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jueves, 13 de julio de 2023

Junji Ito. Ciudades y mansiones encantadas. Este sitio es muy raro

 


Junji Ito es uno de eso autores a los que no es raro verlos en las estanterías, al menos recientemente. Con una trayectoria de casi 40 años,  creador de dos de las mejores series terroríficas y una  gran cantidad de historietas breves, es ahora cuando estas últimas están siendo editadas en España A partir de la colección original, contenidas en unos doce tomos, ECC ha  optado por una edición donde varios de estos se recogen según su temática: lo insólito (lo que viene a ser el noventa y nueve por cien de lo que ha dibujado este hombre, vaya), la naturaleza, los fantasmas o los lugares encantados. 




En el caso de este último, estas ciudades y mansiones por las que se mueven sus protagonistas distan mucho de ser  casas embrujadas o templos donde se oculte algún espíritu. Lo extraño  puede manifestarse en un lugar de forma inesperada, ser parte de este desde hace tanto tiempo que sus habitantes convivan con el y lo consideren algo cotidiano o incluso estar ligado a una persona. Tampoco van a ser comunes las explicaciones  sobrenaturales "coherentes". Los fantasmas son casi un elemento minoritario,  una maldición  a veces será la única explicación posible a lo anómalo, y los elementos tradicionales reconocibles para el lector occidental han sido retorcidos y modificados de formas extrañas, volviéndolos algo desconocido. 



Las quince historias incluida en el volumen son independientes entre sí, recorren múltiples lugares y temas. Desde el relato de fantasmas clásico, como podrá  ser ese desertor que se esconde en el ático de la casa familiar, las voces del os niños que  cada noche, se escuchan en un callejón tapiado o esa casa, aba nonada hace mucho, que hace años albergó una reyerta entre estudiantes. Los lugares  encantados de Ito siguen, la mayor parte de las veces, la tradición fantástica japonesa, marcada  por lo inevitable: todo aquel que se encuentra  con lo sobrenatural está condenado,  estos están ligados por siempre al lugar de su tragedia sin posibilidad de redención o descanso. 

En Japón, las viejas del visillo son muy chungas


Entre ellos  se mezclan las situaciones extrañas: el volumen comienza con La mansión del dolor fantasma, donde el protagonista acaba atrapado en una casa que encierra el dolor que sufre uno de sus habitantes, y que se extiende por cada rincón. Un concepto cuyo desenlace recuerda mucho a los primeros relatos de Barker, aunque este no sea de los más gráficos en cuanto al horror corporal que  Ito  alcanza a a veces en sus historietas. Otro de estos lugares extraños con capacidad de afectar al plano físico será  la ciudad en la que  todos los que fallecen sufren una transformación: sus cuerpos se convierte en su propia estela funeraria, marcando el lugar donde han perdido la vida. Situaciones que, pese a lo extraño, parecen seguir sus propias reglas y que los personajes no deberían haber roto...ni siquiera llegado a esos lugares. 

Si bien muchas de las historias  recopiladas se mueven por estos escenarios donde  se  prescinde de la lógica, hay alguna donde esta es inexistente: la ciudad sin calles comienza con un incidente nocturno que lleva a su protagonista a una ciudad transformada, de la noche a la mañana, e una maraña de casas que sus habitantes  atraviesan, y cuyo desarrollo da la impresión de que su autor no tiene muy claro que quiere hacer, más allá de juntar cosas raras, y a ver que pasa. Un visitante nocturno, una ciudad alterada, y un asesino en serie, porque de alguna forma tenía que terminar esa locura. Otras, sin embargo, mantienen ese equilibrio entre lo insólito y lo cotidiano, transmitiendo  bien esa sensación en la que  lo normal puede alterarse  con girar en cualquier callejón, o con residir en la casa equivocada. 

