Series de tv, libros, cine...y una constante presencia gatuna
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jueves, 28 de marzo de 2024

Kafka: la verdad oculta (1991). Al despertar el insecto de un sueño agitado, se encontró sobre su cama convertido en un horrible oficinista.

 


A menudo se habla de la necesidad de separar al autor de su obra. En algunos casos, sucede lo contrario: el escritor se confunde con lo que ha escrito de tal forma que acaba convirtiéndose en una figura muy distinta a quien era en realidad, o en un personaje más. Los lectores de Lovecraft pasamos por ello, imaginando a un recluso, un friki muy distinto del Howard Philips real, que llegaría, años después, a convertirse en el protagonista de novelas posteriores. Una idealización que no se limita al fantástico o a los autores de nicho, sino que una de las figuras más importantes de la literatura moderna ha sufrido esa metamorfosis póstuma. El autor de La metamorfosis, El proceso, y quien recreó de forma más fiel  la burocracia moderna y el vacío del sistema, era muy distinto a la figura atormentada cuya foto observa fijamente a los turistas en los puestos de souvenirs en Praga. Franz Kafka se convertiría para el público en alguien muy similar a sus personajes, e incluso en uno más.


A principios de los años veinte, Kafka trabaja como oficinista en una compañía aseguradora. Entre hileras de empleados inclinados sobre legajos y máquinas de escribir, este nota la ausencia de uno de sus compañeros: Eduard Raban, quien aparece muerto poco después. La policía está convencida del suicido de este, pero Franz  tiene sus dudas. Gabriela, la amante de Raban, cree que se trata de un asesinato ordenado por el Castillo, el órgano de máxima autoridad en Praga, para acabar con la célula anarquista a la que pertenecen. Franz  rechaza las teorías del grupo de Gabriela y la petición de este para  poner sus escrito al servicio del ideal anarquista, decidiendo averiguar, mediante las herramientas que su trabajo le proporciona, lo que le sucedió a su amigo. Entre miles de documentos almacenados en su oficina, un archivo, acerca de la tragedia sucedida en una fábrica, parece esconder la clave entre la desaparición de Raban y las figuras que entre aullidos dementes, salen cada noche acompañados por los agentes del castillo.



El guion no es una adaptación directa de ninguno de las obras del escritor checo, pero abundan las referencias directas y figuradas, a varios de sus relatos y novelas inacabadas, en forma de ese Castillo en el que, al contrario que en el texto original, el protagonista sí consigue entrar. Tampoco es una biografía, aunque salga el oficinista y escritor  llamado Franz Kafka, porque este es en realidad el Kafka introvertido y melancólico que imaginan los lectores, inmerso en este caso, en una trama policiaca con tintes propios del fantástico de entreguerras.

Un anarquista como los de toda la vida 

Sin querer ser una cinta abiertamente fantástica 8es de la época en la que  se pensaba que  el cine serio no hacía esas cosas), esta  consigue moverse entre el thriller y lo irreal gracias a recurrir a ese tono propio de los años posteriores a la primera Guerra Mundial, donde una trama policiaca se entremezcla con  la visión del mundo administrativo y burocrático que s e extendería después de la publicación de novelas como el Proceso. Todo ello, junto a científicos locos  e incluso sugerencias orwellianas como la búsqueda de ese método  para moldear  a gusto de un poder anónimo la conciencia individual humana.


Las referencias a la vida de Kafka, sus compromisos, la relación con sus padres, comparte espacio con las mencionas a la Metamorfosis,  La colonia penitenciaria, Carta al Padre  o el castillo, pero también es fácil encontrar guiños a la literatura de evasión y al cine de la época en momentos como la Fábrica Orlac o el doctor Murnau. Todo ello rodado alternando  el blanco y negro y el color, reflejando un poco la  oposición entre un mundo cotidiano y gris, condenado a la repetición, y otro donde  se esconde la verdad, aunque esta no tiene q porque resultar agradable y suponga  despojar a su protagonista de la seguridad que les proporciona un espacio aparentemente mediocre.

Pese a incluir un gran número de ideas sugerentes y contar con un protagonista que ha sobrepasado  su carreara literaria, el resultado no es el más brillante que podría haberse alcanzado. La adición, atropellada, de anarquistas, mad doctors europeos y distopías  queda demasiado grande para un guion en el que el Kafka de Jeremy Irons parece demasiado  timorato como para ir por ahí  arriesgando su trabajo investigando un asesinato o paseando una maleta  con explosivos en el laboratorio de un castillo que sirve de ministerio y de laboratorio para experimentos médicos. Personajes como  los interpretados por Theresa Russell, el grabador de tumbas Bizzlebek  que  Jaroen Krabbe representa brevemente o el chupatintas chivato y pelota de Joel Grey (¡que levante la mano quien  haya tenido  un compañero de trabajo así!) parecen mucho más vivos y reales que este  Kafka que, quizá en un intento demasiado forzado por ser una biografía ficticia, despide la película con los primeros síntomas de la tuberculosis que se lo llevaría pocos años después. Y  en la que algunos elementos  serían, un poco más adelante,, como la trama sobre la naturaleza  del alma o la percepción entre el color y el gris, aprovechados en películas de corte fantástico como Dark city o Historia de lo oculto. 




Kafka, la verdad oculta, no serviría tanto como biografía fantástico sino como una historia de realismo extraño, una producción que podríamos considerar como cine fantástico, aunque a Steven Sodergbergh no le gustaría esa comparación, y una de esas películas de los noventa no demasiado conocidas, pero que merece la pena rescatar. 



jueves, 23 de noviembre de 2023

Los inmortales (1986) ¡Solo puede quedar uno!

 


Una vez más, los ochenta siguen siendo la década de referencia a la hora de buscar cine fantástico. En este caso, de lo que se denominaría fantasía urbana, donde lo sobrenatural irrumpe de algún modo en entornos reales y en la mayoría de los casos, reflejado de una forma mucho más oscura  que en otros escenarios. Nueva York, hace cuarenta años, podría resultar más peligrosa que cualquier laberinto poblado por monstruos. esta mezcla, además de convertirse en una referencia para la ficción, serviría para sacar adelante proyectos con un presupuesto limitado como serían Warlock o, en este caso, un guion primerizo, pero ambicioso, sobre el enfrentamiento de unos seres sobrehumanos a lo largo de los siglos.




