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jueves, 14 de marzo de 2013

El final de Being Human: de serie con carácter propio, a otra historieta más de fantasía urbana.



Hace cuatro años se estrenaba una serie que, con su premisa que sonaba a chiste, sorprendió a muchos por su particular forma de tocar el tema de lo sobrenatural: un vampiro, un fantasma y un hombre lobo compartían piso, intentando en la medida de lo posible parecer, y seguir siendo, humanos. Sin llegar a ser nunca una comedia, porque los primeros seis episodios eran bastante serios, se planteaba a los monstruos de toda la vida de una forma muy casera, sin enfrentamientos imposibles entre vampiros, y sobre todo, muy lejos del cualquier encanto que podría tener ser cualquier monstruo: las transformaciones en hombre lobo son tremendamente dolorosas, la relación de los vampiros con la sangre es similar a la de la dependencia de las drogas y el más allá, por lo poco que aparece en la serie, parece ser un lugar ciertamente desagradable.


De izquierda a derecha, un vampiro atontado, un hombre lobo tontaina, una fantasma, otro vampiro neurótico, el demonio y un funcionario

Era precisamente esa forma tan pequeña de contar las cosas, y tan centrada en los propios problemas de los protagonistas, lo que caracterizó a Being Human desde un principio y siguió manteniéndose en una segunda temporada que llegó a tener un final bastante deprimente para los protagonistas, que implicaba, entre otras cosas, perder a su compañera fantasma y tener que buscar un hogar nuevo.

Fue a partir de la tercera temporada cuando la cosa empezó a ir cuesta abajo: la vuelta del fantasma hace que este personaje se vuelva bastante insufrible, y por algún motivo, el guionista empezó a saltarse las normas acerca de los monstruos que él mismo había creado, y que eran bastante restrictivas, para acabar montándose, aunque intentara conservar ese ambiente casero y de ser poca cosa, una especie de sociedad vampírica que podría haber aparecido en cualquier otra serie. También sirvió para romper de lleno con las temporadas anteriores, porque esta implicó perder a dos tercios de sus protagonistas, que serían sustituídos por un nuevo vampiro y un hombre lobo, y acabar en una cuarta temporada llena de tópicos vistos una y mil veces en otras obras de fantasía urbana: que si la guerra entre hombres lobos y vampiros, que si la malvada sociedad de vampiros que quiere dominar el mundo que si niña Elegida de por medio y que si futuro apocalíptico. Y de paso, el reseteo total de la serie, en la que desaparece el último protagonista original y se crea un nuevo grupo de compañeros de piso y vida sobrenatural.


Según Toby Whitehouse, el demonio es un viejo repunante

En la quinta temporada ya no queda nada del Being Human original: no solo han cambiado los protagonistas, de los que parece imposible que se lleven bien debido a sus historias personales, sino que la serie es mucho más cómica, olvidándose del tono oscuro del principio, llegando a incluir momentos supuestamente graciosos con el hombre lobo tontorrón, el vampiro neurótico y anticuado y la fantasma con chispa. No es tan raro, después de que el propio Toby Whitehouse empezara a cambiar la serie por completo, pero además de su nuevo aspecto de comedia, acabó incluyendo una trama que sería imposible hace un par de años, con la aparición del propio Lucifer, referencias a un acuerdo entre vampiros y hombres lobo, el fin del mundo y hasta un departamento ministerial encargado de esconder todo lo relacionado con los vampiros y los hombres lobo. No hay drama en esta temporada, sino que se quedan con la parte más graciosa de todo lo que pasa, no dudan en incluir episodios sueltos en los que aparecen personajes bastante absurdos e incluso la relación entre los personajes se vuelve bastante ficticia e imposible de sostenerse: son seis episodios que se mantienen a base de engaños entre el vampiro protagonista y sus compañeros, con unos cuantos intentos de acabar con él y su ansia de sangre a base de estacazos que, a la tercera o cuarta vez en la que le presentan esa amenaza, ya no resulta creíble.

 

El resultado de la temporada, entre el demonio de segunda fila sembrando el mal rollo en un hotel, las tonterías de un hombre lobo y un vampiro sin química, y un funcionario a punto de ser amortizado dando vueltas por la trama, ha sido el de una especie de Buffy la cazavampiros inglesa, pero sin cazavampiros ni la mitad de gracia que tuvo la serie en un principio, porque es lo que suele pasar cuando una producción, en vez de evolucionar, se salta sus propias normas.

La quinta temporada, y Being Human, termina nada menos que con los protagonistas evitando el fin del mundo y ganando una segunda oportunidad como humanos, y con el cierre definitivo de la serie. Aún con el final feliz que ha decidido marcarse, no me he quedado muy satisfecha, porque este da la impresión de servir para finiquitar la serie defititivamente y ser muy gratuito. Después de todo lo que ha sucedido, resulta bastante difícil que los personajes sigan juntos felices y contentos, y sobre todo, que esa especie de recompensa final que es volver a ser humano, se reparta de forma tan gratuita, y en el caso de uno de ellos, bastante ilógica.
Aún así, y viendo cómo la evolución de la serie a un tono más ligero ha provocado que fuera perdiendo todas sus características, se agradece este final definitivo, y sobre todo, que este se fuera desarrollando en temporadas de seis capítulos como mucho.

martes, 7 de febrero de 2012

Being Human (remake americano), temporada 2. Abandonando el nido



Gatico fantasma. No van a ser todo vampiros...