La colección no sigue un orden cronológico, y aunque el nivel de dibujo es ya el que  Junji Ito tiene acostumbrado a sus lectores, se encuentra alguno de sus primeros trabajos, como Bio House, una rareza tanto en lo argumental como en lo gráfico al ser un manga del 88 cuyo dibujo todavía queda muy lejos de lo que podría verse en Uzumaki. No es la  única rareza (aunque tenga gracia hablar de rarezas respecto de este señor) que puede aparecer a nivel de guion: el pueblo de las sirenas es una  curiosidad en la que utiliza abiertamente  tópicos del terror occidental, desde la religión  cristiana a la magia negra y el ocultismo que, quizá  por lo ajenos que le resultan, da la impresión de estar leyendo una historia de serie b como la que podría haberse encontrado en un videoclub, aunque algunos  de los elementos que aparecen, como el ruido ensordecedor de las sirenas, sería utilizado después con mayor fortuna. 

Las ciudades y mansiones encantadas de Junji Ito es un título que se queda corto para todo lo que puede encontrarse en esos quince relatos, donde predomina lo extraño, y como suele pasar en sus historias, cualquier posibilidad de finales felices para sus protagonistas, queda muy lejos. 




jueves, 2 de febrero de 2023

Relatos japoneses de lo macabro. Cuando la animación no hace justicia.

 


Aunque el anime no me haya atraído mucho, hay alguna excepción, como Doctor Slump (la caja rosa de goma en mi mesa lo certifica) los manga de Junji Ito. Historias cortas, donde lo grotesco y el body  horror se dan de la mano, o series como Uzumaki, donde desarrollaba  los temas anteriores para  derivar hacia el terror cósmico. Sus guiones, junto a un dibujo que reflejaba con todo detalle aquellas situaciones pesadillescas y que se alejaban de la habitual línea clara a la que tenía asociada este estilo, fueron haciéndose más conocidos entre el público con el tiempo, aunque este  hubiera quedado  fuera  de las adaptaciones a otros medios. Salvo por las versiones en imagen real de Tomie o Uzumaki, no fue hasta finales de la pasada década cuando se empezaron a trasladar varias de sus historias cortas al anime. Y este último año, Netflix s e ha encargado de traer una nueva serie.




Relatos japoneses de lo macabro es el título en español de Maniac, una antología que  a lo  largo de doce capítulos adapta veinte relatos del autor escritos a lo largo de varias décadas. Sin más  hilo conductor que la voz en off que, al final de cada capítulo, hacen referencia a las situaciones que aparecerán en el siguiente, estos recopilan durante veinte minutos una, o dos historias  breves en su caso que, ante todo, se caracterizan por la alteración de lo cotidiano, la transformación corporal, lo absurdo…pero también el terror cósmico, el humor negro e incluso un par de aproximaciones a lo psicológico, que, por la menor presencia  que tiene, y por s u contenido, son algunos de  los más memorables. Anécdotas de familias disfuncionales  como los hermanos Hikizuri y las maldiciones de Soichi, abren y cierran con bastante  humor una recopilación en la que también aparecerá Tomie, la femme fatale inmortal escrita por Ito, un túnel poblado por espectros, maldiciones ancestrales, pesadillas, apocalipsis tan extraños como los globos que aparecen  de ninguna parte para ahorcar a determinadas personas, una nueva y peligrosa especie fúngica o una enorme criatura de las profundidades marinas que oculta una secreto en su interior.


Todos su relatos, salvo los primeros o los de sus personajes recurrentes, que tienen un tono más ligero, están marcados por una visión del terror muy oscura: ningún personaje que tenga la mala fortuna de aparecer en un capítulo va a sobrevivir o salir cuerdo. Y tratándose de Ito, la primera opción es el final más compasivo al que pueden optar. Aunque su narrativa  está bastante occcidentalizada (hasta el punto en que los Hikizuri parecen una versión libre y menos  elegante de los Addams), muchos elementos de sus historias están marcados por una interpretación de lo sobrenatural muy  tradicional: la imposibilidad de salvarse de lo anómalo, lo ancestral como algo que no debe ser perturbado, bien sea una comunidad de monjes o un antiguo enterramiento, los espectros concebidos como seres implacables que  permanecen en la tierra sin posibilidad de encontrar la paz o esa sensación, que experimentan los personajes, de encontrarse desvalidos ante fuerzas dela naturaleza que pueden barrerlos de un plumazo.