Conocidos simplemente como inmortales, algunos humanos, muy pocos, tienen el don de no envejecer ni morir. Ocultos entre la sociedad durante siglos, estos han sido testigos de sus cambios, mientras mantienen una lucha entre ellos. Nadie sabe muy bien cuál es su origen ni el de sus creencias, pero todos saben que, cuando solo quede uno de ellos, puesto que estos solo mueren definitivamente al ser decapitados, este recibirá el Premio: una serie de dones sobrenaturales cuya naturaleza ignoran, pero por los que están dispuestos a luchar. Han pasado más de cuatrocientos años desde que Connor McLeod descubriera su condición de inmortal y fuera entrenado por uno de los más antiguos de su raza para poder, al menos, tener una oportunidad en el enfrentamiento que el Kurgan, un violento guerrero, busca desde hace siglos para convertirse en el único y más poderos. Ahora, bajo la identidad de Nash, un anticuario, aguarda en Nueva York la batalla de la que solo quedará uno.


La película no llegaría a ser un éxito en las salas de cine pero sin que funcionaría muy bien en los videoclubs, donde el boca a boca hizo su trabajo y se convertiría en una saga que forma parte, una vez más, de todo  lo que nos hace pensar en los ochenta. Su mayor particularidad es su narración mediante flashbacks, donde el protagonista recuerda su pasado y se desarrolla un poco la mitología de esta. No mucho, en ambos casos: estas secuencias del pasado están muy dosificadas y se limitan, en su mayoría, a recrear las Highlands y la primera época de Connor Mcleod. La historia tras los inmortales también es muy breve, muy abierta a que el espectador teorice lo que quiera: se habla de los poderes que estos adquieren, que, salvo no morirse, pocos se ven, de las normas por las que se rigen y cierta mitología con un final concreto, en la que todos creen, pero que una vez explicada, se convierte en uno de los puntos más flojos.



Lo cierto es que la cinta, en muchos aspectos, no ha llegado a envejecer del todo bien. A veces, más que sugerir, parece que el guionista no tiene claro en qué consisten los poderes de sus personajes, y en más de una ocasión parecen unas cuentas ideas lanzadas en un guion que tuvo la suerte de ser filmado por un estudio importante. Algunos diálogos, en varias ocasiones, suenan ridículos, y las escenas de peleas, en más de una ocasión, sería mejor olvidarlas: el primer enfrentamiento entre Nash y Fassan, uno de los inmortales, donde una pelea ejecutada correctamente deriva en uno de los adversarios haciendo  volteretas múltiples por un parking, son un ejemplo que esta no era la mejor idea  para demostrar esas supuestas habilidades  centenarias. Incluso el atuendo icónico de Mcleod, en la actualidad, compuesto de gabardina y deportivas, hoy resulta un poco chocante. Aunque no voy a decir nada porque a ver qué opinan los chavales dentro de cuarenta años de los abrigos de vinilo negro que se popularizaron con Matrix…


En cambio, esta cuenta con muchos más aciertos. No solo el uso de los flashbacks sino las interpretaciones. Tanto  la brevísima aparición de Sean Connery como caballero español, cuyo rodaje duró solo una semana y pese a esto, se convirtió en un personaje central de la saga, como Cristopher Lambert, en el que sería su papel más conocido. Si había compensado a destacar a  partir de su tarzán en Greystoke, su actuación, primero como Connor y después como Nash, este último mucho más austero y casi inexpresivo por comparación, el particular acento de este (aprovechado para definirlo como alguien que ha vivido en muchos sitios), supondría también que este estuviera al borde del encasillamiento, y que  sus apariciones posteriores, como Mortal Kombat o Beowulf, no ayudaran. Pero de Fortaleza infernal no voy a decir nada, que me lo pasé muy bien con esa película.


Hoxe son un punk e maña xa verei..


Y, como no hay historia épica sin villano que se precie, esta sería una de las actuaciones más recordadas de Clancy Brown como el Kurgan, caracterizado primero con una armadura más propia de la fantasía que de un periodo histórico, y en la segunda parte como un violento punk (porque eran los ochenta ¿qué iba a haber más chungo que eso?). si bien su personaje sufrió cierta falta de trasfondo por algunas modificaciones de guion, este, alternando una actitud entre la de un guerrero implacable y un villano enloquecido, ero concierto sentido del humor, sería el contrapunto perfecto para el dúo protagonista formado por Lambert y Connery.
Y por supuesto, la banda sonora de Queen. Que, desde Princes of the Universe  hasta Who wants to live forever, son una parte inseparable de la saga…tanto, que es uno de estos casos en los que la música es tanto o más conocida que el largometraje al que acompaña, de una forma similar a lo que hicieron con el tema principal de Flash Gordon.
Los inmortales se convertiría con el tiempo, en un pequeño clásico. Sin el renombre de otras sagas, pero que llegaría a dar lugar a una franquicia compuesta de unas cuatro películas, no precisamente coherentes entre sí, además de una serie de televisión. Una película, que, pese a lo irregular vista a día de hoy, su influencia se notaría en El último cazador de brujas de Vin Diesel, El único de Jet Li, o incluso en el Beowulf que el propio Lambert protagonizaría años después, y que le deben, al menos en parte, algo a esta serie de inmortales en la que solo puede quedar uno.


jueves, 31 de agosto de 2023

Dragón de guante blanco. Sergio S. Morán. El descanso de la detective.

 


Hace ya varios años, una investigadora privada comenzaba su carrera por las calles de Barcelona. Verónica Guerra, más conocida  en el mundo de los seres sobrenaturales como Parabellum, se encargaba de resolver todos aquellos casos en los que la policía, ni el sentido común, tenían mucho que hacer: desde ojáncanos deambulando por las carreteras de la España Vaciada, promotores inmobiliarios que utilizaban zombies  como mano de obra barata, pasando  por una red de tráfico de ambrosia , el primer caso con el que el lector conoció a la detective, esta ha pasado no solo por un cambio editorial tan drástico como  la salida de una división de Penguin a la edición (con éxito en todos los casos) por Verkami, además de un  punto de inflexión que ponía fin, en el último de sus libros, a su carrera como detective.