Nunca le he terminado de pillar el chiste a las versiones estadounidenses de series recientes. Aunque dicen que The Office superó a la original, poniéndome delante un Life on Mars, me quedo mil veces con el Gene Hunt de Philip Glenister que con el comisario de Harvey Keitel. Cuando estrenaron el remake de Being Human, estaba segura que no le llegaría a la suela del zapato de su original inglés, y aunque empecé con su primer capítulo para poder ponerla verde a gusto, acabé viendo la temporada entera. Ahora le toca el turno a la segunda, con lo que empiezo a plantearme qué tipo de persona ve simultáneamente dos versiones de una misma serie…Seguramente, yo. Y los fans de Star Wars. Aunque en el caso de Being Human, está la disculpa de haber sido bastante más diferente que su original.



La primera temporada contaba, a grandes rasgos, lo mismo que su versión inglesa: la vida de los protagonistas, vampiro, hombre lobo y fantasma, y cómo acaban enfrentándose a un grupo de vampiros. Las diferencias empezaban a aparecer, además de unas cuantas tramas más, gracias a tener casi el doble de capítulos que su original: donde la fantasma inglesa era timorata, su versión americana tenía algo más de mala baba, y no dudaron en retorcer un poco la historia de su muerte para que diera algo más de sí. Los vampiros americanos no tienen ningún problema con la sangre embotellada (herencia de True Blood, supongo), y sí se reflejan en los espejos…y aunque Mark Pellegrino le puso ganas, Jason Watkins fue un villano grande, muy grande, vulgar e inquietante a partes iguales. Había también diferencias algo más culturales, como el enfoque de algunas historias (en las que evitan determinados asesinatos, para que los personajes sean más positivos), o que, en general, el reparto sea fisicamente más atractivo que los ingleses…aunque el término “atractivo” y el plasticoso Sam Witwer no peguen mucho, pero allá gustos. A pesar de todo, la historia no funcionó mal, y tuvo las suficientes diferencias como para mantenerme entretenida sin darme la sensación de haber destrozado ningún guión.



Jason Watkins vs. Mark Pellegrino

La segunda temporada ha sido como la metáfora del huevo y la patata: no se parece al original en nada. Porque, exceptuando la incorporación de Kristen Hager (la enfermera Nora) como fija, todo lo que ha pasado hasta ahora es una novedad: Sally, la fantasma, intenta reencarnarse, y Aidan, el vampiro, tiene que hacer de guardaespaldas para la hija de la reina de los vampiros…que así escrito queda un poco ridículo, y en pantalla tampoco es gran cosa (o sí: es Dichen Lachman, la china rara de Dollhouse), pero a estas alturas parece imposible hacer una historia de vampiros sin que sean todos antiquísimos y se pasen la mitad del día reunidos y hablando de cómo repartirse el mundo. Allá ellos. Las peores situaciones se han dado sobre todo en el primer episodio, con Sally yendo a la reunión de antiguos alumnos del instituto (no falta una en ninguna serie), o con Josh, el hombre lobo, proponiéndose encontrar una cura para la licantropía, propósito bonito donde los haya, pero bastante absurdo como guión.



La belleza: ese concepto relativo. Y esquivo

Con todos estos cambios que han metido en cuatro capítulos, este Being Human tiene toda la pinta de convertirse en una serie que empieza a ir por su cuenta, y que hasta ahora, va funcionando bien: se ha adaptado a los gustos y preferencias del público estadounidense, mantiene un buen ritmo y…desde luego, tras ver el giro que ha pegado su original británico, cada uno que haga lo que le de la gana, que diría Hewl.

Being Human, Temporada 4. Toby Whithouse, ¿¡qué has tomao!?



Un espectador cualquiera de Being Human, tras ver el nuevo episodio

En 2008, con una premisa tan absurda como un vampiro, un fantasma y un hombre lobo compartiendo piso, aparecía una de las series británicas más originales de la década. La idea consistía en tratar a los monstruos de la forma más ordinaria posible, enfrentándolos no a las situaciones clásicas que podían aparecer en series fantásticas, sino a problemas diarios como encontrar un piso, pagar las facturas…y de paso, una forma de controlar las ganas de beber sangre, o un lugar donde transformarse durante la luna llena. El éxito de la serie consistió en combinar con mucha originalidad una situación así con otras que se habían visto antes, como la típica sociedad de vampiros malvados o los cazadores de hombres lobo. Todos estos, tratados de una forma muy casera, sin dramatismos, ni épica. Y por supuesto, unos personajes que engancharon desde un principio: cada monstruo tenía sus propias particularidades, muy relacionadas con su situación o su forma de ser, e incluso los malvados de la serie eran tratados de esa misma forma: serían todo lo vampiros que quisieran, pero seguían teniendo sus manías y mezquindades.



Russell Tovey está en la esquina por estar

Las dos primeras temporadas siguieron esta línea: si en la primera tuvimos a Mitchell, el vampiro, enfrentándose a un amago de conspiración de vampiros para dominar el mundo, aunque un poco de andar por casa, en la segunda aparecieron los investigadores de monstruos, que para el grupo protagonista, acabaron resultando mucho peores que cualquier vampiro enviado por el Herrick interpretado por Jason Watkins. La tercera temporada supuso un nuevo comienzo: la grabación se trasladó a Cardiff, en parte por el guión, y en parte, porque además de salir más barato, hace menos frío que en Bristol. Y este fue bastante difícil: no solo habían perdido a Annie, la fantasma, sino que Mitchell, el vampiro, dejaba atrás una masacre que había trascendido los medios de comunicación y que no había Mascarada que la disimulara. Como suele pasar cuando empiezan a manejarse tramas demasiado complicadas para lo que era la serie, esta fue en picado: de la sociedad de vampiros más o menos discreta y sin complicaciones que explicaban en las primeras temporadas, pasan a un grupo más organizado, malvado, y todo eso que suele haber en las series de vampiros. Aparecen dos nuevos hombres lobo, Nina, uno de los protagonistas, y licántropo desde la segunda temporada, se queda embarazada, el propio Toby Whitehouse deja de respetar las bases del guión (especialmente en cuanto al tema de los vampiros y la sangre) que él mismo había creado…y todo empezó a desmandarse cosa mala, hasta el extremo de dar lugar a situaciones bastante absurdas y que no pegaban mucho con los personajes, especialmente para la pobre Annie, que de ser un poco timorata, acabó comportándose de una forma un tanto gilipuertas.

