jueves, 10 de abril de 2025
Laird Barron. The Beautiful Thing that Await us All. Puños y Primigenios
jueves, 3 de abril de 2025
Zothique (Clark Ashton Smith). Civilizaciones perdidas, decadencia y papel de pulpa
El pulp es un género capaz de provocar una sensación bastante extraña de falsa nostalgia: de la del tiempo que no se ha vivido, pero que por algún motivo, añoramos. Esa sensación de que todavía quedaban lugares d por descubrir, tanto en la geografía del planeta como en el espacio, la falta de prejuicios y de cierta libertad creativa dentro de las normas pautadas para que un relato fuera adquirido y publicado por la revista correspondiente. Pero estas historias, además de mirar en su mayoría, hacia adelante (y de las que nos ha llegado afortunadamente, solo lo bueno. Solo hace falta leer Los hombres topo quieren tus ojos de Valdemar para comprender que no todo el campo de Weird Tales era orégano), eran capaces también, de recrear un pasado mítico, tan improbable como cualquiera de los relatos ambientado en el siglo XX y siguientes. . La edad media, tan fantástica como poblada de monstruos en la que la castellana Jiriel de Joiry vivía sus aventuras surgidas de la imaginación de Catherine L. Moore. El pasado, tan brutal como admirable, en el que Robert E. Howard escribió sobre las hazañas de Solomon Kane, de Bran Mak Morn... Pero yendo, todavía más lejos, la Era Hiboria en la que Conan llegó a ser rey.
Imposible hablar de l aliteratura pul y de Howard, sin mencionar a H. P. Lovecraft, quien vivió prácticamente sumergido en esa nostalgia por el mundo clásico, por la antigua Inglaterra... y con ellos, el que sería uno de los escritores cercanos a H. P. L. cuya carrera literaria terminaría relativamente pronto, no por los motivos que cortarían en seco la de los dos primeros, sino por una deriva de sus intereses hacia las artes plásticas, pero que durante esa década sería el autor de varios ciclos de relatos. Desde su aportación a los que posteriormente se convertirían en los Mitos de Cthulhu, las historias ambientadas en el reino de Averoigne, hogar de druidas, vampiros y hechiceros...y el continente más antiguo, uno ya olvidado hace milenios y del que solo conoceremos lo que Smith escribió, formando una serie de histerias oscuras, cuya atmósfera fatalista sería muy distinta, y más retorcida, que los héroes hiborios de Howard.
Zothique, el continente perdido, un mundo muerto y enterrado hace milenios, es el hogar de nigromantes, reyes decadentes y princesas ambiciosas. Pero también de quienes olvidaron sus vidas pasadas como monarcas, de amantes condenados a la tragedia y de héroes. Cada uno, protagonista o villano de su propia historia, separado del resto por la distancia y o los siglos. Porque el eje central no son los héroes, cuya presencia solo es un instante en una historia olvidada, sino ese continente que
Este es uno de los ciclos de relatos de Clark Ashton Smith. Conocido por formar parte del círculo de Lovecraft, el autor nacido en California desarrollaría un estilo con un mayor sentido de la estética, más descriptivo (en sus últimos años se centró más en la pintura y escultura), y más cuidado que Robert E. Howard, aunque compartiera con este y con H. P. L. el interés por ese mundo pretérito imaginario. El de Smith, en cambio, bien fuera el reino medieval de Averoigne o este Zothique, se centra en narraciones ambientadas en un lugar común y no en personajes recurrentes. En este caso, un continente desaparecido, donde la magia, especialmente la nigromancia, era algo real.
Los relatos de este ciclo se caracterizan por su estilo decadente, donde las atmósferas, detalladas y sobrecargadas son lo más importante. Todo tiene un aspecto lujoso, pero a menudo excesivo, y en muchos casos, decrépito. Desde una isla donde la tortura es una diversión, un reino gobernado por nigromantes y formado por súbditos muertos y reanimados, magos y adivinos cuyos descubrimientos, por error o codicia, son conducidos a un destino terrible. Muchos de estos relatos cuentan con cierta justicia poética donde sus personajes, villanos o carentes de moral, son castigados por un destino que ellos mismos han buscado. Una fatalidad que no siempre proporciona esta sensación de justicia: varios de sus cuentos se caracterizan por el tono trágico, el del inocente cuyo descubrimiento lo lleva a la infelicidad. Como es el caso de Xeethra, la historia que abre la antología y cuya naturaleza será muy distinta a el imperio de los nigromantes, la isla de los cangrejos o El jardín de Adompha.
Los relatos, aunque cuentan con un escenario común y un estilo similar, muestran una mayor variedad y en ocasiones, concesión al pulp, medio para el que fueron escritos. El abad negro de Rothuum e su una aventura clásica, de espada y brujería, con dos héroes cuestionables y una doncella a la que salvar. El dios de los muertos, además de aparecer una deidad que se utilizaría posteriormente para juegos y pastiches relacionados con los mitos de Cthulhu, supone un desenlace feliz para unos protagonistas que son poco más que testigo de la narración.