Los monster marca blanca

La transformación corporal también es uno de sus temas recurrentes. Muchos de sus personajes se ven  deformados bien como  castigo por haber roto una regla, por la acción de la naturaleza como en Moho o la Cosa que naufragó, o el puro absurdo, como en el autobús de los helados. Pero esta tendencia a desarrollar la alteración física puede considerarse una de las características de la obra de Ito y algo  que está  muy ligado a su apartado gráfico: las viñetas  de cualquier de sus comics se recrean en lo monstruoso y la pérdida de la humanidad como rasgo físico. Un elemento, muy importante para el éxito de sus comics, que el anime no ha podido captar.




Esta, aunque en cuanto a las caras de los personajes (al menos, en los primeros momentos o en las situaciones normales), resulta correcta, no llega ni de lejos a lo que necesitaría para representar las viñetas más oscuras, donde las paredes cubiertas de moho, los tentáculos de una criatura marina o las distintas capas  de piel que recubren a un ser humano, eran representadas con sumo detalle mediante líneas retorcidas y un miedo a mostrar un espacio vacío que en su versión animada, no existe. Estas se han visto sustituidas por animaciones cgi no muy cuidadas que se utilizan hasta para situaciones tan simples como un vehículo en movimiento y que hacen sospechar que la animación no ha sido en lo que se han gastado el presupuesto. La pobreza de esta llega al punto   en que en uno de los capítulos utilizan un fotograma sacado directamente de una viñeta, y que por lo lejos que queda en cuanto a detalle, parece fuera de lugar. Estos recursos icnográficos, que son algo habitual, parecen aquí bastante limitados y afean el resultado de una serie en la que el aspecto visual es tan , o más importante que lo narrativo.

A los relatos japoneses de lo macabro no les ha salido precisamente bien lo que debería ser lo más destacable de la serie: una animación normal tirando a pobre, diseños estándar que de cuando en cuando intentan imitar al original y fotogramas que apenas reflejan  las situaciones gráficas  de su equivalente en papel. Y que hace que la serie desluzca  aun cuando muchas de las historias  sean realmente buenas, y una prueba de ello es que La abusona es tan inquietante como su original. Hoy es difícil saber  si esta serie sobrevivirá más de una temporada, pero  además de servir para dar a conocer algunas de las historias más populares de Ito, es también un aviso para la posible adaptación de Uzumaki de la que se venía hablando hace algún tiempo: las espirales, o se dibujan bien, o mejor no intentarlo.

jueves, 29 de noviembre de 2018

Uzumaki y Junji Ito. La espiral que cayó del cielo


El terror japonés ha resultado siempre peculiar y fascinante a partes iguales. Aunque tras su momento de gloria en el cine a finales de los noventa, solo quedara en la memoria unos cuantos remakes  estadounidenses y todo lo que podía aportar, reducido a un fantasmón con el pelo delante de la cara. Gracias a eso, al menos, fue posible ir abriendo un pequeño campo en el sector gráfico, cuando alguna editorial se animó a publicar manga de esta temática y  las páginas de Junji Ito pudieran verse en los estantes de las librerías junto con series más populares.

 
Parece imposible que Uzumaki, uno de esos primeros mangas publicados en España, cumpla ya 20 años desde su primera aparición por capítulos. Y es que este formato serializado está muy ligado a la narración por capítulos casi independientes entre sí, cuyo nexo en común es el testimonio contado por Kirie, una joven habitante de un pueblo japonés, llamado irónicamente Remolino Negro, en el que un día cualquiera comienzan a aparecer espirales. Sin más, una forma geométrica inocente que se manifiesta en forma de un comportamiento obsesivo que afecta a determinados habitantes, transformándolos física y mentalmente hasta extremos horrendos. Pero también en cualquier aspecto de la vida diaria: la espiral de la concha de un caracol, el giro de un torno de alfarería, los remolinos de un cabello humano o en algo tan vinculado a la climatología japonesa como un tornado. Elementos anodinos que se convierten en algo retorcido que, o bien son sucesos de los que su protagonista es testigo directo, o bien afectan a ella y a su familia, y amigos, precisamente formada por su novio, el hijo de uno de los afectados por lo que él llama la maldición de las espirales, su padre, un alfarero, su madre y hermano menor. Los acontecimientos, a veces aterradores, otros extraños, y en algún momento, absurdos pero peligrosos, no tienen más explicación aparente que la que el novio de Kirie da en las primeras páginas: el pueblo se ha llenado de espirales.
 