En Dragón de guante blanco, Parabellum ya no  es detective. Ni siquiera  es ya Parabellum, sino Verónica Guerra a secas, camarera del Rainbow´s arse, el garito  preferido por todas las criaturas fantásticas de Barcelona. Tras haber superado su dicción a la ambrosía, poner en peligro a sus  amigos, y  estar a punto de convertirse en una asesina, ha decidido retirarse y llevar una vida más tranquila sirviendo copas a una clientela compuesta por xanas, hombres lobo, algún que otro  vampiro, y aguantar a su jefe, un clurichaun que trasiega más cerveza de la que despacha. Salvo por la ocasional incursión ayudando a alguno de sus parroquianos, o recuperando objetos mágicos de las manos equivocadas, Verónica está satisfecha con una vida lejos del peligro. Aunque  muchos recuerdan a la detective y todavía acuden a ella: Alex, el  hijo  de la Gorgona al que ayudó hace ya varios años, intenta  ahora hacerse un  hueco como detective investigando a un grupo de ladrones conocido como los Dragones. El líder de l  orden de San Jorge  solicita su ayuda para recuperar el huevo de dragón, custodiado por ellos, y que ha sido robado. Y, por si fuera poco, la propia Verónica sufre un robo: su pistola, quien la acompañó durante su carrera de detective, ha desaparecido de la caja de seguridad de su casa y antiguo despacho. Y las pistas, como su naturaleza de investigador a la que intenta acallar le indican,  apuntan a que el medio utilizado es el mismo  que el de la banda de ladrones que ha sido vista en la ciudad hace poco.

Algunos extras del verkami 

La cuarta entrega de la saga, siete años después del primer caso con El dios asesinado en el servicio de caballeros, presenta a un personaje principal que ha evolucionado: más cerrado, y que intenta dar un giro a su vida. Pero también retoma el punto de inflexión que supuso el anterior libro, en el que  rompía los lazos que mantenía  Parabellum con su rutina y la ponía  al límite de sus capacidades y creencias. Esto también supone que  la historia sea un poco más in dependiente del resto, casi  un comienzo nuevo, pudiendo empezar la serie  desde la novela de Verónica la detective retirada y no Parabellum la detective: el libro da bastante información sobre los secundarios recurrentes y los que  no van a aparecer, se mencionan de pasada.


La trama viene a retomar las dudas que  planteaba la protagonista en su último caso, con un lapso de tiempo de dos años (curiosamente, el mismo que transcurre  en la escritura y salida de ambos libros) y en el que recurre, en gran parte de este, a la reticencia al la hora de retomar su anterior profesión o incluso su vida. Durante muchos capítulos esta se niega a volver a ser detective, a abrirse a  los demás o enfrentarse a si misma, aunque se acaba  viendo arrastrada, en más de una ocasión, voluntariamente, hacia todo lo que está pasando.

Salvo por este punto de inflexión, la estructura es similar a las aventuras anteriores: varios casos que tienen lugar de forma simultánea y que acaban relacionados entre sí, mientras que  cada pieza va encontrando su lugar en el desenlace. Una estructura  que también es habitual en el género de los detectives   sobrenaturales y la fantasía urbana , como lo son también los recursos que ha utilizado en esta entrega:   hacer que un protagonista toque fondo al final de una de sus aventuras para ofrecer la posibilidad de que todo mejore en la siguiente. Algo que aquí también sucede: verónica no solo consigue un equilibrio entre su vida y su profesión sino que encuentra un lugar, tanto físico como emocional, estable, algo que puede llamar hogar…e incluso  una mascota y una vivienda propia, algo que teniendo en cuenta que la historia transcurre en Barcelona, si que es más fantástico que todo lo de los dragones y las sirenas.




Es difícil  en este género esperar algo novedoso o exigir que un personaje se salga de una serie de tramas  que se han leído previamente, pero la Parabellum de Moran ha conseguido su público, y lo mantiene gracias a un personaje muy  pragmático que, salvo un arsenal conseguido por sí misma, no  esconde ningún pasado misterioso ni ningún poder oculto. Verónica, como explica  varias veces, es autónoma, tiene que pagar un alquiler y Hacienda le da más miedo que un vampiro. Tampoco tiene un trasfondo extraordinario, sino que a su familia, bastante normal, se la va conociendo en persona o por referencias, en cada libro. N en este, el turno  ha sido de su padre, quien se supone que ha sido su mentor a la hora de convertirse en detective y que, tras  su encuentro, es fácil imaginar  por qué la protagonista no ha hablado de él hasta ahora. Pero también  tiene un sentido del humor que continúa presente, y sin que  la narración se convierta  abiertamente en una comedia, hace que esta no resultar excesivamente dramática. Los antagonistas pueden ser ambiciosos o sociópatas despiadados, pero no están libres de  tener  los mismos errores absurdos que cualquier otra persona o cometer los mismos que estas.

Si Se vende alma suponía  un cierre de las anteriores aventuras de Parabellum, Dragón de guante blanco es un nuevo comienzo para esta.  Morán describía esta historia como “el abrazado  que necesitaba el personaje”, y es una buena analogía  para una cuarta parte donde Parabellum  sigue recibiendo tantos golpes como en las entregas anteriores, pero esta vez puede esquivarlos.

jueves, 3 de agosto de 2023

José Antonio Cotrina. Las fuentes perdidas. Solo estamos de paso

 



Lo fantástico no tiene que reducirse a cuatro paredes. A menudo, y en la fantasía urbana es un recurso habitual, es aquello que no puede verse, aunque esté a s simple vista. Quizá una versión llevada al extremo de todo lo que no nos enteramos a  nuestro alrededor, o una respuesta al deseo de que este fuera un poco menos gris ¿ y si hubiera un callejón que condujera a una ciudad paralela, donde convive la magia y lo sobrenatural? ¿y si una línea de Rodalies condujera a esos lugares? Bueno, este último, según la hora  y la línea, puede ser  bastante sobrenatural…en todo caso, este escenario, del que Neverwhere sería  uno de los mejores ejemplos y que aparece en otras ficciones (que se lo digan a la generación de niños que creció esperando encontrar el andén 9 ¾) fue también el elegido por José Antonio Cotrina en 2003 para  su primera novela.





Las fuentes perdidas son, para todo los iniciados en la magia y  conocedores de los Lugares de paso, el origen de todos los anhelos  humanos. Aquellos manantiales de los que se pueden obtener la eterna juventud, la inmortalidad o la riqueza y que, como todos los misterios,  se encuentran perdidos incluso para los hechiceros más  experimentados. Algunos dicen que partir en su búsqueda es una locura, hasta para  un mundo donde loa nigromancia es una realidad y el uso de las dimensiones paralelas como  atajos es algo habitual, pero no ha impedido que un grupo de exploradores comience lo que el resto no duda  en calificar de Cruzada Apostata: encontrar esas fuentes. El papel de Delano Gris, que se gana la ida como mercenario a su pesar, es la de  hacer de guía para esa expedición compuesta por un estudioso  organizador del viaje, una espiritista, un nigromante, un genio  que, aunque no conceda deseos es experto in probabilidad y excelente cocinero, un lector y su remedo, un grotesco homúnculo con corma de peluche. Cada uno tiene sus razones para llegar al origen de todos los  deseos humanos, aunque no son lo únicos: Delano, no es solo un guía a sueldo, sino un agente contratado previamente para evitar que esta cruzada llegue a buen puerto. Aunque, como suele pasar en los lugares de paso, la lealtad es  algo cambiante, y este deberá decidir de qué parte está.