Pero todas, en su conjunto, tienen ese tono pausado, un estilo más interesado en la atmósfera que en la acción, y esa decadencia a la que Smith era aficionado, en el que sugiere más que muestra pero que es suficiente para que el lector pueda imaginar el mundo de Zothique. Toda una rareza para el pulp, mucho más caracterizado por el dinamismo y la simpleza, donde la acción era lo primero a la hora de atraer al público. Pero al cual, es gracias entender por qué Smith sería uno de los escritores lo bastante afortunados y dotados de talento, como para ser recordado.
jueves, 23 de enero de 2025
John Langan. El pescador. Cuidado con lo que deseas
El pescador narra la historia de dos amigos, cuya relación se establece a partir de haber sufrido ambos la pérdida de sus familias y el haber encontrado en la pesca una suerte de afición terapéutica, que no solo los mantiene en contacto con su entorno sino unidos pese a su diferencia de edad e intereses. Cuando una de sus jornadas, planificada por Dan, el más joven y cuyo duelo es más reciente, los conduce a un lugar conocido como El arroyo del Holandés, su excursión rutinaria lo llevará a descubrir una historia cuyo origen se remonta varios siglos atrás, y en la que otros, al igual que ellos, estuvieron dispuestos a pagar un precio muy alto para recuperar aquello que habían perdido. Algo que podría tratarse solo de una leyenda. O quizá, la posibilidad para ambos de volver a tener con ellos a quienes la enfermedad o un accidente los había arrebatado. Si están dispuestos a pagar el precio.
Esta narrativa metódica sirve para establecer no solo la empatía con los personajes y comprender los lazos que se desarrollan entre ellos, sino para plantear uno de los temas principales: la importancia de las historias. Los pescadores, son en cierto modo, narradores (quienes tengan uno en su entorno y hayan escuchado un buen rato como acechaban a un pescadillo en el río cual gran cazador blanco en la selva, lo comprenderá bien), y la narrativa es uno de los hilos conductores. La novela está, precisamente, formada por historias que llevan a otras historias. Lo que cuenta su protagonista llevará a conocer la historia de su amigo. La decisión de este, llevará a conocer de mano de otro personaje, lo que sucedió hace décadas en el Arroyo del Holandés (constituyendo este una novela corta que podría leerse de forma independiente), existiendo, dentro de esta, una nueva narración que sirve de origen a lo anterior. Esta estructura se establece por capas, donde una parte de la trama conduce a una nueva historia, necesaria para poder llegar al desenlace.
En la trama también está presente uno de los temas que habían demostrado ser habituales en Langan: la importancia de la familia, cono como institución sino como un conjunto de lazos emocionales fuertes, pudiendo ser estos de sangre, o los que se forjan entre amigos y personas afines. Si bien esta estará presente en la forma de ser de su protagonista, quien encontrará una via de escape en un rasgo tan humano como es la capacidad de lealtad y afecto, esta tendrá una gran importancia en la tercera parte de la narración, donde uno de los elementos más importantes no es la criatura inhumana que amenaza a una comunidad sino en los esfuerzos de esta para mantenerse unida frente a ella. Y sobre todo, en los de uno de los personajes principales de este capítulo para poder salvar a su hija. Un enfoque que no deja de sorprender en un género donde es mucho más habitual reflejar el deterioro de los lazos familiares y de la familia como origen del horror, y no al contrario.
Es también la importancia de este enfoque humano el que sirve como principal contraste en una historia cuyo trasfondo es el terror cósmico. Os personajes saben que sus posibilidades son escasos pero en lugar de enloquecer, hacen frente con lo que tienen la influencia de Lovecraft, aunque muy lejana, también puede verse. Y Langan, al igual que Laird Barron y sus Hijos de la Vieja Sanguijuela (de quien, por cierto, es amigo y el relato Ancla es una versión sobre los meses que este pasó hospedado con su familia), va desarrollando una mitología a la que se hacen varias referencias tanto en la novela como en relatos de su antologías posterior. Es el caso de esa ciudad inventada por el, sumida en una noche perpetua, donde pueden encontrarse conocimientos prohibidos, y especialmente, el escenario del desenlace, un paisaje más de ese lugar imaginado por Langan donde, además de las referencia lovecraftianas, a parece también una interpretación de determinadas criaturas comunes a distintas mitologías.