 
Durante gran parte de la historia no es posible buscar una explicación, ni una trama, sobre lo que afecta al pueblo o como solucionarlo: es algo que, como en muchos relatos de terror, sucede. Y que, en cierto modo, podría recordar un poco a una versión retorcida (aunque el adjetivo en este caso tiene su gracia) de El color que cayó del cielo de H. P. Lovecraft: algo que aparece sin más, ajeno a toda lógica, y que afecta física y mentalmente a los personajes. Las historias, casi independientes, ofrecen relatos aislados que, pese a tener en común esa idea de una espiral, narran situaciones de lo más variopintas, que, de forma muy aislada, acaban afectando a la trama principal para hacerla avanzar. El guión, de este modo, juega al despiste:  los primeros capítulos acaban por conformar una atmósfera y un preludio de lo que sucederá, para formar parte de la trama y desembocar, en el último tomo, en un escenario apocalíptico muy distinto al tipo de narración aislada que había aparecido al príncipio.
 
 
El terror, tal y como se plantea, tiene una vertiente un tanto fatalista, quizá también relacionada con la forma de ver lo sobrenatural en la cultura japonesa: algo incomprensible, imposible de solucionar y del que, como mucho, los personajes pueden considerarse afortunados si son testigos y no protagonistas directos. Los sucesos, en este caso, vienen y se van, y es muy raro que, salvo los dos personajes principales, alguien pueda salvarse. En algunos momentos supone un fallo porque al querer mantenerlos como hilo conductor, acaban perdiendo todo factor sorpresa: al tercer capítulo se sabe que a Kirie y su familia, pese a lo que pueda pasarles, acabarán la última página salvándose sin demasiadas secuelas y esperando pacientemente lo próximo que pueda suceder en el pueblo. En cambio, en las últimas páginas, la impresión es muy distinta, y el lector acaba pensando que los afortunados fueron esos secundarios que desaparecieron al poco de comenzar.
El segundo aspecto de la historia, y que también es común al resto de guiones de Ito, es la presencia del horror físico y la transformación corporal, mostrado aquí en todas sus consecuencias. Lo que comienza con diseñar un exterior donde se dibujan espirales hasta el extremo de convertirse en algo mareante o repulsivo, se convierte en deformaciones físicas, involuntarias o autoinflingidas, en las que no duda en recrearse en cada viñeta.
 
Ito es capaz de convertir un dibujo geométrico en algo repulsivo, reflejar las transformaciones más horribles e incluso convertir lo cotidiano en monstruoso, ero, en cambio, la forma de enfocar el fantástico se mantiene dentro de unos límites asequibles para todos los públicos: es terror japonés, por nacionalidad y temas, pero no eroguro, y los personajes obsesivos o monstruosos que aparecen lo son en el marco de la historia, nunca se plasma el grotesco por el mero hecho de averiguar hasta donde se puede llegar.
Con un dibujo a la altura, es más sencillo disfrutar de las escenas y el horror que plasman que apreciar los rasgos de los personajes, que son muy limitados: rostros ovalados para los femeninos, picudos para los masculinos, y los peinados y vestuario hacen el resto. Solo parece acordarse de ofrecer una mayor variedad cuando estos sufren alguna transformación de carácter, y hacia la mitad del cómic es saber quien es quien.
Uzumaki es seguramente una de las obras por la que más se conoce a Junji Ito, y probablemente, uno de los más extensos que ha hecho en su carrera. Al menos, hacia su desenlace: su estructura, durante la primera parte, mantiene una distribución episódica, que recuerda a sus antologías de relatos, y cada capítulo de Uzumaki es igual de inquietante que estos.

