen, pero se muestran de una forma mucho más descarnada al prescindir del enfoque caricaturesco. Igual de acelerado, pero mucho más oscuro, esta decide separarse también de los escenarios originales como eran la cabaña para trasladarlo a uno muy distinto: un edificio gigante que, en el fondo, está tan aislado como el entorno anterior (además de hacer referencia a la pregunta que el público se habrá hecho en algún momento: no, en semejante mamotreto, nadie tiene por qué enterarse del jaleo que se está montando ocho plantas más arriba). La cabaña es sustituida por un enorme apartamento convertido en refugio y cárcel, mientras que el corredor del edificio es el exterior hostil, pero a la vez, única vía de escape.


Esto hace que la película pueda verse de forma independiente al resto. Todos los elementos necesarios para ponerla en marcha están ahí: el escenario aislado, el descubrimiento del libro, la invocación accidental y las monstruosidades que desencadena, narrada de forma que estos configuran un guion por si solo pero en el que los que conocen la saga encontrarán muchos más guiños. Tienen su aparición  varios de los elementos icónicos como la escopeta, y sobre todo, esa motosierra que se ha convertido en el arma oficial de la serie, además de muchas referencias visuales a las primera posesión infernal lo que entonces era una secuencia en un bosque, ahora tienen lugar  con los cables de un ascensor, e incluso unas situación tan absurda y memorable como la de uno de los personajes atragantándose con un globo ocular que sale disparado, se reproduce en una  versión mucho más siniestra.


El uso de referencia y elementos concretos no se queda a nivel de guiños. El guion funciona mucho a partir de la aparición previa de determinados objetos cotidianos: la máquina de  cortar madera abandonada en el parking, las tijeras debajo de una mesa, o el objeto que uno de los niños fabrica tendrán una utilidad, y una muy violenta, en el momento adecuado. Parecen ser conscientes que el guion no va o a ofrecer nada novedoso, pero que sí se puede trabajar con lo conocido y desarrollar una historia adonde cada pieza vaya encajando.

Para los personajes también han buscado algo alejado de lo anterior: en lugar de un grupo de amigos, es n ese destartalado apartamento se encuentra una familia, carente de figura paternal e integrada aparentemente por los miembros más débiles (mujeres, niños y una recién llegada), apariencia que se desmentirá en los primeros ¡minutos presentando a unos personajes muy distintos de las estructuras familiares a los que estamos acostumbrados en el cine  comercial, pero capaces de valerse por si mismo y cauterizados de forma en el que el público tema  tanto por ellos como por esos secundarios que tiene  una aparición muy breve. De estos, el que sobre sale no es la heroína involuntaria sino su antagonista. Alyssa Sutherland, que comienza como cabeza de familia para continuar el resto del metraje como demonio no muerto (llámese deadite o demonio  kandariano, igual de malo en ambos casos), ocupa toda la pantalla desde su primera aparición en los trailers hasta su desarrollo en la película. Pocas veces una antagonista ha tenido tanta presencia en la saga, cuando lo habitual es que estos acabaran troceados poco después de gritar “¡Me tragaré tu alma!”, pero la sonrisa desquiciada de Ellie, una vez controlada por las fuerzas desencadenadas por el libro, y cada una de las frases que pronuncia, atacando a los miedos de los personajes, la convierten en el personaje más interesante, pero también en uno de los mejores de la saga.


Posesión infernal: el despertar, es una película con la que ha merecido la pena esperar. Oscura, capaz de tomarse muy en serio a sí misma, dotada de un humor negro muy  leve, y sobre todo, tan sangrienta y desatada como sus predecesoras. Y en la que también hay un pequeño cameo de Bruce  Campbell…aunque para encontrarlo, haya que recurrir a la versión original.

lunes, 9 de enero de 2023

14º Aniversario de Barrilete. Qué pasara, qué misterio habrá, puede ser otro año

 

La sobrepoblación, explicada con gaticos

Hoy cumplimos catorce años. Una entrada que desde hace un par de temporadas ya, escribo pensando “ay dios, a ver con que nos encontramos esta vez”. Una pandemia, una crisis de suministros, escasez de papel, un conato de guerra nuclear y una recesión económica. La maldición dice “Ojalá vivas tiempos interesantes”. Yo me limito a decir que estos locos años veinte están siendo conflictivos a la par que cutres.