Reacción tras las primeras veinte páginas


Siendo una primera novela, esta se nota en muchos aspectos: no solo  el de ser el punto de partida de una ambientación que utilizaría en La canción secreta del mundo, sino por los excesos  que pueden verse  como se van puliendo según desarrolla cada capítulo: la presentación de los personaje, a modo de prólogo, roza lo exagerado  (me atrevería a calificarlo de edgy) en el que planta al lector ante caballos zombie, nigromantes muy chungos que temen a otros todavía más chungos, gente con nombres muy raros y muy intensos y donde cada esquina tiene que tener algo extraño, y a ser posible, oculto y con connotaciones sobrenaturales retorcidas. La impresión  que da es de ser ante todo, cosa   de los fallos de un primer texto largo, que todavía está buscando el equilibrio, y de los tópicos dela estética oscura de los primeros 2000, especialmente de Underworld  y su tono tremendamente siniestro y dramático. Un exceso que  parece reducirse, o conseguir que el lector se acostumbre (en ambos casos, es un punto a favor) a medida que  la trama abandona el mundo real y se adentra en el entorno paralelo descrito por Cotrina, esos lugares de paso, puntos de conexión entre realidades alternativas que  forman la ruta de los protagonistas y que   es una mezcla de mundos y criaturas, que en ningún momento transmite sentido de la maravilla sino la impresión de ser una escenario peligroso, que a veces los personajes preferirían no conocer. Es aquí donde el autor se explaya con  el trasfondo del mundo que describe y aparecen criaturas monstruosas, especialmente en lo que a los nigromantes se refiere, hechas a base de retazos  humanos y que parecen sacados de los primeros relatos de Barker.



Respecto al mundo de las fuente perdidas, Cotrina opta por describirlo mediante nombres que evocan una idea y alguna explicación: algo llamado Lugar de paso hace pensar en su naturaleza,  mientras que la mención a los Ganaderos hace que el lector no tenga ni idea de la que se le va a venir encima, que no va a ser bonito. Tampoco se complica demasiado desarrollando un sistema de magia ni explicando esta, sino que es algo que está ahí, forma parte de ese mundo, y aspectos tan interesantes como las huestes   de las que se proveen los nigromantes  es algo que se muestra sobre la marcha.  Es curios también que este mundo fuera algo que quizá estuviera  rondando en su cabeza previamente, dado que uno de los personajes es el protagonista de Entre Lineas, un relato donde comienza a describir la magia de los Lectores pero que ni  de lejos anunciaba lo que alcanzaría en su novela.

El desarrollo de los personajes  favorable: superado  el exceso de intensidad de la primera página, estos  son una versión sobrenatural de un grupo de aventureros sin escrúpulos, de los que se sospecha que muy pocos van a sobrevivir. Incluso se permite añadir algún toque de humor, como el genio experto en cocina o sobre todo, esa comicidad negrísima proporcionada por uno de los secundarios, un peluche masoquista que se pasa todo el libro siendo apuñalado.

Ilustración de Javier Prado, responsable de que la novela me durara tres días

El avance, por desgracia es desigual, siendo protagonistas como  Charlotte el genio o Gema la espiritista los que pasan sin pena ni gloria hasta ser asesinados en favor del resto, a los que se presta mucha más atención. Y de la que como buenos antihéroes, no podrán llevar a cabo ningún acto heroico sin consecuencias ni alcanzar en principio, una redención: el tono, y ese es uno de los aspectos que hace que la historia sea más que una fantasía urbana estándar, es  muy pesimista, las fuentes que buscan solo les llevarán a su final y a mezclarse en un enfrentamiento que comenzó hace siglos y el protagonista no conseguirá la venganza  que ansía, sino ser consciente que su enemigo es  un objetivo inalcanzable...además de revelar algo sobre su pasado que cambiará su vida. 

Las fuentes perdidas es una nivela de fantasía oscura, siniestra, urbana o como se prefiera llamarla, que, pese a contar con los efectos típicos de la primera narración larga, y a ratos parezca que se la puede resumir en "un cruce entre Neverwhere, Clive Barker, y la final de Traitors", va mucho más lejos: es tremendamente imaginativa y abre la puerta para desarrollar más historias en el mundo inventado por Cotrina. De momento, el que haya  incluido  La canción secreta del mundo entre las próximas lecturas, es una buena señal. 


jueves, 1 de octubre de 2020

Se vende alma (Por no poder atender) de Sergio S. Moran. Pactos con el demonio, especulación inmobiliaria, y una detective en crisis



Poder continuar más de dos veces la historia de un personaje de ficción, puede considerarse un éxito. La primera solo es una presentación, la segunda es un tanteo a partir de una idea que ha tenido éxito, pero la tercera es que realmente ha funcionado. Todo un logro cuando el sistema de publicación y distribución se basa en el interés de su público y una financiación mediante crowdfunding que se ha convertido en lo habitual en dos tercios de la serie escrita por Sergio S. Moran, que acaba de tener su tercera entrega. 





Se vende alma por no poder atender presenta de nuevo, más que a la detective sobrenatural Parabellum, a una Verónica Guerra a la que sus anteriores casos han pasado factura psicológica. Recuperada de una fuerte adicción a la ambrosía, una droga sobrenatural, obsesionada con un delincuente con contactos en el inframundo que se hace llamar el Negociante, y con crisis de ansiedad que se manifiestan en los peores momentos de su trabajo (por suerte, las consultas de psicología astral disponen de acceso en cualquier momento). Pero también reconciliada con su madre, la comisaria Fontenegro, y apoyándose en su amiga Arancha, una competente médium, continúa con su trabajo donde lo habitual es recuperar un fantasma huido de una mansión o investigar las propiedades de un producto deportivo cuyas ventas rozan lo imposible. Pero, como le ha sucedido antes, cualquier caso en apariencia rutinario puede esconder algo mucho peor…desde su mayor enemigo hasta un exnovio salido del infierno. Y, tratándose de Parabellum, esto puede tratarse de algo literal. 