martes, 30 de mayo de 2017

Ghost in the Shell (2017). Manga, cyberpunk y androides conflictuados


Aunque los setenta fueron el primer contacto de España con el mundo del anime, no fue hasta los noventa cuando se volvió algo grande. El estreno anterior de Akira, y sobre todo, los pases en las televisiones autonómicas de Dragon Ball abrieron un campo nuevo que las editoriales y las distribuidoras de vídeo aprovecharon. Y que, según algunos alarmados padres, llenaron las estanterías de sus hijos con chicas de ojos y tetas grandes. Masamune Shirow fue entonces el autor del manga en que se basó uno de los animes más populares dentro del género cyberpunk. Pero pese a la popularidad que el anime adquiriría posteriormente, es un estilo que siempre se caracterizó por parecer bastante inaccesible a los no aficionados, pero también por ofrecer cierto atractivo en cuanto a temas y oportunidades de adapción: un remake, o una versión cinematográfica hecha en Hollywood, que ofreciera una aproximación más sencilla para atraer a un mayor público...aunque a los estudios les diera por adquirir los derechos de las obras más complejas. Y, si mientras la idea de una película sobre el manga de Akira sigue un poco en el limbo, fue Shirow el que acabó contando con una producción de imagen real.



Ghost in the Shell explora un tema muy popular dentro de la ciencia ficción y el cyberpunk como es un futuro donde los implantes cibernéticos y las mejoras son una realidad, y donde una corporación ha conseguido dar el siguiente paso: crear una entidad robótica a partir de un cerebro humano. O lo que es lo mismo, dotar de alma, o espíritu, a un cascarón creado artificialmente. Mira Killian, gravemente herida en un ataque terrorista, es salvada por la corporación Hanka, o al menos, lo que quedó de ella: su cuerpo ha sido fabricado por ellos y como tal, su funcionamiento es similar al de un ordenador o una máquina. Capaz de recargarse, reparar las piezas dañadas de su cuerpo e incluso de introducir su mente en el programa de otros robots, Mira dirige un grupo especial dedicado a detener a criminales informáticos a la vez que, sin apenas recuerdos de su vida anterior, se plantea la realidad de su condición humana y comienza a experimentar distintos fallos en su sistema: imágenes y sonidos que no deberían estar ahí y que parecen ecos de su pasado o de algo que no existió. Y que suponen todavía más dudas durante su misión más compleja: encontrar a un criminal que uno por uno, ha ido eliminando a los científicos que participaron en su creación.



Antes de su estreno se habló mucho de la elección del reparto y la controversia que supuso un elenco occidental, especialmente su protagonista, en un guión con personajes originalmente orientales. Pero también de la fidelidad que la película pudiera tener con el anime original. Sin entrar demasiado en ese conflicto, la solución que dan al personaje de Scarlett Johansson resulta muy ingenioso y le da un matiz interesante a la idea del científico que juega a ser dios y a crear un ser humano a la carta. En el caso de la segunda, al no haber leído el comic ni visto la versión animada, me quedo unicamente con lo que supone la de imagen real.



Lo más reseñable en este caso es la estética. Con un colorido en muchos casos sorprendente para lo que era la tendencia en los últimos años, y sobre todo, un tanto retro. Porque en ese sentido, el futuro cyberpunk que se presenta es el que se ilustraba en la fecha de salida del guión original, de los ochenta y noventa, donde la norma eran ciudades de alturas imposibles, de autopistas que las rodean, y sobre todo, de neón y hologramas que ocupan cada espacio libre (citando a la frase de los abuelos cabreados en esas fechas: en el futuro deben ser todos de FENOSA), pero también de los distritos más pobres, con una arquitectura más sucia pero igual de caótica. Incluso la protagonista muestra un par de veces una cazadora bomber que bien pudo ser fortuita, pero que también es muy propia de esos años. La idea general hace recordar a la ambientación que podría haber ofrecido una película de hace un par de décadas, de haber contado con los medios suficientes. Seguramente, Johhny Mnemonic habría contado con unos escenarios parecidos.



A esa ambientación también se ha evitado darle una localización concreta: si originariamente era en Japón, aquí no se llega a mencionar explicitamente, y esa impresión de que podría ser cualquier lugar cosmopolita, o que las fronteras se han convertido en algo difuso, se potencia con un reparto de lo más variado: desde Scarlett Johansson hasta Juliette Binoche en el papel de doctora Ouelet, pasando por el actor danés que interpreta a Batou, su compañero de equipo, e incluso a Takeshi Kitano quien aparece hablando en japonés durante toda la película y que en general, no consigue transmitir nada de su personaje salvo recitar diálogos. Algo que también se achaca al resto: si bien la protagonista tiene su disculpa por ser en principio un personaje caracterizado por una actitud neutra, los demás no parecen tener demasiado carácter salvo las frases y explicaciones que aportan en los momentos puntuales. Se salva, de nuevo, por la caracterización exterior y el diseño de vestuarios, ya que en su mayoría consiguen ser similares a sus versiones animadas, y en algunos casos, tener una estética un tanto de cómic, sin que esta resulte exagerada ni de la impresión de ser un cosplay caro.