Con esta situación, además de con un cliffhanger y la marcha de dos protagonistas (Aidan Turner y Russell Tovey. O tres, si contamos a las orejas de este último), empezaba la cuarta temporada. Y tras ver el primer episodio, empecé a sospechar si el guionista no habría sufrido un golpe en la cabeza, porque este nuevo Being Human promete ser un batiburrillo entre Daybreakers, el Doctor Who, Stakeland y las películas postapocalípticas. Vamos, que si se hubiera propuesto pasarse por el forro todo lo que había filmado hasta entonces, no lo hubiera hecho mejor.



El capítulo comienza con un cartelito informativo: no estamos ni en Cardiff, ni en Bristol, sino en Londres en 2037, donde hay una guerra entre la resistencia y los vampiros…¡¡Yuhu!!…pero…¿me habré equivocado de serie? Parece que no, porque tras esa introducción, volvemos a ver a los protagonistas de la última temporada: una recien nacida, un George muy perjudicado por la falta de sueño, y una Annie preocupada. A Nina la han sacado de circulación, pero no llegamos a saber qué pasó tras el último capítulo de la temporada anterior, sino que los personajes lo van contando, y a ser posible, tampoco hablan mucho del tema, que fue un trauma muy gordo. El resto de personajes van apareciendo: un grupo de vampiros espera a otro grupo de vampiros más malvado y más antiguo, se descubre que la hija de George y Nina va a cumplir nosequé profecía que acabará con ellos, aparece otro grupo de vampiro, fantasma y hombre lobo que vivían juntos desde hacía años y…como diría Saran Montiel ¿¡Pero qué invento es este!? ¿Dónde está el humor negro, y la particular lógica de la serie?



El vampiro historiador, uno de los personajes nuevos, preguntándose qué demonios está pasando

Si este nuevo capítulo de Being Human ha sido raro, más raro será lo que viene: la hija de George, en el futuro, viaja al pasado para acabar con el bebé y evitar una guerra. Yo no sé lo que habrá tomado Toby Whithouse este año, pero no le ha sentado nada bien.

domingo, 13 de febrero de 2011

La semana en series



En cuanto saquen este programa en DVD, se lo compro a mi gata.

Aunque a las series habituales se les hayan sumado un par más (remake una, y original la otra), ha pasado el suficiente número de episodios como para poder ir haciendo un balance en conjunto de cada una.

Michael: "Alex, tu no me ocultas nada, ¿verdad?"

Nikita. La serie de acción de la CW se ha convertido en uno de mis placeres culpables favoritos (los otros son los gatos y los realities de cocina). Aunque siguen con los episodios semanales típicos, con Nikita reventando los planes de la organización malvada correspondiente, Alex, su topo, ha terminado por fin su entrenamiento, y eso quiere decir que: a) ya no tendremos que aguantar situaciones absurdas en las que esta utiliza los ordenadores a su antojo, y b) tendrá más libertad de acción estando en el exterior. De momento, esto ha dado lugar a situaciones que ponen de manifiesto la flojera de algunos guiones. Y es que a día de hoy, la sensación que Nikita transmite al espectador, por mucha capacidad de suspensión de la realidad que tenga, es que el único motivo por el que la División es la organización más peligrosa de todas, se debe a que el resto del mundo es algo tonto.



The Big Bang Theory. La serie que ha sufrido más amenazas para dejarla por mi parte, sin mucho éxito. Con el tiempo, he aprendido a no exigirle demasiado, aunque eso no evite que haya episodios flojos. De todas formas, tardo menos en bajar un capítulo y verlo, que en hacer zapping buscando algo por la tele. Por el momento, han conseguido ajustar los personajes a la situación: algunos de ellos han pasado a ser algo más que habituales, como es el caso de Bernardette y Amy, algo necesario si quieren que Penny pueda seguir apareciendo más en escena sin que resulte absurdo.

Fringe. Esta tercera temporada es sin duda, la mejor que ha tenido. Han conseguido alcanzar el equilibrio entre casos de la semana y avance de la trama principal, cosa que por algún motivo, suele ser bastante difícil para este tipo de series. Como el tema del enfrentamiento entre dimensiones está más o menos cerrado (posibilidad de conflicto aparte), se abre un nuevo frente con la aparición de unos libros titulados The First People, en los que se habla de razas anteriores a los actuales humanos y de maquinarias extrañas. No es por fastidiar, pero me da la impresión de que algún guionista ha estado leyendo a Robert E. Howard. Y por si esto no fuera poco, el episodio de esta semana se cierra con una revelación culebronesca: el Walter Bishop de la dimensión alternativa va a ser abuelo.


Being Human USA. Su versión británica era demasiado buena, y cercana en el tiempo, comoi para que esta le resultara competencia. Por el momento, se ha visto que este Being Human americano es una visión mucho más ligera que la original, ya que la mayoría de problemas morales desaparece: el prometido de Sally, la fantasma, siente realmente su muerte, y la relación con ella recuerda más a Entre Fantasmas que a Being Human. Aidan, el vampiro, no ha convertido a nadie, sino que es culpa de los Vampiros Malvados (Mark Pellegrino a la cabeza), quedando libre de culpa de lo que haga su no-victima. La enfermera, futura pareja de Josh el hombre lobo, es una persona mucho más amable que su amargada versión inglesa. Y en general, todos con mucho más agradables a la vista, más guapos de serie, y por tanto, menos creíbles. Menos Sam Witwer, claro. Que sigue siendo de plástico.