A diferencia de lo anteriores, en esta tercera entrega se aprecia una mayor continuidad: se toma mucho menos tiempo en describir a personajes que han aparecido previamente y que forman parte del transfondo de la protagonista, así como a tramas ya cerradas que conviene conocer para comprender mejor las referencias previas y sobre todo, la actitud de un personaje mucho más marcado por lo que le ha sucedido previamente. Hay una evolución entre la primera, o segunda aparición de Verónica Guerra, como detective conocedora de todas las criaturas fantásticas de Barcelona y Madrid, frente a la de esta tercera aparición, donde ella misma se describe menos en forma (aunque la resistencia física nunca fue uno de sus rasgos), con los restos de una adicción todavía presentes y preocupada por lo que pueda pasarle a la única amiga que, hasta la fecha, parece quedarle en la serie. Pero también un tanto obsesionada con un antagonista al que el lector conoció previamente y que, aunque aquí también tiene su aparición, lo hace de una forma distinta y menos vinculada a las actuaciones de Parabellum de lo que esta hubiera esperado. Un cambio al que acompaña una evolución adecuada del personaje, con menos sarcasmo que en sus apariciones anteriores, algo más paranoico y menos sentido del humor. 


Salvo por la mayor importancia de la continuidad, el desarrollo de la trama es similar a las entregas anteriores: un caso de presentación, que sirve de forma anecdótica para dar una idea de la situación de la protagonista, un año después de Los muertos no pagan IVA, un gancho, en apariencia simple, que irá desvelando algo mucho más complejo y peligroso, y esta vez, un desenlace que podría considerarse el final de una etapa así como el cierre a lo que empezó en los dos libros anteriores. Pero no por mucho tiempo, porque en este se dan indicios para posibles tramas nuevas: las menciones al padre de la propia Parabellum, perdido (voluntariamente) por Bilbao, Daniel, un exnovio infernal (de nuevo, literalmente) del que ni la protagonista quiere hablar, y todo un sistema de rencillas y oposiciones entre distintos demonios que no tiene nada que envidiar a cualquier lucha entre políticos de baja estofa. Porque lo mejor de Parabellum sigue siendo su cercanía. No tiene que tener los poderes de Harry Dresden, ni el atractivo de Anita Blake, y a menudo, es mucho más pupas que el personaje de fantasía urbana medio. Pero con ella se ha desarrollado un mapa del país poblado por criaturas de la mitología local, pero también por las consecuencias de la corrupción, de la especulación inmobiliaria y empresarial y donde casi se agradece un enfoque fantástico al escenario. 





Tras Se vende alma, la detective de Sergio S. Moran se toma un descanso laboral. Por suerte, no por mucho tiempo, como el autor ha asegurado. Mientras, con esta entrega viene, además de un cambio de escenario e imaginar qué es lo que espera a Veronica Guerra tras su descanso, una novela corta, escrita al estilo de Elige tu propia aventura, en el que el lector puede guiar a su protagonista a través de un montón de malas decisiones. 

jueves, 11 de junio de 2020

Lecturas de la semana. Fantasmas y cazadores de fantasmas




Esta entrada va de relatos sobrenaturales, aunque con algo más de un siglo de diferencia entre ellos. Unos, corresponden a una de las pioneras del cuento sobrenatural y la psicología de los personajes en el ámbito anglosajón. La otra, con sus dos libros posteriores, se ha convertido en mi detective paranormal favorita y de momento, la única representante del gremio en tierra patria.



Edith Wharton. Relatos de fantasmas. Más conocida por su carrera como novelista (destacando especialmente por La edad de la inocencia), su nombre no puede faltar en ni ninguna antología de fantasmas. Pero siempre, como una sola muestra entre otros autores, con lo que esta se quedaba en un mero ejemplo y hacía difícil apreciar su producción en conjunto. La colección de Alianza Tres, algo así como la hermana mayor de sus Libros de Bolsillo se encarga de recoger sus cuentos siendo posible percibirlos de una forma muy distinta. Porque, los fantasmas de Wharton, en la mayoría de los sentidos, no existen. No es posible verlos, ni escucharlos, ni brinda ni siquiera una aparición fina. Pero sus protagonistas son capaces de sentirlos, como algo que forma parte del ambiente enrarecido de na mansión, o de la visión irreal que puede presenciar uno de sus personajes a modo de advertencia o tormento. Más importante que la sensación de haber algo que no debería estar allí, lo es el entorno de estos: matrimonios ficticios, convenciones sociales, la soledad, acaban siendo más importantes en la atmósfera que ningún espectro que no vaya a verse, pero que en cierto modo, saben que está ahí. Una percepción de lo fantasmagórico, acuñada como ghost feeling, que en el blog de En la lista negra dedican una entrada mucho más amplia e interesante.



Sergio S. Moran. Misterios Rutinarios (saga de Parabellum). Una colección muy breve de cuentos protagonizada por la detective paranormal Verónica Guerra, alias Parabellum. Como regalo promocional del crowdfunding y hoy disponible mediante pago social (descarga gratuita previa mención en redes sociales), son seis historias que recogen de manera muy breve, casi acelerada, diversos casos de su protagonista. Un nigromante en Castilla, un muñeco que la atormentó durante su infancia, una sirena o un fantasma de la mitología argentina, la narración suele tener lugar en mitad del caso, sin preámbulos, y caracterizarse por una acción y desenlace muy rápido.

Estos son divertidos, y dado que en las novelas previas se relataba un único caso, dan mucha más variedad al día a día de un personaje que, como ella misma dice, teme más a la Agencia Tributaria al final de cada trimestre que a un cíclope. Y también, a diferencia de las novelas, estas tienen un carácter más lúdico: es un libro ya para los fans que conocen a la protagonista, y para los que no necesitan ninguna introducción ni referencia a su entorno, por lo que la lectura para alguien que no conozca la serie, resultaría un poco acelerada y sin ninguna referencia que poder tener en cuenta. Una situación muy curiosa dada la facilidad con la que era posible acceder a esta sin tener que seguir ningún orden en concreto en los primeros dos tomos, aunque no le resta entretenimiento, dado el carácter un poco anecdótico respecto de la saga principal.

jueves, 5 de marzo de 2020

Laurell K. Hamilton: Placeres prohibidos. De profesión, reanimadora. Lo de matar vampiros es circunstancial


Uno de los géneros más trillados en el fantástico de los últimos años, es también uno de los más resultones: la fantasía urbana, y en concreto, sus detectives, han acabado por tener para ellos solos una sección cada vez más amplia pero muy parecida entre sí: la presencia de lo sobrenatural como algo común, sea de forma abierta o como una sociedad secreta, y un personaje principal con alguna particularidad que lo hace distinto al resto de seres humanos, y que se gana la vida entre ambos mundos trabajando como detective. Una fórmula muy sencilla que hace que prácticamente cada lector, incluso los que no sean aficionados a este tema, se haya acercado a él en algún momento y pueda tener algún favorito. En un género donde los tiempos de John Silence y Carnacki quedan muy lejos, y donde es prácticamente imposible llevar una pista actualizada de todas las sagas disponibles, sí que se puede señalar al personaje creado por Laurell K. Hamilton como uno de los más populares, y también uno de los pioneros.