En la película acaba ganando la parte visual, bien por los escenarios o bien por el diseño de sus protagonistas, porque el guión acaba quedándose en una reducción un tanto simple: un grupo de personajes que resuelven una trama que se veía venir desde el principio, esto es, que la corporación de turno no era trigo limpio y que a la protagonista solo le habían contado lo que les interesaba. Y que finalmente se resuelve con el mismo simplismo, a base de que nadie piense las consecuencias de lo planteado: todo el mundo se pone en marcha para salvar a la protagonista en el último momento, disparar al malo, y no volver a mencionar cualquiera de los elementos que habían ido apareciendo en la trama. De golpe, las complicaciones sobre el hombre y la máquina se olvidan para terminar rápido y bien antes de los créditos.

Ghost in the Shell no ha resultado una mala película: se defiende perfectamente en una duración razonable sin aturullar con las escenas de acción, ofrece una estética un poco más novedosa respecto de lo que solía verse y consigue cerrar bien la historia. Pero también a costa de simplificarse mucho a partir de su segunda mitad. Funciona, pero tampoco va a ser la producción definitiva sobre la robótica y sus consecuencias.

jueves, 16 de abril de 2015

I am a Hero ¿Qué pasa en Japón durante una epidemia zombie?




Una de las mayores novedades que puede aportarse hoy en el género zombie es la localización. Hay miles de comics, de videojuegos y de películas donde describen punto por punto que le pasaría a cualquier superviviente en un pueblo o ciudad Estadounidense. La fórmula está tan explotada que muchos empezaban a preguntarse qué pasaría en otros países, con mayor densidad de población, geografías diferentes, mayor control de armas, o directamente, una cultura y forma de pensar distinta. La tendencia fue cambiando, pudiendo ver qué pasaba en España con los infectados de Rec, a unos policías franceses en La horde, e incluso en un edificio en Alemania en Rammbock. Pero es un manga de Kenzo Hanazawa el que se encarga de presentar un panorama bastante amplio sobre lo que podría pasar en Japón.

 
I am a Hero es la historia de alguien que ni siquiera se considera el protagonista de su propia vida: a sus 35 años, Hideo Suzuki trabaja como asistente de un dibujante manga con la esperanza de ser un artista de renombre. Entre las interminables jornadas de trabajo, una novia que habla continuamente del éxito de su expareja, y sus crisis de pánico, no le queda más consuelo que imaginarse cómo habrían sido las cosas de haber actuado de forma más valiente, y dedicar su escaso tiempo libre a hacer prácticas de tiro en un club con su escopeta. Pero poco a poco las cosas a su alrededor empiezan a cambiar, y no precisamente a mejor: las noticias sobre ataques de personas con comportamientos erráticos son cada vez más frecuentes, y su novia es una de las víctimas. Tras ser atacado por ella, decide huir de una ciudad donde las víctimas se multiplican ante sus ojos. Aún sin haberse atrevido a realizar un solo disparo, Hideo es consciente de una cosa: él es uno de los escasos poseedores de un arma de fuego en Japón, y aunque él todavía no lo crea, la joven a la que salva mientras se ocultaba en el bosque está convencida de algo: él es un héroe.
 
Parecidos desconcertantemente razonables...
 