El pescador es una novela que necesita su tiempo. Muy pausada, donde los sobrenatural tarda en aparecer pero esta llegada es abrumadora, y en la que una tragedia personal puede servir para que sus personajes no teman condenarse, pero también, para que esto sean igualmente capaces de enfrentarse a lo desconocido. Y que pese a su desenlace, en cierto modo esperanzador, este es más una luz temporal en la oscuridad que una victoria para su protagonista.
jueves, 19 de septiembre de 2024
Gueules noires (2023). Horror cósmico y grisú
Una vez superados los intentos por adaptar los relatos de Lovecraft de forma literal, fue viéndose de forma cada vez más clara la viabilidad de hacer una película basada en los Mitos de Cthulhu que trasladar a imágenes el material original. En la boca del miedo resumía perfectamente esta mitología y la ficción a través de los libros de Sutter Cane. Muertos y enterrados, sin mencionar directamente a H. P. L, se considera una película lovecraftiana, e incluso rarezas como Messiah of Evil hacían del pueblecito de Point Dune y sus extraños habitantes un lugar que podría rivalizar con el propio Innsmouth. Conociendo los mecanismos, una historia original podría, en pantalla, ser tan fiel a Lovecraft como cualquiera de sus relatos, e incluso, separarse de los escenarios de Nueva Inglaterra donde había arraigado. Después de todo, el Viejo Continente tiene un trasfondo mucho más antiguos, tanto como para haber quedado restos de esas criaturas anteriores a la humanidad…idea que el director Mathieu Thuri tomaría en 2023 para una película claustrofóbica, oscura, pero también muy clásica y que traslada referencias ya conocidas por el público a un escenario menos habitual.
Porque, en cuanto a los efectos especiales, estos se han mantenido a un nivel muy básico, incluso escaso: hay un plano completo de esa criatura prehumana, a la que no solo se le da un nombre y también se la acompaña a de una cantidad de referencia a los mitos de Cthulhu que hacen que ya no quede duda de cual era la intención. Pero esta es tan plásticos, o más bien, tan artesana y estática que se limita a ser una figura, muy deudora de los esqueletos multiarticulados de Besksinski, pero con una movilidad inexistente que se limita a menear un par de brazos y agarrar a alguna víctima…vamos, que el nuncio motivo por el que no se la evita corriendo es porque en una mina medio derrumbada, poco sitio hay para escapar.
jueves, 29 de febrero de 2024
Lecturas de la semana. Selecciones pasadas
Karl Edward Wagner. Las mejores historias de terror I. El título no engaña: es la selección de Karl Edward Wagner de las mejores historias, pero del año 1983. Además de tener como editor al autor de Kane, el Conan chungo, y narrador de terror muy solvente, al que por desgracia no se ha traducido mucho, la recopilación publicada por Martinez Roca Super Terror, algo más pequeña que las posteriores, es una recopilación que combina al que entonces era el autor por excelencia, Stephen King, con un relato en el que conserva todavía su pasado tocado por el alcohol, las drogas y el miedo a no poder proteger a su familia, junto a otros autores que combinan desde el terror psicológico a escenarios clásicos como las catacumbas y cementerios europeos, monstruos tradicionales o aproximaciones muy libres a los Mitos de Cthulhu como la referencia a la meseta de Leng y los Tcho Tcho que narra TED Klein.
Quizá de estos, en una década donde lo que más se recuerda es el terror más explícito, o el más vistoso, los más interesantes son los más sutiles, como la aportación de Dennis Etchinson con una angustiosa visita a un hospital, o el relato de Peter Valentine que cierra la colección y hace una combinación muy interesante entre referencias a los escenarios góticos, como las mansiones apartadas y las damas misteriosas, junto al enfoque racional que convierte el desenlace en un hecho mucho más inquietantes como pasa a la mayoría de estas colecciones, salvo un par de nombres, y el resto que resultan un poco conocidos por encontrar cuentos suyos en otras antologías, en muchos casos, la mayoría son completos desconocidos, pero que gracias a estas selecciones, y a su vocación de ser “lo mejor de”, pueden descubrir algo sorprendente.
Los dos últimos, los profundos y El regreso de los lloigor, son sin duda los más extensos e interesantes. Estos, en parte explotan una parte de la mitología, como los profundos, extendiendo su actuación a la costa del Pacífico, y creando unos nuevos, que se trasladan, una vez más, a Inglaterra, suponen una pequeña renovación, reflejando un poco como se percibían Los Mitos en una década llena de cambios y de narrativa experimental como los 60, convirtiéndose también en una parte de la mitología, en incluso en una influencia posterior. No solo estos relatos suponen una visión distinta de interpretaciones posteriores (la forma de ver el horror cósmico varía mucho desde la década de los 60 hasta la percepción actual), sino que servirían de referencia, como lo hizo en su momento La llamada de Cthulhu, para juegos como La caída de Delta Green. Bueno, además de ser uno de ellos, seguramente, el primer relato de la historia en el que los delfines son unos malos bichos.
jueves, 29 de septiembre de 2022
Los perros de Tindalos. Frank Belknap Long. Si sale en el Necronomicon, dispárale
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