Placeres prohibidos es la primera de las aventuras de, en este caso, no detective, sino reanimadora de cadáveres Anita Blake, aunque a su pesar acabe haciendo también investigadora no remunerada, el nombre del club nocturno regentado por vampiros donde comienzan sus problemas, y también una traducción libre del término "placer culpable", todo aquello que nos gusta pero avergüenza reconocer (algo así como mi afición por los zombies y las películas de tercera regional. Salvo que yo no lamento nada). Una despedida de soltera a la que acude Anita como invitada sirve para que esta sea contratada por la comunidad vampírica local como investigadora principal de los asesinatos que se están produciendo. Porque, aunque difícil cuanto más antiguo sea, es posible matarlos o dañarlos con los métodos tradicionales. Pero hay un problema: Anita no es detective, sino reanimadora profesional de cadáveres, una profesión que también le será útil en este caso. Pero también tiene licencia oficial como asesina de vampiros, algo que ha llevado a cabo en el pasado y que también significa una cosa: que los no muertos la temen, y que estos no le caen demasiado bien.

Aunque la saga de Hamilton apareciera a principio de los noventa, y se considere una de las primeras, no fue hasta finales del 2.000 cuando se publicó en España, únicamente tres entregas de una serie que supera las 20. Y de las que, según sus críticos, es hacia la mitad cuando la saga empieza a perder el norte y derivar hacia el erotismo como tema principal y la monotonía de los temas. Pero en esta primera novela esto quedaba muy lejos, y el Sant Louis donde transcurre la historia es una ciudad donde los vampiros son una parte más de la sociedad, más o menos tolerada pero no aceptada, el trabajo de reanimador de cadáveres es una actividad lucrativa, especialmente en lo que respecta a aclarar testamentos y operaciones de seguros, y Anita Blake, una protagonista que se toma su actividad con bastante pragmatismo y poco drama: su despacho, aunque por el momento aparece poco, no se distingue de cualquier otra oficina comercial, y ella, como protagonista, no parece un personaje trágico ni demasiado intenso: su primer encuentro con un vampiro, del que conserva cicatrices, se trata con la misma naturalidad que el accidente que podría haber tenido un agente de la ley. Se toma su trabajo con naturalidad y compensa su escaso tamaño con ingenio y teniendo un arma a mano. Aunque su forma de lidiar con las secuelas que pueda provocar su trabajo sea el dormir con un pingüino de peluche, además de coleccionarlos. Un personaje que cuenta con bastantes de los tópicos del género, como la escritura en primera persona, o su descripción menuda (¿por qué gran parte de las heroínas de este género tienen que ser minúsculas?), o que, durante la mayor parte de la trama, su trabajo como reanimadora poco tenga que ver salvo el resultar pintoresco. Pero que tiene la naturalidad necesaria para irse ganando la simpatía del lector, en una novela en el peor de los casos, o interés para continuar la serie en el mejor.






El libro cumple todo lo necesario para funcionar como lectura ligera: rápido, una mitología fácil de comprender en pocas páginas y que puede describirse todavía en menos, y la aparición de una serie de personajes con posibilidades de convertirse en secundarios recurrentes o, en el caso de alguno de ellos, en posibles intereses románticos para secuelas posteriores. No es una lectura para buscar nada original, y en realidad el misterio que resuelve acaba siendo un poco lo de menos: la trama del asesinato acaba teniendo validez únicamente para que el desenlace sea más o menos sonado, para hacer que la protagonista se vaya moviendo por distintos escenarios y describiendo lo que es nuevo para el lector. Sorprende, en todo caso, que tras casi treinta años de su aparición, su escritura resulta bastante intemporal, algo difícil en un género tan marcado por los tiempos, y que la diferencia de década solo se note, de forma inesperada, por la aparición de un busca.

Placeres prohibidos puede resumirse en una lectura breve, divertida y que funciona cuando se sabe lo que se iba buscando: en este caso, a uno de los primeros personajes de la fantasía urbana y una trama donde no falten vampiros ni cambiaformas deambulando a sus anchas por una ciudad cualquiera. En cuanto al interés necesario para continuar, dado que en un momento su protagonista suelta una frase lapidaria como "soy la ejecutora. Mato vampiros, no salgo con ellos", es bastante probable que este se quede en los tres únicos volúmenes editados por Gigamesh hace ya algún tiempo.



jueves, 14 de febrero de 2019

Los muertos no pagan IVA, de Sergio S. Morán. Corrupción, nigromancia y un saco de gamusinos





He perdido la cuenta de los detectives de lo extraño que he encontrado. Algunos de los casos de John Silence como precursor de los Mitos de Cthulhu. El desvarío de Harry Dickson, de quien debí leer de corrido decenas de las novelitas de Jucar antes de pasarme a su idioma original. Harry Dresden, como mucho, para pasar el rato, y apenas conocido en España, John Taylor, el investigador oficial de Nocturnia, la saga que quedó colgada en La Factoría de Ideas. Quedan muchos pendientes, casi todos anglosajones o investigando en ciudades de habla inglesa (aunque Dylan Dog sea una creación italiana), pero entre ellos, faltaba algo: ¿qué pasa en el resto del mundo? Es que en otros países no hay trasgos, vampiros, ni hay casos imposibles de resolver sin una explicación sobrenatural? Al menos, en España, los hay. Y también hay una persona que se gana la vida con ese tipo de sucesos.



Los muertos no pagan Iva es el segundo caso publicado de la detective Parabellum, una detective acostumbrada a lidiar con entidades sobrenaturales y alguna que otra divinidad...aunque su nombre en el Registro Civil sea Verónica Guerra, sea la hija de la severa comisaria de un barrio de Madrid y ahora, tras terminar con un cíclope que amenazaba un convento en Ávila, debe lidiar con su adicción a la ambrosía, renovar su licencia de detective, y si puede, conseguir unas vacaciones. Aunque, cuando empiezan a aparecer espectros en las líneas de metro de la ciudad, esto último parece complicado.