El tema de las diferencias de escenario es uno de los principales puntos de interés de este manga. El recurrir a un personaje y un estilo tan concreto y conocido por su autor hace que este, además de resultar muy realista, sea también bastante claustrofóbico y proporcione una de las visiones más realistas sobre una catástrofe que podrían aportarse. Así, durante una gran parte de los primeros capítulos, no se narra otra cosa que elementos de la vida diaria junto a unas referencias muy escasas sobre los zombies, que los propios personajes ignoran cambiando de canal o emisora en todo momento. La aparición del tema fantástico es muy gradual, de forma que podría considerarse incluso lenta comparada con otras historias: hasta el final del primer tomo no aparece en viñeta el primer infectado…Y esto implica que hay que comprometerse mucho con la narración, o ponerle mucho interés, para poder llegar hasta ahí: todo lo relacionado con la vida de los dibujantes es algo tan específico, narrado de una forma tan cerrada y llena de referencias a una cultura muy determinada, que en principio puede desanimar a cualquier que buscara un avance rápido, o incluso algo más genérico. Y debo reconocer que esa parte también me costó lo suyo.
 
Pero lo que ofrece algo verdaderamente diferente es precisamente el planteamiento de los primeros días de la epidemia. La indiferencia de una sociedad sobreinformada a cualquier alerta, la incredulidad de lo que pasa y la incapacidad de reaccionar ante esto resulta una visión muy realista e inquietante. Incluso la información y la cultura popular tienen un papel en los primeros momentos de la historia, al hacer referencia a informaciones en foros y teorías, pero la impotencia de los personajes ante lo que sucede sirve también para mostrar esta relación entre el hecho de estar viviendo algo improbable y la imposibilidad de afrontarlo. Lo más evidente de esto es que el protagonista sea incapaz en los primeros tomos de disparar una sola vez, siendo muy consciente de lo que supondría infringir las normas en circunstancias normales. En algunas ocasiones esto obliga un poco a olvidarse de todo lo que se ha leído antes y empezar un poco desde cero, como los propios personajes: al lector puede parecerle poco acertado que los protagonistas decidan buscar un hospital en plena epidemia, pero, tras años de haber visto la misma fórmula una y otra vez, acaba esperando una situación similar y no una donde unos personajes se comporten de una forma aparentemente ilógica, pero realista.
 

También se arriesga a la hora de plantear todo lo relativo a los zombies..O a los infectados. Probablemente esto último, ya que el comportamiento de estos se plantea como un deterioro más gradual, en el que los afectados pierden sus facultades pero a la vez conservan algunas muy básicas: en muchas viñetas estos aparecen repitiendo frases concretas, o llevando a acabo acciones mecánicas. Algo así se había visto en Zombie o El día de los muertos, aunque el autor va más allá y es capaz de desarrollar lo que puede estar pasando por la cabeza de una victima de la infección. Además de ser capaz de saltar de un infectado como tal, a una criatura mucho más grotesca y monstruosa como las que pueden verse más adelante. No llega a quedar muy claro, pero en algunos momentos aparecen infectados con varios miembros o algunos de tamaño monstruoso…aún no sé qué sentido tiene a nivel argumental, pero a efectos artísticos y de hacer una viñeta aterradora, funciona.
 

 
Viñeta que dice a gritos "Esta noche duermo con la cabeza bajo la colcha"
 
El dibujo también es bastante alejado del manga habitual. Tratándose de un comic para adulto, el diseño de los personajes es mucho más realista y menos anime, lo que también permite que algunos puedan representarse de una forma más caricaturesca de lo que suele aparecer en los más populares. Los escenarios también están bastante detallados, aunque el uso de las tramas para detallar los fondos es algo que nunca ha llegado a convencerme en este estilo de dibujo.
 
Quizá los principales defectos son, además de un ritmo bastante lento con el que he tenido que ser muy paciente, el tener un estilo de narrativa difícil de seguir si no se está acostumbrado. Los momentos donde la historia realmente engancha y sorprende se alternan con otros donde el lector se pregunta por qué demonios los personajes hacen cosas bastante extrañas, o por qué sus diálogos en algunos momentos tienen tan poco sentido. Habiendo leído a varios autores japoneses, me parece que esto es más un fallo del guionista que algo propio de la narrativa. O incluso podría deberse a la traducción amateur: en muchos casos los signos de exclamación brillan por su ausencia y esto hace que los gritos de las pobres víctimas parezcan un poco inexpresivos. Pero, en conjunto, y teniendo en cuenta su extensión (unos 16 tomos de 200 páginas), constituye una lectura, un poco lenta en algunos casos, extraña en otros, pero que se sale por completo de la norma para aquellos que hemos visto demasiadas veces la historia de zombies de siempre.
 
 

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