Being Human (Reino Unido). Hace tres semanas comenzó su tercera temporada, con importantes cambios: un traslado a Cardiff, una nueva casa, y Sinead Keenan (Nina) como personaje fijo. El segundo episodio, con la aparición de un nuevo vampiro, sirvió para presentar a este como futuro protagonista de Becoming Human, el spin off de la serie que se emite via internet. Muchas novedades, y especialmente, algunas situaciones que no parecen encajar muy bien con la intención inicial de la serie, me lleva a preguntarme si Being Human habrá saltado ya el tiburón: en un lugar relativamente pequeño ha aparecido una población demasiado grande de vampiros (que no han vuelto a salir), hay dos hombres lobo a mayores, y sobre todo, la pareja de licántropos protagonistas están esperando un churumbel. Lo que, entre esto y Fringe, me lleva otra vez a preguntarme si no habrán contratado por ahí algún guionista de telenovela. Esta tasa de natalidad no es normal.

martes, 25 de enero de 2011

Being Human Temporada 3 (Reino Unido). La única e inimitable



Gatico-vampiro. Si Edward Cullen brilla, él no va a ser menos.

Estas dos últimas semanas he tenido una extraña sensación. Algunos lo llamarían dejà vu, y yo, "refrito". Y es que, una semana después de estrenarse la versión americana de Being Human, la BBC 3 hace lo mismo con la tercera temporada de esta.

De entrada, este comienzo ha sido mucho más interesante que su versión estadounidense. El final de la segunda temporada dejaba un cliffhanger en toda regla: los protagonistas tienen que abandonar el piso en Bristol, Nina, la pareja del hombre lobo protagonista se une al reparto principal, y por el camino, pierden a Annie, la fantasma, que ha quedado atrapada en el purgatorio.



Y Nina tiene un repollo en la cabeza. La licantropía reduce el buen gusto.

El primer episodio ha sido un empezar de cero en toda regla: la historia se traslada de Bristol a Gales. En un principio, por haber perdido su hogar en la temporada anterior, aunque es más probable el que Gales, y especialmente Cardiff, sea el sitio donde se están grabando casi todas las series inglesas: Doctor Who, Torchwood...todas han pasado por ahí, y me da la impresión de que el alcalde de la ciudad se está haciendo de oro.
Como no hay cambio de residencia sin mudanza, los personajes buscan piso nuevo, en este caso, una casa de Bed And Breakfast particularmente horrenda (con mural hawaiiano incluído), que la agente inmobiliaria no se esfuerza mucho en promocionar, y que queda francamente sorprendida cuando los protagonistas deciden mudarse ya..Especialmente, tras ver que el local incluía un sótano aislado a modo de cutre-gimnasio pero, cuando dos de los inquilinos tienden a transformarse en lobo una vez al mes, es bastante útil. El tema del trabajo parece relativamente más sencillo, ya que a los diez minutos, los tres aparecen de nuevo trabajando en un hospital con puestos similares a los que tenían anteriormente.

Además de la nueva localización, se van perfilando un par de personajes: en Gales hay una comunidad de vampiros bastante marrullera y aficionada a las peleas, pero también una pareja de hombres lobo, que, por lo que se indica, tendrán bastante más peso en la serie que unos cuantos vampiros matones. No es que me haga mucha gracia porque una cosa es que aparezca alguno de vez en cuando, o como mucho, varios vampiros (que, según la idea de la serie, tienden bastante a convertir a sus víctimas), pero cuando el número de monstruos empieza a multiplicarse, también una empieza a preguntarse cómo hacen para que no los encuentren, especialmente cuando las transformaciones en lobo son tan violentas e irracionales como las que aparecen en esta serie. Una vez más, Mundo de Tinieblas, cuanto daño has hecho.



Aunque dio tiempo para presentar la nueva situación, la trama principal de este primer episodio ha sido el regreso de Annie, por parte de Mitchell. Esta, encerrada en un purgatorio similar a una cárcel o una sala de espera (la burocracia nos persigue hasta la muerte, señores. Me pregunto si habrá funcionarios...¿concurso u oposición?), se comunica con los personajes a través de las ondas de televisión y radio, algo que ya se había perfilado en la temporada anterior. En este caso, Mitchell está bastante interesado en atravesar ese otro lado, no sabemos si para salvar a su amiga, o porque el recuerdo de su última matanza, en el episodio final, pesa demasiado. De hecho, para poder sacarla de allí tiene que pasar por distintos escenarios de sus asesinatos, y reconocer que él no es una víctima de las circunstancias. El viaje al otro lado se cierra con una profecía bastante inquietante: la de su muerte a manos de un hombre lobo.

Being Human sigue apuntando bien, y con un episodio de regreso, han demostrado saber bastante bien qué quieren seguir haciendo. Por lo que de momento, seguirá ganándole con ventaja a su versión americana.

miércoles, 19 de enero de 2011

Being Human (US version) Esta serie me suena...



Hola, soy el Canal Syfy. Tal vez me recuerden por haber partido la pana gracias a Battlestar Galactica, y por vivir actualmente a costa de su precuela, y de las distintas ediciones de Ghost Hunters. Ah, y de emitir unos telefilmes especialmente horripilantes.

Este lunes, a la parrilla habitual del canal cienciaficcionero, se le unió Being Human, remake de la serie británica del 2009, con aceptables resultados de audiencia según las noticias diarias de Satrian. Si el arrollador éxito de la serie británica fue sorprendente, más lo es este remake, especialmente al recordar intentos con tan mala pata como el IT Crowd americano.