                           

Las aventuras de Parabellum no son muy distintas a las que podría tener un Harry Dresden o uno de los múltiples detectives que aparecen en la sección de “fantasía urbana”. El estilo en todos ellos es muy similar, donde la protagonista narra la historia en primera persona (pocos detectives hay que no lo hagan), hay un mundo sobrenatural que solo unos pocos tienen la suerte o desgracia de conocer, y sobre todo, aunque hay un hilo conductor en forma de escenario, personajes fijos, trama de fondo o antagonistas, se mantiene la individualidad de lectura de cada entrega, siendo posible empezar en el segundo caso de la serie aportando la información necesaria sobre los personajes. Una manera de narrar que favorece un poco la intercambiabilidad entre cada libro, pudiendo acercarse al personaje sin ser necesario buscar la primera entrega como algo necesario.

La mayor particularidad del libro es contar con una heroina de estas características situada en España. Moviéndose en sitios tan reconocibles como las calles de Madrid o Barcelona, por un convento en ávila o teniendo un sitio para mencionar lugares que nunca se hubieran pensado en este tipo de ficción, pero el Bierzo también tiene aquí su hueco. Y, donde los monstruos o los espectros se manifiestan de forma tan natural como podrían hacerlo en las calles de Chicago, adaptándose estos a la mitología popular de la península, algo que sorprende a las pocas páginas cuando la protagonista utiliza una bolsa de gamusinos como cebo (que, como todo el mundo sabe, cuando se les saca de ahi, se convierten en piedras), y donde después aparecerán xanas e incluso una bruja. Estos se mueven también por escenarios cotidianos y que normalmente se asociarían a situaciones más prosaicas o en su defecto, a la comedia. Algo que Morán decide evitar para ofrecer un escenario distinto y que procura tomarse en serio: en ningún momento se hace mofa de lo sobrenatural ni se utiliza como elemento de comedia torpe, sino que es un entorno que procura hacerlo tan real y creíble como podría ser una investigación en las calles de Londres. Esto tampoco implica el extremo opuesto donde se peque de seriedad, sino que la narración viene acompañado de un razonable sentido del humor derivado de lo cercano del escenario y sobre todo, de la sorna con la que su protagonista relata los hechos. Con sorna, en la mayoría de los casos, como herramienta para lidiar con lo que la rodea, pero también a menudo con impotencia, ternura, desesperación o tristeza. Porque el entorno que presenta, pese a ofrecer una fascinante población de seres mágicos, también trata con las consecuencias de su condición: una de las tramas de Los muertos no pagan IVA consiste en la vuelta de la protagonista a su ciudad y barrio natales, y quizá, de una forma muy sui géneris, la crisis y dudas de una persona que ha abandonado el hogar hace tiempo y ahora se ve obligada a volver. Para encontrarse con amistades de su pasado y sus mejores años, que no han cambiado. Ni lo harán en mucho tiempo.

La saga de Parabellum, en principio, no parece muy distinta a la de otros detectives. Pero también lo hace para bien: es muy sencillo aproximarse al personaje y la serie, se lee rápido y tiene la frescura necesaria dentro de un género demasiado homogéneo. Aunque el título engaña. Mas que no pagar IVA, lo que hacen los muertos es no cotizar a la Seguridad Social.

jueves, 14 de septiembre de 2017

El último cazador de brujas (2016). Fantasía urbana, peleas y frikismo. Sobre todo, este último.

En este blog somos partidarios de las brujas por motivos obvios

Entre estreno y estreno grande, siempre es posible encontrar películas de género fantástico que cubran un poco el hueco que queda entre las anteriores. La saga de Resident Evil se las apañó bastante bien en estas condiciones, y de vez en cuando, alguna producción similar prueba suerte, aunque en el fondo, sean un poco la versión actualizada de las series B, con un presupuesto y medios que sus predecesoras de los ochenta no hubieran soñado. Pero, ¿Quién dijo que esto sea malo? Si alguna de las películas más divertidas y originales han visto la luz dentro de esta etiqueta.



El último cazador de brujas no viene a revolucionar el género, pero sí sería un poco este caso: medios más que suficientes y un argumento muy fantástico y muy pensado  para un público concreto. En este caso, el que va a seguir las aventuras de Kaulder, un cazador que en la edad Media consigue acabar con la reina de las brujas, quien ha desencadenado la peste negra sobre Europa. Esta, antes de morir, lo maldice condenándolo a vivir eternamente. Lo que Kaulder, lejos de parecerle una tragedia, le sirve para convertirse en una leyenda en el mundo de las brujas supervivientes y de los pocos humanos que conocen su existencia. Ochocientos años más tarde ambos mantienen una tregua que el último cazador se encarga de hacer cumplir, capturando a todos aquellos que incumplen las normas, interfieren en la vida de los humanos o suponen un peligro. Y que últimamente han empezado a multiplicarse: corren rumores de que la reina de las brujas planea su regreso, que este está relacionado con la vida eterna de Kaulder, y que pese a haber trabajado solo durante los últimos siglos, la ayuda prestada por una hechicera capaz de moverse entre los sueños y el secretario designado por la iglesia como su ayudante, puede ser la clave para evitarlo. 


La mayoría de intentos de pasar las características de la fantasía  urbana al cine no han terminado de cuajar. Yo, Frankenstein resultaba un poco desbarre, Cazadores de sombras  era poco más que un fanfic hecho con cosas vistas mil veces y solo Guardianes de la noche, con todas sus rarezas, había dado en el clavo (lo cierto es que su carácter único y bastante estrafalario  es lo que hizo que funcionara). Este se queda a medio camino entre las tres: cuenta con una personalidad y se esfuerza en ofrecer  algo propio, o al menos, en hacer un poco suyos los elementos del género. Pedro tampoco se separa demasiado de los tópicos y el paquete es el de una película de fantasía y acción con un héroes muy sobrado. En el primera caso, el guión sabe  muy bien cual es su público, y que este va a reconocer los lugares comunes sin que sea necesario introducir diálogos explicando cada paso. La cultura popular es suficiente para reconocer una sociedad de magos, con sus reglas y hechizos, así como los recursos de los que dispone el protagonista. Por otro lado, la ambientación resulta un poco genérica, tomando del mismo modo hechos y referencias de otras ficciones sin que aparezca nada nuevo: la edad media del prólogo es la típica edad oscura (literalmente. Porque es de noche todo el rato), roban descaradamente un par de secuencias oníricas de Gladiador y los vestuarios de los brujos parecen los de una ilustración cualquiera de Vampiro: la mascarada.