Soy el de delante, pero sin bigote

No han habido demasiados cambios. Lo que , a la vista de lo anterior, es una suerte. La mía es, como decía Brindavoine, la apasionante vida del chupatintas, y lo mas llamativo ha sido que a la afición de Narnia por tirar libros se le une la de su hermana A´Tuin a subirse encima de mis hombros como si fuera un loro pirata.

He leído mucho, visto mucho cine y algo más que el anterior, en pantalla grande, alguna serie y aunque pocos comics, cosa que, gracias a los últimos Reyes Magos, seguramente se solucione dentro de poco.




Los libros de 2022 han sido los de la casa interminable de Piranesi, habitada por el y esa familia de albatros que planea sobre un mar lleno de estatuas destruida. Del Ikea (perdón, Orsk) embrujado descrito por Grady Hendrix, del mundo de entreguerra que, entre lo terrorífico y el humor negro narra Ewers en La araña y otros cuentos (también conocidos como “los años veinte menos malos”). Pero también los de la saga de Le Commandeur y el final de los doce libros de Nightside, que había empezado ya hacía seis años, a ratos muertos. A ver si hago alguna reseña si consigo dejar la vergüenza ajena que provocan esos libritos de lado.



Madurar es pa la fruta

Empecé 2022 con Day of the Dead, otro intento de Syfy de hacer una serie de zombies, actualmente sin noticias de renovación y aunque aunque no llega a al nivel de locura de Z Nation, el punto humorístico y de serie B se le acerca mucho. No le ha ido tan bien a Residen Evil, otra de las cancelaciones de Netflix pero que, en este caso, esta versión del videojuego mitad young adult, mitad futurista, nadie echará de menos. Los fines de semana han sido para ir viendo en algún momento Seinfield, Las chicas de oro ( después de verla de niña hace muchos años junto a la abuela, hoy al menos pillo los chistes) e incluso Gárgolas. Estas han envejecido más que bien, aunque Betty White fuera, junto con Angela Lansbury, uno de los obituarios del año que termina.




No se si se podría considerar comic, o más bien, libro ilustrado, a las reediciones de la Biblioteca de lo desconocido que Diabolo ha sacado, en concreto, los dos primeros números. Pero si puedo decir que fue una sorpresa el reencontrarme con mi época de cazadora de fantasmas preescolar.




Y el cine. Porque ha habido cine a montones y muy variado. Bueno, variado en años, porque si no hay algo dando sustos, es difícil que lo viera salvo que tuviera su punto extraño (el dia que suba una entrada sobre una comedia romántica, llamad a la guardia civil, he sido secuestrada). Ha habido clásicos de los cuarenta, spaguetti western con Franco Nero arrastrando un ataud por el desierto, algún blockbuster, algo de marvel, ya muy poco, los ochenta no han faltado y el grano setentero va abriéndose camino en la tele. También el fantástico español. Desde la torpeza de los profundos gallegos de la Fantastic Factory hasta éxitos exportables como Rec, las ancianas malvadas de La abuela, los trece exorcismos o los venecianos cabreados de Alex de la Iglesia. Porque aunque no lo reconozcamos, todos hemos sido turistas.


Ha sido un año más, por suerte, ni mejor ni peor que los anteriores. Los virus evolucionan más que un pokemon, la inflación sube, nos amenazan con una guerra nuclear que se eterniza y el cambio climático es una realidad. Nos hemos acostumbrado a una permanente sensación de que todo va mal. Pero, una vez más, Billy Joel ya lo dijo: We didn´t start the fire.  

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