He tenido muñecos de aspecto más natural que el vampiro ese

La premisa de este Being Human es idéntica a su original: un vampiro y un hombre lobo deciden buscar un piso e intentar llevar una vida normal. En el apartamento descubren que habita un fantasma que, en un principio, no puede abandonar la casa. Las cosas se complican con las transformaciones mensuales del hombre lobo, y con la aparición de los vampiros de la ciudad, que quieren de vuelta con ellos a uno de los personajes, y con la chica a la que accidentalmente convirtió en vampiro, transformada por méritos propios en un verdadero grano en el culo.

La versión americana cuenta con la ventaja de conocer hacia donde quiere ir la serie: aunque el piloto inglés era demasiado serio y dramático, cosa que limaron para la serie, este Being human retoma el argumento de este como parte de la temporada, resultando más fácil poder seguir el argumento sin tener que estar pendiente de lo que sucedió en el piloto que emitieron en año anterior. Sin embargo, no se puede decir que intente innovar, salvo alguna caracterización, en la narración, porque sigue punto por punto a su original inglés, hasta el extremo de tener secuencias idénticas a las que se vieron en la BBC3 en el año 2009.



El mayor cambio viene, como era de esperar, en los vampiros. La serie inglesa presentaba el vampirismo de una forma muy particular: sus vampiros no se reflejaban en los espejos, pero podían salir a la luz del día, ingerir alimentos, y no tenían muchos poderes más allá de algo más de fuerza. Su principal problema consistía en depender de la sangre, en un principio para curarse, pero de una forma muy adictiva, en la que era imposible sustituirla por plasma de bolsa y el renunciar a ella suponía pasar por un síndrome de abstinencia. Este nuevo Being Human, presenta unos vampiros que se reflejan en los espejos, salen a la luz, no ingieren alimentos, hipnotizan a la gente, y que pueden sobrevivir perfectamente gracias a sangre embolsada, con lo que el intento de su protagonista de vivir como humano y renunciar a la sangre pierde bastante dramatismo y se convierte en el caprichillo de la semana.



Aquí, un advenedizo intentando parecerse a Herrick

Los pesonajes vampiricos tampoco me parecen especialmente bien elegidos. Y es que sus homónimos ingleses eran muy grandes: Aidan Turner cumplía el papel de medio-galán, de personaje simpático, y especialmente, el jefe de los vampiros, Herrick, resultaba sorprendente por su aspecto anodino, su puesto de policía, y su funeraria en la que los nuevos no-muertos resucitaban. Lo que resulta una competencia muy difícil para un actor cuyos pómulos, barbilla y morros de aspecto un tanto plasticoso (no sé si estaré confundida, pero creo que salía en Galactica) me recuerdan al novio de la Barbie, y frente a Jason Watkins haciendo de Herrick, tenemos a Mark Pellegrino en su papel estándar de sicótico. Añadámosle a eso una casa de citas para vampiros y víctimas que desaparecen, y toda la gracia del original desaparece. Ay dios mío, cuanto daño le ha hecho Vampiro la Mascarada al siglo XX.
Del resto de personajes, está un hombre lobo de un aspecto un tanto anodino, y con un registro que me recordó bastante a las comedias, y una fantasma sorprendentemente parecida con su versión inglesa, a la que han retirado bastantes inseguridades y le han dado un carácter más abierto.

El primer episodio de este Being Human resulta bastante entretenido y, gracias a su parecido narrativo con el original, gustará bastante, como puede gustar ver de nuevo una serie, si deciden bajar las orejas y no protestar por estos vampiros estándar que aparecen en ella. Por otro lado, no ofrece ninguna novedad, y según un Life on Mars americano podría ser acpetable por el tema de las distintas referencias y formas de pensar en esa época, no tiene mucho sentido cuando se trata de una serie de aquí y ahora.

sábado, 6 de marzo de 2010

La segunda temporada de Being Human o Como irse a rodar a un sitio más barato el año que viene


El pasado 21 de febrero terminó la segunda temporada de Being Human, de la que comencé a hacer reseñas semanales junto con Fringe y Big Bang Theory pero me detuve por pura vagancia. Finalmente he decidido hacer una entrada hablando de esta, así, en conjunto.

Para empezar, Being Human es la serie que ha dado el chiste más recurrente de toda la historia de la tele, y del que todavía no he conocido blog que lo haya evitado. Vampiro, hombre lobo y fantasma que comparten piso. Lo que nadie se esperaba es que semejante argumento fuera a dar uno de los mayores éxitos de la BBC entre geeks y aficionados: hay tercera temporada y, para entretenerse en verano, un remake estadounidense de la serie por parte del syfy channel, que desde que se les acabó Galáctica andan como almas en pena.
Tras una primera temporada en la que borran del mapa a los antagonistas y dejan un cliffhanger bastante atractivo, la serie empieza enfrentando a los personajes con nuevos aspectos de la vida que intentan llevar:



Annie ha renunciado a atravesar la puerta al Otro Lado, y libre del asunto que la retenía, decide continuar con la vida que perdió, empezando por buscar un trabajo. Su objetivo no sale bien parado, ya que la posibilidad de ser visible para los seres humanos está muy sujeta a su estado anímico…que no va a ser muy bueno cuando los del Otro Lado parecen empeñados en que cruce la susodicha puerta. Durante la historia irá encontrando a otros fantasmas en su misma situación, y especialmente a uno que la ayudará a escapar a la muerte de los fantasmas.
Durante esta temporada Annie es el personaje cómico por excelencia, debido a haberse librado ya de la carga dramática, y en más de una ocasión se nota que no saben muy bien qué hacer con ella, otorgándole en los episodios papeles más bien menores. Por suerte, acaba encargándose de uno de los finales más inesperados que recuerdo.