El que la película recuerde un poco a una partida de rol no es solo por la ambientación, sino que nació de esta idea: Vin Diesel es muy aficionado a Dungeons&Dragons y tanto la historia como el protagonista se basan en su personaje de las partidas. Un detalle friki bastante entrañable pero que hace que este  tenga una caracterización demasiado simple: mola mucho, así, con todas las letras. Es inmortal, sabe artes marciales, está forrado y eso de la maldición de vivir eternamente tampoco le quita el sueño. Ni parece demasiado conflictuado en la correspondiente trama de traiciones y conspiraciones. Va por un mundo de brujas y magos con horchata por las venas y una actitud que en el fondo, recuerda un poco al Riddick que lo hizo famoso. Pero que en el fondo, es una versión guionizada y con medios del relato que un jugador cualquiera podría haber hecho sobre sus aventuras en una partida.

Para poder usar la Espada de fuego necesitas ser al menos un Vin Diesel de nivel 15 y sacar un crítico

Un protagonista sin tacha tampoco supone el fracaso del guion: Diesel tiene carisma y las habilidades necesarias para sacar adelante la película, que en el fondo, es una historia de fantasía de las de buenos contra malos, un poco de acción, y sobre todo, una manera de introducir a unos personajes de cara a una posible secuela. De una forma quizá demasiado evidente, con el grupo presentado, formado, y a punto de iniciar la siguiente aventuras, que puede tener lugar, o no, dependiendo del público. Por mi parte, si su cazador de brujas no se sube demasiado a la parra y se convierte en una nueva Milla Jovovich en Resident Evil, me apunto. 

jueves, 1 de septiembre de 2016

Lecturas de la semana. Locuras, rarezas y libros breves


En unas pocas semanas he recuperado la velocidad de lectura, aunque tenga truco: la mayoría son muy breves y puedo despacharlos en muy poco tiempo. En este caso tampoco se puede decir lo de “lo bueno, si breve..” porque ninguno se caracteriza por ser una narración de primera, que me cambie la vida, la percepción del mundo y todo lo demás. Pero al menos, entre zombies, callejones fantasmagóricos y ciudades devastadas por plagas genéricas me lo he pasado estupendamente.

 


Simon R. Green. Agents of Light and Darkness. Hace cosa de un mes encontré de saldo un libro llamado Nocturnia, el primer tomo de una serie de fantasía urbana editado por La factoría de ideas que en España se quedó en una única entrega. Su protagonista, un detective capaz de encontrar cosas cualquiera que fuera su origen (natural o sobrenatural), resultaba bastante tópico, pero el mundo en el que se movía era una mezcla acelerada del multiverso de Moorcock, Hellraiser y los primeros relatos de Barker, Neil Gaiman, Silent Hill, Hellblazer y todo lo que cayera en la turmix del autor. El revoltillo me hizo bastante gracia y decidí seguir con el segundo tomo, donde de nuevo, el caso es lo de menos. Que en este volumen sería encontrar un objeto llamado el Grial Impío, la copa de la que bebió Judas, mientras un ejército de ángeles y demonios se pelean por las calles de Nocturnia intentando localizarlo antes.

Aquí el susodicho grial es poco menos que un Macguffin, o que un halcón maltés, como bromean los personajes en algún momento, porque unicamente sirve para que estos vayan de un lugar a otro, describiendo escenarios bastante extraños, objetos imposibles y personajes que, aunque algunos se han presentado en el libro anterior, sirve para acentuar sus particularidades y convertirlos en elementos fijos de ese mundo. Estos se suceden a una velocidad de vértigo y muchos solo parecen responder a la intención de llegar un poco más lejos en cuanto a excesos y sorprender al lector: no hay tiempo de aburrirse cuando, tras terminar un capítulo, en el siguiente los personajes se enfrentan con una boy band dotada de poderes telepáticos y reconvertida a grupo de matones a sueldo…¡y eso es solo un ejemplo de lo que se puede encontrar!

Objetivamente, podría decirse que es una novela tirando a floja, una más dentro del subgénero de los detectives de lo sobrenatural, pero a mí me divirtió un montón: ya con el primer tomo me hice una idea de lo que hay, y que esa mezcla tan loca de situaciones y criaturas elevadas a niveles absurdos me había convencido. Aunque solo un rato. Probablemente leerse más de un libro de esta saga seguido produciría un empacho.

 


Joseph D´Lacey. La brigada de la muerte. A la editorial Alianza la tenía asociada con las ediciones más duraderas de H. P. Lovecraft en España, de otros autores clásicos, como Machen, que hoy van unidos a. propio H. P. L. como influencia, y unas portadas bastante horribles. También pensaba que el resto de su tiempo lo dedicaban a publicar ensayos y algún libro que conservamos de cuando en clase nos hacían leer a Galdós. Por eso me desconcertó bastante el ver que ellos no solo habían tenido los derechos de Joe Abercrombie, sino que también contaron con una colección dedicada al terror y la ciencia ficción. Y en el caso de La brigada de la muerte, a los zombies también.

O al menos, es a lo que se supone que se enfrentan los protagonistas: un grupo de supervivientes que malvive en una ciudad amurallada, y donde una patrulla apodada Brigada de la muerte se dedica a exterminar a las criaturas que deambulan por el exterior, a las que apodan Transeúntes y reconocen fácilmente por el sonido, parecido a un sollozo, que emiten.

Salvo lo poco que narra la protagonista, sobre la situación de la ciudad, un posible origen del fin de la civilización, y los zombies (perdón, transeúntes) a los que exterminan, no queda muy claro que ha pasado. El libro es tan breve que más que novela corta, podría haber sido la pieza más extensa en alguna antología de relatos, porque como historia independiente se queda muy corta. Cualquier cuestión relativa al trasfondo se queda en unas pocas vaguedades y un escenario que, aunque interesante, se explota muy poco: hay un montón de novelas de zombies que con menos originalidad se extienden cientos de páginas y esta, pese a inventarse a unas criaturas tan particulares como las suyas, y sugerir una trama aún mayor relacionada con la evolución de estas, se queda en poco más que una novela corta. Al menos, una buena, porque los personajes resultan convincentes y tan duros como podrían serlos los creados por Kirkman en Los muertos vivientes, sin que en ningún momento llegue a caer en la sordidez. Lo cierto es que como origen para una historia más amplia habría estado muy bien, y teniendo en cuenta que hoy en las publicaciones lo habitual es que sobren páginas, es un cumplido.

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