Mitchell ha acabado con el plan de los vampiros, parece haber superado su adicción a la sangre e intenta integrarse en el mundo de los humanos. En su trabajo conocerá a Lucy, una médico con la que irá iniciando una relación. Lo que no contaba era con los restantes vampiros, a quienes ha dejado sin un líder tras la muerte de Herrick, y se verá obligado a convertirse en jefe de la comunidad. Por suerte, este papel tiene un aspecto positivo, como es el tener a todos los chupasangres de Bristol a sus órdenes, por lo que decide abrir un programa de “vampiros anónimos” y llevarlos a todos por el sano camino de la abstinencia y la decencia.



George sigue siendo un pupas. Empieza el primer episodio recibiendo leña (fisicamente hablando) y la sigue recibiendo durante toda la temporada a nivel emocional y metafórico: Nina, recién contagiada de licantropía, lo abandona, no sin antes confirmar que este usa la desventaja de ser un hombre lobo para evitar responsabilidades. Y parece que funciona, pero demasiado: se hace profesor de idiomas, intenta controlar su problema de licantropía (con Touretticos resultados) y se busca una novia puente. Finalmente, tanto él como sus amigos y Nina decidirán acudir a quienes les ofrecen una cura para sus problemas.

A estas alturas de la película os estaréis preguntando ¿Y los malos? Porque no hay serie fantástica sin malos. Pero esta no es serie al uso, así que “malo” es un decir:



Tras la muerte de Herrick, Ivan y Daisy, dos vampiros, deciden volver a Bristol. Si bien esta pareja chungoinquietante tenía todas las papeletas para ser los villanos de la temporada, acaban convirtiéndose en personajes meramente anecdóticos de esos que sirven para que una trama avance.



Nobody expects the British Inquisition!!

Desde el final de la primera temporada, los protagonistas han sido observados por una organización conocida unicamente como CENSSA (siglas para “centro raro que investiga bichos sobrenaturales en Inglaterra”. O algo por el estilo), compuesta por un científico conocido únicamente como Professor Jaggat, Kemp, un tipo con pinta de conserje siniestro que resulta ser un sacerdote, Lloyd, un tipo encargado de la monitorización de los experimentos, y un medium del que se sirven para localizar actividad paranormal. Las intenciones de esta organización, así como su tamaño, no empiezan a aclararse hasta los últimos episodios: ¿es una organización científica? ¿Cristiana? ¿Estatal? (¿se contrata personal mediante oposición?) ¿Hay otras ramas? La información acerca de este grupo se proporciona casi con cuentagotas, aunque su participación acabe siendo definitiva para la trama central de esta temporada.

Una vez terminada, esta ha sido una continuación muy diferente, en cuanto a argumento, de la primera Being Human, ya que incluso arriesgan a cambiar la localización de la historia de Bristol a Cardiff. Que sí, en la serie se explica de forma coherente, pero en realidad lo han hecho porque es más barato rodar allí. Que se lo pregunten al Doctor Who. Diferente, pero igual de interesante, ya que abandonan el tema de “vampiros vs. Mundo” para centrarse en la humanidad de los personajes e incluso añadir algo más de comedia.
Entre lo que más me ha gustado se encuentra:

  • Se desarrolla un poco más el mundo sobrenatural que insinúan en la primera parte: el tema de las puertas al Otro Lado y los “hombres con palos y cuerdas” tiene más presencia, así como la aparición de seres humanos sensitivos y médiums.
  • Mitchell oscila de intentar ser humano a toda costa a convertirse en jefe de los vampiros a su pesar. En sus primeros pasos protagoniza una de las mejores muestras de humor negro, cuando uno de los vampiros le ofrece a una emo/gótica para que de un trago, explicando feliz que como ella “los hay por docenas”.
  • En la serie nada es seguro: no se ciñen obligatoriamente al tema de “no matar personajes principales” o “matar personajes secundarios para dañar a los protagonistas”: han sido capaces de hacerlos desaparecer o forzar un cambio de aires si era necesario.

Por el contrario, he encontrado algunos fallos:

  • Ocho episodios siguen siendo poquitos, pero la serie parece haber sido “estirada” en algunos casos: al menos dos episodios transmitían la sensación de haberse hecho de relleno, fruto de la contratación de esta segunda temporada.
  • Se pierde cohesión del grupo: mientras en la primera temporada los protagonistas solían tener tramas interrelacionadas, o interactuaban a menudo, cada uno parece ir a su bola, con sus problemas o tramas separadas.
  • ¿Dónde están los vampiros malotes? Porque de un episodio prometedor en el que Ivan y Daisy aparecían como unos nuevos Spike y Drusilla, acabaron por ir cada uno por su lado: Iván se compromete con el proyecto de desintoxicación de Mitchell, y Daisy, simplemente desaparece hasta los últimos episodios. Como si el guionista dijera “eh, ¿no tenía yo en los borradores a una vampira loca? Ah, sí, voy a sacarla ahora a escena..”.

Con todo (y especialmente por lo cortita), ha mantenido muy bien el nivel, y ha dejado un enooorme cliffhanger para la tercera temporada.

(A todo esto, si alguien se pregunta qué puede ofrecerle Being Human, que consulte aquí)

martes, 26 de enero de 2010

La semana (pasada) en series

Como este fin de semana estuve bastante entretenida con los Trífidos no pude hacer una entrada sobre los episodios correspondientes. Tampoco es que tuviera intención de hacer un seguimiento semanal de lo que voy viendo, pero acabo de descubrir que es una forma bastante sencilla de actualizar y…bueno, quería escribir algo sobre The glass books of the dream eaters, la novela steampunk que estoy leyendo pero ¡no me da tiempo! Todavía no lo he terminado porque además de gordo, tiene la letra muy pequeña, pero prometo artículo en cuanto tenga ocasión.



¿Gay vampires y les parece gracioso? Ay, si las fans de Poppy Z. Brite los escuchan, hay escabechina.

Domingo, 17 de enero. Being Human. Segundo episodio de la segunda temporada: Nina parece resignada a asumir su condición de licántropo y Annie está feliz como camarera y lo que suponemos que será un nuevo novio, pero ya sabemos que nada va a terminar bien. Lo mejor del capítulo ha sido el desarrollar el tema de los fantasmas y la posibilidad de que Annie sea el personaje que corra más riesgo, ya que no cruzó al otro lado cuando le correspondía, y es probable que este la reclame tarde o temprano. Otro punto a favor es el que la novia de George abandone la casa de sus amigos rechazando toda ayuda. De todas formas, este personaje tiene bastantes papeletas de no pasar de la segunda temporada ¿Qué mejor que atormentar a un protagonista que matando a un secundario al que aprecia?



Lunes, 18 de enero. The Big Bang Theory. Los guionistas deberían plantearse en cambiarle el nombre a la serie por “Las paranoias de Sheldon Cooper y el tipo canijo con gafas que sale con una rubia”. O eso, o subirle el sueldo a Jim Parsons, ya que es el que está sacando adelante esta tercera temporada. En este caso, un robo doméstico da lugar a situaciones particularmente graciosas:
Leonard y Sheldon enumeran durante un rato los videojuegos sustraídos.
Howard instala un moderno sistema de alarmas con red incluida, “muy útil si entra a robar un banco de atunes”.
Por otro lado, el capítulo dio lugar a más comportamientos infantiles por parte de Sheldon, en este caso, a causa del miedo a quedarse solo, que tan buen resultado han dado en otras ocasiones. Y es que no hay nada que mueva tanto a la risa o al desconcierto como un tipo completamente desconectado del mundo real comportándose como un niño de ocho años. Ehm..oh, dios mío. Creo que tendré que revisar esta frase.



El tensímetro de Saber Vivir patrocina este episodio.

Jueves, 21 de Enero. Fringe. Otro capítulo autoconclusivo cual moderno Expediente X en el que aparece algo tan típico de la serie como los virus raros. En este caso, uno que provoca una hemorragia modelo aspersor. La relación entre Astrid y Walter Bishop, bastante entrañable, se desarrolla un poco más y podemos verla llevando al doctor a una feria científica, con una secuencia en la que Walter ilustra a unos niños los peligros del conocimiento con la alegoría del monstruo bajo la cama.
Los intentos de añadir tensión a la situación no van muy allá, porque aunque Peter se infecte del virus para alegría de muchos que no lo soportamos, sabemos que no le va a pasar nada. Y hay un pequeño, pero muy pequeño, avance en la trama principal debido a un desliz de Walter. Tampoco sé a quien quieren engañar, si ya sabemos que a Peter lo sacaron de otra dimensión…Ouch. Espero que esto último fuera obvio para todos.

Y hasta aquí, las series de la semana (pasada). Por mi parte, a seguir con el libro a ver si no llega al fin de semana.



En cuanto termine, lo comento ¡lo juro!

sábado, 16 de enero de 2010

La semana en series. Renaissance version

Después de las vacaciones, retomamos las series que también se habían ido de nochebuena y algún estreno. A mis habituales Fringe y The Big Bang Theory se une el regreso de Being Human, la sorpresa británica del año pasado.



Coming soon no, que ya la ví este lunes

Domingo, 10 de enero. Being Human.
Con bastante éxito por su parte (entre otras cosas, una temporada que pasa de seis a trece capítulos y un remake estadounidense a la vista), vuelve la historia del vampiro, el hombre lobo y la fantasma más prosaicos de toda la televisión. Con las tramas de la temporada anterior ya cerradas y un cliffhanger, las novedades se presentan interesantes: una Annie que superado ya su estado de alma en pena, decide buscarse un trabajo en el pub de la esquina, la novia de George intentando lidiar con su primera transformación en licántropo y la aparición de una organización, de la que desconocemos si es un grupo gubernamental, o directamente, cuatro ociosos mirando internet, que busca investigar, y me temo, erradicar cualquier actividad sobrenatural.
¿Un episodio redondo? No del todo, al menos en mi opinión: como los vampiros no podian faltar, incluyen a una pareja (como una regadera ella, con pinta de mal rollo él) que recuerdan más a la locura de Drusilla y Spike que a la actitud de los vampiros que se había establecido en la anterior temporada.




No te esfuerces. Ya sabemos lo que va a pasar.

Lunes, 11 de enero. The Big Bang Theory.
Con Penny y Leonard siendo una adorable pareja, no queda más que tirar del frikismo del resto de personajes para sacar adelante la serie. Aunque con un poco de suerte esto puede servir para capítulos realmente buenos (como el de Sheldon sufriendo las consecuencias de una discusión entre Leonard y Penny), el de esta semana ha sido muy flojo. Raj y Sheldon como pareja cómica está bastante poco explotada como para que resulte interesnante, si bien el resto del capítulo no ha tenido gran cosa que contar: Penny y Leonard riñen y se reconcilian, Raj tiene que emborracharse para hablar con las chicas y Sheldon sigue pasando de todo lo que tenga faldas. No voy a decir que me aburriera porque es una serie a la que le exijo muy poco, pero hay que tener unos mínimos, caray.



Mi abuelo tenía una boina igual, igual, igual..


Jueves, 14 de enero. Fringe.

Un capitulillo muy Expediente X para Fringe, que, si bien no dice nada para la Gran Trama de la Guerra Dimensional, siempre es divertido. O más bien, divertido por las monerías varias de Walter Bishop, que en esta ocasión pasa un mal rato por haber visto demasiado cine clásico. Experimentos del gobierno, pueblo con secreto y Walter Conflictuado. Y para mi sorpresa, es de esas escasas veces en las que Astrid sale fuera del laboratorio. Por cierto, ¿soy la única a la que le parece que a Broyles solo le faltan las nike y un número pegado a la camiseta para salir esprintando? ¡Parece un atleta keniata!

Y eso es todo. Que no cunda el pánico, ahora no me dedico a ver series al ritmo de salida: el ver solo tres capítulos a ritmo de emisión me ha permitido terminar con la tercera temporada de Blackadder, fantástica serie que demuestra que los poetas románticos también pueden ser graciosos. Y que Hugh Laurie también puede ser gracioso poniendo cara de atontado.



NADIE escapa a las series británicas de los ochenta. Al menos, en mis entradas

domingo, 27 de septiembre de 2009

Hoy, en Descubriendo Series con Renaissance: Being Human



Lon Chaney Jr. and Bela Lugosi with common sense

Esto es un vampiro, un hombre lobo y un fantasma que comparten piso y…no estoy empezando ningún chiste, ya que este es el punto de partida de una serie que oscila entre el drama, el género fantástico y la comedia negra.

Y lo cierto es que era de esperar con un argumento así. Para explayarnos un poco más, Being Human cuenta la historia de George, un chaval de lo más corriente que acaba convertido en hombre lobo, Mitchell, un vampiro que lleva dando vueltas desde la primera guerra mundial y Annie, una chica que se las prometía muy felices hasta que un accidente en su casa la convierte en un fantasma. Los tres deben enfrentarse a tareas tan particulares como trabajar igual que todo hijo de vecino, buscar piso, y para más INRI, controlar sus ansias de sangre, buscar un sitio cómodo para poder transformarse cada luna llena y, en el caso de la fantasma, supongo que solucionar el asunto pendiente que tenga e irse hacia la luz de una vez. Por si no fuera poco, los vampiros locales parecen bastante interesados en empezar a hacer las cosas a lo grande, especialmente en el tema de reclutar nuevos vampiros entre gentes influyentes y empezarse a dar a conocer a la sociedad. Quizá sea esta la parte más “fantástica” de la serie, ya que en ocasiones da la sensación de que la han incluído porque se trata de una historia con monstruos y necesitan antagonistas como tales. Además es la más deudora de la visión actual que se tiene de los vampiros: depredadores, bastante degenerados, crueles, organizados en una especie de grupo y con su propia jerga, además de no llevarse especialmente bien con los licántropos. De hecho, tras el episodio piloto, además de cambiar a la mitad del reparto, suavizan un poco esta actitud y la organización sindical de vampiros se vuelve un poco más práctica y bastante menos siniestra, hasta el punto de que el jefe de estos es un inspector de policía.



Quizá uno de los mayores detalles en cuanto a humor negro son las referencias a “los aldeanos armados con antorchas” para referirse a la posibilidad de que los descubran, un guiño a las películas de la Universal que juntaban a varios monstruos en el metraje. Esto se acaba haciendo casi real en un episodio, en el que toman al pobre Mitchell por un pederasta y está a punto de sufrir el linchamiento público.

Seguramente el argumento ya os suene familiar a todos y muchos estén pensando ya en True Blood. Podría ser, pero…no van por ahí los tiros. Porque donde la serie de Alan Ball ofrece personajes llevados al límite, algo de humor negro y se mete a menudo en el terreno de lo surrealista, Being Human es mucho más prosaica y sutil en cada aparición de personajes sobrenaturales. Todos ellos comen, cagan, tienen que llegar a fin de mes e incluso lidiar con exparejas…aunque a primera vista tengan el aspecto de malvados vampiros. La idea principal parece ser el crear una serie dramática sobre un grupo de personajes que busca su lugar en el mundo, pasado por una visión un poco más fantástica y con bastante humor negro, como puede verse en estos:

George fue mordido hace dos años por lo que parecía ser un lobo, durante una excursión por Escocia. Cuando descubrió lo que era, no le quedó más remedio que desaparecer y comenzar una nueva vida como limpiador en un hospital. Quizá es el que tenga más suerte de las tres criaturas malditas, ya que solo se convierte una vez al mes, y al menos un par de semanas antes, sus sentidos y su fuerza comienzan a agudizarse. Además, le toca ser personaje de la semana porque tiene el aspecto más apalambrado que he visto nunca en un licántropo.

Mitchell es un vampiro desde 1914, más o menos. Se ha vuelto abstemio y le cuesta lo suyo, ya que al principio de la serie (en el episodio piloto) convierte a una joven que se convertirá en personaje recurrente y enlace con la trama principal de la temporada.

Annie. Antigua propietaria de la casa hasta su fallecimiento. Se ha dedicado los últimos años a espantar a todos los inquilinos, hasta que descubre que Mitchell y George pueden verla. Tiene bastantes problemas a la hora de abandonar su antigua vida y su actividad principal consiste en hacer te y café de manera compulsiva.



Estos True Blood fijo que no beben...

Herrick. Es el jefe de los vampiros. Como se trata de un cargo no remunerado, trabaja como inspector de policía, aunque la megalomanía le pierde y tiene pensado en que su especie se revele a la humanidad.

Incluso para ser una serie británica, es muy cortita: seis capítulos en total, frente a los trece habituales en las series dramáticas, más un piloto, en el que varían bastantes cosas, como el reparto y el tono de la historia. Además, me ha permitido descubrir a un personaje que, de haberlo visto hace dos semanas, habría aparecido en la entrada de los Sujetos inquietantes: Seth, el subordinado del líder de los vampiros, un tipo que sonríe con todos los dientes, parece un nosferatu con pelo, y cada vez que se sube el cuello del abrigo y camina encorvado, grita “perturbador” por los cuatro costados.



Tío, cierra la boca, ya, que asustas...

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...Por si quedaba alguna duda